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la vida que toma formas diversas en función de las diferentes escalas en las que se manifiesta: biológica, histórica, cultural, grupal e individual. Alcanzar el origen oculto del amor requiere, en primer lugar, trascender el sentido general de esta palabra y seguir el camino de retorno a los orígenes, donde yace el secreto origen de la cotidianidad amorosa. Los sentimientos gregarios, el apoyo mutuo y la cooperación, son el regalo más valioso que nos han transmitido, a través de millones de años de vida, las especies que nos precedieron. Construimos mentalmente cada relación amorosa siguiendo las mismas pautas que guían nuestra construcción de lo que llamamos "realidad" y apoyamos nuestra conducta en estas construcciones mentales. El amor, como sentimiento aislado, no existe. Como parte integrante de nuestra vida, forma parte de un entramado sentimental que le confiere significados diversos. En los conflictos amorosos vamos cambiando el significado que damos a nuestras emociones en función de los cambios que tienen lugar en la relación. Quienes hayan vivido o estén viviendo el amor y sus conflictos, quienes pretendan reflexionar acerca de ellos, por interés personal o profesional, encontrarán en este libro herramientas para avanzar en el conocimiento del amor, en sus luces y sus sombras, en el dominio sobre su propia vida y su libertad.
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Seitenzahl: 520
Veröffentlichungsjahr: 2010
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© Montserrat Moreno Marimón y Genoveva Sastre Vilarrasa, 2010
Diseño de cubierta: Paolo Portaluri
Primera edición: noviembre de 2010, Barcelona
Edición en formato digital, 2013
Derechos reservados para todas las ediciones en castellano
© Editorial Gedisa, S.A.
Avda. Tibidabo, 12, 3.°
08022 Barcelona, España
Tel. 93 253 09 04
Fax 93 253 09 05
Correo electrónico:[email protected]
http://www.gedisa.com
eISBN: 978-84-9784-588-5
Depósito legal: B.23.434-2013
Queda prohibida la reproducción total o parcial por cualquier mediode impresión, en forma idéntica, extractada o modificada, en castellano
Un libro tiene, como los seres humanos, una apariencia externa y una trastienda que guarda un importante entramado de ideas y acciones que lohacen aparecer como es. La persona que lo lee puede adivinar, a través delas palabras escritas, algunas de estas ideas subyacentes y quedarse conellas o rechazarlas. Es su elección. Algunas son muy evidentes y a quien leaeste libro no se le escapará, sin duda, una de ellas que encabeza, con unproverbio, la introducción. Es una llamada a la cooperación en el mundode la ciencia.
En un momento en que el volumen de conocimientos que ha alcanzadola ciencia es tan grande que ni siquiera dentro de una misma disciplina noses posible conocerlo todo, podemos caer en la tentación de recluirnos ennuestra especialidad y cerrar las puertas a otras disciplinas. Traspasar lapropia especialización es incorporar otras maneras de ver el mundo, querequieren compartir conocimientos. Esto no puede llevarse a cabo sin lacooperación que, como mostraremos en las páginas que siguen, engendrasentimientos amorosos y de generosidad. En la trastienda de este libroquedan guardados estos sentimientos, junto con el agradecimiento de lasautoras por la generosidad que han manifestado aquellas personas quenos han regalado parte de su tiempo de descanso, para leer diferentes partes de este libro. Estas lecturas nos han ofrecido puntos de vista tan diferentes como el de la biología, la historia o la psicología y un ejercicio decrítica constructiva que ha enriquecido mucho el texto.
Queremos testimoniar, por ello, nuestro agradecimiento a Lourdes Fañanás, profesora de la facultad de Biología de la UB, a Montserrat Sanmarti, profesora de la facultad de Historia de la URV, a Juanjo Compaire, profesor de historia de Secundaria y a Asunción López, profesora de la facultadde Pedagogía de la UB, compañera y amiga de siempre.
Cooperaciones muy valiosas han hecho posible que pudiéramos escribir algunos de sus capítulos. Marta Llorente, profesora de la UPC, nos ayudó a obtener la información imprescindible para comprender hacia dóndeva el mundo amoroso de la juventud y Alba González y Marc Ros, profesores de psicología, pusieron las condiciones necesarias para la lectura y lainterpretación de este mundo y para dotarlo de amplitud.
Vaya también nuestro agradecimiento a Aurora Leal y Joan Fortuny,profesores de psicología de la UAB y de la UB, con quienes durante muchos años hemos tenido la suerte de poder compartir y discutir muchas delas ideas de este libro.
El amor no conoce fronteras, ni tampoco la cooperación. Por esto, lasprimeras no han podido impedir el intercambio de ideas a través de la distanda con nuestros amigos de allende los mares. Valeria Amorim, profesora de la Universidad de Sao Paulo, y Ulises Araujo, profesor de la Universidad de Sao Paulo Este, han contribuido a enriquecer, con sus discusiones ysus investigaciones, la teoría de los modelos organizadores.
Los ahora doctores -o en vías de serlo-que han realizados sus tesis connosotras en los últimos años han ayudado también, con los resultados desus trabajos de investigación y con la sagacidad de los problemas y preguntas que planteaban, a ampliar los horizontes de nuestra teoría y a hacerla más inteligible. Gracias por su cooperación a Antonio Armada, TeoPavón, Mónica Timón, Xus de Miguel, Josefa Caro, Antonio López, AlbaGonzález, Noelia Quiñones, Oriol Ginés, Marcial Arredondo y Marc Ros.
Este libro es el resultado de trabajos de investigación que se han prolongado durante varios años y que han contado con subvenciones públicas.Queremos agradecer al Instituto de la Mujer, al Ministerio de Educación yCiencia y a l’Institut Catala de la Dona las ayudas concedidas a nuestrostrabajos.
La ciencia es el tronco de un baobab que una sola persona no puede abarcar.
PROVERBIO AFRICANO
Una forma de crear es llevar lo conocido al límite de lo desconocido y traspasar la frontera. Reconstruir lo conocido a la luz de diferentes contextospuede romper fronteras que contribuyan a cambiar nuestra manera de verel mundo y permitirnos vivir otras vidas, que también son nuestras, alcambiar de contexto todo lo que nuestra mente ha vivido hasta el presente.Por ello el conocimiento se parece mucho a un viaje, en el que, al descubrir,nos redescubrimos. Para conocer un fenómeno es necesario conocer el entorno (a veces lejano) en el que nació, ya que conocer es saber cómo ha sido,y por ello viajaremos en el tiempo y en el espacio para poder responder apreguntas que nos han inquietado desde hace mucho.
En las páginas que siguen intentaremos continuamente movernos a través de dos puntos de vista complementarios: el de la teoría y el de la cotidianidad, de lo más próximo a lo más lejano, perspectiva imprescindible si queremos hablar del amor, tan próximo, íntimo y personal y, a la vez, tan lejanoen sus orígenes. Intentaremos comprender, desde la lejanía en que surge,cómo cobra las formas bajo las que hoy lo conocemos y lo reconocemos, cómoviene a ser lo que es.
El amor es un tema tan profundo, amplio y complejo que resulta ilusorio intentar abarcarlo desde una sola perspectiva. Su problemática se extiende en el tiempo. En ningún momento de la historia ha dejado de ocupar y preocupar a los seres humanos, y sigue haciéndolo en el momentoactual, sin que nada nos anuncie que vaya a comportarse mejor en los siglos venideros; es omnipresente en el espacio: no hay sociedad humana,en toda la geografía terrestre, que pueda ignorarlo, y es tan amplio y complejo que es capaz de influir en todos los aspectos de nuestra existencia.
