Conceptos y formas de la estética - William Álvarez Ramírez - E-Book

Conceptos y formas de la estética E-Book

William Álvarez Ramírez

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Beschreibung

Conceptos y formas de la estética es un libro con base en los conceptos de técnica y conformidad a fin, imaginación, sensibilidad y conciencia estética. Orientado desde la descripción y al análisis de la estética en la filosofía de Emmanuel Kant, en particular en la Crítica de la facultad de juzgar deriva hacia una reflexión estética hermenéutica y comprehensiva que comporta una teoría de la naturaleza del arte y de la creación artística. La sensibilidad y la imaginación son fundamento para la explicación de los procesos que dan origen a la realización de las acciones (y actividades) cognitivas e intelectivas, éticas y prácticas, estéticas y artísticas. La sensibilidad es principio de la imaginación reflexiva de carácter trascendental y fundamento del sujeto estético y de la conciencia estética. La CfJ contiene en su fundamento un sistema que hace posible la construcción de una filosofía del arte. Otros conceptos constitutivos de dicha filosofía del arte, conformidad a fin, técnica, perfección e idea estética, son fundamento de la noción de autonomía estética y la comunicación de los pensamientos en cuanto formas de síntesis cognitiva o estética. El libro indaga la relación entre la imaginación y el entendimiento, la asociación de las intuiciones a los conceptos y de estos a las intuiciones al confluir en ideas de razón y en ideas estéticas. Cómo el acto de subsunción de la facultad de juzgar equivale en el arte al sentimiento interior singular y realiza un tránsito de su interés individual a un interés universal de complacencia.

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Seitenzahl: 551

Veröffentlichungsjahr: 2020

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Álvarez Ramírez, William

Conceptos y formas de la estética: sensibilidad y conciencia estética, imaginación, conformidad a fin/ William Álvarez Ramírez. -- Cali : Programa Editorial Universidad del Valle, 2020.

356 páginas ; 21.5 cm. -- (Colección Artes y Humanidades - Filosofía)

1. Estética - 2. Filosofía del arte - 3. Sensibilidad estética 4. Juicio - 5. Imaginación - 6. Bellas artes

701.17 cd 22 ed.

A473

Universidad del Valle - Biblioteca Mario Carvajal

 

Universidad del Valle

Programa Editorial

Título: Conceptos y formas de la estética: sensibilidad y conciencia estética, imaginación, conformidad a fin

Autor: William Álvarez Ramírez

ISBN: 978-958-5156-30-2

ISBN-PDF: 978-958-5156-29-6

ISBN-EPUB: 978-958-5156-31-9

DOI: 10.25100/peu.451

Colección: Artes y Humanidades-Filosofía

Investigación

Primera edición

Rector de la Universidad del Valle: Édgar Varela Barrios

Vicerrector de Investigaciones: Héctor Cadavid Ramírez

Director del Programa Editorial: Omar J. Díaz Saldaña

© Universidad del Valle

© William Álvarez Ramírez

Diseño de carátula y diagramación: Dany Stivenz Pacheco Bravo

_______

Este libro, o parte de él, no puede ser reproducido por ningún medio sin autorización escrita de la Universidad del Valle.

El contenido de esta obra corresponde al derecho de expresión del autor y no compromete el pensamiento institucional de la Universidad del Valle, ni genera responsabilidad frente a terceros. El autor es el responsable del respeto a los derechos de autor y del material contenido en la publicación, razón por la cual la Universidad no puede asumir ninguna responsabilidad en caso de omisiones o errores.

Diseño epub:Hipertexto – Netizen Digital Solutions

CONTENIDO

PREFACIO

INTRODUCCIÓN

La actualidad de la Crítica de la facultad de juzgar: Las condiciones de posibilidad del arte

El proyecto estético: la conformación y el giro estético de CfJ

CAPÍTULO 1

LA SENSIBILIDAD: EL DEVENIR EN LA CONCIENCIA ESTÉTICA COGNITIVA Y DEL SUJETO EN EL ARTE

El devenir en la conciencia estética cognitiva y del sujeto en el arte

Arte, idea estética y lo suprasensible

La obra de arte como función de la sensibilidad: Las formas del juicio y el sujeto estéticos

Razón sensible dialógica: el juicio estético y su comunicabilidad

El juicio estético: identidad y reconocimiento

Singularidad y peculiaridad del juicio estético

CAPÍTULO 2

LAS FORMAS DE LA IMAGINACIÓN

Imaginación y representación: reflexión y objeto

Hacer una imagen desde el múltiple de la intuición

Imaginación: la síntesis y la subjetividad o del sentido interno

La imaginación, el esquema, la figura y el símbolo: en el juego de las fuerzas representacionales

La crítica de la imaginación estética

CAPÍTULO 3

LA CONFORMIDAD A FIN

Las formas de la conformidad a fin

Técnica, método, lógica y conformidad a fin

Técnica, perfección y conformidad a fin del producto real

Del continuum de la creación misma por el hombre

Finalidad: el mundo desde lo singular y lo particular

El genio: singularidad y finalidad de la naturaleza

ACAPITE FINAL

Ética y estética: extraposición, ejemplo y comportamiento estético

REFERENCIAS

NOTAS AL PIE

PREFACIO

CONCEPTOS Y FORMAS DE LA ESTÉTICA

Este libro es una indagación hermeneútica de los principios y los conceptos que sustentan la filosofía estética en la obra de Immanuel Kant. El sistema de la filosofía crítica de Kant contiene un amplio conjunto de conceptos en los que se fundamentarán el desarrollo de la estética y la subjetividad moderna: sentimiento y estado estético, experiencia estética, juicios de la sensibilidad, imaginación, creatividad, talento, habilidad, aptitud, ejemplo y validez ejemplar, analogía y formas simbólicas, conformidad a fin y, estructura, proceso, forma y formación. La estética autónoma se constituirá en una disciplina con los aportes kantianos y referencia ineludible en el desarrollo de la estética moderna-contemporánea en sus diferentes modalidades de investigación. De los planteamientos de la Crítica de la facultad de juzgar se desarrollaron las estéticas idealistas, la histórico-hermenéutica en sus dos orientaciones: la ontológica y la crítica, la fenomenológica, el realismo socio-dialéctico, entre otras. La estética kantiana es además un referente de las disciplinas autónomas de las teorías del arte, en las que se inscriben los estudios sobre las formas particulares del arte y sus modos singulares de composición.

El método que hemos seguido en este libro está demarcado por tres conceptos que son los principios fundamentales de la estética kantiana: el primero es el principio a priori de conformidad a fin, en el cual se comprende de modo eminente el principio de reflexión. La conformidad a fin (Zweckmässigkeit) constituye un principio de carácter subjetivo desde el cual se produce el sujeto estético, quien, desde la facultad de juzgar, abstrae por analogía la “técnica de la naturaleza” en la forma y, la hipotiposis simbólica y esquemática (presentación); conceptos que para la estética se expresa en su categoría central: las obras del arte. Con Kant ya es posible concebir el arte tanto conceptual como relacional, pues en ello consiste toda referencia de un juicio estético que tiene origen en el sujeto, para sí, sobre un objeto. Kant llama conformidad a fin a aquello cuya existencia presupone una representación de la cosa misma que se especifica en formas empíricas “con su contenido supra-empírico de significación” (Rüdiger, 2010, p. 371), en el objeto estético, en las formas del arte. La apercepción (sentido interno), fundamento del espíritu, establece la condición de posibilidad del sujeto y del objeto, y la condición de posibilidad del yo en cuanto sí mismo. En consecuencia, se da la posibilidad de la experiencia estética como principio de construcción inteligible del mundo. El espacio de relación abierto entre los sujetos y de estos con el objeto expresarán uno de los problemas centrales de la CfJ, en el que se definen las posibilidades y el sentido de la experiencia: las implicaciones entre libertad, naturaleza, arte y necesidad.

