Del cero al infinito - Rasheed Araeen - E-Book

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Rasheed Araeen

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Beschreibung

En las últimas décadas se han incorporado o asimilado significativamente las prácticas creativas y artísticas de zonas poco representadas del mundo en la cultura global. Muchos celebran esta inclusión, armando que se debe principalmente al fenómeno del mercado y a la internacionalización del arte. Sin embargo, parte sustantiva de este proceso de incorporación paulatina es producto de un largo camino de lucha por generar un discurso intelectual crítico que incorpore la visibilidad del arte y culturas de otras partes del mundo, en un escenario donde prima una visión y hegemonía de unos pocos países de Occidente. La inclusión progresiva de otras miradas y discursos ha requerido, y aun demanda, posturas combativas. Se trata de una lucha que no solo se libra desde el campo de las artes visuales, sino también en el terreno intelectual frente a una práctica académica banal, aséptica y alejada de la realidad. Por más de cincuenta años, Rasheed Araeen, a la par de su trabajo artístico, se convirtió en un referente internacional de esta rebeldía en contra del establishment. Del cero al infinito escritos de arte y lucha compila –por primera vez en español– una selección de textos del artista paquistaní radicado en Londres Rasheed Araeen.

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Veröffentlichungsjahr: 2019

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Registro de la Propiedad Intelectual Nº 302.384

ISBN edición impresa: 978-956-9843-81-5

ISBN edición digital: 978-956-9843-82-2

Imagen de portada: Rasheed Araeen, un cubo de la obra Del cero al infinito,

Lima, Perú, 2013.

Diseño de portada: Juan Salas

Corrección y diagramación: Antonio Leiva

Traducción: Reina Isabel Jara y José-Carlos Mariátegui,

con la colaboración de Ivonne Sheen

© Rasheed Araeen

© ediciones / metales pesados

Email: [email protected]

www.metalespesados.cl

Madrid 1998 - Santiago Centro

Teléfono: (56-2) 26328926

Santiago de Chile, junio de 2019

Diagramación digital: ebooks [email protected]

Índice

Presentación

Rasheed Araeen: una constante lucha por la visibilidad y creatividad del otro

Notas preliminares para un Manifiesto Negro

Ecoestética. Un manifiesto para el siglo XXI

Alimento para pensar. Pensar para cambiar

Retorno a Baluchistán. Nominalizando la estética burguesa

La historia de Third Text. Escribir/publicar como obra de arte conceptual colectiva

Del cero al infinito

Agradecimientos

Nota al lector

Los traductores han intentado ser fieles con la forma original de escritura del autor. Esta forma de escritura implica el juego en el uso de los pronombres personales, así como en el uso de los signos y estilos tipográficos destacados por el autor, como el uso de mayúsculas, negritas y comillas (esto es particularmente importante en el caso del ensayo Notas preliminares para un Manifiesto Negro).

También es importante precisar que muchos de estos ensayos fueron escritos tomando como referencia situaciones contextuales y/o noticias ocurridas en dicho momento en el Reino Unido o en el mundo; para ello, los traductores han procurado hacer las notas explicativas correspondientes. 

Presentación

Sharon Lerner

El legado artístico de la década de los sesenta –caracterizado por manifestaciones no-objetuales y conceptuales que privilegian la experimentación frente al objeto para la contemplación– no ha sido nunca de fácil acceso para el gran público que visita los museos. Es común encontrar un cierto escepticismo frente a formas de arte orientadas hacia la disolución del objeto artístico que favorecen el proceso y la transformación. Este recelo se exacerba en contextos como el peruano, donde no existe un antecedente sostenido de prácticas desmaterializadas (a excepción de algunos ejemplos destacados que brillan por su singularidad), y donde la institucionalidad artística ha tenido un devenir inconstante, sino fracturado, a lo largo de las últimas décadas del siglo XX. Sin embargo, hay momentos excepcionales en los que el público se encuentra con propuestas que ofrecen una posibilidad de salvar esa brecha.