Para comprender los fenómenos complejos hay que estudiarlos a travésde su evolución, de modo que podamos reconstruir mentalmente su trayectoria y sus relaciones más íntimas con el entorno. No hay ningún fenómeno aislado en un universo hecho de interacciones. Tampoco deberíanexistir disciplinas desligadas e ignorantes de su entorno disciplinar. Ninguna mente humana puede estar contemplando un mismo fenómeno simultáneamente desde todas las perspectivas posibles; por ello, en el ámbito científico, la cooperación entre disciplinas es sencillamente imprescindiblepara avanzar.
Dada la complejidad del tema que nos ocupa será necesario, pues, contemplarlo desde diferentes perspectivas disciplinarias para no mutilarnuestro objeto de estudio. Ello nos llevará a consultar la biología, la historia, la sociología y la antropología, sin abandonar la psicología que es nuestro instrumento fundamental de conocimiento.
Nuestras incursiones en diferentes disciplinas tienen como objetivo intentar conjugar puntos de vista diversos que nos aportarán novedadesinusitadas. En el capítulo 1, será la psicología la que nos ayude a describir yfundamentar nuestras ideas sobre el amor, no como un ente aislado sinoenriquecido por un amplio contexto de sentimientos. De la mano de la biología veremos, en el capítulo 2, los fundamentos del amor en las incipientesmanifestaciones de la vida en los inicios: cómo la conduce, la hace crecer yevolucionar. Constataremos cómo los cambios más profundos de los seresvivos son una consecuencia del amor a la vida, que es una forma de amor así mismos, y precisamente de este amor nace la cooperación, de cuyos efectos secundarios surgen los conflictos.
El capítulo 3 ilustrará, a través de nuestro enfoque teórico, protagonizado por losmodelos organizadores,cómo cada persona construye su realidadsubjetiva a través de una serie de procesos funcionales que están en la basetanto del pensamiento cotidiano como del científico. Estas diferentes «realidades» privadas, consideradas por cada cual como evidencias, representan un importantísimo papel en los conflictos, cuando difieren sustancialmente de las construidas por la persona oponente. Descentrarse del propiopunto de vista implica conocer y, sobre todo, reconocer las realidades ajenas como posibles, lo cual enriquece el propio punto de vista mediante unanueva perspectiva. En este proceso representan un importante papel lossignificados que se dan a cada elemento y éstos están fuertemente ancladosen las emociones.
El conocimiento es posible gracias a la existencia de la diversidad. Lacomparación de las diferencias provoca el conocimiento; por esa razón,cuando viajamos a culturas muy diferentes de la nuestra descubrimosnuestras propias rarezas culturales. Si únicamente hemos podido observarlas formas de amor que se dan en nuestra cultura, nunca sabremoscómoson. Sólo sabremos qué queson.Necesitamos elementos de comparación,tanto diacrónicos, como los que nos brinda la historia, como sincrónicos,estudiando las diferencias que se dan entre culturas contemporáneas. Esteenfoque lo realizaremos en el capítulo 4.
Desde el campo de la física, se puede predecir la trayectoria de un astroobservando su recorrido hasta el presente y previendo posibles interferencias que lo puedan modificar. Lo mismo ocurre con nuestra vida. Si no sabemos a dónde vamos y a dónde queremos ir, es muy útil recordar lo que hemoshecho hasta el presente y cómo hemos evitado, sucumbido o aprovechadoen nuestro beneficio todo aquello que ha incidido en nuestra trayectoria. Endefinitiva, qué hemos hecho con lo que nuestra biología y nuestro mediohan querido hacer de nuestra vida. Tomar conciencia de nuestro recorridohasta el presente nos permite imaginar cuál será nuestra trayectoria futura,si nos dejamos conducir por la inercia que nos ha guiado hasta el punto enel que estamos. Pero también podemos modificarla. El conocimiento nosólo es un placer del intelecto sino, sobre todo, un instrumento repleto defuturo. Por eso la historia, y especialmente nuestra historia, es imprescindible para orientar nuestra trayectoria.
En el capítulo 5, veremos nacer la necesidad de averiguar cómo se representan las relaciones amorosas las y los jóvenes en el momento actual,cuáles son sus inquietudes y perspectivas y cómo las manejan. Podremosseguir las huellas de la historia en sus ideas, creencias y conductas amorosas, y constataremos cómo la herencia cultural no necesita de lo conscientepara transmitirse y perpetuarse. Pero también nos informarán de esperanzadoras novedades.
En la segunda parte del libro enfocaremos nuestro objetivo hacia las relaciones amorosas y los conflictos que provocan. En el capítulo 6 analizaremos los rasgos fundamentales que se perfilan en los conflictos amorososy en su resolución, que constituye un verdadero proceso de creación. Encada uno de los cinco capítulos que le siguen analizaremos, en detalle, diferentes conflictos prototípicos que se dan, con mayor frecuencia, en las relaciones amorosas entre jóvenes. Veremos las organizaciones que subyacen alos conflictos narrados por sus protagonistas, la movilidad y plasticidaddinámica de estos modelos ad hoc y cómo su evolución conduce al desenlace y la resolución del conflicto.
Los análisis que presentaremos tienen por objetivo provocar una tomade conciencia de los procesos que suelen realizarse en los conflictos interpersonales y resultan un instrumento muy útil para comprender y dar significado a las conductas de las personas implicadas en un conflicto. Perotambién proporcionan instrumentos necesarios para enfrentarse a los propios conflictos cotidianos y para evaluar las soluciones que les damos. Losconflictos amorosos pueden conducir a callejones sin salida y a dolorososresultados o, por el contrario, pueden ser una ocasión de conocimientopropio y de la otra persona, y conducir a un crecimiento afectivo y cognitivo. Todo depende de cómo los gestionemos. Un enfoque de este tipo permitirá a quienes se dedican a la docencia conducir a las y los jóvenes areflexionar sobre sus propios conflictos y sobre la necesidad de descentrarse del propio punto de vista, no sólo para comprender a los demás, sinotambién para tener elementos de comparación que permitan reconocer supropia conducta.
La omisión y la simplificación nos ayudan a comprender, pero, en muchos casos, nos ayudan a comprender loerróneo.
ALDOUS HUXLEY
Contrariamente a lo que se suele pensar, el amor no debe ser consideradocomo un sentimiento aislado, si queremos aproximarnos a su comprensión, sino como uncomplejo de sentimientosinserto en uncontexto afectivoemocional y socialbajo cuyo paraguas se abrigan una serie muy amplia yvariada de sentimientos y pensamientos de órdenes muy distintas.
Es perfectamente comprensible que alguien pueda amar a su esposa oesposo, a su madre o a su padre, a su hijo o hija, a un amigo o amiga, a superro, la música o la filosofía, y parece evidente que todos estos amores,que no son incompatibles entre sí, son de muy diversas índoles y proporcionan estados de ánimo muy diferentes. Pero no es el carácter polisémicode la palabra lo que hace que se pueda considerar algo más que un sentimiento, sino la multitud de sentimientos que están estrechamente asociados a cada una de las diferentes formas de amor.
La gran cantidad de acepciones del término «amor» pone en evidenciael amplio abanico de significados que podemos darle y la gran variedad desentimientos que encierra, si lo consideramos desde el punto de vista de aquién van dirigidos. Si lo contemplamos desde la perspectiva de quien losexperimenta, tienen en común la expresión de emociones, en principio placenteras (aunque a veces pueden no serlo) pero muy distintas unas deotras. Muchas de ellas se consideran compatibles, pero no todas. Se puedeamar a más de un hermano o hermana, a más de una hija o de un hijo, amás de una amiga o amigo, pero no se suele considerar adecuado, en nuestra cultura, amar a más de un marido o una esposa, ni a más de una parejasentimental. La cultura determina, al menos en parte, a quién y cómo debemos amar.
