Crónica de un asesinato - Lino Frasson - E-Book

Crónica de un asesinato E-Book

Lino Frasson

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Beschreibung

"Los relatos de este libro son breves y, con una gran potencia narrativa, tienen la capacidad de acelerar nuestros mecanismos lectores para generar expectativas y sorprendernos de golpe". Florencia Ortiz "Tu estilo sobrio, ágil y atrayente aparece en todos tus trabajos. Me conmovió la secuencia del incendio con el niño llorando". Eugenio Graffigna "Eres ágil en tus relatos e inalcanzable con tu fantasía pirandelliana, donde vas hilando un tramado ameno, tirando pistas por aquí y por allá con la astucia del tero para distraer lejos del nido, armando una trama de paisajes conocidos y persecuciones inmerecidas, pero con grandiosa fantasía de final tan inesperado como feliz". Aldo Capellino "Relatos escritos con enorme vocación de búsqueda y oficio, asumiendo el trabajo de explorar la lengua, sus límites, sus torsiones y sus vericuetos". Florencia Ortiz "Me gusta que bordeás lo impensable para armar escenas imposibles". Aldo Capellino "el ritmo narrativo de estos relatos está cifrado en la enumeración de hechos sin adornos retóricos ni largas descripciones, apelando a oraciones breves que actúan como relámpagos que iluminan de golpe las escenas". Florencia Ortiz

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Veröffentlichungsjahr: 2023

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Producción editorial: Tinta Libre Ediciones

Córdoba, Argentina

Coordinación editorial: Gastón Barrionuevo

Diseño de tapa: Departamento de Arte Tinta Libre Ediciones.

Diseño de interior: Departamento de Arte Tinta Libre Ediciones.

Frasson, Lino Ramón

Crónica de un asesino : cuentos, relatos y crónicas / Lino Ramón Frasson. - 1a ed. - Córdoba : Tinta Libre, 2023.

174 p. ; 21 x 15 cm.

ISBN 978-987-824-479-2

1. Antología Literaria. 2. Antología de Cuentos. 3. Cuentos. I. Título.

CDD A863

Prohibida su reproducción, almacenamiento, y distribución por cualquier medio,total o parcial sin el permiso previo y por escrito de los autores y/o editor.

Está también totalmente prohibido su tratamiento informático y distribución por internet o por cualquier otra red.

La recopilación de fotografías y los contenidos son de absoluta responsabilidadde/l los autor/es. La Editorial no se responsabiliza por la información de este libro.

Hecho el depósito que marca la Ley 11.723

Impreso en Argentina - Printed in Argentina

© 2023. Frasson, Lino Ramón

© 2023. Tinta Libre Ediciones

Dedicatoria

A mis nietos: Antú, Alex, Bianca, Vera y Rocío Luz.

A mi hija Marta.

A Tere, mi compañera.

A Octavio y Carlos, mis yernos.

A Flor Ortiz, por su generosidad.

En recuerdo de mi hija Mónica.

Agradecimientos

A mis primeros pacientes lectores: Miguel Danielo, Juan Pablo Melto, Daniel Bucciarelli, Gilda Defelippe, Rodolfo Senn, José Sapei, Norma Paulino, Aldo Capellino, María Celia Sedie, Daniel Peralta, Nicolás González, Denise Mastrángelo, Carlos Alberto Álvarez, Salvador Peralta, Mariana González, Goldi Villarreal que me animan a seguir escribiendo con sus comentarios amables.

A Diana Guillén y Jorge Felippa que despuntaron mi gusto por los relatos cortos.

A María Teresa Andruetto que me sugirió relatar mis experiencias sobre el complejo y exigente mundo del libro.

A mi prima Nilda Olivero que corrige mis olvidos camperos.

A mis padres que contra toda costumbre y lógica de los gringos chacareros de la mitad del siglo pasado me dieron la oportunidad de estudiar.

A los editores por su profesionalismo.

Lino.

