De sol a sol - María Teresa Dittler - E-Book

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María Teresa Dittler

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De Sol a Sol reúne testimonios de vida, narrados por los propios protagonistas; en él se pueden vislumbrar los orígenes del caleidoscopio de nuestra sociedad, recuerdos valiosos que nos llevan a rescatar la historia de la región tomando como eje a sus partícipes. Talcomo lo decía Joutard, conforman "esas voces que nos llegan del pasado". Un pueblo es su gente, su tierra, su patrimonio, sus costumbres pero no solamente las de ahora sino también las que ha tenido siempre, desde su nacimiento. Este pasado, que desconocíamos en gran parte, es el que ha venido a rescatar y mostrarnos la autora. De aquí en adelante sabremos de dónde venimos como pueblo y cuáles fueron los hechos que han configurado una parte esencial de nuestra historia ancestral. Y lo que es más importante: nuestros hijos, nietos y posterior descendencia sabrán cuáles son sus raíces y podrán ver a sus ancestros -su nosotros- en ese "álbum familiar" en lo que, en conclusión, culmina este pequeño gran libro, que forma ya parte de nuestro patrimonio histórico-cultural. (del Prólogo) De sol a sol resume historias de vida de catorce ciudadanos polacos, los que arribaron a Comodoro Rivadavia en dos corrientes migratorias. Los primeros llegaron siendo niños, cuando sus padres abandonaron su país en busca de trabajo. La segunda inmigración está conformada por excombatientes de la Segunda Guerra Mundial. En estos relatos, se refleja el amor a su tierra natal y el apego a este suelo patagónico y su integración a esta ciudad. Trabajaron duramente, formaron su familia, en este país que les abrió sus puertas sin restricciones.

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Veröffentlichungsjahr: 2022

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DE SOL A SOL reúne testimonios de vida, narrados por los propios protagonistas; en él se pueden vislumbrar los orígenes del caleidoscopio de nuestra sociedad, recuerdos valiosos que nos llevan a rescatar la historia de la región tomando como eje a sus partícipes. Tal como lo decía Joutard, conforman “esas voces que nos llegan del pasado”.

Un pueblo es su gente, su tierra, su patrimonio, sus costumbres… pero no solamente las de ahora sino también las que ha tenido siempre, desde su nacimiento. Este pasado, que desconocíamos en gran parte, es el que ha venido a rescatar y mostrarnos la autora. De aquí en adelante sabremos de dónde venimos como pueblo y cuáles fueron los hechos que han configurado una parte esencial de nuestra historia ancestral. Y lo que es más importante: nuestros hijos, nietos y posterior descendencia sabrán cuáles son sus raíces y podrán ver a sus ancestros –su nosotros– en ese “álbum familiar” en lo que, en conclusión, culmina este pequeño gran libro, que forma ya parte de nuestro patrimonio histórico-cultural.

(del Prólogo)

De sol a sol resume historias de vida de catorce ciudadanos polacos, los que arribaron a Comodoro Rivadavia en dos corrientes migratorias. Los primeros llegaron siendo niños, cuando sus padres abandonaron su país en busca de trabajo. La segunda inmigración está conformada por excombatientes de la Segunda Guerra Mundial.

En estos relatos, se refleja el amor a su tierra natal y el apego a este suelo patagónico y su integración a esta ciudad. Trabajaron duramente, formaron su familia, en este país que les abrió sus puertas sin restricciones.

 

 

Foto de autora: @Maia Losowska

 

María Teresa Dittler Es licenciada en Enfermería, egresada de la Universidad Nacional de la Patagonia San Juan Bosco (Chubut). Publica artículos en los diarios Crónica de Comodoro Rivadavia y Glos Polski de Buenos Aires.

Sus otros libros son Pozos. Kilómetro 8, un pueblo petrolero de la Patagonia (Editorial Vela al viento, 2011) y Amapolas rojas. Inmigrantes polacos de posguerra (Ediciones Continente, 2014).

María Teresa DittlerColaboración: Sonia Liliana Ivanoff

De sol a solInmigrantes polacos en la Patagonia

Índice

CubiertaSobre este libroSobre María Teresa DittlerPortadaDedicatoriaAgradecimientosPrólogoPalabras de la autoraPoloniaOrígenesCasimiro “el grande” (1333-1370)Los caballeros teutónicosLa decadenciaLos campesinosLos gitanosReligiónEl cristianismoEl judaísmoLa partición de PoloniaPolonia libreSegunda guerra mundialKatynArmia KrajowaLa resistencia polacaLa muerte del general Sikorski (1943)Persia (Irán)Monte CassinoSublevación de VarsoviaYaltaGobierno comunistaExiliadosPapa polacoGdansk y los astillerosLos polacos y su “dom polski” (la casa polaca)Los polacos llegan a ChubutLos polacos en Comodoro RivadaviaPatagonia, la nueva tierraLa conquistaComodoro RivadaviaPetróleoYPFCompañía ferrocarrilera de petróleoAsociación polonesa “Dom Polski”Segunda guerra mundial en la patagoniaLa nueva inmigraciónCelebración día del inmigrante“La colectividad polaca más austral del mundo se sumó a las celebraciones por el centenario de la independencia de Polonia”Algunas historias personalesEugenio Zacharko (1924-2016)José Koslowski (1906-2004)Jadwiga Szymanski de Koprowski (1924-2012)Juana Szymanski de Martínez (1926-2015)María Irene Milek de MariñoSuzzanna Zofía Buczak de Socha (1920-2009)Henryk Buczak (1922-2013)Viaje a Polonia16 de mayo de 2017. Visita a lublin – Zzamosc – Tomaszów – LubelskiMuseo de la industria petrolíferaLámpara a kerosene. Por Tadeusz WaissPolonia y el petróleo argentinoAdela Furman de Glinsky (1914-2004)Viaje a Polonia (2016)Auschwitz (2016)Mieczyslaw DolaJorge Hocko (1914-2006)Mieczyslaw Kuracz (1920-2009)Zofía Anna Hauser de Twardowski (1921-2008)Andrés Jozwicki (1929-2014)Zbigniew Ludwik Gaworowski (1919-2008)Varsovia (2016)EpílogoBibliografíaCréditosOtros títulos de esta editorial

Dedico este libro a mis hijas,

constantes críticas de mi actividad literaria:

Aldana, Antonella y Giuliana.

