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Este libro es la antítesis de un best seller de autoayuda. En lugar de decirle cómo alcanzar el éxito y la felicidad, le revela los secretos para tropezar con cada obstáculo en el camino. Adoptando cierto aire satírico, aparecen curiosidades filosóficas como nuestra obsesión por quienes no nos aman, el incumplimiento de las promesas, las categorías de esnobs, la cultura de la cancelación, los procesos de selección de pareja, la lucha por el reconocimiento, los debates en torno a la existencia del instinto maternal, la responsabilidad, el optimismo y el pesimismo, los dilemas éticos, los marcos conceptuales, la venta de órganos, la temeridad con que frecuentemente los varones asumen riesgos desmedidos, los libros de autoayuda que apestan, el envejecimiento y hasta la mismísima muerte. Temas que, como comprenderá, no serán el éxito de los próximos carnavales. En primer lugar, el objetivo de Cómo arruinarse la vida es filosófico y, si con suerte alguna línea le arranca una sonrisa, mejor. Existiendo otros libros, la autora no se responsabiliza por los daños ocasionados por el ejemplar que tiene en sus manos, en particular si fuera utilizado como arma arrojadiza en acaloradas discusiones o como posavasos en reuniones elegantes.
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Seitenzahl: 312
Veröffentlichungsjahr: 2025
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ROXANA KREIMER
Kreimer, Roxana
Cómo arruinarse la vida / Roxana Kreimer. - 1a ed. - Ciudad Autónoma de Buenos Aires : Galerna, 2025.
Libro digital, EPUB
Archivo Digital: descarga
ISBN 978-631-6632-70-8
1. Humor. 2. Filosofía Contemporánea. I. Título.
CDD 190
©2025, Roxana Kreimer
©2025, RCP S.A.
Ninguna parte de esta publicación puede ser reproducida, almacenada o transmitida en manera alguna, ni por ningún medio, ya sea eléctrico, químico, mecánico, óptico, de grabación o de fotocopias, sin permiso
previo del editor y/o autor.
ISBN 978-631-6632-70-8
Hecho el depósito que marca la ley 11.723
Diseño de tapa: Pablo Alarcón para Cerúleo | diseño
Diseño del interior: Cerúleo | diseño
Imagen de tapa: wikipedia.org
Primera edición en formato digital
Versión: 1.0
Digitalización: Proyecto451
Portada
Portadilla
Legales
INTRODUCCIÓN
1. CÓMO SUFRIR POR AMOR
Nuestra obsesión por los altos
¿Qué es la hipergamia? ¡No te enganches con un alfa!
Nuestra obsesión por quienes no nos aman
2. CÓMO SER UN IRRESPONSABLE
Por el bien de mis hijos, no los tuve
Hijos y medio ambiente
El antinatalismo
¿Existe el instinto maternal?
Excusas inexcusables. No mates a tu abuela antes de ver esto
3. CÓMO AHOGARSE EN UN VASO DE AGUA
Vení que te autoayudo. La literatura de autoayuda que apesta
¿Envejezco o cae un rayo?
Hagas lo que hagas, está mal
La muerte y otros chistes
4. CÓMO SER INSUFRIBLE CON LOS DEMÁS
7 formas de detectar a un esnob
El menzage oculto de la hortografía
¿Por qué se cometen faltas de ortografía?
Cómo interrumpir y no dejar hablar a nadie
No pienses en un elefante
¡Vivan los anglicismos!
5. CÓMO SOSTENER IDEOLOGIAS ABSURDAS
¡Cancelan a Blancanieves!
Matemáticas
gender friendly
6. CÓMO ARRUINAR EL TIEMPO LIBRE
Las 7 plagas del cine (¿qué hace a ciertas películas inverosímiles?)
Premios para zonzos
7. CÓMO SER UN MAL GOBERNANTE
Milei el travieso y su pandilla
Qué órganos vender si precisa dinero. Consejos libertarios para un capitalismo virtuoso
Los anarcopaitalistas y los osos
Lo que el dinero no puede comprar
Turismo aventura era Milei: ¡experimente la inflación en Argentina!
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Tabla de contenidos
Comienzo de lectura
A Gerardo Primero, por hacer que este libro contenga menos errores que mi vida.
A Tomás Razzetto, que lo mejoró como quien lava un auto en plena tormenta: sin perder la esperanza.
El lector tiene en sus manos un libro de humor low cost. No garantizamos que usted vaya a sonreír, mucho menos a soltar alguna carcajada. Este texto es 100 % libre de inteligencia artificial… y a veces de inteligencia, a secas. Para humor garantizado, consulte a su tío en Navidad.
