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Este primer volumen del Curso de Derecho Constitucional Chileno del profesor José Luis Cea Egaña, contiene un completo análisis de la trayectoria constitucional de nuestra República desde 1925 a la fecha y las características y todas las reformas de las cartas fundamentales de aquel año y de 1980, además de la explicación del sentido y alcance de los capítulos I y II de la Constitución actualmente vigente y su legislación complementaria. En esta nueva edición han sido incorporadas las más recientes modificaciones al Derecho Positivo y las diversas interpretaciones que de ellas se han hecho, en particular por el Tribunal Constitucional. Además, el autor analiza la actual discusión sobre el proceso constituyente y entrega valiosos elementos de juicio que habilitan al lector para adoptar una posición reflexiva en este asunto. Esta obra ha sido pensada con el fin de que sea útil a profesores y alumnos en el proceso docente y también para que sirva a los órganos del Estado, los abogados y la ciudadanía en general interesada en el sistema político que nos rige. La inclusión de gráficos y cuadros estadísticos que ilustran sobre los rasgos principales de los procesos electorales, la abundante jurisprudencia y referencias doctrinarias y la transcripción de la historia fidedigna de los procesos constitucionales, además de un completo índice onomástico y de conceptos, consolidan a esta obra como un referente indispensable del derecho.
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Seitenzahl: 1698
Veröffentlichungsjahr: 2022
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EDICIONES UNIVERSIDAD CATÓLICA DE CHILE
Vicerrectoría de Comunicaciones y Extensión Cultural
Av. Libertador Bernardo O’Higgins 390, Santiago, Chile
www.ediciones.uc.cl
DERECHO CONSTITUCIONAL CHILENO, Tomo I
Trayectoria constitucional de La República
Bases de la Institucionalidad, Nacionalidad y Ciudadanía
El camino a la Nueva Constitución
CUARTA EDICIÓN ACTUALIZADA, AMPLIADA Y REVISADA
José Luis Cea Egaña
© Inscripción N° 2022-A-5459
Derechos reservados
Julio 2022
ISBN 978-956-14-2985-7
ISBN digital 978-956-14-2986-4
Diseño: versión productora gráfica SpA
Diagramación digital: ebooks Patagonia
www.ebookspatagonia.com
CIP – Pontificia Universidad Católica de Chile
Cea Egaña, José Luis, autor.
Derecho constitucional chileno: trayectoria constitucional de la república: bases de la institucionalidad, nacionalidad y ciudadanía: el camino a la Nueva Constitución / José Luis Cea Egaña. – Cuarta edición, revisada, actualizada y ampliada.
Incluye bibliografía.
1. Derecho constitucional – Chile.
2. Chile. Constitución (1925).
3. Chile. Constitución (1980).
4. t.
2022 342.83 + DDC23 RDA
SUMARIO
Primera ParteUN SIGLO DE TRAYECTORIA CONSTITUCIONAL
Capítulo I Sociedad y Constitución de 1925
Capítulo II Fisonomía de la Constitución de 1925
Capítulo III Reformas constitucionales 1943-1973
Capítulo IV Desconstitucionalización y reconstitucionalización
Segunda ParteLA CONSTITUCIÓN VIGENTE
Capítulo I Génesis
Capítulo II Características
Capítulo III Reformas
Capítulo IV Modificaciones pendientes
Capítulo V Visión prospectiva
Capítulo VI Contexto histórico y futuro
Tercera ParteFUENTES E INTERPRETACIÓN DEL DERECHO CONSTITUCIONAL
Capítulo I Fuentes
Capítulo II Hermenéutica constitucional
Cuarta ParteBASES DE LA INSTITUCIONALIDAD
Capítulo I Fundamento y finalidades del sistema institucional
Capítulo II Persona, familia, sociedad y Estado
Capítulo III Emblemas nacionales
Capítulo IV Forma de Estado
Capítulo V Tipo de Gobierno
Capítulo VI La soberanía
Capítulo VII Estado de Derecho
Capítulo VIII Probidad y transparencia
Capítulo IX Terrorismo
Capítulo X Pluralismo limitado
Quinta ParteNACIONALIDAD, CIUDADANÍA Y SISTEMA ELECTORAL
Generalidades
Capítulo I Nacionalidad
Capítulo II Ciudadanía
Sexta ParteEL CAMINO A LA NUEVA CONSTITUCIÓN
Capítulo I Recuento histórico
Capítulo II Chile cambió ¿para la nueva Constitución? ¿o por la pandemia?
Capítulo III La senda escabrosa
Capítulo IV Magnitud de los hechos
Capítulo V ¿Hechos inesperados?
Capítulo VI Acuerdo por la paz social y una nueva Constitución
Capítulo VII Quincuagésima reforma
Capítulo VIII Rechazo con reforma
Capítulo IX Preguntas capitales
Capítulo X ¿Una nueva oportunidad?
Capítulo XI Un plebiscito (referendo) memorable
Capítulo XII Auto acordado de la Corte Suprema
Capítulo XIII Reglamento de la Convención
Capítulo XIV Futuro de la República
Capítulo XV ¿Hacia qué avanzamos o retrocedemos?
