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En Democracias en peligro. Regresión democrática en latinoamérica y propuestas de futuro, el destacado autor Heraldo Muñoz, diplomático, politólogo y experto en relaciones internacionales, aporta un examen exhaustivo sobre el devenir histórico y las complejidades contemporáneas que caracterizan a las democracias latinoamericanas. Inicia su análisis con una exploración de los cimientos históricos y su actual vinculación con los fenómenos globales de deterioro de las democracias. En este contexto, examina críticamente el estado de estas en la región, la influencia de populismos autoritarios como la presidencia estadounidense de Donald Trump, y las dinámicas sociales que han tornado más compleja la gobernabilidad en los países latinoamericanos. Aborda los episodios oscuros de la región, desde los períodos de caudillos hasta las dictaduras militares y las transiciones democráticas en las décadas de los 80 y 90. Destaca la transformación contemporánea del riesgo democrático, que ya no se manifiesta a través de golpes de Estado evidentes, sino mediante estrategias sutiles implementadas por líderes inicialmente electos de manera relativamente democrática. El libro proyecta un futuro para las democracias latinoamericanas en el marco de la Revolución digital revelando cómo las nuevas tecnologías han redefinido la relación entre el poder y la sociedad. Invita a profundizar una reflexión sobre la urgencia de fortalecer estos sistemas en un entorno global dinámico y desafiante, y avanza propuestas para mejorar el estado de nuestras democracias. Este es un libro indispensable para estar al día de lo que sucede en la región y los cambios en el escenario internacional. Ricardo Lagos Escobar Ex Presidente de Chile
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Seitenzahl: 239
Veröffentlichungsjahr: 2024
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MUÑOZ V., HERALDO
Democracias en peligroRegresión democrática en Latinoamérica y propuestas de futuro
Santiago, Chile: Catalonia, 2023
144 p. 15x23 cm
ISBN: 978-956-415-079-6
ISBN Digital: 978-956-415-080-2
CIENCIA POLÍTICA320
Diseño de portada: Amalia Ruiz Jeria
Corrector de textos: Hugo Rojas Miño
Diagramación interior: Salgó Ltda.
Impresión: Salesianos Impresores S. A.
Dirección editorial: Arturo Infante Reñasco
Editorial Catalonia apoya la protección del derecho de autor y el copyright, ya que estimulan la creación y la diversidad en el ámbito de las ideas y el conocimiento, y son una manifestación de la libertad de expresión. Gracias por comprar una edición autorizada de este libro y por respetar el derecho de autor y copyright, al no reproducir, escanear ni distribuir ninguna parte de esta obra por ningún medio sin permiso. Al hacerlo ayuda a los autores y permite que se continúen publicando los libros de su interés. Todos los derechos reservados. Esta publicación no puede ser reproducida, en todo o en parte, ni registrada o transmitida por sistema alguno de recuperación de información. Si necesita hacerlo, tome contacto con Editorial Catalonia o con SADEL (Sociedad de Derechos de las Letras de Chile, http://www.sadel.cl).
Primera edición: diciembre, 2023
ISBN: 978-956-415-079-6
ISBN Digital: 978-956-415-080-2
RPI: Trámite 9299xl (2/12/2023)
© Heraldo MuñozV., 2023
© Editorial Catalonia Ltda., 2023
Santa Isabel 1235, Providencia
Santiago de Chile
www.catalonia.cl - @catalonialibros
Diagramación digital: ebooks [email protected]
Para Pamela,
Paloma,
y Lila Rayén
Índice
Prefacio
Prólogo Ricardo Lagos E.Ex presidente de Chile
I. Introducción: La democracia en peligro
II. El debate conceptual sobre la democracia
III Las modalidades de erosión de la democracia en Latinoamérica
La influencia del deterioro democrático de EE.UU. bajo Trump
¿Cómo marcha la democracia en la región?
