"De motas a rizos" - Ethan Frank Tejeda Quintero - E-Book

"De motas a rizos" E-Book

Ethan Frank Tejeda Quintero

0,0

Beschreibung

¿Fueron los gauchos "cimarrones a caballo"? ¿Logró el Caribe vencer la frontera del Río de La Plata? ¿A pesar del racismo dominante, los autores primordiales del Sur del Continente entregaron sus fascinaciones al componente afro? ¿Qué tanto lograron los esclavizados y subalternos adueñarse de los imaginarios de "los hijos de los amos" en las patrias del Plata? ¿Es necesario revisitar todas las literaturas de lo nacional en una clave de lectura documental? Algunas sugestivas respuestas a estos interrogantes las entrega Ethan Tejeda en su libro De Motas a Rizos, una exhaustiva arqueología literaria de las literaturas del gaucho, sobre el gaucho y desde el gaucho. Este libro se constituye en un importante ejemplo de las nuevas posibilidades que los estudios culturales le ofrecen a la crítica literaria en América Latina.

Sie lesen das E-Book in den Legimi-Apps auf:

Android
iOS
von Legimi
zertifizierten E-Readern

Seitenzahl: 1037

Veröffentlichungsjahr: 2023

Das E-Book (TTS) können Sie hören im Abo „Legimi Premium” in Legimi-Apps auf:

Android
iOS
Bewertungen
0,0
0
0
0
0
0
Mehr Informationen
Mehr Informationen
Legimi prüft nicht, ob Rezensionen von Nutzern stammen, die den betreffenden Titel tatsächlich gekauft oder gelesen/gehört haben. Wir entfernen aber gefälschte Rezensionen.



Tejeda, Ethan Frank

“De motas a rizos” : africanía y africanidad en lasliteraturas primordiales del Río de la Plata (la noción delnegro, entre la invisibilidad, el vaciamiento y lafantasmagoría) / Ethan Frank

Tejeda Quintero.-- Cali : ProgramaEditorial Universidad del Valle, 2018.

548 páginas ; 24 cm.-- (Artes y Humanidades - Estudios Literarios)

Incluye bibliografía

1.Crítica literaria-Argentina2. Literatura argentina - Colecciones de escritos 3.Movimientos literarios de negritudes

4. Negros- Identidad étnicaI. Tít. II. Serie.

A860.4 cd 21 ed.

A1590969

 

CEP-Banco de la República-Biblioteca Luis Ángel Arango

Universidad del Valle

Programa Editorial

Título: “De motas a rizos” Africanía y africanidad en las literaturas primordiales del Río de la Plata (la noción del negro, entre la invisibilidad, el vaciamiento y la fantasmagoría)

Autores:Ethan Frank Tejeda Quintero

ISBN: 978-958-765-640-4

ISBN PDF: 978-958-765-641-1

ISBN-EPUB: 978-958-765-642-8

Colección: Artes y Humanidades-Estudios Literarios

Primera edición

Rector de la Universidad del Valle: Édgar Varela Barrios

Vicerrector de Investigaciones: Jaime R. Cantera Kintz

Director del Programa Editorial: Francisco Ramírez Potes

© Universidad del Valle

© Ethan Frank Tejeda Quintero

Diseño de carátula y diagramación: Hugo H. Ordóñez Nievas

Imagen de portada: Candombe o Candombe bajo la luna, pintura de Pedro Figari, 1922

Este libro, o parte de él, no puede ser reproducido por ningún medio sin autorización escrita de la Universidad del Valle.

El contenido de esta obra corresponde al derecho de expresión del autor y no compromete el pensamiento institucional de la Universidad del Valle, ni genera responsabilidad frente a terceros. El autor es el responsable del respeto a los derechos de autor y del material contenido en la publicación (fotografías, ilustraciones, tablas, etc.), razón por la cual la Universidad no puede asumir ninguna responsabilidad en caso de omisiones o errores.

Cali, Colombia, febrero de 2018.

Diseño epub:Hipertexto – Netizen Digital Solutions

CONTENIDO

INTRODUCCIÓN

La fantasmagoría del negro, las psicofonías de la morada sin límites y de la espectracular ciudad de Buenos Aires

PRIMERA PARTEAUTORÍAS Y DELIMITACIONES

AUTORÍAS, RELACIONES Y VITALIDADES DEL TEMA (SUBALTERNIDAD COMPARTIDA Y MIRADA EXTRAÑADA)

Bartolomé Hidalgo, epifenómeno y precursor

Hilario Ascasubi, la diversidad por encima de las filiaciones

Antonio D. Lussich, cronista del descentramiento

El negro en el entarimado de la poesía gauchesca: (Hernández, epígono y eclipse)

Sarmiento y la escatología caracterizadora (los carabalíes de la pampa)

Africanía en boca de hispanistas (Leopoldo Lugones y La Guerra Gaucha)

Borges y la condensación mitológica

Don Segundo Sombra, lectura objetiva de un personaje asumido al canon, pero ignorado en su condición de Afroargentino

SEGUNDA PARTEAFRICANÍA EN EL RÍO DE LA PLATA, CONSIDERACIÓN, ASIMILACIÓN Y ANIQUILACIÓN

INTEGRACIÓN Y RECLUTAMIENTO: DEL MUNTÚ A LOS CANTOS DE GUERRA, DE LA ESCLAVIZACIÓN A LA ENSEÑA HIPNÓTICA DE LA PATRIA

Rosas: del amo ausente al patronato y al caudillismo concesionado (José Marmol y Eduardo Gutiérrez, relatores del “eclipse”)

AFRICANIDAD Y PARTICIPACIÓN, ESPACIOS GANADOS Y NO RECONOCIDOS EN EL TRÁNSITO ENTRE LA COLONIA Y LA REPÚBLICA NACIÓN, NOMINACIÓN, CONSTITUCIÓN

Nación y Patria, trampas inmarcesibles

El Nacioncito Bozal e hijos de africanía lenguaraces de lenguas europeas

Cambio de órdenes, preservación de la colonialidad

Nacionalidad y ética del trabajo

Memorias y tientas, espacio para las resistencias

La africanía fantasmagórica entre la definición de lo Rioplatense. Continuidad atlántica vs vanidad mediterránea (inminencia Caribe e inmanencia carabalí)

TERCERA PARTE(DE LA DESAPARICIÓN)

DISCURSO SOBRE LA BARBARIE, EN EL AHÍ DONDE NO SE ADVIRTIÓ EL VALOR DE LO MÚLTIPLE

La gauchesca del ocaso, instrumentalización y desmemoria

La payada del Moreno, pertinencia y territorialidad

Lucio V. Mansilla, expedición a la morada sin límites (matiz de La payada del Moreno)

La fuerza y el descarte, insustentable versión

Paternidad de las Patrias en el Río de la Plata, el desprecio por encima de los duelos

El cargo de “la violencia atávica”

Miguelito y El Negro del Acordeón (renovación de la propuesta de revisitar lo primordial)

EPÍLOGO

BIBLIOGRAFÍA

NOTAS AL PIE

 

 

 

 

Primero fue en la frontera/ por persecución de un juez./ Los indios fueron después, /y para nuevos estrenos,/ aura son estos morenos/ pa alivio de mi vejez.La vuelta del Martín Fierro

Something better than a dog, a little dearer than a horse.PAUL GROUSSAC

INTRODUCCIÓN

 

 

La ratificación del deseo de estudiar la diáspora africana en América me llegó vestida de una de aquellas variaciones de la violencia que, por no formar parte de mis cotidianidades, antes quizá no asumía en su patética vitalidad. Al caminar entre las góndolas de la librería El Ateneo en Buenos Aires hube de enfrentarme al hecho de presenciar cómo un despachador sometía a castigo físico a mi hijo de tan sólo año y medio de vida; entre gritos, le arrancó un librito de cuentos que el niño había tomado de los anaqueles; al acercarme con la intención de reclamar por el gesto del vendedor, este me contestó: ¡Anda a cagar, negro de mierda!

