¿Cuándo perdí las llaves? - Ezequiel Martí - E-Book

¿Cuándo perdí las llaves? E-Book

Ezequiel Martí

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Beschreibung

Acabo de leer el libro, bien entrada la madrugada, pero no podía dejarlo a medias. Como CEO de mi compañía, es como mirarte al espejo con visión de rayos X. Es poder descubrir aquello en lo que algunas veces piensas y que nunca entiendes cómo funciona y, a la vez, cómo funcionas tú y nunca has sabido el motivo. Es tarde, me apetecía reflexionar un poco sobre la interesante historia de Juan y su, ahora ya, coach ejecutivo Lorenzo, que bien podrían llamarse Josep Mª y Ezequiel… Me apetecía un refresco, pero la ocasión bien merecía un sorbo de Jack Daniel's, y no el n.º 7, sino el Single Barrel que tengo reservado para las grandes ocasiones… ahora ya toca acostarme… sin las llaves, pero por última vez. Josep Mº Tribó CEO de Tau New Technology S.L

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Veröffentlichungsjahr: 2020

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© Derechos de edición reservados.

Letrame Editorial.

www.Letrame.com

[email protected]

© Ezequiel Martí

Diseño de edición: Letrame Editorial.

ISBN: 978-84-18307-77-5

Ninguna parte de esta publicación, incluido el diseño de cubierta, puede ser reproducida, almacenada o transmitida de manera alguna ni por ningún medio, ya sea electrónico, químico, mecánico, óptico, de grabación, en Internet o de fotocopia, sin permiso previo del editor o del autor.

Letrame Editorial no tiene por qué estar de acuerdo con las opiniones del autor o con el texto de la publicación, recordando siempre que la obra que tiene en sus manos puede ser una novela de ficción o un ensayo en el que el autor haga valoraciones personales y subjetivas.

«Cualquier forma de reproducción, distribución, comunicación pública o transformación de esta obra sólo puede ser realizada con la autorización de sus titulares, salvo excepción prevista por la ley. Diríjase a CEDRO (Centro Español de Derechos Reprográficos) si necesita fotocopiar o escanear algún fragmento de esta obra (www.conlicencia.com; 91 702 19 70 / 93 272 04 47)».

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Con los años me he dado cuenta de que han pasado por mi vida personas a las que tengo mucho que agradecer. Sin ellas, no sería la persona que soy actualmente.

A mis padres, que me han dado todo lo que soy, su fuerza, su cariño y sobre todo su amor. A mi hermano Jaume, aunque está lejos, viviendo en México, me acuerdo de él cada día.

Y a mi esposa, Mercè, y a mis tres hijos, Fèlix, Núria y Josep, que me dan la energía y felicidad para seguir mejorando cada día como persona.

Prólogo¿Cuándo perdí las llaves?

¿Quién quiere pasarse la vida invirtiendo tiempo, energía y recursos para no conseguir los resultados que persigue? La respuesta es obvia: nadie desea esforzarse en algo que no le dé los resultados esperados. Pero ¿es cierto que esto pasa? ¿Conocemos a emprendedores a los cuales les ocurre?

Hay mucha gente a nuestro alrededor que se levanta todos los días con ganas de hacer cosas, de crecer y de mejorar para conseguir sus sueños. Y, en cambio, cuanto más trabaja más se aleja de los objetivos, ya que sus creencias equivocadas hacen que actúe en el sentido contrario al debido. ¿A cuántos empresarios les ocurre algo parecido? ¿Qué les pasa? ¿Por qué? ¿Qué deben hacer para invertir sus esfuerzos en la dirección correcta? ¿Cómo deben estructurar el proceso adecuado?

Ezequiel, en este libro, nos hace pensar y reflexionar sobre todo ello, dándonos ejemplos, contándonos historias y explicando anécdotas que reconocemos por sentido común. Cientos de pequeños matices que marcan la diferencia entre tener problemas en el día a día y fracasar (o tener éxito) en lo que estamos haciendo.