En octubre de 2013, gracias a las gestiones de José-Carlos Mariátegui y Alta Tecnología Andina (ATA), el artista paquistaní Rasheed Araeen (Karachi, 1935) visitó Lima para la presentación de una de sus obras más conocidas. Con el sugerente título de Zero to Infinity (Del cero al infinito), esta obra –concebida originalmente en Londres en 1968– se presentó en el vestíbulo del Museo de Arte de Lima por un lapso de dos días. La instalación, ubicada en este espacio de tránsito, consistía en cien estructuras cúbicas colocadas ordenadamente en perfecta simetría sobre el suelo. Los cubos, cuyas caras presentaban superficies enrejadas, se mostraban transparentes, colapsando interior y exterior en una configuración sencilla. Esta disposición original estaba sujeta a la potencial intervención de los visitantes, quienes fueron invitados a manipularla. Al carecer de indicaciones específicas del artista, la pieza se encontraba en constante transformación y promovía la aparición espontánea de formas complejas. Para Araeen, la intervención del público sería de radical importancia, ya que el resquebrajamiento colectivo de la forma simétrica inicial implicaría un distanciamiento radical de la práctica minimalista tal y como esta se desarrolló en distintos centros artísticos de Occidente. Del cero al infinito, en sus interminables variaciones, plantearía así la posibilidad de una emancipación de las jerarquías impuestas a todo nivel.

Radicado en Londres desde mediados de la década de 1960, Araeenes considerado por distintos autores como uno de los principales referentes en el campo de la reflexión sobre la producción artística en el Tercer Mundo. El artista y pensador es además el promotor original de la conocida Third Text, revista académica bimensual que desde 1987 aborda distintos aspectos de la creación contemporánea desde una perspectiva crítica, teniendo como principales enfoques el impacto de la globalización en las prácticas culturales y el legado de la teoría poscolonial. Estos intereses teóricos son inherentes a su trabajo, en tanto este –como sostiene el mismo artista– revela una búsqueda estética que va más allá de una forma o estilo. Muy por el contrario, la obra de Araeen sobrepasa la esfera de lo individual para alcanzar un espacio distinto, el espacio de la «multitud que debe determinar su próximo movimiento de acuerdo a su propia energía y dinámica»1. Como sugiere la crítica Jean Fisher, la obra de Araeen excede rápidamente los órdenes jerarquizados de las primeras manifestaciones del minimalismo occidental para reflejar preocupaciones igualitarias propias de su tiempo2. En efecto, tras su breve estancia en el museo, la obra inició un recorrido variado por distintos parques zonales de la ciudad de Lima, entre los que se cuentan el parque zonal Huáscar en el distrito de Villa El Salvador, el parque Huiracocha en San Juan de Lurigancho y finalmente el parque Cápac Yupanqui en el distrito del Rímac, donde la intervención tuvo una gran acogida. La presentación de esta obra en espacios periféricos tuvo la gran fortaleza de permitir el acercamiento de un gran público a formas de arte conceptual de modo horizontal y poco enajenante, lejos de la rigidez propia de los espacios oficiales del arte. El periplo fue registrado en el documental Zero to Infinity: Deconstruyendo espacios en Lima, producido por ATA con el apoyo de la Foundation for Arts Initiatives (FfAI), y al que se puede acceder de forma gratuita a través de internet3. Esta publicación, la primera sobre la obra del artista en español, aspira a dar cuenta de todo este particular proceso multidisciplinar que recoge tanto tradiciones artísticas como teoría científica y social. Agradecemos a Proyecto AMIL por su generoso apoyo para la realización de esta publicación y a Ediciones Metales Pesados por su entusiasmo y compromiso en llevar a cabo este proyecto editorial.

1Minimalism and Beyond. Rasheed Araeen at Tate Britain (Londres: Third Text, 2007).