Prólogo

Oh, Line

Con estas dos palabras me gusta saludar a Lino, en un juego de complicidad y confianza que nos une desde que nos conocemos. Esta brevísima expresión me traslada y me conecta al mismo tiempo a mi adolescencia, al barrio y al mundo cercano de los afectos; a experiencias que dejaron huellas en mis años fundantes. Yo era estudiante de un secundario con orientación en Bachillerato Humanista, y en mi cabeza resonaban cual martillo, las lecciones de latín y griego. Él es, desde aquel entonces hasta hoy, el papá de mi mejor amiga y su casa quedaba apenas a dos cuadras de la mía. Yo pasaba tantas horas allí, que se convirtió en mi segundo hogar. Hoy es un amigo, con quien comparto el eco de esas lenguas antiguas que poblaron miles de horas escolares, metamorfoseado en una de las pasiones más significativas de mi vida: la literatura.

Ese guiño o latiguillo, el juego de palabras al conjugar su nombre en vocativo, se convirtió en una señal, una flecha marcando un largo camino que hoy florece en estas páginas. Ahora a la distancia veo que por ese angosto canal que abrían las declinaciones y las traducciones, fue creciendo una larga conversación en torno a una cultura que orientó y marcó un rumbo en mi camino lector. La vida y los libros, tejiéndose como una red que sostiene y fecunda, que ilumina y une. Una familiaridad en la que el mundo de la literatura ha formado parte de la vida cotidiana, y ha sido una balsa a la que aferrarme, especialmente en momentos de búsquedas y sueños.

Recuerdo nítidamente su generosa biblioteca que estaba en el comedor y al frente de las dos habitaciones. Yo veía esos estantes como una boca gigante ante mis ojos, devorando mi curiosidad y despertando el antojo y el deseo por leer todo ese inmenso universo de páginas y tapas; nombres de autores y de autoras que me resonaban, otros totalmente desconocidos que abrían mi apetito hasta el infinito. En aquellos años 80, la familia Frasson Sassarolli había vuelto hacía pocos años del exilio en México y su biblioteca y discoteca eran una atracción, una distracción y una fascinación a la que yo accedía con la confianza de una hija más. Además de libros, también había una guitarra a nuestra disposición; nos divertíamos cantando con Marta, imaginando viajes, escribiendo a dúo un diario íntimo, planeando salidas furtivas y otros momentos iniciáticos de los que fue testigo ese hogar. Cada tanto, Lino también nos deleitaba con su voz barítona, cantando temas que yo conocía porque en mi casa las reuniones familiares siempre terminaban con música.

Ha pasado mucha agua bajo el puente desde aquellos años de siestas, tardes y noches en la casa de los Frasson Sassarolli; el hilo que me une a esa familia se ha vuelto una trama fundamental de mi vida. Pero no vengo a hablarles sólo de este lazo amoroso y agradecido que me une al autor de este libro, quien me dio la alegría de elegirme para prologar este libro. Vengo también a poner en palabras lo que muchos y muchas sabemos: quién es Lino para la historia cultural de esta ciudad.

A fines de los años 80 y primeros años 90, vivimos el tironeo social de dos fuerzas: la energía esperanzadora y el remolino de la reapertura democrática reavivando viejos anhelos de una ciudad mediterránea que no habían logrado hacer desaparecer; y el hálito gélido que dejó la última dictadura con tanta muerte y horror. En este pasado reciente, nuestra ciudad fue el epicentro de uno de los proyectos más interesantes: la inolvidable librería Rayuela. Allí, en ese mítico rincón sobre la avenida Colón a media cuadra de la Cañada, se cocinaron y se hornearon proyectos que revitalizaron e hicieron florecer a nuestra ciudad.

La librería tenía un largo pasillo-abrazo libresco, con estanterías que llegaban hasta el techo, un barcito al fondo, las escaleras que llevaban al lugar de los discos y un sótano enorme con un gran depósito y una sala que hasta tenía hasta un escenario con telones. En Rayuela se podían conseguir libros, discos, revistas, manuales y joyas inconseguibles en las librerías del centro y otras rarezas. Por allí pasaron autores y autoras conocidos, consagrados o recién nacidos al público; sus rincones fueron testigos de presentaciones de decenas de libros, charlas, arreglos comerciales y hasta conversaciones amorosas. Allí se gestaron alianzas y se construyeron sólidas bases para algunas de las iniciativas más influyentes para la promoción de la lectura: en el subsuelo se dictaron los primeros seminarios de formación en Literatura Infantil y Juvenil de CEDILIJ, una organización civil que, como pocas, ha logrado sostenerse a pesar de tantas adversidades. Rayuela, haciéndole honor al clásico de Cortázar, supo jugar el juego e inundar las calles con pajaritos remendados, morochitos, quirquinchos y panes flauta, entre otras colecciones fundamentales.

