Cómo se hace una tesis - Umberto Eco - E-Book

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Umberto Eco

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Beschreibung

Esta obra no es solo un manual técnico, sino una invitación a pensar con método, a investigar con criterio y a escribir con claridad.A través de ejemplos concretos, recomendaciones precisas y una ironía sutil, Eco acompaña al lector desde la elección del tema hasta la redacción final. Dirigido a estudiantes, docentes y toda persona curiosa por el proceso intelectual, este clásico imprescindible sigue siendo una referencia clara para aprender vivir, enseñar y disfrutar la investigación académica.

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Seitenzahl: 348

Veröffentlichungsjahr: 2026

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Umberto Eco

Cómo se hace una tesis

Técnicas y procedimientos de estudio, investigación y escritura

Traducción de Lucía Baranda y Alberto Clavería

Herder

Título original:Come si fa una tesi di laurea

Traducción: Lucía Baranda y Alberto Clavería lbáñez

Diseño de la cubierta: Toni Cabré

Edición digital: Admagraf

© 2017, La nave di Teseo editori, Milán

© 2026, Herder Editorial S. L., Barcelona

ISBN ePub: 978-84-254-5323-6

Cualquier forma de reproducción, distribución, comunicación pública o transformación de esta obra solo puede ser realizada con la autorización de sus titulares, salvo excepción prevista por la ley. Diríjase a cedro (Centro de Derechos Reprográficos) si necesita reproducir algún fragmento de esta obra (www.cedro.org).

Herder

www.herdereditorial.com

Sinopsis

¿Cómo se hace una tesis? Con la lucidez que lo distingue, Umberto Eco convierte esta pregunta en una guía práctica, reflexiva y sorprendentemente amena. Esta obra no es solo un manual técnico, sino una invitación a pensar con método, a investigar con criterio y a escribir con claridad.

A través de ejemplos concretos, recomendaciones precisas y una ironía sutil, Eco acompaña al lector desde la elección del tema hasta la redacción final. Dirigido a estudiantes, docentes y toda persona curiosa por el proceso intelectual, este clásico imprescindible sigue siendo una referencia clara para aprender a vivir, enseñar y disfrutar la investigación académica.

AUTORES

Umberto Eco (1932-2016) fue uno de los intelectuales más influyentes del siglo xx: ensayista, novelista, filósofo y semiólogo. Profesor de Semiótica en la Universidad de Bolonia, exploró con igual maestría la estética medieval, la teoría de la comunicación y la novela histórica. Autor de ensayos clave como Obra abierta y Apocalípticos e integrados, alcanzó fama internacional con El nombre de la rosa. Su estilo —riguroso pero accesible, erudito pero irónico— convirtió cada una de sus obras en una muestra de pensamiento brillante y pasión por el saber.

Índice

Sinopsis

Nota de los traductores

Introducción

i. Qué es una tesis doctoral y para qué sirve

i.1. Por qué hay que hacer una tesis y en qué consiste

i.2. A quién interesa este libro

i.3. Cómo una tesis sirve también después del doctorado

i.4. Cuatro reglas obvias

ii. La elección del tema

ii.1. ¿Tesis monográfica o tesis panorámica?

ii.2. ¿Tesis histórica o tesis teórica?

ii.3. ¿Temas clásicos o temas contemporáneos?

ii.4. ¿Cuánto tiempo requiere hacer una tesis?

ii.5. ¿Es necesario conocer idiomas extranjeros?

ii.6. ¿Tesis científica o tesis política?

ii.6.1. ¿Qué es la cientificidad?

ii.6.2. ¿Temas histórico-teóricos o experiencias «en caliente»?

ii.6.3. Cómo transformar un tema de actualidad en tema científico

ii.7. ¿Cómo evitar ser explotado por el ponente?

iii. La búsqueda del material

iii.1. La accesibilidad de las fuentes

iii.1.1. Cuáles son las fuentes de un trabajo científico

iii.1.2. Fuentes de primera y segunda mano

iii.2. La investigación bibliográfica

iii.2.1. Cómo usar una biblioteca

iii.2.2. Cómo afrontar la bibliografía: el fichero

iii.2.3. La referencia bibliográfica

iii.2.4. La biblioteca de Alessandria: un experimento

iii.2.5. ¿Hay que leer los libros? ¿Y en qué orden?

iv. El plan de trabajo y las fichas

iv.1. El índice como hipótesis de trabajo

iv.2. Fichas y anotaciones

iv.2.1. Varios tipos de ficha y para qué sirven

iv.2.2. Fichas de las fuentes primarias

iv.2.3. Las fichas de lectura

iv.2.4. La humildad científica

v. La redacción

v.1. ¿A quién se habla?