La idea de la palabra negro se dibujó en todas sus dimensiones posibles; entre el sentir de la implosión, con la contundencia de un toque de carimba, saltó en mi mirada para generar de dolores vocaciones y cincelar la voluntad de trazar las africanías y las africanidades en ese ahí de la representación devorado por las diferentes fórmulas del blanqueamiento.

Aunque es bien referido el uso del exónimo negro en la Argentina y son vitales las discusiones sobre el origen de dicho uso, aún se encuentran análisis que mantienen a raya lo obvio en medio de lo conocido, como el aportado por Alejandro Solomianski (2004), lejano a los reduccionismos, en el que se juegan advertencias y definiciones:

Para el mismo significante “negro” se ha desplazado el significado y el concepto ya no remite a africanidad sino a autoctonía americana, a “raza roja” (denominación esta última que en la Argentina carece de significado). Obviamente la carga racista es notable: sigue siendo la mirada del colonizador sobre el sujeto colonizado, sobre el nativo, sobre la fuerza de trabajo a ser explotada. Me interesa destacar entonces cómo un grupo humano que, al menos teóricamente, hubiera podido saltar las murallas alienantes del “contrato social” queda, sin embargo, prisionero en virtud de la posición de inferioridad que ocupa en la producción de bienes, la prestación de servicios, la posesión de propiedades, el acceso a las oportunidades y a los bienes simbólicos. La “blanquedad” no se recorta contra los indios (que ya no existen) sino contra “la negritud”, aunque en este caso no tuviera nada de africana (al menos imaginariamente). Aún hoy a comienzos del tercer milenio, en un país con renovada y aumentada inmigración de ancestría africana, mayoritariamente el significado de “negro” remite a los provincianos de piel oscura, a inmigrantes bolivianos y paraguayos e incluso, a veces, a personas que más allá del color de su piel carecen de los correspondientes gustos “refinados” que corresponden consensuadamente a “la buena sociedad”. Tales personas son, en función de su inclinación por sus gustos “gronchos”, “negros (de la) cabeza”. (p. 256)

Negros todos, negros localizados, extraños a la noción de “los negros de Nación” portada en el vientre de los primeros años de sometimiento y de esclavización que fue una constante durante el proceso de consolidación de las repúblicas del Plata; negros surgidos del imperio de las genealogías del odio, que sirven para sostener el pregón por el rezago de la sombra, vista esta como una metáfora natural del ser incompleto. Negros-rojos, negros-curros, negros-horros, negros-infieles, negros-negros, negros todos, negros para ser salvados del telón de fondo en una historia que pretende completo el viaje “de motas a rizos”. Negros y sentimientos, que hacen que la primera definición de dicha voz en el Nuevo Diccionario de Uruguayismos esté marcada por afectos y nociones de lo doméstico: “Se usa para dirigirse afectivamente a alguien, especialmente al novio o esposo” (p. 264). Memoria segunda de la posesión que se radicaliza al vincular negro a la voz barato: “coloq. desp. Persona de condición social baja, especialmente la de tez oscura” (p. 264). Historia del uso, de la administración adjetiva, de luchas sustantivas que sirven para las escisiones en que se advierte que la piel porta las cicatrices, pero no se hace en absoluto claro a las consciencias.

En tanto frente a la discusión en torno al exónimo, en el estudio del asunto bahiano presentado en el trabajo Negociación y Conflicto (2005), Joao José Reis y Eduardo Silva desentrañan una memoria segunda en la historia de sus desconfianzas y vaciamientos:

Obsérvese un aspecto importante de la taxonomía racial de la época: los africanos eran siempre designados de pretos, en contraste con los criollos, una conocida designación de los afrobrasileros. La designación negro era poco usada porque su campo semántico confundía, al fundir al africano y al criollo. La necesidad de establecer la diferencia se difundió en Bahía en este periodo, cuando las rebeliones africanas establecerán la urgencia política de enfatizar las diferencias entre los esclavos nacidos en América, supuestamente confiables, y los aguerridos esclavos arrancados de África”. (p. 45)

Diferencia entre bozales y ladinos, entre demonizados y domesticados, que ha de signar la historia del uso de una voz imposible de adormilar entre los parapetos de falsas mieles y afectos; pretos y motas, recortes de lo objetivo que vinculan el destacamento al desprecio.

En el Nuevo diccionario lunfardo, José Gobello (1994) asume la definición de la palabra negro refiriéndola en primera instancia al habitante del interior del país, en una dinámica en la que el “interior” corresponde al afuera. Gobello aporta a la historia de la pérdida del etnos en dicha voz, al asumir la expresión negrada como referida al proletariado, parangonando el proceso de absorción de los mecanismos y los espacios de representación de los hijos de la africanidad por parte de las categorías marxistas, en medio de un ya conocido daño colateral de lo diverso en el avance de las luchas de clase. José Gobello acota: “Son todos términos que conllevan una gran carga despreciativa […]” (p. 180), y devela los mecanismos de una falseada carga afecta de la palabra en la cual instrumentalización y reconocimiento se disputan cual fenómenos.

Negro, prieto, mota, voz y voces para nominar a las africanías y a las africanidades que aportaron a la elevación de una educación sentimental en la cual el honor se escapa a las solemnidades europeas, y la vida se pondera en el arrojo y en el arrebato que hacen de los duelos cosa de lo incontenible y no de lo concertado. Trazas1 que no son aditamentos ni accesorios, pues se han de adivinar centrales en la determinación de las lecturas posibles de lo genérico y que, a pesar de las altas popularidades del ignorantismo, ratifican sus vitalidades cada que una mirada dispuesta a los detalles desentraña la intimidad. Africanidades alejadas de la relación entre continuidad y pureza, pues se habrían de transformar en la caribeñidad, en el influjo escindidorista, en la estética antropofágica que detonó las revoluciones adivinatorias de la maldición que significaba el tránsito hacia un mundo donde la competencia desigual se vendería cual libertad y el mercado acallaría a los proclamadores de la igualdad en el derecho, en la confusión entre consumidor y ciudadano.

La noción de la expedita continuidad de Europa en el Río de La Plata ha convertido sus geografías en un bastión del engaño enciclopédico, inconsecuente con la historia de una América fundada desde el Caribe, en la cual la diseminación de las particularidades del centro del mundo localizado en un océano cabalgado por tratas y contrabandos se disimula por asociar la literatura a tufillos honorables y la producción textual a la influencia directa de las tradiciones expresivas del viejo continente. Asunto por demás falaz, pues Europa se “copiaba” sobre la América continental con insularidad interpuesta. Los discursos republicanos arribaron al sur del subcontinente permeados por los traductores de islas como Martinica y Haití; la poesía se esparcía por el Nuevo Mundo en los copiones producidos por las imprentas de los centros esclavistas localizados en México, La Habana y Cartagena de Indias; la alfabetización entró a estas tierras por las geografías de misiones y de conquistas; la pulsión por la crónica inicialmente fue cosa de corsarios y no de lustrosos señores interesados en falsear sus genealogías. No obstante, la farsa enciclopédica le titula al Río de La Plata el primer poema épico del continente americano en cabeza de José Hernández, el primer cuento en la persona de Esteban Echeverría, la primigénesis del ensayo americano a Domingo Faustino Sarmiento, el primordio de la prensa sensacionalista a Hilario Ascasubi, la fundación de la novela moderna a Ricardo Güiraldes, el atisbo de la novela histórica a José Mármol, etc. Disposición de prestigios y de rótulos que se debe a una intención política empeñada en aplazar la advertencia del surgimiento inevitable de lo particular de en medio de las violencias y de las imposiciones, que logra ningunear a los verdaderos focos genésicos de una literatura posible en la no completitud de la evangelización y de las ofensivas civilizatorias. La enciclopedia direccionada ha hecho de la literatura americana un peoducto tardío y milagroso, donde se destacan las relaciones entre los argumentos y las semillas de los heroísmos impuestos por la espada, al tiempo que se ignora a las poblaciones relatadas y a los dadores de poéticas insufladas en dolores y en búsquedas por la retaliación.

