¡Culúa... Mēxihco! ¡Culúa... Mēxihco! - Toñico - E-Book

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Beschreibung

Una novela histórica sobre la conquista de México con información cultural muy diversa y con interesantes cuestionamientos historiográficos. Una mezcla perfecta de esparcimiento con conocimientos, enriquecida con ilustraciones sobre hechos históricos fundamentales y objetos autóctonos. Este libro te hará valorar y revalorar la gran cultura azteca, considerada salvaje y sanguinaria, que habitó la zona en la que hoy está ubicada la gran Ciudad de México; e interesarte en su conocimiento histórico y su legado.

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Seitenzahl: 498

Veröffentlichungsjahr: 2023

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Sinopsis

El autor de esta novela histórica, cultural e ilustrada, te transportará desde la partida de Cuba de la tercera expedición de castellanos en 1519 hasta la toma en 1521 del gran Valle de Anáhuac y de las dos sorprendentes ciudades de los indios aztecas, Tenochtitlan y Tlatelolco, y a aquella época y aquel mundo casi fantástico que convivirás entre sus nativos y con los castellanos que la descubrieron y vivieron en ella en 1520 de donde fueron expulsados con guerra, y retornaron un año después para tomarla mediante feroces batallas casi ininterrumpidas, terrestres y navales, con la valiosa ayuda de miles de indígenas de diversas tribus que se aliaron a los castellanos para poderlos derrotar y así liberarse y vengarse, por sus crímenes, abusos y vasallaje durante mucho tiempo.

Además de conocer toda esta historia épica, basada en los relatos de esa época, este libro te enriquecerá con muy interesante información de sus usos y costumbres, su organización social, su milicia, gastronomía, vestuario, rituales, creencias, sus artes y amplios conocimientos. Estas herencias a los mexicanos de hoy te harán valorar y revalorar aquella gran cultura, considerada salvaje y sanguinaria, que habitó la zona en que hoy está ubicada la gran Ciudad de México; pero, sobre todo, pretende interesarte para que profundices en su conocimiento histórico y conozcas su legado.

“Nunca había leído una novela histórica sobre la conquista de México que tuviera información cultural tan diversa e interesante y con cuestionamientos historiográficos. Es una mezcla perfecta de esparcimiento con conocimientos que te hacen sentir y vibrar esas vivencias, enriquecidas con ilustraciones sobre hechos históricos torales y objetos autóctonos”. Rene Villaseñor Magaña

Primer mapa de Tenochtitlan, publicado en Nuremberg en 1524. A la izquierda el Golfo de México.

JUAN ANTONIO MORENO RUIZ

¡Culúa... Mēxihco!¡Culúa... Mēxihco!

Moreno Ruiz, Juan Antonio¡Culúa... Méxihco! ¡Culúa... Méxihco! / Juan Antonio Moreno Ruiz. - 1a ed. - Ciudad Autónoma de Buenos Aires : Autores de Argentina, 2023.

Libro digital, EPUB

Archivo Digital: descarga y online

ISBN 978-987-87-4672-2

1. Historia. I. Título.CDD 306.09

EDITORIAL AUTORES DE [email protected]

Tabla de contenidos

PREFACIO

AQUÍ ES…

PLUS ULTRA

LOS PRESAGIOS FUNESTOS

1ª. EXPEDICIÓN (1517), por esclavos a la isla Los Pinos

2ª. EXPEDICIÓN (1518), a la Isla Yucatam

3ª. EXPEDICIÓN (1519), por oro a “Culúa Meshico”

VIAJE HACIA ULÚA

LA VILLA RICA DE LA VERA CRUZ

VIAJE HACIA TASCALTECAL

MATANZA DE CHURULTECAL

VIAJE HACIA TEMIXTITAN

MEXICO TEMIXTITAN

MATANZA EN ALMERIA

COMPLOT DE TEZCUCO

MATANZAS DE CASTELLANOS

PREPARAR TOMA DE TEMIXTITAN

TOMAR EL GRAN VALLE

TOMA DE TEMIXTITAN

EPÍLOGO

APÉNDICE

FALLECIMIENTOS

BIBLIOGRAFÍA (año de su escritura o adquisición)

CARTAS DE HERNAN CORTÉS

LA HISTORIA VERDADERA

12º LIBRO DE FRAY SAHAGUN

ADENDA - Información complementaria y fotografías de la cultura mexica

Después de tomar mi curso de narrativa en Coyoacán y escribir durante tres años cuentos y novelas, tuve la feliz ocurrencia de escribir una novela sobre la historia de la conquista de México; más bien, una novela histórica sobre la invasión de México-Tenochtitlan1; como dice el escritor peruano Mario Vargas Llosa, se me metió una espora de solitaria que desarrolló mi vocación literaria que me empezó a carcomer, a comer, ¡a devorarme! por los conocimientos y escritura sobre esa historia y… a esta fecha, felizmente, aún no acaba.

Marzo 2019-2020

Agradezco a mis queridos amigos

René Villaseñor y Eduardo Probert

sus comentarios, datos y sugerencias,

a mi amada esposa Lourdes por

su comprensión y tolerancia,

y a todos los que la leyeron

y me hicieron sus comentarios.

Abril 2021

Fue tan pero tan interesante y apasionante enterarme después de tantas cosas sobre sus valores, creencias, usos y costumbres al leer más de la principal obra de Fray Bernardino de Sahagún Historia de las Cosas de la Nueva España y nuevos artículos de historiadores e historiógrafos actuales, que sentí la necesidad de enriquecer más mi novela ¡Culúa2… Méxihco! ¡Culúa... Méxihco! Ofrezco ahora ésta 2a. versión corregida y mejorada por las nuevas evidencias que desmienten o cuestionan la historia sabida. Deseo contagiarte mi interés, mi pasión, por conocer más y más nuestra interesantísima historia prehispánica y de la conquista.

Noviembre 2023

Una legua terrestre (distancia que se camina en una hora) mide 5,572 m

NOTA MUY IMPORTANTE: No es mi intención infringir los Derechos de Autor de ninguna de las imágenes de dibujos o fotografías que ilustran este libro, ni los textos, algunos copiados fielmente; por eso siempre he mencionado su fuente.

1Ciudad capital de los indios mexicanos (mexhicas en náhuatl), también llama-dos tenochcas o aztecas. Los castellanos la llamaban Temixtitan.

2Nombre del grupo de tres señores que se aliaron, liderados por el mexhica, que ejercían el poder político, militar y económico del vasto territorio (con grandes lagos unidos y mucho oro) donde se asentaba Tenochtitlan en un gran islote.

PREFACIO

La incursión invasora de los castellanos para tomar Méxihco-Tenochtitlan en 1519-1521 es una de las historias épicas más apasionantes que existen en el mundo. Algunos la consideran una hazaña que superó las de Cayo Julio Cesar en las batallas para dominar el imperio de los poderosos e indomables galios; y después, a su regreso a Roma, al cruzar el río Rubicón al norte de Italia.

Cuentan los sorprendidos castellanos, protagonistas de la invasión, que la grandiosidad de Méxihco-Tenochtitlan superaba a Constantinopla y a las grandes ciudades de la época de la península ibérica y de Italia, nunca habían visto algo semejante, ni siquiera perecido; pero, también es posible que haya exageración en estos comentarios.

Al iniciarse la invasión de Cortés (1519), el emperador era Carlos I de Castilla y todos los demás reinos de la península ibérica, “El César”, hijo de Juana “La Loca” y Felipe “El Hermoso”, nieto de los Reyes Católicos. Él era de Gante, Flandes, Bélgica y su Reina Consorte fue Isabel de Portugal. Quería hacer realidad su lema “Plus Ultra” para ser el gobernador del universo.