Del principio de conformidad a fin se derivan conceptos ontológico-prácticos que son constitutivos de una filosofía del arte: perfección, técnica, función, obra de arte e idea estética, esta última fundamenta la noción de autonomía estética. En esta perspectiva es posible explicar los ámbitos estéticos del arte que comprenden la recepción y la producción del objeto como forma simbólica, sus relaciones con el mundo social y su génesis como síntesis del sujeto y la cultura. En términos de Kant, en los modos en que se específica la naturaleza.

El segundo concepto es la imaginación y su función de síntesis trascendental. Este principio permite explicar las condiciones de inteligibilidad y conformación de sus objetos, de las obras, de la construcción estética del mundo; además, de la sensibilidad el principio de la imaginación reflexiva de carácter trascendental, fundamento del sujeto y su conciencia estética, en su doble condición: subjetiva reflexiva y empírica objetiva. Se comprende con esto, de una parte, la función de fuerza representacional de la imaginación y de otra parte, su relación directa con la función del juicio estético reflexivo que constituye la base del acto de juzgar y la conformación específica de los modos de pensar: lógico-estéticos. La imaginación y el juicio estético reflexionante son, por tanto, la actividad singular de la unidad sintética de apercepción (sentido interno) y de los modos de cognición. La experiencia sensible, dada por la aprehensión de la intuición y la comprehensión en la unidad de la apercepción en la conciencia, se transforma en experiencia estética absoluta (totalidad del mundo). Con esta, “la insondable idea de la libertad” del individuo establece en el sentimiento de gusto “la facultad de juzgar aquello que hace universalmente comunicable nuestro sentimiento a propósito de una representación dada y sin mediación de concepto” (CfJ, § 9). La comunicabilidad de este sentimiento se produce a partir del juicio estético que, en su definición general, es aquel predicado, dice Kant, que tiene como fundamento de determinación la representación de una sensación única que es meramente subjetiva, el sentimiento de placer y displacer.

La función de la reflexión aparece aquí como un momento fundamental en sus tres modos, a saber: a) en el carácter metodológico de reflexión trascendental, b) en el modo lógico y c) en el modo de autoreflexión. En a), mediante el carácter metodológico de la reflexión trascendental se establece la aplicación empírica y trascendente del entendimiento que, en un juicio estético puro, permite que la reflexión de la facultad de juzgar estética (trascendental) logre su adecuación con la razón (y que aun sin concepto determinado) posibilita la conformación, para nuestro caso, de la conciencia estética. Se da aquí la experiencia humana del producir (poiesis y autopoiesis) intencionalmente con arreglo a fines. En las observaciones del § 29, Kant advierte que la imaginación, de acuerdo con el esquematismo de la facultad de juzgar, es un poder que afirma nuestra independencia y la propia destinación del sujeto. De forma que la “reflexión de la facultad de juzgar estética, para elevarse hasta la adecuación con la razón, representa al objeto como subjetivamente conforme a fin, para la razón (como facultad de las ideas)” (CfJ, § 29).

b) Mediante el modo lógico la reflexión posibilita un principio por el cual la “naturaleza se puede pensar según leyes empíricas” como un “principio para el uso lógico de la facultad de juzgar”. La forma lógica general se muestra en la forma de relación recíproca entre el concepto universal y lo empírico particular, creando al tiempo una clasificación y una especificación. Esta relación contiene ya una dialéctica y una concepción metodológica plenamente moderna y será el fundamento de todo el pensamiento filosófico y científico, de la cultura en particular y del pensamiento estético posterior. La operación de la reflexión es una función para la construcción de conceptos y formas en el proceso de discernimiento, de comparación y de abstracción, que es al mismo tiempo de diferenciación. Las consecuencias de dicha operación son claves en el proceso de la producción artística al construir contenidos a modos de interpretación e interpelación del mundo. Lo que permite encontrar, además, el enlace y el rasgo común para la subsunción de lo particular en lo universal, de lo singular y de lo parcial (la parte) en la totalidad; en lo general, la unidad entre lo objetivo y lo subjetivo, lo consciente y lo inconsciente. En esta última relación se muestra la peculiaridad de la reflexión estética. El juicio estético reflexionante, al especificarse en la obra de arte como un modo de la conformidad a fin, presupone o busca mostrar una totalidad del mundo y su realidad objetiva. De ahí que la particularidad se constituye en el elemento central y decisivo en la producción o creación artística. En el § 43 Kant establece que debe llamarse “arte sólo a la producción por libertad, es decir, a través de un arbitrio que pone razón en el fundamento de sus acciones”. Lo que se complementa en el § 44: “el arte bello tiene por medida la facultad de juzgar reflexionante y no la sensación de los sentidos”. Se configura así el principio de la estructura o el sistema de la estética en general y con ello, la conformación individual de las obras del arte y la definición del arte como un momento final de determinación según sus propias reglas. La obra de arte es pues individual, única y en ella se integran, particularidad, singularidad y totalidad. En este sentido podemos leer el § 46 de la CfJ:

todo arte supone reglas, por cuyo establecimiento viene primeramente a ser representado como un posible producto, si ha de ser llamado artístico. El concepto del bello arte no permite, sin embargo, que el juicio sobre la belleza de su producto sea derivado de regla alguna que tenga por regla de determinación un concepto. No puede el arte bello inventarse la regla según la cual deba poner en pie su producto.

c) Finalmente podemos afirmar que el concepto de reflexión se presenta al modo de autoreflexión. Seguimos en parte la noción de Menke quien señala que “la experiencia de lo bello es el medio de una reflexión y en esta, no sucede más que una autoreflexión de las ejecuciones sensible habituales” (Menke, 2011, p. 127). Desde la autoreflexión se constituye el sujeto estético, los ámbitos de la sensibilidad y la axiología estética de configuración del mundo, al tiempo que la recepción y juicios de interpretación hermenéutica de las obras del arte. A partir de esto se deriva la relación sujeto y obra, aparece la subjetividad estética y una posibilidad de determinación que adquiere una función de intencionalidad proyectiva (teleológica). La conciencia estético-cognitiva, (la apperceptio comprehensiva) y la imaginación (Einbildungskraft), son conceptos que sirven de fundamento para la comprensión de la unidad (identidad) del sujeto y de la libertad o una cierta capacidad de propósito, en lo cual subyace el concepto de acto de espontaneidad de las facultades de conocimiento y de las fuerzas del ánimo. Esta espontaneidad es la función o la operación inherente del acto de la facultad de juzgar (discernir, comparar, especificar) y del juicio estético de reflexión que permite dar cuenta del a priori que hay, para el sujeto, en la experiencia de la belleza artística o natural. Se implica así la comprensión de la totalidad del mundo en la obra de arte, en cuanto momento objetivo o concreto de la síntesis del juego entre la imaginación y el entendimiento.