En el abordaje de la enormidad de una literatura llena de pregonados precursores, convertida en referente, guía y obligación, de frente a una producción que reclama para sí fundaciones, arquetipos y primigenias, ante la relación de autorías en torno a la cual se ha vendido la idea de los gestos inaugurales, una de las labores de este ejercicio ensayístico ha de ser la de buscar y rebuscar los indicios en la escénica, la poética y la narrativa de la transformación de la expresión negro de etnónimo a uso lacerante, de exónimo a estigma, de rótulo a distintivo que en cada jornada le ofrenda el hígado al águila voraz de la obligación fabril. Ha de comprender el recorte de los indicios que dictan pervivencias y resistencias, más allá de las presencias físicas y del influjo que pretende indiscutible un asunto basado de forma exclusiva en las densidades: el origen único de la argentinidad.

En esta investigación hemos de avanzar en la lectura de lo que se pretende cristalizado, en la comprensión de las demografías oficiales asumidas como una tiranía numérica que sirve para sustentar los gestos de quienes consideran las preocupaciones principales de este trabajo cual cuestiones superadas o perdidas entre sospechas y misterios. La lectura específica de los objetos de estudio, las piezas de una literatura que alimenta una leyenda de lo nacional, se ha de disponer en dinámicas de relación, contraste e inventario2, en el fortalecimiento de una perspectiva de discriminación afirmativa de las africanidades en un corpus en el que hasta hoy son casi insalvables los determinantes de la invisibilidad, el vaciamiento y la cosificación.

En la lectura de los textos primordiales de las literaturas del Río de La Plata hemos de significar las presencias, las cuantías y las mermas que no conmovieron a los expertos del ignorar, a quienes hicieron plausible el pasar por alto, a quienes dictaron, en la artificiosa escasez, la inutilidad de estudios que consideraran a los etnos, a las memorias, a los supérstites, a las transferencias, a los rastros y las huellas de lo diverso y de lo irreversible; esos que se enamoraron de piezas y clasificaron producciones pero no advirtieron las tragedias testimoniadas por autores de épocas determinadas por las preeminencias de lo múltiple.

El esfuerzo de este texto inicial estará concentrado en la revisión de las literaturas asumidas como la semilla de la idea de lo nacional y de los sentires de Patria que dictaron pertenencia y pertinencia en ambas orillas del Río de La Plata; literaturas cundidas por lo ignorado, en las que bien vale la pena el esfuerzo tanto de un carreteo re-significante3 como de la apuesta arqueológica que busca prendas en medio de lo abisal, de lo congelado, de lo condenado al olvido, de lo infantilizado. El punto de partida será el cuerpo primordial de las gacetillas y las formas de un periodismo propagandista asumible al efecto de la “gleba-lización” de los aparatajes de la participación; hojas sueltas pensadas para leerse en voz alta, que buscaban adhesiones pero que también dan un testimonio enorme de las distancias de las poblaciones con lo hegemónico y de unas autorías hechas a las formas de la ironía, en un ejercicio panfletario tendiente al vencimiento de las claves del expansionismo. Emisiones de imprenteros4 que se han leído para el vaciamiento o para la constatación de las pobreza estilística de las voces del tránsito entre Colonia y República; documentos expeditos que versan sobre la imposición, la secularización y la popularización de claves que subsume el cambio de órdenes.

A pesar de no considerar incluidas a las payadas y a los gallos en una posible historia del periodismo argentino, al seguir las maneras separatistas de las genealogías habituales, en Identidades secretas: la negritud argentina (2004) Alejando Solomianski brinda claves para entender las condiciones de la circulación de contenidos en un espacio donde los sentidos son tributarios o libertos en la consolidación del Estado y de las legitimidades en una nacionalidad; en el séptimo capítulo de su libro se despide de un Siglo XIX al que reconoce fundante, mientras alindera las voces de africanidad que han ganado lo público en tres grupos, “Periodistas, poetas, payadores”, y hace un recorrido por la producción textual de hombres y de mujeres de color; en su labor descubre y ratifica nombres y voces, lejos de afanes cartesianos y probatorios, sin la pretensión de cerrar un asunto de rarismos y riesgos:

Antes de comenzar una división de esta masa discursiva en cada género particular en función del análisis, quisiera proponer que en esta búsqueda y cuestionamiento de las identidades del “periodismo” se dirige a las relaciones de los afroargentinos consigo mismos y su ancestría, la “poesía” apunta hacia el arduo espacio de la “alta cultura” y la conflictiva convivencia con la “aristocracia” argentina, y “la payada” se centra en la pertenencia (digamos que por derecho propio o como identidades fundadoras) al campo de la “cultura popular” argentina”. (p. 193)

Asuntos de circunscripciones, de locaciones y de asimilacionismos, donde las obligaciones se travisten en las diversas categorías del valor, que da cuenta de incertidumbres en medio de las maquinarias aniquiladoras del conservadurismo y las conminaciones de las propagandas socialistas tendientes a desaparecer rasgos específicos por el afán de las consciencias de clase.

Alejandro Solomianski plantea un trabajo para ser desarrollado en la opción de romper las clasificaciones y los resultados de los afanes genológicos; labor fundamental para nuestra apuesta ensayística, que correrá el riesgo de desdibujar las fronteras entre los ejercicios divulgativos, a la luz de la consciencia de la transformación de las formas que corresponde al negocio de las poblaciones en públicos debida al matrimonio entre información e industria.

En su labor, circunscrita en los estudios culturales, Solomianski clasifica, pero no advierte la opción de considerar las voces de payadores, poetas y periodistas afro como distintos aspectos de una misma expresión. Por eso, con la intención de avanzar en el entendimiento de la africanía como cosa dada, en esta investigación el punto de partida serán las literaturas que portan una intención de cohesión, coacción y cooptación, donde se siembran las relaciones entre posición, filiación y consecuencia que devienen en un sentir de comunidad alinderado por ánimos y por escrúpulos. Hemos de estudiar textos y autores afectados por el efecto de lo superado, que alimentaron el momento en que los deícticos de las rebatiñas aún no sucumbían a las axiologías de los maquinismos y del matrimonio entre ciencia y desprecio; corpus extenso que refleja las desobediencias momentáneas de una América que ve cómo se le pretende una ontología hecha de la aspiración por lo ajeno, mientras se convierten en carne de folclore los arquetipos cincelados por las violencias, las escisiones, la condición subalterna y el inexorable encuentro de las huestes propias del intersticio entre las majestades-potestades y las denominadas éticas del trabajo5.

Este trabajo comprenderá literaturas que colectivizan en medio del dictamen de la legitimidad, que en el caso del Río de La Plata se asumió axiología de la “blanquedad” como circunstancia de virtud y moral y como trampa epistémica. Literatura enorme y malbaratada por:

• La necesidad liberal de falsearle un antes a todas las cuestiones.

• El afán de ratificar la poética del progreso en el efecto que constituyen las diversas sofisticaciones.

• El culto a la claridad, la celeridad y la facilidad que convierte en asfixia pro-eficiencia lo que puede asumirse en las vitalidades del secreto y de la ironía como elementos de arraigo, como condiciones de la memoria y como derroteros de la participación.

Los objetos de estudio, de revisión y de análisis considerados para la elaboración de este libro pertenecen a una literatura hoy plagada de pies de página y sometida a lecturas en las cuales la musicalidad ahoga las resistencias; obras que se pierden entre las sombras de una europeidad que para justificarse requiere disponer sobre las eternizadas colonias una artificiosa infancia; documentos dispuestos para el entendimiento, que se aplazan entre los estériles orgullos que elevan martirios y heroísmos; obras de distinta extensión y tenor que se ahogan entre el polvo de lo refundido y de las refundaciones; memorias de las geografías humanas, de las inmensidades donde la dispersión garantiza la continuidad de lo que mitad se ignora y mitad se escapa, convertidas en las anécdotas de los desiertos por la mirada del simulacro de hombres blancos y el congelamiento al que el ignorantismo6 somete la vida para tornarla en escena de museo o en estampa de costumbres.

