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En un filósofo no es tan importante lo que dice, sino lo que se pregunta. Heidegger lo hace. Si no podemos rastrear el principio y fin de las cosas, estamos perdidos en esta cantidad de entes diversos que habitan el mundo. No importa lo que yo diga en este libro, sino cómo ayudo a que piense cada uno como lector. El pensar no está relegado a la Academia. Tener conciencia de que algo anda mal te puede llevar a que te encuentres. Una de las cosas más apasionantes que me han sucedido en mi vida es entrar en este libro, Ser y Tiempo, de este filósofo, porque me va revelando lo que es mi propia vida en este mundo, cómo soy, cómo me comporto, cuáles son los problemas con que me encuentro, dónde he sido "arrojada" a existir, pero al mismo tiempo siguen velando por mi existencia a través del ser. Este me señala un camino, me induce a través de mi conciencia a vivir develando con dedicación lo que existe, lanzando un rayo de luz como las luciérnagas, aclarando aquello que está oculto, escondido en todo cuanto me rodea, y con mi hacer realizo simplemente aquello a que se me destina, porque todo ser humano tiene un destino. "Ser" es algo existencial que nos sucedió a todos. Es posible poder difícilmente elegir ser yo misma, tomar una resolución escuchando la voz silenciosa y potente, pero elijo un camino. Me doy cuenta que no somos nada, que dependemos de algo invisible, potente, poderoso, y al mismo tiempo tengo una movilidad en mi existir que me da gratuitamente miles de posibilidades. No sé por qué he venido a esta tierra ni a dónde voy, pero estoy aquí con toda la oscuridad y el misterio a cuesta, en este planeta que se mueve solitario hasta ahora en el Universo.
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Seitenzahl: 472
Veröffentlichungsjahr: 2022
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A465c
Altamirano, Luz.
Claro del bosque: ensayo sobre “Ser y Tiempo” / Luz Altamirano;
1a ed. – Santiago de Chile: Universitaria, 2018.
273 p., 15,5 x 23 cm. – (El saber y la cultura)
ISBN Impreso: 978-956-11-2580-3ISBN Digital: 978-956-11-2818-7
1. Heidegger, Martin, 1896-1976 - Ser y Tiempo. 2. Heidegger, Martin,
1896-1976 - Crítica e interpretación. 3. Espacio y tiempo. 4. Ontología. I.t.
© 2017, LUZ ALTAMIRANO ORREGO.
Inscripción Nº 285.291, Santiago de Chile.
Derechos de edición reservados para todos los países por
© EDITORIAL UNIVERSITARIA, S.A.
Avda. Bernardo O’Higgins 1050, Santiago de Chile.
Ninguna parte de este libro, incluido el diseño de la portada,
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electrónicos, incluidas las fotocopias,
sin permiso escrito del editor.
Texto compuesto en tipografía Times LT 10/13
DIAGRAMACIÓN
Yenny Isla Rodríguez
DISEÑO DE PORTADA
Norma Díaz San Martín
FOTOGRAFÍA PORTADA
Imagen interior del libro Martin Heidegger,
“Photos 23. September 1966/16. und 17. Juni 1968”, de Digne Meller Marcovicz.
www.universitaria.cl
Diagramación digital: ebooks [email protected]
Índice
Agradecimientos
Prólogo
Introducción a Claro del Bosque
INTRODUCCIÓN Y EXPOSICIÓN DE LA PREGUNTA POR EL SENTIDO DE SERCapítulo primero, parágrafos 1, 2, 3, 4Capítulo segundo, parágrafos 5, 6, 7, 8
PRIMERA PARTELA INTERPRETACIÓN DEL DASEIN POR LA TEMPOREIDAD Y LA EXPLICACIÓN DEL TIEMPO COMO HORIZONTE TRASCENDENTAL DE LA PREGUNTA POR EL SER
Primera secciónEtapa preparatoria del análisis fundamental del Dasein
Capítulo Primero, parágrafo 9La exposición de la tarea de un análisis preparatorio del Da-sein
Capítulo Segundo, parágrafo 12El estar-en-el-mundo en general como constitución fundamental del Dasein
Capítulo Tercero, parágrafo 14La mundaneidad del mundo
Capítulo cuarto, parágrafos 25,26, 27El estar-en-el-mundo como coestar y ser-sí-mismo. El “uno”
Capítulo Quinto, parágrafo 28El estar-en como tal
Capítulo Sexto, parágrafo 39El cuidado como ser del Dasein
Segunda secciónDasein y temporeidad, parágrafo 45
Capítulo Primero, parágrafo 46La posibilidad de estar entero del Dasein y el estar-vuelto hacia la muerte La imposibilidad aparente de acceder al ser entero del ser-ahí
Capítulo Segundo, parágrafo 54La atestiguación por parte del Dasein de un poder-ser propio y la resolución Testimonio en el Dasein de un ser propio
Capitulo Tercero, parágrafo 61El poder-estar-entero propio y la temporeidad como sentido ontológico del cuidado
Capítulo Cuarto, parágrafo 67Temporeidad y cotidianidad
Capítulo Quinto, parágrafo 72Temporeidad e historicidad
Capítulo Sexto, parágrafo 83Temporeidad e intratemporeidad
Notas a “Ser y Tiempo” de Jorge Eduardo Rivera
Bibliografía
Agradecimientos
Mi gratitud y admiración al profesor y maestro Jorge Eduardo Rivera, traductor de Ser y Tiempo, luminoso y sorprendente, sin el cual este libro jamás podría haber llegado a luz.
Al profesor de filosofía medieval don Humberto Giannini, de una riqueza abierta a sus alumnos, recuerdo imborrable de mi paso por la universidad, quien al leer mis borradores los aplaudió calurosamente, junto a otro profesor heideggeriano, don Jorge Acevedo, de pensar profundo y serio en cuanto escribe, quien aceptó prologar este libro, luz también para mi entendimiento. Me nace mencionar al profesor de filosofía Cristóbal Holzapfel, a quien el ex director de Editorial, Arturo Matte Izquierdo le encargó leer este libro y que por su recomendación al Consejo está hoy para ser publicado.
Deseo una mención especial a mi esposo, Oscar Santelices Smith, por acompañarme y comprenderme durante 60 años, con amor y dedicación. Gracias a él pude libremente escribir. Agradezco a mi amiga, Carmen Echenique, por nuestras largas conversaciones filosóficas que llenaron de preguntas mi existir.
Este libro tampoco hubiera salido a luz sin el esforzado aporte en dinero de cada uno de mis hijos e hijas, de mi extraordinario yerno, de mis nueras, de mis nietos, de mis sobrinas y sobrinos, amigos muy queridos; de mi querida hija Mary-Sol Santelices por su preocupación y solicitud para que este libro estuviera bien hecho. A mi paciente “computín”, nieto querido, Javier Fuentes, sin quien estaría perdida. Es algo que agradezco a todos profundamente pues su ayuda no podré olvidarla, porque lo han hecho con fe y amor hacia mí.
Dibujo: Óscar Santelices Smith.
Prólogo
La autora de este libro realizó estudios formales en la Universidad de Chile y estudios personales de la disciplina bajo la dirección de Jorge Eduardo Rivera Cruchaga, destacado pensador y traductor de Ser y Tiempo. Aborda esta obra poniendo en juego su formación filosófica y su experiencia personal. Volveré sobre este punto.