v.2. Cómo se habla

v.3. Las citas

v.3.1. Cuándo y cómo se cita: diez reglas

v.3.2. Citas, paráfrasis y plagio

v.4. Las notas a pie de página

v.4.1. Para qué sirven las notas

v.4.2. El sistema cita-nota

v.4.3. El sistema autor-fecha

v.5. Advertencias, trampas y costumbres

v.6. El orgullo científico

Advertencia

vi. La redacción definitiva

vi.1. Los criterios gráficos

vi.1.1. Márgenes y espacios

vi.1.2. Subrayados y mayúsculas

vi.1.3. Parágrafos

vi.1.4. Comillas y otros signos

vi.1.5. Signos diacríticos y transliteraciones

vi.1.6. Puntuación, acentos, abreviaturas

vi.1.7. Algunos consejos desordenados

vi.2. La bibliografía final

vi.3. Los apéndices

vi. 4. El índice

vii. Conclusiones

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Nota de los traductores

El presente libro está en principio dirigido al público universitario italiano. En consecuencia, abundan en él las referencias a la vida, la lengua y la cultura italianas. No nos ha parecido necesario cargar de escolios este tipo de referencias (sobre los tipos de tesis, las relaciones con el profesor, el funcionamiento de la universidad en Italia…) para acomodarlas al contexto particular de España; el lector sabrá corregir su visión adaptándola a la propia situación.

Hemos renunciado a la adaptación, además, por considerar que los temas escogidos y desarrollados por Eco a modo de ejemplos corresponden al talante intelectual del autor y reflejan sus filias y sus fobias. Sin embargo, nuestro criterio ha sido flexible, pues en los casos en que se imponía la comprensión de un ejemplo o una serie de ellos, lo hemos trasladado del ámbito de la cultura italiana al de la hispana (dando en nota el original cuando nos ha parecido significativo).

En el capítulo de observaciones técnicas hemos acomodado algunos consejos del autor a nuestros usos para que el libro conserve en todo momento su condición de manual práctico.

Se han adaptado, asimismo, algunas referencias anacrónicas respecto de precios y tipos de monedas.

Introducción

1. Hubo un tiempo en que la universidad era una universidad de élite. Solo iban a ella los hijos de los titulados. Salvo raras excepciones, los que estudiaban disponían de todo el tiempo que necesitaran. La universidad estaba concebida para dedicarse a ella con calma: cierto tiempo para el estudio y cierto tiempo para las «sanas» diversiones goliárdicas o para las actividades en los orga­nismos representativos.

Las clases eran conferencias prestigiosas y, a continuación, los estudiantes más interesados se apartaban con los profesores y los ayudantes en seminarios separados de diez o quince personas como máximo.

Aún hoy en muchas universidades norteamericanas un curso jamás tiene más de diez o veinte estudiantes (que pagan muy caro y tienen derecho a «usar» al enseñante todo lo que quieran para discutir con él). En universidades como Oxford hay un profesor, llamado «tutor», que se ocupa de las tesis de investigación de un grupo reducidísimo de estudiantes (puede suceder que se cuide de uno o dos al año) y sigue día a día su trabajo.

Si tal fuese la situación italiana, no habría necesidad de escribir este libro; si bien algunos de los consejos que da podrían convenir también al estudiante «ideal» antes esbozado.

Pero la universidad italiana es hoy en día una universidad de masas. Llegan a ella estudiantes de todas clases, provenientes de todos los tipos de enseñanza media y que incluso se matriculan en Filosofía o en Filología Clásica proviniendo de un instituto técnico en el que jamás han cursado griego, e incluso ni siquiera latín. Y si bien es cierto que de poco sirve el latín para muchos tipos de actividad, sirve de mucho a quienes estudian Filosofía y Letras.

Hay cursos en los que están matriculadas millares de personas. El profesor conoce más o menos a una treintena que asiste con más frecuencia, y con ayuda de sus colaboradores (becarios, adjuntos, auxiliares) consigue hacer trabajar con cierta asiduidad a un centenar. Muchos de ellos son pudientes, criados en una familia culta y en contacto con un ambiente cultural vivaz, que pueden permitirse viajes instructivos, asisten a los festivales artísticos y teatrales y visitan países extranjeros. Luego vienen los otros. Estudiantes que a lo mejor trabajan y se pasan el día en la oficina de censo de una población de diez mil habitantes donde solo hay papelerías. Estudiantes que, desilusionados de la universidad, han elegido la actividad política y persiguen otro tipo de formación, pero que antes o después tendrán que cumplir el compromiso de la tesis. Estudiantes muy pobres que, teniendo que escoger un examen, calculan el precio de los diversos textos prescritos y se dicen: «este examen es de tanto dinero», y de dos complementarios eligen el que cuesta menos. Estudiantes que en ocasiones acuden a clase y luchan por encontrar un sitio en el aula atiborrada; y que al final les gustaría hablar con el docente, pero hay una cola de treinta personas y han de tomar el tren porque no pueden quedarse en un hotel. Estudiantes a quienes nadie ha explicado jamás cómo se busca un libro en una biblioteca y en qué biblioteca: frecuentemente no saben que podrían encontrar libros en la biblioteca de su ciudad o ignoran cómo se saca un carnet de préstamo.

Los consejos de este libro están especialmente destinados a ellos. También valen para el estudiante de enseñanza superior que va a ir a la universidad y quisiera saber cómo funciona la alquimia de la tesis.

A todos estos quisiera sugerir en este libro por lo menos dos cosas:

Se puede hacer una tesis digna aun hallándose en una situación difícil, causada por discriminaciones recientes o remotas.Se puede aprovechar la ocasión de la tesis (aunque el resto del período universitario haya sido desi­lusionante o frustrante) para recuperar el sentido positivo y progresivo del estudio no entendido como una cosecha de nociones, sino como elaboración crítica de una experiencia, como adquisición de una capacidad (buena para la vida futura) para localizar los problemas, para afrontarlos con método, para exponerlos siguiendo ciertas técnicas de comunicación.