Tributario de las mitologías argentinas, Borges dispone el congelamiento de los tiempos en el cuento El Sur:

En el suelo, apoyado en el mostrador, se acurrucaba, inmóvil como una cosa, un hombre muy viejo. Los muchos años lo habían reducido y pulido como las aguas a una piedra o las generaciones de los hombres a una sentencia. Era oscuro, chico y reseco, y estaba como fuera de tiempo, en una eternidad. Dahlman registró con satisfacción la vincha, el poncho de bayeta, el largo chiripá y la bota de potro y se dijo, rememorando inútiles discusiones con gente de los partidos del Norte o con entrerrianos, que gauchos de esos ya no quedan más que en el Sur”. (p. 636)

Reducido y pulido para ser instrumentalizado, convertido en monumento que brilla desde la pauperización, el sujeto cobra protagonismo para vengarse de una mirada determinada por exotismos y ubica a Dahlmann entre el puñal y la pared, representados en las orillas de él como hombre de ruralidades y el compadrito que cobra y siembra orfandades: “Desde un rincón, el viejo gaucho extático, en el que Dalhmann vio una cifra del Sur (del Sur que era suyo), le tiró una daga desnuda que vino a caer a sus pies. Era como si el Sur hubiera resuelto que Dahlmann aceptara el duelo”. (p. 637). Cuestión de propiedades y de prestezas, en la necesidad por la edificación del origen de aquel que con ilusión se expone con el pensamiento mañana me despertaré en la estancia y encuentra el camino hacia una muerte que es ratificación y escape:

Salieron, y si en Dahlmann no había esperanza, tampoco había temor. Sintió, al atravesar el umbral, que morir en una pelea a cuchillo, a cielo abierto y acometiendo, hubiera sido para él una liberación, una felicidad y una fiesta, en la primera noche del sanatorio, cuando le clavaron la aguja. Sintió que si él, entonces, hubiera podido elegir o soñar su muerte, esta es la muerte que hubiera elegido o soñado. (p. 638)

Elegir y soñar, opciones indiscutibles en los tiempos del antes de la aceleración del mundo; integración y escisión en una historia que se la juega por pregonar un origen único: “Dalhmann empuña con firmeza el cuchillo, que acaso no sabrá manejar, y sale a la llanura” (p. 638). Primordio y fundación de los temperamentos y de los destinos, predisposición que nos permite entender continuidades que van más allá de las cronologías del expansionismo europeo, que nos enfrenta a lógicas en que amaneceres y crepúsculos se funden para el olvido terapéutico de los constructos de la aniquilación que anteponen a la tan pregonada pureza y al poco discutido origen único de lo rioplatense. Presencias, argumentos, escenas y anécdotas sobre las tensiones de la diversidad con el avance de las claves de la moral de la modernidad que, al estar presentes tanto en las literaturas primordiales de las naciones del Plata como en las obras de las voces principales de la argentinidad hasta la primera mitad del siglo XX, niegan la súbita desaparición del elemento africano en una historia pregonada en la blanquedad.

La denominada en este ensayo literatura primordial es sujeta a las búsquedas de una infamocracia7 que requiere, para justificar las voracidades que hoy mueven al mundo, vender la idea de la reciprocidad, la consideración y la redistribución a un primitivismo que se consume entre evocaciones y no sinceras simpatías. Idea de lo primordial asumida a la ordinalidad y a las fascinaciones que impactan arraigos y sentidos de pertenencia; primera educación sentimental del levantino hombre de América, huella a nivel emotivo, que en cada relectura se revitaliza, más allá de la identificación de una historia, del reconocimiento de un ordenamiento jurisprudencial, de la locación en medio de las pugnas entre quienes se hicieron a la administración de lo político para perturbar la inminencia de la advertencia de una memoria alternativa a la de las imposiciones8.

Las consideradas para esta investigación son obras dispersas, asociadas a un primordio que nos permite entender los cuándos y los porqués de lo relatado, de lo escrito, de lo colectado, de lo consignado en diccionarios y en libros de texto, de lo que circuló en la búsqueda por la condición de indiscutible y de lo que se refundió por pretextos estilísticos o por la administración de adjetivos como fallido, incompleto, errático, o por acepciones como intento, fracaso y equívoco; colección de voces que pretende cincelar las condiciones del individuo, de las poblaciones y de su participación en asuntos como la nacionalidad, el reconocimiento del Estado, la matrícula en los discursos patrioteros y el entendimiento de la relación entre derechos y probabilidades.

Lo primordial es al tiempo una noción, una categoría y un concepto que nos permite avanzar en la discusión sobre la alegorización y la idea carcelaria de la ficción asumida a las fundaciones (ideas que no dejan de ser unívocas y monolíticas), a la consideración de la relación de las emisiones y de las producciones culturales con la historia de las adhesiones, de las polarizaciones y de las confusiones; todo en un territorio maldito por la instrumentalización vendida como el único camino para entender al otro y para asumir los porqués del rostro de una América de lo no significado, de lo irreconocible y de lo irreconciliable.

En este ejercicio, enmarañado por la doble apuesta de la historia y la sociocrítica, hemos de revisitar tanto a textos blindados por la enciclopedia como a textos vencidos ante la canonización y sometidos a una moral de la modernidad según la cual virtud y valor dependen de las proximidades a los caprichos de la centralidad. Riesgo corrido que es más que la nominación de una perspectiva, en el que se comprende la literatura como el reflejo de lo social, como la relación de asuntos que constituyen lo concreto, sin la pretensión de usurpar la idea de la “realidad”. Esta mirada a la literatura, específica en voluntades críticas, alimentadas por recortes y focalizaciones que es posible confundir con ánimos estructuralistas, nos permite fortalecer los diversos discursos sobre la “consecuencia”, que sirven para incrementar las probabilidades de entendimiento de nuestras condiciones presentes y de lo que se prospecta. El hoy en el que la diversidad aún lucha por el reconocimiento se copia de momentos donde la aniquilación es la apuesta de los que pretenden lo único como determinante insalvable; de tal manera, releer las payadas en las que los pobres se declaran en la consciencia de la condición de utilerías de las batallas, los cuentos en los que los escindidos ven arder los logros de sus agenciamientos por la obligación frente a un establecimiento que solo los considera para el castigo y el sacrificio, revisitar las novelas en las que se elevan los discursos justificantes del desprecio o se aclara el origen de una educación sentimental nos dan la opción de:

• Entender la continuidad de las angustias y de las indefensiones.

• Ver los relevos de los objetivos de las diversas luchas sociales.

• Comprender las circunscripciones y los esguinces hechos a sectorizaciones, estratificaciones y demás argucias técnicas que hacen poluta la comprensión de las poblaciones.

La lectura para la re-significación de los objetos, en el escape de lo sinóptico, permite establecer otros palcos para la observación de las reivindicaciones civiles, para comprender los sentires por la necesidad de asociación y de reconocimiento en cada instante, en cada momento, en cada girón de memoria; comprensión que no es justo asumir como la inutilidad o lo accesorio en un hoy de la impavidez que caracteriza al triunfo irrestricto de los individualismos.

En este trabajo hemos de llamar a cuenta obras negociadas al absurdo por los nefandos de la superioridad, diseñadores de relaciones e inventarios que:

• Viciaron al lector con la administración de rótulos como Poesía en Lengua Burda o Gauchesca en Lengua Culta.

• Asumieron las gacetillas como formas primitivas de periodismo condenadas al fracaso por la no comprensión de la relación lector-mercado.

• Comprendieron las luchas de divulgadores comprometidos ideológicamente con un cronismo de balbuceantes y los ejercicios de los precursores de la instalación de la memoria propia con los girones torpes característicos de las minorías de edad literarias9.