Este libro es la antítesis de un best seller de autoayuda. En lugar de decirle cómo alcanzar el éxito y la felicidad, le revela los secretos para tropezar con cada obstáculo en el camino. Debe tener en cuenta que la filosofía no está destinada a complacer a todo el mundo. Eso no lo logró ni el chocolate. La filosofía y el humor tienen algo en común: aspiran a que reflexionemos desde un enfoque inusual. De ahí que el origen latino de la palabra divertirse remita a la acción de “desviar”, de “salirse del vértice”.
Considere que en general el filósofo es una persona muy amargada. Suele escribir en un lenguaje tan oscuro que ni él mismo entiende qué rayos quiso decir cuando sus exégetas lo interrogan sobre el significado de sus palabras.
A esta altura el lector se estará preguntando qué significa exactamente “stand up filosófico”. Del stand up el libro aspira a adoptar cierto aire satírico. Sin embargo, elude los temas propios de la vida cotidiana de este género, tales como la odisea de perder las llaves de casa una y otra vez, las situaciones incómodas en el dentista y cómo era la vida antes de los smartphones. Aparecen en cambio curiosidades filosóficas como nuestra obsesión por quienes no nos aman, el incumplimiento de las promesas, las categorías de esnobs, la cultura de la cancelación, los procesos de selección de pareja, la lucha por el reconocimiento, los debates en torno a la existencia del instinto maternal, la responsabilidad, el optimismo y el pesimismo, los dilemas éticos, los marcos conceptuales, la venta de órganos, los premios Darwin y la temeridad que con frecuencia anima a los varones a asumir riesgos desmedidos, los libros de autoayuda que apestan, el envejecimiento y hasta la mismísima muerte. Temas que, como comprenderá, no serán el éxito de los próximos carnavales.
En primer lugar, el objetivo de este libro es filosófico, y si con suerte alguna línea le arranca al lector una sonrisa gratuita, mejor. Existiendo otros libros, la autora no se responsabiliza por los daños ocasionados por el ejemplar que tiene en sus manos, en particular si fuera utilizado como arma arrojadiza en acaloradas discusiones o como posavasos en reuniones elegantes.
¿Vieron que la mayoría de las mujeres están obsesionadas con los hombres altos? No quieren formar pareja con hombres más bajos que ellas. Si la memoria no me falla, una vez vi un documental en el que mostraban un experimento en el que las mujeres podían elegir un hombre para un affaire, y solo preferían a un petiso si la única alternativa era la de un tremebundo prófugo de la justicia.
Ignoro si es posible tener una obsesión inconsciente, pero esta lo es. Porque ninguna confiesa que no estaría con un hombre más bajo que ella. No dicen “yo quiero un alto”, dicen “quiero uno que me haga reír”, sí, que la haga reír, pero alto. “Quiero que sea trabajador”, sí, pero alto. “Quiero que sea buena persona”, sí, pero alto. Más honesto sería que dijeran “yo lo único que quiero es que sea alto, y si viene con alguna virtud, mejor; si no, paciencia”.
El problema es que ellos también quieren mujeres más bajas. Ninguno confesaría que no estaría con una mujer más alta. Y no dicen “yo quiero una mujer más baja”, dicen “quiero una mujer que no me hinche las guindas, que no me esté encima”. Sí, OK, pero más baja que vos. “Quiero que sea linda”. Sí, pero más baja que vos. “Que no sea muy celosa”. Sí, pero baja. Sin embargo, hay una diferencia: para ellos, si está disponible para el affaire de una noche, ¡dale que va! Comprenden perfectamente que la cama es horizontal, no vertical. ¿Qué importa la altura? Salvo que des vuelta la cama y la pares, ¿cuál es el problema?
En dos estudios que juntos suman unas 53.000 personas, las mujeres más satisfechas con sus parejas eran las que tenían un hombre en promedio veintiún centímetros más alto que ellas, mientras que los hombres en promedio estaban satisfechos con mujeres ocho centímetros más bajas (Stulp y colegas, 2013).
No sorprendentemente los varones bajos reportaban menos satisfacción con su vida y menos autoestima. O sea, no solo ellas quieren parejas más altas, sino que ellos quieren parejas más bajas. Pero hay una diferencia, ellas los quieren más altos que lo que ellos las quieren bajas. Concretamente, la brecha de género es medible y asciende a trece centímetros. Brecha salarial entendida como desigual paga por el mismo trabajo no hay; brecha de estatura, sí. ¿Y quién plantea este problema? ¡Nadie! Un problema de difícil solución, además, porque con tacos o rebanándote un pedazo de pierna no se resuelve. La única solución admisible pasa por la comprensión del problema y por nuestro cambio de mentalidad.