El mundo está cambiando y mucha gente todavía no cree lo que sucede a su alrededor. Las diferentes culturas y generaciones con las que tenemos que interactuar, la tecnología, los robots, la inteligencia artificial, la realidad virtual, la transformación más allá del cambio de nuestro entorno… hacen que estemos sumergidos en un terreno pantanoso, en el que la espesa niebla que nos rodea no nos deja ver claro el camino que pisamos ni la dirección que hemos tomado. Por ello, a menudo caemos en la rutina de hábitos creados sin saber cómo salir de este descenso a un pozo sin final.

¿Qué podemos hacer nosotros? Podemos hacer mucho, pues en nuestras manos está leer este libro con atención, pararnos a pensar, tomar notas y entender que «nada cambia si yo no cambio».

Podemos ser responsables de nuestras acciones y decisiones o, por el contrario, víctimas de ellas. Todo depende de la actitud que adoptemos y de nosotros mismos, de si somos parte del problema o de la solución. Ezequiel nos da, en este libro, la motivación para convertir las ideas en acción, aportándonos diferentes puntos de vista que cualquier emprendedor reconoce, para que, con las herramientas que propone, podamos dar un cambio de timón a nuestras circunstancias.

Se necesita coraje para tomar decisiones y salir de la zona donde nos encontramos a gusto, esa zona cómoda donde sabemos cómo se hacen las cosas, puesto que las hemos repetido centenares de veces. Empezar a hacer aquello que no hemos hecho nunca, con constancia y disciplina, requiere aparcar el miedo y tener la humildad de reconocer lo mucho que debemos aprender de la gente que nos rodea. Necesitamos a alguien como Ezequiel a nuestro lado, para que nos ayude a emprender ese camino.

Amigo lector, abróchese el cinturón para despegar en un viaje que lo ayudará a cambiar paradigmas y a descubrir cuándo perdió sus llaves y cómo puede volver a recuperarlas.

Gracias, Ezequiel, por este libro y por ayudarnos a comprender las claves de esta travesía, que es la de ser emprendedor con éxito.

Gustavo Piera

Empresario, escritor y conferenciante

Introducción

Escribir un libro no es solo dar rienda suelta a tu vena literaria, colocar palabras en cierto orden y que tengan un mínimo significado unas con otras. Es algo mucho más profundo.

Para mí, es la manera de plasmar la necesidad de explicar que las cosas pueden cambiar si realmente te lo propones y crees en ello. Para conseguirlo, no necesitas grandes cambios, solo con empezar con uno muy pequeño es suficientemente importante para generar algo positivo mucho mayor.

Si nos fijamos, por ejemplo, en los grandes acontecimientos de la historia observamos que estos cambios no se han conseguido de la noche a la mañana. Ha sido un proceso que un día empezó como algo muy tímido y que poco a poco fue creciendo hasta provocar un hecho histórico importante. Los acontecimientos de hoy son fruto de meses, quizá años de trabajo a la sombra, sin hacer ruido que, cuando por fin empiezan a tener forma y dar sus frutos, te permiten darte cuenta de que el trabajo ha valido la pena y de que realmente el cambio ha sido positivo, aunque durante todo el proceso más de una vez se pensase que no se llegaría a conseguir.

Lo mismo pasa con nosotros. Queremos cambiar de hoy para hoy, sin tener en cuenta, a veces, que todo tiene su proceso y que en la mayoría de las ocasiones esta evolución se produce más lentamente de lo previsto.

La historia del hombre es fruto de miles de años de evolución hasta llegar a hoy en día. ¿Qué te hace pensar que tú vas a conseguir el cambio de lo que quieres o deseas en un plis plas?

Estamos inmersos en un mundo en el que la inmediatez parece una necesidad. Queremos que los mensajes que enviamos mediante una aplicación de mensajería sean contestados de inmediato por el receptor o que nuestra habitación esté a la temperatura idónea a los pocos instantes de conectar el aparato de aire acondicionado. No todo es tan rápido ni tan inmediato. Las personas tenemos nuestro código inner o código interno, que funciona de una determinada manera y cuya reprogramación requiere días o quizá meses de durísimo trabajo para modificar una cosa tan sencilla a primera vista como podría ser un hábito o un comportamiento.