La revisión de todo Ser y Tiempo –que es lo que hace Luz Altamirano en las páginas que siguen– es una verdadera proeza. Hay muy pocas personas que han emprendido una tarea de esta magnitud. Entre ellas el maestro de la autora, quien, junto a María Teresa Stuvens, está escribiendo un Comentario a Ser y Tiempo, del cual han aparecido hasta ahora dos volúmenes: uno sobre la “Introducción” y otro sobre la “Primera Sección”. Se trata de un clásico del siglo xx y, más aún, de la historia de la filosofía. Es un referente obligado de la meditación filosófica, se esté o no de acuerdo con los planteos que hallamos en él. Es un texto de difícil intelección, que toca muchos temas. La autora ha vencido obstáculos que habitualmente desaniman a los lectores de Heidegger. Desbroza el arduo camino y facilita la comprensión de esta obra clave de la filosofía.
La autora advierte que no pretende alcanzar una “perfección académica, sino tener una visión de aquello enigmático que me muestra Heidegger”. Por tanto, no recurre a la amplia bibliografía especializada sobre el tema, sino que se atiene muy especialmente al libro mismo Ser y Tiempo, considerando solamente otras obras del filósofo ligadas muy directamente al texto central. El lector, pues, no corre el peligro de perderse en los innumerables vericuetos del debate contemporáneo en torno a Heidegger y su obra. Luz Altamirano lo conduce de manera directa solo a lo nuclear de su pensamiento, usando un método que podríamos llamar experiencial. El método consiste, por una parte, en que se hace intervenir de manera muy peculiar la propia experiencia de la vida para comprender la filosofía que se está exponiendo; y por otra parte, en que se ilustra con la propia experiencia existencial la interpretación que se propone. De ahí, entonces, que el lector encuentre con cierta frecuencia pasajes de la vida de la autora en que ella apoya su hermenéutica de Ser y Tiempo. Entre otros, notables, remito a aquellos que evoca en el apartado que se titula “El recuerdo es posible gracias al olvido”.
Luz Altamirano es católica, y en algunas partes de su exégesis hace funcionar la perspectiva religiosa para esclarecer el pensamiento filosófico. Esto no es extraño, ya que en muchos pensadores el punto de vista filosófico se conjuga con el punto de vista religioso, aclarándose así mutuamente. En cualquier caso, la autora no oculta ni disimula la perspectiva multifacética desde lo que escribe, sino que la ostenta paladinamente.
El título Claro del bosque remite a la conferencia de Heidegger “El final de la filosofía y la tarea del pensar”, donde define lo que denomina el claro (die Lichtung). La Lichtung, dice, es lo abierto para todo lo presente y ausente, es lo abierto libre, el lugar que se reúne y acoge todo. Esta idea preside y guía la meditación de Luz Altamirano.
La obra que tengo el agrado y el honor de prologar no será provechosa solo para los que se interesen en la filosofía o en el pensamiento de Heidegger, sino también para aquellos que se interesen por lo que ha ocurrido con el pensar en estas latitudes. Invito calurosamente a leerla y repensarla.
Jorge Acevedo GuerraUniversidad de Chile
Santiago, septiembre de 2011
Introducción a Claro del Bosque
LA VIDA ES UN VIAJE EN PARACAÍDAS Y NO LO QUE TÚ QUIERES CREER
Vamos cayendo, cayendo de nuestro cenit a nuestro nadir y dejamos el aire manchado de sangre…
Vicente Huidobro. Prefacio Altazor
¿Qué es ser?, pregunta Heidegger en Ser y Tiempo, y hace una elaboración concreta en este tratado.
“¿Nos hallamos hoy al menos perplejos por el hecho de no comprender la expresión “ser”? De ningún modo”. (Heidegger, S y T, pág. 23 1ª Ed. 1997).
Eso dicho por Heidegger me golpeó profundamente en cuanto lo leí: ¿estoy perpleja frente a que no puedo pensar con acierto lo que es ser? En verdad, nunca lo había pensado. Heidegger nos llama a meditar en nosotras, nosotros, en nuestra existencia, en lo que es el mundo, cuánto vivimos.
Me recordé, entonces, cuando tuve 18 años y llegó a mis manos un libro que se titulaba Sendas perdidas de un escritor llamado Martin Heidegger. Comencé a leerlo. Tenía dificultad de entender la mayor parte, pero una frase en una esquina de la página me parpadeó. Sorprendida, tanteando en la oscuridad, pero, seducida como por las luces de un puerto en la noche, continué su lectura. Dejé el libro varias veces por incapacidad, pero… lo cogía nuevamente los domingos al atardecer con mi lámpara de velador encendida, tratando de comprender lo incomprensible.
¿Qué era lo que me seducía y me sigue seduciendo en Heidegger?
Podría decir sencillamente que ese mundo escondido que el filósofo me mostraba era algo ajeno, inexplorado y maravilloso; me producía asombro. ¿Qué era aquello ontológico que había en mi existencia, todo aquello que tiene que ver con el ser en esta tierra de entes? (ente es todo cuanto existe, para Heidegger). Deseé poder entender aquello, subir a mi paracaídas, a esa otra parte para mí misteriosa de la vida aquí en la tierra.
Heidegger me señala que la estructura fundamental del ser humano es: “Ser-en-medio del-mundo”. Como ser-en: no estoy como una vaca pastando en un potrero, sino que habito y diligo, lo último significa estimar, amar, ocuparse de algo.
Así habitamos este mundo, lo que nos crea la pertenencia, los amores y los miedos con que hemos vivido. “Ser- en-medio-del-mundo” es estar absorbidos por el mundo, en medio de él, ocupados en los trabajos de cualquiera persona, para sacar a los entes de su ocultamiento y mostrarlos en su ser, mostrarlos en todas las posibilidades que tienen como entes en este mundo. En el ser encontramos su utilidad. Los útiles se nos presentan no como “un” útil determinado, sino como una cadena de útiles, donde cada uno está referido al otro. Por ejemplo: la silla está referida a la mesa, la mesa al computador, el computador a la mano y esta es la mano de una persona que tiene un nombre específico y habita este planeta. Nos importa vitalmente todo lo que existe. Esto no puede dejar de apasionarme, porque somos descubridores del mundo, cuido los entes y los comprendo, voy en un paracaídas arrojado a existir y, aclaro, hago comprensible aquello con lo que trabajo. Esto es lo que nos muestra Heidegger de cómo vivimos. Porque también somos un ente que vive en el mundo del ser, somos el “ahí del ser” y somos un todo, este es el sentido de los guiones entre cada palabra de esta estructura fundamental. El mundo es el mundo del ser al que se refiere: Ser-en-medio-del-mundo.
Todo esto hace pensar a Heidegger que el hombre está fundado en el cuidado. Tenemos esta ocupación, esta solicitud, me ocupo de los otros entes. Por ejemplo: cuando trabajamos la tierra estoy curándome de ella, penetrando sus posibilidades y usando las herramientas necesarias para este trato con ellas. Pero hay que comprender que al ser cuidado al mismo tiempo nos ocupamos en forma negativa, no nos ponemos en comunicación con la verdad y aparece lo inconsistente, lo carnal solamente, las pasiones oscuras que no quieren ser solícitas, sino que están empeñadas en disimular, engañar, en degradar a quienes viven a su alrededor, porque el ser humano es un “ser con” los otros, con los cuales vive. Para mí ser cuidado toca todo mi ser, es lo que he deseado siempre, es lo que he perseguido. Hace que me sienta alegre, que pueda gozar y disfrutar de la vida. No concibo otra manera de existir.