Mucho planteo de la gordofobia de aquí y la gordofobia de allá, de la discriminación que padecerían las mujeres por ser gordas porque los medios de difusión blablablá, pero sobre la cuestión de la altura, que es mucho más ardua, nada por aquí, nada por allá. También los medios de difusión exaltan la figura del hombre alto en desmedro de la del hombre bajo. ¿O dónde vieron una publicidad en la que él se baja de un auto de lujo y mide veinte centímetros menos que ella? En la vida real puede ser que, si el auto de él es increíblemente caro, ella le lleve dos cabezas de altura. Pero en la publicidad no.
Si mal no recuerdo, en un estudio de economía conductual, por cada centímetro menos de altura que tenía él, debía ganar varios miles de dólares más para conformar a las mujeres que buscaban un affaire en un sitio de citas en internet. Petiso y pobre es lo peor que le puede pasar a un hombre. Miento, hay algo peor: petiso, pobre y pelado. A mí me daba no sé qué la pelada. De joven me enamoré de un pelado y él me decía “tocame la pelada” (en referencia al cuero cabelludo), y a mí al principio me daba impresión, y después me encantó. Las peladas son suavecitas, pero llegado el caso se disimulan con esos entretejidos modernos. La altura no hay manera de disimularla. Los tacos en los varones no son vistos como sexys, y las que somos altas no podemos serrucharnos el pedazo de pierna que nos sobra.
No estoy diciendo que discriminen a los varones bajos, o que en menor medida discriminen a las altas, pero es algo que evidentemente los perjudica a ambos, ya que también las muy altas se niegan a tener incluso un touch and go con un tipo si no tiene una estatura galáctica.
Resulta que a mí, como a la mayoría de las mujeres, de joven, cuando formaba parte del mercado amoroso, me gustaban los hombres altos. El problema es que soy bastante alta, mido un metro setenta y, como vimos, los hombres prefieren a las mujeres más bajas que ellos. Estadísticamente, el mercado se reduce.
Les voy a contar lo que me pasó en mi primer baile. Era el cumpleaños número nueve de mi primo, me saca a bailar uno de sus amiguitos y yo le digo: “Disculpá, pero me parece que sos más bajo que yo”. ¡¡¡Una salvajada!!! Encima el pobre chico se quedó a dormir en casa de mis tíos, al igual que yo, y me miró con cara de odio un día y medio.
La vida igual se tomó revancha. Yo siempre era la que tenía que estar atrás en las fotos, la última de la fila, de usar tacos olvidate, así que yo quería ser petisa, porque veía que las petisas tenían éxito. Si me preguntaban “¿qué querés ser cuando seas grande?”, yo respondía “petisa” (con bronca), “cuando sea grande quiero ser petisa”. Si sos alta, para algunos es como si fueras medio hombre. De chica descartaba al 50 % de los hombres porque eran bajos, a mí me descartaba el 50 % por ser demasiado alta, y así el mercado se achicaba de forma exponencial. Por eso las muy altas somos tan agradecidas, como los petisos. Y tan independientes. Una alta nunca te va a pedir que le cosas el dobladillo.
Ya de grande, cuando bailaba salsa y sacaba a bailar a algunos de los compañeros de la clase, alguno me dijo que prefería bailar con una mujer más baja, porque, claro, ahí hay una cuestión física concreta, y es que tienen que elevar más los brazos y hacer más fuerza para hacerte girar y, además, a muchos no les gusta verse con una más alta porque se nota que ellos son más bajos.
Cuando me enteré de que las modelos de pasarela tenían que ser altas, que había un lugar en el mundo en el que las altas eran valoradas, no lo podía creer.
En las pantallas no se ve la altura de una persona. Allí todos parecen altos, porque uno no está al lado de ellos para comparar. Recuerdo que una vez me crucé con un galán de la tele en un aeropuerto, y no podía creer que no me llegara ni al ombligo.
¿De dónde viene esta obsesión por los altos? Desde una perspectiva evolucionista, las hembras de muchas especies animales, incluida la humana, han preferido no solo a los más altos sino a los más grandotes, porque también nos gustan los grandotes de caja. Es lo que se llama un proxi, un indicativo de otra cosa, porque si es alto pero debilucho, la altura no parece ser una ventaja. Por eso los hombres entrenan para parecer más grandotes y esto resulta atractivo también para muchos hombres gay. ¿Y por qué los machos de tantas especies son más grandotes que las hembras? El caso más sorprendente es el del gorila, que tiene el doble de tamaño que la hembra. Hay dos hipótesis explicativas que cuentan con mucha evidencia, relacionadas entre sí:
1) Los machos son más grandotes porque ellas los prefirieron así, por tanto, se reprodujeron más y tuvieron como crías a machos grandotes.