La sensibilidad es el tercer concepto analizado en este libro, que, en su condición de fuente de conocimiento en la filosofía estética kantiana, sirve de base para la explicación de los procesos originarios de la conciencia estética en los cuales se realizan, con diferencias de grado, todas las acciones y actividades intelectivas, cognitivas, artísticas y estéticas. La sensibilidad es la capacidad de receptividad, en ella se origina la sensación, por la cual nos son dados los objetos. De esta condición se deriva el principio que dice: “Sin sensibilidad no nos sería dado objeto alguno; y sin entendimiento ninguno sería pensado” (CrP, B75). El sentimiento nace de la sensación de los sentidos, materia del fenómeno, cuando es acompañada de la reflexión o de una determinación de la voluntad. El sentimiento como fenómeno se constituye en un estado del ánimo. Este es un concepto y disposición que constituye el substrato de la vida subjetivo-anímica, de la cual se desprende la esfera de la existencia autoreferida. El sentimiento a priori de placer y displacer es el único que en ninguno de los momentos del sujeto, sea trascendental, empírico o psicológico, puede llegar a ser concepto de un objeto y, no obstante, será necesariamente comunicable. El sentimiento de placer y displacer contenido en esta experiencia conlleva tanto a la contemplación del objeto como a la escisión del sujeto por la finitud humana, y así, a la comprensión de la totalidad del mundo del sujeto estético.

En este punto se busca explicar, partiendo de la formación de la conciencia estética, los aspectos de la identidad y el reconocimiento, en el contexto de las relaciones entre el sentido interno y el sujeto autoreflexivo. La comunicación de los pensamientos, en cuanto principios de las formas de síntesis cognitiva o estética, supone como condición la relación entre la imaginación y el entendimiento. Con la cual se logra la asociación de las intuiciones a los conceptos y de estos a las intuiciones de modo que confluyan en ideas de razón y en ideas estéticas. Se produce un conocimiento trascendental de tipo estético y ético, por el cual, dice Kant, el arte se constituye, por analogía con los modos del hablar de que se sirven los hombres para comunicarse unos a otros, en un modo de expresión o de lenguaje. Se produce una razón dialógico-estética y un principio subjetivo de subsunción y de reconocimiento del otro, cuyo fundamento, advierte Kant, es el “juicio de gusto atribuido a todos como deber”. Por ello, “la imaginación, en su libertad, despierta al entendimiento y este, sin conceptos, pone a aquella en un juego regular, comunica la representación no como pensamiento, sino como sentimiento interior de un estado de ánimo conforme a fin” (CfJ, § 40) que se objetiva en la obra artística, con referencia a la condición singular de un sujeto (particular) que sólo se comprende imaginado e inteligido en el otro. El acto de subsunción de la facultad de juzgar equivale, en este caso, al sentimiento interior particular que realiza un tránsito de su interés individual a un interés universal de complacencia o reconocimiento en el sensus communis.

Como corolario, se busca mostrar que la Crítica de la facultad de juzgar contiene una estructura de conceptos para una estética autónoma y una filosofía de la creación artística que posibilita la explicación de formas del arte moderno-contemporáneo1, de los modos de producción estética del mundo y su consecuente experiencia estética. En el § I de la Introducción a la CfJ, “La filosofía como sistema”, Kant realiza una distinción en el sistema de proposiciones, en particular de las “proposiciones prácticas” diferenciadas de las teóricas. Las obras del arte, de acuerdo con este sistema, en la explicación de las formas del arte moderno, responde a la idea kantiana de las proposiciones prácticas; estas conforman un modo particular y peculiar (estético), ya que al “enunciar de manera inmediata la posibilidad de un objeto por medio de nuestro arbitrio, pertenecen al conocimiento de la naturaleza” humana “y a la parte teórica de la filosofía”, la estética: solo en aquellas proposiciones prácticas que “presentan como necesaria la determinación de una acción meramente por la representación” que es, a su vez, la “causa de la efectividad del objeto” solo con referencia al sujeto, en cuya obra, actuación o hacer se funde un concepto de la voluntad en cuanto fin de la facultad de desear. Del sentimiento de placer y displacer. Se explican así los ámbitos estéticos, la producción y la recepción del arte; las formas simbólicas y sus relaciones con el mundo social, y su génesis como síntesis del sujeto y la cultura; los ámbitos funcionales del arte según el juego, la utilidad y lo agradable. Esto permitirá describir la vigencia y aplicación tanto estética como hermenéutica del esquema conceptual expuesto por Kant.

Este estudio ha buscado comprender, explicar e interpretar los conceptos fundamentales del proyecto estético kantiano que permiten describir lo que denominamos: las condiciones de posibilidad del arte y de la poeisis aesthetica. También, la función, aplicación y permanencia de dichos conceptos en el desarrollo de conformación de la estética general en cuanto disciplina autónoma: una filosofía de la creación artística. Dicho estudio, en términos metodológicos, ha implicado la explicación del entramado del sistema categorial de la Crítica de la facultad de juzgar. Además requirió una indagación histórico-evolutiva de conceptos claves en el “proyecto estético” kantiano. Partiendo de algunas de las obras precríticas, entre estas: Observaciones acerca del sentimiento de lo bello y lo sublime, la Dissertatio: Forma y principios del mundo sensible e inteligible, hasta algunos fragmentos de las obras póstumas y la Antropología que recuperan aspectos importantes para una clara definición de las categorías y conceptos de la estética en Kant, tales como gusto, sensibilidad, forma y materia, mundo. Se realizó un seguimiento a la Correspondencia de Kant, en la edición realizada por Paul Guyer, en particular las cartas que comprende el periodo entre 1764 y 1790. Para nuestro caso tuvo un carácter general introductorio con énfasis en la evolución de los conceptos que consideramos claves en el desarrollo de la concepción y escritura de la Crítica de la facultad de juzgar. Es importante tener presente que los conceptos y el proyecto estético kantiano no se configura de manera lineal, aunque el mismo autor considere la CfJ como la culminación de su sistema de la razón pura. Se revisó sumariamente el proceso de redacción y publicación de la CfJ; de acuerdo con el seguimiento que al epistolario de Kant realizan Giorgio Tonelli y Marco Sgarbi las introducciones y algunos parágrafos de esta Crítica se integraron a la obra en un proceso de cuatro años entre 1786 y 1790.

Si bien este trabajo no se centra en una reconstrucción de la historia del texto que conforma la CfJ, sí atiende y considera algunos de los momentos de su redacción de acuerdo con sus propias consideraciones en la Correspondencia, pero no se enfoca en las vicisitudes de la vida de Kant en cada uno de estos momentos. Hace un seguimiento estrictamente necesario a la forma y al uso de los conceptos y la variación de estos en los diferentes momentos de la redacción de la obra o respecto a otras obras anteriores, en lo que respecta a la composición teórica final de la CfJ y a la fundación de una teoría estética. Igualmente debemos advertir que este trabajo busca la concordancia con otras obras, en términos hermenéuticos, especialmente respecto a la CrP, la CrPr y la Antropología de modo tal que nos permita dar cuenta de la unidad conceptual y sistémica en el pensamiento kantiano en lo que refiere a la formación del sujeto artístico y la conciencia estética, a las condiciones de posibilidad del arte y del pensar estético y la creación estética general.

De acuerdo con lo expresado hasta aquí, este libro comprende tres capítulos que recogen los temas planteados en el sistema categorial de la estética kantiana. Una primera parte introductoria con la exposición del esquema general de la estructura de la CfJ. En la que se da cuenta del periodo comprendido entre 1764 y 1770 donde se prefiguran conceptos claves del pensamiento crítico en la relación entre sensibilidad e inteligibilidad, esto es, entre sensibilidad y entendimiento, mundo material concreto y forma, conocimiento sensible y sentimiento estético.