Todas las sensaciones amorosas van unidas -de manera ocasional opermanente-a otras, como por ejemplo la ternura, el sentimiento de protección, la entrega, el placer, etc. Tampoco están excluidos de los sentimientos amorosos, aquellos que comportan estados desagradables como laenvidia, la rivalidad o los celos. Por eso no deberíamos hablar del amorcomo un sentimiento sino como un complejo de sentimientos, tanto por lavariedad que encierra como por el hecho de que nunca se da sin otros sentimientos asociados, que pueden depender tanto del momento o estadio dela relación como del tipo de amor al que nos refiramos, o de ambos a la vez.
Este complejo de sentimientos que encierra el término «amor» parece,en rigor, inabarcable en los límites de una definición que lo reduzca a unasencilla expresión apta para ser contenida en un diccionario. Cuando, en lavida psíquica, nos enfrentamos a un fenómeno demasiado complejo comopara describirlo o explicarlo en su manifestación actual, recurrimos a estudiar su formación a lo largo de la vida del individuo (psicogénesis) y suevolución en el seno de los colectivos humanos (historia), para ver como seha ido desarrollando y conformando, tanto en su vertiente individualcomo colectiva, y así poder establecer relaciones entre ambas dimensiones.
Con frecuencia, esta forma de proceder, característica de la psicologíaevolutiva y llevada más lejos por la epistemología genética de Piaget, coninteresantísimos resultados, nos incita a ir aún más lejos para buscar uninicio que se pierde en la arqueología del pensamiento, cuando ni la historia ni la prehistoria nos dan respuestas satisfactorias a las preguntas quenos planteamos sobre el fenómeno que nos interesa. Es un viaje no carentede riesgos, como todo viaje que se precie, pero éste no es un obstáculo suficiente para impedir aproximarnos a donde queremos llegar.
Los estudios psicogenéticos suelen tomar su punto de partida en el nacimiento del ser humano y los que rastrean el pensamiento colectivo lo hacen en las formas más arcaicas de pensamiento del que poseemos testimonios escritos. Pero antes hubo más cosas.
La mayoría de quienes estudian el amor (incluido Sternberg)[1]lo consideran como un sentimiento que, si bien puede estar compuesto por otros(Sternberg y su triángulo), no deja de constituir una unidad aislada o conuna naturaleza específica en sí. Hablan del amor como un sentimiento.
Nuestra concepción es diferente. Consideramos que, en rigor, no se debería hablar deunsentimiento aislado, como tampoco se debería hacerlode un pensamiento aislado o de una operación mental aislada, porque cadauno de ellos está integrado dentro de sistemas de conjunto que les confieren sentido, mientras que si permanecen aislados pierden su sentido aldescontextualizarse. Así pues, cualquier sentimiento conlleva otros sentimientos que forman sistemas y que configuran el sentimiento en cuestiónque focalicemos. Deberíamos hablar de conjunto de sentimientos o de«complejo emocional» (o de emociones) más que de emoción o sentimientocomo algo aislado.
Dado que nuestro cerebro funciona gracias a las conexiones neuronalesque se producen continuamente en él, no pueden existir sentimientos ni razonamientos aislados, sino activamente interrelacionados unos con otros.De esta manera, hablar deunsentimiento,unpensamiento ounrazonamiento aislado es hacer deliberadamente una abstracción, recortar un continuo y este recorte nos permite aislarlo mentalmente del conjunto del queforma parte y visualizarlo, pero hay que tener presente que no se trata másque de un subterfugio, sin duda necesario para su análisis, en una primerafase, pero que hay que restituirlo al todo del que forma parte y restablecersus conexiones con él, ya que fuera del continuo natural en que está insertomodifica en gran manera su sentido.[2]
En efecto, no existe un conocimiento aislado sin un contexto que le désentido, como tampoco existe un sentimiento descontextualizado. Sin embargo, el aislarlo artificialmente nos permite ver lo que antes no veíamos,por nuestra dificultad mental de percibir lo complejo sin antes simplificarlo para adaptarlo a nuestro sistema primario de pensamiento. Despuéspodemos reincorporarlo mentalmente al conjunto del que forma parte yempezar a vislumbrar las interconexiones que establece con su entorno. Deesta manera nos damos cuenta de que el contexto emocional, es decir, todas aquellas emociones implicadas en un sentimiento determinado, modifican dicho sentimiento haciéndolo variar bajo la presión de las demásemociones hasta convertirlo en diferente (ya sea de manera circunstancialo permanente). Ésta es una de las razones de que los sentimientos evolucionen y cambien con el tiempo o adquieran, ocasionalmente, matices diferentes que inducen a acciones inesperadas.
Un hombre contaba a su psicólogo que había conocido a una mujer dela que estaba profundamente enamorado. El psicólogo le pidió que explicitara las características que hacían de aquella persona el objeto de su amor.El hombre le contó con gran ilusión lo extravertida que era, cómo le llenabael oírla hablar con tanto entusiasmo y franqueza, su vitalidad y su alegría.
Pasó el tiempo y, un buen día, el paciente acudió de nuevo al psicólogopreso de desánimo y consternación, y le contó que iba a romper su relacióncon la mujer que tanto entusiasmo le provocara. El psicólogo le pidió quele describiera las causas que provocaban su deseo de ruptura. «No puedosoportarla -dijo el paciente-: no para de hablar, dice cosas sin pensar quepueden ofenderme, continuamente está queriendo ir de un lugar a otro yse ríe por las cosas más tontas.»
En un principio, el hombre enamorado sólo percibía las característicasde su pareja como agradables, pero con el tiempo cambió el significado delas mismas características, que pasaron a resultarle insoportables. Es evidente que el contexto emocional en el que lo juzga, en cada uno de los momentos, es completamente diferente.
Llamamos «contexto afectivo-emocional» a todos los sentimientos, emociones y pensamientos que rodean, o forman parte, de un determinadosentimiento, confiriéndole un significado particular gracias, precisamente,a la red de interrelaciones que se dan entre todos ellos. No existen tampocosentimientos si no están asociados a pensamientos que les confieren la característica de tales.
Emociones, sentimientos y pensamientos constituyen un tejido intra einterconectado que se activa de manera simultánea. Al pensar o ver a unapersona con quien tenemos o hemos tenido una intensa relación afectiva,no experimentamos «amor» (como un solo sentimiento) sino que se activatodo un conjunto o sistema de emociones y pensamientos que pueden provocarnos desde alegría, placer, bienestar e ilusión hasta inquietud, dolor,nostalgia, pena o malestar, o incluso una mezcla de varias de ellas, dependiendo del lugar que ocupe en nuestra vida o de la relación que tengamoscon dicha persona en aquel momento.
Si consideramos el amor como un solo y único sentimiento, aunqueaceptemos su variabilidad según las culturas, los tiempos, la historia personal, etc., el amor nos resulta muy difícil de explicar y más aun de definir.No se puede definir porque no «es» una sola cosa, sino un conglomeradode emociones y sentimientos que varía, no sólo según el tiempo, el espacioy la historia personal junto con otros factores, sino también según otro tipode circunstancias como son el objeto al que va dirigido (existe desde elamor a una persona hasta el amor hacia una idea, animales o seres producto de la imaginación) y el momento de la vida o la circunstancia particularen que se encuentra cada persona. Estamos, pues, adentrándonos en el terreno de la complejidad, fuera del cual, las cosas aparecen lineales, planas,geométricamente euclidianas e incapaces, por tanto, de representar entoda su extensión, lo que sucede en el mundo multidimensional en que vivimos.
El amor es un conglomerado dinámico y cambiante de sentimientos, enel cual hay algunos elementos que permanecen y otros que cambian. Enrealidad, más que hablar de amor, deberíamos hablar de «amores», ya que,aunque tengan cosas en común -que se trata de averiguar cuáles son-, suvariabilidad es enorme, dependiendo del sujeto que ama, del objeto al quevan dirigidos, del sistema cultural en el que cada uno está inmerso, y de uncúmulo enorme de circunstancias en devenir.