La existencia, para Heidegger, es ese algo frente a lo que yo me comporto y constituye la esencia del hombre y la mujer. Pensar en lo que dice el filósofo me produce esos chispazos, ese relámpago, ese rayo que cae a tierra en medio de un estruendo indescriptible, es la tormenta de mi espíritu. Me asomo a sus escritos y me responde quién soy, me sitúa sobre una senda. Esto me da estabilidad, paz.
Además, Heidegger me hace apreciar mi existencia, porque me dice que el ser humano es histórico desde el fondo de su ser. La historicidad es mi propia historia en esta tierra, entonces entro en mi vida y busco el ser de cuanto he vivido, porque el fin de mis escritos es darle carne al ser del ser humano que muestra el filósofo. No es solo la estructura de nuestro cerebro la que arma la vida, hay algo más allá que nos llama desde nuestra esencia. Hay un llamado a nuestro ser más propio, ese que alcanzamos con esfuerzo, porque todo ser humano vive perdido en el “uno”, que no es algo inferior, sino la manera corriente que tiene toda persona de existir en esta tierra, con características propias: la ambigüedad, la curiosidad, la habladuría. Así vivimos todos y todas desde que el ‘hombre es hombre’; pero también tenemos un ser propio que se extiende desde el nacimiento hasta nuestra muerte, somos un acontecer pero no una secuencia de sucesos como en la historia, sino un Da-sein, ese “ahí del ser”, somos la verdad de la existencia, una puerta que se abre hacia el ser y que nos permite descubrir el mundo, la trama de nuestra vida, el ser de cuanto existe, porque el hombre es un ente y tiene un ser propio. Esto hace que cada persona sea alguien particular, irrepetible, único. Hay una riqueza enorme en la diversidad de seres, somos distintos, porque al hombre y a la mujer le va su ser y este ser lo vamos llenando de contenido. La existencia no es solamente algo dado, sino que me voy haciendo en la medida que empuño mi ser. Hay algo decisivo en la existencia que no solo depende de la realidad que me rodea, ni de los genes heredados con patrones establecidos, sino que voy descubriendo en mi ser, desde el futuro hasta el presente pasando por el ayer, aquello que puedo llegar a ser. A propósito que el ser humano es la verdad de la existencia, Heidegger busca desentrañar la verdad no por el lado de la metafísica, no como desentrañando el juicio, sino para sacar a los entes de su ocultamiento; estoy ocupada con los entes, los hago comprensibles, les quito los velos, los descubro desde su ser para que se muestren.
Para mí esta verdad, esta fue una revelación en mi existencia, no es adecuar mi intelecto a una cosa, sino descubrir lo que está oculto y lo saco a la superficie. Esto tiene una profundidad de abismo.
En cuanto al tiempo, esta extraña manera de presentármelo es una forma que me maravilla. Tan solo esta idea me pone a vivir mi existencia de otra manera, busco, me interrogo, gozo y disfruto de cada cosa. Estoy entera siempre, porque el ser me lo permite. La radio, la televisión, las noticias se esmeran en destacar lo negativo que nos rodea cada día, lo monstruoso, lo aberrante de nuestra forma de vivir. Estoy cansada de todo eso, “estoy cansado de ser hombre”, decía Pablo Neruda. Prefiero mirar el cielo, alternar con mi marido, mis hijos e hijas y mis nietos y nietas, caminar por las praderas con mi perro, galopar por los potreros saltando los cercos, contemplar las flores silvestres; pasan pájaros, mariposas, abejas, el sol brilla sobre el mundo y yo respiro.
El tiempo no es un ente más, es el fondo de todo comportarse humano. Le da unidad a nuestro existir y a ese estar entero del Da-sein. Nos hace madurar, ensancha el ente, lo desenvuelve, cumpliendo así su llegar a fruto. El tiempo es como una madre que concibe, madura y da a luz. En realidad, pasado, presente y futuro no es algo lineal, como lo presenta la metafísica, sino que es algo articulado, movible. Me embelesa esta dimensión humana sobre un espacio misterioso, reversible, donde somos un todo siempre, no solo guiada por mi mente, sino mucho más por esa vorágine del existir en un sigilo enigmático que jamás podré asir, pero que de alguna manera toco.
Por todo ello me pareció imposible no escribir este libro, quizás para que otros y otras lo disfruten tanto como yo lo he hecho, porque me ha abierto el mundo y me dice quién soy.
Para hacer una lectura rigurosa de este gran filósofo y, a su vez, más comprensible para los que todavía no se han encontrado con Heidegger, mi texto sigue el recorrido completo de Ser y Tiempo, capítulo a capítulo, parágrafo a parágrafo, con excepción de los parágrafos atingentes a la metafísica propiamente tal, por abocarme yo al pensamiento del ser, del Da-sein.
Cuando Heidegger quiere destacar nuestra relación con el ser y mostrarnos desde dónde brotamos a la vida y por tanto, vivimos, coloca Da-sein, ese Ahí que es la raíz de nuestro ser: Ahí del ser, en cambio cuando coloca Dasein junto, se está refiriendo al ser humano como tal. Por ello los lectores encontrarán en los capítulos y en los parágrafos los títulos originales del texto de Heidegger, tal cual él los presentó. Para distinguirlos fueron puestos en letra cursiva y a mano derecha de las páginas. A su vez, respeté las citas de Heidegger y algunas notas de Jorge Eduardo Rivera, ya que me parecen muy aclaratorias. Por lo mismo mantuve también al final del libro las Notas del traductor, aclarando la página donde están en mi texto y en el texto de Ser y Tiempo (2015).
Heidegger interroga al ser humano no para contestarse si es cuerpo y alma, sino para saber cómo se comporta, cómo nos desenvolvemos en este mundo. Y así, nombra al hombre y a la mujer: “Da-sein” (ahí del ser). Me pregunto: ¿quién soy yo? Y su respuesta me hace soñar, me da un vuelo de águila para seguir viviendo con asombro. Ese ser que investiga y pregunta soy yo, estoy aquí, en eso ontológico impalpable, escondido más allá de mis ojos.
Heidegger con este nuevo lenguaje accede al ser, yendo en contra de la metafísica, lo que como filosofía imperó en el mundo hasta su llegada. Da conceptos nuevos, palabras nuevas, prístinas. Heidegger desarrolla su visión de “ser” y “tiempo” y nos presenta los fenómenos ontológicos (ser) como algo que existe con certeza y en su lenguaje. Uno se mueve en el mundo del ser como dentro de una casa y me voy reconociendo en ella. Me veo en mi existencia a mí misma muchas veces con escalofríos, hasta tal punto que el asombro me toma por completo. Hay que detenerse en su decir, porque las expresiones, las palabras, no son antojadizas, son pozos profundos de los cuales hay que beber.
Luz Altamirano Orrego
INTRODUCCIÓN Y EXPOSICIÓN DE LAPREGUNTA POR EL SENTIDO DEL SER
CAPÍTULO PRIMERO
Necesidad, estructura y primacía de la pregunta por el ser.
Parágrafos 1, 2, 3, 4.
CAPÍTULO SEGUNDO
La doble tarea de la elaboración de la pregunta por el ser.
El método de la investigación y su plan
Parágrafos 5, 6, 7 y 8
“SILABARIO MATTE” DE SER Y TIEMPO
Porque manifiestamente vosotros estáis familiarizados desde hace mucho tiempo con lo que propiamente queréis decir con la palabra ‘ente’; en cambio nosotros creíamos otrora comprenderlo, pero ahora nos encontramos en aporía(1) (Heidegger cita en griego a Platón, “El Sofista”) (Heidegger, 2015, p. 25).