Capítulo XVI Desconstitucionalización del Estado de Derecho
Capítulo XVII Nuevas interrogantes sobre el reglamento de la Convención
Capítulo XVIII Elección e investidura de constituyentes
Capítulo XIX Primeros pasos de la Convención
Capítulo XX ¿Jugando con fuego?
Epílogo ¿De esperanza o de enigma?
Post Scriptum
ESTADÍSTICAS ELECTORALES
ÍNDICE DE GRÁFICOS Y TABLAS
BIBLIOGRAFÍA GENERAL
ÍNDICE GENERAL
Objetivos y estructura
Prefacio a la segunda edición
Prólogo a la tercera edición
Presentación de la cuarta edición
Seis meses después
Primera ParteUN SIGLO DE TRAYECTORIA CONSTITUCIONAL
Capítulo I: Sociedad y Constitución de 1925
1. Régimen político
2. Régimen económico
3. Balance crítico
4. Régimen social
5. Actitud de las Fuerzas Armadas
6. Crisis de 1924-1925
7. Restauración institucional
8. Esfuerzos por vivir la Constitución
9. Segunda anarquía
10. Restauración institucional
11. Arraigamiento de la Constitución
12. Estado de Compromiso
13. Promesas y frustraciones
14. Visión de conjunto
15. Cambios estructurales
16. Revolución en libertad
17. Mil días de la Unidad Popular
18. Panorama del período 1964-1973
19. Derrumbe de la democracia y gobierno militar
20. Reconciliación pendiente
21. Antes del fin
22. Continuidad y cambio en nuestra democracia constitucional
Capítulo II: Fisonomía de la Constitución de 1925
23. Génesis
24. Aprobación
25. ¿Reforma o nueva Constitución?
26. Normas orgánicas relevantes
27. Disposiciones incumplidas
28. Síntesis de la parte dogmática
29. Otras innovaciones
Capítulo III: Reformas Constitucionales 1943-1973
30. Características generales
31. Las reformas en particular
32. Proyectos que no fueron reformas
Capítulo IV: Desconstitucionalización y reconstitucionalización
33. Gobierno de facto
34. Etapa fundacional
35. Etapa de consolidación
36. Etapa de las Actas Constitucionales
37. Aprobación y vigencia de la nueva Constitución
Segunda ParteLA CONSTITUCIÓN VIGENTE
Capítulo I: Génesis
38. Antecedentes
39. Comisión de Estudio
40. Declaración de principios del Gobierno de Chile
41. Postulados fundamentales
42. Etapas del proceso
43. Aprobación, promulgación y vigencia
Capítulo II: Características
Sección Primera. Rasgos formales
44. Justificación del análisis
45. Constitución nueva
46. Texto extenso
47. Lenguaje claro
48. Estructura clásica
49. Naturaleza dual
50. Rigidez
51. Consecuencias
Sección Segunda. Características sustantivas
I. Parte dogmática
52. Definición axiológica
53. Nuevos derechos
54. Preeminencia de la dignidad
55. Catálogo completo
56. Primacía de los derechos individuales
57. Derechos económico-sociales
58. Derechos de la tercera generación
59. Estado de equidad
60. Perfeccionamiento
61. Acciones y recursos
62. Jurisprudencia criticable
63. Superintendencia correccional
64. Fortalecimiento del control de supremacía
65. Recurso de protección
66. Jurisdicción preventiva y represiva
67. Más jurisprudencia objetable
68. Derecho constitucional supranacional
69. Estados de excepción constitucional
70. Experiencia y trascendencia
II. Parte orgánica
71. Constitución fundacional
72. Sistema político
73. Desequilibrio de potestades
74. Definición de la ley
75. Estratificación de las leyes
76. Órganos eliminados
77. Instauración de órganos
78. Instituciones que cambian
79. Nombramientos
80. Corrección de defectos
81. Relaciones internacionales
82. Estatuto parlamentario
83. Conflicto de intereses
84. Probidad pública
85. Ligámenes con la Corte Suprema
86. Instituciones armadas
Capítulo III: Reformas
87. Encuadramiento histórico
88. Primera reforma
89. Segunda reforma
90. Tercera reforma
91. Cuarta reforma
92. Quinta reforma
93. Sexta reforma
94. Séptima reforma
95. Octava reforma
96. Novena reforma
97. Décima reforma
98. Undécima reforma
99. Duodécima reforma
100. Decimotercera reforma
101. Decimocuarta reforma
102. Decimoquinta reforma
103. Decimosexta reforma
104. Decimoséptima reforma
105. Decimoctava reforma
106. Panorama de la enmienda de 2005
107. Cambios sustanciales
108. Modificaciones específicas
109. El cambio más importante
110. Decimonovena reforma
111. Vigésima reforma
112. Vigesimoprimera reforma
113. Vigesimosegunda reforma
114. Vigesimotercera reforma
115. Vigesimocuarta reforma
116. Vigesimoquinta reforma
117. Vigesimosexta reforma
118. Vigesimoséptima reforma
119. Vigesimoctava reforma
120. Vigesimonovena reforma
121. Trigésima reforma
122. Trigésima primera reforma