El primer capítulo se aplica a los problemas de la sensibilidad con las formas del juicio estético en general según sus tipos: teóricos, empíricos y puros, y de sus modos particulares como juicios de gusto o estéticos de los sentidos, de reflexión y teleológicos. En esta parte se indaga como tema de fondo los problemas del gusto y la deducción de los juicios respectivos tanto en sus condiciones a priori como empírica, a partir de lo cual se estudian los principios del sentimiento de placer y displacer en la conformación del mundo de la vida del sujeto, de su experiencia estética y su inclinación a la complacencia en concordancia directa con el sentido de la experiencia de lo agradable y de lo bello artístico. Esta relación de complacencia con su sentido experiencial comprende una relación analítica entre el sujeto y el objeto. En el capítulo se introducen también las relaciones entre las fuerzas representacionales del conocimiento: la imaginación en su aprehensión espontánea de los objetos y del entendimiento que brinda los principios lógicos por los cuales se orienta la imaginación para la producción de objetos en general y de experiencia, además del mundo de la vida.

En el segundo capítulo se presenta el concepto de imaginación y las formas de la síntesis. Capacidad y fuerza anímica que están en el fundamento de la constitución de los juicios estético y de reflexión, de las obras del hacer artístico y de la especificación de la naturaleza en cuanto realidad social: la cultura, el trabajo y las formas de la socialidad (civilidad. Ha sido necesario recabar en este punto el “cambio” que Kant realiza del concepto de imaginación y síntesis de la edición A y la edición B de la CrP. El concepto “acto de síntesis de la imaginación” se presenta en la edición A en diferentes enunciados: síntesis de la aprehensión, síntesis reproductiva de la imaginación, síntesis del reconocimiento en el concepto (como condición de identidad necesaria del objeto). En la edición B, la forma de la triple síntesis de la imaginación quedará subordinada a la unidad originario-sintética de la apercepción, principio supremo de todo uso del entendimiento: el Yo pienso. Retoma de la primera síntesis de la aprehensión la relación entre los conceptos de determinación, espontaneidad e imaginación. La síntesis de lo múltiple de la sensibilidad se comprende en dos formas: la figurativa, que se refiere a la intuición sensible y que se caracteriza por ser posible y necesaria, y la síntesis intelectual, que corresponde al enlace del entendimiento. La diferencia entre ambas se específica en que esta última corresponde solo al entendimiento sin acción de la imaginación. Desde aquí y, en su relación con el estudio de la imaginación y la sensibilidad, se podrán indagar los aspectos del sentido interno y la formación de la subjetividad y su valor como conciencia estética. Relaciones desde las cuales, con base en la CfJ, se obtiene la experiencia de la validez intersubjetiva de los hechos estéticos mediante los cuales se dará paso a la comprensión del otro y de su reconocimiento tanto subjetivo como objetivo.

Finalmente, el tercer capítulo comprende los aspectos subjetivos del uso lógico y del uso real de la conformidad a fin de la naturaleza y su analogía, en la consecuente fundamentación del proceso de conformidad a fin de la creación o producción artística. El concepto de conformidad a fin es transversal a la obra Crítica, en particular en la CrP, y Los progresos de la metafísica. En lo que respecta a la CfJ, se hace énfasis en el carácter nuclear que presenta en dicha obra; en particular en las Introducciones y en el “tercer momento de la deducción del juicio de gusto” en la “Analítica de lo bello”. El concepto de conformidad a fin es además, en toda la segunda parte, la “Crítica de la facultad de juzgar teleológica”, el fundamento del método, mediante el cual Kant le atribuye el orden del mundo al sujeto, al tiempo que sirve de raíz común para explicar, tanto el principio racional de autorepresentación de todo fin práctico del hombre y el carácter óntico de toda creación artística como la construcción epistemológica del mundo en cuanto orientada a una función y un fin determinados.

Esta vuelta al pensamiento estético kantiano a partir de las nociones de los juicios estéticos, permitió explicar los juicios de valoración de los objetos estéticos y artísticos tanto dentro del arte como fuera de él, y realizar juicios de valoración de tipo analítico y hermenéutico para la comprensión del mundo, y en particular, los lenguajes y el mundo del arte contemporáneo.

Finalmente quiero agradecer al profesor y colega Mauricio Zuluaga, quien con su diligente lectura y sus valiosos comentarios y observaciones me permitió dar forma decente y alguna coherencia a las ideas aquí expresadas. También agradezco al profesor Omar Diaz, director del Programa Editorial por hacer posible este proyecto; igualmente a los profesionales de la Editorial, cuyo oficio da forma tangible a las ideas, mi sincera gratitud.

Abreviaturas

CfJ

Crítica de la facultad de juzgar.

CrP

Crítica de la razón pura.

CrPr

Crítica de la razón práctica.

Pm

Los progresos de la metafísica.

Fp

Forma y principios del mundo sensible y de mundo inteligible.

Ant.

Antropología en sentido pragmático.

FmC

Fundamentación de la metafísica de las costumbres.

Id

Idea para una historia universal en sentido cosmopolita.

RpI

Respuesta a la pregunta que es la Ilustración.

Corr

Correspondencia.

NF

Notes and Fragments.

OP

Opus Postumum.

INTRODUCCIÓN

LA ACTUALIDAD DE LA CRÍTICA DE LA FACULTAD DE JUZGAR: LAS CONDICIONES DE POSIBILIDAD DEL ARTE

La Crítica del juicio es la coronación del edificio del pensamiento kantiano. Lo que Kant expuso en ella conceptualmente hubo de actuar en el presente inmediato como fuerza viva. Contiene en sí el elemento más grande y más influyente de la historia de nuestra cultura: el gran filósofo piensa al gran artista: Kant construye el concepto de la poesía de Goethe.

Historia de la filosofía moderna

W. WINDELBAND

La Crítica de la facultad de juzgar es la teoría más radical del sujeto moderno que para la cultura estética nos propone Immanuel Kant. Es la crítica de una razón estética reflexiva-teleológica y una teoría de las condiciones trascendentales y empíricas de posibilidad del arte: de producción del mundo a través del arte. Es también la analítica del sentimiento, de un estado estético y de sus categorías a priori. Es el fundamento de una analítica y el método de los juicios para la validez e inteligibilidad del arte y de sus obras con referencia a un sujeto y al mundo de la cultura en que se realizan y se comprenden. La CfJ, en palabras de su autor, completa el sistema filosófico de la Crítica de la razón pura. En ella se expone un giro estético frente a la clásica explicación, interpretación y determinación del concepto de lo bello, de las propiedades de la belleza como también de los juicios posibles al respecto. Contiene también los diferentes aspectos antropológicos y ontológicos que hacen de fundamento de los mismos: el sentimiento de placer, el gusto, la imaginación, las ideas estéticas, la comunicabilidad del sentimiento interior o estado del ánimo y la singularidad del sujeto artístico, entre otros. El giro estético, que es un desarrollo cualitativo, se puede advertir en la crítica y ruptura con las “teorías” del arte, de la belleza y de lo sublime que le son precedentes. Kant se propone además una redefinición del juicio de gusto y una reordenación de la relación entre el objeto y el sujeto. Respecto al sujeto, replantea el sentimiento de placer y displacer en tanto segunda facultad o capacidad del alma, mediadora entre la facultad de conocimiento y la facultad de desear. Este sentimiento está necesariamente enlazado con la facultad de juzgar que, siendo facultad superior del conocimiento, está a su vez contenida entre el entendimiento y la razón. El giro estético se expresa con el cambio de interpretación de la estética: de doctrina de los sentidos en la CrP al de Crítica de la facultad de juzgar estética. En esta interpretación se explica la transformación tanto en la comprensión de la materia de la sensación como de la experiencia perceptiva y del sentimiento hacia el objeto que las genera2. Kant debate y replantea de modo riguroso la diversidad de problemas que se presentarán a la estética o los modos del conocimiento sensible y, en consecuencia, las cuestiones del arte propuestas por diversos filósofos y artistas durante todo el siglo XVIII. Sus reflexiones referidas a los problemas de la imaginación, a las ideas estéticas, a la sensibilidad frente a la certeza de la percepción, a los asuntos de la valoración moral, a las cuestiones relativas al placer, al gusto y al sentimiento, a la belleza y la forma, a la explicación ontológica de la técnica y el juicio, constituyen puntos centrales de la crítica respecto de algunos de sus predecesores y contemporáneos como Baumgarten, Burke, Hutcheson, Diderot, Voltaire, Hume, Lessing, entre otros.