¿Y por qué los prefirieron grandotes?
2) Acá vienen varias hipótesis entrelazadas: porque en la lucha por las hembras, gana el más fuerte, y porque el alfa, el más fuerte, es el que adquiere más poder que otros machos de su misma especie, el que en principio más puede proteger a la hembra y a la cría, y el que supuestamente más puede acceder a los recursos que contribuyen a la supervivencia de la hembra y de la cría.
Una evidencia de que en muchas especies animales las hembras prefieren a los altos y grandotes es que, si observamos que una especie animal tiene gran dimorfismo, es decir, si hay diferencia de tamaño entre machos y hembras, podemos predecir que en esa especie hay poligamia, es decir, un macho alfa tiene acceso a muchas hembras. Esa estrategia puede convivir con la de la monogamia, como en el ser humano, en donde hay estructuras monógamas, a veces con otras relaciones o affaires paralelos. Hombres y mujeres son más requeridos en virtud de su estatus, talento, recursos o altura. Pero hay evidencia de que el estatus y la estatura son rasgos que en promedio atraen más a las mujeres heterosexuales que a los hombres. Y como el estatus es un medio para obtener otras cosas como protección, recursos y prestigio, también termina convirtiéndose en un fin en sí mismo, como el dinero. Asociamos algún rasgo con el estatus, en este caso la altura, y luego ese rasgo se fetichiza, se convierte en una suerte de dios, y todos lo adoramos. “Ese hombre es alto: ¡oh!, qué atractivo”, decimos.
Incluso hay un estudio medio trucho que anda circulando por ahí que muestra que en Estados Unidos casi siempre han accedido a la presidencia candidatos altos, con alguna que otra excepción. Sin embargo, si los hombres altos son valorados, no sería extraño que tuvieran ventajas sociales de todo tipo, no solo en el mercado amoroso. ¿Por qué? Por nuestra obsesión por los altos. Querríamos que todos los hombres fueran como los holandeses, que son altísimos, al menos los más altos que yo he visto, te da tortícolis mirarlos de arriba abajo, así que tenés que alejarte para figurar una panorámica.
Pero ahí tenemos una razón para no estar tan obsesionadas por los altos. Más mujeres te lo disputarán, porque lo primero que le mira una mujer a un hombre es la altura. Si caminás con él por la calle, sobresale, necesariamente te lo van a mirar. Incluso las ciegas, cuando les van a presentar a un candidato, deben preguntar, ¿es alto? Y si no lo es, a otra cosa mariposa.
Pensémoslo bien: ya no vivimos en la sabana del África, ¿por qué diablos preferiríamos a los altos y grandotes por sobre los buenos y solidarios, ponele? Si es alto y terraplanista, sonaste, porque cree que puede ver el planeta entero los días sin nubes ni polución. El que es muy alto no sabe qué diablos hacer con el cuerpo, salvo que sea basquetbolista. ¿O viste acaso a algún buen bailarín que sea muy alto? Ni modo, les sobra cuerpo por todos lados. Si vas con él al cine, los espectadores te van a odiar porque les tapa todo a los de atrás.
Existiendo las escaleras, ¿para qué necesitás tener a mano a alguien que te alcance las cosas o que mire a lo lejos? Si cuando le pedís que te alcance algo del estante de arriba de la alacena, todo hombre responde “Ya voy”, algo que necesariamente significa “No voy nada”. Si te peleás con un alto, te mira desde arriba y eso te pone en desventaja. Además, cuando tengas hijos, van a tener que correr mucho más cuando él los tome de la mano, porque cada paso que dé tu marido será para un niño de cuatro años como practicar salto en largo cuando apenas empezaron a crecerle las piernas.
¿Por qué tenemos que pensar que todo lo que está arriba es bueno? A dios y al paraíso los ubican en el cielo. “Alta en el cielo”, dice la canción “Aurora”. Cuando seas vieja, al alto vas a tener que gritarle más fuerte para que te oiga, y por dos razones: su oreja quedará más lejos de tu boca, y los hombres se quedan sordos antes. Si algún día se descompone y te ves obligada a arrastrarlo, será muy pesado, imposible de mover. Ni que hablar si, Platón no lo quiera, pasa a mejor vida: el cajón de un alto es muchísimo más caro que el de un petiso. Lo de las proporciones relativas a la altura es verso, pero los hombres de tu altura o un poco más bajos tienen muchas ventajas.
Mi amiga Sara rechazó a todos sus pretendientes bajos y, cuando le llegó el límite de su edad reproductiva, congeló un embrión. Ahora cumplió los sesenta y empezó a buscar en los geriátricos a un buen padre adoptivo para su hijo. Eso sí, tiene que ser alto.