Hoy estamos igualmente perplejos, porque no comprendemos qué significa ser. Es necesario hacer la pregunta por el sentido del“ser”(*). Este es el propósito de Heidegger, porque esta pregunta ha caído hoy en el olvido. Decimos que el concepto de ser es el más universal y vacío de los conceptos. Por ser el más universal es indefinible.
A propósito de esta afirmación, Jorge Acevedo en su libro En torno a Heidegger expresa:
La radicalización de la comprensión preontológica del ser en que consiste la filosofía de Heidegger surge de una experiencia, ella misma es una experiencia. (Acevedo, 1990).
La experiencia que suscita la meditación heideggeriana es la del olvido del ser (10) (Acevedo, 1990).
Creo que frente a estas palabras de Jorge Acevedo debemos detenernos unos instantes. Está afirmando que Ser y Tiempo es una meditación, una experiencia de vida, que lo transportó a ese hallazgo: el olvido del ser. Profundizando aún más en el texto citado agrega: ¿cuándo tenemos experiencia para Heidegger?
Hacer una experiencia con algo, sea una cosa, un hombre, un dios, significa que nos suceda, nos ataña, que nos comprometa, nos trastorne y nos transforme… (Acevedo,1990).
En un escrito titulado “La esencia del lenguaje o El despliegue de la palabra” (12) Heidegger quiere poner a los lectores: “ante la posibilidad de hacer una experiencia con el lenguaje” (13) esto es, procura darles la opción de experimentar la casa del ser, vivienda en que mora el hombre y que es vigilada por pensadores y poetas (Acevedo 1990).
Cuando dice Heidegger “hacer” no se está refiriendo al hacer corriente en el sentido que entendemos generalmente esta palabra, sino:
…hacer quiere decir aquí: soportar, padecer, recibir lo concerniente a nosotros, en cuanto que nos entramamos a él. Algo se hace, se destina, se trama (Acevedo, 1990).
En realidad, estas acotaciones de Jorge Acevedo, profesor de Filosofía, en la especialidad de Heidegger en la Universidad de Chile, me tocan profundamente, son producto de una seria meditación. Siento que es precisamente lo que me ha pasado con este filósofo. Todo lo que pueda decir de Ser y Tiempo es algo que he meditado en el tiempo, durante mi vida, y además, que no soy yo quien las escribe, sino que estas experiencias de alguna manera y en forma rudimentaria han sido las mías, en el sentido de soportar, padecer y recibir lo que me concierne, los pensamientos heideggerianos que tienen que ver con mi existencia, esos trozos de mi vida desperdigados en este escrito. Deja clarísimo que el hombre habita el ser, morada vigilada por pensadores y poetas. También los poetas encuentran un eco en mi existencia que no puedo dejar de reconocer. Estos tienen un lugar sobresaliente: vigilar la morada del ser.
La filosofía ha dicho que ser es el más universal y vacío de los conceptos. Por ser el más universal es indefinible:
Ejemplo: Todos los hombres son mortales
Pedro es hombre
Pedro es mortal
Articulamos estas proposiciones según género y especie. Ser no es un género ni una especie. El ser es trascendente, y no lo podemos definir.
Siempre comprendemos cuando decimos: “Juan es feliz”, “El cielo es azul”. En todo comportamiento respecto de un ente o de sí mismo se usa la palabra ser.
Y puesto que la cotidianidad mediana constituye la inmediatez óntica de este ente, ella ha sido pasada por alto y sigue siéndolo siempre de nuevo, en la explicación del Dasein (Heidegger, 2015, pág. 71.)
El ser-ahí es en el mundo de manera inmediata, es decir, primeramente aparece en este planeta, con una sustancia, con un cuerpo semejante al nuestro, teniendo como comportamiento esta cotidianidad media.
Que vivamos en una comprensión del ser y que al mismo tiempo este permanezca en oscuridad es un enigma. Desde aquí, la necesidad de repetir la pregunta por el ser. Falta la respuesta a la pregunta por el ser y también la formulación correcta a esa pregunta debemos plantearla.
EL HOMBRE ES UN PREGUNTAR QUE ESCRUTA EL MUNDO
Todo preguntar es una búsqueda. Toda búsqueda está guiada por aquello que busca. Esta pregunta busca conocer al ente en aquello que lo hace ser y en su ser-ahí.
Todo preguntar implica:
1. Preguntar por…, algo puesto en cuestión
2. Todo preguntar es una manera de interrogar a…
3. Siempre hay un interrogado.
El preguntar mismo en cuanto comportamiento de un ente muestra su propio carácter de ser.
No sabemos lo que significa “ser”, pero cuando preguntamos qué es ‘ser’ nos movemos en una comprensión del “ser” que no podemos poner en conceptos. Esta comprensión mediana y vaga es un factum (hecho). El planteamiento de la pregunta por el ser exige un modo particular de ser mostrado, que se distingue fundamentalmente del descubrimiento del ente. El planteamiento de esta pregunta como modo de ser de un ente está él mismo determinado esencialmente por aquello por lo que en él se pregunta, por el ser. A este ente al que preguntamos Heidegger lo llama Dasein.
DASEIN
El hombre está siendo en una comprensión del ser. Al “Dasein” (***) le va su ser. El ser mismo en el cual se comportar de esta u otra manera lo llamamos existencia. Dasein es una pura expresión de ser. El filósofo ha usado el término Dasein para designar al ser humano. José Gaos, el primer traductor español de Ser y Tiempo, lo tradujo como ser-ahí. En castellano la traducción de Gaos está correcta, pero, según el parecer del profesor Jorge Eduardo Rivera, no interpreta en profundidad el modo de pensar de Heidegger, porque Da-sein es “el ahí del ser” para el filósofo, es el modo del ahí, es decir, como se comporta el hombre en esta existencia.
Escucho también a Heidegger, en su obra:
¿Nos hallamos hoy al menos perplejos por el hecho que no comprendemos la expresión “ser”? De ningún modo. Entonces será necesario, por lo pronto, despertar nuevamente una comprensión para el sentido de esta pregunta. La elaboración concreta de la pregunta por el sentido del “ser”(*) es el propósito del siguiente tratado (Heidegger, 2015, p. 25).
En realidad no estaba perpleja. Me lo explicaba en una sola palabra: ser es vivir y… vivir es lo que estoy haciendo. Nada más. El estado de perplejo nos deja estupefactos, desconcertados, vacilamos, enteramente sumergidos en aquello que se apodera de nosotros. Tenemos que hacer un movimiento para salir de lo que nos atrapa. Ahí empezamos a despertar. He querido no estar adormecida en mi comprensión del ser leyendo a Heidegger. Ha sido una tarea ardua, muy solitaria, silenciosa, porque no era mi intención vestirme de Heidegger frente a los demás, sino un desafío para mi ser, una respuesta a esto de existir, era un caminar en soledad silenciosa a tientas en la oscuridad. De pronto un destello, un relámpago, luego el trueno. Creo que la mayoría de las veces no llego a esa sutileza de pensamiento que tiene mi maestro. Lo mío es rudimentario, básico, donde igual que los niños en la secundaria, no alcanzo a coger todo aquello que dice el texto. En esta pobreza me pongo en la vía de su pensar, mecida por ese viento fuerte, misterioso y difícil de su pensamiento. No tengo títulos ni doctorado, solo asombro frente a algo que percibo magnífico. Hay veces en que no puedo decir a mi modo lo pensado por Heidegger; lo digo entonces con palabras parecidas que pueden ser motivo de imprecisiones o errores. No pretendo una perfección académica, sino tener una visión de aquello enigmático que me muestra Heidegger. Hay un hilo conductor que, sin embargo, trato de mantener a lo largo de este escrito, que corresponde a cada página de Ser y Tiempo.