2 Op. cit.

3 Accesible en Vimeo: https://vimeo.com/90089767

Rasheed Araeen: una constante lucha por la visibilidad y creatividad del otro

José-Carlos Mariátegui

En los últimos años, la obra artística de Rasheed Araeen ha sido motivo de retrospectivas y exhibiciones internacionales, concitando también el interés del mercado del arte. En la actualidad, su obra se exhibe de forma permanente en el museo Tate Britain de Londres junto a la de Anthony Caro, ambos considerados hoy representantes fundacionales del minimalismo británico. Por ello, podría dar la impresión de que se trata de un artista de trayectoria exitosa y con una obra predominantemente plástica. Sin embargo, Araeen es un artista principalmente conceptual y su obra se ha constituido a partir de una lucha que, durante décadas, ha demandado la inclusión de las contribuciones de los artistas afroasiáticos en la construcción de la historia del arte contemporáneo. Su obra visual e intelectual ha tenido una influencia fundamental en criticar las nociones racistas y colonialistas tan arraigadas en las instituciones occidentales.

Un primer estudio antológico sobre la obra de Araeen se produjo en el 2014, cuando la Sharjah Art Foundation presentó la muestra «Rasheed Araeen: Before and After Minimalism», bajo la curaduría de Hoor Al Qasimi. Esta exposición exploró, a manera de compendio sucinto, el trabajo artístico de Araeen, incluyendo sus primeras pinturas y dibujos producidos en Karachi durante los años cincuenta, documentación de trabajos participativos y de performance así como esculturas creadas a lo largo de una carrera de más de cinco décadas. Entre los años 2017 y 2019, bajo la curaduría de Nick Aikens y Charles Esche, se realizó una retrospectiva extensa e itinerante titulada «Rasheed Araeen: A Retrospective». Esta fue presentada en el Van Abbemuseum (Eindhoven, 2017) e itineró en el MAMCO (Ginebra, 2018), BALTIC Centre for Contemporary Art, Gateshead (Newcastle upon Tyne, 2018), y Garage Museum of Contemporary Art (Moscú, 2019). En paralelo, su obra ha sido seleccionada recientemente para la Bienal de Venecia (2017) y la Documenta 14 (2017) e incorporada en museos y colecciones privadas. Actualmente, Araeen se encuentra en plena producción de nuevas obras y proyectos, como Rhapsody in Four Colors, imponente estructura de 35 metros de altura que se levanta como el elemento central del recientemente inaugurado edificio del Aga Khan Center en Londres –espacio destinado a la educación, el intercambio cultural y el conocimiento de las civilizaciones musulmanas.

Del cero al infinito escritos de arte y lucha compila una selección de textos de Rasheed Araeen. ¿Por qué la compilación de textos de Araeen es relevante para los lectores hispanoamericanos? En las últimas décadas se han incorporado o asimilado significativamente las prácticas creativas y artísticas de zonas poco representadas del mundo en la cultura global. Muchos celebran de forma crítica esta inclusión, afirmando que se debe principalmente al fenómeno del mercado y a la circulación internacional del arte (Papastergiadis, 2003; Mosquera, Fisher et al., 2004). Sin embargo, parte sustantiva de este proceso de incorporación paulatina es producto de un largo camino de lucha por generar un discurso intelectual crítico que incorpore la visibilidad del arte y culturas de otras partes del mundo, en un escenario donde prima una visión y hegemonía de unos pocos países de Occidente –que se define inmerecidamente como internacional–. La incorporación progresiva de otras miradas y discursos ha requerido, y aun demanda, posturas combativas. Se trata de una lucha que no solo se libra desde el campo de las artes visuales, sino también en el terreno intelectual frente a una práctica académica banal, aséptica y alejada de la realidad. Por más de cincuenta años, Rasheed Araeen, a la par de su trabajo artístico, se convirtió en un referente internacional de esta rebeldía en contra del establishment –principalmente británico– defendiendo un discurso intelectual potente en torno a la sociedad y la cultura en firme cuestionamiento de los modelos homogéneos producidos en Occidente.

Pakistán-Londres: Explorando el minimalismo

Rasheed Araeen nació en Karachi, capital de Pakistán, en 1935, hizo estudios iniciales en matemática y física para luego graduarse como ingeniero civil de la NED (Universidad de Ingeniería y Tecnología) de Karachi en 1962. Desde muy joven se interesó por el arte conceptual y las formas minimalistas: líneas ondulantes y espiraladas, como antecedentes de las esculturas geométricas que cuestionaban los estilos tradicionales de la escultura y las formas vernaculares de tecnología arquitectónica. En Karachi, este joven y prometedor «ingeniero convertido en artista» (Bokhari, 1963) se empezó a fascinar por las formas geométricas y lo que representaban. En 1959 tomó un pedazo de alambre circular retorcido y lo convirtió en su primera escultura minimalista (My First Sculpture, 1959), obra que se caracterizó por la transformación del material a partir de la fluidez y el movimiento, elementos que han sido una constante a lo largo de su carrera.