2. Dicho esto, ha de quedar claro que el presente libro no quiere explicar «cómo se hace la investigación científica» ni constituye una discusión teórico-crítica sobre el valor del estudio. Se trata solamente de una serie de consideraciones sobre cómo se llega a poner ante un tribunal de doctorado un objeto físico prescrito por la ley y formado por cierta cantidad de páginas mecanografiadas, que se supone guardará alguna relación con la disciplina en la que se doctora y que no sumirá al ponente en un estado de dolorosa estupefacción.

Que quede claro que el libro no puede decir qué poner en la tesis. Eso es asunto vuestro. El libro os dirá: (1) qué se entiende por tesis de doctorado; (2) cómo se escoge el tema y se disponen los tiempos de trabajo; (3) cómo se lleva a cabo una búsqueda bibliográfica; (4) cómo se organiza el material encontrado; (5) cómo se dispone materialmente el trabajo elaborado.Y, fatalmente, es precisamente esta última la parte más prolija, aunque pueda parecer la menos importante: porque es la única para la cual existen reglas bastante exactas.

3. El tipo de tesis a que se hace referencia en este libro corresponde a las que se elaboran en las facultades de Humanidades. Dado que mi experiencia está asociada a las facultades de Filosofía y Letras, es natural que la mayor parte de los ejemplos se refieran a temas que se estudian en dichas facultades. Pero, dentro de los límites que este libro se propone, los criterios que aconsejo también convienen a las tesis normales de Ciencias Políticas, Magisterio y Derecho. Si se trata de tesis históricas o de teoría general y no experimentales y prácticas, el modelo presentado también funcionaría en Arquitectura, Economía y Comercio y algunas facultades científicas. Pero no os fieis demasiado.

4. Mientras este libro está en prensa, se discute en Italia la reforma universitaria. Y se habla de dos o tres niveles de graduación.

Cabe preguntarse si esta reforma cambiará radicalmente el concepto mismo de tesis.

Ahora bien, si llega a haber más niveles de graduación siguiendo el modelo en uso en la mayoría de los países extranjeros, se verificará una situación no diferente de la que describimos en el primer capítulo (i.1). Esto es, tendremos tesis de licenciatura (o de primer nivel) y tesis de doctorado (o de segundo nivel).

Los consejos que damos en este libro convienen a ambas, y cuando haya diferencias entre uno y otro tipo de tesis, serán explícitamente aclaradas.

Creemos, pues, que lo que se dice en las páginas siguientes también es adecuado desde la perspectiva de la reforma, y especialmente desde la perspectiva de una prolongada transición hacia la vigencia de una eventual reforma.

5. Cesare Segre ha leído el libro mecanografiado y me ha dado sus consejos. Puesto que he hecho caso de muchos y en otras ocasiones me he obstinado en mi postura, él no es responsable del producto final. Naturalmente, le estoy agradecido de todo corazón.

6. Una última advertencia. El discurso que sigue a estas palabras se refiere obviamente a estudiantes y estudiantas, así como a profesores y profesoras. De todos modos, puesto que la lengua italiana no proporciona expresiones neutras que sirvan para indicar a ambos sexos (los americanos introducen gradualmente person, pero sería ridículo decir «la persona estudiante» o «la persona doctorando»), me limito a hablar siempre de estudiante, doctorando, profesor y ponente. Sin que este uso gramatical esconda una discriminación sexista.1

1 Pero entonces se me preguntará por qué no he utilizado siempre estudianta, profesora, etc. Porque trabajaba a base de recuerdos y experiencias personales y así me identificaba mejor.

i. Qué es una tesis doctoral y para qué sirve

i.1. Por qué hay que hacer una tesis y en qué consiste

Una tesis de doctorado es un trabajo mecanografiado de una extensión media que varía entre las cien y las cuatrocientas páginas, en el cual el estudiante trata un problema referente a los estudios en los que quiere doctorarse. Según la legislación italiana, la tesis es indispensable para doctorarse. El estudiante, cuando ha rendido todos los exámenes prescritos, presenta la tesis a un tribunal de doctorado que escucha la exposición del ponente (el profesor con quien «se hace» la tesis) y los comentarios de los demás miembros, que ponen objeciones al doctorando; surge de ello una discusión en la que todos toman parte. De las palabras de los dos ponentes, que garantizan la calidad (o los defectos) del trabajo escrito, así como de la capacidad de la que da prueba el aspirante para sostener las opiniones expresadas por escrito, nace el juicio del tribunal. Por otra parte, calculando la media del total de las notas obtenidas en los exámenes, el tribunal asigna una nota a la tesis, que puede ir desde el mínimo de sesenta y seis a un máximo de ciento diez, cum laude y privilegio de impresión. Por lo menos esta es la regla seguida en casi todas las facultades italianas de Humanidades.