Las máquinas electrónicas, por ahora, carecen de emociones, sentimientos, creencias, hábitos, comportamientos, etc. Son únicamente objetos que funcionan mediante códigos internos perfectamente sincronizados para darnos un resultado específico según su programación y su diseño. Siguen un tipo de patrón o código de funcionamiento debidamente desarrollado para obtener los resultados que queremos de ellas. Para mantener sus cualidades de funcionamiento es necesaria una actualización del software durante la vida útil de la máquina y un mantenimiento de sus piezas, sustituyendo las que lo requieran por otras nuevas. Cuando un ordenador se bloquea, se reinicia y listos. Pero ¿has pensado qué pasa con nosotros, con los humanos?

Sí, personas como tú, que ahora mismo estás leyendo este libro. Es una pregunta que quizá no te hayas hecho hasta ahora. Es muy fácil reiniciar un ordenador, sustituir un programa, añadir actualizaciones para mejorar su rendimiento y que no quede obsoleto. Cambiar el disco duro, si es necesario. Tareas muy fáciles de hacer con las máquinas. Pero… ¿y tú?

No puedes cambiar ninguna pieza. Por muy ridículo que parezca, aún no puedes tener más brazos para ser más efectivo en tu trabajo, ni tampoco dos cabezas para pensar mucho más rápido. Entonces ¿qué puedes hacer? Teniendo en cuenta que es absolutamente imposible sustituir alguna pieza, lo más prudente sería cambiar tu programa interno para mejorar en los apartados en los que necesites un cambio.

Pero tampoco puedes cambiar tu programa interno de funcionamiento de hoy para mañana. Como hemos comentado, en un ordenador podemos desinstalar el sistema operativo, instalar uno nuevo y podrás trabajar en cosas que quizá con el viejo eran más difíciles de realizar.

En el caso de las personas, esto es más difícil. Para provocar un cambio en ti y posteriormente en tu organización, debes trabajar con tu historia personal, en lo que crees de las cosas, lo que has aprendido hasta ese momento, las experiencias de tu vida profesional y personal, emociones, hábitos y comportamientos, miedos —entre otros aspectos—, y buscar la mejor manera de canalizar todo esto de un modo que te permita saber cómo cambiar para lograr las mejoras que quieres. Además, debes tener en cuenta que formas parte de una organización, una empresa que también tiene una historia, unos valores determinados, una misión como entidad y una visión de futuro y que, al mismo tiempo, también estás integrado en una sociedad que tiene, asimismo, unos valores determinados.

Pero esta modificación y cambios no se pueden hacer de cualquier manera. Necesitan su tiempo. Un tiempo en el que primero debes luchar contra ti mismo. Y segundo, aprender lo que a partir de ahora debes o no hacer para que el cambio hacia la nueva manera de ejercer tu liderazgo en la vida personal y profesional sea positivo.

Pero, como todo en la vida, no es fácil. Cuando empiezas a gestionar este cambio surgen dudas sobre si lo que vas a hacer tendrá el fruto que esperas. Es en este momento cuando empiezan a surgir dudas, miedos internos, preguntas; cuando te cuestionas si realmente vale la pena hacer lo que quieres. Sabes muy bien que lo quieres hacer, que lo necesitas, que es importante para ti, pero te enfrentas a algo desconocido.

Algo que hasta ahora ni te has planteado. No sabrás qué camino deberás seguir, qué obstáculos te vas a encontrar, si la corriente te será favorable. Si podrás llegar a buen puerto con tu idea de cambio.

Aquí surge la idea de poner a tu alcance las metodologías que me han funcionado durante mi proceso de cambio. No se trata del mejor método del mundo, pero las ideas que aporto me sirvieron para dar un giro de 180º a mi forma de ser y de ver la vida. Para aprender que los errores que se cometieron en el pasado deben ser utilizados para mejorar el presente y que hay aspectos que es preciso cuidar para que estos cambios a positivo puedan surgir efecto.

La humildad, la disciplina y el coraje son tres de los puntos que deberás trabajar para que tu cambio sea real y positivo.