Pese a haber exhibido desde muy joven, el trabajo de Araeen es muy diferente al estilo tradicional de sus colegas, y por ello se sintió incomprendido –y hasta marginado– por la escena local de Karachi. Es así como decide viajar a Londres en 1964 –inicialmente para trabajar de ingeniero civil–, donde inicia un proceso reflexivo profundo en relación con su obra que le permite articular progresivamente un original discurso crítico. Los primeros trabajos de Rasheed Araeen en Londres estuvieron influenciados por su formación como ingeniero y por su interés en la escultura moderna británica. Desde su llegada, la obra de Anthony Caro le generó una gran impresión y fascinación. Poco a poco transformó su trabajo escultórico e incorporó posibilidades cinéticas y procesos de la materia, así como proyectos participativos, como Chakras (1969-70), en la que se invitó al público a lanzar 16 discos naranjas –en forma de esculturas flotantes– en las aguas del St. Katharine Docks, canal ubicado al este de Londres que desemboca en el río Támesis.

En aquel momento las visiones del arte contemporáneo estaban circunscritas a artistas de unos pocos países occidentales y se identificaba la cultura y arte del llamado «Tercer Mundo» principalmente con lo folclórico o étnico. Frente a este canon establecido por las instituciones y el mercado, la obra de Araeen –tipificado como un artista del Tercer Mundo– resultaba atípica e incomprendida. En 1969 se le otorga el Premio de Pintura John Moores, uno de los principales premios de arte contemporáneo del Reino Unido. Dicho triunfo, sin embargo, no bastó para que las galerías británicas se interesaran por su obra, pues el constante racismo predicado por el establishment artístico británico negaba la participación de artistas no-blancos dentro del llamado discurso modernista. A la par, Araeen empezó a leer a escritores anticoloniales como al activista, psiquiatra y pensador caribeño de origen martiniqués Frantz Fanon, conocido por su obra intelectual sobre los movimientos de liberación negros. En su libro Los condenados de la tierra (Les damnés de la terre, 1961), Fanon propone la emancipación humana, sin prejuicios ni alienaciones, y sin distingo de piel, género, sexo, clase o religión. Estos temas fueron centrales en el proceso de maduración intelectual de Araeen y formaron la base de sus ideas en torno a la articulación de un movimiento intelectual de emancipación humana, producido desde las zonas poco representadas del mundo.

Durante esta etapa, Araeen empezó a trabajar obras a partir de formas geométricas como cuadrados y triángulos y produjo piezas como Primera estructura (1966/67) –un cubo soportado por diagonales– o Rang Baranga (1969), nombre en urdu, que en nuestro idioma significa «muchos colores». Rang Baranga se basa en estructuras de celosía –similares a las utilizadas para la construcción de edificaciones– que cobran vida a partir del movimiento del espectador alrededor de la obra, produciendo un efecto cinético de infinitas formas gracias al uso de colores primarios como el rojo, amarillo o azul. Como bien refiere Jean Fisher: «La solución escultórica de Araeen a esta búsqueda de un modelo espacial diferente fue la invención de lo que él simplemente llamó “Estructuras”: un cubo abierto o módulos rectangulares que podrían replicarse y combinarse de manera que evitaran una jerarquía de formas...»1.

Aun cuando las estructuras de Araeen significaron una contribución original a la corriente minimalista que empezaba a formarse entonces, su trabajo era relegado, desestimado y poco comprendido, asociando su obra –en el mejor de los casos– con la geometría islámica, cultura de la que él provenía. Este escenario pone en evidencia la situación del Reino Unido en dicha época, la cual fomentaba un discurso exótico donde la obra creativa de los indios o negros inmigrantes debía provenir o hacer referencia a sus culturas de origen. Dicha interpretación limitada, intolerante y claramente colonial, que reducía la creación de una persona a su lugar de procedencia, molestaba cada vez más a Araeen, que había salido de su país de origen justamente para liberarse de prejuicios.