Una vez descritas las características «externas» del trabajo y el ritual en el que se inscribe, todavía no hemos dicho mucho sobre la naturaleza de la tesis. Sobre todo, ¿por qué la universidad italiana exige, como condición para el doctorado, una tesis? Piénsese que tal criterio no es seguido por la mayoría de las universidades no italianas. En algunas hay varios niveles de graduación que pueden ser alcanzados sin tesis; en otras hay un primer nivel, que más o menos corresponde a nuestra laurea, que no da derecho al título de «doctor» y que puede ser alcanzado sencillamente con la serie de exámenes o con un trabajo de pretensiones más modestas; en otras hay diferentes niveles doctorales que requieren trabajos de variada complejidad… Pero, por lo general, la tesis propiamente dicha se reserva para una especie de superlaurea, el doctorado, al cual solo acceden los que quieren perfeccionarse y especializarse como investigadores científicos. Este tipo de doctorado tiene varios nombres, pero de aquí en adelante nos referiremos a él con una sigla anglosajona de uso casi internacional, phd (que significa Philosophy doctor, doctor en Filosofía, pero que designa a todo tipo de doctores de Humanidades, desde el sociólogo hasta el profesor de griego; para materias no humanísticas se emplean otras siglas, por ejemplo, md, Medicine doctor).

Además del phd existe un nivel muy afín a nuestra laurea y que, de aquí en adelante, señalaremos con el término de «licenciatura». La licenciatura en sus varias formas se hace con vistas al ejercicio profesional, mientras que el objetivo del phd es la actividad académica, lo que significa que quien consigue un phd casi siempre inicia la carrera académica.

En las universidades de este tipo, la tesis es siempre tesis de phd, tesis doctoral, y constituye un trabajo original de investigación con el cual el aspirante ha de demostrar que es un estudioso capaz de hacer avanzar la disciplina a que se dedica. Y esta no se hace, como nuestra tesis de laurea, a los veintidós años, sino a una edad más avanzada, quizá incluso a los cuarenta o cincuenta años (si bien, obviamente, también hay phd jovencísimos). ¿Por qué tanto tiempo? Porque se trata precisamente de investigación original, hay que conocer lo que han dicho sobre el tema los demás estudiosos y, sobre todo, es preciso «descubrir» algo que los demás no hayan dicho todavía. Cuando se habla de «descubrimiento», especialmente en Humanidades, no se trata de inventos revolucionarios como el descubrimiento de la escisión del átomo, la teoría de la relatividad o un medicamento que cure el cáncer: también puede haber descubrimientos modestos, y se considera «científico» incluso un nuevo modo de leer y comprender un texto clásico, la localización de un manuscrito que arroja nuevas luces sobre la biografía de un autor, una reorganización y relectura de estudios precedentes que lleva a madurar y sistematizar ideas que vagaban dispersas por otros textos variados. En cualquier caso, el estudioso ha de producir un trabajo que, teóricamente, los demás estudiosos del ramo no deberían ignorar, pues dice algo nuevo (cfr. 11.6.1).

¿Es de este tipo la tesis italiana? No necesariamente. De hecho, puesto que, por lo general, se elabora entre los veintidós y los veinticuatro años, mientras se rinden todavía los exámenes universitarios, no puede suponer la conclusión de un trabajo largo y meditado, la prueba de una completa madurez. Y sucede que hay tesis de laurea (hechas por estudiantes especialmente dotados) que son verdaderas tesis de phd, y otras que no llegan a este nivel. Tampoco la universidad lo pretende a ultranza: puede haber una buena tesis que no sea de investigación, sino de compilación.

En una tesis de compilación el estudiante se limita a demostrar que ha revisado críticamente la mayor parte de la «literatura» existente (esto es, de los escritos publicados sobre su tema), ha sido capaz de exponerla con claridad y ha intentado interrelacionar los diversos puntos de vista, ofreciendo así una panorámica inteligente, quizá útil desde el punto de vista informativo para un especialista del ramo que no haya estudiado en profundidad tal problema particular.

He aquí, pues, una primera advertencia: se puede hacer una tesis de compilación o una tesis de investigación; o una tesis de «licenciatura» y una tesis de «phd».

Una tesis de investigación es siempre más larga, fatigosa y esforzada; una tesis de compilación también puede ser larga y fatigosa (hay trabajos de compilación que han costado años y años), pero generalmente puede hacerse en menos tiempo y con menos riesgos. Pero esto no quiere decir que quien hace una tesis de compilación se cierre el camino de la investigación; una compilación puede constituir un rasgo de seriedad del joven investigador que antes de empezar a investigar por su cuenta quiere tener claras algunas ideas documentándose bien.

Al contrario, hay tesis que pretenden ser de investigación y que han sido preparadas apresuradamente; son tesis malas que irritan a quien las lee y no dan gusto a quienes las hacen.

Por eso la elección entre tesis de compilación y tesis de investigación está ligada a la madurez, a la capacidad de trabajo del aspirante. Con frecuencia y desgraciadamente también está ligada a factores económicos, pues sin duda un estudiante trabajador tiene menos tiempo, menos energía y casi siempre menos dinero para poder dedicarse a investigaciones prolongadas (que con frecuencia suponen la adquisición de libros raros y costosos, viajes a centros o bibliotecas extranjeros y demás).