¿Hacés activismo en favor de las rellenitas? ¿Por qué no te embarcás también en esta causa? Formá pareja con un hombre más bajo que vos. Si no, reproducís los estereotipos. No te va a quedar más remedio que admitir que la biología influye en tu cerebro no menos que en tu aparato reproductivo. Lo de la altura hoy es claramente uno de los tantos ejemplos de nuestras irracionalidades para elegir pareja. Fue útil en su momento, y quedó, como un mal chiste, como una ruina incrustada en nuestro cerebro de la edad de piedra.
Después de leer este artículo, ¿te siguen gustando los altos? ¿Ah, sí? Me lo temía…
Stulp, G., Buunk, A. P., & Pollet, T. V. (2013). “Women want taller men more than men want shorter women”. Personality and Individual Differences, 54(8), 877-883.
Más que ante el segundo texto del libro, estás ante un consejo kilométrico. Sentí lo que te digo: ¡no te enganches con un alfa! Las razones que voy a exponer son filosóficas, psicológicas, literarias y matemáticas.
¿Qué dirías si vieras un anuncio que dice: “Busco señor atlético, inteligente, divertido, buen padre, de carácter afable y millonario para relación seria”? Las mujeres somos algo exigentes. Enumeremos algunas de estas exigencias femeninas. Las mujeres en promedio prefieren hombres que sean cuatro o cinco años mayores que ellas, hombres que sean cuatro o cinco centímetros más altos que ellas. Como vimos, probablemente sea un resabio de la época en que ellos podían protegernos a nosotras y a la cría de los animales salvajes, o una evidencia de que se reprodujeron más los que podían ganarse a las mujeres luchando literalmente por ellas, como los alfa de tantas especies animales, y una evidencia de que las mujeres los preferían y por tanto los altos se reproducían más, del mismo modo en que las hembras de tantas especies prefieren a los machos coloridos. Los ciervos tienen enormes astas que operan como armas a la hora de adquirir una posición dominante en su grupo, lo que les permite acceder a las hembras y a más recursos en general. Después del celo se les caen las astas y les baja el nivel de testosterona. Los seres humanos no tienen astas para mostrar fuerza física en la época de celo, pero dan bastante importancia a la altura del hombre, a sus recursos económicos y a su estatus.
Pero no todo es fuerza física. Los gorriones machos evitan repetir sus melodías para atraer a las hembras. Así lo demostraron científicos de las universidades de Duke y Miami. Los machos de la especie memorizan treinta minutos de trinos sin reiteraciones. Entre los seres humanos, ¿quién tiene más posibilidad de seducir, una persona que canta hermoso o un excelente mecánico dental? No hay groupies de mecánicos dentales, y las hay a granel en el ámbito de la música.
Las especies cuyas crías requieren de mucho tiempo de cuidado, es decir, de una mayor inversión parental de la hembra, tienen hembras un poco más selectivas que los machos, y suelen preferir a los alfa, que son los dominantes en un grupo, y esto en general les permite acceder a más recursos. También suelen preferir a los que poseen capacidades valoradas como el sentido del humor. Para profundizar consulten la teoría de la inversión parental de Robert Trivers, cuyo texto fundante fue traducido al español por Juan Pablo Pardías (Trivers, 1972). Y también el texto de Steve Stewart Williams del 2013 sobre la teoría de la mutua selección, que básicamente dice que ambos géneros son selectivos, las hembras un poco más en virtud de su mayor inversión parental, pero ambos lo son, tal como había hecho notar Darwin en su libro El origen del hombre. Solo que en promedio y para relaciones a largo plazo, seleccionan prioritariamente atributos distintos.
En síntesis, las mujeres en promedio prefieren seducir hombres que tengan igual o más estatus que ellas. Este fenómeno se llama hipergamia y, gracias al avance de la genética, hoy sabemos que el 0,5 % de la población mundial desciende de emperador mongol Gengis Kan. ¿Se dan cuenta de lo que significa esto? Millones de personas descienden de un solo hombre si subimos en el árbol genealógico.
En un artículo del 2003, Zerjal y otros genetistas mostraron evidencias de que el 8 % de las personas de 16 poblaciones de Asia, el equivalente al 0,5 % de la población mundial, descienden del emperador mongol Gengis Kan. Es más, ¿ustedes dirían que descendemos del 50 % de mujeres y del 50 % de hombres? Intuitivamente uno diría que sí. Pero no es así. Los alfa se aparean con más mujeres, y muchos que no son alfa no se aparearon en absoluto. En síntesis, se han reproducido más las mujeres que los hombres. Descendemos de menos hombres que de mujeres por el mismo fenómeno, la hipergamia: las mujeres prefieren en promedio hombres de igual o mayor estatus que ellas. Y el fenómeno no es privativo de los seres humanos, sino también de muchas otras especies animales.