EXISTENCIA
El hombre se comprende a sí-mismo desde su existencia, y tiene un modo posible de ser-sí-mismo o no serlo. Se llama comprensión existentiva la comprensión que nos sirve de guía. A la trama de esa comprensión existentiva la llamamos existencialidad. El comprender es existencial.
Existencia es una palabra clave en el libro de Heidegger y es el modo propio que tiene el hombre para ser, para salir fuera de sí, para estar en medio de los entes, cuidando de ellos desde su ahí. El hombre no solo es presencia, estar-ahí-delante, la manera como lo ha considerado hasta hoy la metafísica. Esta modalidad, dice el filósofo, oculta la forma verdadera de su existencia. Existencia se la atribuye Heidegger solamente al hombre, es aquel que trasciende. Esto no significa que los otros entes, animales, minerales, vegetales, no existan, sino que lo hacen de otra manera. El hombre trasciende para Heidegger, va más allá. No todo lo que aparece a nuestra mirada trasciende. Por lo pronto, él ha elegido al hombre como materia de su investigación, no a los otros entes.
Cuando existimos no estamos solamente ahí presentes, dice Heidegger, sin afectarnos en absoluto a nosotros, sino que al mismo tiempo que estamos como presencia, presentes, somos un haber sido y un futuro, estamos completos, descubriendo el mundo cada vez. Esto que piensa el filósofo ha constituido para mí una gran novedad, además, muy difícil de entender. Siempre el Dasein está íntegro, presente con lo que ha sido y será, como un todo en su comparecencia. Está unido por el tiempo. Este concepto del hombre cada vez como un todo entero es significativo en la obra de Heidegger.
No quiere que se piense en el ser-ahí como una cosa que está-ahí, solamente. Su ser no es una cosa, ni un estar-ahí, como un cuadro dentro de una habitación. Es por esto que el profesor y traductor Jorge Eduardo Rivera usa para designar al hombre solamente el término Dasein, pura expresión de ser. El hombre es el “ahí del ser”, pero para evitar dificultades con esa palabra que pocos entienden y no es castellano, usaré “Dasein” algunas veces, también “ser ahí” o simplemente hombre.
Las ciencias son maneras de ser del hombre. Cómo se comporta este ente en relación a entes que pueden ser otros que él. El hombre lleva en sí una comprensión preontológica del ser. Preontológica quiere decir desde siempre, desde antes de llegar a esta existencia, en nuestro origen. La ontología fundamental que está sobre la base de todas las ontologías debe ser buscada en la analítica existencial del Dasein.
HABITAR
Habitamos con mi marido un departamento frente al parque “Padre Hurtado”, ex “Intercomunal de la Reina”. Cruzo la Avenida Bilbao y la cordillera se me presenta en todo su esplendor. Con nuestro perro “Mateo”, un “cocker spaniel” que se contonea para caminar como las modelos y se empapa del parque a través de su nariz, gozamos del panorama, el aire fresco, los árboles, las acequias hasta los bordes con agua corriente, vibrante, por donde se desliza “Mateo” a todo vapor. La naturaleza cimbra nuestra alma alegremente. Me siento joven, aunque ya no lo soy.
Algo dicho por Heidegger en Ser y Tiempo me hizo permanecer ensimismada, a raíz de que el perro “Mateo” sorbe el parque por la nariz. El filósofo plantea en su libro que a través de los sentidos no accedemos jamás al Ser. ¿Es eso lo que diferencia al Mateo de mí? Tiene a la vista actitudes, emociones, sentimientos y pasiones, como nosotros. Hay veces que me veo retratada. Descubro en él un deseo de libertad total, una rebeldía con estar sometido, un adivinar mis intenciones antes que yo misma pueda formularlas. Tiene algo, tal vez mágico, porque no sé cómo decirlo. ¿Quiénes serán los perros a la manera de Heidegger?
Todo cuanto comparece en el Parque (cerros árboles, pasto, cercos, caracoles, arbustos de flor, seres humanos… son entes que están a mi vista, siendo. Así se me presentan, siendo.
Destacar el ser del ente y explicar el ser mismo, es la tarea de la ontología (Heidegger, 2015, p. 52).
Hay que distinguir en el filósofo la palabra ser con comillas y la palabra ser sin comillas. En la primera se está refiriendo al “ser” del ente, en la segunda, al sentido del ser en general. En el planeta donde nosotros habitamos hay distintos tipos de entes. El hombre es uno de ellos. Este tiene una comprensión de su propio ser y al mismo tiempo comprende el ser. De esta manera tan directa y simple expresa su pensamiento nuestro filósofo. Esto en la ruta del pensar ha sido pasado por alto en la metafísica. Esto no muestra la forma cotidiana de ser, no la considera.
EL ENIGMA DE NO PODER EXPRESAR CON CLARIDAD QUÉ ES SER
Durante todos estos años, desde Platón adelante, no nos ha remecido la palabra ser de tal manera que lleguemos a necesitar preguntarnos qué es ser. Lo damos todo por entendido, no nos arrebata ningún preguntar.
Esta vida corriente de la que hablé antes, esta cotidianidad mediana no es un mero “aspecto” del hombre, como su porte o la belleza de su rostro. Es un concepto metodológico fundamental de Ser y Tiempo. Se describe al hombre cómo se da inmediatamente en la vida diaria, diríamos, una respuesta instantánea a esto de haber sido arrojados a existir. Frente a esta realidad el ser humano puede “huir”, como generalmente lo hacemos en nuestra vida u “olvidarnos” del ser, pero no por eso dejamos de ser su “ahí”. Comprender de alguna manera y no poder expresarlo con claridad es un enigma.
EL PREGUNTAR
Decíamos: Todo preguntar es una búsqueda. Interrogamos a… por algo que no comprendemos. Siempre interrogamos a alguien y somos guiados por aquello que nos tiene intrigados y nos hace preguntar. El hecho que nosotros preguntemos nos muestra el comportamiento propio de los seres humanos. Los caracteres destacables de este ente no son “propiedades” que estén ahí, en su aspecto (alto, bajo, negro, rubio), sino maneras de ser posibles para él. El Dasein es un ente privilegiado. Antes de todo, el Dasein es SER, aquel que lleva en sí este “ir más allá” de aquello que percibimos con la mirada, trascendemos. Por tanto, la pregunta de Heidegger ¿qué es Ser?, es el fin del presente tratado en Ser y Tiempo. Esta pregunta por el ser está conducida permanentemente por el ser mismo y conlleva su respuesta, porque somos habitantes del ser. La pregunta concibe su respuesta, porque el hombre interpela al Ser y al mismo tiempo a sí-mismo, desde su ahí, a partir de su apertura. El Ahí, es ser, la raíz de donde brotamos a este mundo y permanecemos.
En todo momento que existo me estoy comportando de una manera precisa frente a algo. Ese algo frente al que yo me comporto Heidegger lo llama existencia.
