Pequeños discursos. Y uno grande - Hilda Hilst - E-Book

Pequeños discursos. Y uno grande E-Book

Hilda Hilst

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Varios de estos discursos ocurren dentro de la mente de sus personajes, y dejan ver un proceso de fragmentación de los sujetos, muchas veces escindidos y en diálogo con otras voces que no se sabe si se encuentran fuera o dentro de su cabeza. Es frecuente, en estos textos, la oposición entre un afuera y un adentro, siendo este último el espacio donde operan las pulsiones de libertad, la búsqueda de respuestas (que no llegan) y el contacto con lo trascendente. Los personajes se mueven mental y discursivamente fuera de las normas de la lógica, la sintaxis, la ortografía y la moral, y por ello podrían considerarse marginales. Se trata de textos densos, algunos hilarantes y otros de una ternura conmovedora, en los que el lenguaje se lleva a un estado de tensión e intensidad insólito y el ritmo hace las veces de eje estructurador.

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Seitenzahl: 86

Veröffentlichungsjahr: 2024

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PEQUEÑOSDISCURSOS. Y UNO GRANDE

Licenciado Vidriera cumple 20 años y ha contado ya 100 historias

COLECCIÓNRELATO LICENCIADO VIDRIERA

COORDINACIÓN DE DIFUSIÓN CULTURALDirección General de Publicaciones y Fomento Editorial

ÍNDICE

Introducción

Paula Abramo

Pequeños discursos. Y uno grande

El proyecto

Gestalt

Esbozo

Teología natural

Amable pero indomable

Ad Majora Natus Sum

El vicioso Kadek

Lucas, Naín

Un cálido in extremis

El gran-pequeño Jozu

Notas al pie

Aviso legal

INTRODUCCIÓN

QUIEN TENGA ARRAIGADO EL VICIO DE VIAJAR POR GOOGLE MMAPS Y ESCUDRIÑAR BARRIOS, CALLEJONES, ARRECIFES y naufragios, podrá encontrar, a unos cuantos kilómetros al noreste de la ciudad de Campinas, Estado de São Paulo, hundido en un mar de condominios horizontales con pocos árboles y muchas albercas, un manchón oscuro que semeja un vergel. Es un reducto selvático, aislado, distinto de todo lo que lo rodea, con una casa al centro, construida según el molde de las antiguas villas romanas o de los claustros conventuales: un cuadrilátero con un pequeño patio al centro. Es la Casa del Sol. Allí residió, durante 40 años, rodeada de decenas de perros y visitada por copiosos amigos, científicos y artistas, una de las mayores inteligencias literarias de Brasil: Hilda Hilst. A la sombra de una higuera que tenía el poder de cumplir deseos, Hilst gestó una vastísima obra, de casi medio centenar de títulos de poesía, teatro y ficción, radicalmente experimental y compleja, que por eso mismo tardó en encontrar lectores dentro y fuera de su lengua.

Hilda Hilst nació en 1930 en Jaú, en el interior de São Paulo. Fue hija de una portuguesa de nombre Bedecilda Vaz de Cardoso y de un brasileño acaudalado, Apolônio de Almeida Prado, poeta, periodista y terrateniente, a quien, cuando Hilst era niña, se le diagnosticó esquizofrenia paranoide. La autora describe la suya como una infancia feliz y libre. Tuvo escasos y traumáticos contactos con su padre, de quien su madre se separó cuando ella era aún muy pequeña. No obstante, tanto la figura paterna, idealizada por la autora, como el tema de la locura, fueron fundamentales para su producción literaria. Preguntona incesante, la niña estudió durante ocho años en un internado de monjas, en São Paulo, donde mostró los primeros intereses místicos. En esa misma ciudad estudió más tarde la preparatoria, viviendo con una gobernanta alemana, y luego la carrera de derecho. Su condición económica le permitió viajar por Europa y Estados Unidos y vivir una vida agitada de fiestas, reuniones, glamour y libertad sexual, mientras publicaba sus primeros dos libros de poesía, hasta que, a inicios de la década de 1960, su vida dio un vuelco. Inspirada por Carta al Greco, de Nikos Kazantzakis, decidió que era el momento de concentrarse seriamente en la escritura, de aprovechar el tiempo de su vida para seguir su vocación. Entonces construyó la Casa del Sol en los terrenos de la hacienda de su madre, sitio en el que vivió desde los 33 años hasta su muerte, en 2004.

Recluida allí, Hilst pudo enfocarse exclusivamente en su trabajo artístico, en la lectura de sus autores favoritos1 y en la investigación de fenómenos paranormales2 y de textos científicos y religiosos. Si su primera producción fue poética, en la década de 1960,3 luego del inicio de la dictadura militar, sintió una urgencia de comunicación que la llevó a escribir ocho obras de teatro que denunciaban, de maneras oblicuas, el ambiente de opresión de la época.

En 1970, Hilst publicó un primer libro de ficción, Fluxo-Floema, y a continuación Kadosh (1973). En 1977, durante los años de plomo de la dictadura militar, Edições Quiron reeditó en un solo volumen titulado Ficções (Ficciones) estas dos obras previas junto con los Pequeños discursos. Y uno grande, hasta entonces inéditos.