Este negocio fue mucho más que un lugar donde comprar libros; fue un nodo, un punto de encuentro para editores y editoras, narradores y narradoras, maestras y profes que se zambullían en esas generosas mesas servidas de libros que, a diferencia de otras librerías, se ofrecían a la mano, en largas estanterías horizontales que exhibían las tapas de los libros como un banquete para lectores y lectoras que se dejaban seducir. Una podía quedarse horas buceando en estas aguas inquietas de la cultura libresca alimentando el placer de recorrer un laberinto en el que valía la pena perderse un rato, para volver a salir, pero por otras puertas.

La librería tenía un sello único: su dueño era “el Lino”; un librero simpático, de sonrisa diáfana y abierto a la conversación, que sabía mucho de títulos, de autores y de autoras y de ediciones; que mantenía vínculos con otros centros de distribución en Latinoamérica; y que, además, contaba con empleados y empleadas que amaban la lectura y sabían recomendar, sugerir y escuchar qué andaba buscando ese lector-cliente desorientado. Lino fue ese pionero que vino a abrir el juego a un modo de hacer circular la palabra escrita, publicada o inédita; ese librero que había vuelto del exilio en México y había conservado el gesto comprometido con la cultura y la ciudad.

Pretendo con estas palabras invitar y alentar la lectura de relatos escritos con enorme vocación de búsqueda y oficio, asumiendo el trabajo de explorar la lengua, sus límites, sus torsiones y sus vericuetos. El autor de estos textos es alguien que vuelve sobre la literatura como quien inventa un círculo virtuoso en su vida. De los caminos andados por los circuitos laberínticos de los libros, ha elegido dar un salto y una pirueta para convertir un universo de palabras de otros y de otras, en su propia carne. Lino escritor es alguien que, retomando palabras de Eugenia Almeida sobre su propio proceso, con la escritura se animó a “Habitar los umbrales: los espacios por los que los demás sólo pasan, lo que consideran invisible, diminuto, insignificante”. Es decir, alguien que al abocarse a este proyecto asumió que “escribir para detenerse en algo que no está definido de antemano, tiene algo de incomodidad y de revelación”.

Historias como fogatas

Los relatos de este libro son breves y con una gran potencia narrativa: tienen la capacidad de acelerar nuestros mecanismos lectores para generar expectativas y sorprendernos de golpe. Con un abanico de personajes colectivos o individuales, nos llevan a recorrer una cartografía regional y social que va del sur de la provincia - la llamada pampa gringa – pasando por rincones de la ciudad de Córdoba y también de México, deshojando distintas capas geológicas de esta zona del país, encarnadas en historias de pueblos, de migraciones, exilios, amores, venganzas, infidelidades, traiciones, tragedias y delitos. Relatos que van al hueso de los conflictos y no le escatiman a lo grave, lo dramático y lo incomprensible de los devenires humanos. Algunos de estos relatos nos permiten detenernos en el revés poco imaginado de esos destinos, o en las motivaciones que mueven o quiebran los eslabones de las vidas de las personas: el amor de un abuelo, la ambición de un político, la reconstrucción de una página de la historia que quedó vedada, el impacto de la desaparición de los trenes para pequeñas y medianas poblaciones, el desenlace de un niño que creció víctima de privaciones materiales, pero anidando deseos que transgreden tabúes.

Los protagonistas de estas historias son, en algunos casos, las comunidades pequeñas y sus costumbres populares (La familia Castillo), o las rivalidades entre familias de un pueblo (Los Bugliotti). Saltamos de las infelicidades de quienes migraron, se exiliaron o debieron rehacer sus vidas, a la rebelión de alguien que tras una larga historia de explotación laboral consigue que se cumpla su voluntad, a través de un acto de justicia sobrenatural.