 

 

In memoriam

Olinda Walsamakis

y Dra. Susana Torres.

AGRADECIMIENTOS

Esta publicación fue realizada gracias a la ayuda financiera de:

Embajada de la República de Polonia en Buenos Aires, Sección Consular. Se agradece al cónsul Michal Tomasz Swietlik.

Dom Polski Comodoro Rivadavia. Se agradece a Mónica Mickiewicz.

A los polacos que me brindaron sus recuerdos para poder concretar este valioso testimonio.

A los profesores que confiaron en este proyecto y me dieron su apoyo desde el comienzo: Dra. Susana Torres (Q.E.P.D.), Mg. Daniel Borquez, Pablo Strukelj y Marcin Korzeb.

Por sus valiosos aportes a Tadeusz Waiss, Enrique Koprowski (Q.E.P.D.), Ricardo Gómez y Eugenio Jasinski.

Por permitirme incluir su trabajo de investigación, a la profesora de Historia y abogada (UNPSJB) Sonia Liliana Ivanoff.

Por el aporte de fotos de sus archivos a Joanna Luba, Dominik Czapigo y Magdalena Kulpa de Ośrodka KARTA. A Jorge Hocko (hijo), familia Kuracz, Juan José Gavoroski, Susana Dola.

PRÓLOGOMg. Daniel Fernando Borquez UNPSJB

El resto de mi vida va a transcurrir en el lugar del cual no sé nada, vamos a dejar atrás a nuestros antepasados, que quedarán en el olvido o a merced de un frío viento que los mecerá cada tanto en nuestra memoria, ¿adónde vamos, seremos nada, seres sin historia, simples individuos destinados a vivir sin raíces?

 

 

En primer lugar, deseo agradecer a María Teresa por haberme solicitado unas palabras prologales para su libro De sol a sol. Soy de los que creen que la escritura de la historia debe rescatar el pasado no solo desde la frialdad de un documento, sino también de todo aquello que provenga de ese pueblo del que formamos parte. Si no, acabamos convirtiéndonos en apéndices de museos o bibliotecas o en prisioneros de documentos.

El trabajo histórico, sostiene la autora, está construido mirando desde abajo, para recuperar algo de la historia perdida que habla de un mundo multiétnico. Pero debe también mucho a la abstracción en el proceso de escribir la historia: a la rigidez de una historia que ha sido durante demasiado tiempo cautiva del “documento”, que sigue siendo en la mayor parte de estudios el marco indiscutido de análisis.

Este es un libro sobre unas conexiones que durante siglos han sido generalmente negadas, ignoradas o que, simplemente, han pasado inadvertidas, pero que sin embargo han marcado profundamente la historia del mundo en que todos nosotros vivimos y morimos. Por más que la erudición académica los reciba con desaprobación, estos suelen ser a la larga los libros que hacen avanzar el estudio de la historia hacia nuevas fronteras.

Los cambios que la inmigración produjo en la Argentina son variados; esta estableció sin dudas un hito en el crecimiento del país, con el aporte de hombres, mujeres y niños –anónimos y desconocidos– y con sus hazañas cotidianas. Sus historias pueden calificarse de íntegras, como la de nuestros padres o abuelos. Ellos se esforzaron en nombre de valores como la fe, la honestidad y el culto al trabajo.

De sol a sol reúne estos relatos de vida, narrados por los propios protagonistas; en él se pueden vislumbrar los orígenes del caleidoscopio de nuestra sociedad, recuerdos valiosos que nos llevan a rescatar la historia de la región tomando como eje a sus partícipes. Tal como lo decía Joutard, conforman “esas voces que nos llegan del pasado”.

En estos tiempos, en los que cuesta entender por qué estamos como estamos, es necesario recordar que nuestro país fue refugio para quienes buscaban una nueva oportunidad, un lugar donde, tras las penurias que vivieron, con su trabajo y sacrificio pudieran salir adelante. Hoy estamos viviendo, en casi todos los aspectos, el opuesto de las historias relatadas en este libro: ¿dónde quedaron la libertad, la justicia, el trabajo, la solidaridad, las oportunidades y el respeto que nuestro país brindó a la inmigración? Desde este aporte recuperamos una tierra unida en la diversidad de ideas, aportes migratorios cuya Historia aún se está construyendo, para la cual este libro es un gran aporte.

Hay aquí, como en aquel título, igualmente, el testimonio directo, el vivo presentarnos la radiografía de una Patagonia distinta de la que ha poblado la literatura o la historia nacional, esa tierra mítica, sino la real, la concreta, la que se construye en el día a día, con el aporte del esfuerzo y el trabajo. No se trata, en todo caso, de un escritor, sino de que, en el presente caso, es el propio protagonista de la historia el que toma la palabra, el que nos da su punto de vista, desde adentro; lo que aquí interesa es la palabra del migrante, el relato de sus vicisitudes, la narración de sus sueños y esperanzas. Y, sobre todo, la muestra de su permanente rebeldía, entendida como una forma de luchar contra la adversidad por la que pasa la condición humana y ver la necesidad de superarla. A través de la noche de la pobreza, de la marginación social, pero que al final de ella brilla ese sol de la esperanza, imbatible en la lucha de los pobres, de aquella clase que es futuro de la humanidad, aunque muchos parezcan haberlo olvidado.