Degradación democrática
Informes y encuestas sobre la democracia en Latinoamérica
De los golpes de Estado al secuestro gradual de las democracias
Secuestrar la democracia desde las elecciones: Nicaragua y Venezuela
Fake news contra la democracia
La sombra de Trump en Brasil
IV. Más allá de las fake news: Inteligencia artificial, ciberataques, empresas tecnológicas y las amenazas emergentes a la democracia
V. Conclusiones: Recomendaciones para mejorar el estado de la democracia en Latinoamérica
Mejorar y actualizar los instrumentos de promoción y defensa de la democracia
Fortalecer las capacidades para un buen gobierno
Asistencia y cooperación a las democracias
Discurso y acción internacional pro-democracia
Participación y movilización por la democracia
Combatir las desigualdades y favorecer la equidad social
Cooperar para luchar contra el crimen organizado transnacional
Regular las empresas tecnológicas para que actúen éticamente
Prefacio
La democracia ha sido un tema recurrente en la ciencia política y el estudio de la historia contemporánea de América Latina. Los largos períodos de caudillos, dictaduras militares, violaciones a los derechos humanos, e intervenciones externas a favor de los autócratas, particularmente durante la Guerra Fría, marcaron la imagen de la región en el mundo.
Más tarde, en los años 80 y 90, el interés internacional estuvo centrado en las difíciles transiciones a la democracia, donde, en muchos casos, aún persistía la influencia militar y de los poderes fácticos como una amenaza a la soberanía popular. El trasfondo de una creciente insatisfacción con la democracia ha sido una persistente desigualdad, la mayor en términos de ingreso per cápita de cualquier otra región del mundo.
En tiempos recientes, la preocupación por la democracia es con su gradual y persistente declive; ya no a través de golpes de Estado, sino que de manera furtiva, incluso a partir de gobiernos autoritarios elegidos inicialmente de manera más o menos democrática que terminan secuestrando la democracia. La polarización política y social en contextos de crisis pandémica y económica, migraciones irregulares, crimen doméstico y transnacional, entre otros, han permitido el surgimiento de voces extremistas que cuestionan la democracia. El fenómeno es mucho más complejo aún, y tiene que ver con la profundización de la sociedad digital, con el ascenso de las fake news y del poder ubicuo y abrumador de las empresas de manejo de datos.
Por todo lo anterior, la democracia y la gobernabilidad han sido objetos permanentes de estudio y asesorías prácticas del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD). De hecho, este libro se inserta como una expresión más de este interés del PNUD en los procesos democráticos en la región. Su origen fue una larga conversación de este autor con el entonces director regional para América y el Caribe, Luis Felipe López-Calva.
Si bien agradezco el aporte de las autoridades del PNUD, así como su interés y apoyo a la realización de este estudio, el libro no compromete de modo alguno a la organización, pues las opiniones aquí vertidas son de responsabilidad exclusiva del autor. Con todo, espero que esta obra contribuya a la importante labor que desarrolla la Dirección Regional para América Latina y el Caribe del PNUD para entender y mejorar la democracia en la región.
Heraldo Muñoz
Santiago, agosto de 2023
Prólogo Ricardo Lagos E.Ex presidente de Chile
Democracias en peligro: Regresión democrática en Latinoamérica y propuestas de futuro es un nuevo libro de Heraldo Muñoz. Diplomático, politólogo y especialista en relaciones internacionales, Muñoz plasma en estas páginas su formación académica y docente en universidades nacionales e internacionales, con su experiencia como hombre de acción en cargos como embajador, subsecretario y ministro de Relaciones Exteriores al servicio de Chile, y también un tiempo en un alto cargo en Naciones Unidas en Nueva York.
A lo largo del libro, Heraldo Muñoz hace un extenso y oportuno análisis sobre por qué las democracias latinoamericanas están en peligro y esboza ideas sobre cómo la región debe adaptarse al cambio epocal en el que nos encontramos inmersos para fortalecerlas.