Para escribir esta novela, me basé en la “Historia Verdadera de la Conquista de la Nueva España” que terminó de escribir (de sus recuerdos) en 1568 el capitán Bernal Díaz del Castillo siendo Regidor Perpetuo de Guatemala. También me basé en la segunda y la tercera Carta de Relación3, escritas por el hidalgo Hernando Cortés; la segunda en octubre de 1520desde Tepeaca Puebla y la tercera parece que la escribió en mayo de 1522desde Coyohuacan y, por último, la completé con la “Historia Antigua de México” del historiador, el padre jesuita veracruzano Francisco Javier Clavijero (publicada por primera vez en toscano en 1780) y de más información actualizada al pasar el tiempo.

Lector, te aclaro, que ésta es una no-ve-la. Te lo digo, para que no pienses que es un refrito más de la historia ya conocida, no, no es así, y que la historia prehispánica hasta iniciarse la colonia, aún sigue en debate a la fecha.

Para esta novela, me basé principalmente en las narraciones que escribieron, el general Hernando Cortés y su soldado raso Bernal, pero sobre todo en las de Cortés porque consideré que él fue el protagonista principal y, además, tenía cultura (estudió Leyes en la Universidad de Salamanca) y porque escribió con cierta inmediatez, recientemente, como no fue el caso de Bernal que escribió de sus recuerdos, siendo ya viejo. Por eso decidí tomar de Cortés los nombres y las palabras, con que él conoció las cosas, los pueblos indígenas y los personajes, porque hay muchas palabras indígenas o castellanas de la época, escritas de muy diversas formas, aún algunas del narrador omnisciente. Aclaro: “soy cuentista y novelista, no soy historiador ni antropólogo ni investigador.”

Por imaginarme que Tenochtitlan fue una gran ciudad, extraña y bellísima, fascinante y muy interesante por conocer, su gigantesco valle y sus grandes lagos, me transporté a aquella época y quiero que ahora me acompañes; por eso, te informo muchas cosas interesantes para enterarte sobre sus usos, costumbres, medio ambiente, alimentos, comidas y el arte de los nativos de aquella época y que aún sobreviven a la fecha en México. Es importante saber que a los mexihcas(mexicanos), también se les llama aztecas porque también migraron del mítico Aztlán (Aztécatl), o tenochcas, por ser su líder Ténoch o nativos de Tenochtitlan, el “lugar entre las tunas”.

Desde luego, presto mucha importancia a los grandes combates de resistencia de los nativos contra los invasores y a la habilidad de Cortés de aprovecharse del descontento de las diferentes tribus avasalladas, para reunir aliados y engrosar su ejército con guerreros nativos, ser más numeroso, y tener así suficiente capacidad de combate para enfrentarse a los temidos mexihcas.

Casi no cito las cantidades de guerreros que dicen ellos, porque dudo de su veracidad. No creo en sus cuentas, pues seguramente no tenían tiempo para hacerlo y era muy difícil estimar en esos agitados momentos o, lo dijeron para exagerar sus esfuerzos y engrandecer sus hazañas para ganarse la admiración de su rey y reclamar cuantiosas recompensas. Estoy consciente de que en las crónicas hay falsedades y contradicciones; por eso, varias veces, tuve que decidirme por lo que creí más verosímil y acomodaba mejor a mi novela o francamente tuve que fabular en algunos casos o momentos.

Como es este género literario, digo algunas mentiras e incluyo fantasías; pero, traté de perseguir aquella grandiosa y titánica odisea llena de miedos, valor, crueldad, ambiciones, vilezas, astucias, protagonismo, traiciones y actos de heroísmo por ambas partes (indígenas y castellanos).

Realmente, creo que la historia de la invasión de Méxihco-Tenochtitlan es una historia épica apasionante, maravillosa y, más aún, si logramos sentir y vibrar esos momentos, integrarnos a esos protagonistas, ser como uno de ellos, convivir con ellos, vivir esa apoteósica historia…

Es muy importante que cuando leas esta novela, te ubiques en aquellos momentos, que encarnes al soldado raso, ignorante, ambicioso, lleno de miedos, muy religioso, con valores retorcidos, que narra aquella historia. También, encontrarás algunas palabras arcaicas del español que “ni son de antes ni son de ahora” que puse como notas del español antiguo (muy difícil e incómodo de leer hoy por hoy) o que no están correctamente escritas o varían.

Queriendo hacer más entretenida y enriquecedora su lectura, inserté muchas ilustraciones pues me faltan palabras para describir tantos sucesos y tan bellos objetos de esa cultura. Reuní y mesclé con la trama de la novela mucha información valiosa sobre usos y costumbres de los nativos, que está dispersa en muchos estudios de especialistas e historiadores, libros y códices.

Yo soy mexicano, nacido en Chiapas y migré a vivir con toda mi familia en 1947 a la ciudad de México, me encanta esta metrópoli. Continuamente pienso en que ésta gran ciudad en que vivo fue construida sobre un lago, es increíble, y que aquí vivían los temibles guerreros tlaltelolcas ytenochcas, mexihcas, y que llegaron muchos ambiciosos, pero valerosos aventureros castellanos a dominarlos, mis ancestros. Que soy, somos, producto de la fusión de aquellas dos culturas tan diferentes. Y, cuando paseo por el centro de esta ciudad donde están las ruinas del Templo Mayor o por las calles de los viejos barrios de Coyoacán y veo la casa de La Malinche, o visito las majestuosas pirámides de Teotihuacan o paseo por Xochimilco o que camino por la avenida Ribera de San Cosme (aquella vieja calzada de Tlacopan sobre el lago, por donde huyó Cortés, la primera calzada de América), vuela mi imaginación hacia aquellos tiempos borrascosos y me sobrecoge… ¡qué historia! ¡qué protagonistas!

Agregué un Apéndice donde copié dos valiosos escritos que consideré interesantes leer porque ayudan a comprender las consecuencias del impacto de la dramática derrota y el sometimiento en la personalidad de los actuales mexicanos (indígenas, criollos y mestizos). Y también unos bellos poemas y algunos objetos artísticos para mostrar la sensibilidad de aquellos supuestos indígenas “salvajes caníbales sin inteligencia ni alma”.

España (península ibérica) que deriva de Hispania como la conocían los romanos, fue el nombre de los nuevos territorios después de la invasión de Tenochtitlan, por esta razón siempre utilicé la palabra Castilla en vez de España, lengua castilla o castellano en vez de español y castellanos en vez de españoles.

México deriva del vocablo náhuatl «Mēxihco» que designaba la capital de los mexicas. De acuerdo con Bernardino de Sahagún (s. XVI) —quien es la fuente documental más enriquecida—, el vocablo significaría «el lugar de Mexi o Mexitl» que derivan del náhuatl «metl» (maguey), «citli»/«xitli» (liebre) y «-co». El historiador tenochca Alvarado Tezozómoc escribió entre 1520 y 1530, de un caudillo llamado Chalchiuhtlatonac Mexi y que a él se debe el nombre.

Actualmente la versión más extendida sobre el significado del vocablo es: «el ombligo de la Luna» o «en el lugar del lago de la Luna», de «Metzxico»: «metz(tli)» (Luna), «xic(tli)» (ombligo, centro) y «-co» (locativo). Esto dicen el notable aztequista Cecilio Robelo y el prestigiado antropólogo Alfonso Caso.

Así permanece aún el debate de los expertos en historia prehispánica…

Los castellanos conocían a la ciudad como Temixtitan (Tenochtitlan) y a toda la cuenca del gran valle donde se asentaba lo llamaban Valle deMeshico.

Nueva España es el término que se empleó a partir de 1535 para denominar al primer Virreinato con el caballero Don Antonio de Mendoza y Pacheco, que quedaría bajo la jurisdicción de la Audiencia de México.