Pero en este libro no podrán darse consejos de orden económico. Hasta hace poco, en todo el mundo, la investigación era privilegio de los estudiantes ricos. No puede decirse que hoy en día la mera existencia de becas de estudio, bolsas de viaje y fondos para permanencias en universidades extranjeras resuelva el problema para todos. El ideal es una sociedad más justa en la que estudiar sea un trabajo pagado por el Estado, en la que se pague a quien tenga verdadera vocación por el estudio y en la que no sea preciso tener a cualquier precio el «trozo de papel» para encontrar un puesto, obtener un ascenso o pasar por delante de otros en una oposición.

Pero la universidad italiana, así como la sociedad de la que es expresión, por el momento es como es; no podemos sino desear que los estudiantes de todas las clases puedan frecuentarla sin que esto les suponga sacrificios agotadores; y proceder a explicar cómo puede hacerse una tesis digna según el tiempo y la energía de los que se disponga, ya que no la propia vocación específica.

i.2. A quién interesa este libro

Estando así las cosas, cabe pensar que hay muchos estudiantes que se ven obligados a hacer una tesis para poder sacar el título a toda prisa y lograr el ascenso de categoría, para cuya obtención se han matriculado en la universidad. Algunos de estos estudiantes tienen incluso cuarenta años. Son estos los que pedirían instrucciones sobre cómo hacer una tesis en un mes con vistas a obtener una nota cualquiera y salir de la universidad. Ya desde ahora hemos de decir que este libro no es para ellos. Si tales son sus exigencias, si son víctimas de una ordenación jurídica paradójica que los obliga a doctorarse para resolver dolorosos problemas económicos, tendrán que hacer dos cosas: (1) invertir una suma razonable para encargar la tesis a otra persona; (2) copiar una tesis ya hecha unos años antes en otra universidad (no conviene copiar una obra ya impresa, aunque fuera en lengua extranjera; pues por poco informado que esté el profesor, deberá conocer su existencia; pero copiar en Milán una tesis hecha en Catania ofrece razonables posibilidades de éxito; naturalmente, hay que informarse de si el ponente de la tesis ha enseñado en Catania antes de ejercer en Milán; y, además, copiar una tesis supone una inteligente labor de investigación).

Está claro que los dos consejos que acabamos de dar son ilegales. Sería como decir: «si te presentas herido en la sala de urgencias y el médico no quiere atenderte, ponle un cuchillo en el cuello». En ambos casos se trata de actos desesperados. Hemos dado nuestro consejo de modo paradójico para remachar que este libro no pretende resolver graves problemas de estructura social y de ordenación jurídica.

Así pues, este libro está destinado a quien (sin ser millonario ni disponer de diez años para doctorarse tras haber viajado por todo el mundo), con posibilidades aceptables de dedicar unas cuantas horas diarias al estudio, quiere preparar una tesis que le proporcione ciertas satisfacciones intelectuales y que le sirva también después del doctorado. Y a quien, una vez fijados los límites, por modestos que sean, de su esfuerzo, quiera hacer un trabajo serio. Se puede hacer seriamente hasta una recopilación de figurines: basta con fijar el tema de la recopilación, los criterios de catalogación y los límites históricos de la recopilación. Si se decide no pasar de 1960, mejor que mejor, pues desde los años sesenta hasta hoy los figurines son infinitos. Siempre habrá una diferencia entre esta recopilación y el Museo del Louvre, pero en vez de hacer un museo poco serio, es preferible hacer una seria recopilación de figurines de calzado de 1960 a 1970. Este criterio puede aplicarse también a una tesis doctoral.

i.3. Cómo una tesis sirve también después del doctorado

Hay dos modos de hacer una tesis para que sirva también después del doctorado. El primero consiste en hacer de la tesis el principio de una investigación más amplia que se seguirá en los años siguientes si, naturalmente, se tienen ganas y posibilidades.

Pero hay un segundo modo, en virtud del cual el director de una oficina turística local se verá ayudado en su profesión por el hecho de haber elaborado una tesis titulada De «Fermo y Lucia» a «I Promessi Sposi». Hacer una tesis significa: (1) localizar un tema concreto; (2) recopilar documentos sobre dicho tema; (3) poner en orden dichos documentos; (4) volver a examinar el tema partiendo de cero a la luz de los documentos recogidos; (5) dar una forma orgánica a todas las reflexiones precedentes; (6) hacerlo de modo que quien la lea comprenda lo que se quería decir y pueda, si así lo desea, acudir a los mismos documentos para reconsiderar el tema por su cuenta.

Hacer una tesis significa aprender a poner orden en las propias ideas y a ordenar los datos: es una especie de trabajo metódico. Supone construir un «objeto» que, en principio, sirva también a los demás. Y para ello no es tan importante el tema de la tesis como la experiencia de trabajo que comporta. Una persona que ha sido capaz de documentarse bien sobre la doble redacción de la novela de Manzoni también será capaz de recopilar con método los datos necesarios para la oficina turística. El autor de estas líneas ha publicado ya una decena de libros sobre diversos temas, pero si ha logrado hacer los nueve últimos, es porque ha sacado fruto principalmente de la experiencia del primero, que era una reelaboración de la tesis doctoral. Sin aquel primer trabajo no hubiera aprendido a hacer el resto. Y, para bien o para mal, el resto todavía se resiente del modo en que fue hecho el primero. Quizá con el tiempo uno se vuelve más malicioso, se aprenden más cosas; pero el modo de trabajar sobre las cosas que se conocen dependerá siempre de la forma en que se han buscado al principio muchas cosas que no se conocían.