Por esto, para nuestro filósofo,
La “esencia” del Dasein consiste en su existencia (Heidegger, 2015, p. 69).
No analiza Heidegger qué cosa soy yo en cuanto materia, sustancia; si soy cuerpo o espíritu. Dice que nuestra esencia es la existencia. Comprendemos la existencia de la cual nos habla Heidegger como apertura hacia el ser, siendo en este planeta. Somos ese corazón, ese ojo abierto a la luz y la sombra, a lo que se muestra y oculta, al ser. Cuando se refiere a esto no está hurgando primeramente, si quisiéramos expresarlo así, esta vida sobre la tierra… sino esto misterioso que se designa con la palabra ser y que es indefinible. En algunas ocasiones tomaré mi existencia propia para ilustrar lo que a mi entender Heidegger quiere decir, porque mi ser también es apertura, un estrépito que no puedo contener.
El hombre se comprende a sí mismo y la posibilidad de ser sí-mismo, desde su existencia. Es el río en que nado, la corriente que se avecina. Existiendo, siendo, me comporto de alguna manera, esto es lo que preocupó a Heidegger en su búsqueda. Este comprender del hombre está ceñido a la existencia que es algo distinto a mí y al mismo tiempo soy yo, y en este abrazo comprendo mi “ser” de una manera vaga y al mismo tiempo comprendo el ser. Así, voy siendo.
¿QUÉ ES SER?
Es el fin del presente tratado de Ser y Tiempo. Esta pregunta por el ser está conducida permanentemente por el Ser mismo y conlleva su respuesta, porque somos habitantes del ser. La pregunta concibe su respuesta, porque el hombre interpela al Ser y al mismo tiempo al sí-mismo, desde su Ahí, a partir de su apertura. El Ahí es Ser, la raíz de donde brotamos a este mundo y permanecemos.
En todo momento que existo me estoy comportando de una manera precisa frente a algo. A ese algo frente al que yo me comporto Heidegger lo llama existencia. Por esto, para nuestro filósofo, la esencia del Dasein consiste en su existencia (Heidegger, 2015, p. 69).
No analiza Heidegger qué cosa soy yo en cuanto materia, sustancia; si soy cuerpo y espíritu. Dice que nuestra esencia es la existencia. Comprendemos la existencia de la que nos habla Heidegger como apertura hacia el ser, siendo en este planeta. Somos ese corazón, ese ojo abierto a la luz y a la sombra, a lo que se muestra y oculta, al ser. Cuando se refiere a esto no está hurgando primeramente, si quisiéramos expresarlo así, esta nuestra vida sobre la tierra… sino esto misterioso que se designa con la palabra ser y que es indefinible. En algunas ocasiones tomaré mi existencia propia para ilustrar lo que, a mi entender, Heidegger quiere decir, porque mi ser también es apertura, un estrépito que no puedo contener.
El hombre se comprende a sí-mismo y la posibilidad de ser sí-mismo, desde su existencia. Es el río en que nado, la corriente que se avecina. Existiendo, siendo, me comporto de alguna manera, esto es lo que preocupó a Heidegger en su búsqueda. Este comprender del hombre está ceñido a la existencia que es algo distinto a mí y al mismo tiempo soy yo, y en este abrazo comprendo mi ser de una manera vaga y al mismo tiempo comprendo el ser. Así, voy siendo.
AL DASEIN LE VA SU SER
Entre los entes del mundo, es al hombre a quien le va su ser, es decir, el ser no es algo dado solamente, ya acabado, sino que me voy haciendo en la medida que empuño el llamado de mi ser, bajo un peso abrumador. La ciencia, el teatro, ser médico, artista, astrónomo, obrero, albañil, en fin… tener vocación para… son maneras de ser del Dasein.
En la base de esto encontramos que el Dasein comprende no solo a los otros Dasein que viven en este mundo coexistiendo juntos, sino que también comprende otros entes que no tienen el modo de ser de él: minerales, vegetales, animales.
El hombre siempre interpreta su ser y descubre los entes del mundo. “Descubre”. Lo hace por medio de la psicología, la filosofía, la antropología, la poesía, el arte, la biografía propia, etc. Se pregunta por diferentes caminos y tiene:
…tendencia a comprender su ser desde aquel ente con el que esencial, constante e inmediatamente se relaciona en su comportamiento, vale decir, desde el “mundo” (Heidegger, 2015, p. 41).
Cuando Heidegger pone la palabra mundo se está refiriendo al ente “mundo” en sentido óntico, en un sentido sustancial (entes que le aparecen al Dasein en este “mundo”). Tendemos entonces a interpretarnos como si fuéramos solamente aquello que comparece a nuestros ojos, que tiene sustancia, un ente, una figura, no reparamos en su ser.
Lo que busca afanosamente Heidegger es el comportamiento del Dasein en su existencia, el rastro del Ser, ahí quiere llegar a aprehender lo que significa ser. En este caso, no le interesa lo que los entes son en su aspecto, en su sustancia. No anda tras eso, busca estructuras de ser. Por tanto, no le sirven las maneras cómo la metafísica ha interpretado al hombre. Todas esas estructuras metafísicas están relacionadas con el “ente hombre” y no con su ser. Es por esto que Heidegger crea un lenguaje nuevo para señalar el Ser, algo prístino, no tocado aún por el intelecto humano, siempre de acuerdo al ser y no al ente hombre y esto, porque el Da-sein es un ente como todo lo existente () que está en relación con el ser.
COSAS: EL HABLAR GRIEGO. FENÓMENOS: EL HABLAR DE HEIDEGGER
Los griegos hablaban de cosas que hay en el mundo, Heidegger habla de fenómenos, de entes, de ser. La manera del pensar metafísico no es que sea errónea, sino que, no conducía por caminos adecuados a la pregunta por el ser. Sencillamente no es el paraje en donde Heidegger pregunta. Entonces funda un lenguaje nuevo para poder expresar adecuadamente su pensamiento. No está haciendo creaciones rebuscadas porque sí. La forma de interpretar el mundo humano antes de Heidegger, las definiciones, los conceptos que se usan desde Platón, tienen la misma forma de aprehender la realidad y se las llamó categorías. Este filósofo quiere cortar con ese pasado, romper una tradición. He aquí la dificultad de escuchar su lenguaje y percibir de otra manera lo que piensa. Toda esta época y las anteriores están aún en ese mismo pensar. Emprende una lucha de titanes por crear otra vía, otro lenguaje, otro brazo de río que llegue a otro mar. En este planeta la tradición nos envuelve por completo.
¿QUÉ SIGNIFICA FENOMENOLÓGICO?
Cuando camino por el parque y me encuentro con un árbol en flor me cautiva su hermosura y me detengo a contemplarlo. Frente a ese hallazgo, el árbol mismo viene a mí, dándome cuenta de su ser, desde él mismo. Este es el método que usa Heidegger para llegar al ser: fenomenológico.
De “fenómeno” debe retenerse lo siguiente: lo que-se-muestra-en-sí-mismo, lo patente”. Los fenómenos son “la totalidad de lo que yace a la luz del día o lo que puede ser sacado a la luz del día, lo que alguna vez los griegos identificaron, pura y simplemente, con () (los entes) (Heidegger, 2015, pp. 53-54).
Los fenómenos se pueden mostrar desde sí-mismos y es esto lo que Heidegger quiere coger. No es que cualquier cosa sea un fenómeno, sino que es fenómeno solo cuando se está mostrando desde sí-mismo en esta metodología. Logos, de múltiples sentidos en la metafísica, Heidegger lo toma como “decir”. Entonces, ¿qué nos hacen ver diciendo los fenómenos desde ellos mismos?