En esta discusión es especialmente significativo el carácter comunicacional y dialógico de los modos de representación y expresión del arte. En la “expresión de ideas estéticas”, afirma Kant, se presenta “la analogía del arte con el modo de expresión de que se sirven los hombres para comunicarse unos a otros tan perfectamente como sea posible, o sea, no solo sus conceptos, sino también sus sensaciones”.

La palabra, el gesto, y el tono (articulación, gesticulación, modulación y sonido) son, en su combinación, los tres modos de la expresión que constituye la completa comunicación del hablante. Pues por este medio son transmitidos al otro, a la vez y conjuntamente pensamiento, intuición y sensación.

Con estas formas de expresión hay “tres especies de bellas artes: las de la palabra, las plásticas y el arte del juego de las sensaciones” (CfJ, § 51). Con la Crítica de la facultad de juzgar “el arte ya no se interpreta para comprender el arte” y su historia, como lo hacían Diderot y Winckelmann, “sino para comprender el mundo”. Con Kant, la estética pasa a ser filosofía fundamental autonóma en sus diferentes acepciones de fenomenología y hermenéutica (Sgarbi, 2011, p. 181). Según Georg Lukács,

la Crítica de la facultad de juzgar contiene los elementos para una respuesta a la esencia y los aspectos de los problemas de la estructura de la esfera estética. Por lo tanto, la estética no ha tenido más que explicitar y pensar, desde entonces, hasta el final lo que se encuentra implícito allí. (Lukács, 1969)

La Crítica de la facultad de juzgar contiene la presentación y explicación del sentimiento y el juicio estético como el fundamento a priori que da significado estético al hombre. La representación indirecta de la totalidad y del sentimiento de lo absoluto: la expresión de formas simbólicas singulares cuya realidad subjetiva es el apoyo vital en la imposibilidad para superar las limitaciones y el sentimiento trágico de la finitud del hombre. Éste a quien, como escribe Goethe en Fausto, “sólo se le concedió el dia y la noche”3.

El concepto de estética presenta una doble significación en la filosofía crítica kantiana. En la CrP es una teoría trascendental de la sensibilidad, y en la CfJ constituye una teoría ontogenética de la creación artística y del juicio estético de gusto, tanto puro como reflexionante, y una lógica de lo sensible. Kant considera que el concepto de “estética” contiene una acepción muy amplia. En la CrP, “estética” se entiende como doctrina de la intuición de la sensibilidad. La intuición que posibilita los juicios lógicos u objetivos mediante la referencia de la representación a un objeto y a la unidad de la conciencia de este según conceptos. Es decir, al conocimiento teórico y a su determinación particular por lo universal desde principios de razón. Este conocimiento tiene como fuerza del ánimo al Entendimiento y como producto a la Naturaleza. Estética, en la CfJ refiere a un modo de representación dada solamente al sujeto. La estética establece la relación entre el sujeto y su facultad de desear, y contiene “la causa de la efectividad del objeto”; es decir, de su realización o de su producción. De otra parte, en referencia al sujeto, las representaciones son “por sí mismas fundamentos para conservar su propia existencia en este” en cuanto sentimiento. Esto sólo en razón de su relación con el sentimiento de placer y displacer, cuyo fundamento está en el acto de reflexión por el cual se realiza la operación de la subsunción de lo particular bajo lo universal. La reflexión es el acto por el cual se descubre en las fuerzas espirituales la relación de reconocimiento (dialéctica u ontogenética) entre la naturaleza y la libertad. La estética, en la facultad de juzgar reflexionante, descubre, afirma Kant, el vínculo o el paso del substrato sensible de la primera (la naturaleza), al substrato inteligible poietico de la segunda (la libertad).

La estética es el modo de una facultad mediadora cuyas formas, eminentemente subjetivas, son la reflexión y la conformidad a fin; esta última constituye el concepto a priori por el cual se rige la facultad de juzgar. Este concepto de conformidad a fin expresa una forma del pensar. Posibilita la composición de un recurso lógico-creativo de nuestra facultad de juzgar para conocer la naturaleza en cuanto constitución de la realidad que tiene en el Arte su producto. La estética presupone al mismo tiempo, en cuanto conformidad a fin, el como si de una técnica de la naturaleza: un modo de leyes particulares de realización efectiva posible de los objetos de y en la naturaleza. La forma representacional de toda conformidad a fin está en el fundamento del concepto y de la idea de belleza, de perfección y de adecuación de la cosa. El concepto de estética integra una fenomenología del sentimiento constructivista y cognitivista del sujeto con una hermenéutica del arte. La estética será así un modo de representación o condición reflexionante del sujeto cuya conformidad a fin está contenida en él mismo. La sensibilidad será, en tanto que condición a priori del sujeto para la materia y forma del fenómeno, substrato necesario en el mundo y la cultura para la producción y el conocimiento del objeto y condición de lo bello artístico y de lo estético; fundamento de lo subjetivo e incluso de lo bello como símbolo del bien ético, manifiesto en los demás en algún grado, en aquello que es inteligible y estimable. Esto es, en la comprensión de las determinaciones o cualidades de un carácter o persona.

La estética autónoma está implícita en las preguntas del § 43 de la CfJ: ¿qué es el arte? y ¿qué es la obra de arte?, ¿cómo se determinan los sentimientos según los afectos y las pasiones y cómo actúan estos en el hacer artístico? ¿cómo se descubre en la expresión de ideas estéticas el substrato cultural e histórico del sujeto?, además de las diferentes cuestiones referentes a los conceptos de sentimiento y estado estéticos, belleza, perfección, técnica y de creación artística. La estética kantiana es más una poética en sí y no un sistema teórico o propedéutico de las bellas artes; y constituye también un tipo especial de conocimiento. Advierte Kant en la nota a pie de página del § 51 “de la división de la bellas artes”: “no juzgue el lector este bosquejo para una posible división de las bellas artes como teoría intencionada. Solo es uno de los tantos ensayos que pueden y deben hacerse todavía”. Con poética en sí nos referimos al “sentido abstracto del término poiesis que representa así, la estructura conformadora de una determinada realidad; no tanto el objeto en sí, cuanto el modo de su composición” final (Lledó, 1961, p. 38). Poética refiere a la explicación del fundamento ontológico del arte y del hacer estético. Kant entiende y explica el arte como un hacer (facere) o un actuar cuya producción es una obra que se da por libertad a través de un arbitrio y una idea determinante de la razón que pone las fuerzas del ánimo en el fundamento y que solo es atribuible a quien lo crea. Es la realización efectiva de un objeto cuya causa está en la representación dada por la imaginación y aplicada, en relación con el sentimiento de placer y displacer, por la facultad de juzgar; lo que llega a constituir un modo peculiar de conocimiento. En este último sentido, la estética, en cuanto su explicación en el orden del conocimiento humano, se encuentra en la filosofía Crítica en la CrP, también en la Crítica de la facultad de juzgar, en la Antropología en sentido pragmático y en el conjunto de la obra de Kant. La estética se presenta en relación con un tipo de juicios llamados estéticos, que sin ser ni teóricos ni prácticos contienen lo peculiar de estos, mediante los cuales “la naturaleza misma es juzgada como arte, ello con referencia subjetiva a nuestra facultad de conocimiento” (CfJ, 1.ª Int. § I). En la base de tales juicios estéticos está la idea estética que Kant define como una intuición singular de la imaginación. Esta es para la crítica de la facultad de juzgar estética una fuerza representacional puesta en actividad para un objeto a través del múltiple de los sentidos.