El ritmo narrativo de estos relatos está cifrado en la enumeración de hechos sin adornos retóricos ni largas descripciones, apelando a oraciones breves que actúan como relámpagos que iluminan de golpe las escenas. Tal como lo hacen los buenos relatos breves, esos que devoramos sin darnos respiro, la intriga se va sosteniendo en ese hilo tenso entre aquello que se cuenta y aquello que se oculta. Cada una de las historias es una ventana a mundos singulares, a vidas de seres que se dejan llevar por impulsos, deseos o ambiciones; y como lectores o lectoras nos vemos inmersos en climas, que a veces se revelan fotográficamente.

La mayoría de estos relatos están contados en tercera persona, con un narrador que va dosificado o “largando prenda” de lo que sabe, de a poco o de golpe, según el pulso que va creando. En algunos casos, dejan silencios o espacios en blanco de algo que quedó abierto como una herida, o nos permiten entrever historias mayores, de las que han quedado vestigios (El final). A veces, somos llevados de la mano a inmiscuirnos en los pensamientos del personaje (Crónica de un asesino anunciado); en otros casos, el narrador se retira, para dejar hablar al personaje (Concepción Fernández y El aprendiz), para abrirle el micrófono al diálogo, o para escuchar la voz de quien nos relata una historia de la que ha sido testigo o cercano lejano protagonista (El Colo). En estos distintos modos y perspectivas de contar las historias, vemos los reflejos refractarios de ese haz de voces plurales de historias que dejan de ser anónimas, distantes o comunes, para resaltar como hebras singulares de un tejido propio y único. En ese juego de sonoridades ajenas y propias que estos relatos van construyendo, se reaviva el fuego que cocina a fuego lento en una caldera, lo vivido, lo escuchado y lo leído.

Los textos que componen este libro de Lino (ojalá vengan otros más) dan cuenta de una gran capacidad de escucha - aguzar el oído para recoger historias diversas-; y una gran capacidad de escritura: coser y entrelazar acontecimientos vitales que suenan y re-suenan en nuestra memoria compartida para inventar ficciones que caminan por el filo de lo real.

Con estas sencillas palabras, a modo de invitación, reitero la alegría de acompañar a un narrador que decidió empoderarse, escribir y empezar a publicar. Porque el gesto de alzar lo que está disperso y suelto en nuestras memorias colectivas o individuales para crear nuevas historias y ponerles voz propia, es una celebración de la vida. Es un gesto que también honra a quienes formaron y forman parte de la trama vital de quienes queremos a Lino. A propósito de eso, es importante advertir que, desde la tapa, pasando por este prólogo, por cada uno de los cuentos y hasta el último rincón de la contratapa, sobrevuela una libélula. En el tipeo de cada una de las letras de este libro, ella baila su danza de tambores diminutos. Los y las invito a escuchar el susurro de sus movimientos, ese hálito de quien encontró en el lenguaje del arte, un camino propio, una lengua propia. Un aleteo que no cesa, una danza amorosamente fecunda.

Florencia Ortiz

Mayo de 2023.

Crónica de un asesino

Y otros relatos, cuentos y crónicas

El Colo

Lo conocí de jovencito. El me duplicaba en edad. Barba y cabellos rojos, los vellos del cuerpo, también rojos. Le podrían haber llamado con toda justeza “el Conejo”, por sus dientes grandes y salientes o “cara e poio”. Pero “Colo” estaba perfecto.

Alto, flaco, muy enérgico. Vivía cerca del CPC de Argüello. Cuando le pregunté en qué trabajaba me respondió: soy profesional de la construcción.

Me encontré con él en un entrenamiento de bochas en el Club Atalaya. Ese día jugó de bochador, el gallego de medio y yo de puntero. Tiró treinta y dos bochazos, erró sólo uno. Más tarde los compañeros me contaron que era de la primera categoría de la Asociación Cordobesa de Bochas.