La otra cara de Comodoro Rivadavia, la profundidad de la vida de miles de migrantes aparece aquí descrita con ponderación por uno de ellos.

El libro está estructurado en capítulos acordes a distintos inmigrantes, rescatando sus vidas, experiencias y aportes, “las estaciones de la vida del migrante, con los hitos de su existir pleno de sucesos: todo lo que fueron construyendo y logrando con su sacrificio y solidaridad”. Un libro que también debe interesar a sociólogos, profesores, maestros y todo el que desee conocer la Historia de la región, para hacerlos acceder de modo directo a un lugar que nos muestra esperanzas, luchas, pero sobre todo que rescata los rostros oscuros de esa limpia gente que constituye nuestro país.

Un pueblo es su gente, su tierra, su patrimonio, sus costumbres… pero no solamente las de ahora sino también las que ha tenido siempre, desde su nacimiento. Este pasado, que desconocíamos en gran parte, es el que ha venido a rescatar y mostrarnos María Teresa. Si bien ningún pueblo carece de historia, esta nos resulta desconocida, lo que nos pone en el lugar de desamparados al ignorar el pasado histórico del lugar en el que vivimos. Y así nos sentíamos un poco hasta ahora. De aquí en adelante sabremos de dónde venimos como pueblo y cuáles fueron los hechos que han configurado una parte esencial de nuestra historia ancestral. Y lo que es más importante: nuestros hijos, nietos y posterior descendencia sabrán cuáles son sus raíces y podrán ver a sus ancestros –su nosotros– en ese “álbum familiar” en lo que, en conclusión, culmina este pequeño gran libro, que forma ya parte de nuestro patrimonio histórico-cultural.

PALABRAS DE LA AUTORAMaría Teresa Dittler

Mi primer contacto con la comunidad polaca comenzó en mayo de 2000, cuando ingresé a la Compañía Petroquímica Comodoro Rivadavia (PCR) para desempeñarme como licenciada en Enfermería en el consultorio de Medicina Laboral.

En la misma fecha comencé el taller literario de la escritora Olinda Walsamakis; estábamos próximos a celebrar el centenario de la fundación de la ciudad. Con el fin de editar un libro, nos dio un ejercicio que consistía en interrogar a personas mayores sobre sus recuerdos del pasado.

En esta actividad conocí a un grupo de personas que contaba una historia totalmente desconocida, me pareció interesante y continué escribiendo; así pasé casi veinte años en la comunidad polaca.

En la primera edición de este libro no incluí algunos temas sensibles y difíciles de comprender. Pero los escribí y conservé, como también mis vivencias personales y algunas poesías.

Esta edición lleva varios años de reelaboración, me pareció interesante incluir todo lo que había escrito, como también algunos relatos sobre mis dos viajes a Polonia. Quise conocer el país del que tanto me hablaron los inmigrantes. Al llegar quedé deslumbrada por la belleza de sus paisajes, la calidez de su gente, la deliciosa gastronomía y tanto arte.

Me comuniqué con la profesora de Historia y abogada Sonia Ivanoff para solicitarle su trabajo “Los polacos y su ‘dom polski’ (la casa polaca)”, sobre la inmigración polaca a la Patagonia. Gentilmente lo aceptó, de manera que lo incluyo como introducción a los relatos que obtuve en mis entrevistas.

En este libro se cuentan historias de vida de inmigrantes polacos que eligieron la Patagonia como lugar de residencia. En el suelo gris con petróleo en sus entrañas, encontraron un lugar donde trabajar y formar su familia.

Está el relato de los que abandonaron su país siendo niños, cuando sus padres emigraron en busca de trabajo. También está reflejado el dolor y la opresión de los que estuvieron en Polonia durante la ocupación y de los que combatieron durante la Segunda Guerra Mundial.

Mientras estuve frente a ellos me he preguntado sobre el misterio que alberga el cerebro. En sus ojos celestes y transparentes como el cielo, veo niños inocentes, ansiosos e inquietos; es notable la valentía que tuvieron cuando fueron jóvenes y debieron ser protagonistas de una guerra que no eligieron. Soportaron el hambre y tuvieron la inteligencia para aprender a vivir en las condiciones más adversas.

Siempre me sorprenden las coincidencias en las reacciones humanas ante situaciones difíciles, como la falta de alimento. La importancia que le dan al buen trato recibido, cuando fueron refugiados o prisioneros de guerra. Sus sentimientos ante la muerte cotidiana y esa gran esperanza que, aun en los momentos más duros, permanece de pie. Lo que más me sorprende es comprobar que no tienen rencor.

Amaron la Patagonia y la conquistaron con el trabajo y diferentes expresiones artísticas desarrolladas a lo largo de los años.

Esta reseña histórica fue escrita tal como la relataron sus protagonistas, no me detuve a invadir sus vidas privadas ni juzgarlos.

A fines de 2014, la Sra. Cónsul Joanna Addeo Krajewska me convocó para colaborar con investigadores de Fundación Karta: Joanna Luba y Dominik Czapigo, que llegarían procedentes de Varsovia (Polonia). Este grupo estaba trabajando junto a Marta Briewseska, directora de la biblioteca Ignacio Domeyko de Buenos Aires. Tenían como objetivo la creación de una base de datos en archivo digital, que se transformara en una herramienta para futuras investigaciones periodísticas y científicas.