Las comprendidas en esta labor son obras instaladas en el testimonio y en la denuncia que, sin ser leídas en detalle, se convirtieron en piezas de la alta estima por lo nacional que se debe al culto por la continuidad de Europa en América, o que fueron lanzadas al fuego de los tiempos como aquello que se escribió pero que no hay que leer10. Obras de distintas layas, en las cuales la voz única se entiende imposible y las inminencias de los temas, los paisajes humanos, las dinámicas relacionales, colectadas, referidas o retratadas traicionan las filiaciones y las intenciones de los autores. Sujetos que, movidos por sus diversos compromisos, nos ratifican la necesidad de volver a elaborar todas las lecturas bajo la idea de buscar asuntos específicos que permiten el reconocimiento y lo afirmativo de aquellos que fueron pasados por alto o que resultaron sometidos a los mecanismos de la aniquilación.

El corpus seleccionado para esta apuesta ensayística da cuenta de las pugnas entre el republicanismo (asumido lejos de la unanimidad en tanto versión o momento), los nacionalismos (que en el salto de lo político a lo estético logran instalar lo popular en el centro de las discusiones) y la defensa de la tradición (como una cuestión única en la obligación de abocarse a los derroteros entre conquista, civilización y sofisticación); de tal forma, abriremos espacio para el análisis a voces que, en su sinceramiento, hoy podemos leer cual deshumanización, masacre y pauperización, pero que en su idealización se nos presentan para el deseo, el objetivo y el destino. Enunciaciones difíciles de seguir en medio de los ensordecimientos que no reconocen aquello que no pertenezca al rango de lo directo y de lo transparente11, que bajo el influjo enciclopédico se nos administran más en raciones que en razones, para justificar las bajas estimas de historias y de memorias no abocadas a las utilerías de la hipocresía que disimulan la relación entre deber y fracaso de lo propuesto por el expansionismo de Europa.

En medio de aquel panorama de la sujeción y de la obligación a la europeidad que significaron las nociones de Nación, Escuela e Industria difundidas desde aquel laboratorio del vaciamiento que se pretendió el Cono Sur del continente americano, hemos de asumir la tarea de desmontar de entre los genéricos convertidos en vergüenzas las particularidades que pueden cambiar las maneras como las advertencias de la africanidad se han construido en una historia de opacidad e invisibilidad. Así, pues, el ejercicio de Arqueología Literaria tenderá a la búsqueda de las nominaciones, de los usos expresivos y de los toponímicos que han de develar los testimonios de presencias que los ojos entrenados en crisoles han pasado por alto.

La advertencia de rasgos en las literaturas apocadas en la relación entre enciclopedia y patrioterismos, nacionalismos y populismos, purismos y caudillismos, servirá como recurso para la ampliación y el homenaje a los trabajos realizados a partir del gusto, la afectación, el compromiso y la disciplina por Hector P. Blomberg, José Luis Lanuza, Diego Luis Molinari, Elena S. F. de Studer, Ricardo Rodríguez Molas, Jorge Luis Borges, José Edmundo Clemente, Marta Goldberg, Silvia Mallo, Carlos Mayo, Hebe Clementi, Dina Picotti, Néstor Ortiz Oderigo, Bernardo Kordon, Vicente Rossi, Marcos de Estrada, Vicente Gesualdo, Daniel Schavelzon, Miguel A. Rosal, George Reid Andrews, Carmen Bernand, Lea Geler, Norberto Pablo Cirio, Alejandro Frigeiro, Alejandro Solomianski y Donald Castro, entre otros12.

La finalidad de esta investigación, circunscrita a la combinación de una actitud cimarrona con las formas bartheanas13, ha de consistir en mostrar la significación diferencial de aquello que se agotó en la lectura única, de aquello que se convierte en inabordable, en medio de los diversos hipnotismo-idiotismos; de aquello que se ha querido confundir con el antes y con la nada para malbaratar la posibilidad de la advertencia de un siempre y de un todos que nos obliga a asumir poéticamente la dispersión de los orígenes14.

Sin pretensiones deconstructoras, haremos rescates parciales de obras vaciadas por las lecturas conservadoras donde condensación y olvido se miran al rostro; textos aplazados, nunca resueltos, de los cuales se conocen hasta la saciedad los argumentos o las leyendas de las autorías; poemas, atisbos de novela, documentos que ratifican la particularidad de nuestras teatralidades, convertidos en prendas de los maestros de escuela que pretenden usarlos como referencias del origen de los orgullos, mientras el agotamiento pasa de hojas a entendimientos. Presos de anaquel, o descartes subidos a la Web, a la espera de miradas que corran el riesgo de comprenderlos como constitutivos de versiones que se alimentan de probabilidades y no están dispuestas para ser replicadas cual lecciones que en cada nueva repetición pierden elementos, en la condena que las lleva a convertirse en dato somero y en la pretensión por el indiscutible.

Las tentaciones en la elaboración de este trabajo se reconocen múltiples; por eso se obrará sin la búsqueda por la administración de criterios de verdad y se caminará la humildad de la propuesta de una clave de lectura que no corresponde ni a la neutralidad valorativa ni al compromiso que se requiere por parte de la intelectualidad orgánica. La opinión deslizada en este ensayo no contará con un carácter diagnóstico ni ha de propender por resolver una cuestión que aún hoy es muy difícil separar de las nociones de exótico y de periférico; en ella la obviedad se deslizará cuando sea requerida, y lo excepcional se buscará entre un siempre dejado a las prisas y a las formas de una historia de la crítica que pretendió evidencia suma a los cambios de vestido, en desmadre de la advertencia de la continuidad de los dramas y de las dificultades de las mayorías15.

Por la acendrada idea de América como un espacio para la continuidad de Europa, la colección y la crítica de los objetos literarios obró en detrimento de las poblaciones que portadoras de sentido se contaron cual incontenidas y peligrosas, bajo los pretextos del orden y de la disciplina que hicieron de la ciudadanía y de la participación una cosa a mitad de camino de las purezas y de las competencias16.

En este texto, la idea de destacar las presencias de la africanía y de la africanidad no corresponde a la búsqueda de ánimos justicieros ni mucho menos al gesto de pintar a capricho una morada ajena, pues en la sistematicidad de los dramas de la historia, y en medio de la mundialización de la dificultad, hoy se advierte la inminencia de las posiciones que propenden por asumir que todas las tragedias detonadas por las conquistas son constituyentes de una misma tragedia que es el rostro sincero de la idea de lo universal.

Entre los efectos de un orden moral construido a la luz de los principios de realidad y de placer17, obramos para el destacamento y la advertencia de lo múltiple en medio de la rotunda imposición de las claves de un ignorantismo instrumental que afectó a todas las geografías tocadas por los expansionismos. Formas de la ligereza y de la grosería ante las cuales hoy la extrañeza se convierte en insostenible y la propiedad por cuestiones nacionales se inutiliza, al convertirse en un pretexto más del dolor negociado por la placidez y de la confusión sobre las consecuencias de las palabras escape y escisión, asimilación e inserción.

Las advertencias sobre el riesgo de una historia jugada en el ignorantismo no son ni tempranas ni tardías, pero fueron desdibujadas en la conversión de los intelectuales en nombres de calles, de plazas o de estaciones del subterráneo de Buenos Aires; en su Teoría y Práctica de la Historia (texto incluido por Leopoldo Zea en su Pensamiento positivista latinoamericano), Juan B. Justo desnuda las condiciones del relato de las hegemonías:

¿Vamos a creer en lo que cualquier gobernante o ambicioso nos presente como la verdad histórica? En política se miente, en política se mistifica, se oculta la verdad, y aun se simula el error, cuando se tienden privilegios que defender o apetitos que puedan satisfacerse merced a la ignorancia y el engaño de los otros. Al politicastro cuya meta es el gobierno de un pueblo que desprecia, bástale tal vez conocer los vicios que ha de alimentar, los prejuicios que ha de adular, los fraudes y las violencias que ha de cometer. Esta es la ciencia histórica necesaria para sus fines mezquinos y efímeros. Para llegar a la verdad histórica preciso es querer descubrirla en toda su desnudez, militar del lado donde no hay privilegios que disimular o defender. Nadie como el pueblo trabajador necesita conocer la verdad en materia social; nadie como él puede proclamarla sin ambages; nadie como él sufre de sus propios errores, por lo mismo que son sinceros. (p. 488)

Significativo avance de la voz de trueno del patricio al sujeto disciplinar que habla de la necesidad por las militancias y la democratización de la verdad. La idea de criterio aún no tiene las condiciones para establecerse, pero se da un gran avance para entender la idea quimérica e hipnótica de “la historia de todos” y para empezar a considerar la obligación de “todos en la historia”.