123. Trigésima segunda reforma
124. Trigésima tercera reforma
125. Trigésima cuarta reforma
126. Trigésima quinta reforma
127. Trigésima sexta reforma
128. Trigésima séptima reforma
129. Trigésima octava reforma
130. Trigésima novena reforma
131. Cuadragésima reforma
132. Cuadragésima primera reforma
133. Cuadragésima segunda reforma
134. Cuadragésima tercera reforma
135. Cuadragésima cuarta reforma
136. Cuadragésima quinta reforma
137. Cuadragésima sexta reforma
138. Cuadragésima séptima reforma
139. Cuadragésima octava reforma
140. Cuadragésima novena reforma
141. Quincuagésima reforma
142. Quincuagésima primera reforma
143. Quincuagésima segunda reforma
144. Quincuagésima tercera reforma
145. Quincuagésima cuarta reforma
146. Quincuagésima quinta reforma
147. Quincuagésima sexta reforma
148. Quincuagésima séptima reforma
149. Quincuagésima octava reforma
150. Quincuagésima novena reforma
150 bis. Sexagésima reforma
150 ter. Sexagésima primera reforma
151. Evaluación
Capítulo IV: Modificaciones pendientes
152. Generalidades
153. Enunciado
154. Apreciación
Capítulo V: Visión prospectiva
155. Naturaleza de la Constitución
156. Corrección sin destrucción
157. Avance hacia el consenso
158. Fiscalización parlamentaria
159. Proyectos desestimados
160. Iniciativas apaciguadas
161. Sistema electoral
162. Regionalización
163. Estado regional
164. Regionalización integral
165. Carácter instrumental del proceso
166. Democracia directa
167. Control y corrupción
Capítulo VI: Contexto histórico y futuro
168. ¿Una nueva Constitución o reforma constitucional?
169. ¿Un balance positivo?
170. Cuestiones pendientes
171. Dos perspectivas
172. Requisitos de legitimidad
173. El tiempo y la Constitución
174. Pensando en las generaciones futuras
Tercera ParteFUENTES E INTERPRETACIÓN DEL DERECHO CONSTITUCIONAL
Capítulo I: Fuentes
175. Conceptos
176. Clasificaciones
177. Crítica
178. Referencia a las fuentes directas
179. Ideas sobre las fuentes indirectas
Capítulo II: Hermenéutica constitucional
180. Características
181. Cláusulas principales
182. Concreciones
Cuarta ParteBASES DE LA INSTITUCIONALIDAD
Capítulo I: Fundamento y finalidades del sistema institucional
183. Consideraciones generales
184. Justificación
185. Referencia a la institucionalidad
186. Incógnitas o misterios
187. Jurisprudencia
188. Estructura y método de análisis
Capítulo II: Persona, familia, sociedad y Estado
189. Texto
190. Contexto y valores
Sección Primera. La persona
191. Igualdad esencial
192. Sentencia del Tribunal Constitucional sobre el derecho a la vida
Sección Segunda. La familia
193. Concepto
194. Reforma sobre filiación
195. Nueva Ley de Matrimonio Civil y divorcio
196. Acuerdo de Unión Civil
197. Tribunales de Familia
198. Jurisprudencia
Sección Tercera. Sociedad y grupos intermedios
199. Conceptos
200. Sociedad Civil y solidaridad
201. Autonomía
202. Jurisprudencia
203. Democracia y grupos intermedios
204. Dos significados del Estado Social de Derecho
Sección Cuarta. Bien Común
205. Concepto y alcances
206. Finalidad del Estado
207. Compromiso compartido
208. Roles de la Sociedad Civil
Sección Quinta. Deberes del Estado
209. Enunciado
210. Seguridad nacional
211. Función de inteligencia y Estado de Derecho
212. Sistema de inteligencia del Estado
213. Esbozo de evaluación
214. Protección de la población y la familia
215. Fortalecimiento de la institución familiar
216. Igualdad de oportunidades
217. Jurisprudencia
218. Integración armónica de la Nación
219. Jurisprudencia
Capítulo III: Emblemas nacionales
220. Texto
221. Anales oficiales
222. Importancia y resguardo de los símbolos patrios
223. Fijación de características
224. ¿Es la Constitución un símbolo? ¿Es una institución?
225. Izamiento del pabellón nacional
Capítulo IV: Forma de Estado
226. Texto
227. Historia fidedigna
228. Reforma de 2005
229. Concepto de Estado regional
230. Descentralización y desconcentración
231. Jurisprudencia
232. Reforma de 2005
233. El proceso en Chile
234. Contexto
Capítulo V: Tipo de gobierno
235. Texto
236. Historia fidedigna
237. La democracia como tipo de gobierno
238. Jurisprudencia
239. Forma y vida democrática
240. Una agenda abierta
Capítulo VI: La soberanía
241. Texto
242. Consideraciones generales
Sección Primera. Concepto de poder soberano
243. Historia fidedigna
244. Definición y clasificación
Sección Segunda. Titular
245. Anales oficiales
246. ¿Quién es el soberano?