Fenomenología quiere decir:
…hacer ver desde sí mismo aquello que se muestra, y hacerlo ver tal como se muestra desde sí mismo. Este es el sentido formal de la investigación que se autodenomina fenomenología, pero de este modo no se expresa sino la máxima formulada más arriba “¡A las cosas mismas!” (Heidegger, 2015, p. 59).
Las ciencias, “estas nombran los objetos de las respectivas ciencias en su contenido quiditativo propio(**) (Heidegger, 2015, p. 59).
La fenomenología no designa el objeto de sus investigaciones, ni caracteriza su contenido quiditativo. La palabra solo da información acerca de la manera de mostrar y tratar lo que en esta ciencia debe ser tratado. Ciencia “de” los fenómenos quiere decir; un modo tal de captar los objetos, que todo lo que se discuta acerca de ellos debe ser tratado en directa mostración y justificación(***) (Heidegger, 2015, p. 59).
Frente a este árbol en flor, a este fenómeno en el decir para hacer ver, me vuelven a resonar las palabras de Heidegger, recordando a Husserl: ¡A las cosas mismas! Debemos ir a las cosas mismas y no hacer representaciones en nuestro intelecto. Debemos distinguir con sagacidad, porque los fenómenos pueden mostrarse como lo que no son, pueden “parecer”, tener apariencia de… Cuando algo quiere mostrarse puede mostrarse como lo que no es. Sobre esto tenemos experiencia los seres humanos: proyectamos imagen. Que nos crean ricos, exitosos, buenos, cultos, en fin, múltiples maneras y, a lo mejor, no lo somos.
También los fenómenos pueden no mostrarse desde sí mismos, por ejemplo una persona enferma tiene fiebre. Se está mostrando la alteración de la temperatura en nuestro cuerpo, pero no la enfermedad misma; no se muestra el fenómeno en sí mismo de la gripe o de la tos convulsiva. En este caso se muestra la tos. La fiebre es una manifestación que puede existir gracias a que un fenómeno se muestra, pero puede ser que se muestre manifestándose solamente. Esta manifestación no es un fenómeno que se muestra desde él mismo.
Heidegger nos previene en este camino de múltiples dificultades que se presentan. No me queda más que arrimarme estrechamente a su pensar, de lo contrario estoy completamente perdida, todo esto es impensado por mí.
DISCURSO: UN AUTÉNTICO DECIR
Busca desentrañar el fenómeno de un árbol en flor, no en el sentido si son átomos, energía, madera o flores. No quiere que se represente en la cabeza, por medio del lenguaje, lo que es ese árbol en flor. También hay problemas con el lenguaje, porque el lenguaje representa algo, no estamos escuchando un fenómeno, sino los signos y símbolos que son nuestras palabras, aunque, como veremos también, el discurso puede mostrarse. El discurso no es representativo, sino que me muestra algo en verdad, pero no frecuentemente.
El decir que persigue Heidegger será:
…en la medida en que el decir es auténtico, lo dicho debe extraerse de aquello de lo que se habla… No todo “decir” tiene este modo de patentizar que es propio del hacer-ver-mostrativo (Heidegger, 2015, p. 57).
No todo decir es fidedigno, verdadero. Cuando conversamos con el otro, hay algo que queremos hacerle ver. Hablar de lo que decimos, extrayéndolo de aquello que estamos hablando, para hacérselo patente al otro, es un decir verdadero. Incluso en el lenguaje corriente usamos la expresión: “te estoy hablando en verdad”. Esto es un hacer-ver-mostrativo.
En su realización concreta, el decir (el hacer-ver) tiene el carácter de un hablar, de una comunicación vocal en palabras (Heidegger, 2015, p. 58).
El hacer ver al otro es una comunicación, le transmitimos algo en palabras. Este hacer ver puede ser verdadero o falso. No se puede tomar el decir como si siempre fuera verdadero. Hay decires encubiertos, engañosos, falsos y también verdaderos. Todo esto forma parte de la verdad de que nos habla Heidegger, ya que esta se oculta y se muestra al mismo tiempo.
VERDAD
Heidegger busca desentrañar la verdad no por el lado de la metafísica, donde en el juicio tendríamos el lugar de verdad, sino que verdad a la manera de Heidegger es sacar de su ocultamiento ese ente del cual se está hablando; quitar velos, desencubrirlo desde su ser, para que se muestre. Falso sería hacer aparecer algo como lo que no es, es un decir engañoso.
Para mí, esta verdad, fue una revelación en mi existencia. Pensé, como me enseñaron durante años desde el colegio, que la verdad era esa adecuación a través del lenguaje, del intelecto a una cosa, pero esto que muestra Heidegger, que por ser Dasein descubro aquello que está oculto, lo saco a la superficie, lo hago brotar, me muestro y voy mostrando el ser de cuanto existe en el “mundo” y del mundo que constituye la existencia. Tiene esto una profundidad de abismo. Me embelesa esta dimensión humana sobre un espacio misterioso, sin fin. Me hace humilde, porque me doy cuenta que es poco lo consciente, lo guiado por mi mente, y mucho esa vorágine del existir en un sigilo enigmático que jamás podré asir, pero que de alguna manera toco.
Permanezco largo rato contemplando lo que me arroba, un árbol en flor. ¿Despertaré, como me dice Heidegger? ¿Desde qué brota ese árbol en flor en-el-mundo para que sea tan misteriosamente hermoso? No me satisfacen las respuestas científicas, ni hormonales, ni físicas, ni emotivas. Quisiera saber el siendo de esa planta y sigo preguntando…, sigo tratando de escucharla, porque el ser es trascendencia, puedo traspasar su envoltura.
La trascendencia del ser del Dasein es una trascendencia privilegiada, puesto que en ella se da la posibilidad y la necesidad de la más radical individuación (Heidegger, 2015, p. 63).
Me llama la atención esto que el Dasein tenga una trascendencia privilegiada en este “mundo”, que haya la necesidad de esta radical individuación para que sea posible esta trascendencia; que cada hombre sea un espécimen único, indispensable, en esta marea de seres humanos que se revelan en la existencia. Después de leer a Heidegger me he fijado con mucha atención en la diversidad de seres que somos, la riqueza que finalmente tiene nuestra especie, la finura de cada ser. Me hace gracia que seamos capaces de sentirnos tan superiores al otro que tengo al lado, cuando cada quien tiene su propio caudal insospechado de riquezas en sentidos muy diversos. Esta aperturidad que tiene cada uno de nosotros al Ser nos da un siendo trascendental y singular, con un caudal inconmensurable.
EL TIEMPO
En ese “siendo” de los entes de que hablaba antes hay una clara alusión al tiempo que ha hecho cavilar a tanto filósofo hasta hoy. ¿Qué es este tiempo que deja huella y produce profundas transformaciones en cada ser?
Desde antiguo por medio del tiempo se distinguen regiones de entes:
Es usual delimitar el ente “temporal”(*) (los procesos de la naturaleza, acontecimientos de la historia) frente al ente “intemporal” (las relaciones espaciales y numéricas) (Heidegger, 2015, p. 44).
Se establece además, un “abismo” entre el ente “temporal” y lo eterno “supratemporal”, y se intenta franquearlo (Heidegger, 2015, p. 44).