El amor es, en todos los casos, una relación (en el sentido de religar, deunir). Cuando esta relación es interpersonal intervienen muchos sentimientos de diferente orden. Por ejemplo, en las relaciones entre hermanoshay cariño, pero también pueden haber celos o envidia, a la vez que sentimientos de protección, deseo de que sea feliz, que nadie le haga daño. También el amor entre los progenitores y sus hijas e hijos está compuesto desentimientos muy diversos. Sin embargo, es en el amor de pareja dondelos sentimientos están más indiferenciados y se viven de manera más sincrética. En otras relaciones, como por ejemplo, en la amistad, resulta másfácil la diferenciación de los sentimientos implicados, así como los nivelesde intensidad en el afecto o la entrega. Se puede aceptar fácilmente quehaya aspectos en los que se coincide con la otra persona y otros en losque, aunque respetemos una manera de hacer o de pensar, podemos nocompartirla, sin que ello afecte la intensidad de la relación. Con las relaciones amorosas de pareja, sin embargo, esto es más difícil que ocurra. Por elcontrario, el sincretismo emocional parece ser la norma, como si el amorfuera la varita mágica capaz de solucionar todas las dificultades. Se dice:«si se quisieran de verdad esto no ocurriría» «esto es porque no está enamorada», «el amor lo cura todo» o «donde hay amor, lo demás no tieneimportancia». Hay una simplificación mitificada del amor que hace que seexcluyan los demás sentimientos e intereses. Se dice que el amor «es ciego», pero también parecen serlo quienes piensan o hablan de él. En la práctica, estamos muy lejos de considerarlo como un conjunto de sentimientos. Porel contrario, como es propio del pensamiento lineal, se tiende a simplificarlo y a considerarlo como una entidad única con formas de manifestacióntambién únicas, llegando, en algunas culturas a divinizarlo, como se hacecon frecuencia con lo que nos es desconocido y misterioso.
El amor de pareja parece ser considerado un caso aparte, en comparación con las otras formas de amor. Las normas por las que se rige parecenser distintas. En su nombre pueden realizarse acciones que serían inaceptables en cualquier otro tipo de relación. Parece ser considerado como algo queocurre al margen de nuestra intervención: «yo no tengo la culpa de haberme enamorado de esta persona», se oye decir a veces, como si existiera alguna «culpa» y como si la persona enamorada no hubiese intervenido paranada en el suceso, sino que le hubiera venido condicionado desde fuera desí misma, por una voluntad exterior e inevitable (¿será que en el inconsciente persiste aun la idea de la existencia de un diosecillo que se diviertelanzando dardos a los inocentes humanos?). Esta idea de la inevitabilidaddel enamoramiento se ve continuamente reforzada por canciones, poemas,seriales, etc. Si lo comparamos con otras formas de amor se ve claramentelo absurdo de este planteamiento. A nadie se le ocurriría decir «yo no tengo la culpa de querer a este amigo» o «no tengo la culpa de querer a migato», por ejemplo.
Lo que se cree normal en el amor de pareja no se aceptaría en otras relaciones interpersonales, como las relaciones de amistad, comerciales o políticas. En ninguna de ellas se toleraría el sentimiento de posesión de otrapersona, como ocurre a veces en el amor erótico (que sólo tiene parangónen las sociedades esclavistas en que algunas personas son tratadas comoposesión de otras). Los celos, entre otras cosas, denotan este sentimiento deposesión.
Muchos autores y autoras no diferencian entre los términos «emoción» y«sentimiento», y los utilizan como sinónimos. Si bien es cierto que estáníntimamente relacionados existen, sin embargo, unas importantes diferencias que algunos autores han intentado delimitar. La diferenciación establecida por Damasio (1996),[3]partiendo de la neurología, ofrece unimportante interés para la psicología. Su planteamiento nos permite avanzar en la comprensión de ambos términos. Damasio considera que las emociones se manifiestan como un «conjunto de cambios en el estado corporalque son incluidos en multitud de órganos por los terminales de las neuronas, bajo el control del sistema cerebral», el cual responde al contenido depensamientos relacionados con entidades o con determinados acontecimientos que experimenta el sujeto. Las emociones son el resultado de unproceso de evaluación mental, relacionado con pensamientos del sujeto,que le produce un determinado estado corporal y que afecta también alpropio cerebro, lo que provoca cambios mentales adicionales.
Todo nuestro cuerpo nos informa de nuestro estado emocional, ya quetodo él se ve afectado por las emociones, si bien lo percibimos, con frecuencia, localizado como alteraciones de diferentes órganos o funciones orgánicas como, por ejemplo, cambios de la respiración, del ritmo cardíaco, sensación de ahogo, de opresión en el estómago, modificaciones cutáneas(«piel de gallina»), sudoración, vasodilatación («ponerse colorado»), etc.
Pero, como dice Damasio, «a medida que los cambios corporales tienenlugar, empezamos a darnos cuenta de su existencia y podemos verificar suevolución continua. Percibimos cambios en el estado de nuestro cuerpo yseguimos su despliegue durante unos segundos y minutos. Este procesode verificación continua, esta experiencia de lo que nuestro cuerpo está haciendomientraslos pensamientos sobre contenidos específicos siguen pasando uno tras otro, es la esencia de lo que yo llamo un sentimiento». Asípues el sentimiento requiere, según este autor, una «experiencia», es decir,un darse cuenta de lo que le ocurre a nuestro cuerpo, la vivencia de uncambio corporal estrechamente relacionado con determinados pensamientos que lo provocan. Esta «experiencia» implicaría -desde el punto de vistapsicológico-acceder a otro nivel de conciencia respecto a esta interrelaciónentre emociones y pensamientos.
No sería correcto decir que son los acontecimientos externos los quecausan este cambio, sino los pensamientos a que dan lugar estos acontecimientos, ya que si no tomáramos conciencia de ellos, no nos produciríanemociones. Además, es evidente que un mismo acontecimiento externo noproduce las mismas emociones en todas las personas que lo perciben; estáclaro que cuanto más nos concierne más emoción nos produce, ya quedesencadena pensamientos muy diferentes según nuestro grado de implicación y según las consecuencias que tenga para cada cual.
La diferencia entre emoción y sentimiento queda claramente establecida por Damasio cuando afirma: «Si una emoción es un conjunto de cambios en el estado corporal conectados a determinadas imágenes mentalesque han activado un sistema cerebral específico, laesencia de sentir una emoción es la experimentación de tales cambios en yuxtaposición a las imágenes mentales que iniciaron el ciclo».El hecho de «sentir» una emoción y relacionarlacon las imágenes mentales que la iniciaron es la esencia del sentimiento.
La imprescindible relación entre emociones, sentimientos y cogniciónes hoy día una idea generalmente aceptada como evidente (el espíritu cartesiano parece, en este ámbito, claramente superado por la mayoría de loscientíficos) sin embargo, quedan todavía muchas cuestiones por explicar ynos esperan aún muchas sorpresas. Por ejemplo, sabemos algunas cosassobre la ontogénesis de las emociones, cómo surgen en el individuo humano y la historia de su desarrollo, pero nuestra ignorancia es mucho mayoren el terreno de su filogénesis, del papel que representan en nuestros antepasados en la escala biológica y de qué manera han ido evolucionando. Sise acepta que emoción y cognición están indisolublemente unidos, ¿quéocurre con los animales? O bien carecen de emociones (y ¿cómo explicarentonces el miedo en los animales, por ejemplo?) o bien tienen alguna forma de cognición todavía poco o mal descrita. No nos conoceremos hastaque conozcamos nuestra historia, los caminos recorridos hasta llegar a serlo que somos.