Sección Tercera. Ejercicio de la soberanía
247. Historia fidedigna
Sección Cuarta. Límites de la soberanía
249. Historia fidedigna
250. ¿Cuál es el límite?
251. Sujetos obligados
252. Los tratados como fuente
253. Precisiones conceptuales
254. Vigencia del tratado
255. Jerarquía de los tratados
256. Relación ley-tratado
257. Tratados internacionales y derecho constitucional
258. ¿Por qué ciertos tratados tienen jerarquía constitucional?
259. ¿Por qué es un problema la jerarquía en los tratados?
260. Jurisprudencia
261. ¿Nuevos o viejos derroteros?
262. Jurisprudencia Interamericana
263. Irradiación en la jurisprudencia chilena
264. Selección de sentencias recientes
Capítulo VII: Estado de Derecho
265. Conceptos fundamentales
266. Historia fidedigna
267. Bases constitucionales
268. Unidad con idea cardinal
Sección Primera. Principio de primacía constitucional
269. Texto constitucional
270. Historia fidedigna
271. Organismos estatales
272. Bloque de constitucionalidad
273. Supremacía y fuerza normativa directa
274. Consecuencias
275. Jurisprudencia
Sección Segunda. Principio de juridicidad o legalidad
276. Texto constitucional
277. Historia fidedigna
278. Requisitos de validez
279. Carácter aditivo y taxativo
280. Principio de separación de órganos y funciones
281. Derogación ¿y nulidad de la ley?
Sección Tercera. Principio de responsabilidad
282. Efectos de la omisión de requisitos
283. Nulidad e inexistencia
284. Características de la nulidad
285. Objeciones a la doctrina clásica
286. Jurisprudencia
287. Avance del consenso
288. Una distinción necesaria
289. Pronunciamientos recientes
Capítulo VIII. Probidad y transparencia
290. Nueva base institucional
291. Historia fidedigna
292. Sentido y alcance
293. Análisis de la disposición constitucional
294. Ley sobre acceso a la información pública
295. Regulación del lobby
296. Jurisprudencia
297. Importancia
298. Probidad de la función pública
Capítulo IX: Terrorismo
Sección Primera. Antecedentes
299. Texto constitucional
300. Historia fidedigna
301. Presencia contemporánea
Sección Segunda. Definiciones y características
302. Concepto doctrinario y legal
303. Aplicabilidad de la legislación antiterrorista
304. Nueva legislación sobre terrorismo
305. Desistimiento y cooperación eficaz
306. Amplitud del ilícito
307. Naturaleza
308. Determinación de las conductas terroristas y su penalidad
309. Inhabilidades
310. Jurisprudencia
Sección Tercera. Amnistía e indulto
311. Concepto
312. Procedencia de beneficios penales
313. Polémica que continúa
314. Amnistía e indulto en el Código Penal
315. Jurisprudencia
316. Pronunciamientos recientes
317. Arrepentimiento eficaz
318. Jurisprudencia
Capítulo X: Pluralismo limitado
319. Consideraciones históricas
320. Jurisprudencia
321. Ley complementaria
322. Incidencia en normativa vigente
323. Valor del pluralismo
324. Proyecto sobre negacionismo
Quinta ParteNACIONALIDAD, CIUDADANÍA Y SISTEMA ELECTORAL
Generalidades
Capítulo I. Nacionalidad
325. Definición
326. Características
Sección Primera. Fuentes
327. Concepto y clasificaciones
328. Texto constitucional
329. Características de las fuentes
330. Derecho constitucional internacional
331. Ius solis
332. Excepciones al principio
333. Derecho de opción
334. Significado de la voz gobierno
335. Requisitos de la opción
336. Ius sanguinis
337. Requisitos
338. Avecindamiento en Chile
339. Requisitos del plazo
340. Una diferencia con el ius solis
341. Carta de nacionalización
342. Legislación complementaria
343. Requisitos
344. Opción a cargos de elección popular
345. Nacionalización por gracia
346. Competencia regulatoria del legislador
Sección Segunda. Pérdida de la nacionalidad
347. Disposiciones aplicables
348. Generalidades
349. Renuncia voluntaria
350. Prestación de servicios a enemigos de Chile
351. Historia fidedigna
352. Sentencia judicial
353. Cancelación de la carta de nacionalización
354. Revocación de la nacionalización por honor
Sección Tercera. Recurso de reclamación
355. Texto
356. Características de la acción
357. Naturaleza de la acción o recurso
358. Jurisprudencia
Sección Cuarta. Rehabilitación y prueba de la nacionalidad
359. La norma y sus supuestos
360. Diferencia justificada
361. Prueba
Capítulo II. Ciudadanía
Sección Primera. Generalidades
362. Definición y características
363. Antecedentes
364. El ciudadano hoy