Los sistemas democráticos en Latinoamérica surgieron con las revoluciones de independencia que se sucedieron entre 1820 y 1830, cuando recién nacía la Revolución Industrial. Las naciones independientes de la región comenzaron su formación democrática bajo los dos pilares que marcaron esta época: el avance tecnológico representado por la máquina a vapor y el conjunto de personas que se necesitaban para hacerlas producir. En otras palabras, es bajo este marco histórico en el que se definen las sociedades latinoamericanas marcadas desde su origen por el vínculo entre el capital necesario para comprar las máquinas y el recurso humano; ese trabajador que a través de su conocimiento específico la hace funcionar y producir. Y será justamente esta relación la que determinará el debate conceptual del devenir del sistema democrático en el continente.
Las modalidades sobre qué es una democracia y su adaptación a las particularidades de cada una de las naciones dependerán de cómo se resuelva la tensión entre el capital y los trabajadores, la Iglesia y la sociedad civil y el campo y la ciudad. Con estos debates sobre la mesa entramos al siglo XX: con sociedades en plena transformación que exigen más participación e igualdad y conscientes de que los trabajadores son indispensables para el desarrollo de una economía capitalista. De acuerdo con dónde se ubiquen los gobiernos, sus líderes y las políticas públicas, los sistemas democráticos se verán más o menos fortalecidos.
En este camino no todos los sectores sociales se sintieron conformes con el desarrollo de las democracias y, desde mediados del siglo XX, surgió, en cadena y como efecto dominó, la intervención de las Fuerzas Armadas en distintos países latinoamericanos con el fin de orientar, de acuerdo con lo que ellas consideraban necesario, el devenir político.
Si bien luego de décadas, la región logró salir de los períodos dictatoriales, el retorno a las democracias fue lento, custodiado por militares y frágil. Hacia principios del siglo XXI, el sistema electoral y representativo comenzó a ser utilizado por algunos líderes como una fórmula para alcanzar el poder, para luego ejercer un gobierno a través de formas autocráticas. Un ejemplo representativo sobre esta práctica es la historia de las últimas décadas de Nicaragua. Si bien desde 1939 Nicaragua estuvo bajo dictadura, el período más duro sucedió entre 1967 y 1979 en manos del militar Anastasio Somoza Debayle. En 1979 el Frente Sandinista de Liberación Nacional derrocó a Somoza y sentó las bases de una futura democracia conocida como la Revolución Popular Sandinista. Décadas después uno de los líderes de esa insurrección popular, Daniel Ortega, llegó al gobierno bajo un sistema electoral representativo y participativo propio de la democracia, para luego, una vez instalado en el poder, ejercerlo a través de medidas que muy poco se diferencian de una dictadura clásica como la que él mismo derrocó.
Heraldo Muñoz hace una distinción clara respecto del tipo de dictadura que emerge en la década de los 80 cuando son golpes de Estado dados directamente por los militares los que asumen el poder en una parte significativa de la región. Ahora, bien entrado el siglo XXI es distinto. No se concibe el golpe de Estado directamente por los militares. Ellos no están disponibles para esa aventura política. Lo que sí puede ocurrir es que el líder populista o caudillo utilice la vía electoral para transformarse en un autócrata lentamente, copando el Poder Judicial y otros poderes del Estado. Es allí donde emerge un tipo de dictadura distinta a la del pasado y en donde no se concibe ahora que pueda haber una dictadura militar implementada directamente por un golpe Militar. Esa es la transformación que ha tenido lugar en la región, lo cual no quiere decir que las democracias están mal consolidadas, sino que son otros los tipos de riesgos que se deben afrontar.