Al final de este libro, escribo una pequeña lista de bibliografía que leí o consulté, que les puede servir para saber más y para enriquecer más sus conocimientos; les informo que hay muchísima información muy confiable de Instituciones e investigadores prestigiosos de historia que pueden buscar para consultar; pero, cuidado, también hay muchísimos refritos que distorsionan la historia o dicen falsedades y omisiones; y, también hay muy bellas novelas.

Antes de terminar, le advierto al lector que al ir leyendo ésta novela puede encontrar algunas referencias históricas (fechas o acontecimientos) que posiblemente no sean del todo correctas o falsas, y palabras en náhuatl mal escritas, me esforcé por evitar esto; pero, al documentarme, encontré muchas inconsistencias, divergencias, contradicciones y que a la fecha aún prevalecen debates entre los expertos en antropología e historia; es un área en la que me considero aprendiz, lamento no saber más.

Mi intención es que el lector se interese en ésta fascinante historia, se divierta, se emocione, se imagine, vibre y admire aquel mundo. Y que al ir leyendo, disfrute las ilustraciones y se entere de cosas ajenas a la odisea de la conquista pero que son muy interesantes saber.

Ésta segunda versión de mi novela histórica fue motivada al despertar mi apetito por saber más y más sobre las costumbres y creencias de ese gran pueblo indígena, cuyos alimentos, guisos, manualidades, arte y costumbres están tan arraigadas que sobreviven a pesar de haber ya transcurrido 500 años desde aquella terrible lucha en la que se murieron tantos y tantos hombres, mujeres y ancianos por defender su patrimonio que, desde luego no se puede ocultar y que hay que decirlo, ellos incubaron esa tragedia por avasallar y abusar de todos sus vecinos con los que fueron muy crueles y que sembraron su odio. Los castellanos invasores, hambrientos de oro, jamás hubieran podido ellos solos derrotarlos, dominarlos, sino que se pudo lograr gracias a la enorme, gigantesca, cantidad de tribus que se les aliaron para vengarse de los mexihcas. Esto desde luego es, ha sido y será siempre el resultado de la intrínseca actitud de tooodos los humanos, primero por sobrevivir de los que lo dominan y después por su insaciable e irracional placer de lo material.

Nuevamente, espero que te entretenga, te divierta, te enriquezca y aumente más tus conocimientos; pero, sobre todo, que te motive a leer documentos de Institutos y Colegios renombrados, artículos de historiógrafos profesionales reconocidos en el tema, en plan de investigación pues hay todo un mundo de información interesante; pero ten cuidado, pues hay mucha información de dudoso rigor científico, falsas, verdaderos refritos o viles copias arregladas (la verdad no sé con qué fin, posiblemente por mero protagonismo, racismo, fobias o por fanatismo).

Después de tres años de enriquecerlo y corregirlo ocasionalmente, tuve que ponerle punto final a este libro pues no tenía fin y nunca terminaba de descubrir temas asociados muy interesantes; por esto, no pude evitar agregar decenas de páginas después de la bibliografía.

Y, sinceramente, considero que “está fuera de lugar enjuiciar las acciones de todos aquellos hombres y mujeres con el criterio y la moral actual; buenos y malos, castellanos e indígenas (de todas las tribus protagonistas), porque son tiempos y mundos muy pero muy distantes y muy diferentes en sus creencias usos, costumbres, ambiciones y necesidades… ya pasaron más de 500 años”.

El descubrimiento, la invasión y la conquista de México-Tenochtitlan es verdaderamente vibrante, apasionante, y nos vuelve a recordar la eterna tragedia del ser humano por su forma de ser y actuar, que nunca tendrá fin…

Quetzalcóatl “La Serpiente Emplumada” el dios que representaba la dualidad entre la condición física del hombre y su parte espiritual. Se especula que se trató de un náufrago que logró sobrevivir entre ellos porque sabía mucho más, y les profetizó que regresaría con “hombres blancos y barbados” como él.

***

MIENTRAS, son digresiones a pie de página (como ésta) que hacen referencia a otro acontecimiento coetáneo también importante: la primera vuelta al mundo.

3La primera carta se perdió en Europa; pero, afortunadamente la segunda Carta de Relación hace algunas referencias a la primera.

AQUÍ ES…

…Por fin, ¡llegamos!

El huitzilin rojo, que nos guio en toda nuestra migración hasta acá, a este islote, revoloteó alrededor de la cabeza del quetzalcuauhtli que sujetaba con sus fuertes garras una coatl, retorciéndose, atenazada por su fuerte pico, posada en un nopalli que creció sobre una peña de la que emanaba agua blanca. Aleteó y bajó su cabeza, entonces nuestro jefe Te-nöch y todos, nos arrodillamos ante ella con gran veneración, nuestros tlamacazquis empezaron a quemar copalli4en sus popochcaxitlis, danzar, sacarse sangre con espinas y orar con fervor, un cuicatlamatini empezó a tocar su dulce tlapitzalli, sus alegres trinos superaron el ruido del viento que soplaba, otro lo acompañó retumbando su pequeño teponaztli… el huitzilin pasó volando sobre nuestras cabezas y se fue veloz, hasta desaparecer entre los rayos cegadores de Tonatiuh, las cañas y los tules se iluminaron de una intensa luz blanca… se hizo un gran silencio; después, solo se escuchaban los chillidos del águila, el viento, el agua que salía borbotando, los rezos, la flauta, el tambor y, el sollozo de algunas mujeres… finalmente habíamos llegado al lugar de nuestro destino, después de buscarlo, aposentándonos y guerreando durante más de doscientos años.

1-técpatl / 2-calli 5

Fundación de México-Tenochtitlan. Códice6 Mendocino

Sus cuatro barrios (campas): Atzacoalco, Teopan, Moyotlan y Cuepopan

4Copal, resina blanca del árbol copalqualiuitl, muy olorosa al quemarla. Fosilizada se puede confundir fácilmente con el ámbar (piedra semipreciosa de copal fósil de millones de años) por su color similar y también con manchas, burbujas, basura vegetal e insectos atrapados.

51064 / 1325, migración y fundación deMéxihco-Tenochtitlan (Temixtitan).

6Manuscrito, en tiras de piel de venado o de fibra vegetal alisada y pintada de blanco, escrito con pinceles por los escribas indígenas (tlacuilos) mediante pictogramas y glifos. Las tiras (de varios metros) las doblaban como biombos.

PLUS ULTRA

Escudo de España,“Hay tierra más allá”

El lema de “Plus Ultra” se utilizó para animar a los navegantes a desafiar el infinito poniente marino y olvidar la antigua advertencia de la mitología griega, según la cual Hércules había puesto dos pilares en el Estrecho de Gibraltar, y se creía que eran el límite del mundo7, “NonterraePlusUltra”, la frontera más occidental que los navegantes del Mar Mediterráneo, del Cantábrico y el del Norte podían alcanzar. Carlos I de Castilla y V de Alemania usó este lema personal como expresión del dinamismo del nuevo imperio castellano y lo puso en su escudo heráldico. De esta forma animó a que salieran en búsqueda de posibilidades al otro lado del océano, siendo esta temida creencia mitológica erradicada tras el cruce del océano y descubrimiento de Las Indias en 1492 por Cristóbal Colón.

En esa época ya se hablaba de la esfericidad de la Tierra y se pensaba que debía haber una ruta más corta por el occidente para llegar a comerciar con las civilizaciones del poniente {sobre todo las especias, que valían una fortuna y eran muy demandadas). Calicut era la ciudad de India hasta donde llegaban a comprar especias, sobre todo la pimienta y el clavo de olor; por la longitud medida desde el meridiano cero estaba dentro del hemisferio oriental que pertenecía a los portugueses.

