Con mis ojos de perro - Hilda Hilst - E-Book

Con mis ojos de perro E-Book

Hilda Hilst

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Beschreibung

Amós Kerés, matemático y profesor universitario, en suma, una persona razonable, tiene un encuentro súbito con lo inefable, "un sol-origen sin ser fuego" que no se extingue y del que han surgido todas las formas. La experiencia, tan incomprensible como incomunicable, le convierte la mente a Kerés en un torbellino que pone en riesgo la estabilidad de su ordenada vida: familia, amigos, trabajo, todo pasa a segundo plano en su búsqueda por aproximarse nuevamente a aquella expresión de lo infinito. Con mis ojos de perro es una novela que refleja el estilo propio, libre y sin moldes de la autora, precoz para su época, que desafía la atención al detalle del lector con una narrativa compleja y sin un tiempo lineal aparente.

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Seitenzahl: 61

Veröffentlichungsjahr: 2025

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COLECCIÓN POPULAR

985

CON MIS OJOS DE PERRO

HILDA HILST

Con mis ojos de perro

Traducción de PAULA ABRAMO

FONDO DE CULTURA ECONÓMICA

Primera edición en portugués, 1986 Primera edición en español, 2024 [Primera edición en libro electrónico, 2025]

Distribución en América Latina en español

© 2018, Daniel Bilenky Mora Fuentes Publicado en Brasil por Companhia das Letras, São Paulo Título original: Com os meus olhos de cão

Dibujos en portada e interiores: Hilda Hilst, Centro de Documentação Cultural Alexandre Eulálio, CEDAE (IEL, Unicamp)

D. R. © 2024, Fondo de Cultura Económica Carretera Picacho-Ajusco, 227; 14110 Ciudad de México

Comentarios: [email protected] Tel.: 55-5227-4672

Diseño de portada: Neri Ugalde Guzmán

Se prohíbe la reproducción total o parcial de esta obra, sea cual fuere el medio, sin la anuencia por escrito del titular de los derechos.

ISBN 978-607-16-8677-0 (rústico)ISBN 978-607-16-8786-9 (ePub)ISBN 978-607-16-8774-6 (mobi)

Impreso en México • Printed in Mexico

NOTA DE LA TRADUCTORA

 

Esta traducción sigue de cerca la puntuación no normativa de Hilst y procura recrear sus neologismos, respetar los momentos en que funde palabras que no suelen unirse (poreso, derrepente, devezencuando) y los repentinos y frecuentes cambios de la tercera a la primera persona del narrador. Quienes lean descubrirán que se encuentran ante un texto deliberadamente heterodoxo e irreverente ante las normas (gramaticales, morales), los géneros literarios, las autoridades y las jerarquías. Son características propias de la obra de Hilda Hilst, siempre abierta, provocadora, aporética y sorprendente.

No quise allanar el camino de quienes se aventuren por este laberinto con notas explicativas. Las pistas están dadas en el texto para quien quiera explorarlas.

Agradezco la traducción del epígrafe de Bataille a Xitlalitl Rodríguez Mendoza. La traducción de la cita de Buson es de Fernando Rodríguez-Izquierdo. Otros epígrafes y citas los traduje yo, o bien directamente de las lenguas originales (Copérnico) o bien indirectamente, vía el portugués de la autora, ya fuera porque sus originales me resultaban inaccesibles (Bhaskara) o porque tras cotejarlos con las versiones al portugués empleadas por Hilst, descubrí que éstas se desviaban de aquéllos de manera significativa (Russell, Canetti).

Las historias de algunos de los personajes de este libro (Isaiah y Kadek) están desarrolladas en Pequeños discursos. Y uno grande, de Hilda Hilst, publicado en 2024 en la colección Relato Licenciado Vidriera de la UNAM.

Esta traducción se basa en la edición de 2018 de la Companhia das Letras (Hilda Hilst, Da Prosa, vol. 2, pp. 59-101). Las ilustraciones son de la autora.

 

PAULA ABRAMO

   Vita brevis, sensus hebes, neglegentiae torpor et inutiles occupationes nos paucula scire permittent. Et aliquotiens scita excutit ab animo per temporum lapsum fraudatrix scientiae et inimica memoriae praeceps oblivio.

 

[La vida breve, el sentido embotado, el letargo de la indiferencia y las ocupaciones inútiles nos permiten conocer muy poco. Y, muchas veces, a lo largo del tiempo, el veloz olvido, engaño del conocimiento y enemigo de la memoria, sacude del ánimo hasta aquello que se sabe.]

NICOLÁS COPÉRNICO

 

 

[...] je saisis en sombrant que la seule verité de l’homme, enfin entrevue, est d’être une supplication sans réponse.