En el tercer capítulo del libro, se profundiza en la degradación democrática en la que nos encontramos, la que, combinada con el cambio epocal de fines del siglo XX, genera una erosión de las instituciones democráticas. En esta parte del texto, se narran 20 años ininterrumpidos de historia regional, donde se convive entre la búsqueda para restablecer y fortalecer los sistemas democráticos, y aquella tendencia autocrática donde la democracia deviene en un sistema dictatorial, como es lo que sucede en Nicaragua, Venezuela o El Salvador.
Hacia el final del libro se esboza el comienzo de una nueva etapa. Una que enuncia las distintas formas de democracia en América Latina, dejando pendiente la reflexión sobre sus vínculos con la nueva era que surge de la mano del siglo XXI. Las democracias de hoy son totalmente diferentes a las de fines del siglo pasado. Las matrices que orientaban el voto de la ciudadanía —como los conceptos de izquierda y derecha— así como el acceso a la información han cambiado profundamente. Gracias a las nuevas tecnologías, el vínculo entre poder y sociedad pasó de ser vertical a horizontal. Hoy se expresa en una interacción cotidiana en la que el ciudadano puede decir lo que piensa e interpelar las posturas de sus dirigentes a través de un tuit, un comentario en Facebook, un video en TikTok o una foto en Instagram. Sabemos que allí hay verdades y falsedades, pero es una realidad determinante.
La fidelización a una matriz política ya no predomina en nuestros países. Hay cada vez más volatilidad: lo que se votó ayer de determinada manera no anticipa una votación en el mismo cauce político mañana. Esto porque el desarrollo de la democracia actual que se despliega en plena Revolución Digital reparte injusticias vinculadas justamente al acceso a las nuevas tecnologías. Por esto, las democracias deben velar y garantizar nuevos mecanismos que aseguren el ejercicio de los derechos digitales por parte de toda la sociedad y que con ello se logre una democracia realmente representativa y participativa.
Estamos ante un libro que hace un repaso útil e interesante, y a ratos didáctico, sobre el sistema democrático latinoamericano de las dos últimas décadas, dejando abierta las recomendaciones para mejorar su estado en el presente. A partir de la lectura de este texto se pueden encontrar pistas sobre cómo podemos fortalecer la democracia de nuestra región, luego de una pandemia, los efectos de la guerra con Ucrania y de una transformación geopolítica radical, a nivel global, que está aún en plena evolución.
Democracias en peligro: Regresión democrática en Latinoamérica y propuestas de futuro es un libro indispensable para estar al día de lo que sucede en la región y de los cambios en el escenario internacional. A partir de su lectura pueden aparecer ciertas luces sobre cómo, pese a que representamos el 9% de la población mundial, podemos incidir en las grandes corrientes de la humanidad, si lo hacemos de manera mancomunada, organizada y en defensa siempre de los valores democráticos que nos definen como países y como región.
I. Introducción: La democracia en peligro
La democracia está bajo ataque a nivel global. Eso ha sucedido antes, por cierto, pero ahora las herramientas que los autócratas esgrimen contra las sociedades abiertas y los derechos humanos son más sofisticadas y poderosas que en el pasado, y los problemas que afectan a las democracias son más profundos.
La globalización, las desigualdades y las crisis económicas acrecientan las iras de los descontentos y son caldo de cultivo para los “salvadores de la patria”. Por eso, el populismo, en sus distintas variedades, se ha extendido por diversos continentes. Los líderes autoritarios han incrementado sus ataques a la arquitectura de la institucionalidad democrática y de derechos humanos post-Segunda Guerra Mundial, y se han tornado más eficientes en evadir las normas e instituciones de la democracia y los derechos fundamentales, y en apoyarse mutuamente frente a los cuestionamientos de la comunidad democrática internacional. Las evaluaciones abundan sobre el deterioro democrático en varios países del globo.
El sólido informe El estado global de la democracia 2021, de IDEA (sigla de Institute for Democracy and Electoral Assistance) Internacional, consigna que por quinto año consecutivo el número de países que van en un curso autoritario supera por casi tres veces al número de países que siguen una dirección democrática. El estudio estima que “el 70% de la población mundial vive ahora en regímenes no democráticos o en países en retroceso democrático” y solamente el 9% de la población a nivel global vive en democracias de alto rendimiento.1 De hecho, la mayoría de la gente del mundo nunca ha vivido en democracia.