En definitiva, hacer una tesis es como adiestrar la memoria. De viejo se tiene buena memoria si se ha ejercitado desde muy joven. Y da lo mismo que se haya ejercitado aprendiendo de memoria la alineación de todos los equipos de primera, los poemas de Carducci o la lista de los emperadores romanos desde Augusto hasta Rómulo Augústulo. Desde luego, puestos a ejercitar la memoria, mejor es aprender cosas que interesen o sirvan; pero, de todos modos, también aprender cosas inútiles supone una buena gimnasia. Y así, aunque sea preferible hacer una tesis sobre un tema que agrade, el tema es secundario respecto del método de trabajo y la experiencia que de él se extrae.

Además, si se trabaja bien no hay ningún tema que sea verdaderamente estúpido: trabajando bien se sacan conclusiones útiles incluso de un tema aparentemente remoto o periférico. Marx no hizo su tesis sobre economía política, sino sobre dos filósofos griegos, Epicuro y Demócrito. Y no es casual. Quizá Marx fue capaz de reflexionar sobre los problemas de la historia y la economía con la energía teórica que tan bien conocemos, precisamente porque aprendió a pensar con los filósofos griegos. Ante tanto estudiante que empieza con una tesis ambiciosísima sobre Marx para terminar en el departamento de recursos humanos de las grandes empresas capitalistas, es preciso reconsiderar los conceptos existentes sobre la utilidad, la actualidad y el alcance de los temas de tesis.

i.4. Cuatro reglas obvias

Hay casos en los que el aspirante hace su tesis sobre el tema impuesto por el profesor. Son casos a evitar.

Evidentemente, no nos referimos aquí a los casos en los que el doctorando recibe los consejos del profesor. Nos referimos más bien a los casos en los que la culpa es del profesor (véase ii.7., «Cómo evitar ser explotado por el ponente») o a aquellos en los que la culpa es del doctorando, falto de interés y dispuesto a hacer mal cualquier cosa para salir del paso.

Nosotros nos ocuparemos de los casos en los que se presume la existencia de un doctorando movido por ciertos intereses y de un docente dispuesto a interpretar sus exigencias.

En tales casos, las reglas para la elección del tema son cuatro:

1. Que el tema corresponda a los intereses del doctorando (que esté relacionado con el tipo de exámenes rendidos, sus lecturas, su mundo político, cultural o religioso).

2. Que las fuentes a las que se recurra sean asequibles, es decir, al alcance físico del doctorando.

3. Que las fuentes a las que se recurra sean manejables, es decir, al alcance cultural del doctorando.

4. Que el cuadro metodológico de la investigación esté al alcance de la experiencia del doctorando.

Así formuladas, estas cuatro reglas parecen banales y parecen poder resumirse en la norma «el que quiera hacer una tesis, debe hacer una tesis que esté capacitado para hacer». Pues bien, es exactamente así, y hay casos de tesis dramáticamente abortadas precisamente por no haber sabido plantear el problema inicial en estos términos tan obvios.2

Los capítulos siguientes intentarán proporcionar algunos consejos a fin de que la tesis a hacer sea una tesis que se sepa y se pueda hacer.

2 Podríamos añadir una quinta regla: que el profesor sea el adecuado. Pues hay aspirantes que, por razones de simpatía o de pereza, quieren hacer con el profesor de la materia A una tesis que en realidad es de la materia B. El profesor acepta (por simpatía, por vanidad) y luego no está capacitado para seguir la tesis.

ii. La elección del tema

ii.1. ¿Tesis monográfica o tesis panorámica?

La primera tentación del estudiante es hacer una tesis que hable de muchas cosas. Si el estudiante se interesa por la literatura, su primer impulso es hacer una tesis titulada La literatura hoy. Siendo necesario restringir el tema optará por La literatura española desde la posguerra hasta los años setenta.

Estas tesis son muy peligrosas. Se trata de temas que alterarían la sangre a estudiosos bastante más maduros. Para un estudiante veinteañero se trata de un desafío imposible. O hace una vulgar reseña de nombres y de opiniones corrientes, o da a su obra un sesgo original (y siempre se le acusaría de omisiones imperdonables). El escritor español Gonzalo Torrente Ballester publicó en 1961 un Panorama de la literatura española contemporánea.3 Pues bien, si se hubiera tratado de una tesis doctoral, lo habrían suspendido, a pesar de los cientos de páginas impresas. Pues se hubiera achacado a su negligencia o a su ignorancia no haber citado algunos nombres que la mayoría considera muy importantes, o haber dedicado capítulos enteros a autores supuestamente «menores» y breves comentarios a autores considerados «mayores». Naturalmente, teniendo en cuenta que se trata de un estudioso cuya preparación histórica y agudeza crítica son bien conocidas, todos comprenden que estas exclusiones y estas desproporciones eran voluntarias, y que una ausencia era críticamente mucho más elocuente que una página de disertación. Pero si la misma gracia la hace un estudiante de veintidós años, ¿quién garantiza que tras el silencio no hay una gran malicia y que las omisiones sustituyen a unas páginas críticas escritas en otro lugar —o que el autor sabría escribir?