La facultad de la imaginación se presenta en la CrP como un concepto central en la conformación de la subjetividad. En la edición A de la CrP se expone como “una imaginación pura, que como facultad fundamental del alma humana, sirve a priori de fundamento a todo conocimiento” (CrP, A124). Por esta facultad las representaciones y las categorías logran su unidad formal y su aplicación empírica mediante la síntesis de la imaginación. La síntesis que hace posible el proceso cognitivo-estético que Kant expresa en los conceptos de “aprehensión, asociación, reproducción y reconocimiento de los fenómenos”, mediante los cuales estos pueden tener validez objetiva y constituir los modos de ampliación del conocimiento. Pertenecer “a nuestra conciencia, y por tanto, a nosotros mismos. Pues, somos nosotros mismos, enfatiza Kant, quienes introducimos en los fenómenos el orden y la regularidad de ellos, que llamamos naturaleza” (CrP, A125). Es decir, en la constitución de la realidad según formas estéticas-cognitivas en cuanto referidas al sujeto y de su función en cuanto referidas al objeto. El proceso estético-cognitivo en la Crítica de facultad de juzgar, está fundado en el concepto de experiencia y es derivado de la conformidad a fin. Proceso que opera como un sistema con arreglo a leyes empíricas que, como principio trascendental de la facultad de juzgar, permite tanto la subsunción de leyes particulares bajo leyes generales al tiempo que permite encontrar lo universal que corresponde a lo particular. El proceso estético-cognitivo nos indica que la facultad de juzgar es a su vez, la facultad de la comparación y de la inteligibilidad de los particulares: la facultad de la reflexión.

Hay un modo de constitución estético de la realidad en “la unidad de la naturaleza en espacio y tiempo y la unidad de la experiencia” que hace posible la identidad en el sujeto, “porque aquella es un conjunto de meros fenómenos (modos de representación), el cual únicamente puede tener su realidad objetiva en la experiencia, que tiene que ser posible para la existencia según leyes empíricas” (CfJ, 1.ª Int. § IV), y dar cuenta de la experiencia como un modo de tipo hermenéutico, reflexionante. El concepto de naturaleza permite explicar diferentes aspectos de la estética kantiana. De principio se presentan en la distinción entre el arte y la naturaleza expuesta en el § 43. “Del Arte en general”, y además de las tesis que Kant expresa respecto a la obra de arte y al genio como productos de la naturaleza. El hombre, en tanto sujeto estético, es un modo de especificación de la naturaleza y contiene o instaura sus propias leyes empíricas particulares que se subsumen, desde su individualidad bajo leyes universales o generales. Esta especificación, con fundamento en el principio de conformidad a fin, es tanto orgánica como cultural.

En este proceso trascendental, que está en la base de la estética, hay un modo singular de conocimiento con un sistema de juicios. Este modo singular de los juicios hace posible la percepción interna de las representaciones. A las representaciones les está “adherida la forma de la sensibilidad”, es decir, el cómo es afectado el sujeto. Por tanto, se plantea el problema de que tales juicios son estéticos. Son juicios de la sensibilidad que remiten al sentimiento vital y los estados del ánimo y que remiten también a la receptividad del sujeto en cuanto capacidad que hay en este de hacer representaciones a través del juicio de la sensibilidad.

La estética autónoma de la Critica de la Facultad de Juzgar constituye una teoría del sujeto artístico, de los juicios estéticos (modos de recepción del sujeto) y de las ideas estéticas en general. La exposición de las dos primeras secciones de la primera parte: la “Analítica de lo bello”, está referida a la capacidad de juzgar estética y la segunda parte, corresponde a la “Analítica de lo sublime”, las formas particulares del arte, sus atributos estéticos y la deducción de los juicios de gusto. Hay que recordar el § 43 “del arte en general”, la definición del arte como el hacer una obra (que es producto y consecuencia). Un hacer en su libertad que es tanto habilidad y experiencia de y por la imaginación por mediación directa de la facultad de juzgar. Ese poiesis es una cierta compulsión —enfatiza en el mismo parágrafo— mediante la cual el espíritu en su destinación se hace libre en el arte y le da vida y cuerpo a la obra. El hecho estético se expresa en representaciones cuyo concepto son los atributos estéticos que se fundan en ideas estéticas de razón que, acompañadas de los atributos lógicos, permiten que el arte se constituya en un modo peculiar de conocimiento. Esta es la formulación paradójica de Kant, denominada así por Adorno en su Teoría estética donde afirma que:

Aunque las obras de arte no son ni conceptuales ni judicativas, son lógicas. […] Las categorías estéticas se determinan todas ellas tanto por su relación con el mundo como por su separación de él. Y el arte es conocimiento en los dos sentidos. (Adorno, 1983, pp. 182-185)

Las obras de arte son objetos que, aunque producidos por la imaginación y dados a una contemplación negativa sin interés positivo, es decir, desvinculada de propósitos y utilidad práctica instrumental, de las delimitaciones heterónomas formales de una lógica productiva y de las determinaciones racionales-cognitivas, introduce “orden en la abundancia de pensamientos, hace a las ideas sostenibles, susceptibles de una duradera y, a la vez, de universal aprobación, de la sucesión de otros y de una cultura siempre progresiva” (CfJ, § 50).

Las preguntas, ¿cómo explicar qué es el arte moderno-contemporáneo?, ¿cómo explicar las paradojas de la estética de las vanguardias contemporáneas, o cómo explicar, siguiendo a Rancière, el malestar y régimen de lo estético y, en qué ha devenido la estética filosófica contemporánea? encuentran un principio de respuesta en la actualidad de la Crítica de la facultad de juzgar estética: en la reflexión y sus formas de reconocimiento (interacción hermenéutica). Hay un continuum en el ámbito de la subjetividad del hombre moderno que, con fundamento en las ideas estéticas a modo de representación de la imaginación carente de conceptos determinantes, hace de la estética y el arte un campo de lucha entre una conciencia y un sujeto estéticos. El hombre moderno contemporáneo tiene la pulsión de establecer sentidos, significados o formas de comprensión e inteligibilidad de “la obra de arte como algo humano que representa lo que es physei. La obra de arte como aquello que pertenece al sujeto como algo idéntico a él” (Adorno, 1983, p. 83). Esta búsqueda a través del arte como el medio para fijar cada vez nuevos significados permite reinterpretar los conceptos de sentimiento y estado estético, experiencia, juicio estético, belleza y gusto. Estos conceptos, claves en el proyecto estético kantiano, sirven de fundamento para comprender los modos y los principios de interpretación del arte y de la sensibilidad contemporánea. Justamente porque explican cómo el poder comunicar el propio estado de ánimo es condición de necesidad del sujeto en su tensión afectiva: el sentimiento. Se puede atribuir el sentimiento de placer y displacer como necesario a cada uno en el juicio estético, puesto que “la experiencia y la comprensión estética, no es en sí nada sin referencia al sentimiento del sujeto de interpelación.