Escritura-Pensamiento: Hacia una dialéctica de la protesta

En la década del setenta, la práctica artística de Araeen adquiere un rasgo político. En 1972 se vinculó al Movimiento de Trabajadores Negros de Londres, originalmente conocido como el Black Panther Movement. Además, entre 1973 y 1975, se une a Artistas por la Democracia (Artists for Democracy), un movimiento formado por David Medalla (Bret, 1984) que concebía el arte como un reflejo de la sociedad, promoviendo la lucha contra las fuerzas opresivas. La obra de Araeen empieza así a incorporar nuevos elementos como el collage, fotografía, instalación y performance para desarrollar un enfoque dialéctico y materialista de la práctica cultural. En muchos casos, estos nuevos trabajos incluyeron manifiestos escritos como instrucciones para la participación creativa del público, dando origen a sus primeros prototipos de proyectos de tipo participativo. Uno de ellos, Disco Sailing (1970-1973) –basado en un disco flotante donde un cuerpo humano hacía de mástil mientras que un traje con alas fungía de velas– planteó una discusión crítica en relación con el cuerpo como obra de arte, considerando fenómenos y elementos de la naturaleza, como el viento y el agua. Esta etapa fue decisiva para reafirmar su identidad como artista proveniente de una zona poco representada, pero que participaba de una vibrante y creativa comunidad multicultural. Su conciencia política se tornó explícitamente confrontacional a la Gran Bretaña imperial e incorporó en su lucha a gente que, al igual que él, se enfrentó también al mismo trato discriminatorio. De esta forma, puso en evidencia las limitaciones de la práctica artística británica que, bajo un contexto eurocéntrico, aún mantenía características coloniales de explotación y dominación.

Rasheed Araeen fue integrando a su práctica artística un sesgo más intelectual, a partir de la elaboración de textos críticos, artículos y cartas públicas. De estos, Notas preliminares para un Manifiesto Negro2–escrito entre diciembre 1975 y marzo 1976– es posiblemente su obra escrita más representativa. Araeen menciona que «lo escribió como un trabajo de arte»3. Se trata de un texto a manera de ensayo en que propone ideas renovadoras y demuestra algunas de las causas del racismo cultural, exponiendo con claridad las posibles formas de cambiar la realidad imperante del arte en el Tercer Mundo frente a Occidente. Retrata la realidad política y cultural del arte contemporáneo, cuestionando la llamada supremacía de la visión del arte de Occidente y la forma en que este cercena una parte de la historia del mundo que no está siquiera mencionada. El texto es valiente, duro y nada adulador: un manifiesto que reivindica las causas estructurales y fuerzas sociales, políticas y económicas que han jugado un papel fundamental en perpetuar un orden institucional hegemónico, que favorece cierto tipo de visión occidental donde el colonialismo interrumpe «el desarrollo del arte y la cultura indígena en el Tercer Mundo al impedir el desarrollo histórico de las fuerzas productivas de sus pueblos» (Araeen, 1978). El resultado, desde la perspectiva del propio autor, no es solo que se produce una invisibilización estructural de la creación proveniente de zonas no favorecidas, sino que esta es desestimada dentro de la historia del mundo en beneficio de una narrativa parcializada y complaciente.

Araeen propone una resignificación del término «indígena» confrontándolo con su situación de «alienígena», con el fin de estudiar la situación de la población del Tercer Mundo a partir de una perspectiva institucional y cultural que surja al margen del sistema de dominación: «Solo el establecimiento de un sistema socioeconómico y político indígena, que realmente sirva a las necesidades e intereses de todo el pueblo, puede permitir al pueblo desarrollar su propio arte y cultura contemporáneos, como expresión de la nueva dinámica de una vida liberada» (Araeen, 1978). Su afán por incorporar lo «indígena» responde a la falta de cuestionamiento crítico en los discursos sobre el arte contemporáneo y la falta de interés en estudiar las diversas culturas que existen en el mundo, ignorando la significativa participación de las culturas no-occidentales como vehículo de transformación y liberación social mundial. Ello ha impuesto una versión particular y sesgada de la historia del Tercer Mundo, vista siempre a partir de la interpretación de Occidente.