El hoy se nos dicta en un concierto de continuidades, irrupciones e interrupciones que en su consciencia nos brinda la opción de administrar los distintos rostros del poder, entre los que se cuentan tanto un orden económico mundial como los dispositivos que activan la legitimidad en los distintos campos disciplinares. Por eso planteamos un trabajo que escapa a:

• El influjo de densidades, que justifican la importancia de un tema en el conteo de cabezas, al tiempo que sostienen el ardid de la misteriosa y absoluta desaparición del componente africano en la historia, la sociedad y la cultura en el Río de La Plata.

• Las lógicas espacio temporales dejadas al amaño del acumulado o de la consecuencia, en las que se pretenden las convenciones y los conceptos como únicos elementos en la administración de las certezas; en la comprensión del tiempo cual cuerpo desmembrado y por articular, bajo el influjo de la idea de las fundaciones y de la necesidad mnemotécnica por principio y fin que plagan el entendimiento con las trampas de lo sincrónico (“hasta y desde aquí”), mientras se pierde de vista la opción de comprender la vitalidad de los procesos y de los porqués, de los quiénes, de los dónde y de sus evidencias18.

• Las formas seudo-ponderadas de la simultaneidad, tendientes a una falseada tolerancia separatista, que dista mucho de ser verdadero entendimiento.

• Las vanidades de los restauradores, quienes reconstruyen al monigote temporal, en la administración de sus intereses e intentando dictar cual indiscutible la interpretación que han hecho de las articulaciones; en la elevación de un cuerpo al que perfuman con solemnidades y compromisos mientras aperan lustrosamente para disimular los vacíos.

Proponemos, para dar cumplimiento a nuestros objetivos como investigadores y críticos, un texto con las consideraciones del ejercicio creativo, libre en tanto la organización sincrónica de los objetos de estudio19, y consciente de la participación de lo hegemónico en la no consideración de lo obvio y de lo expreso de forma directa en las obras a estudiar, y de lo íntimo como espacio para la significación y la resistencia en el contexto referido, específico y particular, del Río de La Plata, dispuesto como lugar donde en la microscopía y en los correlatos triunfa la memoria sobre el proselitismo de una historia orientada hacia el desmonte de la diversidad.

Hemos de asumir obras fácilmente asociables con la canonización de las literaturas en el Cono Sur de nuestro subcontinente; no hemos de incurrir en exotismos y en rarismos; hemos de leer las obras de siempre en un cambio de perspectiva que algunos pueden considerar meramente isotópico, pero que nos lleva a ratificar la relación de la crítica con la voluntad y a comprender el genotexto como un determinante casi insuperable, en el cual las formas históricas de leer se muestran consecuentes con la disposición de los Estados Nacionales de asumir lo múltiple y lo disperso; hemos de avanzar desentrañando la pobreza dominante en la lectura de textos que se pregonan agotados; ejemplo claro de eso se da en cuatro textos de la novela gauchesca en los que se pasaron por alto los etnos, las voces y las prácticas que corresponden a la resistencia de la africanidad:

•Martín Fierro, de José Hernández.

•Santos Vega y los Mellizos de La Flor, de Hilario Ascasubi.

•Don Segundo Sombra, de Ricardo Güiraldes.

•Caramurú, de Alejandro Magariños Cervantes.

En cuentos como El Matadero, en el que no se extinguió la costumbre de leer con desprecio a la africanía; en obras como el Fausto, de Estanislao del Campo, en la cual se da cuenta de la relación de las poblaciones con la tensión entre lo oral y lo caligráfico, y se eleva la memoria de sujetos que resisten en medio de la obligación por la blanquedad y sus solemnidades; en poemas como los de Bartolomé Hidalgo y Antonio D. Lussich, en los que conversan los morenos, los pardos y los libertos cansados de la sujeción que ha hecho de las batallas un nuevo rostro del amo; en textos etnohistóricos como Una excursión a los indios ranqueles, de Lucio V. Mansilla, donde se advierte cómo los antiguos pífanos de los regimientos aportaron a las músicas populares ante la mirada despreciativa de los sujetos a los cuerpos institucionales aún obligados a la europeidad; en libros como La Guerra Gaucha, de Leopoldo Lugones, donde, a pesar de su acendrado racismo, el autor de El Payador da cuenta de las presencias de lo diverso en las luchas por la independencia; en relatos como los de Ricardo Güiraldes, donde las poéticas escapan a las formas impuestas desde el matrimonio entre lo aristotélico y lo judeocristiano. De tal forma, nuestras lecturas se instalarán en lo habitual, con la intención de hacer sindéresis excepcional de aquello no reconocido, vaciado o eliminado.

En este ensayo, el criterio primordial se asumirá a la circunstancia en que la expresión y su relación con la configuración de un ser-pertenecer salta del derredor del fuego que concita al amparo de unos sorbos de cimarrón20 a los rodillos dispuestos para la leyenda de los imprenteros, a las cicatrices en el aire dejadas por los cantos que servirían como fuente e inspiración a autores posteriormente malbaratados ante orgullos patrioteros, o ante lecturas impostadas en el afán de extinguir lo múltiple en las significaciones o en las consideraciones.

Para efectos prácticos, la noción de primordio se sostendrá en la visualización significada de la tensión entre lo oral y lo caligráfico; ahí donde lograron ganar espacio los distintos orígenes, a través de voces que, diluidas, metamorfoseadas, negociadas, el tiempo sorprendería tanto en su memoria segunda como en su elemento fundante de la argentinidad.

En este ensayo, la idea de lo primordial se dicta urgente para:

• Entender de una manera diferente el surgir de la gauchesca.

• No caer en las trampas de la noción de que existen literaturas mayores y literaturas menores.

• Escapar del instrumentalismo político del valor administrado por la idea de las literaturas nacionales.

• No dejarse tocar por el rarismo justificado en las rotulaciones de pintoresquismo y coloquialismo.

• No ser prendas de la sospecha sustentada en los desprecios a los que se someten sin consideraciones los textos tildados de costumbristas.

En Revolución poética y modernidad periférica (2009), Alberto Julián Pérez, a pesar de sumarse a quienes consideran mayoría y minusvalía como criterios aplicables al hecho literario, nos muestra lo excepcional de un corpus que nunca será de fácil abordaje para los genólogos:

En la gauchesca la amalgama de forma y contenido es total, con una ventaja, que su forma es una invención genérica local, sin conexión evidente con el canon literario culto. Esto no significa que estos escritores no estuvieran conscientes del canon literario culto, como todos lo estuvieron, especialmente Estanislao del Campo y José Hernández, los que llevaron el género al mayor grado de complejidad y sofisticación, sino que la invención genérica no dependía directamente de este canon, porque su forma poética provenía de modelos poéticos múltiples y de diferentes épocas, y eran en ese momento anacrónicos para la literatura culta. (p. 28)

Ideas de anacronismos y de escisiones que no es justo eclipsen a la diversidad aportante en el surgimiento de la gauchesca; diversidad que no se puede vencer por las rotulaciones de imitación folclórica suministradas con odio, donde la hegemonía se niega a reconocer la vitalidad de voces, de arraigos y de prácticas que no se pueden administrar como el antes de un ser nacional.

En la relectura de un espacio específico de la expresión sometida a las tensiones entre las ideas de valor y de virtud, de lo grafológico y de lo oral, de función y de representación, lo primordial se explicará entre los duelos de las diferentes poéticas y filiaciones; mismos que corresponden a las opciones de falsear a una historia en purezas o de hacerla de reivindicaciones que no obedecen a los espejismos del orgullo.