Recordando el valioso material que me mostraron los polacos mientras escribía este libro, me sumé a ellos para rescatar documentos y testimonios de una historia que no debemos olvidar: guerra, deportación, exilio y esa gran ilusión que siempre tuvieron a pesar de perderlo todo.

Viajamos a Comodoro Rivadavia; a través de un llamado telefónico contactábamos a las familias polacas para acordar una visita, al llegar hacíamos las presentaciones y comenzaban a desplegarse álbumes de fotos y documentos sobre la mesa.

Nada fue mejor que mirar fotos para comprender la historia de esta generación de la década del 20. Las familias que habían llegado a la Patagonia antes de la Segunda Guerra Mundial y los que vivieron esta trágica historia en Polonia. Se los puede ver con sus familias en su país, con sus proyectos de vida que fueron truncados por los poderosos que solo creyeron en la violencia…

El tiempo en que estuvieron deportados en la URSS, liberados a Medio Oriente y países africanos para alimentarse, curarse de enfermedades y formarse para actuar en los ejércitos. La llegada a Italia junto a la maquinaria bélica. Luego Inglaterra al finalizar la guerra, la llegada a Buenos Aires; finalmente Comodoro Rivadavia cuando la ciudad comenzaba a poblarse, en la cual dejaron su trabajo, diferentes actividades artísticas y numerosa descendencia.

Joanna trabajó con el escáner y Dominik con micrófono y grabador. Si hacía falta un traductor, estaba Marta, aunque algunos siguen hablando el idioma de sus padres, lo que también les permite a los investigadores hacer estudios sobre lingüística.

En lo personal, no fue fácil ingresar a los domicilios de los polacos que han partido; ellos siempre estaban para relatar en primera persona sus vivencias, dolores y alegrías.

Es notable ver la admiración que los hijos tienen hacia sus mayores y la historia que vivieron. Compartimos recuerdos, anécdotas, emociones, brindis por el encuentro, tés, cafés, almuerzos e interminables abrazos, siendo esto lo más preciado que dejaron: sus hijos y nietos.

También fuimos recibidos por historiadores del Archivo Histórico Municipal y del Museo Ferroportuario, los que trabajaban en busca de la historia de la ciudad, en la cual los polacos han tenido un protagonismo desde sus comienzos.

El domingo antes de partir, visitamos Dom Polski para compartir un almuerzo por los festejos del Día de la Independencia (11 de noviembre).

Agradezco especialmente a la presidenta de Dom Polski Mónica Mickiewicz, al cónsul honorario Enrique Koprowski, a mi amiga Susana Godoy que nos trasladó en su vehículo y a las familias que nos brindaron su tiempo, hospitalidad y tanto afecto para lograr el objetivo.

Con esta obra, quiero rendir homenaje a estos seres que no se detuvieron ante la adversidad y nos dan un ejemplo de amor a la vida. Es mucho lo que aprendí y disfruté de los momentos compartidos, los que permanecerán para siempre en mi corazón.

POLONIA

ORÍGENES

En la antigüedad, Polonia estaba habitada por tribus eslavas sin fronteras claras; se distribuían en el extenso territorio conformado por tierras fértiles al norte y con superficie montañosa al sur. Con numerosos lagos y una gran zona cubierta de selva.

El país se convirtió al catolicismo en el año 966, cuando el príncipe pagano Mieszko recibió el bautismo de la Iglesia católica, al casarse con la princesa Dobrawa de Bohemia1 ante un altar cristiano. Junto con el cristianismo, aceptó como su máxima autoridad eclesiástica al papa romano. A partir de aquella fecha acrecentaron su territorio, uniendo tribus dispersas que incluyeron en su reinado.

Como la población era escasa y no alcanzaba a cubrir la mano de obra en los campos de cultivo, el rey enviaba su ejército a las comarcas vecinas para que tomaran por asalto a diferentes grupos humanos. Los llevaban como prisioneros y los convertían en siervos para que trabajaran en el campo y participaran en las guerras. Cuando estos siervos regresaban victoriosos de alguna batalla, el rey les otorgaba su libertad por mérito y los convertía en señores. Les daba tierra y “mil almas” para que trabajaran para ellos.

CASIMIRO “EL GRANDE” (1333-1370)

Durante el reinado de Casimiro el Grande se reunificó gran parte del territorio polaco, logrando convertirse en un país fuerte, bien administrado, con crecimiento económico y activa vida cultural. En 1364 se fundó la Universidad de Cracovia, para que los jóvenes pudieran estudiar, siendo la segunda institución de educación superior de Europa oriental, después de la de Praga.

Las primeras ciudades se establecieron a lo largo de las rutas comerciales y los polacos comenzaron a tener contacto con otras civilizaciones. Los numerosos ríos fueron las principales vías de comunicación, tanto interna como externa. Por su suelo pasaban las tropas asiáticas que asolaban las poblaciones de Europa oriental.

Algunas poblaciones se asentaron en aldeas al borde del río, construían sus casas de madera sobre soportes de troncos. De esta manera evitaban la inundación de las viviendas cuando el río aumentaba su caudal.

El país de tierras fértiles y campesinos trabajadores estaba rodeado de vecinos ambiciosos, de los que tuvieron permanentes asaltos. Ante el afianzamiento de su posición en el mar Báltico y el dominio de los caminos que conducían al mar Negro, Polonia tenía una situación intermediaria en el comercio entre el Este y el Oeste, asegurándose una condición económica muy favorable.