En este tipo de tesis el estudiante normalmente acusa después a los componentes del tribunal de no haberlo comprendido, pero los componentes del tribunal no podían comprenderlo; por consiguiente, una tesis demasiado panorámica constituye siempre un acto de soberbia. No es que la soberbia intelectual —en una tesis— sea algo rechazable a priori. Se puede incluso decir que Dante era un mal poeta: pero hay que decirlo al cabo de trescientas páginas, como mínimo, de intenso análisis de los textos de Dante. Estas demostraciones no pueden estar presentes en una tesis panorámica. Y, precisamente por ello, será oportuno que el estudiante, en vez de La literatura española desde la posguerra hasta los años setenta, elija un título más modesto.

Diré rápidamente qué sería lo ideal: no Las novelas de Aldecoa, sino más bien Las diferentes redacciones de «Ave del Paraíso». ¿Aburrido? Puede ser, pero como desafío es más interesante.

A fin de cuentas, pensándolo bien, es una cuestión de astucia. Con una tesis panorámica sobre cuarenta años de literatura el estudiante se expone a todas las objeciones posibles. ¿Cómo podría resistir el ponente o un simple miembro del tribunal la tentación de mostrar que conoce a un autor menor que el estudiante no ha citado? Basta con que cada miembro del tribunal observe tres omisiones hojeando el índice para que el estudiante se convierta en blanco de una ráfaga de acusaciones que harán que su tesis parezca una sarta de disparates. En cambio, si el estudiante ha trabajado seriamente sobre un tema muy preciso, se encuentra controlando un material desconocido para la mayor parte del tribunal. No estoy sugiriendo un truquito barato; será un truco, pero no barato, puesto que cuesta trabajo. Ocurre simplemente que el aspirante se presenta como «experto» frente a un público menos experto que él, y visto que se ha tomado el trabajo de llegar a ser experto, justo es que goce de las ventajas de su situación.

Entre los dos extremos, desde la tesis panorámica sobre cuarenta años de literatura hasta la estrictamente monográfica en torno a variantes de un texto breve, existen muchos estadios intermedios. De esta manera, se podrían especificar temas como Las experiencias literarias vanguardistas de los años cuarenta, o bien Tratamiento literario de la geografía en Juan Benet y Sánchez Ferlosio, o incluso Afinidades y diferencias en tres poetas postistas: Carlos Edmundo de Ory, Eduardo Chicharro y Gloria Fuertes.4

Trasladando el caso a las facultades de ciencias, en un librito de tema afín al nuestro se da un consejo aplicable a todas las materias:

El tema Geología, por ejemplo, es demasiado amplio. Vul­canología, como rama de la geología, sigue siendo demasiado extenso. Los volcanes en México podría dar lugar a un buen ejercicio, aunque un tanto superficial. Una limitación sucesiva daría origen a un estudio de más valor: La historia del Popocatépetl (que uno de los conquistadores de Cortés probablemente escaló en 1519 y que no tuvo una erupción violenta hasta 1702). Un tema más limitado, que concierne a un número menor de años, sería El nacimiento y la muerte aparente del Paricutín (del 20 de febrero de 1943 al 4 de marzo de 1952).5

Pues bien, yo aconsejaría el último tema. Con la condición de que, llegados a este punto, el aspirante diga todo lo que haya que decir sobre ese maldito volcán.

Hace tiempo se me presentó un estudiante que quería hacer la tesis sobre El símbolo en el pensamiento contemporáneo. Era una tesis imposible. Por lo menos yo no sabía qué quería decir «símbolo»; y, de hecho, es un término que muda de significado según los autores. A veces, en dos autores diferentes quiere decir dos cosas absolutamente opuestas. Considérese lo que los lógicos formales o los matemáticos entienden por «símbolo», las expresiones privadas de significado que ocupan un puesto definido con funciones precisas en el cálculo formalizado (como las a y las b o las x y las y de las fórmulas algebraicas), mientras que otros autores lo entienden como forma llena de significados ambiguos, como en el caso de las imágenes que recorren los sueños, que pueden referirse a un árbol, a un órgano sexual, al deseo de crecimiento y así sucesivamente. ¿Cómo se puede, entonces, hacer una tesis con este título? Habría que analizar todas las acepciones de símbolo en toda la cultura contemporánea, hacer con ellas una lista que saque a la luz las afinidades y las diferencias, ver si por debajo de las diferencias hay un concepto unitario fundamental que se reitera en cada autor y en cada teoría y si las diferencias siguen haciendo incompatibles entre sí tales teorías. Pues bien, ningún filósofo, lingüista o psicoanalista contemporáneo ha sido capaz de hacer una obra así de modo satisfactorio. ¿Cómo lo conseguiría un estudioso que hace sus primeras armas y que, por precoz que sea, no tiene a sus espaldas más de seis o siete años de lectura adulta? Podría también hacer un trabajo inteligentemente parcial, pero estaríamos de nuevo en el panorama de la literatura española de Torrente Ballester. O bien podría proponer una teoría personal del símbolo, dejando de lado cuanto han dicho los otros autores; pero en el párrafo ii.2. diremos por qué esta elección es discutible. Con dicho estudiante hubo una pequeña discusión. Se hubiera podido hacer una tesis sobre el símbolo en Freud y Jung, olvidando otras acepciones y confrontando únicamente las de los dos autores citados. Pero se descubrió que el estudiante no sabía alemán (y sobre el problema del conocimiento de las lenguas volveremos en el parágrafo ii.5.). Entonces decidimos estabilizarnos en el tema El concepto de símbolo en Peirce, Frye y Jung. La tesis examinaría las diferencias entre tres conceptos homónimos en tres autores diferentes, un filósofo, un crítico y un psicólogo; mostraría cómo en muchas argumentaciones en las que estos tres autores son sacados a colación se cometen muchos equívocos, pues se atribuye a uno el significado que en realidad es usado por el otro. Únicamente al final, a modo de conclusión hipotética, el aspirante intentaría hacer balance para mostrar si existen analogías, y cuáles son, entre tales conceptos homónimos, aludiendo también a otros autores de los que tenía conocimiento aunque, por explícita limitación del tema, no quisiera y no pudiera ocuparse de ellos. Nadie le hubiera podido decir que no consideraba al autor K, puesto que la tesis era sobre X, Y y Z, ni que citara al autor J solo traducido, puesto que se trataría de una alusión marginal, al fin y al cabo, y la tesis pretendía estudiar por extenso y en los originales únicamente a los tres autores precisados en el título.