Esta noticia disparó una verdadera explosión de expediciones marinas hacia el Nuevo Mundo descubierto, principalmente de las potencias navales como Hispania, Portugal y Holanda pero también de piratas de muchos lugares para atacar y asaltar a las embarcaciones comerciales, y de corsarios al servicio de un Estado en guerra contra otro para saquear las naos enemigas o sus posesiones, y capturar a la gente importante o nobles para pedir rescate o negociar su libertad y quedarse con su tripulación o la gente de los puertos para venderlos o quedárselos como esclavos.

Mientras esto sucedía en Europa, del otro lado del mar, lejos, muy lejos, allá, en “Plus Ultra”, un poderoso imperio indígena, esperaba con temor y esperanzas, la llegada de hombres diferentes por donde sale el Sol en el mar, blancos y barbados, como les había dicho su dios Quetzalcóatl “Serpiente Emplumada” creador y destructor de todas las cosas del mundo, que se hacía visible con el lucero de las mañanas junto a la montaña sagrada cubierta de nieve, el Popocatépetl. Les traía la fertilidad y las cosechas. Sus vigías atisbaban día y noche el oriente del océano para descubrirlos y dar la voz de alarma a todos los pueblos comarcanos y a su gran señor Mutezuma Xocoyotzin. Esto también alertó a todos los pueblos comarcanos que se enteraron y también todas las poblaciones costeras que daban al mar del oriente (el Golfo de México y mar del Caribe frente a Yucatán) pues Quetzalcóatl fue desterrado de Tollan y migró a la región maya (Yucatán) donde lo llamaron Kukulkán y, seguramente, allá también les dijo lo mismo y que regresaría con ellos. Por eso, todos estos pueblos atisbaban permanentemente el horizonte para ver si los veían venir.

VIAJE A LAS INDIAS

Los Reyes Católicos, los soberanos Fernando II de Aragón e Isabel I de Castilla

Sevilla en el siglo XVI. Rio Guadalquivir, puente de Barcas y Torre del Oro

Transcurría el mes de abril de 1516 en Sevilla.

Castilla era el centro del poder por su protagonismo, apenas habían pasado 24 años que los Reyes Católicos habían recuperado Granada al rescatarla de manos del poderoso sultán invasor, el nazarí Boabdil, y ahora Sevilla se convertía en el epicentro del tráfico comercial con Las Indias, el nuevo mundo descubierto por Colón gracias a los Reyes Católicos. Era el gran portón de entrada y salida comercial al Caribe por su posición estratégica, aunque también los puertos de Cádiz y Huelva por su febril comercio con África y Filipinas. Aquí estaba La Casa de Contratación de los viajes y de la gente que deseaba ir a trabajar o migrar al poniente, a plus ultra, principalmente jóvenes con algún oficio o aptos para la guerra; era un verdadero hormiguero de gente que venía de todas partes de Castilla. Instalaron el Real Consejo de Indias, en el que participaban eruditos nombrados por el rey, hasta astrónomos y cosmógrafos, para legislar todos los asuntos relacionados con las nuevas tierras del poniente y el maltrato y abusos de los indios que delataron8 los dominicos de La Española como Fray Bartolomé de Las Casas, a los reyes. Ya había castellanos viviendo por allá y se contaba que había una riqueza descomunal y hacía falta muchísima mano de obra, albañiles, carpinteros, soldados, marinos, también ciertos animales de granja, armas, cosas y también mujeres trabajadoras y “de la vida alegre”. A pesar de que había un gran temor por los monstruos marinos que atacaban a los galeones en pleno océano, y los piratas, el interés en la aventura y por lograr salir de la pobreza bien valía correr el riesgo. Muchos viajes comerciales y de exploración partían de los grandes puertos de Andalucía hacia todos los rumbos del mundo, siempre escoltados por bergantines de combate y por su Santa Virgen de Los Remedios y Dios Jesucristo.

Una noche, mi padre llegó a casa después de haber estado en el tablao bebiendo vino con sus amigos y, durante la cena, en la mesa del comedor con toda la familia reunida, nos contó muy emocionado lo que les había contado un paisano que había regresado de un viaje a Las Indias que hizo durante los últimos diez meses o más.

—Pues “oíd muy bien”, que esto está cojonudo —nos dijo.

—Un marino de Badajoz llegó acompañando a un amigo que nos contó sus vivencias del viaje que acaba de regresar de las nuevas tierras que se descubrieron allá lejos, plus ultra del poniente. Nos dijo que hay muchas islas, la mayor es muy alargada, la llaman Fernandina9, tiene como 220 leguas, otra isla muy grande está como a catorce leguas es La Española10; en su costa occidental11 viven cazadores franceses que llamamos “bucaneros” y en su costa oriental está nuestro gran puerto llamado Santo Domingo, muy fortificado; han llevado a bastantes esclavos negros que, por cierto, tienen mucha viruela.

Collar mexihca de oro. Museo Nacional de Antropología de la CDMX12

Y hay otra isla grande, como a unas veinticinco leguas marinas, es la montañosa isla de Santiago13 donde hay mucho oro. Y muchísimas islas chicas por todas partes. En todas viven indígenas salvajes en chozas redondas y cuadradas que tienen mucha bravura y son caníbales.

—Nos contó que visitó muchísimas islas donde atraparon a naturales con facilidad pues no conocen nuestras armas de acero y menos las armas de fuego, se asustan con los tronidos y creen que somos dioses o demonios, se asustan al vernos. Hace muchísimo calor húmedo y no hay animales grandes como nuestros toros, caballos, asnos y tampoco puercos ni gallinas como las de acá. Dijo que tanta riqueza ha atraído a muchos piratas y corsarios ingleses y holandeses que abordan nuestras naos comerciales.

—¡Miren esta joya!, es auténtica —nos dijo, sacando de una bolsa de ternero nonato un largo collar de camarones de oro, engarzados en un cordel muy delgado de color negro—. Esto lo truqué con un indígena taino de la isla La Evangelista14 por un puñado de cuentas de vidrio azul y un espejo para verme que llevaba. Cuando le pregunté de dónde lo obtuvo, me dijo que se lo quitó a un jefe indio que mató en combate en tierras de más allá del mar y señaló hacia el mar del poniente. Estoy seguro de que hay más tierras de más ultra; por eso hay fiebre por salir a explorar rumbo a la isla Los Pinos15 que descubrió Colón y está bien lejos, hacia el poniente, rodeada de gigantescos arrecifes de coral muy preciosos pero muy peligrosos pues si chocas te puedes hundir, ahí viven muchos esclavos negros africanos que han ido llevando.

—«“Muchos hombres y jóvenes están pensando en irse ya a esas tierras para hacer fortuna pues hay muchas tierras y muchos indígenas para todos los que quieran, y hace falta muchísima mano de obra, agricultores, ganaderos, pescadores, capataces, escribanos, soldados y marinos… en fin, de todo, mujeres públicas, bufones y músicos, peluqueros… de todo falta”». El peligro está en el viaje, pues puede uno ser atacado y abordado por piratas y si no te matan pues te capturan para venderte o para tenerte como esclavo.

—Por eso es que el valle del río Guadalquivir se está llenando de esclavos negros que atrapan en las colonias de África los mercenarios portugueses; porque el rey y los señores de Castilla están comprándolos a muy buen precio y los envían a Las Indias pues allá hace falta mucha mano de obra. Dicen que ya hay miles de negros africanos en los cientos de islas y también están comprando muchísimos caballos y puercos porque de esos animales no hay en el Caribe, así le llaman a toda la región de La Fernandina y de La Española… ¡Plus Ultra!