Se trata de aprender la actitud y los comportamientos que te permitirán detectar si navegas a contracorriente y con mala marea para dejar correr el temporal y, después, saber aprovechar el viento a favor y dirigir tu barco, tu vida, hacia tu destino. Mi intención ha sido contribuir desde mis experiencias y vivencias personales a lograr entender mejor cómo funcionan nuestros hábitos y de qué manera pueden afectar a nuestra vida.

En ocasiones, no somos conscientes de la importancia de nuestras palabras, nuestra manera de ser y de pensar. Todo lo que sucede a nuestro alrededor forma parte de una visión holística que se fundamenta en tres pilares fundamentales de nosotros mismos: la cabeza, el corazón y nuestro centro energético.

Tal y como explicaba Steve Jobs, ceo de Apple, «Tu tiempo es limitado, así que no lo desperdicies viviendo la vida de alguien más. No te dejes atrapar por el dogma, que está viviendo con el resultado del pensamiento de otras personas. No dejes que el ruido de la opinión de los demás drene tu propia voz interior. Y lo más importante, ten el coraje de seguir tu corazón e intuición. Ellos, de alguna manera, ya saben lo que realmente quieres ser. Todo lo demás es secundario».

Ahora te toca a ti decidir realmente cómo quieres enfocar tu tiempo y cómo vas a vivir el resto de tus días. Ten en cuenta que pensar, planificar y generar buenos hábitos te servirá para llegar donde tú quieres.

La historia de nuestro protagonista puede ser la de cualquier empresario, ceo, propietario de empresa o responsable de cualquier departamento que se encuentra de una manera determinada en su empresa. ¿Qué le falta? Descubrirás cómo se puede conseguir, pero sobre todo ten paciencia, coraje, disciplina y humildad. Esta en tus manos.

Ezequiel Martí

Coach Ejecutivo MGSCC

Capítulo 1¿Cuándo perdí las llaves?

Suena el despertador. Son las seis. Como cada día, me levanto con la sensación de llevar ya horas trabajando, estoy agotado. Aunque duerma bien, no descanso. Tengo la sensación de que las noches se hacen muy cortas y, la verdad, necesito dormir. No… mejor desconectar. Sí, esta es la palabra, desconectar. Supongo.

Me giro e intento aprovechar esos cinco minutos que necesito para hacerme a la idea de que tengo que levantarme antes de que vuelva a sonar esa horrorosa música de mi despertador. Tengo ganas de darle con un zapato cuando vuelva a sonar para que de una vez por todas se quede en silencio. Pero sé que no puedo quedarme dormido, sería catastrófico.

Cada mañana es una maratón de ejercicios. Un ir y venir de las habitaciones para despertar a los pequeños. Sacarlos de la cama. ¡Ah!, me olvidaba, levantar a mi mujer, que tiene muy mal despertar y según cómo lo hagas puedes tener un mal comienzo de día. Vaya, un deporte de riesgo. Desayunos, ayudar a vestir a mis hijos y rápidamente salir pitando hacia la escuela y, después, al trabajo nuestro de cada día.

Gracias al trabajo de mi mujer y al mío nos podemos permitir llevar a los pequeños a una buena escuela. Al fin y al cabo, será una de las mejores cosas que les habremos dado. Soy consciente de que una buena base de formación académica es importante, pero también lo es tener unos buenos hábitos y comportamientos en todo lo que hagas. Eso es lo que dicen los profesores en las reuniones trimestrales y en las tutorías. Si lo dicen ellos, por algo será.

El lugar donde vivimos no está mal. Es una pequeña casa con jardín y piscina en una urbanización en la montaña, a cinco minutos del centro de la población. Sí que es verdad que necesitamos el coche para cualquier cosa, pero la tranquilidad a veces tiene un precio.

