De Piñera a Boric. - Gonzalo Arenas - E-Book

De Piñera a Boric. E-Book

Gonzalo Arenas

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¿Qué pasó? ¿Cómo llegamos hasta aquí? Varios autores escribieron para El Líbero ensayos que analizan desde la historia, las ciencias sociales, la política y el derecho los acontecimientos que a partir del 18/O (o acaso antes) trazaron un camino político electoral que hoy tiene al país en un proceso constituyente y a Gabriel Boric en La Moneda.

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Seitenzahl: 130

Veröffentlichungsjahr: 2022

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De la presente edición

El Líbero

1ª edición en español en El Líbero,

marzo de 2022

Dirección de Publicaciones

Av. El Bosque Central 69, oficina 201

Las Condes, Santiago Chile

Teléfono (56-2) 29066113

www.ellibero.cl

ISBN digital: 978-956-9981-26-5

Diseño & diagramación: Huemul Estudio / www.huemulestudio.cl

Diagramación digital: ebooks Patagonia

www.ebookspatagonia.com

Esta publicación no puede ser reproducida o transmitida, mediante cualquier sistema — electrónico, mecánico, fotocopiado, grabación o de recuperación o de almacenamiento de información — sin la expresa autorización de El Líbero.

Índice

Introducción

Elecciones 2020-2021: La suma de todos los miedos

Gonzalo Arenas Hödar

¿Qué pasó? Tratando de entender las últimas elecciones

Germán Concha

La conformación de la nueva élite de las izquierdas

José Joaquín Brunner

Una derecha moderna

Fernando Claro

Del ¿qué pasó? al ¿qué hacer? Una lectura de las enfermedades políticas del 2021 y de los posibles remedios del 2022

Sebastián Soto Velasco

Hacia una Constitución de la desigualdad

Constanza Hube

Los duros dilemas de Boric

Sergio Muñoz Riveros

Introducción

¿Qué pasó? ¿Cómo llegamos hasta aquí? Varios autores escribieron para El Líbero ensayos que analizan desde la historia, las ciencias sociales, la política y el derecho los acontecimientos que a partir del 18/O (o acaso antes) trazaron un camino político electoral que hoy tiene al país en un proceso constituyente y a Gabriel Boric en La Moneda. La suma de estos artículos dan vida a este libro, que permite reflexionar sobre el momento actual que vive Chile.

El ciclo electoral se inició con el plebiscito de octubre de 2020. Tras responder si se aprobaba o rechazaba redactar una nueva propuesta de texto constitucional, vino la elección de gobernadores, alcaldes, concejales municipales, convencionales constituyentes, presidente, diputados, senadores y concejales regionales. Y todavía ese ciclo no se cierra: resta que se concrete el plebiscito de salida en el que se evaluará si se aprueba la Carta Magna, que posiblemente se lleve a cabo el próximo mes de septiembre.

En “Elecciones 2020-2021: La suma de todos los miedos”, el abogado Gonzalo Arenas aborda el origen del proceso. En su visión, fue el miedo el que llevó al acuerdo del 15 de noviembre de 2019, en el cual se estableció un plebiscito de consulta sobre la necesidad de redactar una nueva Constitución. De ahí en adelante, señala, se abrió la puerta “a la violencia, la desestabilización política y el populismo como armas legítimas de acción política por parte de la izquierda chilena”. En ese ambiente se llevó a cabo el plebiscito el 25 de octubre de 2020, obteniendo la opción Apruebo una abrumadora mayoría, resultado que, según Arenas, no fue una definición política ni un punto de inflexión en la identificación política de los chilenos, sino más bien el reflejo de un confuso entorno político y social marcado -otra vez- por el miedo.

A su vez, el abogado constitucionalista Germán Concha expone algunas consideraciones a tener presentes al intentar profundizar en la comprensión de los resultados obtenidos por la derecha en el ciclo de elecciones que va desde 2017 a 2021. En el ensayo “¿Qué pasó? Tratando de entender las últimas elecciones” se refiere al surgimiento de una crítica general al sistema, donde las personas comunes se enfrentan a las élites (recordemos al movimiento de los “indignados”) y exigen un cambio radical. “¿Cuánto tiene que ver esta visión con el respaldo que obtiene la opción Apruebo en el plebiscito de 2020? ¿Hasta dónde ella explica el alto apoyo a candidatos independientes en la elección de convencionales de 2021?”

