De nostalgia y desarraigo - Rosana Lecay - E-Book

De nostalgia y desarraigo E-Book

Rosana Lecay

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Beschreibung

Cada año, con más alegría y aceptación, reflexiono sobre el encuentro de culturas que provoca la migración. La actitud de la sociedad que recibe al inmigrante determina, en gran medida, su proceso de integración o de exclusión. La sociedad receptora también se enriquece con costumbres, música, sabores e imágenes del inmigrante. Decidí vivir este proceso con nostalgia, pero dejando atrás la melancolía que demoraba mi avance y me estancaba en el recuerdo. Resolví vivir la alegría del encuentro con mi nueva tierra, amarla, respetarla y luchar por ella. Porque el exilio no me quitó una patria, sino que me regaló otra, con nuevos colores y sonidos, con amigos entrañables y amores indelebles, con hijos bellos y aprendizajes duros. Con esperanzas, con luchas, con dificultades, con nostalgia de mi tango y cielo. Tengo dos patrias; agradezco que me permitan ser parte de ambas y de sus vidas, aquí, en México y allá, en Argentina. Y un sentimiento: tener por siempre el corazón dividido entre dos amores, unidos por un puente inmenso de solidaridad. Rosana Lecay Los argentinos caminamos maravillados otros suelos, admiramos otros paisajes, pero nos gana la nostalgia en nuestros corazones. México abrió sus puertas a la llegada de inmigrantes rioplatenses con una generosidad que pocos pueblos brindan. Este libro reúne cuentos y relatos que tienen una doble mirada: la del inmigrante sorprendido y curioso que viniendo de otra cultura pone toda su energía para adaptarse a su nueva patria, y la del argentino que no dejará nunca de añorar su tierra. En su prosa, Rosana Lecay plasma la lucha para no perder identidad buscando al mismo tiempo insertarse en una realidad diferente para ser aceptada. Cada uno de los relatos permite percibir, a veces con humor, a veces con tintes intensos, el camino del desarraigo y los puentes invisibles que el inmigrante tiende para no dejar de ser lo fue, aunque ya sea diferente.

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Seitenzahl: 107

Veröffentlichungsjahr: 2022

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ROSANA LECAY

 

De nostalgia

y desarraigo

 

 

 

Cuentos y relatos

 

 

 

 

narrativas 21

 

www.comunidadeditores.com

Créditos

 

 

Colección: Narrativas 21

 

Título original:

De nostalgia y desarraigo - Cuentos y relatsos

 

2ª edición

 

© Rosana Lecay, 2022

 

© De esta edición: Pensódromo SL, 2022

 

Diseño de cubierta: Cristina Martínez Balmaceda – Pensódromo

 

Editor: Henry Odell — [email protected]

 

ISBN e-book: 978-84-125592-1-7

ISBN print: 978-84-124098-2-6

 

Cualquier forma de reproducción, distribución, comunicación pública o transformación de esta obra solo puede ser realizada con la autorización de sus titulares, salvo excepción prevista por la ley. Diríjase a CEDRO (Centro Español de Derechos Reprográficos, www.cedro.org) si necesita fotocopiar, escanear o hacer copias digitales de algún fragmento de esta obra.

 

Sumario

Créditos

 

Del editor

Dedicatorias

Agradecimientos

I. Notas de inspiración y distancia

Las hortensias

La ceremonia

El mar no tiene edad

La sanación

Imágenes de un encuentro

Alborada

El encanto de la lencería

Tango maldito

Ajeno

Réplica al Sol

II. Matices del destierro

El esperado regreso

Fútbol y nostalgia

Caramelos media hora

Una dosis de Buenos Aires

Delicias del lenguaje

La mirada de Juan Gelman

Inmigrantes: sobre discriminación y fronteras

Una pluma para Mario

La nacionalidad, más que un documento

Guiso antiguo

III. De amores, dolores y afectos indelebles

La última desilusión

Mi mamá es agua

La magia de tu vida

La estampa de la paternidad

Frente a la Puerta de Alcalá

Estirpe de libertad

De poetas y aeropuertos

Tributo al portero de mi escuela

Del editor

 

Desde mediados de los años sesenta del siglo ya pasado Argentina, lenta pero inexorablemente, cual hembra fecunda, empezó a enviar muchos de sus hijos al extranjero. La persecución política y las crisis económicas se sucedían alternativamente entre las causas principales de ese exilio, pero también la seducción por la aventura, por descubrir nuevos horizontes.