En las ciudades donde se desarrollaban el comercio y la industria, hubo grandes progresos. Gracias a estos privilegios, se desarrollaron las ciencias y las artes, atrayendo a estudiantes de otros países europeos.

LOS CABALLEROS TEUTÓNICOS

La Orden de los Teutones era una organización internacional cuya finalidad era convertir a los países paganos al catolicismo. Avanzaron sobre las distintas poblaciones pertenecientes al reino de Polonia y se instalaron en 1226.

Protegidos por el papa Gregorio IX, construyeron sus fortalezas y castillos con piedras y ladrillos a una distancia uno del otro de un día a caballo.

Redujeron a los pobladores a trabajos forzados y asesinaron a los que se oponían. En 1410 fueron vencidos por el Ejército Polaco con ayuda de las tropas lituanas, que obtuvieron la victoria en la batalla de Grunwald.

LA DECADENCIA

Cuando se extinguió la dinastía Jaguellón, la nobleza polaca creó una monarquía electiva, elegían un Rey vitalicio, llevando a ocupar el trono a personajes extranjeros. Esto derivó en la decadencia del Estado polaco, ante las dificultades que surgieron entre los nobles.

LOS CAMPESINOS

Desde tiempos remotos, los descendientes de los primitivos polanos2 se dedicaron a labrar la tierra y producir trigo, avena, centeno y mijo, convirtiendo al país en el granero de Europa. En el otoño, los hombres recorrían la inmensidad de los campos con el arado, para abrir los surcos y sembrar. Durante el invierno, el cereal germinaba bajo la nieve, para lucir en primavera su intenso color dorado, salpicado de amapolas rojas.

Con la llegada del verano, se comenzaba a escuchar el chirriar del hierro al rozar contra la rueda de piedra, cuando los campesinos concurrían a la herrería para renovar el filo de las guadañas. Las mujeres colaboraban en la siega del cereal, transformando el bello paisaje en gran cantidad de parvas. Las cargaban en carros para trasladarlas a los galpones y, a golpes de palo, desprendían los granos de la espiga; con una zaranda separaban la paja del trigo para llevarlo al molino y molerlo para convertirlo en harina. Las semillas de amapolas las usaban para repostería.

Cuando en épocas antiguas se malograba alguna cosecha de cereal y las guerras mantenían a los hombres en los campos de combate, gran parte de las poblaciones sufrían hambre. A partir del cultivo de papa, el alimento venerado por los pueblos precolombinos y llevado al viejo continente por los conquistadores de América, se pudo erradicar el flagelo. El tubérculo, sencillo de cultivar y cosechar, fue usado para servirlo en la mesa y alimentar a vacas y cerdos.

En las huertas tenían plantaciones de manzanos, perales, cerezos, guindos y ciruelos. Con la llegada de un invierno muy frío, los troncos reventaban y los árboles se secaban.

Los habitantes de los pequeños poblados vivían en casas modestas, obtenían el agua de los pozos y, al caer la noche, iluminaban el interior de sus viviendas con lámparas de kerosene.

LOS GITANOS

Las poblaciones recibían la frecuente visita de los gitanos, que se desplazaban por los caminos en carretas cubiertas por toldos. Comercializaban caballos con los campesinos y se beneficiaban con la generosa ayuda que les brindaban los pobladores.

Cuando a lo lejos divisaban la caravana, las mujeres ocultaban a sus hijos, porque un antiguo rumor anunciaba que robaban niños.

RELIGIÓN

En 1573 la nobleza polaca promulgó la Confederación de Varsovia, por la que se estableció la libertad religiosa. Los súbditos adquirían la religión de sus reyes y los campesinos debieron aceptar la fe de sus amos. El pueblo polaco, en su mayoría, profesa la religión Católica Apostólica Romana. También están las religiones Ortodoxa, Evangélica, el Judaísmo, entre otras.

Se construyeron templos de piedra en las ciudades y de madera en los campos, para que los sacerdotes celebraran Santa Misa los domingos y pudieran concurrir los campesinos.

En Europa estaban muy marcadas las diferencias étnicas y sociales en su población. Según sus costumbres, la nacionalidad de las personas se consideraba según la etnia a la que pertenecían y no al territorio donde habían nacido.

La mujer al casarse adquiría la nacionalidad, apellido, título y religión de su marido.

EL CRISTIANISMO

El pueblo polaco luchó por mantener la religión Católica Apostólica Romana en su territorio y demás países europeos.

Con la invasión sueca a Polonia, los habitantes en condición de siervos debieron continuar trabajando bajo el mando de los nuevos amos. Cuando los intrusos intentaron ingresar al convento de Jasna Gora, en busca de sus tesoros, los campesinos no toleraron la profanación de su templo. Se levantaron para defender a la Virgen de Czestochowa, su patrona, luchando casa por casa, hasta expulsarlos en 1655.

En 1683 la Europa cristiana se vio amenazada por el poderoso ejército turco, cuando avanzó hasta las murallas de Viena. El emperador austríaco solicitó ayuda al papa Juan III y este se dirigió al rey Sobieski, quien marchó junto a su ejército, logrando derrotar a los turcos, en una de las diez batallas más importantes de la historia.

Victoriosos volvieron a Polonia, llevando a un grupo de prisioneros, los que se establecieron en las montañas y continuaron profesando la religión de Mahoma.