Por otra parte, resalta la derrota “moral” que significó para la centroizquierda el triunfo de Sebastián Piñera el 2009: “¿Cuánto se agravó esa visión en la segunda vuelta presidencial de 2017, con un nuevo triunfo de la coalición de centroderecha, esta vez, además, no sólo por mayoría absoluta, sino con la votación más alta que ella había obtenido desde 1989? ¿Cuánto influyó en el respaldo a las movilizaciones, y aún a la violencia desatada en Chile a partir de octubre de 2019?”

Concha señala que quizás más determinante en el devenir de la centroderecha es el abandono de su discurso tradicional para intentar acercarse a aquel enarbolado por la coalición de centroizquierda. “La derecha equivocó el camino para intentar sintonizar con el nuevo Chile que, según se suele decir, venía surgiendo como resultado del proceso de modernización capitalista que se había iniciado durante el Gobierno Militar, y, en vez de reivindicar el rol de sus ideas en ese proceso, optó por adoptar frente a él posiciones más similares a las de centroizquierda”.

A continuación, el sociólogo José Joaquín Brunner se refiere al recambio generacional de una parte de la élite política. En “La nueva élite de las izquierdas” establece que tal renovación se habría comenzado a desarrollar el 2021 en parte gracias a los distintos procesos de participación ciudadana. Se trataría principalmente de un recambio de tipo generacional que representa un intento de quiebre, unida esencialmente por su pensamiento anti-neoliberal pero sin un programa de transformaciones perfilado. “El recambio de la elite política en curso es, sin duda, el proceso más importante de transformación de la sociedad chilena en lo que llevamos recorrido del presente siglo. De él dependerá, críticamente, nuestro futuro”.

Pero en todo este proceso, ¿por qué la centroderecha, que no alcanzó a rozar el tercio de representatividad en la elección de constituyentes, a fin de año obtuvo la mitad del Senado? El economista y director ejecutivo de la Fundación para el Progreso Fernando Claro analiza el triunfo de Gabriel Boric y la derrota de José Antonio Kast, y asegura que “esta crisis institucional a la que llegamos fue causada, en gran parte, por haber tenido dos presidentes seguidos entrelazados entre sí. Eso significó un estancamiento total de personas, ideas, discursos y el enraizamiento de rencores y amistades entre diferentes políticos que impidieron un flujo sano dentro de las sillas del poder”. Insiste en que “si la centroderecha aspira a gobernar no puede ser hegemonizada por el conservadurismo”.

En el ensayo “Una derecha moderna” además afirma que “la izquierda, y especialmente la de los últimos cuatro años, ha sido lo que los cientistas políticos llaman ‘oposición desleal’, algo que ha sido incluso catalogado como el principal mal de las democracias latinoamericanas”.

El abogado Sebastián Soto profundiza en las “enfermedades políticas” que han padecido tanto izquierdas como derechas en los últimos años. Las primeras habrían pecado de falta de contención, llegando a su cúspide al asumir la presidencia Sebastián Piñera en 2018. De ahí en más -y sobre todo post 18 de octubre- “las izquierdas compitieron por esconder cualquier espacio de moderación que pudiera matizar su apoyo al momento más desestabilizador que Chile conozca en el último medio siglo”.

El gran problema de la derecha, en cambio, asegura el autor, fue su simplicidad, “característica que puede ser en muchos ámbitos una virtud, pero en política es definitivamente un pecado”. La derecha “no tuvo en estas tres décadas elementos que la tensionaran y provocaran por ello una reflexión”. Para ambas “enfermedades”, el abogado sugiere sus remedios.

Por su parte, la también abogada Constanza Hube analiza “desde dentro” el proceso constituyente. En su calidad de convencional, identifica lo que en su opinión está en juego en la discusión: “Si hay un derecho fundamental que está en juego en esta discusión constitucional, y que es base de cualquier democracia, es el derecho a la igualdad ante la ley”. En su ensayo “Hacia una Constitución de la desigualdad”, afirma que “este derecho básico de toda democracia a nivel mundial está alterado gravemente en las discusiones aprobadas en informes de las diversas comisiones. Cuando se argumentó a favor de una Nueva Constitución se sostuvo que el objetivo era combatir la desigualdad, y al parecer esta solo ha aumentado”.