Rosana Lecay, joven profesional en los años ochenta, luego de sus estudios de posgrado en España —y donde se encuentra con un mexicano que se convertiría en su pareja—, recala en México a principios de los años noventa. El nuevo país le abrió sus puertas con una gran generosidad como ha hecho con tantos otros inmigrantes de diversos países de Latinoamérica. Pero, a pesar de caminar maravillados por otros suelos, admirar otros paisajes, descubrir nuevos aromas, sabores, sonidos, melodías, frases, expresiones de un castellano diferente, los argentinos conservan siempre un rincón de nostalgia en sus corazones que fácilmente puede detonar la añoranza y la tristeza por su tierra natal.

En esta nueva edición de su libro, Rosana Lecay reúne cuentos y relatos que tienen una doble mirada: la del inmigrante sorprendido y curioso que, viniendo de otra cultura, pone toda su energía para adaptarse a la nueva, y la del argentino que no dejará nunca de añorar su tierra. Con una prosa llana y sin florituras literarias, plasma su lucha para no perder la identidad buscando al mismo tiempo insertarse en una realidad diferente para ser aceptada. Cada uno de los relatos transmite, a veces con humor, a veces con tintes intensos, el camino del desarraigo y los puentes invisibles que el inmigrante tiende para no dejar de ser lo que fue, aunque ya sea diferente.

Diversas situaciones relatadas, algunas reales y otras de ficción, dan muestras de los dolores, las angustias, la tristeza de ver de lejos a familiares cercanos, a los amigos, a los afectos. También el calor de las nuevas relaciones, los hijos, los amores y las pasiones.

Con suavidad y sin afectación, los relatos llevan a los recuerdos más personales: los padres, los amigos, la escuela, la juventud, los amores perdidos, la soledad. Se pintan de humor con relatos frescos de la nueva tierra, de ternura con la llegada de los hijos y de sorpresa con encuentros inesperados. Pequeños instantes detonan reflexiones intensas y profundas sobre el nuevo ser que se rediseña en un entorno muy diferente al de su origen.

Henry Odell

Dedicatorias

 

A Erlinda Esperanza Ferrera de Lecay (Porota) y a Alberto Fotunato Lecay, porque todo lo bueno que anida en mí es fruto del amor y del ejemplo que siempre me dieron.

 

A Santiago y a Diego, quienes animaron mi vida y mi trabajo desde el momento en el que sus puños recién nacidos apretaron mi dedo atrapándome para siempre.

Agradecimientos

 

Hace tres décadas dejé Argentina sin pensar en las consecuencias del exilio. Movilizada por un sueño de amor y de vida puse toda mi energía en el proceso adaptación y hubo momentos en los que olvidé mis orígenes. Todo mi ser estaba abocado a la adopción de nuevos sabores, nuevos sonidos, nuevos paisajes y nuevas formas de relacionarme. Tuve que disculparme muchas veces por conducirme de una manera diferente.

Esta tierra bendita me cobijó con trabajo y nuevos amigos. Pero también exigió esfuerzos para integrarme y convertirme en una de sus hijas. Me dio trabajo pero tuve que esforzarme el doble para mantenerlo. Me dio amigos entrañables pero me obligó a reservarme opiniones que no me pedían. Me dio hijos amorosos pero me hizo pensar muy bien cómo educarlos. Me dio el amor y me lo quitó. México me envolvió con su colorido y su música, me ofreció la calidez de su gente y la crueldad de su violencia, me abrió el corazón dándome hijos y me dio la espalda dejándome sola. México alegre, cálido, soleado. México de sonrisas y cantos. México amable y pleno de contrastes.