Greenberget al.[4]parecen aproximarse a una respuesta a esta cuestióncuando explican que «las emociones lasproduceel organismo automáticamente, pero paraexperimentarlas,la persona tiene que simbolizarlas en laconciencia». Podríamos relacionar la idea de «experimentar» con lo queDamasio denomina «sentir» una emoción, y ambos conceptos serían algoparecido a una toma de conciencia. Greenberget al.van más allá al presentar diferentes niveles de conciencia respecto a las emociones: «Los estadosemocionales pueden estar en diferentes grados de conciencia: presentes,pero en ese momento fuera de la conciencia; presentes, pero parcial o periféricamente en la conciencia; presentes y experimentados, pero no simbolizados verbalmente; experimentados y claramente simbolizados y, porúltimo, experimentados, simbolizados y completamente comprendidosen cuanto a sus desencadenantes, significados y tendencias a la acción,necesidades o deseos asociados con ellos».
Podemos preguntarnos: en cuál de estos grados de conciencia se situarían las emociones de los animales. Para responder a esta pregunta, en apariencia ingenua, necesitaremos reflexionar más profundamente sobre algunas cuestiones relacionadas con el origen de los sentimientos que, através de los orígenes de la necesidad del amor, expondremos más adelante.
Nuestro propósito es ahondar en el estudio del amor para ir más allá de suconsideración como sentimiento aislado y ver su papel en la evolución dela vida y en la construcción de nuestra civilización. Si existe un eje en tornoal que gira nuestro planeta social y lo mantiene cohesionado, es indudableque las emociones y los sentimientos constituyen muchas de las fibras queforman este eje, aunque se hacen visibles preferentemente los «núcleos duros» y se intenta ocultar la importancia de los sentimientos (consideradoscomo nuestro aspecto más vulnerable) en torno a los que giran la mayoríade los pensamientos y de las acciones individuales, políticas y sociales y-aunque pueda parecer paradójico-de los razonamientos que denominamos «lógicos».
El ser humano no puede prescindir de su psicogénesis ni de la historiade su propia vida, en el inicio de la cual encontramos las emociones. A partir de ellas se desarrolla toda la vida psíquica. Las emociones siguen jugando un papel primordial a lo largo de toda la vida. Para ello reflexionaremossobre el amor y el complejo de sentimientos asociados a él. Analizaremossus orígenes, aunque ello nos conduzca a territorios lejanos y poco conocidos que deberemos explorar, para luego regresar nuevamente a las aventuras y sortilegios del amor cotidiano.
Ya hemos dicho que existen muchas clases de amor y en rigor, necesitaríamos emplear muchos términos para poder diferenciarlos. Con frecuencia añadimos al sustantivo «amor» algunos calificativos. Hablamos, porejemplo, de amor erótico, amor fraterno o amor materno. Aun así, cadauno de estos amores encierra en sí mismo, otros muchos sentimientos ynos despierta emociones a las que se halla inevitablemente unido. Todaslas diferentes formas de amor tienen algo en común, algo que justifica elque los nombremos de la misma manera, a pesar del amplio abanico desentimientos y emociones que encierran. Este algo es una necesidad muygeneral y a la vez muy primaria, que es la que nos crea el deseo de relacióncon otros seres, nos induce a acercarnos a nuestros semejantes, a necesitarsu afecto, su proximidad, su contacto y su aprobación, a dar y recibir cuidado y atención, a que nos escuchen y a escuchar, a comunicarnos, a sentirsu consideración, a admirar y ser admirados, a dar y recibir solidaridad ycomplicidad, a desear romper las barreras físicas de nuestra individualidad, a buscar uniones y lazos duraderos, a asociarnos a otras personas, aformar grupos y comunidades, es decir, a comportarnos de forma cooperativa y altruista. Es esta compleja necesidad humana la que ha permitidoconstruir sociedades, crear y transmitir conocimiento, avanzar colectivamente y es también la que está en la base de la civilización.
Estas consideraciones nos inducen a introducirnos en la epistemologíay en la génesis del amor que está ligada a la génesis de la vida.
Es evidente que el ser humano necesita alimento para sobrevivir. También lo es que necesita de ciertas condiciones indispensables que provienen del medio (protección del frio, condiciones higiénicas, etc.), pero conesto no le basta. Necesita también afecto para poder sobrevivir, hasta elpunto de que el contacto emocional con otras personas le resulta indispensable para desarrollarse. En los años sesenta del siglo pasado, RenéSpitz realizó un trabajo ya clásico, llevando a cabo una serie de observaciones en bebés que sufrían abandono por parte de sus familiares y queresidían en instituciones públicas, donde disfrutaban de cuidados físicospero estaban privados de amor. Estaban bien alimentados, protegidosdel frio y del calor y mantenidos en buenas condiciones higiénicas. No lesfaltaba de nada, excepto cariño y contacto afectivo con personas adultas.Spitz comprobó que la falta de intercambio humano y de ternura conducía a aquellas criaturas a un marasmo afectivo que les iba deteriorandoprogresivamente, y provocaba síntomas tanto de deterioro físico comopsíquico, como pérdida de peso, alteraciones del sueño, retraso psicomotor, tendencia a contraer enfermedades e incluso la muerte. Con su trabajo sistemático, Spitz demostró que el afecto y el contacto humano son tanimportantes como el alimento y que éste es rechazado por las criaturascuando carecen de cuidados afectivos. El amor es, para los bebés, muchomás que una forma de bienestar, es algo primordial e imprescindible parasu propia existencia.
Esta necesidad ineludible de contacto afectivo no es privativa de lascriaturas humanas. A mediados del siglo pasado, Harry Harlow, realizódiversos experimentos con monos Rhesus a los que mantenía completamente aislados desde el nacimiento. Al ponerlos en contacto con dos muñecos, uno de los cuales, hecho de alambres, les proporcionaba alimentomediante un biberón y el otro, cubierto de peluche, les ofrecía un contactomás cálido, los pequeños monos, al ser soltados en la jaula que conteníaambos muñecos, se lanzaban primero al de peluche y, sólo después de estecontacto, se dirigían al que les proporcionaba alimento. Harlow realizóotros muchos experimentos con monos, consistentes en aislarlos desde elnacimiento para ver los efectos de la privación de estímulos en su desarrollo. La falta de contacto con individuos de su especie (y también con humanos) resultaba fatal para los pobres animales. Estos experimentos fueronmuy controvertidos desde el punto de vista ético y provocaron reaccionesque condujeron a regular los experimentos con monos en los laboratoriosde Estados Unidos, pero mostraron que también estos animales necesitan decuidados afectivos y contacto con sus semejantes para poder desarrollarsecon normalidad.
¿Por qué resulta el afecto tan necesario para la existencia, tanto en humanos como en animales muy desarrollados en la escala evolutiva? ¿Por qué no bastan los cuidados físicos? ¿De dónde proviene esta necesidad de amor en los humanos? Si el amor es tan necesario para vivir como el alimento, tiene que ser sin duda porque representa un papel importantísimo en el nacimiento y en la conservación de la vida, pero también en la evolución de esta misma vida.
La vida en la Tierra es una historia tan interesante queuno no puede permitirse el lujo de perderse el principio.
LYNN MARGULIS Y DORION SAGAN
El amor, tal como lo concebimos -como una forma de cooperación solidaria entre individuos-, es una propiedad de la vida y está tan indisolublemente ligada a ella que podemos afirmar que sin esta cooperación la vidano habría sobrepasado el estado bacteriano y, sin lugar a dudas, no habríaevolucionado ni habría adquirido los niveles de complejidad que podemosobservar en la actualidad.
La cooperación es aquello que hace posible la vida gracias a diversasformas de asociación solidaria. En un principio la asociación era física,pero a través de cientos de millones de años ha ido evolucionando y tomando formas muy variadas, diversificándose y adquiriendo complejidad, sin abandonar por ello sus formas más primitivas, que han persistidocomo formas residuales pero no por ello menos básicas y fundamentales,inscritas en nuestro inconsciente biológico, ese que hace que nuestro organismo funcione sin nuestra participación consciente.