Si comprendemos los juicios y la referencia al sentimiento del sujeto en su doble exposición: trascendentales y empíricos, estos últimos contingentes en tanto que históricos, podemos considerar que la expresión de las ideas estéticas que dan la regla al arte tienen también un carácter histórico y dan cuenta de los momentos del mundo en que se producen. Encontramos así un principio de explicación al malestar, a la incertidumbre y al escepticismo de las teorías estéticas y del arte contemporáneas. Este principio es especialmente pertinente y útil en la necesidad de explicación de obras tan “problemáticas” del arte moderno-contemporáneo. Piénsese, por ejemplo, la necesidad de explicación lógico-estética que requieren las obras como los ready-made de Duchamp, las fotografías de Sherrie Levine, la desmaterialización del arte en la obra de John Cage, la experimentación del límite de la pintura o, en los términos de Adorno en su teoría estética, “la disolución de los materiales”, o en los términos de Kant, “el arte del juego de las sensaciones” en las obras de Malevitch, Mondrian, Pollock o, las Brillo Box de Warhol, las Corrections, intervenciones sobre su propio cuerpo que hace Rassim Krastev, o en los trabajos en sus propios cuerpos que realizan Sterback, Hatoum o Sherman, como también en la narración en el muralismo mexicano, en la pintura de Frida Kahlo y en el sincretismo de Wifredo Lam. La teoría estética kantiana permite explicar cómo en estas obras “problemáticas” se da la comunicación de un sentimiento que, desde el sujeto, refleja los estados del mundo y la cultura como su a priori y que se realiza a través de medios y modos de la hipotiposis plásticas, pictóricas, visuales y corporales. En este último caso como implicación al límite de la sensibilidad del otro. Es decir, de afectación desde la propia corporalidad del artista hacia la corporalidad del espectador. Con esta relación se produce en Kant una apertura hacia la hermenéutica y fenomenología de la percepción de la fealdad, de lo grotesco, del asco y de la negatividad sensible de los afectos. En estos modos de la afección que constituyen tensión afectiva en el sentimiento de placer y displacer, se expresa al mismo tiempo un modo de resistencia y diferenciación estética: en el primer caso como acto intencional y en el segundo como modo de expresión de una cultura humana.

Es posible deducir desde los conceptos fundamentales de la CfJ algunos principios que permitan explicar y comprender tanto una teoría estética de la sensibilidad y la subjetividad, como de la obra artística y el hecho artístico: a) el sentimiento estético y el placer/displacer inmediato o espontánea; b) la habilidad y el talento que posibilitan la creatividad y la transformación novedosa que se puede dar tanto por el talento natural del artista (genio) y la imaginación productiva; c) la forma de la representación o imagen artística que define el modus estético o estilo en cuanto manera de expresión singular del artista; d) la individualidad expresiva que define al sujeto estético y su posibilidad de conciencia crítica fundada en el juicio estético reflexionante, a través de la síntesis y la vivificación del espíritu que se da en la representación: apariencia reflexiva; e) el arte como un hacer u obrar especial o producción particular; f) el ámbito del sentimiento que se produce por la afectación tanto del sujeto de la percepción artística, como al sujeto de la creación; g) la función crítica e interpretativa que implican para el entendimiento y la facultad de juicio las obras de la imaginación. Tales aspectos, desde la estética de Kant, permiten tanto la explicación como las respuestas a las preguntas: ¿qué es el arte?, ¿qué es la estética? a tiempo que se logra aplicar los principios y los juicios estéticos, tanto de gusto como de reflexión en la investigación de los problemas de la sensibilidad, de la percepción y de la imaginación que resultan básicos para la explicación de los problemas de la autonomía del sujeto, la autocomprensión y el reconocimiento estético-moral del otro. Recordemos los tres significados de la reflexión estética que aparecen en la Crítica de la facultad de juzgar:

En primer lugar, el gusto estético es reflexivo, debido a su relación universal; en segundo lugar es reflexionante, en su relación con los objetos a modo de juego, y, en tercer lugar, es autoreflexivo, en cuanto a su autorelación placentera del sujeto estético. (Menke, 2011, p. 171)

“El arte es un modo de representación que es en sí mismo conforme a fin y que, aun carente de fin, promueve la cultura de las fuerzas del ánimo con vistas a la sociable comunicación” (CfJ, § 44). Es necesario subrayar el carácter ontológico de la comunicabilidad del juicio estético que se presenta en la Analítica de lo Bello. En el § 9 CfJ, Kant afirma que “la universal aptitud de comunicación del estado de ánimo” es el fundamento y condición subjetiva reflexionante del juicio e implica consecuentemente una afectación por el objeto; de otra parte, “nada puede ser universalmente comunicado, sino al conocimiento y a la representación, en la medida que pertenece al conocimiento”. Toda representación artística sólo lo es en la medida en que produce un tipo singular de conocimiento. Se comprende así la comunicabilidad del arte y su época concebida en pensamiento artístico. Cézanne, en las conversaciones con Émile Bernard y Joachim Gasquet ilustra claramente esta comunicabilidad:

el arte es una armonía paralela a la naturaleza. El pintor no debe tener más deliberación que el silencio. Ha de conseguir por dentro que se le callen las voces de todos los prejuicios, ha de olvidar, olvidar, crear en silencio. Entonces, todo el paisaje se inscribirá en su plancha sensible. Luego, para pasarlo a la tela, para exteriorizarlo, intervendrá el oficio, pero un oficio respetuoso que, a su vez, no tendrá más pretensión que traducir inconscientemente, por el pleno dominio de su lengua, el texto que está descifrando. Los dos textos paralelos, la naturaleza vista, la naturaleza sentida. El paisaje se refleja, se humaniza, se piensa en mí. Yo lo objetivo, lo proyecto, lo encierro en mi tela […] El otro día me hablabas de Kant, creo que yo podría ser la conciencia subjetiva de este paisaje, del mismo modo que mi tela sería la conciencia objetiva. Mi tela, el paisaje, los dos fuera de mi. El uno sin vida lógica, la otra, permanente, sensible, categorizada, participando de la modalidad de las ideas […], en su individualidad. (Doran, 1980, p. 152)

El arte, como un modo de representación constituido por la lengua del artista (del pintor en palabras de Cézanne), es una idea que se recoge en la afirmación de Jean-François Lyotard al referirse a la concepción del pensamiento artístico de Theodoro Adorno como inscrito en la tradición kantiana: “Hay un pensamiento del arte que no es un pensamiento de la no comunicación, sino de la comunicación no conceptual”. Es decir, una comunicación del sentimiento y estado estéticos de lo artístico en cuanto actividad de la facultad de juzgar reflexionante. “Este sentimiento —dice Lyotard— se diferencia de una simple preferencia subjetiva”. Porque tal sentimiento está en el fundamento de la subsunción o especificación de la naturaleza vista, la naturaleza sentida. En la reflexión del paisaje que se humaniza y se piensa en el sujeto, de acuerdo con Cezanne y Adorno, deviene una relación de identidad entre la obra y el artista. “Esta comunicabilidad (no conceptual), como exigencia (de universalidad) y no como hecho, lo es justamente porque se la supone originaria, ontológica, escapa a la actividad comunicacional, que no es una receptividad sino algo que se hace”. No obstante, “esta comunicabilidad de principio, que se produce inmediatamente en el sentimiento de lo bello, siempre se presupone en toda comunicación conceptual” (Lyotard, 1998, p. 112). Esta comunicación se determina, desde la estética trascendental de la CrP, en la capacidad de receptividad y de hacer representaciones que tiene el sujeto. De esto se concluye, considerando la facultad de juzgar como una facultad superior peculiar de conocimiento y lo estético como un modo de conocimiento especial, que el arte es un tipo o modo de conocimiento que no es lógico-determinante, pero si reflexionante. Tiene un carácter subjetivo y se realiza a través de la hipotiposis simbólica: es un conocimiento de tipo estético.