365. Requisitos para ser ciudadano
366. Derechos que otorga la ciudadanía
367. Historia fidedigna
368. Sufragio de ciudadanos en el extranjero
369. Sufragio de extranjeros
370. Jurisprudencia
371. Ciudadanía, participación y compromiso
372. Características del sufragio
373. Inscripción automática
374. Algunas incoherencias
375. Limitaciones de la convocatoria
376. Jurisprudencia
377. Suspensión del derecho de sufragio
378. Sufragio de uniformados
379. Pérdida de la ciudadanía
380. Rehabilitación de la ciudadanía
381. Rehabilitación y extinción de responsabilidad penal
382. Jurisprudencia
Sección Segunda. Sistema electoral
383. Norma básica y unidad del sistema
384. Generalidades
385. Leyes del sistema
386. Independientes y uniformados
387. Jurisprudencia
388. Inscripción electoral
389. Historia fidedigna
Sección Tercera. El Servicio Electoral
390. Naturaleza y funciones
Sección Cuarta. Votaciones y escrutinios
391. Comicios populares
392. Elecciones primarias
393. Voto asistido
Sección Quinta. Transparencia, límite y control del gasto electoral
394. Objetivos de la ley
395. Financiamiento
396. Transparencia y control
397. Reforma para el fortalecimiento de la democracia
Sección Sexta. Nuevo sistema electoral
398. Legislación aplicable
399. Síntesis doctrinaria
400. Reemplazo del régimen binominal
401. Número de parlamentarios, distritos y circunscripciones
402. Factor determinante de los distritos y circunscripciones
403. Régimen de cuotas
404. Modificación a la ley orgánica de partidos políticos
405. Elecciones primarias
Sección Séptima. Justicia electoral
406. Tribunal Calificador de Elecciones
407. Funciones y atribuciones
408. Composición
409. Procedimiento y proclamación
410. Tribunales Electorales Regionales
411. Financiamiento de los tribunales electorales
412. Jurisprudencia
413. Fallos recientes
Sección Octava. Reformas al sistema político y sus fundamentos
414. Panorama general
415. Modernización del sistema electoral
416. Manifestaciones de preocupación ciudadana
417. Cuatro innovaciones adecuadas
418. Impulsos reformadores detenidos
419. Ética y política
420. Un esfuerzo promisorio
Sexta ParteEL CAMINO A UNA NUEVA CONSTITUCIÓN
Capítulo I: Recuento histórico
421. ¿Dónde íbamos y a dónde vamos?
422. ¿Neoliberalismo o política social de mercado?
423. ¿Nos fuimos quedando en silencio?
424. Incidencia del problema constitucional
Capítulo II: Chile cambió ¿para la nueva Constitución? ¿O por la pandemia?
425. ¿Dormíamos o vislumbrábamos lo que venía?
426. Un acontecimiento sin especificaciones
427. El acuerdo nacional ¿pactado o impuesto?
428. Impacto de una epidemia
Capítulo III: La senda escabrosa
429. Reconocimiento
430. Una tesis inalterada
431. Irrupción del populismo
432. Defensa de la vida desplaza a la política
Capítulo IV: Magnitud de los hechos
433. Causas y objetivos
434. Antecedentes
435. Raíces profundas
436. Dimensiones del fenómeno
437. Tópicos sociales
438. Motivos de mediano plazo
439. Detonantes
Capítulo V: ¿Hechos inesperados?
440. Vamos por mal camino
441. ¿Hubo estallido?
442. ¿Paz a cambio de qué?
Capítulo VI: Acuerdo por la paz social y una nueva Constitución
443. ¿Inducción o convergencia deliberada?
444. Comisión técnica
Capítulo VII: Quincuagésima reforma
445. ¿Avance hacia la reconstitucionalización?
446. Una disposición fenecida
447. Integración de la convención
448. Dudas, aclaraciones y precisiones
Capítulo VIII: Rechazo con reforma
449. ¿Un esfuerzo fracasado?
450. Naturaleza y características
451. Ensayo de evaluación
452. ¿Desigualdad de las opciones?
Capítulo IX: Preguntas capitales
453. Silencios atronadores
Capítulo X: ¿Una nueva oportunidad?
454. ¿Camino brumoso?
455. Vaticinios
Capítulo XI: Un plebiscito (referendo) memorable
456. Recuerdo de otra jornada inolvidable
457. Una agenda mínima
Capítulo XII: Auto acordado de la Corte Suprema
458. Objeto
459. Tramitación
460. Plazos
Capítulo XIII: Reglamento de la convención
461. Enunciado del tema
462. ¿Bloqueos y desbloqueos?
463. Problemas adicionales
464. Otras materias
Capítulo XIV: Futuro de la República
465. Cada día puede ser peor
466. Rechazo a las instituciones sin cimientos
Capítulo XV: ¿Hacia qué avanzamos o retrocedemos?
467. Otra vez en crisis
Capítulo XVI: Desconstitucionalización del Estado de Derecho
468. Una anotación grave
469. Más leña a la hoguera
470. ¿Frenesí legislativo?