Para nuestro filósofo esto pensado por la metafísica es oscuro, porque lo intemporal y lo supratemporal son también tiempo, con respecto a su ser. Dice también la metafísica: lo temporal “está en el tiempo”. Esto no es así, dice Heidegger, porque el Dasein está en el Ser, es el “ahí del Ser”, no vamos en el tiempo como dentro de un tren, viajando por el “mundo”.
La forma de interpretar el tiempo en la metafísica como un pasado, un presente y un futuro, Heidegger la encuentra bien, digamos la clarifica, pero no es adecuada para responder la pregunta que lo tiene en vilo, el sentido del ser. El tiempo, dice, ha sido comprendido como un ente, y se interpreta como presencia. ¿Cómo puede conceptualizarse de esa manera el tiempo? Es una manera vulgar en el sentido de burdo, y además, la connotación corresponde a un momento del tiempo, el presente, presencia ¿Qué pasa con el pasado y el futuro, entonces?, ¿son o no tiempo?
Sigo en el hablar de Heidegger, que para comprender el Ser, el tiempo es un horizonte necesario.
Por lo pronto, me pongo a meditar y pienso:
¡Ya vendrá otro filósofo que salte como un gamo y se encarame a la región del pensar! Lo que se ha pensado antes es un trampolín para pensar lo que viene. El pasado es un río con profundo caudal que vamos recibiendo del ayer los seres humanos.
Entonces, ¿qué es el tiempo? Heidegger se detendrá en esto a continuación del análisis del Dasein. Las estructuras de ser descubiertas por él las analizará teniendo el tiempo como horizonte.
¿CÓMO SE DESENVUELVE EL DASEIN INMEDIATAMENTE?
Algo importante de aclarar en este documento en general es que el hombre tiene una inmediata aprehensibilidad de los entes que lo rodean, inmediatamente no cuando pensamos de manera reflexiva, razonada, calculada, aunque estas también se dan en estos modos de ser del Dasein. Nos muestra cómo el hombre se comporta de inmediato en su cotidianidad media, sin ninguna elaboración anterior, manejando útiles, asignándoles el lugar a una cadena de útiles, donde el último receptor es el hombre; así damos origen a un ver circunspectivo que nos úbica como Dasein.
Accedemos en este análisis a la manera corriente que tiene todo hombre de vivir, es decir, como ha existido todo ser humano en este mundo desde que se es hombre; el ser-ahí primitivo y el actual. No busca aprehender al hombre en la universidad en un trabajo de investigación, en una empresa con sus proyecciones, sino cómo es el hombre corriente, cómo se comporta en la existencia, sin una mayor elaboración del pensamiento, como una respuesta inmediata a esto de ser hombre. Esta es la línea de la cotidianidad, de la medianidad.
(1) Platón, El Sofista. 244ª.
(*) …sentido del “ser” Nótese en esta repetida frase: “la pregunta por el sentido del ser” , la palabra va una vez sin comillas y otra vez con comillas. En este último caso se trata del término ser y se pregunta cuál es el sentido de la palabra “ser”. En cambio en el primer caso se trata del ser mismo independientemente que esté expresado en palabras” (Heidegger, 2015, p. 25. Nota del traductor p. 455).
(***) “Dasein”, Nota del traductor en Heidegger, 2015, p. 32, en p. 456.
(*) “Ser”, Nota del traductor en Heidegger, 2015, p. 25, en p. 455.
(**) “contenido quiditativo…” en alemán, Sachhaltigkeit, que literalmente significa atenimiento a una cosa.
(***) …justificación”. Nota del traductor en Heidegger, 2015, p. 59, en p. 462.
(*) “temporal”: Nota del traductor en Heidegger, 2015, p. 44., en p. 459.
PRIMERA PARTELA INTERPRETACIÓN DEL DASEIN PORLA TEMPOREIDAD(a)Y LA EXPLICACIÓNDEL TIEMPO COMO HORIZONTETRASCENDENTAL DE LA PREGUNTA POR EL SER(b)
(a) “Solo esto en la parte publicada aquí”(*), Nota del traductor en Heidegger, 2015, p. 67.
(b)Cf. Sobre esto el curso del semestre de verano de 1927, dado en Marburg con el título Die Grundprobleme der Phänomenologie (Los problemas fundamentales de la fenomenología(**).
PRIMERA SECCIÓNETAPA PREPARATORIA DEL ANÁLISIS FUNDAMENTAL DEL DASEIN(***)
(***) “Etapa preparatoria”. Nota del traductor en Heidegger, 2015, p. 67, en p. 464.
CAPÍTULO PRIMEROLA EXPOSICIÓN DE LA TAREA DE UN ANÁLISIS PREPARATORIO DEL DASEIN
Parágrafo 9EL TEMA DE LA ANALÍTICA PREPARATORIA DEL DA-SEIN
ANÁLISIS PREPARATORIO DEL DASEIN
El ente que Heidegger analiza es cada vez el mío, soy yo misma. A mí me va mi ser en la existencia y este ser lo comprendemos en un modo de término medio y vago.
¿Qué es esto en lo que a mí me va mi ser?
Hay algo decisivo en mi existencia que no solo depende de la realidad que me rodea, de los genes heredados con patrones establecidos, sino que tiene que ver con esas posibilidades que voy descubriendo en mí desde el futuro hacia mi presente, pasando por el ayer, para llenar de contenido mi ser, aquello que puedo llegar a ser. Porque el hombre tiene esta manera de ser distinta a los animales, vegetales y minerales puede, comprendiendo, hacerse cargo de su ser. No comprendemos nítidamente todo, comprendemos en penumbra, a medias, como cuando despertamos en la mañana un poco adormilados, pero comprendemos. Esto es lo fundamental. Mi esencia consiste en tener-que-ser, existencialmente, debo abrirme a la existencia.
El Dasein es primeramente ser y ese ser es cada vez mío, una posibilidad mía, que yo comprendo. Por tanto, puedo ganarme o perderme. Puedo tener un ser-propio mío o uno impropio. Aunque nos adelantemos, todos tenemos este ser impropio, todos estamos caídos en el uno, pero no por eso señala algo inferior, sino algo común, dominado por lo que impera en ese momento histórico, por la moda, por lo que se dice, por la opinión, por las habladurías, la curiosidad, por aquello que está conformándonos a todos.
Cuando nacemos hay una situación histórica que está ya dada, hay un mundo que nos acoge de una determinada manera y no nos podemos sustraer a él. Caemos, somos arrojados en ese mundo. Nacemos en un país, en una familia que tiene un patrón en su manera de ser, en un estrato social que nos enmarca, todo esto nos determina de una manera concreta. Podemos estar también entregados a nosotros mismos como propio, escogiendo ser lo más propio-mío.
Pero primeramente Heidegger quiere comprender el ser del hombre, partiendo de la existencialidad. El Dasein también es un ente en este “mundo”, como todo lo que existe. A las estructuras de ser las llama existenciarias, porque se determinan desde la existencia. No parte aprehendiendo eso que me hace diferente de otro, sino en la inmediatez y cotidianidad de todo hombre, lo que me hace ser igual a otro. Esto tiene un carácter fenoménico en la existencia, no es una nada, la que ha sido pasada por alto en la metafísica.
Heidegger nos dice:
Lo que ónticamente es en la manera de la medianidad puede muy bien ser aprehendido ontológicamente en estructuras concisas que no se distinguen estructuralmente de las determinaciones ontológicas de un modo propio de ser del Dasein (Heidegger. 2015, p. 71).