En sentido inverso, en momentos de grandes crisis económicas, hay evidencia de que las mujeres solicitan el divorcio con más frecuencia que los hombres, y una hipótesis para explicarlo es que cuando baja el estatus de ellos, ellas buscan más el divorcio, mientras que no ocurriría lo mismo a la inversa, más hombres queriendo divorciarse en momentos de crisis económicas.
Entonces, tenemos a muchas mujeres aspirando a seducir a pocos señores. No es muy sororo eso, ¿Y la solidaridad entre mujeres, independientemente de cómo sea esa mujer, ¿dónde quedó? ¿Por qué uno debería ser solidario con una persona solo en virtud de su sexo? Solo se entiende si uno piensa que hay un ejército enemigo enfrente conformado por hombres, algo absurdo. En lo posible, seamos sororos con todo lo que respire.
Tenemos un problemita matemático acá. Decíamos, hay muchas mujeres aspirando a seducir a pocos hombres, y por tanto altas posibilidades de que ese señor sea tentado por otras ofertas mientras está con la dama, o que abandone el nido con facilidad, puesto que la oferta de la que dispone es pródiga. Una solución que proponía el filósofo Arthur Schopenhauer era que las mujeres aceptaran la poligamia, un hombre en pareja con más de una mujer al mismo tiempo. Muchas culturas han adoptado esta práctica. Pero a medida que las mujeres fuimos ganando derechos en diversos países, esa opción no lucía muy atractiva para nosotras. Hoy se podría pensar en términos de poliamor, la práctica de tener múltiples relaciones emocionales o sexuales consensuadas al mismo tiempo, donde todas las personas involucradas están al tanto y aceptan la situación. Para muchos es una opción muy positiva, pero eso no resuelve la posibilidad de que, para el alfa, la oferta del mercado sea muy amplia y vuele hacia otro nido, con una pájara más joven y por tanto con más valor de apareamiento, para utilizar el término científico.
Andá corriendo al espejo y mirate porque este es el momento en el que te verás más joven en relación con el resto de tu vida, salvo que te saques una foto con el filtro de Instagram. El alfa nunca pierde el sex appeal, salvo que pierda el don, mientras que la juventud dura lo que un sueldo promedio en la Argentina.
Tampoco ayudan cuentos como “La cenicienta”, con mujeres que resuelven su vida económica con un príncipe azul. ¿Cuándo diablos van a democratizar por completo los cuentos infantiles? ¿Cuál es el mérito de tener pie chiquito para que te entre el zapatito que te calza el príncipe? ¿Las que calzamos 42 no somos acaso dignas de amor? Hoy, en vez de zapatito, el príncipe llevaría un corpiño talle cien, y la que logre rellenarlo todo sería consagrada reina. En lugar de príncipes azules deberían poner músicos de rock, o CEOs de elefantes digitales, aunque también podría ser el jefe antes que el compañero de trabajo, o el profesor de la facultad antes que el compañero.
Imaginate la siguiente escena. Reunión social: una mujer le dice a su amiga, te presento a mi marido, Mark Zuckerberg. Imaginate que se lo presentás a cincuenta mujeres más. ¿Creés que con semejante alfa ninguna lo va a mirar fijo por seis minutos y cuarenta segundos con la pretensión de destronarte? Si te casaste con Zuckerberg, lo mejor es prohibirle que salga a la calle y revisarle toda la correspondencia. Si querés presentarlo en eventos sociales, eso es igualito que contar plata delante de los pobres.
Mi amiga Sara tiene un protocolo con heurísticos para las citas. Un heurístico es una regla que, en general, aunque no siempre, funciona. Por ejemplo, si él no paga la primera cena, considera que es demasiado pobre para ella, y si no paga la cena número 53, eso significa que ya no la quiere.
Siguiendo esta lógica matemática, la que está en mejores condiciones de enganchar ALGO es la que tiene menos estatus, porque le quedan más opciones por arriba. No sé si me siguen en el esquema estadístico. Lo mismo ocurre a la inversa. Cuanto mayor es el estatus de la mujer, menos hombres están en la cima, en relación con ella. Este tema fue investigado por el psicólogo David Buss en su artículo del 2016 titulado “The mating crisis among educated women” (“La crisis de pareja entre las mujeres educadas”). Incluso en Suecia, donde las mujeres no dependen de un hombre para prosperar, los hombres con acceso limitado a los recursos monetarios resultan menos atractivos como posibles parejas para las suecas (Ngaosuvan y colegas, 2022).