Al escuchar esta narración de mi padre me quedé impactado. Era un mozo de dieciocho años, hijo de un matrimonio de campesinos. Me cautivaba contemplar los largos atardeceres en los potreros donde pastaban los bravos toros de lidia, eran tan fuertes y hermosos, majestuosos, ver sus negras siluetas que se recortaban en el dorado paisaje luciendo sus temibles cornamentas… Soñaba con ser lidiador de toros y torear en Madrid; pero, también quería ser militar, me gustaba ver los combates entre espadachines y lanceros, entre jinetes y alabarderos16 ya sea a pie o a caballo; el padre de mi mejor amigo, Don Francisco, era soldado y nos enseñó a disparar la ballesta y a manejar las espadas mandoble y ropera17, y la rodela para protegernos y para atacar. Disfrutaba enseñándonos a pelear y siempre nos decía:

—“Cuando uno de vosotros esté combatiendo con ballesta, el otro debe estar listo con la alabarda o la pica y el escudo para protegerlo”, porque la ballesta es demasiada lenta para recargar y volverla a disparar. Se esmeraba mucho en el diestro uso de la rodela, tanto para defendernos como también para atacar al enemigo. La verdad es que nos pasábamos largos ratos muy divertidos pero francamente agotadores. Crecía nuestra autoestima y nuestra confianza en tener éxito en las tierras nuevas.

Muchas tardes nos hacía practicar combates pie con pie, con mandobles y espadas roperas2, también nos hacía luchar con dagas y picas.

—«Y siempre nos repetía y repetía: “Traten de evitar a toda costa los combates, sobre todo si no conoces bien a tu enemigo”, es mejor convencerlo de que se rinda, demostrándole que serás superior en caso de un combate y, halágalo con regalos y tratos respetuosos para que se haga tu vasallo o aliado, ¡así lo recomiendan los grandes hidalgos y generales!».

—«“¡Mucho desto… poco desto!” —nos decía sonriente pero enfático—, señalándose repetidamente con el dedo índice primero el cerebro repetidas veces y después su bíceps hinchado» … ¡inteligencia más que fuerza!

Sin embargo, aunque llevaba una vida a gusto y tranquila, era muy monótona. Apenas amaneciendo, todos los días de labor, me despertaba mi abuelo antes de que saliera el Sol para darme mi pocillo con leche caliente que acababa de ordeñar (se levantaba siempre antes de amanecer). Me bebía esa leche caliente, brumosa y olorosa a vaca; luego salía para juntar el rastrojo para preparar la composta con el excremento; después, cepillaba los burros, recogía los huevos que habían puesto las gallinas y regaba todas las plantas, mientras mi abuela preparaba el suculento desayuno. Desayunábamos queso con vino rojo y chorizo; al terminar, se despedía el abuelo al irse a cosechar a la sierra; le colgaba al burro el botijo para conservar fresca el agua, su bota con vino tinto y montaba a pelo su burro, lo veía partir... Luego me iba caminando a la escuela para regresar como a las doce y llevarle al abuelo la comida que nos preparaba la abuela y una botella de vino tinto. Lo encontraba en la sierra, comíamos juntos, le ayudaba un rato en su labor y me regresaba a casa si ya no me requería. Mi abuelo regresaba a la casa ya atardeciendo para volver a ordeñar nuestras vacas mientras yo me encargaba de desforjar, darle de comer y beber a su cansado burro al que llamaba “el rucio”, refrescarlo y cepillarlo.

Los domingos iba con la familia a misa. Era la oportunidad para ver a las mozuelas que me gustaban y para reunirme con mis amigos a tomar manzanilla con aceitunas. Así transcurrían todos los días normales del año.

Una tarde, en el potrero de toros bravos, me puse a platicar con mi amigo sobre las interesantes noticias que llegaban de las nuevas tierras descubiertas al poniente, allá… plus ultra, que llamaban “Las Indias” y sobre nuestras inquietudes. Era el motivo para largas charlas apasionadas entre los hombres jóvenes y viejos… y también entre algunas mujeres.

—Oye Pancholin, ¿qué piensas sobre los descubrimientos “plus ultra” y lo que dice nuestra Majestad Carlos V de colonizar acullá?

—Pues mirá Toñico, yo creo que es una gran oportunidad para conocer otros mundos, hacernos ricos atrapando esclavos para nuestras haciendas o para venderlos, encontrar oro, plata y otros minerales. Siendo ricos nos podremos comprar nuestros caballos cartujanos de Jerez de la Frontera.

—Cojones, no me puedo imaginar siendo así y tener un hermoso cartujano negro domado y lucirme con las chavalas del pueblo…

—Pues debemos decidirnos pronto e irnos ya a contratar a Huelva o a Cádiz, de ahí salen muchos barcos mercantes y de guerra para el poniente, siguiendo la ruta de Colón, dicen que llegas en casi dos meses.

Así siguieron los dos amigos, por varios meses, platicando y platicando sobre Las Indias, animados por la aventura y por el deseo de salir de la pobreza. Los viajeros que regresaban, decían que se había descubierto muchas islas con nativos para esclavizar pero que faltaba muchísimo por explorar; que aquello era gigantesco, que cada vez que salía una expedición regresaba con la noticia de haber descubierto más y más islas, no tenía fin. Pero también decían que eran mares muy peligrosos por sus corrientes y sus huracanes y varias expediciones ya no regresaron a la Fernandina. Y que también merodeaban muchos barcos de piratas contra los que había que luchar. Acordaron irse juntos en alguno de los viajes mercantes que partían de los puertos de Andalucía, Huelva o Cádiz. Un día acordaron hablar con sus padres para pedirles permiso de irse y su bendición.

Hablamos con nuestros padres sobre nuestros planes. Lo hicimos con cierto temor pues éramos gente muy rutinaria y acostumbrada a no alejarnos de nuestras propiedades. Para nuestra sorpresa, nos dieron su consentimiento haciéndonos muchas recomendaciones, sobre todo nuestras madres. Hablaron nuestros padres y todos estuvieron de acuerdo en que nos fuéramos y hablamos todos de una fiesta de despedida,

Nos hicieron una misa solemne en la iglesia del pueblo y una gran fiesta en mi casa. El padre de mi amigo nos regaló una ballesta, saetas, una espada media y una rodela, a cada uno; y mi padre unos preciosos juegos de navajas gravadas de Tolosa y una pequeña bolsa de cuero con bastantes doblones18.

El día convenido, nuestros padres nos llevaron a caballo al puerto de Cádiz. Ahí nos contratamos como servidumbre, les interesó que sabíamos de caballos y que manejábamos las armas. Nos mostraron la nave en que viajaríamos; era un gran galeón negro redondo con dos grandes velas cuadradas que lucían hermosas con la Cruz de Borgoña y junto un bergantín de guerra de escolta con dos velas latinas y una gran cangrejera también con la cruz de troncos de San Andrés como también se le llamaba, era la insignia de las fuerzas armadas del emperador Carlos I de Castilla. Había febrilidad en la gente de los muelles, todos se apuraban bajo las órdenes y gritos de los encargados de los galeones y de los almacenes, llevaban rodando muchos barriles y jalando grupos de caballos y asnos, jaurías de perros y gallinas enjauladas, revoloteaban cientos de gaviotas, soplaba una fuerte brisa del mar. Llevaban jalando largas cordadas de esclavos negros. Sentía una gran emoción y temor a la vez.

Cruz de Borgoña o San Andrés

Estaban por partir del puerto, cargados de caballos, piedras de carburo y un gran arsenal de guerra (lombardas, falconetes, barriles con pólvora, bolaños para cañón, arcabuces, bandoleras con frascos de madera y polvoreras para los arcabuceros, espadas grandes y cortas, dagas, rodelas, picas, alabardas, mazas, ballestas, saetas, cascos y capacetes). Los animales ya estaban en el galeón. Por saber bien los dos de caballos, nos emplearon para hacernos cargo de trece caballos, seis burros y ocho perros mastines, darles de comer y controlarlos durante el viaje.