En diciembre celebraban la Navidad, todo el paisaje se cubría de nieve y comenzaban los preparativos para celebrar la mayor fiesta de la cristiandad. Buscaban un pino en el bosque para adornarlo con caritas de muñeca, nueces envueltas en papel brilloso, velas, manzanitas rojas y cadenas de papel entrelazado en tonos rojo, azul, verde y amarillo. Colgaban masitas de miel con forma de estrellas y entre sus ramas esparcían copos de algodón. Los días previos a la celebración, los sacerdotes recorrían las casas de los pobladores católicos para repartir las hostias bendecidas.

En Nochebuena, tendían la mesa con el mejor mantel, debajo habían colocado una capa de heno, que representa el pesebre. Colocaban un plato y una silla de más, permanecían vacíos recordando a algún familiar ausente.

Antes de comenzar la cena, la persona mayor de la familia partía la hostia y la distribuía entre los comensales, tal como lo hizo Cristo con el pan en la última cena, cuando se encontraba rodeado por los doce apóstoles. Expresaban sus deseos de un año con mucha salud y el reencuentro de todos los presentes, para el próximo. Servían deliciosos platos elaborados con arenque y crema de leche, niños envueltos preparados con hongos, arroz y repollo. De postre, servían una preparación con avena, ciruelas secas y crema de leche. A la medianoche brindaban con vodka y servían dulces de almendras y miel.

Permanecían despiertos esperando que pasaran las rondas de los jóvenes, anunciando la buena nueva con melodías de armónica.

Al comienzo de la cuaresma, según la tradición cristiana, no se consumía carne.

En esta tierra rica en tradiciones culinarias, celebraban la Pascua de Resurrección con huevos decorados. Los hervían en agua con cáscaras de cebolla, flores de malva, lupines, azafrán y bayas de cipreses para darles diferentes colores. Desde tiempos inmemoriales, en la tradición religiosa, el huevo era el símbolo de un nuevo comienzo de la vida en la naturaleza. La puja del ave para salir a la vida y su color amarillo representaba la luz solar, con este símbolo se recuerda la resurrección de Cristo. No faltaba el budín decorado con glacé, tortas de nueces, higos y ricota, y postres de chocolate, almendra y nuez.

En junio, los jardines repletos de flores anunciaban la llegada del verano. Finalizaban las clases y los niños estaban preparados para tomar la primera comunión.

EL JUDAÍSMO

En los pueblos y ciudades había gran cantidad de ciudadanos de origen hebreo, se dedicaban a la actividad comercial, para lo que fueron convocados por el rey Casimiro el Grande.

Habitaban los territorios de Polonia, Lituania, Letonia, Estonia y una amplia zona de Alemania. Hablaban en idish, un dialecto de la antigua lengua alemana, y mantenían las costumbres de su milenaria cultura, adoptando también la lengua del país en que vivían, allí se dedicaban a la compraventa de lo que producían los campesinos. Esta actividad comercial les permitía obtener dinero para que sus hijos pudieran estudiar en las universidades. Muchos de ellos se convertían en médicos y abogados.

LA PARTICIÓN DE POLONIA

En 1772 los territorios que formaban la nación polaca fueron ocupados por sus tres vecinos más poderosos: Rusia al este, Austria al sur y Prusia al oeste.

El general Kosciuszko3, luego de haber participado en las luchas por la independencia de Estados Unidos de Norteamérica, regresó a Francia.

Con la experiencia adquirida en el país americano, planificó instalar una república en su tierra. Para lograr el objetivo, contaba con la constitución del “3 de mayo”, promulgada en 1791. Fue la primera constitución de Europa y segunda del mundo, después de la de Estados Unidos. Contenía el decreto de liberar a los siervos.

El militar juró tomar armas contra las potencias que ocupaban su país e hizo un llamado a los campesinos para que se integraran a su ejército. A cambio, les prometió tierra propia y la eliminación del servilismo. El pueblo se levantó en armas; en 1794 el general Kosciuszko fue reconocido como jefe supremo del Estado polaco, eliminó los siervos y les otorgó tierras para que trabajaran. Al poco tiempo el militar fue herido en combate y llevado prisionero a Rusia. Otra vez fueron aplastados por los antiguos invasores.

En 1795 se produjo una nueva invasión al país por sus vecinos, dejándolo completamente fuera del mapa. En aquella oportunidad, muchos polacos, para evitar el destierro a Siberia, dejaron su tierra para exiliarse en Francia, Suiza, Italia, Estados Unidos de Norteamérica y el Virreinato del Río de la Plata4, entre otros países, donde recibieron asilo. En aquella fecha llegó la primera inmigración polaca a nuestras costas argentinas.

El paso de las tropas de Napoleón Bonaparte por el territorio polaco puso fin al antiguo feudalismo, por la aplicación del código napoleónico y la modernización de las fuerzas armadas (1807).

Después del Congreso de Viena (1815) Polonia volvió a ser ocupada, se les prohibió hablar su idioma y practicar su religión. Pero los polacos lograron convertirse en un grupo humano resistente, consciente de los valores morales de sus antepasados. No se dejaron engañar ni asimilaron influencias extranjeras. Se mantuvieron unidos por la cultura y el idioma. Siguieron creando música y arte, mientras esperaban la independencia. Surgieron grandes artistas, entre ellos Frédéric Chopin (1810-1849), quien expresó en su música inmortal todos sus dolores y alegrías, el sufrimiento y la necesidad de luchar contra la opresión, el amor a la verdad y la justicia. Los sucesos políticos lo obligaron a salir de su patria y se instaló en París en 1831.

También el mayor poeta polaco, Adam Mickiewicz (1798-1855), fue condenado al destierro. El escritor abordaba temas nacionales y presentaba una imagen heroica del alma humana. Luego de la publicación de un poema, en el cual relataba una venganza patriótica, debió exiliarse en Francia, el centro de emigración polaca de aquella época.