Es por esto que, como señala Adorno, las obras de arte son lógicas aunque no son conceptuales como tampoco juicios de razón determinante. Pero, al mismo tiempo, advierte Adorno, la estética se comprende desde Kant como el ámbito indeterminado y abierto de la sensibilidad a la vez que ámbito de la autonomía del sujeto. La síntesis de su multiplicidad intuitiva y sensible se concreta en la obra de arte y en el lenguaje del arte. En este sentido, Adorno afirma que

la concepción kantiana de la teleología del arte como de los organismos tiene sus raíces en la unidad de la razón. Sin embargo, la determinación teleológica del arte, su finalidad vaciada de objetivo práctico es lo que en el arte se parece al lenguaje y el no tener objetivo es lo que tiene de carencia de concepto, su diferencia del lenguaje significativo. Las obras de arte se aproximan a la idea de un lenguaje de las cosas, solo por su propio lenguaje; tanto más articulada en sí misma de forma sintáctica, tanto más tiene de lenguaje ella y todos sus elementos. El concepto estético de teleología tiene su objetividad en el lenguaje del arte. (Adorno, 1983, pp. 182-187)

El arte como representación de la síntesis de lo múltiple se logra, tanto contra el sujeto como frente a los momentos trascendentales que aparecen en la realidad de la obra misma. De este modo podemos comprender la explicación de los cuatro momentos de la analítica de lo bello, en los que se presenta la deducción del juicio estético de gusto. Deducción que da cuenta de los objetos que le son propios a dicho tipo de juicios en concordancia con las propiedades de la tabla de las categorías de cualidad, cantidad, relación y modalidad. Adorno enfatiza la idea de que la obra es al mismo tiempo “construcción estética y proceso cognoscitivo”, en el que “el sujeto trascendental abstracto y oculto, según la doctrina kantiana de los esquematismos, se convierte en sujeto estético” (Adorno, 1983, p. 81).

El énfasis en las nociones de sujeto estético y de conciencia estética aparece en la pregunta:

¿de qué modo llegamos a ser conscientes en el juicio de gusto de una recíproca concordancia subjetiva de las fuerzas de conocimiento entre sí; si estéticamente, a través del mero sentido interno y la sensación, o intelectualmente, a través de la conciencia de nuestra actividad intencional con que las ponemos en juego? (CfJ, § 9)

Esta cuestión enunciada por Kant como una pregunta menor, conlleva la explicación de la necesidad universal comunicabilidad espontánea del propio estado del ánimo. Dicho problema condensa el fundamento de la filosofía estética del romanticismo que ha sido un punto de debate contra la estética de Kant. Debate que puede explicarse porque la estética contemporánea está constituida por un diverso conjunto de teorías centradas en la justificación de los modos de hacer de las formas particulares del arte y de sus atributos intrínsecos según una definición meramente estructural del objeto artístico. A diferencia de estas, la filosofía estética de Kant se define como una analítica de la sensibilidad (Gemeingefühl) general y de los sentimientos de placer y displacer, de lo bello, de los juicios estéticos de los sentidos y reflexionantes, como ontología de la creación y la conformidad a fin. En síntesis, la dialéctica de reflexión y experiencia estética junto a las formas del arte como un modo del pensar. Estos conceptos dan cuenta de una relación productiva (poietica) tanto con las formas de la naturaleza físico-mecánica como con el arte en sus formas particulares. Para la comprensión de la estética kantiana es necesario considerar que esta es, como señala Menke, “una forma de la reflexión. Cuando Kant habla de reflexión estética, con ello no se refiere a una reflexión sobre o en referencia a lo estético, sino a una reflexión en lo estético” (Menke, 2011, p. 167).

Lo estético (creación y experiencia) adquiere su forma y condición por el principio a priori de conformidad a fin que, en concordancia con la facultad de juzgar, hace de la experiencia un principio subjetivo trascendental artístico en la forma de “sistema con arreglo a leyes empíricas” que constituyen la posibilidad de la experiencia estética en general y de la creación artística particular a partir de la facultad de juzgar en sus dos modos, ya para reflexionar ya para determinar. Este principio meramente subjetivo es como una raíz común de los modos de conocimiento, el lógico objetivo (pensamiento científico) y el modo estético. Está contenida en los tres actos de la facultad espontánea del conocimiento: La aprehensión, la comprehensión y la presentación, cuyo primer acto se realiza por la imaginación y se concreta en la exposición de significantes analógicos por la facultad de juzgar. Es decir, en el modo de constitución de la realidad, la naturaleza como producto del entendimiento humano es estético y así lo es, según el principio de conformidad a fin, en todos los modos de la naturaleza y de la vida humana. De ahí que lo estético artístico sea la mayor forma de conformidad a fin posible en concordancia con la libertad. La obra de arte como aquello que es lo idéntico al sujeto es a su vez algo en sí misma, un fín en sí mismo.

EL PROYECTO ESTÉTICO: LA CONFORMACIÓN Y EL GIRO ESTÉTICO DE CFJ

Entre todas las creaciones filosóficas de Kant, ésta es seguramente la más admirable. La Crítica del juicio es su propio mérito. Justamente aquí el factor sistemático, que en su pensamiento ha ocupado un lugar tan importante y a menudo tan decisivo, se demuestra directamente creador. Y con ello la grandeza de su obra en este campo impresiona en forma tanto más convincente, cuanto más se piensa cuán lejos estaba él personalmente del objeto […] así, en su soledad y gracias a la reflexión filosófica, este hombre crea una teoría del origen del sentimiento estético y de la forma de producción del genio artístico, que con su sencillez, hasta el día de hoy es lo más profundo que se ha escrito en la materia, y penetra en la más íntima esencia de esta actividad, para él completamente heterogénea, con tal intensidad, que nuestros grandes poetas lo reconocen categóricamente: así es y no de otro modo.

Historia de la filosofía moderna

W. WINDELBAND

¿De qué trata la Crítica de la facultad de juzgar? ¿Cuál es su tema central y los conceptos y problemas tratados en este texto y qué relación guardan con las dos primeras Críticas: la Crítica de la razón pura y la Crítica de la razón práctica? ¿Cuál es la función y el significado de esta obra que, en palabras de Kant, “concluye su sistema crítico”? ¿Por qué se puede afirmar que dicha obra inaugura de manera sistemática la teoría estética de la modernidad y funda la filosofía de la subjetividad moderna al tiempo que realiza el giro hacia una metafísica de un sujeto de la experimentación y la producción intencional del mundo fundamento en el concepto de conformidad a fin? ¿Por qué y cómo la CfJ es la exposición de la dialéctica naturaleza y libertad en la cual el arte es su raíz común, superación y realización de lo suprasensible? ¿Hay en la Crítica de la facultad de juzgar una Estética, en cuanto disciplina autónoma, que explica el sentimiento espiritual de creación, de contemplación y de valoración artística o es solo un esbozo marginal de una teoría de la belleza y no “intencionado” de las bellas artes? ¿Cómo se articulan los conceptos clave y las obras, la Primera y la Segunda Críticas con la CfJ y cómo da cuenta dicha articulación conceptual de un proyecto estético? ¿cómo responde la CfJ a la pregunta kantiana: cuál es el valor de la vida?