Como categoría de análisis, lo primordial se vitalizará en el entendimiento de:

• El tránsito de la fascinación de la voz del payador a la emisión de la rotativa. El viaje de la ironía, de lo burlesco, del sainete grotesco a los géneros informativos y de opinión.

• La confusión entre los realismos que consideran la voz del paisaje humano y los costumbrismos refractados por escatologías y desprecios (refracción debida a las búsquedas por el arbitrio de la aptitud y la legitimidad asociadas a la idea de la existencia de una cuna de la civilización indiscutible en el reducido panorama de Herodoto).

• La opción de leer las presencias de lo diverso para descentrar, multiplicar, atomizar o diasporizar las formas de un relato histórico específico.

En este estudio, la africanidad y la africanía serán trazadas en la consciencia de los imposibles de la exactitud y la absoluta certeza, que corresponden a un ahí donde los afectados por las dinámicas de los contrabandos que mantuvieron viva la esclavización después del desmonte de la trata y los recién arribados en la idea de hacer vida comparten la nominación bozal21; un contexto donde los periódicos de los subalternos se publican en el idioma que se hará al arbitrio post-mercante22, un tiempo espacio donde la idea de lenguaraz se asocia al dominio de las lenguas europeas y un momento en el que los etnónimos tienden a convertirse en adjetivos administrados con desprecio en un campo de contactos y de choques en el cual se juegan los lugares de la potestad y de la subordinación.

En medio de un espacio-tiempo reconstruido a través de objetos de estudio que no se agotan en las lógicas documentales, que no cuentan con las fiabilidades que les corresponden a la voz de los notarios, que no se limitan a las lógicas de lo archivístico, que se mueven entre los rescates y las relecturas de lo que los ortodoxos llamarían fuentes segundas, en El Río de La Plata la africanidad llega a advertirse gracias a fenómenos como el de Las Naciones23 que permitieron la preservación de elementos identitarios que hoy nos llaman a cuenta en tanto a consideración, rescate y discriminación.

En medio de coplas, de contrapunteos, de controversias, de gacetas, de las memorias de la celebración y de las expresiones populares inscritas en la obligación por las formas tradicionales (estructuras, argumentos, modelos de composición y estilos), a pesar de lo ríspido de las condiciones, poéticamente resiste lo diverso. En cada correr de página de este ensayo, la africanía se dictará en voces, figuras y prácticas en las que operan sincretismos, enmascaramientos, ocultamientos y redefiniciones; la africanidad será rescatada de en medio de aquello que se enfrenta a la de-significación o al congelamiento; mismos que se deben al peso de las formas tradicionales de leer, a la ligereza enciclopédica o al descuido propio de lo que se negoció en medio de los indiscutibles. Caso dado en las maneras de resolver técnicamente los recursos, en la transformación y la explotación del entorno, en la definición del paisaje que hace de la supervivencia una fuente generadora de evidencias de la cultura material; asunto referido, reseñado y colectado en las diversas literaturas, sin importar las adhesiones de los autores. El escritor no puede dejar de lado su condición de “sabedor”, tal como sucede con un Leopoldo Lugones quien, a pesar de asumir los discursos sarmientinos y de plegar sus motivaciones a la hondonada seudocientífica que podó a las diversidades, en el correr de sus letras testimonia tránsitos, choques, tradiciones y prácticas que asumen al subsumido o escindido al porte de profundidades; ejemplo de ello es el relato Carga, donde quienes van a ser devorados por lo inmenso asumen al otro en sus saberes y en la practicidad de sus técnicas, debido a lo inconmensurable de entornos que habrían de incendiar con el pretexto de la cristianización:

[…] Recorrían leguas y leguas sin oír un rumor humano. Las noches transcurrían en la mayor quietud; pero al amanecer, no bien emprendían su jornada, bajo el talón del último hombre prendía un incendio. Por el frente operaba la misma invisible tenacidad. Pedrones derrumbados cerraban las angosturas. Falsas pistas llevaban a engañosos prados donde el garbancillo envenenaba a las bestias. Carroñas de animales y aun de hombres inficionaban las aguadas; los manantiales cavados adrede, cegaban a su paso, viéndose obligados a practicar cacimbas en sus arenas para beber sin peligro. (p. 76)

Fragmento donde queda claro quién es propio, quién es ajeno y quién está aperado para sobrevivir, adaptarse y transformar, quién es portador de poder y quién portador de conocimientos. En la voz cacimba, una práctica, una técnica, un etnos de origen africano, un saber subsahariano y un asunto que resulta indiscutible: la profundidad de la influencia Bantú en las apropiaciones productivas de los entornos americanos. La narración de Lugones continúa con un elemento extraño a una europeidad que en lugar de asumir las influencias se vende cual tradición única: el enjuiciamiento y el sometimiento sumario a un ya muerto: “Cierta noche voló una carreta de pólvora, incendiando el parque. Explorada la campiña, solo descubrieron un brazo quemado, que el consejo de guerra condenó a la horca como un reo” (p. 76). Asunto de extrañeza y de naturalidades que se da en la interdependencia de captores y de sometidos, en el que el reconocimiento del otro escoge sus versiones más cruentas.

Frente a este tipo de indicios, frecuentes en la literatura genésica del Plata, la africanía y la africanidad propuestas para este estudio se elevan en la consciencia del riesgo que habita la tentación por establecer una dicotomía entre marginalidad y centralidad; antonimia que solo aporta en una apuesta bien por el destacamento de lo excepcional perdido en exotismos o bien por un ejercicio político que en el fondo ratifica la trampa de los distintos rostros de la noción minoría; escollo casi insalvable que disimula réditos específicos en pregonadas justicias, mientras se establece la legitimidad de las alternativas administraciones de la segregación24.

La labor por emprender en esta investigación comprende lo afirmativo, que no se puede negar por la fuerza de la tan pregonada extinción de las africanidades en el Río de La Plata, pues comprendemos que las presencias no se deben considerar exclusivamente en cuestiones corpóreas u objetivas, debido a las inminencias que la mirada en detalle destaca de entre temperancias y legitimidades, que la lectura orientada rescata de en medio de aquello que se hizo a un origen único donde la condición de hermanos menores se impone como una condena perpetua para los que no pueden reivindicar centralidad.

Sin ánimos incendiarios, hemos de colectar los indicios de probabilidad de las lecturas de lo diverso entre argumentos, estructuras, morfologías y tonos caracterizados por los influjos de lo genérico y de lo universal, pues nuestra apuesta es por comprender la relación de lo particular registrado en las voces de los payadores y en las enunciaciones de lo gauchesco con las poéticas afrodiaspóricas; en un recorte de rasgos que se tiende a comprender de forma exclusiva en las ideas de la ruralidad, de lo periurbano, de lo periférico y de lo marginal, leídas cual estigma y no como destacamento de continuidades que determinan al individuo y a la sujeción, más allá de los procesos de institucionalización que apocan a las poblaciones en comunidades sectorizadas, a las personas en ciudadanos y a los portadores de memoria en oficiantes, laborantes o profesionistas.

Lejos estarán los esfuerzos de este texto de la intención de trazar a los gauchos negros, pues no se quiere generar el efecto de la localización que corresponde a la organicidad intelectual ni mucho menos se quiere llegar a probar de forma contundente alguna afro-primigénesis; tan solo queremos aportar en la redefinición de una historia que ya no se soporta en el crisol núbil de la unicidad y que nos brinda la opción de comprender a un proyecto de la población que se ubica lejos de los determinantes que estratifican, problematizan y estigmatizan.

En este libro hemos de trazar un proyecto de agenciamiento de lo en común que es extraño a las caracterizaciones y a las ordinalidades portadas en las ortodoxias europeas; un proyecto del vínculo que nos ratifica en la idea de la necesidad de virar el rumbo de las lecturas racializadas y etnográficas por las interpretaciones de lo poblográfico asimilado a lo poético, y a lo deontológico y alejado de lo sistémico, lo epistemológico y lo sintético.