Aunque estuvieron exiliados, estos dos creadores siempre fueron leales a su país, desde el exilio siguieron luchando por la independencia y libertad polaca.

POLONIA LIBRE

Al fin de la Primera Guerra Mundial en 1918, tras una larga historia de divisiones y ocupaciones extranjeras, Polonia logró reconstruirse como Estado independiente y soberano. Recuperó su independencia y volvió a existir ante los ojos del mundo. Para tener una salida al mar, se creó el Corredor Polaco hacia el puerto de Danzing, lo que motivó la partición de Alemania en dos.

En poco tiempo, esto puso en peligro la existencia de Polonia no solo por recuperar su independencia, algo que casi ninguno de sus vecinos reconocía, sino por el hecho de haber “quitado” territorios a Alemania.

SEGUNDA GUERRA MUNDIAL

En 1933 se realizaron elecciones en Alemania, Adolf Hitler accedió al cargo de Canciller, comenzaron los rumores sobre otra guerra. Los polacos no tenían industrias, fabricaban muy poco material bélico, no contaban con armamento para enfrentarse ante el ataque de un país poderoso.

El 1º de septiembre de 1939, la tropa alemana ingresó a Polonia. Mientras los polacos resistían con gran valentía el ataque del ejército alemán, muy superior en armamento, en el mismo mes Rusia invadió la zona oriental, violando todos los convenios y principios morales.

Rusia anexó las provincias orientales, según lo previsto por el protocolo secreto del pacto Molotov-Ribbentrop, iniciando la doble ocupación.

Ambos países tomaron prisioneros a miles de integrantes del ejército, dejándolo desintegrado. Diferentes tropas huyeron a Lituania en busca de refugio, donde fueron detenidos y enviados a prisión. Otro grupo atravesó Hungría y Rumania para dirigirse a Francia e integrarse al Ejército Polaco en el exilio. Lucharon en el norte de África contra el ejército del general Rommel.

Las tropas polacas refugiadas en el extranjero participaron en las operaciones bélicas aliadas en casi todos los frentes.

Muchos militares decidieron quedarse en el país y formar diferentes guerrillas junto a pobladores civiles, entre ellas “Armia Krajowa”, dirigida por el general Stefan Roweki “Grot”.

El comandante en jefe de las fuerzas armadas, general Sikorski buscó exilio en Francia; a los pocos días, Francia y Gran Bretaña declararon la guerra a Alemania.

Ante la ocupación alemana de Francia, el líder polaco se vio obligado a refugiarse en Londres; junto a representantes de partidos políticos formó el gobierno polaco en el exilio, reconocido por los aliados. Hacia aquel país se trasladaron los comandos polacos de Aviación y Marina.

Polonia quedó dividida en tres zonas: Gran Alemania, donde sus habitantes debían firmar un documento en el que manifestaban “me siento alemán y me comprometo a colaborar con su ejército”; la Gobernación General, una zona habitada por polacos, en la que instalaron los guetos y campos de exterminio de ciudadanos judíos, y la zona oriental, ocupada por Rusia.

En la zona ocupada por Alemania exigían a los pobladores que se identificaran, a qué nacionalidad pertenecían. Muchos pobladores eslavos: polacos, checoslovacos, rusos y ucranianos, fueron destinados a realizar trabajos forzados.

Los integrantes de la SS5, vestidos con uniforme negro e insignias de calaveras, persiguieron a opositores políticos y sospechosos. Adjudicándose el derecho a ejecutar a los enemigos del régimen, sin juicio previo. Asesinaron a nobles, sacerdotes y miembros destacados de la vida política y cultural.

Ejercieron una política de exterminio con la población judía. Organizaron los guetos y señalizaron sus límites con pintura blanca sobre la calzada, colgaron carteles anunciando “zona con peligro de tifus” en idioma polaco y alemán. Construyeron un muro que los dejó definitivamente aislados del resto de la población. Hacia el lugar llevaron a los descendientes del pueblo hebreo de toda Polonia y también a los que reclutaron en otros países.

Los prisioneros fueron trasladados a los campos de concentración; los hicieron ingresar a las cámaras de gas y, desde los hornos crematorios, salieron por la chimenea para elevarse al cielo, transformados en una enorme columna de humo.

Con el crimen como bandera, intentaron destruir el tejido social de la población, devastando las estructuras básicas. Atacaron la clase social culta; cerraron las universidades y escuelas secundarias, deportaron y fusilaron a muchos de sus profesores. Bombardearon el Castillo Real, la Catedral y el Gran Teatro.

El monstruo de la guerra se había apoderado del país; en cada atardecer, reinaba el toque de queda en sus calles vacías. Los integrantes de la Gestapo y la SS, siendo ciudadanos provenientes de un “pueblo culto”, eran bestias como el tigre, entrenadas para matar.

Integraban una organización en la que era imposible no cumplir la orden de un superior; ante la desobediencia, se era ejecutado en forma sumaria.

En la zona ocupada por Rusia detuvieron a miles de militares –entre ellos, al general Wladyslaw Anders–, los que fueron enviados a las cárceles. Trasladaron a grandes grupos humanos a lugares remotos e inhóspitos de Siberia, sus pobladores nativos construían las viviendas sobre troncos, para evitar el contacto con la nieve y adaptarse a las bajas temperaturas.

A los hombres deportados les daban instrucción militar, debían sentarse sobre el pastizal, con los pies apoyados dentro de una zanja circular rodeando al oficial, para escuchar su disertación sobre la doctrina comunista y explicaciones sobre cómo deberían comportarse en el frente de batalla.