En el Informe sobre el estado mundial de la democracia en 2022, IDEA registró que la mitad de los gobiernos del mundo estaban en declive, en tanto los regímenes autoritarios profundizaban su represión. A fines de 2021, la mitad de los 173 países evaluados por IDEA Internacional experimentaron disminuciones en al menos un atributo de la democracia; tres de cada siete democracias en retroceso se encontraban en las Américas, y el autoritarismo empeoró en países como Bielorrusia, Camboya y Nicaragua, entre otros.2
En una línea coincidente, el informe anual de Reporteros sin Fronteras de 2021 reveló que ese año se registró un récord en la cifra de periodistas encarcelados (488) en diversos países del mundo.3 Los asesinatos de periodistas también se han extendido. México es un caso crítico donde, desde el año 2000 hasta inicios del 2022, se registraron 147 profesionales de las comunicaciones asesinados, el 40% de ellos responsabilidad, según una fuente, de alcaldes, jefes de seguridad municipales, policías o uniformados varios.4 Es decir, la represión de la libertad de prensa, consustancial a la democracia, ha ido en aumento.
El informe Varieties of Democracy (V-Dem) 2023 de la Universidad de Gotemburgo, por su parte, indica que el 72% de la población mundial estaba bajo el yugo de regímenes autoritarios y, más aún, que los avances en la democratización registrados en 35 años han sido borrados, retrocediendo a 1986. En el lapso de una década, el retroceso ha sido evidente: en 2002 solo 13 países iban camino al autoritarismo, en tanto que en 2022 estos países aumentaron a 42, y por primera vez en dos décadas se registraban más gobiernos cerrados autoritarios que democracias liberales. El informe señala, además, que en 2022 se deterioró la libertad de expresión en 35 países, y que la censura gubernamental de medios empeoró en 47 naciones.5
En una línea similar, el Índice de Democracia 2021, de The Economist Intelligence Unit (EIU), demostró que la democracia global estaba en “declinación precipitada”.6 Tomando en cuenta el impacto adverso de la pandemia del Covid-19 en 167 países, evaluados sobre la base de cinco criterios —procesos electorales y pluralismo, funcionamiento del gobierno, participación política, cultura política democrática y libertades civiles—, el informe concluía que más de un tercio se encontraba bajo tutela autoritaria (59 países) y solo el 12,6% (21 países) vivía en democracias plenas. El puntaje global promedio del índice de democracia bajó de 5,37 a 5,28, siendo 10 la nota máxima, una caída equivalente solo a la registrada el 2010 después de la crisis económica global.
El estudio de EIU también destaca que los golpes de Estado reaparecieron en Asia y África, pero que en América Latina es donde se había registrado la caída más significativa en la democracia, medida por los cinco criterios del índice, debido al avance del “populismo iliberal” y la fuerte disminución de la variable cultura política democrática. La región latinoamericana exhibe la mayor caída interanual experimentada por cualquier región, desde el inicio del Índice de Democracia en 2006. Igualmente, la región marcó un récord el 2021 al tener la mayor cantidad de países que registran rebajas de dos dígitos, con siete países cayendo en la clasificación entre 10 y 20 lugares, y varios más descendiendo ocho puestos.7
El informe siguiente, de 2022, del The Economist Intelligence Unit demuestra que se produjo un estancamiento de la democracia a nivel mundial.8 Según el Índice de Democracia 2022, solo 72 de los 167 países y territorios analizados podían ser considerados democracias, ya sean plenas o defectuosas; es decir, apenas el 43,1 % del total evaluado. El informe considera que se trató de un resultado pésimo, considerando que se habían levantado las restricciones por la pandemia del Covid-19 que provocaron una caída en los indicadores de libertades civiles en muchos países. En dicho informe, América Latina registró su séptimo año de caída desde 2015, descendiendo la nota, o puntaje, a 5,79, por debajo del 5,83 de 2021. La región presentaba, de esta manera, la mayor recesión democrática, en comparación con otras regiones.