 

[Entiendo, en mi zozobra, que la única verdad del hombre, al fin vislumbrada, es ser una súplica sin respuesta.]

GEORGES BATAILLE

   A la memoria de Ernest Becker

 

A mis amigos

José Antonio de Almeida Prado

Mario Schenberg

Newton Bernardes

Ubiratan d’Ambrosio

LA CRUZ en la frente Los hechos de lo que fui De lo que seré: Nací matemático, mago Nací poeta. La cruz en la frente La risa seca El grito Me descubro rey Lentejuelado de tiniebla Cuchillos golpeando Tiempo y sensatez.

 

 

¿Dios? Una superficie de hielo anclada en la risa. Eso era Dios. Aun así trataba de aferrarse a esa nada, deslizaba heladas maromas hasta encontrar el cordaje grueso del ancla y bajaba bajaba hacia esa risa. Se tocó. Estaba vivo sí. Cuando niño le preguntó a su madre: ¿y el perro? Su madre: el perro se murió. Entonces él se tiró a la tierra cuajada de calabazas, se abrazó a una toda chueca, cilindro y cabeza ocre, y bramó: ¿cómo que se murió? ¿cómo que se murió? Su padre: mujer, este niño es idiota, quítalo de encima de esa calabaza. Se murió. Se chingó, dijo su padre, así, mira, cerró los dedos de la mano izquierda sobre la palma desplegada de la derecha y repitió: se chingó. Fue así como supo de la muerte. Amós Kéres, cuarenta y ocho años, matemático, detuvo el coche en la cumbre de la pequeña colina, abrió la puerta y bajó. Desde donde estaba veía el edificio de la Universidad. Prostíbulos Iglesia Estado Universidad. Todos se parecían. Cuchicheos, confesiones, vanidad, discursos, paramentos, obscenidades, cofradías. El rector: profesor Amós Kéres, han llegado a mi conocimiento ciertos rumores. Dígame. ¿Quiere un café? No. El rector se quita los lentes. Mastica suavemente una de las varillas. ¿De veras no quiere un café? Gracias no. Bueno, veamos, yo entiendo que las matemáticas puras evitan las evidencias, ¿le gusta Bertrand Russell, profesor Amós? Sí. Bueno, sepa que nunca se me olvida cierta frase de alguno de sus magníficos libros. ¿De los míos? ¿Ha escrito usted algún libro, profesor? No. Me refiero a los libros de Bertrand Russell. Ah. Y ésta es la frase: “la evidencia es siempre enemiga de la exactitud”. Claro. Pues bien, lo que sé sobre sus clases es que no sólo no son nada evidentes, sino que... perdón, profesor, ¿bueno? ¿bueno?, claro, querida, soy yo, ¿quién más iba a ser?, ahora estoy ocupado, claro, mi amor, pues ve y llévalo al dentista, sí sí... Amós se recorrió las encías con la lengua. También él debería ir al dentista (claro que tiene que ir), con la edad todo va empeorando y la última vez el dentista llegó a decirme, ¿cuándo fue? no importa, pero me dijo señor Amós en toda su mandíbula hay una tensión, la tensión de un ejecutivo yéndose a la quiebra, es fantástico, ¿no se despierta usted con dolor en los maxilares? Sí. Entonces es eso, tenemos que corregirle la mordida. ¿Cuánto? Ah, es un trabajo difícil. ¿Pero cuánto? (pero querida, ese niño está muy mimado, tiene que ir, ahora los dentistas son todas unas damas, déjame hablar con él, permítame un instante nomás profesor.) Adelante. Ah, dispendioso, mire, tenemos que arreglarle todos los dientes de arriba y casi todos los de abajo, y los de abajo son importantísimos, nunca se debe perder un diente de abajo, son los soportes para los futuros puentes, éste suyo de aquí abajo está todo roído. (hola, mi hijito, papá quiere que vayas al dentista, no empieces con eso, sí, te compro los tenis, marca Drops, sí, ¿qué? ¿unos shorts? ah, eso no puedo asegurártelo, ok, te los llevo te los llevo, está bien, hijito, ¿bueno? sí, soy yo ¿quién más iba a ser, querida? sí, sí va a ir, llego temprano sí chau chau.) Bueno, ¿en qué estábamos, profesor Amós? Respondo: en las evidencias. Ah, sí. Volvió a ponerse los lentes: parece que no me toma usted en serio. ¿Cómo? Me di cuenta de que sonrió de un modo un poco, digamos, profesor, de un modo condescendiente, así como si fuera yo un... ¿tonto? Será impresión suya, es sólo que yo también me acordé de una frase. Dígala, profesor. Entonces le