La otra cara de este proceso es la añoranza y la nostalgia. En estos años sufrí pérdidas irreparables, hubo amigos que me olvidaron y otros a los que yo olvidé, nombres que se esfumaron de mi mente, recuerdos que brotaron trayendo nostalgia o risa. Mi madre envejece y su voz suena quebrada en el teléfono. Y Buenos Aires, orgullosa y soberbia, llorona y sentimental, duele en el pecho con tonada de tango.

Durante todo ese proceso, en el que la identidad se cuestiona y se replantean los pilares de nuestra existencia, la escritura se convirtió en un mecanismo para hacer explícitos los sentimientos, los dolores y las angustias. Lo mágico de todo esto fue percibir que podía poner en palabras las emociones que otros compartían conmigo. Cada nuevo texto narraba algún aspecto del exilio, a veces mirando desde aquí lo que quedó en Buenos Aires y otras, observando mi proceso de adaptación en tierra azteca. El resultado lo comparto con ustedes en este libro que presenta cuentos y relatos que surgieron de la creación y la imaginación, de las vivencias como inmigrante y de los amores y afectos de mi vida.

Sería injusto que omitiera los créditos a las almas que impactaron en mi voluntad y ánimo para que hoy pueda ver éste resultado. Muchas personas, algunas tal vez sin saberlo, hicieron su aporte y merecen reconocimiento y gratitud.

Les agradezco a mis padres, Alberto y Porota Lecay, que con sus valores y ejemplo formatearon mi disco duro. Hoy quiero decirles, con amor y agradecimiento que su esfuerzo no fue en vano. A Santiago y Diego, mis hijos, les agradezco ser el motor de mi vida, a ellos les dedico mi esfuerzo y mi trabajo diario, con la esperanza de que algún día sientan por mí lo que yo siento por mis padres.

Hace muchos años, Jorge Sakamoto fue más que un jefe en el Ministerio de Economía de Argentina. Fue maestro, amigo, conductor de mi vida profesional. Él alentó la publicación de artículos académicos y observó mis primeros textos. Cuando nuevas situaciones aparecen en mi vida, él se hace presente con sus comentarios precisos y puntuales. Donde quiera que esté, gracias, Dr. Sakamoto.

Quizás Alejandra Solís no imagine cuánto aprendí de ella. Sus correcciones precisas me ayudaron a mejorar la técnica. Pero lo que más le agradezco a Alejandra es la amistad incondicional, los consejos y su presencia persistente en pasajes dolorosos de mi vida.

En un mundo de palabras e imágenes encontré la amistad de Eduardo Fidanza, escritor elegante, profundo y sensible. Compartiendo textos, ideas, libros y frases logramos gran identificación. Tal vez él no sepa el efecto que su imagen y sus palabras tuvieron en mi decisión de intentar un camino en las letras. Siempre estaré agradecida de que un hombre al que admiro tanto me haya impulsado a continuar con la escritura.

El ánimo que me dio Eduardo me llevó al taller de cuento de Guillermo Mendizábal. Tras una fachada rígida y enérgica, se ocultaba un artista de tremenda sensibilidad. Guillermo fue un maestro exigente y dejó una marca indeleble en mi formación. A él le debo haber descubierto una mirada diferente sobre el papel y lo que sobre el escribo. A él le debo un salto de confianza. Siempre extrañaré su presencia y agradezco que me haya dejado importantes conocimientos.

Siempre es agradable contar con una hermana, pero mucho más cuando uno vive lejos de los afectos de origen. Beatriz de los Ríos es mi hermana en México, confidente, amiga, consejera. Beatriz me acompañó por caminos oscuros y en momentos muy divertidos, como una verdadera hermana. A ella le agradezco su congruencia y sinceridad, su apoyo y cariño. Y a Gaby Lara le agradezco su tiempo y paciencia para orientarme en la presentación de los relatos.