471. La cuerda se cortó antes
472. Desconstitucionalización del Estado y del Derecho
473. El problema actual en Chile
474. Otras patologías
475. No es revolución ni tampoco sosiego
476. Rol del liderazgo
477. Esfuerzos de la Sociedad Civil
Capítulo XVII: Nuevas interrogantes sobre el reglamento de la convención
478. Naturaleza jurídica
479. Funcionamiento
Capítulo XVIII: Elección e investidura de constituyentes
480. Una elección excepcional
481. Desenlace preocupante
482. Tanteos ilegítimos
483. Lecciones
484. Agenda
Capítulo XIX: Primeros pasos de la convención
485. Instalación
486. Caminando por terreno resbaloso
Capítulo XX: ¿Jugando con fuego?
487. Superposición de crisis
488. ¿Responsabilidad de la Constitución o de quienes la rechazan?
EPÍLOGO: ¿DE ESPERANZA O DE ENIGMA?
POST SCRIPTUM
ESTADÍSTICAS ELECTORALES
PARTE A: CUERPO ELECTORAL
PARTE B: RESULTADOS DE ELECCIONES Y PLEBISCITOS
PARTE C: APORTES Y GASTOS ELECTORALES
ÍNDICE DE TABLAS Y GRÁFICOS
BIBLIOGRAFÍA GENERAL
OBJETIVOS Y ESTRUCTURA
Este libro ha sido escrito pensando en lo que requiere el alumno en la disciplina. En consecuencia, se trata de que el estudiante sea capaz, al finalizar su estudio, de comprender, analizar, sintetizar y, especialmente, de evaluar con espíritu crítico, siempre singularizado por el propósito constructivo, la Constitución chilena y su legislación complementaria, abarcando los anales oficiales, la jurisprudencia y doctrina atinentes.
El parámetro adoptado para la consecución de tal objetivo no puede, en nuestra firme convicción, sino ser solo uno y que se enuncia enseguida: el conjugado o armónico acervo resultante de fundir o integrar la tradición republicana de Chile con los principios y técnicas perdurables del constitucionalismo, entendido como una cosmovisión humanista y que, consecuente con este rasgo, organiza, regula y controla el poder en función de la promoción y protección de la dignidad y de los derechos inalienables de la persona. Situado el trabajo académico en tal perspectiva, entonces se entiende que el estudio y realización del derecho constitucional es un esfuerzo cultural, que implica tanto analizar las normas en relación con los valores que legitiman la convivencia como comprometerse con su materialización.
La obra ha sido dividida en cuatro tomos.
El Tomo I está dedicado a exponer un esquema histórico y constitucional de índole general. Además, he incluido el estudio de las fuentes y la hermenéutica de nuestro derecho constitucional, después de lo cual se efectúa el examen de los primeros dos capítulos del articulado de la Carta Fundamental de 1980, su normativa anexa, la jurisprudencia y doctrina pertinentes.
El Tomo II ha sido dedicado a los derechos, los deberes y las acciones o recursos de rango constitucional. Trátase, en otras palabras, de cubrir el capítulo III de la Carta Fundamental, en el cual y por las razones ya expuestas, se halla el ethos o espíritu, y el thelos o finalidad del constitucionalismo. Por estimarlo ligado a la temática anterior, también he incluido en este tomo solo una sinopsis de los estados de excepción constitucional1.
Comprobará aquí el lector la insistencia con que reclamo la articulación y vigencia de las acciones y recursos para proteger el ejercicio legítimo de los derechos humanos, permitiendo que las proclamaciones de esos atributos adquieran realidad. De lo contrario, ellas pierden eficacia y, en la misma medida, erosionan la confianza pública en el bloque constitucional.
Llégase así al Tomo III, en el cual abordo el Gobierno en su triple dimensión, es decir, política, ejecutiva y administrativa. Alterando, esta vez, el método sencillo y usual de seguir en la exposición el articulado de la Constitución, he incorporado a este tomo el estudio del gobierno y administración interior del Estado, excluyendo el municipio y el ordenamiento comunal. Mi preocupación estuvo concentrada en abordar los temas desde la perspectiva de la gobernabilidad democrática de la sociedad pluralista y, además, de propugnar la descentralización del Poder. En ligamen con este último tópico, planteo el imperativo de avanzar en la proyección internacional de las regiones, dentro de los límites que se establezcan en la Carta Fundamental y las leyes.
Ciérrase el curso con el Torno IV. En él se explica lo concerniente al Congreso Nacional, Poder Judicial, Ministerio Público, Tribunal Constitucional, Contraloría General de la República, las Fuerzas Armadas y la Fuerza Pública, el Consejo de Seguridad Nacional y el Banco Central. Allí se encontrará, como un epílogo, que tal vez tendría que haber ido al comienzo por la arraigada tendencia a modificar el Código Político, que singulariza a Chile y a América Latina, el capítulo XIV destinado a la reforma de la Carta Fundamental.