Freedom House en su informe global 2022 consigna que la libertad a nivel mundial ha declinado por 16 años consecutivos en 195 países y 15 territorios. En 2021, 60 países sufrieron una declinación democrática, en tanto solo 25 exhibieron una mejora. Así, de acuerdo con el informe, el 38% de la población mundial vive en países denominados “no libres” —la proporción más alta desde 1997—, mientras que el 41% vive en países “parcialmente libres”, y solamente 20% en naciones “plenamente libres”.9 El secuestro de la democracia por parte de líderes autoritarios desde la institucionalidad que les permitió acceder al poder es uno de los rasgos principales que el informe realza. Además, Freedom House destaca el desplome de EE.UU. en 11 puntos en el ranking de libertad en un lapso de diez años, ubicándolo entre los 25 países con mayor declinación de la libertad durante ese período, proceso acelerado durante la administración de Donald Trump.
Los gobiernos democráticos registraron una expansión en números desde alrededor de 35 a fines de los 70, a más de 110 durante la crisis financiera del 2008, una época de florecimiento democrático ayudada por el fin de la Guerra Fría, la durabilidad de la democracia en EE.UU. y el compromiso de Washington con la democracia liberal.10
El declive de la democracia interactúa con otros problemas, como el fenómeno de la corrupción. El reporte 2021 de Transparencia Internacional (TI) advierte que “los esfuerzos para combatir la corrupción se han estancado”, y que el avance del autoritarismo y la erosión democrática están torpedeando la lucha anticorrupción. Proteger los derechos humanos y la democracia, sostiene el informe, que evalúa a 180 países, “es crucial en el combate contra la corrupción: los países con libertades civiles bien protegidas generalmente aparecen con mejores números en el Índice de Percepción de la Corrupción”.11
Sin embargo, Transparencia Internacional hace notar que varias democracias que solían encabezar el índice están perdiendo puntuación, y luego apunta que “la actual ola de autoritarismo no está impulsada por golpes y violencia, sino que por esfuerzos graduales para socavar la democracia”. La corrupción, agrega el informe, afecta la confianza pública y, por tanto, es un atentado contra la democracia.12
El Informe correspondiente a 2022 de Transparencia Internacional13 no exhibe mayores cambios. A nivel global se consigna que 124 países estaban estancados en la lucha contra la corrupción, 31 de ellos exhibían una declinación en dicho combate, mientras que los que habían mejorado su evaluación eran solo 25. Por tercer año consecutivo, el promedio de las Américas en el Índice de Percepción de la Corrupción de TI estaba estancado, con fuertes retrocesos en Costa Rica, Haití y Paraguay.
Un fenómeno relacionado que desafía severamente la estabilidad democrática es la expansión transnacional de las redes del crimen organizado. El apoyo ciudadano a la democracia y la confianza en las instituciones públicas tiende a fluctuar con los vaivenes de la economía, y, adicionalmente, ahora parece estar condicionado también por la percepción de la seguridad ciudadana como una prioridad, en un contexto de aumento de los delitos violentos y de la presencia del crimen organizado.
El control territorial de los carteles de narcotraficantes, su ampliación hacia otros delitos, la multiplicación de las ganancias de sus actividades ilícitas, su penetración en instituciones del Estado y sus efectos nocivos en el ejercicio de la política democrática constituyen un asunto de creciente preocupación. Esta no es una cuestión novedosa en Latinoamérica; lo nuevo es que la concentración del crimen en algunos países ahora ha rebasado fronteras bajo organizaciones delictuales, al igual que su diversificación a otros delitos, como, por ejemplo, la trata de personas. Ya no hay país que escape al crimen organizado transnacional y las respuestas de los gobiernos democráticos ha sido ineficiente.