Este fenómeno no se puede comprender si no nos remontamos a losorígenes de la vida, porque la cooperación solidaria, al ser una propiedadde la vida, formaba parte de la vida desde sus inicios y, al igual que ella, seha visto sometida a importantes procesos evolutivos que la han ido diversificando en la multitud de formas que toma en el momento actual. Paraentender esto debemos remontarnos a los orígenes de la vida en nuestroplaneta e incluso a los orígenes de nuestro planeta mismo.
Los científicos calculan que hace aproximadamente 13.500 millones deaños tuvo lugar la Gran Explosión o «Big Bang», que dio origen a nuestrouniverso.[5]Si nos fuera posible observar lo que ocurría en el Universo,muchos siglos más tarde (entre 4.500 y 5.000 millones de años atrás) veríamos una Tierra en estado de fusión orbitando alrededor del Sol. Debieron pasar aún unos cuantos millones de años más para que se solidificase y nacieran las condiciones que harían posible la aparición de las primeras formas de vida. Esto ocurrió hace aproximadamente cuatro mil o4.000 o 4.500 millones de años. Las primeras formas de vida que empezaron a poblar la Tierra, diminutas y muy simples, eran las llamadasbacterias procariotas.Los fósiles más antiguos que se han encontrado de estasbacterias, datan de hace unos 3.500 millones de años. Faltaban aun muchos millones de años para que emergieran del microcosmos las plantasy los animales.
Las bacterias procariotas son unos interesantísimos microorganismosque fueron los primeros en poblar el planeta, pero aun hoy siguen viviendo y proliferando. Son unicelulares y se caracterizan por carecer de un núcleo delimitado por una membrana, de manera que su ADN, en lugar deestar encerrado dentro del núcleo, está suelto dentro de la célula. Las bacterias procariotas, incluidas las que existen en la actualidad, se reproducenpor bipartición. Copian sus genes y los demás componentes de su cuerpo einician un proceso de partición que dará como fruto otras dos células idénticas. Se trata de un proceso de autoclonación, que permite a la célula reproducirse de manera indefinida, produciendo copias de sí misma, sin necesidad de morir de viejas, perpetuando sus genes y las demás partes de sucuerpo indefinidamente.
Estos primeros habitantes de la Tierra se reprodujeron y diversificaron,adueñándose de la superficie terrestre en un proceso que duró millones deaños. Eran anaeróbicos (no respiraban oxígeno) y obtenían energíade fuentes muy diversas como, por ejemplo, a partir del sulfuro de hidrógeno y del metano, muy abundantes en la atmósfera terrestre primigenia.El oxígeno era tóxico para ellas y lo excretaban como producto residual,que se iba acumulando en la atmósfera hasta que llegó a una tasa tan elevada que empezó a serles dañino.
Este tipo de bacterias y su comportamiento han sido estudiados porLynn Margulis, investigadora y profesora de la Universidad de Massachusetts, quien colaboró con James Lovelock en el desarrollo de la teoría Gaia,que contempla el despliegue de la vida en su dimensión planetaria.[6]Margulis ha llevado a cabo una serie de trabajos en microbiología que modifican, de manera espectacular, las ideas que hasta ahora se tenían sobre lavida y sus orígenes.[7]
Según Margulis y Sagan (1986, 1997), las bacterias procariotas primitivas se vieron inicialmente obligadas a subsistir en situaciones muy difíciles, debido a las condiciones atmosféricas de nuestro planeta. Más adelante-en el denominado eón arcaico-, esta forma de vida primitiva se extendió,ocupó hábitats muy diferentes y se diversificó, inventando, para sobrevivir, multitud de variantes de metabolismo celular. Pero lo que resulta másinteresante, en el comportamiento de estas bacterias microscópicas, es suenorme capacidad de compartir con las demás sus nuevas adquisiciones.Los nuevos descubrimientos o «invenciones» que realizaban y que les permitían sobrevivir los compartían con los demás mediante un procedimientoconsistente en transferirse genes de unas a otras. De esta manera, la bacteria donante traspasaba una parte de sus genes a otra, gratuitamente, permitiéndole así disfrutar de las nuevas adquisiciones. Gracias a esta transferencia genética, que nada tenía que ver con la reproducción (ya hemosdicho que se reproducían por bipartición), conseguían comunicarse rápidamente las novedades biológicas que les permitían sobrevivir o mejoraren un medio difícil. Se trataba de una sorprendente y primigenia forma decooperación que les hizo posible progresar. Margulis y Sagan (1997) lo describen de la siguiente manera:
En la transferencia de genes bacteriana, una bacteria donante traspasa uno, varios o virtualmente todos sus genes a su par, sin que ello implique la producción de descendientes. En comparación con los animales y plantas que se reproducen sexualmente, los procariotas intercambian genes de manera fluida.
Estas bacterias, en su proceso de diversificación, habían ido adquiriendo características muy diferentes, lo que hizo que los bacteriólogos las clasificaran como pertenecientes a diferentes especies. Sin embargo, los intercambios genéticos bacterianos no tienen en cuenta estas diferencias, demanera que una bacteria puede recibir genes de otra muy diferente, perteneciente a una especie bien distinta, lo cual resulta muy sorprendente. Perolas indisciplinadas procariotas no parecían hacer mucho caso de las barreras entre especies decretadas por los biólogos, quienes pronosticaban laimposibilidad de intercambio genético entre especies consideradas diferentes.
De esta forma, se pasaban de unas a otras las nuevas adquisiciones mediante un procedimiento que Margulis califica como «el primer sexo delmundo», aunque era una práctica de sexo que no conducía a lareproducciónpero sí a laproducción[8]de un nuevo ser, distinto del anterior. Por ello setrataba de verdaderos actos sexuales -aunque practicaran el sexo de manera muy distinta a como lo hacemos los humanos-, ya que, tal como lo define Margulis, «el sexo es recombinación genética, la formación de un nuevoser recombinando genes de al menos dos fuentes “progenitoras” como pueden ser una bacteria donante y otra receptora». Para que podamos hablarde sexo, es necesario que se genere un nuevo organismo y esta condición sedaba en el caso de las bacterias procariotas.[9]El sexo, tal como lo entiendenMargulis y Sagan, no está en sus orígenes ligado a la reproducción pero sí ala transferencia genética o donación de genes. Podríamos decir que lo quecaracteriza el sexo, a nivel biológico, es la cooperación en una empresa común para producir algo nuevo.
Al hacer esta puntualización, los citados autores diferencian claramente el sexo de la reproducción, ya que la forma más antigua y primordial desexo, es decir, la combinación de genes que llevaban a cabo las bacteriasprocariotas no producía descendencia, pero tenía la enorme ventaja de dotar al donante de un nuevo bagaje genético, produciendo así un nuevo organismo:
La primera integración de ADN ajeno en el ADN propio fue el primer actosexual. Después el sexo, como una infusión genética, permitió la supervivenciaen un mundo irradiado y químicamente caótico. La transferencia exitosa deADN bacteriano salvó a los procariotas, preparándolos para repetir y refinarsus saludables actos sexuales.
Una de las ventajas sorprendentes de la transferencia genética o sexobacteriano, era que los nuevos rasgos de que eran portadores los genes seexpresaban inmediatamente, con lo cual la bacteria receptora pasaba a adquirir, en seguida, la nueva característica que le había sido transferida, sintener que esperar a que ésta se expresara en una nueva generación. Era unregalo del que podían disfrutar de inmediato. Además, su promiscuidadsexual hacía que tuvieran acceso a los recursos genéticos de todas las bacterias que poblaban el planeta. La novedad que conseguía una se convertíaen patrimonio posible para todo el colectivo.
Las bacterias pueden transferirse ADN de diferentes maneras. En algunas ocasiones lo hacen, por ejemplo, conectándose una a otra mediante unaespecie de tubo a través del que circula el material genético, pero tambiénpueden hacerlo absorbiendo el ADN que libera una bacteria muerta.