Cierra este conjunto de ensayos el escrito “Los duros dilemas de Boric”, de Sergio Muñoz Riveros. En él el autor define lo que a su juicio es el desafío más importante para el presidente Gabriel Boric: no naufragar. “Lo mejor será que actúe sobriamente”, dice, y para ello es imprescindible la estabilidad. Estabilidad que está amenazada por distintos flancos: el actuar de la Convención Constituyente, el terrorismo, el crecimiento de la economía.

Muñoz, un ex militante comunista, resalta la especial admiración de Boric por el expresidente Salvador Allende, y concluye: “Le conviene tener muy presente la experiencia de Allende y la izquierda socialista/comunista entre 1970 y 1973. Allí están concentradas las enseñanzas acerca de todo lo que no debe hacer”.

Elecciones 2020-2021:La suma de todos los miedos

Gonzalo Arenas Hödar

Abogado.

Académico Universidad San Sebastián.

Violencia, miedo y Convención Constituyente

El llamado estallido social de octubre de 2019 y la violencia desatada hasta marzo de 2021 marcaron a fuego la sociedad chilena. El país fue testigo de más de 2.900 hechos de violencia graves, de los cuales el 85% ocurrieron entre octubre y noviembre de 2019, dejando un saldo de 118 estaciones de metro vandalizadas, 35 de ellas incendiadas y 7 destruidas por completo; cerca de 300 supermercados saqueados; 544 cuarteles policiales atacados, más de 1.000 vehículos policiales dañados y casi 5.000 carabineros lesionados, de los cuales 126 fueron heridos a bala. A lo anterior se deben agregar cerca de 10.000 civiles lesionados y más de 30 fallecidos.

Esta realidad inundó de miedo el ambiente político y social del país. El miedo a ser víctima de la violencia, el miedo a no poder retomar la actividad económica sacudida por el estallido, el miedo a un futuro político y social totalmente incierto.

El miedo fue también, aunque algunos de sus protagonistas lo nieguen, el origen del acuerdo constitucional del 15 de noviembre de 2019 que estableció el Plebiscito Constituyente. Miedo al que, por último, se sumó la pandemia por Covid-19, la que mostró sus primeros efectos a partir de marzo de 2020 y que fue la causa real del término de la violencia.

Debido a las alarmantes cifras de la pandemia de Covid-19, el Plebiscito Constituyente fijado para el 26 de abril de 2020 se aplazó para el 25 de octubre del mismo año, fecha en que, a pesar de la mejora en las condiciones sanitarias, el país volvió a vivir la amenaza de la reactivación de la violencia callejera. Una especie de recordatorio al electorado sobre las posibles consecuencias de un resultado “no deseado” en el plebiscito.

Fue así como, desde principios de octubre, se notó un aumento en los ataques de carácter terrorista en la llamada Macrozona Sur, los que el 3 de octubre de 2020 cobraron la vida del trabajador forestal Pedro Cabrera de 49 años; le siguió, el día 19 de octubre, uno de los mayores ataques que se recuerdan en la zona, con la quema de 13 camiones en las cercanías de Angol.

También regresó, en gloria y majestad, la violencia en la llamada Plaza Italia de Santiago, la que se radicalizó luego de la caída de un joven de 16 años desde el puente Pío Nono al lecho del río Mapocho. Se acusó a un carabinero de haber producido el hecho al interceptarlo.

La angustia de los vecinos de Plaza Italia volvía a salir a la luz. “Desmanes reviven angustia de los vecinos de Plaza Baquedano”, informó la prensa, agregando que “en medio de un creciente número de viviendas que están quedando vacías, los residentes esperan que el plebiscito constitucional del 25 de octubre ponga fin a la violencia que se arrastra desde el año pasado” (El Mercurio, 9 octubre 2020, C9). En la misma nota se consignan las palabras de la presidenta de la junta de vecinos San Borja, Carmen León, de 77 años: “Había ilusión de que estábamos saliendo de esto, pero no fue así”.