Nuestros padres se despidieron de nosotros, muy sonrientes, bromeándonos y con fuertes abrazos; pero, no podían ocultar su temor y cierta preocupación por nuestro destino… ¿volveríamos a vernos?

“Se me hizo un nudo en la garganta de solo pensar que quizás ésta sería la última vez que los vería… Y sentí temor”.

Nunca he olvidado cuando, en ese momento, mi padre nos dijo con un rictus de gran severidad:

—Hijo y Pancho, cuídense mucho entre ustedes dos, son como hermanos, nunca le tengan miedo a lo desconocido ni a nada, ni a luchar contra los salvajes ¡usen su inteligencia antes que su fuerza bruta!... piensen mucho, ustedes están muy bien preparados para la guerra. Vayan con Dios.

Nos dieron su bendición, abrazados lloramos los cuatro, nos despedimos y subimos con nuestras cosas al imponente galeón. Soplaba una fuerte brisa, muchas gaviotas chillaban alborotadas, nos paramos en la cubierta, les dijimos adiós con lágrimas en los ojos…

***

MIENTRAS, por toda Sevilla había fiebre por las noticias que llegaban de Las Indias y los aventureros y desposeídos soñaban en buscar fortuna (como Toñico y Pancholín), allá, muy muy lejos, por el poniente, desde hace muchos años, los nativos ya habían visto en el mar grandes canoas con velas pasando frente a sus costas y, los habían visto bajar a tierra. Eran muy diferentes a ellos, eran blancos y con largos pelos en la cara, y en varias ocasiones les habían hecho guerra.

Estos pueblos eran muy religiosos y temerosos, tenían muy presente que sus sacerdotes y señores les decían que llegarían hombres de donde sale el Sol acompañados de Quetzalcóatl, hombres sabios y poderosos que llegarían en grupo para avasallarlos y darles mejor vida. Hacían grandes fiestas y sacrificios para el advenimiento de esos hombres y sus grandes señores hablaron con sus dioses y sacerdotes para prepararse para recibirlos. Por eso estaban muy atentas, todas las tribus que vivían en las orillas del mar, de las grandes canoas que se paseaban ocasionalmente. A Culúa llegó la noticia de que las tribus del sur ya tenían prisioneros a dos de esos hombres y que uno de ellos se había hecho hermano maya y se unió con la hija del cacique, ya tenían hijos y era capitán de guerra.

Galeón. Eran naves de casco ligero y afinado, lo que les permitía ser veloces y aptas para ganar barlovento. Medían de 20 a 30 metros de eslora y de 6 a 8 metros de ancho, tenían tres aparejos en una sola cubierta y tres mástiles.

El bergantín era un buque de guerra de dos palos con velas latinas, el mayor y el trinquete. Balanceaba su poder destructivo y su gran velocidad y agilidad en las maniobras. Dependiendo de su tamaño tenía cabida hasta para 30-40 hombres y podía llevar hasta 12 cañones. Era el preferido de los piratas y los corsarios. Hernando Cortés construyó 13 para el asedio de México-Tenochtitlán.

***

Durante todo el viaje, tuvimos un trabajo bastante pesado porque los animales iban inquietos por el encierro y el continuo balanceo del galeón, estaban molestos; los caballos, como eran de guerra, pateaban todo y se mordían, los burros también y los perros ladraban asustados; esto empeoraba cuando había mal tiempo pues era mucho más difícil tranquilizarlos; los dos dormíamos con ellos y nos turnábamos para subir a la cubierta a tomar aire, ver el inmenso mar y asolearnos un rato.

A los dos nos encantaba cepillar y refrescar a los caballos de guerra. Eran caballos muy fuertes y pesados, de carácter, entrenados para combatir, no huir del ruido ni del olor a sangre, no encabritarse, soportar las heridas, los golpes y la confusión de las batallas, nunca retroceder por temor, pelear a mordidas y mortales patadas, obedecían de inmediato a su jinete. Ambos deseábamos juntar el dinero necesario para comprarnos uno para poder entrar a la caballería; eso era uno de nuestros primeros propósitos.

Paramos por tres días en las islas Canarias para cargar matalotaje19 y barricas con diversos vinos. Partimos… se iniciaba el viaje de un mes en aquel mundo de agua para llegar a nuestro destino allá a lo lejos, en el poniente. Cuando estábamos en cubierta, atisbando el horizonte de aquel océano infinito, ningún ave, solo el Sol y nubes, ocasionalmente algunos grupos de delfines nos acompañaban por largos trechos; absortos, nos imaginábamos que de pronto nos aparecería violentamente un gigantesco monstruo marino azotando su terrorífica cola retorcida, como contaban algunos viejos marinos que decían haberlos visto. Cuando estábamos debajo de cubierta, con los caballos, nos entreteníamos jugando dados y naipes sobre las pacas de paja, en la penumbra.

No olvidaré nunca aquella noche del 23 de mayo que estaba de vigía en el carajo20de la verga21. Era una noche ventosa, fría, amarrado para no caerme; de pronto, vi a trasluz de una de las grandes olas una enorme mancha negra. Era un animal que tenía unos ojos amarillos muy brillantes con una larga cola gruesísima y retorcida como tirabuzón, “creí que era una ballena” … Mis gritos de aviso nadie escuchó por el fuerte ruido del viento y el oleaje. Estuve observando aquel gigantesco animal que nos acompañó largo rato y finalmente desapareció en la obscuridad del mar. Saliendo el Sol me bajé del carajo con frío, casi no podía caminar, estaba bastante mareado y les conté lo que estuve observando durante la noche, todos me escucharon asombrados y con gran susto, se persignaron y abrían la boca…

—Dicen que es el Leviatán22 o sus hijos y que se llegan a tragar barcos a mordidas, es verdad lo que dice este chaval —dijo un viejo marino portugués—. ¡Yo vi una vez cómo uno de esos monstruos, de un colazo partió un galeón y después se comió a los hombres que cayeron al agua!

—“! Que nuestro Señor nos proteja con su muy gran amor!” —respondí atemorizado—. Y todos los demás hombres se persignaron y se fueron a sus tareas, asomándose por la borda con grande miedo.

Un día, de pronto, apenas saliendo el Sol, empezaron a llegar volando parvadas de gaviotas al galeón, graznando y posándose en los travesaños de las velas y sobre la cubierta para robar comida. Era el aviso inequívoco de que muy pronto llegaríamos a tierra firme.

Y así fue… Pasado un poco tiempo, vimos en el horizonte una pequeña línea negra que aparecía y desaparecía por las enormes olas, poco a poco se fue definiendo y empezamos a ver muchas palmeras. Llegamos a la isla San Salvador (Guanahaní) que fue la que primero descubrió Colón en su primer viaje de 1492, ya pasaron veinticuatro años.

Desembarcamos en la isla y nos quedamos ahí dos días en una pequeña fortaleza castellana de madera, muy artillada, con la gran bandera de gulescon el castillo de oro de Castilla en su alta torre con vigías, estaba un numeroso destacamento de soldados. Les entregamos la parte de la pólvora que les llevábamos, cuatro barriles de vino rojo, harina, aceite de oliva, azafrán y aceitunas negras; también les entregamos dos cajas con láudano de Málaga, es un extracto de opio con vino y hierbas para curar dolores, tos, diarreas...

Al tercer día, volvimos a abordar el galeón para continuar nuestro viaje a la gran isla Fernandina. Pronto estuvimos frente a la isla que la fuimos costeando hacia el poniente hasta darle la vuelta donde está el pueblo primado en una bahía, Baracoa; le dimos la vuelta y ya del otro lado de la isla entramos a la bahía del puerto de Santiago fundado apenas el año pasado por el actual Gobernador Diego Velázquez. Haciendo maniobras nos pegamos al muelle. Nos sorprendió la bulliciosa villa marina, ver la gran cantidad de esclavos negros africanos e indígenas, su piso tan irregular con pronunciadas subidas y bajadas, un Sol ardiente, calor sofocante húmedo, un pequeño grupo de músicos de negros tocaban y bailaban, había bastantes galeones y bergantines castellanos, por sus banderas vimos que algunos otros eran portugueses y holandeses, una fortaleza artillada con muchos soldados. Era un verdadero hormiguero de gente, descargando y cargando navíos y canoas de pescadores descargando pescados… ¡qué actividad! ¡nos encantó!