Gracias, México, por recibirme y dejarme ser una más de tu gente desde hace veinte años. Gracias por perdonarme mi insistente melancolía de Buenos Aires y a pesar de ella, integrarme a tu sociedad. Gracias por los amigos entrañables que hacen más llevadera mi soledad. Gracias por tu calidez y tus sonidos que acortan distancias.

 

Rosana Lecay

 

I. Notas de inspiración y distancia

 

Las hortensias

 

Hubo un tiempo en que las hortensias salían moradas y rosas. Ahora sólo salen descoloridas, medio muertas.

Seguro que es por la contaminación, segurito. Esa porquería que respiramos, ese veneno que nos echan las fábricas y los coches. ¡Nos vamos a morir todos envenenados como las cucarachas! Ya casi no hay cucarachas, están a punto de exterminarlas. Como a los petirrojos que antes venían al jardín. ¡Claro!, ¡con tanta mierda que respiramos!

¿O será que ya estoy vieja y todo me hace daño? Antes era más fuerte. Como cuando caminaba por el jardín con mi viejito. ¿Cuánto hace que se murió? ¿Veintidós años?, ¡Madre Santa!, ¡cuánto tiempo!

A veces lo extraño, pobrecito. Pero no mucho. La verdad es que me emputaban sus ronquidos. ¡Era la muerte! Y también que dejara la taza del baño meada. Yo creo que tenía aquella cosa torcida, porque nunca le atinó bien al agujero, ni siquiera de joven.

¡Ah, de joven era tan guapo! Me gustaba su forma de caminar, elegante, sobria. Y con esa sonrisa suficiente.

Me acuerdo que la puta de la Olga, esa lagartona nalgona, se lo quería quedar para ella. Pero él tuvo ojos sólo para mí.

Ese día que llegó al baile en el club dejó a todas babeando. Yo ya lo había visto antes. Llegaba al club en la tardecita, cuando las más jovencitas ya nos habíamos ido. En aquellos tiempos las chicas decentes nos guardábamos temprano en casa. No como ahora, que las chicas se ventilan hasta la madrugada.

Él no vio a nadie más, sólo a mí. ¡Y yo era tan linda en aquellos tiempos! Tenía diecisiete años, una cintura diminuta y las piernas largas. Era obvio que me iba a preferir a mí.

Todos en el club me deseaban, ¡claro que sí! Pero yo me merecía algo especial, como él, que venía de la capital, que era estudiado y elegante.

¿Quién iba a decirlo? ¡Si mi madre supiera que no me casé virgen! ¡Virgen de la oreja!, nada más. Al principio me daba vergüenza, pero luego era yo misma la que lo llevaba fuera del pueblo. Lo desvestía con ansiedad, con desesperación.

¡Ah, qué bello era mi viejito!, ¡qué elegante! La envidia de todas las vecinas. Siempre limpio, afeitado, perfumado. Su estampa era la de un noble y su voz tan profunda… Hablaba bonito, con propiedad, con inteligencia. Era todo un seductor.

¡Ah, mi viejito! Parecía todo un caballero. Parecía, porque era un cabrón, golpeador, mujeriego y corrupto. Por eso lo envenené y lo enterré debajo de las hortensias.

¿Será por eso que ya no salen moradas y rosas?

 

La ceremonia

 

Murmuraba rezos en voz baja, sólo un leve movimiento de sus labios delataba la repetitiva súplica. «Ruega por nosotros.» Tomaba otra bocanada de aire que alcanzaba para una corona más. «Protégenos del mal.» El seño fruncido fortalecía su fe. «Defiéndenos en la batalla».

Con un pequeño rociador esparcía agua bendita sobre la puerta de madera y sobre las herramientas de trabajo que usaría con maestría. «Purifica nuestra alma.» Juntaba sus finas manos, delicadas y suaves, implorando resguardo.