Misma esperanza manifestó el presidente de la junta de vecinos del Parque Forestal, Héctor Vergara, quien confiaba que después del plebiscito regresaría la paz: “Tenemos esperanzas de que con una decisión mayoritaria, que es lo que se manifiesta en las calles, venga un aspecto más positivo para el barrio”. Por su parte, Francisca Fernández, locataria de la fuente de soda Blanco, manifestó también su esperanza: “Algunos dicen que con el plebiscito este tipo de manifestaciones ya no deberían existir” (El Mercurio, 9 octubre 2020, C9).

Acercándose la fecha del plebiscito, el 9 de octubre Plaza Italia vivió el día más violento de protestas desde marzo de 2020. Destrucción de bienes públicos y buses de transporte colectivo, con su tradicional secuela de barricadas e incendios. Un desconsolado alcalde de Santiago afirmó: “Los vecinos están sintiendo que están regresando a octubre de hace un año, cuando las manifestaciones terminaron con violencia y destruyendo prácticamente todo el barrio” (El Mercurio, 11 octubre 2020, C8).

Por otra parte, en el campo político, un sector de los partidos de oposición aumentaba sus esfuerzos por provocar la desestabilización del gobierno presentando una serie de acusaciones constitucionales, incluyendo al Presidente de la República, a quien además le pedían la renuncia. A pocos días del Plebiscito Constituyente también fueron acusados los ministros del Interior y de Salud.

Por último, al cumplirse un año del estallido social no podía faltar la violencia. El 18 de octubre de 2020, a solo seis días del plebiscito, se realizó una verdadera demostración de fuerza. Las iglesias La Asunción y San Francisco de Borja fueron espectacularmente incendiadas; imagen ícono de esa jornada fue la caída de la aguja envuelta en llamas de la Iglesia La Asunción, la que “se desplomó frente a decenas de encapuchados que saltaban, gritaban, aplaudían y se sacaban selfies con sus teléfonos celulares, ‘festejando’ la destrucción del templo inaugurado en 1876”. Ante la quema, un angustiado arzobispo de Santiago, Monseñor Celestino Aós, exclamó: “Les suplico, ¡basta, basta de violencia!” (El Mercurio, 19 octubre 2020, C1).

El país también fue testigo de los ya rutinarios saqueos a locales comerciales, farmacias, edificios públicos y ataques a comisarías de Carabineros. La “celebración” terminó con 22 carabineros heridos y 4 comisarías atacadas. Los hechos de violencia se repitieron en Antofagasta, La Serena y Punta Arenas.

En este ambiente de violencia extrema y miedo generalizado, más de 7 millones y medio de chilenos fueron a votar para el plebiscito constitucional, registrándose un inesperado aumento de votantes menores de 40 años. Los resultados fueron contundentes: Apruebo: 78,8% (5.892.832); Rechazo: 21,72% (1.635.164).

¿Implicó este resultado un cambio profundo en la identificación política de los chilenos? ¿Se podía concluir que la centroderecha había sido derrotada en forma definitiva y que el país daba un giro sin retorno hacia la izquierda política? Como veremos más adelante, al revisar los resultados de las elecciones municipales y parlamentarias posteriores al plebiscito, la respuesta es no.

Entonces cabe preguntarse, ¿a qué se debió esta mayoría abrumadora por la opción Apruebo?

En primer lugar, al hecho de que por primera vez se movilizó más de un millón de votantes nuevos menores de 40 años. En segundo lugar, a que un número importante de votantes de centroderecha, atemorizados o impresionados por los grados de violencia que vivía el país, consideró que el proceso de una nueva constitución podía encauzar institucionalmente las exigencias sociales y así ponerle fin. Por último, un importante grupo de independientes asumió como verdadera la promesa de que prácticamente todos los problemas de Chile se solucionarían con una nueva Constitución, discurso que se venía proclamando al menos desde las presidenciales de 2013 con la campaña “Marca tu voto”.

De todo lo anterior, nos atrevemos a proponer como hipótesis que el resultado del plebiscito 2020 no fue una definición política ni un punto de inflexión en la identificación política de los chilenos, sino más bien, el reflejo de un confuso ambiente político y social, marcado especialmente por el miedo de millones de personas a la violencia desatada por la izquierda más radical de nuestro espectro político con la complicidad pasiva (y en algunos casos activa) de los partidos de centroizquierda que conformaban la oposición al gobierno de Sebastián Piñera.

Elecciones de constituyentes, gobernadores, alcaldes y concejales