Se trata de textos breves, en algunos de los cuales, como en el teatro de la década anterior, se percibe un ambiente de opresión, aunque no existen referentes espaciales o históricos concretos. De hecho, varios de estos discursos ocurren dentro de la mente de sus personajes, y dejan ver un proceso de fragmentación de los sujetos, muchas veces escindidos y en diálogo con otras voces que no se sabe si se encuentran fuera o dentro de su cabeza. Es frecuente, en estos textos, la oposición entre un afuera y un adentro, siendo este último el espacio donde operan las pulsiones de libertad, la búsqueda de respuestas (que no llegan) y el contacto con lo trascendente. Los personajes se mueven mental y discursivamente fuera de las normas de la lógica, la sintaxis, la ortografía y la moral, y por ello podrían considerarse marginales. Se trata de textos densos, algunos hilarantes y otros de una ternura conmovedora, en los que el lenguaje se lleva a un estado de tensión e intensidad insólito y el ritmo hace las veces de eje estructurador.

Es en la prosa, siempre poética, donde en realidad se encuentran los ejemplos más transgresores y experimentales de la obra de Hilst. La autora jamás se censuró y habló sin tapujos del cuerpo y del sexo, recurriendo a veces a lo grotesco y escatológico, que nunca están desvinculados de lo sagrado. Inspirada, irreverente, deseosa de transmitir a otros su intensidad, increpó a los seres supremos, acosándolos con preguntas, apodándolos de maneras descabelladas, y vivió en estado constante de conmoción ante el milagro y la complejidad de la existencia.

En una entrevista de 1980, la autora aclara que escribe “impulsada por una compulsión ética que, en mi opinión, es la única importante para cualquier escritor: la de no pactar. Para mí, no transigir con lo que se nos impone como la mentira circundante es una actitud visceral del alma, del corazón, de la mente del escritor. El escritor es aquél que dice ‘No, no participo en el engaño creado para embaucar a la gente”. Así, “el lenguaje, la sintaxis, se convierten intrínsecamente en el acto político de no pactar con lo que nos rodea y trata de enredarnos con su embuste, con su mentira tramposamente seductora y bien armada”.4

Sería arriesgado, pero no imposible, trazar un paralelo entre las características de estos personajes hilstianos y la marginalidad de la propia autora dentro del sistema literario brasileño de su tiempo: su obra, compleja y transgresora, se desarrolló en medio del silencio casi absoluto de la crítica y se publicó a duras penas a veces financiada parcialmente por la propia autora a través de pequeños sellos con tirajes minúsculos y una distribución limitada, lo que dificultó que llegara a los lectores. Hilst, que siempre se mostró segura de la extraordinaria calidad de su trabajo, lamentó una y otra vez la falta de lectores, traducciones y trabajos críticos sobre su obra. Era conocida, pero como una autora de culto, excéntrica y oscura. El que se la tachara de incomprensible era algo que le dolía especialmente. Convencida de que la obra debía sostenerse por sí misma, sin necesidad de la figura del escritor, Hilda se resistía a participar en eventos y presentaciones públicas de su trabajo, aunque recibió algunos de los premios de literatura brasileña más importantes y con frecuencia concedía entrevistas a periódicos y revistas.

Tras décadas de ascesis literaria, con casi 40 títulos publicados, entre ellos algunos de sus libros más célebres, como La obscena señora D.,5 Hilst, de 60 años de edad, ya con algunos problemas económicos y frustrada ante la escasa comunicación que había logrado con el público, decidió emprender la escritura de libros pornográficos, y así nació su provocador ciclo obsceno, que agrupa tres obras de ficción: O caderno rosa de Lori Lamby (1990), Cuentos de escarnio/Textos grotescos6 (1990) y Cartas de un seductor,7 así como el poemario Bufólicas (1992).8 En ellos, lo obsceno, que siempre había estado presente en su obra, pasa a un primer plano. Son libros desbocados, exuberantes en humor, erudición e intertextualidad, tan densos y ricos como los considerados “serios”. La publicación del primero de ellos causó escándalo y, ciertamente, este giro llamó la atención de la prensa y dio una mayor visibilidad a la autora. En la década siguiente, a partir del año 2000, su obra comenzó a recircular gracias a la Editora Globo.

El editor y crítico literario Alcir Pécora, que estuvo al cuidado de la obra reunida editada por Globo, considera que, además de la poca circulación de los libros, uno de los factores que dificultaba la apertura de espacios para la obra de Hilst era la preponderancia de las premisas estéticas del modernismo, especialmente fuerte en el estado de São Paulo durante gran parte del siglo XX. La obra hilstiana no encajaba en el gusto modernista, que tendía a preferir los referentes concretos y la oralidad, distanciándose de lo sublime y las cavilaciones metafísicas. Al envejecer el modernismo, se abrieron espacios para la recirculación y el estudio de otro tipo de voces.9

Los textos de Hilst no se entregan en una primera lectura, que a menudo no deja mucho más que el asombro del ritmo y la intuición de la complejidad. Poco a poco van abriéndose, en sucesivas lecturas, sin revelar del todo sus secretos.

En 2016, los derechos de sus obras fueron adquiridos por la Companhia das Letras, que ha publicado Da prosa (en dos tomos) y Da poesia, en los que es posible leer toda la obra poética y de ficción de la autora, mas no su producción teatral ni las crónicas semanales que escribió entre 1992 y 1995 para el Correio Popular de Campinas. Hasta el momento, no existe una edición de la obra completa de Hilst en portugués.

Hoy en día su literatura ha merecido ya varios cientos de artículos periodísticos y trabajos académicos en Brasil y en el mundo, y las traducciones van, poco a poco, apareciendo. En nuestra lengua hay todavía un inmenso trabajo por hacer para dar a conocer la obra de Hilda Hilst.10 El camino se antoja lleno de deleite, asombro y carcajadas para quien se atreva a recorrerlo.

Sobre esta traducción

Esta traducción está basada en la edición Da prosa