Esta transferencia de genes permitió a las bacterias encontrar una segunda vía de evolución (además de evolucionar a través de mutaciones deincierto resultado) gracias a la incorporación de características de sus vecinas que les eran ventajosas. Así, por ejemplo, adquirir un nuevo gen quepermitiera desarrollar un flagelo que hiciera posible un desplazamientorápido y, por tanto, la huida de lugares peligrosos, suponía una gran ventaja para la supervivencia.
Las promiscuas bacterias habían conseguido algo prodigioso: beneficiarse a nivel global de las adquisiciones de cada una de ellas. Esta capacidad les permitió compartir, mediante el intercambio genético, las características adquiridas que habían resultado beneficiosas para unas cuantas,convirtiéndolas en patrimonio de todas las demás.
Pero lo más interesante es que las descendientes de aquellas bacteriasprimigenias continúan comportándose de la misma manera y siguen, todavía hoy, una estrategia cooperativa que les dio excelentes resultados yles permitió sobrevivir en un mundo químicamente caótico y sometido afuertes radiaciones. Un ejemplo de ello nos lo proporciona la rapidez conque las bacterias que se han hecho resistentes a determinados fármacospropagan esta habilidad a todas las demás en pocos años. Es difícil explicareste hecho recurriendo únicamente a mutaciones aleatorias.
Aunque en muchos campos vitales no hemos sido capaces de un comportamiento cooperativo similar, los seres humanos hemos sabido aprovecharnos del suyo. Gracias a la capacidad que tienen las bacterias de sintetizar proteínas de otras especies es posible utilizarlas para producir, porejemplo, insulina humana. De esta forma, aprovechamos en nuestro beneficio, una habilidad que desarrollaron ya las bacterias primitivas para asegurarse la supervivencia y la colonización de un territorio mucho más amplio.
Estos descubrimientos relativos a la conducta bacteriana y a su intercambio genético tienen una repercusión enorme en diferentes camposcientíficos. A la luz de estos hallazgos, la teoría de la evolución dispone denuevos elementos para explicar la transformación genética de los microorganismos más primitivos sin tener que recurrir únicamente a explicacionesbasadas en la selección natural. Bien es cierto que este procedimiento detransmisión genética no explica por sí sólo los cambios genéticos que seproducen en los organismos donantes, pero sí permiten otras explicaciones y, sobre todo, la velocidad con la que se propagan las nuevas adquisiciones, en estos microorganismos. Asimismo, otras disciplinas, como lapsicología, pueden extraer interesantes conclusiones de estos nuevos conocimientos, como veremos más adelante.
La evolución de la vida ha sido un triunfo del ingenio,de la invención, evitando las amenazas y destrucciones noa la manera humana de restaurar el «antiguo régimen»,sino a la manera flexible de Gaia, adaptándose al cambio yconvirtiendo un intruso letal en un poderoso amigo.
RICARD GERRERO
El sexo y la actividad sexual, tal como los conocemos los seres humanos,son inventos relativamente recientes si los consideramos desde el punto devista de la historia de la vida. Pero tienen, como antecedentes lejanos, lasformas de comportamiento de las bacterias primitivas que crearon las primeras condiciones para su aparición, aunque tardara miles de millones deaños en cobrar una forma parecida a la actual. Pero la naturaleza no tieneprisa. La prisa es probablemente una consecuencia de la muerte que limitanuestro tiempo de existencia como seres vivos. Pero éste no era el caso delas bacterias procariotas.
El primer sexo de la historia, como hemos visto, consistió en la adquisición de ADN procedente de otra célula. Pero el sexo procariota fue evolucionando, dando lugar a una variante más refinada de este fenómeno, a laque Margulis y Sagan denominanhipersexo,que ha dado lugar a los organismos actuales no microscópicos.
El hipersexo difiere del sexo reproductivo. En este último -el quepractican actualmente los mamíferos, por ejemplo-se produce un acoplamiento temporal o cópula, entre dos seres de la misma especie, desexo diferente, y hay una transferencia de genes del uno al otro. De elloresulta la formación de un nuevo individuo semejante a ellos. En el casodel hipersexo, se trata de la unión entre dos seres de especie diferente;uno de ellos penetra dentro del otro y se queda allí para siempre. En elprimer caso (acoplamiento temporal), el resultado es un nuevo individuode la misma especie, que posee genes de cada uno de los progenitores. Enel segundo caso, el acoplamiento interespecífico puede dar lugar a especies completamente nuevas, muy distintas de las que se conocían con anterioridad.
El hipersexo se da siempre, por definición, entre representantes de formasde vida diferentes y constituye un caso particular de simbiosis que, como essabido, se da entre individuos distintos que se asocian de manera permanente omuy prolongada, de forma que aporta ventajas y beneficia a ambos. Muchas delas asociaciones simbióticas son temporales, pero otras, como la asociación porhipersexo, resultan irreversibles, ya que una penetra dentro de la otra y se queda allí, convertidas ambas en una indisoluble unidad simbiótica mayor, capazde reproducirse con las características de ambas.
Margulis y Sagan consideran el hipersexo como una importantísimafuente de evolución, aunque no sea reconocida por los neodarwinianos ortodoxos. Aseguran que:
Las uniones permanentes entre bacterias, en principio separadas, condujeron a nuevas formas de vida, incluyendo, tras cientos de miles de años de evolución, los seres humano. Los consorcios bacterianos son el fundamento de cada una de las células animales que componen nuestro cuerpo, y también de las células vegetales. En otras palabras, las células que nos constituyen son híbridos hiper-sexuales.
Como consecuencia del hipersexo emergen formas de vida mucho máscomplejas, compuestas por células eucariotas (células nucleadas, por oposición a las más primitivas células procariotas que carecen, como hemosvisto, de núcleo) entre las que se encuentran, tras miles de años de evolución, tanto biológica como psíquica -ambas indisolublemente asociadas-,las células que componen el cuerpo humano. Hablaremos de ello más adelante, ya que concierne de manera decisiva al origen de lo que llamamosamor.
Estas nuevas formas de vida -las bacterias eucariotas-encierran en sunúcleo, separado del citoplasma por una membrana, el material genéticode la célula. Dentro del citoplasma que rodea el núcleo hay unos orgánulos, las mitocondrias, que cumplen la función de metabolizar el oxígenopara toda la célula, constituyendo una especie de «pulmón» celular. Perolo curioso es que las mitocondrias disponen de su propio material genéticoy se reproducen independientemente y en momentos diferentes del resto dela célula, como si se tratara de un organismo distinto e independiente desde el punto de vista de su reproducción. Margulis considera que las mitocondrias fueron, en tiempos remotos, bacterias independientes que aprendieron a respirar oxígeno, en un momento en que la atmósfera terrestrellegó a un porcentaje tan elevado de este gas (alrededor del 21 %) que seconvirtió en tóxica para la mayoría de microorganismos, consumidores dehidrógeno, que poblaban el planeta.
Hace aproximadamente unos 2.000 millones de años, el oxígeno empezó a aumentar rápidamente en la atmósfera terrestre, pasando de una parte por millón a una parte por cinco (una proporción similar a la actual), locual produjo una fortísima contaminación que originó intensos cambios enlos organismos habituados a una atmósfera baja en oxígeno. Una de lasconsecuencias fue la desaparición de muchos tipos de organismos que,como ocurre a los actuales anaeróbicos, murieron en contacto con el aire.La vida microbiana se vio amenazada de extinción y tuvo que elaborarcambios importantísimos en sus organismos para adaptarse al nuevo medio. Aparecieron bacterias resistentes al oxígeno que reemplazaron a lasque eran sensibles a él.