Una edición especial reciente de Le Monde apunta que la criminalidad globalizada y sofisticada, capaz de utilizar hubs portuarios, zonas francas, plazas financieras, entre otros, se ha extendido y exhibe una “formidable plasticidad”, pero la respuesta de los Estados tiende a ser lenta y no está acorde con la flexibilidad de la criminalidad sin fronteras.14
Organizaciones criminales como el Tren de Aragua o el Cartel de Sinaloa han expandido sus actividades delictuales a otros países, generando economías ilícitas asociadas a la violencia que profundizan el malestar ciudadano, reflejado en encuestas de opinión que señalan a la delincuencia como uno de los retos prioritarios no resueltos por los gobiernos democráticos. El crimen organizado, nacional y transnacional, es una amenaza mayor a la democracia en Latinoamérica.
Una expresión dramática de la amenaza del crimen organizado a la democracia aconteció en Ecuador, en agosto del 2023, cuando un grupo de pistoleros asesinó al candidato presidencial Fernando Villavicencio, durante un acto de campaña electoral. Acribillado con 12 disparos por sicarios, presuntamente colombianos, el magnicidio marcó la transformación de Ecuador de un país relativamente seguro, a una nación azotada por el narcotráfico y las mafias transnacionales que se han aliado con las pandillas locales en las calles y en las prisiones. Villavicencio, periodista y activista, había sido un duro crítico del expresidente Rafael Correa, de la corrupción, de los grupos criminales y de las economías ilícitas, y había recibido amenazas de integrantes de grupos delictivos locales ligados a carteles transnacionales de la droga.
La violencia criminal ha venido amenazando crecientemente la democracia e interrumpiendo los procesos electorales en Ecuador. Semanas antes del asesinato de Villavicencio, las mafias mataron al alcalde Agustín Intriago, de la ciudad de Manta, un puerto del Pacífico foco del tráfico de cocaína. El alcalde Intriago tenía reputación de incorruptible, y habría sido ajusticiado por bandas vinculadas al cartel mexicano de Sinaloa.15
Escasos días después del asesinato del candidato presidencial Fernando Villavicencio, otro magnicidio político enlutó a Ecuador por la muerte a balazos del dirigente político Pedro Briones, del partido de izquierda Revolución Ciudadana, y por atentados en contra de candidatos a legisladores. En los actos de cierre de la campaña presidencial, prácticamente todos los candidatos aparecieron usando chalecos antibalas. Seis individuos de nacionalidad colombiana, detenidos por ser presuntamente autores materiales del magnicidio de Villavicencio, fueron asesinados en una cárcel de Guayaquil, sumándose a un séptimo de la misma nacionalidad abatido por el personal de seguridad del candidato. El comentario generalizado fue que Ecuador se encontraba atrapado en un clima de violencia inédito en su historia.
Los gobiernos democráticos necesitan implementar políticas integrales de seguridad que hayan dado resultados, para evitar caer en una sensación generalizada de impotencia política frente a la delincuencia. Si la criminalidad se expande sin freno, la clase política y las instituciones pierden legitimidad, y así la desconfianza y el temor se instalan en la ciudadanía, con lo que la convivencia democrática estará en serio peligro. Como ha sostenido un autor, “cuando la delincuencia se siente como un fenómeno cotidiano insoportable, y emergen líderes como Bukele, Duarte o Bolsonaro, entonces las elecciones presidenciales comienzan a tornarse referendos constitucionales encubiertos, pues —sigue el autor— se decide sobre el funcionamiento de las instituciones y sus límites, frente a las libertades ciudadanas, sus equilibrios, sistemas de control y el respeto de los derechos humanos”.16
La declinación democrática a nivel global ha tenido fuentes adicionales. Entre estas está la globalización económica, la cual, con todos sus beneficios, dejó a muchos atrás y ahondó las desigualdades; el surgimiento de una creciente diversidad societal desafía a los gobiernos a acoger sus reclamos sectoriales; en tanto el auge de internet, si bien expandió las fuentes de información, fue creando universos paralelos y adhesiones tribales con sus propias verdades y valores.