Atracó nuestro galeón. Nos despedimos y nos perdimos entre aquella multitud trabajadora, compramos unas frutas muy extrañas que parecían bombas y algo de maíz que (en taíno lo llaman mahis) con alubias negras (aquí las llaman tliletl23) y carne en un puesto callejero. El resto del día estuvimos buscando trabajo y pronto nos dijeron dónde ir a preguntar. Nos contratamos para ir a trabajar como caballerangos a una hacienda de un poderoso señor encomendero que se llamaba Francisco Hernandez de Córdova; de inmediato nos llevaron en una carreta jalada por dos bueyes. Llegamos anocheciendo entre un murmullo de insectos y miles de luces de luciérnagas, nos fueron a recibir con una lámpara de carburo y nos llevaron a nuestro bohío donde había muchos delgados negros africanos sentados en taburetes de madera fumando grandes puros, cantando sus raras canciones acompañadas por el sonido de palos rallados con tambores grabes y agudos.

Trabajamos con indígenas nativos llamados tainos y caribes24, y con fornidos negros africanos traídos de Namibia. Todos hablaban diferenteslenguas, tenían bohíos de diferentes formas y hechuras, los tenían separados para que no se pelearan, se hicieran brujerías o abusaran de sus mujeres. Los castellanos éramos los administradores y capataces durante las labores en los campos de cultivo y teníamos que ser muy duros en el trato para que nos tuvieran respeto. Aprendimos con ellos a reconocer las hierbas medicinales y hacer con mandioca (yuca) el pan cazabe y el pan ácimo.

Muchas tardes, nos entreteníamos combatiendo entre los castellanos que vivíamos en la hacienda y hacíamos competencias de tiro con ballesta. En varias ocasiones vimos llegar al patrón a observarnos y pasar un gran rato observándonos tomando vino y con dos hermosas mulatas sentadas en sus piernas; le gustaba ofrecer un buen premio con reales a los ganadores, para animar las competencias de tiro con ballesta o arco, las luchas y los combates con espadas. También organizaban combates a caballo y carreras.

También le gustaba a él y a nosotros, ver luchar y combatir a los negros y a los indígenas, entre ellos, sobre todo entre los tainos y caribes porque se odiaban y eran luchas muy violentas cuerpo a cuerpo casi desnudos, pues eran muy fuertes y tenían gran rivalidad. Raras veces se metía un luchador castellano contra algún indígena pues casi siempre ganaban ellos y eso no nos convenía que lo vieran para evitar una rebelión contra nosotros.

En la hacienda estaba trabajando un joven portugués que se llamaba Joao que vino de Coímbra en un barco portugués y se quedó en la Fernandina. Era muy bueno para pelear con la pica y gran luchador romano, fuertísimo y guapo, parecía de acero. Era un verdadero campeón pues ganaba todos los combates. Cada vez que peleaba, se calentaba el ambiente y las apuestas pues tenía mucha gente que lo admiraba, pero también había muchos que lo querían ver perder porque atraía mucho a las mujeres, para verlo humillado o bien matarlo en una pelea, ahí mismo o en la calle.

En una ocasión llegó, a pelear, de Axaruco (pequeña colonia de portugueses y negros) un piquero negro portugués llamado Agostinho, decían que era muy bueno para pelear. El extraño era un gigante de ébano, muy musculoso, hermoso. Despertó gran expectación que llegara de lejos un rival. De inmediato se concertó un combate entre los dos portugueses. Así fue como comprobamos cuan bueno era nuestro amigo Joao como piquero.

El combate fue muy furioso, reñido y tardado. Finalmente le ganó Joao, le ganó a Agostinho. Al terminar, se dieron un fuerte abrazo y se sacudieron los cabellos con sus fuertes manos… Todos estábamos admirados de sus habilidades con la pica y de su caballerosidad… De inmediato se organizó una reunión con mucha cerveza y pan cazabe; se integraron varias mujeres que no les quitaban los ojos de encima a los dos.

A nuestras insistentes preguntas de “cómo y dónde” habían aprendido a maniobrar la pica con tantísima destreza, nos respondió Joao sin ninguna petulancia: Fui contratado como mercenario en un tercio castellano25 de Badajos y fuimos a pelear a Marruecos y a Sicilia, ahí me hice alabardero y piquero, tuve un gran maestro castellano que lo quise mucho… ¡brindo por él! tomó un gran trago de cerveza y viendo el cielo exclamó “todo sé gracias a él”.

—Y tú, Agostinho, ¿qué nos dices? —le pregunté, curioso.

—Pues yo me hice joven en el puerto de Cascáis, pero nací en la colonia africana de Angola y me llevaron como esclavo con mi padre; pero, aprendí el arte de la pica con un amigo castellano que era piquero de una tercia. Así que como empecé a interesarme en las armas y él me llevó a una tercia que fue a combatir a Granada y después a las islas Azores. Me hicieron capitán y estuve combatiendo con ellos varios años, hasta que supe de Las Indias y me vine en un bergantín que se quedó en Axaruco.

—Oigan, nos dijo Joao, ¿no se han enterado de que el patrón está organizando una expedición de exploración hacia el poniente?

—Sí, y hay ese rumor de que están reclutando gente.

—Eso es verdad, es muy cierto, por eso vine p’aracá — dijo Agostinho—. En Axaruco reclutaron a muchos marinos y gente de armas; yo me enrolé, por eso vine a Santiago, porque me contrataron para cargar los navíos e irme con ellos como piquero.

Una tarde, el patrón nos mandó a traer a los dos a su casa. Después de recibirnos muy afectuosamente y ofrecernos cerveza… nos dijo muy sonriente dándole una fuerte bocanada a su aromática “cohíba”:

—Me he fijado en vosotros dos porque sois castellanos, jóvenes, trabajadores, esforzados y manejan muy bien sus armas. Los he mandado llamar porque quiero que uno de los dos vaya con una expedición a explorar más allá de lo que conocemos; pero, en esta ocasión solo podrá ir uno de vosotros dos porque al otro lo necesito aquí. Si tienen interés, platíquenlo, decídanlo y mañana me decís quién irá.

—Decidnos patrón, ¿qué esperáis encontrar?

—Pues… otras tierras vírgenes y nativos para los capturar.

—Yo seré el capitán general de la expedición y llevaré me de piloto a Antón de Alaminos que conoce muy bien todas estas islas y las corrientes del mar Caribe.

—Bueno, necesito al mejor ballestero de ustedes dos.

—Ah… se me estaba pasando. Díganle al portugués que vive con ustedes, que irá como piquero.

—Gracias patrón, mañana le diremos quién irá de los dos.

Nos fuimos caminando lentamente hacia nuestro bohío y acordamos hacer una competencia de tiro al día siguiente muy temprano y el que ganara iría. Cuando llegamos estaba sentado en la banca Joao tomándose una cerveza, esperando, para saber para que nos llamó el patrón.

—Joao, tú y uno de nosotros, iremos a la expedición.

—¿Que qué?...

—Si, nos dijo que tú irás de piquero y uno de nosotros dos irá de ballestero y el otro se quedará aquí para trabajar.

—Y ¿quiun de vocés irá?

—Pues, como los dos queremos ir, ya acordamos hacer una competencia de tiro mañana muy temprano y el que gane será el que vaya. Te invitamos como testigo ¿vas?... ¡Claro que sí! —nos respondió”.