He examinado, junto con el articulado permanente, las disposiciones constitucionales transitorias aún vigentes.
Entrego esta versión del curso con abundantes referencias jurisprudenciales y bibliográficas, insertadas al final de cada capítulo. La cita de fuentes en el texto me ha llevado a dejar testimonio de ellas al pie de la página correspondiente. Ocasionalmente, el lector encontrará alusiones al derecho comparado, pero el esfuerzo mayor se ha realizado para insertar extractos completos de la historia fidedigna de la Constitución y sus enmiendas. La obra, en fin, se halla íntegramente actualizada a la fecha de esta presentación.
Recomiendo prestar atención a los gráficos que dimensionan los fenómenos constitucionales considerados en ellos. Análogamente útil es consultar los índices analíticos para considerar cada uno de los temas considerados en su contexto.
Expreso mi gratitud a Gabriela Echeverría y al Departamento Editorial de la Pontificia Universidad Católica de Chile por su inestimable ayuda para culminar mi labor. Semejante reconocimiento extiendo a mi ayudante de investigación, Rodrigo Díaz de Valdés Balbontín.
José Luis Cea Egaña
Santiago, 21 de diciembre de 2001
PREFACIO A LA SEGUNDA EDICIÓN
Agotada la primera edición varios años atrás, la ayuda de un colaborador eficiente y abnegado, Cristián Román Cordero, me ha permitido preparar esta nueva versión, actualizada y ampliada.
Decidí mantener la estructura, argumentos y opiniones de la obra aparecida en 2002, porque creo que la visión retrospectiva y la proyección futura de los acontecimientos permiten sostener que su evaluación no ha sido afectada.
La consolidación del régimen democrático restaurado en marzo de 1990 merece ser realzada. Sin embargo, subsisten hechos, ya muy prolongados, que dificultan la reconciliación nacional y, con ello, la integración de esfuerzos en la concreción del bien común de nuestra patria. Precisamente, una de las innovaciones de la edición que presento se halla en la descripción y análisis crítico de tales procesos, llevándonos hasta el tiempo actual.
Cabe destacar, por último, el progreso demostrado por nuestras autoridades y la ciudadanía en la vivencia de la Carta Fundamental, prueba de lo cual es una innovación y aplicación creciente de los valores, principios y disposiciones articulados en su texto o que fluyen del contexto de ella y del bloque de constitucionalidad. Entiendo ese fenómeno como denotativo de arraigo del Código Político en la cultura chilena, consolidado después de las veinte reformas que le han sido introducidas y, debe ser también enfatizado, adaptado a los cambios sociales por la Justicia Constitucional.
En el presente volumen se ha incorporado numerosa jurisprudencia, las fuentes doctrinarias aparecen igualmente enriquecidas, la cuantificación de datos queda también al día y las referencias al derecho comparado aparecen con mayor frecuencia.
Renuevo mi reconocimiento al Departamento Editorial de la Pontificia Universidad Católica de Chile, por su diligente colaboración para difundir esta edición renovada. Expreso mi gratitud a quienes, leyéndola, constatarán las virtudes de nuestra democracia constitucional y las falencias de la cual ella aún padece, esforzándonos unidos por superarlas.
José Luis Cea Egaña
Santiago, 1 de septiembre de 2008
PRÓLOGO A LA TERCERA EDICIÓN
Grandes y numerosos cambios han tenido la Constitución de Chile en los últimos siete años. En esta nueva edición del Tomo I de mi libro Derecho Constitucional Chileno incluyo, en la medida de lo posible, una síntesis de todas esas modificaciones hechas hasta la fecha de este prólogo.
Los objetivos y desarrollo de la obra son los de la primera edición, inalterados en la segunda de ellas. He introducido, sin embargo, bibliografía nacional, jurisprudencia complementaria, cuadros estadísticos actualizados y, especialmente, planteamientos de nuevos problemas y la respuesta del autor a ellos.
Pensé, durante meses, postergar la publicación del texto que presento, atendido el proceso político, socioeconómico y constitucional que comenzó en 2013, y el cual adquirió, en el primer semestre de 2014, la atención preferente de la ciudadanía, de los partidos y de las autoridades políticas. Francamente, nunca había vivido tal experiencia, centrada en la disyuntiva de reemplazar el Código Político mediante una asamblea constituyente, o bien reformarlo profundamente, pero con sujeción al procedimiento hoy articulado en la Carta Fundamental en vigor.
El proceso comentado no tiene a la fecha un derrotero definido, pues son enunciados generales y parciales los relativos a la Constitución nueva, como también los pertinentes al método o procedimiento a seguir para implantarla o efectuar las enmiendas que la dejen en parte subsistente. ¿Cómo explicar, razonablemente, tan trascendental falta de puntualizaciones, cuya gravitación en el destino del país nadie puede, conscientemente, ignorar o minusvalorar?