En 1941, ingresaron las tropas alemanas a Rusia, produciendo un cambio en la situación política mundial. El general Sikorski le propuso al gobierno de Stalin poner fin a viejas rencillas y colaborar con los aliados, lo que fue aceptado por el gobierno ruso. Firmaron el pacto polaco-soviético, un acuerdo que consistía en una cooperación de ambos países para vencer al enemigo común.

Desde Londres exigieron la inmediata liberación de todos los polacos prisioneros en las cárceles y los deportados a campos de trabajo en Siberia, logrando que fueran “amnistiados”. El líder ruso los quería integrar a su ejército, pero no tenía forma de alimentarlos ni de proveerles uniformes ni armamentos.

KATYN

Desde los altos mandos del Ejército Polaco comprobaron que faltaba una gran cantidad de militares destacados, que habían sido tomados prisioneros por los rusos durante la invasión a Polonia.

En abril de 1943, los alemanes anunciaron el descubrimiento de un cementerio clandestino en los bosques de Katyn. Encontraron los cuerpos de varios miles de militares polacos. Ante el reclamo, Rusia acusó a los invasores alemanes del hecho, no aceptó la intervención de la Cruz Roja Internacional para abrir una investigación y cortó relaciones con el gobierno polaco.

Finalmente, se formó una comisión internacional para investigar en la zona e identificar a las víctimas, llegando a la conclusión de que fueron las tropas rusas las que llevaron a cabo el hecho. Stalin hizo ejecutar a la mayoría de la oficialidad polaca y a un buen número de intelectuales, profesores, sacerdotes y civiles indeterminados, pero este país no lo reconoció.

ARMIA KRAJOWA

Durante la ocupación comenzó a organizarse un ejército clandestino, llamado Armia Krajowa, cuyo primer comandante fue el coronel Roweki “Grot”.

Cuando sus integrantes detenían a un militar alemán, le sacaban el uniforme y los documentos para usarlos y camuflarse en alguna operación. A los hombres de la Gestapo los ejecutaban en el lugar de detención.

El general “Grot” fue detenido y asesinado por la Gestapo en 1943. Lo reemplazó el general Tadeuz Komorowski “Bor” para continuar al frente de la guerrilla AK.

LA RESISTENCIA POLACA

Dos hechos son claves para comprender el sufrimiento del pueblo polaco y del país, en general, durante la ocupación por parte de los nazis:

El levantamiento del gheto de Varsovia entre enero y abril de 1943, durante el cual los judíos se enfrentaron con los alemanes en inferioridad de condiciones, ante la política de los traslados masivos.

En el año 1944, ante el avance de las tropas rusas, la resistencia polaca no quería que fuesen estos los que liberaran a su Patria. Desde el 1º de agosto se pusieron en marcha todos los recursos del Armia Krajowa, pero la represión provocó la muerte de casi 40.000 personas, la denominada Matanza de Wola; la lucha duró hasta el mes de octubre, la falta de recursos llevó a la rendición, lo que provocó una ola de odio por parte del nazismo que pretendió prácticamente borrar a Varsovia del mapa: se destruyeron 10.455 edificios, 923 de ellos de carácter histórico, 25 iglesias, 14 bibliotecas, incluyendo la Biblioteca Nacional, 81 escuelas primarias, 64 escuelas secundarias, la Universidad de Varsovia y la Universidad Politécnica de Varsovia. Casi un millón de personas perdieron todas sus propiedades.

LA MUERTE DEL GENERAL SIKORSKI (1943)

El primer ministro inglés Winston Churchill había acordado con el comandante en jefe del ejército polaco en el exilio, general Sikorski, en dejar al Estado polaco libre al finalizar el conflicto bélico. Pero cuando se aproximaba el fin de la guerra (1944) Stalin anunció su pretensión de abarcar su influencia geográfica y doctrinaria sobre los países del este y centro de Europa. El líder inglés se sentía agradecido por la colaboración de los rusos en la lucha contra las tropas alemanas y no quería contradecirlo.

En aquella época, entre los soldados polacos que luchaban en los distintos frentes, circulaba el rumor de que Sikorski y Churchill pertenecían a la masonería, una cofradía cuyos principios fundamentales son la tolerancia, el amor a la justicia, el bien y la cultura. En la organización, el jefe del gobierno polaco tenía mayor jerarquía que el líder inglés. Por este motivo, Churchill no podía romper el compromiso contraído; fue muy difícil resolver la situación.

El avión que abordó el general Sikorski despegó del aeropuerto de la colonia británica de Gibraltar, en pocos minutos tuvo una explosión, estalló en el aire y se precipitó al mar. El piloto checoslovaco salvó su vida llegando a nado hasta la costa.

Circuló la versión de que habían cambiado la valija que contenía el equipaje de la hija del comandante polaco por otra en la que habían colocado el explosivo.

PERSIA (IRÁN)

En 1941, el general Anders recuperó su libertad y viajó a Inglaterra para firmar un convenio con el Ejército Británico, de quienes obtuvo uniformes y armamentos para organizar el II Cuerpo Polaco, bajo comando británico.

El Ejército Polaco se organizó en Rusia, formaron las tropas para enviarlas al norte de Persia (actual Irán) para que recibieran instrucción militar.

Al año siguiente, salieron desde Egipto treinta y seis barcos cargados con soldados polacos. Sin armamentos para defenderse de un ataque aeronaval, navegaron por el mar Mediterráneo. Los custodiaba una escuadrilla de barcos ingleses, transmitían música polaca con altavoces para hacerlos sentir más cerca de su tierra, cuando en realidad estaban cada día más lejos.

MONTE CASSINO