A lo anterior es innegable agregar, como factor de declinación de la democracia a nivel internacional, el asalto al Capitolio del 6 de enero de 2021, impulsado por Donald Trump luego de su derrota presidencial a manos de Joe Biden, así como las políticas autoritarias impulsadas por Trump, que han marcado una pérdida de confianza en EE.UU. como líder democrático.
Igualmente, sorprendió el intento de golpe de Estado en Alemania, a inicios de diciembre de 2022, perpetrado por un grupo terrorista de ultraderecha, incluyendo a militantes del partido extremista Alternativa para Alemania (AfD, por su sigla en alemán), ex soldados germanos, un aristócrata menor y un ciudadano ruso. Las autoridades alemanas arrestaron a 25 personas seguidoras de, según la Fiscalía Federal, “mitos conspirativos compuestos por narrativas de la llamada Reichsbürger [Ciudadanos del Reich] y la ideología QAnon”, y sometieron a una treintena más de individuos a investigación.17
Aunque este grupo ya existía desde hace tiempo, unido por una creencia autonomista de rechazo al sistema político y jurídico alemán, en los últimos años se había vuelto más radical y violento, generando la alerta de los servicios de seguridad de Alemania. El grupo planeaba ingresar violentamente, con un destacamento armado, al Bundestag, la Cámara Baja del Parlamento, para eliminar el “orden liberal democrático” de la República Federal Alemana. La influencia de la ideología QAnon y el asalto al Parlamento evidentemente revelaron, en este intento de golpe, una clara asociación con el extremismo pro-Trump de EE.UU.
Otro reto a la democracia es lo que algunos denuncian como el ascenso de fuerzas autoritarias lideradas por Rusia y China para favorecer un orden global autocrático. Una importante declaración conjunta de Vladimir Putin y Xi Jinping de febrero de 2022, semanas antes de la invasión rusa a Ucrania, planteó una alianza estratégica bilateral y una nueva era mundial de redistribución del poder, agregando que la “promoción de la democracia y los derechos humanos no debe ser utilizada para presionar a otros países” y que ambas potencias están dispuestas a trabajar por una “democracia genuina”.18
Por cierto, estamos frente a un fenómeno más que familiar para Latinoamérica que trasciende la preocupante situación puntual de EE.UU., o la alianza entre Moscú y Beijing. Pero el cuestionamiento de las reglas del juego democrático actualmente es de carácter global, y, sin duda, la agresión a la democracia estadounidense por parte de Trump ha estimulado a los autócratas a través del mundo.
Prácticamente no hay país, en estos tiempos, donde las encuestas no demuestren desconfianza, o incluso desprecio, hacia los políticos, los gobernantes y las instituciones de la democracia, como, por ejemplo, los partidos políticos y los parlamentos. No es que estas críticas no hayan ocurrido en el pasado, lo nuevo es que se han tornado mucho más frecuentes, e incluso más virulentas, vía redes sociales, en países de diversos niveles de desarrollo, confundiendo la crítica política con el cuestionamiento a la democracia.
El problema va más allá de la erosión de las democracias.La gobernabilidad, o gobernanza, se ha tornado más difícil en tiempos de estrecheces económicas, globalización, de impactos de conflictos interestatales como la invasión de Ucrania, erosión de la clase media tradicional, de grupos identitarios que demandan reconocimiento, pandemias, migraciones forzadas, del peligro del cambio climático y otros fenómenos, tanto nacionales como aquellos que trascienden fronteras. Los límites a la gobernabilidad inciden en la estabilidad de las democracias.