Araeen propone dar visibilidad a los grandes avances que han venido moldeando y configurando un arte del Tercer Mundo, aceptando el desafío de la modernidad sin negar ni evadir sus orígenes y que a su vez explora las relaciones entre marginalidad e imaginación, que posibilitan nuevas discusiones y miradas dentro del arte contemporáneo. Estas expresiones permiten enfrentar la influencia occidental a partir de estilos nuevos y renovados, superando nacionalismos y dignificando la definición de «lo contemporáneo», así como cualquier eco reaccionario desde la propia condición de artista con un bagaje diverso proveniente de una zona no representada. De manera lúcida y premonitoria, Araeen analiza las problemáticas que afrontan los artistas no solo en situaciones de carencia y privación, sino también en situaciones de abundancia. Notas preliminares para un Manifiesto Negro delinea una praxis del Tercer Mundo («Third World Praxis») basada en una llamada a los artistas de todo el mundo –también a los occidentales– a colaborar en la producción de un proyecto artístico común, que sea dialógico y genere una diversidad de perspectivas y nuevas formas de arte y pensamiento, que sea participativo y se comprometa a inspirar a la humanidad. Areen insta así a los creadores a convertirse en agentes de cambio.

En 1976 preparó una versión final de Notas preliminares para un Manifiesto Negro con la intención de publicarlo en la revista Studio International. Dado que el texto era extenso, los editores de la revista propusieron publicarlo en dos partes, a lo cual Araeen se rehusó pues le quitaba fuerza expresiva al ensayo. La necesidad de publicar el texto en su extensión original promovió el surgimiento de un proyecto mucho más ambicioso que buscaba articular y empoderar muchas voces silenciadas. Así, en 1978, Araeen y el poeta Mahmood Jamal fundaron la revista Black Phoenix, Journal of Contemporary Art & Culture in the Third World, una «plataforma de discusión, un canal de intercambio de ideas relacionadas al predicamento cultural del hombre en una época de capitalismo avanzado e imperialismo»4. Notas preliminares para un Manifiesto Negro abría el número 1 de Black Phoenix, que presentó, entre otros escritos, dos ensayos vinculados a América Latina: «Defensa de la Palabra» de Eduardo Galeano (Galeano, 1978) y un reportaje de Guy Bret sobre los prisioneros políticos en Chile durante la dictadura de Pinochet (Bret, 1978). Esto evidencia cómo, desde su primer número, Black Phoenix no solo pretendía incluir a las voces de África y Asia, sino también a otras más periféricas y casi desconocidas para el contexto británico, como las latinoamericanas. Lamentablemente, este proyecto editorial tuvo una corta vida y, luego de tres ejemplares publicados entre 1978 y 1979, se canceló debido al poco interés y respuesta. La problemática propuesta por la revista existía, pero las iniciativas de trabajos y estudios en torno a la misma eran aún incipientes y muy fragmentados para sostener una publicación orgánica.

Analizando el legado histórico-documental producto de la obra de Araeen se identifica el desarrollo simultáneo de un trabajo intelectual y una obra artística, que ha permitido que ambas prácticas se coenriquezcan y generen un corpus de trabajo potente y a su vez comprometido socialmente. A partir de una posición intelectual no blanca, su obra artística principia el abordaje de la realidad sociopolítica dominante en Inglaterra. Por ejemplo, en la performance Paki Bastard (Portrait of the Artist as a Black Person), 1977, el artista proyectó imágenes de sus «estructuras» sobre su cuerpo, como retratándose dentro de una celda. Confrontaba así su imagen como una representación del otro con el fin de recrudecer el racismo del que era víctima. Sumo a este tipo de trabajos el debate con instituciones artísticas –muchas veces por medio de cartas– que rechazaban su obra o el trabajo de otros artistas no blancos y que hacían palpable su talante discriminatorio.