Una mujer tiene menor probabilidad de encontrar el amor cuanto más elevado sea su estatus, y cuanto más bajo sea el estatus del varón. Estar muy arriba en la jerarquía es difícil si sos mujer, y muy abajo es difícil si sos hombre.
Una amiga de mi edad está casada con un superalfa, y el otro día me dijo que en Twitter un hater le dijo que ni por asomo alguien querría pagar por acostarse con ella. Entonces mi amiga le dijo a su marido que la próxima vez que lo hicieran iba a tener que pagarle, a lo que el marido respondió: “¿Pero qué creés que estuve haciendo desde que nos casamos?”. Ya sé lo que estarán pensando muchas. ¡Qué chiste tan machirulo! “Nada de machirulo”, me dijo Ernesto, el marido de mi amiga, cuando compartieron esta historia durante una cena, “¡es hipergamia!”.
Supongamos que seducís al alfa del rock, te enganchás con Mick Jagger, o con uno que es famoso en tu barrio. Querrá salir de gira y no le ves más la caripela. Mirá a Luisana Lopilato, casada con el cantante canadiense Michael Bublé, que está permanentemente de gira. Anunciaron con gran pompa en los diarios que él se iba a quedar en casa cuando enfermó uno de sus hijos. Puede que te guste que veinte días al mes el tipo esté fuera de casa, pero desde el momento en que se establece la relación, habría que ser consciente de eso. Y no es un temita que competa solo a los músicos, no, no, no, el alfa debe mantener el estatus, porque le gusta lo que hace o para no ser desplazado del trono por el beta. Porque, además, los alfa compiten entre sí. ¿No vieron a Elon Musk tratar de barrigón a Bill Gates?
De tanto trabajar, el alfa tiene más posibilidades de que le dé un ataque al corazón. El final de la Cenicienta, que nunca te lo cuentan, es ese. El alfa nunca come en casa, con lo que tendrá sobrepeso y estará mal alimentado, por lo que también corrés el riesgo de quedarte viuda. Sea empresario, abogado o profesor, deberá trabajar muchas horas para mantener el estatus. Y vos te quedás en casa como un perro que espera ladrando y moviendo la colita. Ojo que nosotras trabajamos y hacemos nuestra vida, pero al tipo solo lo ves en la pantallita del teléfono. ¿Cómo es esto? No figuraba en el “contrato” del inicio de la relación. Ni siquiera en letra chica, porque no hay letra chica. Es un contrato imaginario.
Suponé que te gustó un alfa que es humorista. Con la comezón del séptimo año, o quizás mucho antes, empezará a reírse de vos. Había un estudio que mostraba que las parejas más duraderas eran aquellas en las que ella lo hacía reír más a él. El problema es que cuando los hombres enumeran los rasgos que les resultan más atractivos a la hora de formar pareja no dicen, como nosotras, “A mí lo que me gusta es que tenga mucho sentido del humor”. Ellas nunca dicen “A mí lo que me gustaría es hacerlo reír a él”. Además, las que dicen que quieren un hombre con sentido del humor piensan que van a estar todo el día riéndose. No se les ocurre que podría tener un carácter podrido y solo hacer chistes cuando están en un café con amigos. Se imaginan que se van a levantar de la cama y, apenas se lavó los dientes, el tipo les va a decir: “¿Conocés el último chiste de Jaimito?”.
Imaginate que tu alfa es político, quedás engrampada en un caso de corrupción y de eso no se sale. Y si el político no es corrupto, va a estar todo el día fuera de casa, también lo vas a ver solo en el teléfono, como si estuviera de gira, o ni siquiera eso. Si fueras primera dama, se te gastaría la mano de tanto saludar gente, por no mencionar todos los virus que te van a transmitir. Además, vas a ser como un florero, pero para disimularlo te embarcarás en alguna tarea de caridad con los niños indigentes de África. Imaginate que a tu político alfa se le ocurre declarar la guerra a otro país: vas a tener q alistar a tus propios hijos. El alfa no tendrá tiempo para vos, y si se queda mucho en casa, ya no te va a gustar porque disminuirá su estatus y nadie más lo tratará como un alfa.
Hace poco se casó el periodista más célebre de la Argentina, y cuando le preguntaron a su flamante esposa qué le gustaba hacer con él, ella respondió: “Quedarnos en casa viendo series”. “¿Y qué serie ven?”, preguntó el periodista. “Las series que elije él —dijo ella—, si fuera por mí veríamos solo películas de amor”. O sea, el alfa puede imponer su voluntad y su poder por doquier, por algo es el alfa, y entonces, ponele, te tenés que bancar películas de tiros todas las noches. “Pero ella dice que le gusta”, objetarás vos. A los dos días de casarte te gusta todo. Háganle la misma pregunta en un año, o en tres meses, quizá. Silvina Luna salía con el futbolista Fernando Gago y se enteró por las revistas que él iba a España con otra.