Mi mujer ejerce de decoradora de interiores junto con otras dos chicas, una arquitecta y la otra diseñadora. Tienen alquilado un despacho en un coworking en una población vecina y no tienen grandes gastos fijos. Al principio, habían alquilado mesas en el coworking, pero desde hace seis meses han cambiado a un despacho cerrado que les da un poco más de privacidad en sus conversaciones y en su trabajo. Su empresa tiene una estructura mínima ya que son ellas tres, más dos personas de soporte a jornada parcial. En su día, decidieron crear una sociedad limitada a partes iguales que les proporciona visibilidad en el mercado como marca comercial y a través de la cual facturan sus trabajos en común. Tienen la gran suerte de que están bien posicionadas en el mercado de las reformas de viviendas rústicas. Trabajo no les falta.

La parte contable y fiscal la contratan a la gestoría de la población. No necesitan más. Les funciona como lo tienen montado porque cada una de ellas se responsabiliza de una parte de la actividad. Hace años que trabajan de esta manera, les funciona y se ayudan entre las tres. Al principio, les costó organizarse y entender que cada una de ellas tenía un papel diferente en la empresa —ellas lo llaman rol—, y que debían complementarse entre las tres. Me explicaban que era muy importante comprender el rol que cada una de ellas debía tener dentro de su organización y que cuando lo tuviesen claro habrían conseguido una parte importante de su éxito como empresarias.

Para empezar, primero contrataron un coach ejecutivo que las ayudó a centrarse en su empresa y en cómo debían organizarse al principio. También me comentaron que en mi empresa me haría falta ese tipo de ayuda, pero no entendí qué me querían transmitir, estaba en mis cosas del día a día y lo que me contaban me parecía perder el tiempo.

—Venga, Juan —Verónica, una de las socias de mi mujer, me comentó que me iría bien—. No te des excusas. Vas a terminar de los nervios con el «pollo» que tienes en la empresa. Debes aprender a delegar. ¿Entiendes lo que te digo?

—Sí, claro —contesté, pero en mi cabeza solo tenía claro que no podía perder el tiempo en cosas raras, vete a saber tú lo que iba a conseguir. Solo me faltaba que me viniera una persona de fuera para decirme cómo debía llevar mi empresa y hacer las cosas. Qué iba a saber él. Y, además, iba a cobrar un dinero que me podía ahorrar.

Al fin y al cabo, la crisis se ha llevado muchas empresas por delante y problemas hay en todas partes. Cuando hablo con compañeros de otras empresas, todos están igual. Y lo que más me cansa es el personal que no quiere trabajar. Este país es un desastre. Todos los buenos se van fuera.

Después de la yincana de cada mañana, logramos salir de casa con diez minutos de retraso. Como siempre, el tráfico empieza a ponerme de los nervios. De camino al cole, la circulación es complicada, aunque, si salimos a la hora, normalmente llegamos temprano. Hoy, por el retraso que llevamos con los críos, supongo que llegaremos muy justo.

Como habréis deducido, soy el encargado de llevar a los críos al cole. Mi mujer lo tiene mejor montado que yo. Resulta que la escuela está de camino hacia la empresa y con esta excusa me toca llevarlos a mí cada mañana. Sí que es verdad, de todos modos, que he conseguido algún que otro trabajo con algunos padres que también llevan a sus hijos al cole. Es una manera de hacer networking gratuito. Solo con dejarte ver, muchas veces se acuerdan de ti.

En el fondo, me gusta llevar a mis hijos a la escuela. Me acuerdo de que mis padres también lo hacían. Mejor dicho, mi madre. Ella era la que nos acompañaba a mis hermanos y a mí cada día al colegio. De mi padre, recuerdo que salía temprano de casa para ir a trabajar y que llegaba muchas veces a media tarde, cansado y sin ganas de decir nada ni tampoco de jugar con nosotros. Mi madre era la que llevaba la casa. A veces me pregunto qué pensarán mis hijos de mí. Quizá sea una pregunta cuya respuesta, si realmente ellos explicaran lo que han vivido en estos años, es posible que me dejara completamente frío. Mejor no profundizar en ello, por ahora.

Solo de pensar que tengo que ir a la empresa después del colegio me empiezan a entrar escalofríos.

«¡Otro día de pena!», hablo solo en el coche. Si alguien me ve, se pensará que estoy loco. Me espera otro día de ajetreo, reuniones, problemas en la empresa. Y por si no fuese poco, hoy tengo visita y comida con ese cliente tan pesado.