Hemos visto cómo una tesis panorámica, sin llegar a ser rigurosamente monográfica, queda reducida a una medida justa, aceptable por todos.

Quede claro, por otra parte, que el término «monográfico» puede tener una acepción más amplia que la que hemos usado aquí. Una monografía es el tratamiento de un solo tema y como tal se opone a una «historia de», a un manual, a una enciclopedia. En este sentido, también es monográfico El tema del «mundo al revés» en los escritores medievales. Se estudian muchos autores, pero solo desde el punto de vista de un tema específico (es decir desde la hipótesis imaginaria propuesta a modo de ejemplo, paradoja o fábula, de que los peces vuelan por el aire, de que los pájaros nadan por el agua y cosas así). Haciendo bien este trabajo se lograría una óptima monografía. Pero para hacerlo bien hay que tener presentes a todos los autores que han tratado el tema, especialmente a los menores, de los que nadie se acuerda. Por lo tanto, esta tesis queda clasificada entre las monográfico-panorámicas, y es muy difícil: requiere infinidad de lecturas. Si aun y todo quisierais hacerla, haría falta restringir el campo: El tema del «mundo al revés» en los poetas carolingios. El campo se restringe, se sabe dónde hay que buscar y dónde no.

Naturalmente, es mucho más excitante hacer la tesis panorámica, pues entre otras cosas parece aburrido tener que ocuparse durante uno, dos o más años del mismo autor. Pero se comprende que hacer una tesis rigurosamente monográfica no significa en modo alguno perder de vista el panorama. Hacer una tesis sobre la narrativa de Aldecoa supone tener presente el telón de fondo del realismo español, leer también a Sánchez Ferlosio o García Hortelano y examinar los narradores americanos o la literatura clásica que Aldecoa leía. Solo insertando al autor en un panorama se lo comprende y explica. Pero una cosa es utilizar el panorama como fondo y otra hacer un cuadro panorámico. Una cosa es pintar el retrato de un caballero sobre fondo de un campo con un río, y otra pintar campos, valles y ríos. Tiene que cambiar la técnica, tiene que cambiar, en términos fotográficos, el enfoque. Partiendo de un autor único, el panorama puede ser un poco desenfocado, incompleto o de segunda mano.

A modo de conclusión recuérdese este principio fundamental: cuanto más se restringe el campo mejor se trabaja y se va más seguro. Una tesis monográfica es preferible a una tesis panorámica. Es mejor que la tesis se asemeje más a un ensayo que a una historia o a una enciclopedia.

ii.2. ¿Tesis histórica o tesis teórica?

Esta alternativa solo es válida para ciertas materias. En realidad, en materias como historia de las matemáticas, filología románica o historia de la literatura alemana, una tesis no puede ser sino histórica. Y en materias como composición arquitectónica, física del reactor nuclear o anatomía comparada, normalmente se hacen tesis teóricas o experimentales. Pero existen otras materias como filosofía teorética, sociología, antropología cultural, estética, filosofía del derecho, pedagogía o derecho internacional, en las que se pueden hacer tesis de los dos tipos.

Una tesis teórica es una tesis que se propone afrontar un problema abstracto que ha podido ser, o no, objeto de otras reflexiones: la naturaleza de la voluntad humana, el concepto de libertad, la noción de rol social, la existencia de Dios, el código genético. Catalogados así, estos temas provocan inmediatamente una sonrisa, porque hacen pensar en ese tipo de aproximaciones que Gramsci llamaba «breves guiños sobre el universo». No obstante, insignes pensadores se han ocupado de estos temas. Solo que, salvo raras excepciones, se han ocupado de ellos como conclusión de una labor reflexiva de decenios.