Si tu marido alfa es ginecólogo…. Nada tengo q explicarte. Llegará a casa muy fatigado y será como “Otra vez sopa”. Hablando de médicos, que son por excelencia los machos alfa de las idishes mames, ¿saben que en Alemania basta con que te cases con un médico para que te llamen “la doctora”? No bromeo. Te acostás y convivís con un tipo varios años, y así nomás te convertís en doctora, aunque sepas tanta anatomía como una ameba. Si tu alfa es profesor de universidad, debés tener en cuenta que después de que se case con vos, va a seguir teniendo alumnas, más jóvenes y bonitas que vos, un stock permanente, así él sea pobrísimo en cash, y cuando le agarre el viejazo, si te he visto no me acuerdo, mandarina. Me dirás, “pero puede dar clases virtuales”. Es peor, porque las personas se animan a decir más cosas cuando están lejos que cuando están cerca. Si es profesor, solo hay que aceptar al jubilado. En pleno ejercicio de sus funciones, jamás. Quizás vos dirías: “A mí no me va a pasar, a mí no me va a dejar por una alumna del mismo modo en que mi amado profe dejó a su mujer por mí”. Corazón, bajá de tu ego en paracaídas para que el golpe no sea tan fuerte.
Digo yo, ¿buscar a un hombre por su estatus, aun cuando no sea consciente, no es “cosificarlo” del mismo modo en que muchas juzgan que poner a una chica linda en ropa de playa al lado del conductor de un programa de televisión es cosificar a la mujer? ¿No estamos hablando de un “hombre objeto”, de un trofeo? Porque para nosotras no todos los hombres son iguales, no, no, no. Hay dos tipos de hombres: para mostrar como trofeo, y hombres del montón.
También podría ser al revés, una mujer valorada por su estatus, no digo que no ocurra, pero hay mucha más evidencia científica de que la cosa es al revés. Y la brecha se agranda en relaciones casuales. Ahí también, para una noche o dos, las mujeres en promedio, no todas, en promedio, buscan machos alfa. ¡Es un trabajo extenuante! Como recorrer toda la ciudad para comprar un simple detergente destinado a lavar los platos. Prácticamente a cualquier mujer se le facilitan las cosas en ese sentido, basta con salir a la puerta de tu casa y gritar “¿Quién quiere hacerlo?”. Y siempre alguno querrá. Hablo de relaciones casuales, ojo. Mientras que a un hombre promedio que quiere tener una relación casual, el trabajo se le presenta un poco más arduo, y no porque sea muy selectivo, le basta con que la mujer este viva, o que pueda calzarle un zapato chiquito. Es mucho más democrático. Nosotras somos monárquicas. Solo tenemos ojos para el rey.
Si te enganchás con un alfa, te arriesgás a que existan más posibilidades de que tus hijos se queden sin padre, o que el alfa tenga hijos ocultos por ahí, como ocurrió con Menem o Maradona. Se reproducen más, como hongos de jardín, incluso aparecen hijos del alfa muchos años después de que se separaron de su mujer, hijos auténticos que son resultado de muestras congeladas, e hijos falsos que aspiran a recibir una tajada de su herencia o de su prestigio. Y después tus propios hijos tendrán que compartir la herencia. Claro que vos antes te habrás llevado tu parte, pero ahí vos serás alfa y se te achicará el mercado que queda en la cima. Además, no vas a saber quién te busca por tu dinero y quién está auténticamente interesado en tu persona. En algunos países resolvieron el problema de los hogares monoparentales con subsidios del Estado. Los libertarios de derecha tienen q conceder aquí que si bien puede no gustarles mucho q el Estado sustituya al marido, el divorcio del Estado cuando los chicos crecieron es emocionalmente mucho menos devastador que el divorcio de una persona. Al Estado le podés ser infiel visitando otros países y nunca te va a hacer una escena de celos. Pero si le sos infiel, el alfa te va a hacer un escándalo que ni te cuento, porque en este mundo el ÚNICO que puede ser infiel es él. Los demás son decorado, outlet.
Este tema también se vincula con las nacionalidades y las etnias. Por ejemplo, es muy común que un hombre suizo se case con una mexicana, pero no tanto que una mujer suiza se case con un hombre mexicano, salvo que se trate del jefe del cártel de Guadalajara. Los suizos en promedio suelen tener más estatus. Del mismo modo, es más común que una afroamericana se case con un hombre de rasgos europeos que la inversa: el casamiento de un afroamericano con una europea.