Muy temprano nos levantamos los tres y nos fuimos alegres al campo de tiro para competir. Acordamos cinco tiros cada uno con nuestras ballestas.

Primero tiró Pancho y le dio al centro, luego tiré yo y también le di al centro. Segundo tiro y los dos centramos; luego otra vez…

Le gané a Pancho solo por un tiro, nos dimos un fuerte abrazo y quedamos en que si había un próximo viaje iríamos los dos o no iríamos.

—Haré pareja contigo Toñico, te cuidaré mientras recargas tu ballesta para tirar, te protegeré de las flechas y pedradas con mi rodela y con mi pica si se nos acercan.

—Gracias Joao, me quedaré más tranquilo, estando tú como su guardia… la verdad, que nos das muchísima confianza.

—Bien sabéis, que los tres somos como hermanos.

Nos regresamos satisfechos, pateando piedras y haciéndonos bromas. Reinaba la hermandad.

Llegó el día de partir. Apenas amaneciendo nos llevaron en una caravana de carretas al muelle donde estaban amarradas las naos. Parvadas se gaviotas y pelícanos surcaban el cielo.

Llegamos al puerto de Santiago refrescándonos con la brisa del mar, nos llegó olor a pescado y los chillidos de las gaviotas; de inmediato vimos las panzudas velas de nuestras naves. Ya estaban terminando de cargar el galeón a donde nos asignaron. Había otro más y un bergantín. Nos quedamos de pie contemplando su aparejo con enormes velas cuadradas henchidas como enormes panzas de gigantes revoloteadas por chillonas gaviotas.

—Bien Pancho, espero que nuestro Señor nos cuide mucho y aquí estaremos de regreso para contarte qué encontramos y qué sucedió — le dijo Joao sonriente y le dio un fuerte apretón de manos y palmadas al hombro.

Pancho me vio evidentemente emocionado…

—Hermano, ¡cuídate mucho!, me abrazó con mucha fuerza, se le rodaron lágrimas mientras me colgaba un relicario al cuello con la virgen de Los Remedios y me persigno. No pude contener las lágrimas…

Después, Joao y Pancho se abrazaron efusivamente…

—¡A bordo!... ¡A boordooo!... —gritó el contramaeste.

***

MIENTRAS proliferaban las expediciones de conquista del Nuevo Mundo, en septiembre de 1513, el capitán castellano Vasco Núñez de Balboa partió de Santa María la Antigua del Darién (en Colombia) que él fundó. Su expedición llegó a las tierras del cacique Careta, costa del mar Caribe, y cruzó con gran dificultad el istmo panameño en busca del otro mar del que le habían hablado los indígenas. A fines de ese mismo mes, siguiendo las instrucciones de los guías indígenas, Balboa vio desde una cima el océano Pacífico y bajó hasta él. Desde entonces se empezó a buscar el cruce. Juan Díaz de Solís lo intentó iniciando 1516 explorando el río de La Plata, no encontró paso y lo mataron los charrúas.

7Por siglos el Meridiano Cero o “Línea de Demarcación” estuvo en Punta de Orchilla en la Isla El Hierro de las Canarias, era el extremo más occidental del mundo. En tierra firme del continente europeo era el Cabo del Finisterre “Fin de la tierra” en el reino de Galicia. Los Papas Católicas de esa época determinaron que todas las tierras descubiertas del Meridiano Cero hacia el poniente serían de los portugueses (caso África) y que las de occidente serían de los castellanos. Por eso movían la ubicación del meridiano 0, por intereses políticos y religiosos.

8Lector, busca y lee el famoso sermón dominical de diciembre de 1511 en La Española, en defensa de los indios, del fraile dominico Antón de Montesinos ante Fray Bartolomé de Las Casas. Y, de paso, entérate sobre los castigos y crímenes de La Santa Inquisición que crearon los Reyes Católicos en 1478 con el permiso del Papa Sixto IV y que duró como 350 años.

9Hoy es la isla de la República de Cuba.

10Hoy es ahí la República de Haiti.

11Hoy es la isla compartida por las Repúblicas de Haití y Dominicana.

12CDMX: Ciudad de México (México City), antes México-Tenochtitlan.

13Hoy es la isla de Jamaica (Xaimaca en idioma taino).

14Hoy es la isla de La Juventud frente a la costa poniente de Cuba.

15Hoy es la isla Guanaja frente a la costa de Honduras (Hibueras).

16Eran soldados que portaban una alabarda (pica larga que antes de la punta tenía a través un hacha con gancho) para atacar y para derribar a los jinetes de su montura y matarlos indefensos en el suelo por el peso de su armadura.

17El mandoble era una espada larga, ruda y muy pesada que se esgrimía con las dos manos. La espada ropera era ligera y elegante, se portaba con la ropa, tenía un artístico guardamano en la empuñadura.

18Monedas de oro de Castilla, equivalían a dos escudos de oro. La moneda corriente eran los maravedís (valían 375 por ducado).

19Provisión de comida en las embarcaciones.

20Canastilla para observación instalada en los mástiles de los barcos de velas.

21Mástil mayor con perchas y palos travesaños para sujetar las velas.

22Leviatán que aparece en la Biblia, es esta serpiente mitológica aterradora. “Este es el mar, grande, inmenso; allí reptiles sin número, animales pequeños y grandes. Allí las naves se pasean, y ese Leviatán que hiciste porque allí retozase.” (Salmos, 104-25/26)

23Frijol negro, que hasta la fecha se come mucho en Cuba y en México.

24Ambos llegaron de Colombia y Venezuela. Los tainos eran pacíficos.

25Los tercios castellanos fueron como las legiones romanas pero modernas, integraban ballesteros, arcabuceros, flecheros, piqueros y alabarderos.

LOS PRESAGIOS FUNESTOS26

Se manifestaron ocho presagios funestos para el altépetl27 mexihca antes de que llegaran los castellanos al continente, asustaron mucho a Mutezuma, a todos sus sacerdotes, adivinos, guerreros y a la gente del pueblo al suceder:

El primer presagio funesto se manifestó como diez años antes de la llegada de los castellanos. El Huye Tlatoani Moctezuma II observa el gran cometa desde su palacio, todo el pueblo y sus sacerdotes estaban temerosos. Códice Durán.

El 2º: sin motivo alguno ardió la casa de Huitzilopochtli y no pudieron apagar el fuego ni arrojándole cántaros de agua.

El 3º: le cayó un rayo en seco al templo de Xiuhtecutli.

El 4º: cayó fuego del cielo y sonaba como cascabeles

El 5º: hirvió en furia el agua de la laguna, quemó las casas.

El 6º: muchas veces una mujer se aparecía en las noches, iba llorando dando grandes gritos horribles: —“¡Hijitos míos, pues ya tenemos que irnos lejos!” —“¡Hijitos míos! ¿a dónde los llevaré?”

Ave extraña que atraparon de día en el lago de Texcoco. Códice Florentino

El 7º presagio funesto fue una extraña ave como grulla que atraparon con sus redes unos cazadores. Tenía como un espejo en su mollera. Se la llevaron a Mutezuma a la “Casa de lo Negro” (su casa negra donde estudiaba los sucesos mágicos}; era mediodía, y cuál fue su sorpresa que al ver por el espejo vio el cielo, las estrellas mamalhoatztli y unos hombres que venían montadas sobre grandes venados, peleando y, cuando él llamó a sus adivinos y magos para que vieran lo que él veía, todo desapareció, nadie vio nada.

El 8º: muchas veces se aparecían a la gente hombres muy feos, deformes, monstruosos y con dos cabezas… Se los llevaban a mostrar a Mutezuma a la “Casa de lo Negro”; después que los veía se desaparecían.

Estos presagios aunados a las enseñanzas y profecías de su dios Quetzalcóatl