Lo poblográfico es importante para advertir un estado de crisis de la unicidad ubicado en el tránsito de las independencias al constitucionalismo que terminó de repujar los límites de los Estados-Nación en el continente americano; noción de la crisis, sentimiento de escisión al que aportan diferentes voces, sin importar el color de las pieles; estado de crisis de la europeidad que se evidencia con el correr de hojas donde no importa la intención del autor, pues la enormidad de los ignorados, de los burlados, de los vejados, habrá de imponerse. Crisis total de los pretextos mediante los cuales los hijos de la africanidad pasan de ser parte del color local a ser prendas del extrañamiento y, de ahí, a ser leídos cual fundantes de las realidades de una América que como proyecto inacabado vence a los rótulos de lo bárbaro y de lo civilizado. Crisis de la mano firme que de tanto saltar de plumas a látigos ha dejado se siembren las dudas primordiales que nos constituyen entre tanto arrebato; dudas como la expresada por George Robert Coulthard en la “Pluralidad cultural”, breve ensayo incluido por Cesar Fernández Moreno en su libro América Latina en su literatura, donde el crítico inglés intenta dar una locación a la representación, la expresión y la consideración de lo “negro”; inicialmente, lo mueve la relación de los autores blancos que deslizan escenas o personajes de la negritud, autores que duda en asociar al primordio de lo hoy incontenible y antes inabordable:

¿Se puede(n) aceptar como aportes culturales africanos el contenido y el estilo de esta literatura, o sería más razonable rechazarlos completamente? Se trata, como hemos dicho, del tema negro, pero no escrito por negros ni mulatos, y aunque hay descripciones de bailes, ceremonias, actitudes negras, todo está visto desde afuera. (p. 63)

Los asuntos del adentro y del afuera los hemos de aprender como un aspecto artificial, pues los relatores se encuentran inmersos en contextos donde lo africano goza de profunda vitalidad; a pesar de ello, a los relatos hegemónicos no les importan las pieles, los contenidos y las maneras de aquellos en quienes las gorgueras no ahogaron los cantos, de los que se hicieron a los cuerpos, a los imaginarios, a los sentimientos de los pretendidos dueños, mismos que hoy en medio de la vanidad no se han de reconocer habitados por las expresiones de las víctimas de sus sometimientos.

Coulthard se disculpa ante esencialismos y se blinda frente a señalamientos, al hacerse más de razones que de pretextos: “Sin embargo, su inclusión en este capítulo podría, acaso, justificarse, puesto que una preocupación tan persistente puede haber servido para preparar el terreno para una literatura impregnada de genuinas esencias africanas” (p. 63). El huésped africano en la literatura latinoamericana, en su objetivación o no, en su condensación física o no, era y es inevitable; solo bastan voluntad y técnicas para advertirlo:

La africanía, para emplear un término de Fernando Ortiz, existía en algunas regiones de América, sobre todo en las Antillas de habla española, francesa e inglesa, pero a un nivel completamente popular. Este mundo complejo —santería, vudú, costumbres, creencias, cantos y bailes— no había encontrado una expresión literaria, sólo había sido descrito. (p. 63)

En este trabajo advertimos que la africanía y la africanidad habitaban y habitan toda América, que persistían y persisten hasta en esos lugares donde se cimentó el artificio de la blanquedad total; que se hicieron de las cotidianidades y se obligaron en la ratificación de los individuos ante sus particulares nacionalidades, que se elevaron para asegurar que en casi todos los territorios lo popular se asumiera central, que se esparcieron en la evidencia o el ocultamiento al hacer uso de los más diversos instrumentos de divulgación: las canciones, los bailes, los periódicos, los refranes, los dichos.

La africanidad y la africanía son sempiternas, incluso en aquellos territorios donde se les pretende confundir con la nada. Así, pues, la idea de la lectura poblográfica propuesta para este texto solo se sostiene en lo extendido, lo esparcido y lo inconmensurable; se vivifica ahí donde el riesgo es la confusión entre el todo y la nada, donde la especificidad triunfa sobre los exotismos y las individualidades se entienden a la luz de un marco de tensiones que van de las promesas por locaciones a las que se accede solo en el olvido de lo propio hasta los influjos de lo criminal. Poblografía que se propone como semilla de futuras categorías conceptuales y que por su estado embrionario no sería justo considerar como condiciones técnicas cerradas o absolutas certezas metodológicas. Poblografías para ser administradas más allá de los afanes por caracterizar lo densificable, por clasificar lo colectable, por someter a consideraciones temporales a quienes que se pueden catalogar por el efecto de las lógicas, de los acumulados y de las consecuencias. Poblografía aplicable sobre seres de papel, presencias que resisten cual testimonios y que justifican el correr de las brochas y de los halos de luz en las lupas puestas al servicio de las búsquedas de aquello que va más allá de lo probatorio. Poblografía25 que auxilia en el entendimiento de lo que no se pretende hacer pasar de lo no advertido a lo indiscutible.

En la consciencia de que la africanía no se resuelve en colores de piel, ya advertimos que la idea de trazar a los gauchos negros no conmueve al correr de páginas de este ensayo, cuestión que no deja de lado la opción de asimilar dicha figura al ardid del esclavo por naturaleza, de la resignación y de la entrega a ultranza; en Juan Moreira, Eduardo Gutiérrez da testimonio de la completitud de la sujeción, misma que fue preocupación principal para autores como Franz Fanon, y que después se pretendió apocar en la diada asimilación-desaparición:

Moreira llegó a asimilarse de tal modo al doctor Alsina, que se había convertido en la sombra de su cuerpo y en el eco de su pisada.

De día no lo abandonaba un momento; de noche tendía su recado en el patio, a la puerta del aposento del niño y dormitaba allí velándole el sueño.

Cuando el peligro pasó, cuando la situación de Buenos Aires quedó en estado normal, ya los servicios de Moreira fueron innecesarios y el paisano quiso volver a su pago a atender sus intereses abandonados tanto tiempo y juntar sus animalitos, que andarían dispersos por los campos vecinos.

El doctor Alsina hizo todo género de ofertas a Moreira para que se quedara en el pueblo a trabajar y conservarlo así a su lado, pero todo fue inútil.

El paisano se sofocaba en la ciudad y necesitaba volver a los trabajos del campo, donde lo llamaban su inclinación y sus hábitos.

Viendo que todo esfuerzo sería inútil, el doctor Alsina le proporcionó un pasaje y lo despidió, dándole una suma de dinero en agradecimiento de sus servicios.

A la vista del dinero Moreira palideció y una lágrima, arrancada por el sentimiento, fue a perderse trémula y silenciosa entre la naciente barba.

El doctor Alsina, comprendiendo lo que pasaba por aquel espíritu noble, retiró con presteza el dinero, al mismo tiempo que aceptó decía con acento conmovido: —No me ofenda, patrón; si yo lo he servido ha sido porque en ello he tenido gusto, y no merezco esa oferta, porque me hace doler el corazón.

El doctor Alsina, profundamente impresionado por este rasgo de nobleza, tendió primero su mano al paisano, y lo estrechó después entre sus brazos.

El paisano se enterneció lleno de orgullo al sentir íntimamente la presión de aquel abrazo, levantó la hermosa cabeza iluminada por la emoción que saltaba a sus ojos magníficos y se separó del doctor Alsina diciéndole: -si alguna vez me cree útil, si mi cuerpo puede servirle alguna vez de defensa, mándeme a avisar nomás, patrón, que yo vendré aunque sea del fin del mundo; disponga de mi vida sin embozo, porque desde hoy soy cautivo de sus prendas.

El paisano se alejó rápidamente y el doctor Alsina quedó meditando en la nobleza de esta raza desheredada de todo derecho, cuyo único porvenir es el puñal y los atrios electorales o los cuerpos de línea al eterno servicio de las fronteras. (p. 48)