Algunas bacterias consiguieron sobrevivir desarrollando un sistema metabólico que requería precisamente el oxígeno -veneno mortalhasta entonces-e inventando la respiración aeróbica. Esto cambió completamente la vida sobre la tierra y también, a la larga, el medio en queésta se desarrollaría. Fue entonces cuando algunas de estas bacteriaspenetraron en el interior de otras y se fusionaron con ellas, aportándoles algo de lo que carecían -la posibilidad de metabolizar el oxígeno-ybeneficiándose de las características de aquellas. Las mitocondrias actuales serían el material genético de las bacterias metabolizadoras deoxígeno, es decir, de la bacteria huésped que en su día -hace millonesde años-habría existido como organismo independiente. De esta manera se formaron organismos más complejos que respiraban oxígeno ycon el tiempo fueron evolucionando en formas de vida de crecientecomplejidad. De esta forma habrían aparecido uniones simbióticaspermanentes que han perdurado hasta el momento actual. Tras muchos milenios de evolución y tras múltiples simbiosis, se fueron constituyendo nuevos organismos de complejidad cada vez mayor, cuyascaracterísticas iban mucho más allá de las de la suma de sus componentes. Ello hizo posible que emergieran los animales y los seres humanos, cuya existencia habría sido imposible sin el oxígeno del aire ysin los nutrientes producidos por fotosíntesis.
A través de los fósiles encontrados se sabe que las bacterias eucariotas,con la particularidad de tener un núcleo y mitocondrias, aparecieron haceentre 1.600 y 1.400 millones de años. Estas nuevas células eran de mayortamaño que sus predecesoras y exhibían una mayor complejidad interna.Cuando viven como células aisladas se denominan protistas. Margulis ySagan aseguran:
Creemos que el ADN repetitivo proviene originalmente de distintas bacterias(anaeróbicas, utilizadoras de oxígeno y otras) que se unieron en una comunidad que luego se convirtió en la célula eucariótica.[10]
Las nuevas células eucariotas eran, en realidad, verdaderas comunidades de células que vivían dentro de otra mayor, en íntima cooperación, digiriendo unas los desechos de las otras y formando uniones permanentesque se reproducían dando origen a otras células perfectamente adaptadasa la vida simbiótica. Había aparecido una nueva forma de cooperación celular y de organización que superaba la libre transferencia genética comoestrategia de intercambio, que anteriormente llevaban a cabo las procariotas. Fueron, al parecer, el primer plancton que existió en la superficie de lasaguas.
Las teorías de Margulis se han visto constantemente refrendadas pornuevos descubrimientos, por ejemplo cuando se descubrió que el ADN deciertos orgánulos de las células eucariotas no era el mismo que el de loscromosomas del núcleo y era, en cambio, muy similar al de otro tipo debacterias.
El ser humano y los demás animales son el resultado de la crecientecomplejidad de estos microorganismos. Las células que constituyen nuestro cuerpo conservan las huellas genéticas de nuestros remotos antepasados. Heredamos de los eucariotas unas estructuras intracelulares complejas, como las mitocondrias, los cloroplastos y los undilipodios que enalgunas células permiten la respiración, la fotosíntesis y el desplazamiento. Las eucariotas son el producto de una evolución que sigue su curso. Esdemasiado pretencioso y finalista el pensar que la evolución se detiene conel ser humano, como si ya hubiera alcanzado su «meta» cuando nada prueba que ésta exista.
Hasta aquí hemos expuesto brevemente las teorías de Lynn Margulis,que constituyen una excelente descripción de cómo pudo evolucionar lavida hasta llegar a los organismos más complejos. Pero las preguntas quesurgen a partir de aquí son otras:¿Qué pasa con el psiquismo? ¿Existía yaalgo parecido en las bacterias primitivas? ¿Evolucionó también? ¿En quémedida lo hizo? Intentaremos responder a estas preguntas porque su respuesta debe conducirnos a una nueva comprensión del fenómeno amorosoque tanto ocupa nuestras mentes y guía gran parte de nuestra vida emocional consciente e inconsciente.
Para comprender más a fondo el fenómeno amoroso, debemos ampliar lasideas que tenemos sobre el amor y ello nos llevará a una nueva concepciónde este complejo de sentimientos y emociones que experimentamos cuando amamos. La visión reduccionista imperante nos lleva a limitar la ideade amor a un sentimiento que experimentamos los seres humanos cuando,por ejemplo, nos enamoramos. Pero esto, y las cosas curiosas que hacemoscuando nos ocurre, nos resultan bastante incomprensibles -aunque lasaceptemos como fenómenos dados per se-si no nos situamos en un planomás amplio y general.
Los actos de cooperación solidaria llevan a la conservación, mantenimiento y expansión de la vida sobre nuestro planeta desde los inicios de lavida misma, tal como acabamos de ver. Por ello podemos afirmar, con todaseguridad, que la cooperación constituye una propiedad de la vida, ya queestá indisolublemente ligada a ella en la medida en que también lo está lanecesidad de obtener energía del medio bajo formas muy diversas. Seancuales sean las formas que adopte, tanto la obtención de energía como la deayuda mutua y cooperación, las funciones que desarrollan los seres vivostienden a satisfacer estas necesidades. Se manifiestan en forma de tendencias o pulsiones vitales que han ido adquiriendo, a lo largo de los siglos,diferentes grados de complejidad.
Para convencernos de la generalidad de este fenómeno nos bastará,como ejemplo, observar el comportamiento de las hormigas, las abejaso animales más evolucionados, como los delfines, leones, lobos, ciervos oelefantes, que tienen estrategias organizadas de caza, obtención de alimentos para la comunidad, o protección colectiva. En los animales y en losseres humanos, los actos de cooperación siguen siendo tan vitales e imprescindibles para su mantenimiento y evolución como lo eran para lassencillas células que poblaron por primera vez nuestro planeta.
La vida es absolutamente incomprensible sin relación y sin cooperación, yéstas abarcan tanto a los seres vivos de la misma especie como a los de otras especies. Para empezar, todos los animales nacen de otros animales, y este hecholos relaciona inevitablemente con los de su especie, que les son imprescindiblespara vivir y seguir reproduciéndose; además, para sobrevivir necesitan deotros seres vivos de los que extraen el alimento. Animales y plantas se complementan y viven unos de otros (piénsese en las cadenas tróficas y en los múltiples casos de simbiosis entre diferentes especies de animales y vegetales).
Sin esta pulsión, la vida no existiría ni habría evolucionado. Pero estambién un instinto de unión, acercamiento, relación, cooperación, solidaridad y alianza entre individuos que conduce, en sus orígenes más lejanos,a la fusión entre dos o más seres, con deseo de permanencia, de continuidad, de compartir el mismo espacio vital, de conexión sexual e incluso deindiferenciación, de fundirse con el otro, de ser sólo uno pero con las propiedades de más de uno, lo cual los potencia, los hace más grandes, máspoderosos y más aptos para sobrevivir y progresar.
El amor, en su forma más elemental, como deseo de fusión, como impulso gregario, como tendencia a aproximarse y asociarse con otros seresvivos, es una estrategia de la vida para mantenerse y sobrevivir. Esta estrategia ha sido y sigue siendo utilizada, en su forma más literal, por una delas formas primeras de vida: las bacterias. Podríamos decir que el amor, ensu primera fase de cooperación y de intercambio, empieza cuando unabacteria procariota cede parte o la totalidad de sus cromosomas a otra. Sufinalidad no es la reproducción sino la conservación de la vida, la supervivencia. Pero el resultado supera en mucho esta elemental expectativa.
La combinación de genes que llevan a cabo las bacterias procariotas através del hipersexo no produce descendencia, pero tiene la enorme ventaja de dotar al receptor de un nuevo bagaje genético y al donante de disfrutar de los mismos beneficios de que gozaba su anfitrión. Es un acto parecido a lo que los humanos denominamos asociación cooperativa. Endefinitiva, es un buen negocio para ambos. Podemos considerar esta pulsión vital que permite la supervivencia gracias a la asociación cooperativa