A lo largo de las páginas de esta nueva edición, en secciones específicamente dedicadas a recoger y analizar las transformaciones, fragmentarias aún, van apareciendo declaraciones de las principales autoridades involucradas, frente a las cuales dejo constancia de mi punto de vista en cada uno de los tópicos respectivos. Apoyado en la literatura citada al pie de página en cada uno de ellos, manifiesto mi crítica o coincidencia con las innovaciones proyectadas.
Por ahora, adelanto mi tesis en punto a que la idea de una asamblea constituyente, facultada para sustituir la Carta Política, con las treinta y cuatro modificaciones que le han sido incorporadas desde 1989, no es el camino que deber ser seguido para fortalecer nuestro constitucionalismo, tanto en el régimen democrático cuanto para infundir mayor legitimidad al sistema de derechos, deberes y garantías que se contempla en ella. Por el contrario, trátase de un empeño ideológico, orientado a sustituir la relación del Estado con la Sociedad Civil. Chile no vive, afortunadamente, una situación revolucionaria, ni siquiera prerrevolucionaria, como para emprender aquel empeño. Uno y otro de tales fenómenos son típicos de encrucijadas críticas en el funcionamiento habitual de las instituciones de un país. Pues bien, ninguno de los indicadores objetivos de demandas ciudadanas, como nivel de cesantía, de inversión y consenso, de crecimiento económico, de movilidad social, combate a la pobreza y marginalidad, entre otros, autoriza para sostener que nos hallamos en cualquiera de las hipótesis mencionadas. Antes bien, seguimos gozando del prestigio por la transición exitosa de la dictadura a la recuperación democrática, así como de respeto por el modelo de desarrollo humano, no solo socioeconómico, que se ha ido estructurando para doblegar el neoliberalismo y consolidar una política social de mercado. A mayor abundamiento, el Estado de Derecho funciona con rasgos impecables.
¿Cómo se explica persuasivamente, entonces, la derrota electoral de la centroderecha en lo últimos comicios municipales, parlamentarios y presidenciales de 2012 y 2013? ¿Tiene la centroizquierda argumentos suficientes para mostrar el imperativo de cambiar, radicalmente, el modelo de desarrollo? ¿O han sido los errores reiterados de la primera de esas coaliciones los que permiten comprender dónde estamos y para dónde vamos? O, por último, ¿ha quedado de relieve la habilidad de la segunda de esas coaliciones, aliada con las redes sociales en la denominada democracia directa o de las calles, la que, con oposición implacable, desacreditó al gobierno de centroderecha y lo aplastó en las elecciones antes señaladas?
Son, por supuesto, preguntas cuya respuesta suscita disidencias. Probablemente, sin embargo, el criterio más acertado para responderlas sea la combinación de las circunstancias que incluye cada una de las hipótesis propuestas. Sin perjuicio de realzar esa advertencia, agregamos que, desde el ángulo constitucional e institucional –que es el central aquí– pensamos que cualquiera sea la contestación a ellas atravesamos tiempos de enigmas, incógnitas o misterios, pues poco se avanza en disipar el secreto, la ambigüedad o el silencio relativo a los cambios anunciados manifestando, una y otra vez, que serán hechos de modo participativo, institucional y democrático. Efectivamente, tales características son insuficientes para definir el fondo y el método que será aplicado con el propósito de implementar el reemplazo del Código Político, sin caer en el secretismo que pugna con la transparencia; en el quiebre del régimen vigente, el cual resulta inconciliable con el respeto al procedimiento hoy previsto en la Constitución para su reforma; y en la promoción de medidas e innovaciones impuestas por fuerzas rupturistas, resueltas a hacer valer sus designios aunque sea violando las reglas básicas de la democracia pluralista y de nuestra tradición republicana, tan difícilmente reconquistada.
Es en el contexto descrito que el autor se halló al preparar la tercera edición de este libro. A pesar de tan graves inconvenientes, resolví enfrentarlos asumiendo que, más temprano que tarde, terminará imponiéndose la impronta de nuestra tradición democrática constitucional. Nos pronunciamos decididamente por entrar en un proceso de enmiendas a la Carta Suprema, marcado por la buena voluntad de acordar todas las modificaciones que la vuelvan consonante con los signos de los tiempos. Así lo habíamos anunciado en las dos ediciones anteriores de esta obra y ahora lo reiteramos. Pero discrepamos de impulsar la idea de la asamblea constituyente, fracasada al tenor de los anales bicentenarios de nuestra República y de experiencias comparadas atendibles.
Las constituciones, en definitiva, siempre cambian, pero en ambientes de continuidad o de ruptura institucional. Aquellos son los que vivimos y, en ellos, es la reforma y no la sustitución del Código Político la clave del contenido y la forma a seguir para prosperar en nuestra democracia, sin afán de refundar cuanto se ha avanzado, sobreponiéndose a dictaduras, gobiernos de facto y otras dificultades, padecidas por tantas generaciones de chilenos que tienen, a pesar de ello, fe en el humanismo y en el valor de la democracia vivida, y no solo proclamada.
José Luis Cea Egaña
Santiago, 15 de mayo de 2015
PRESENTACIÓN DE LA CUARTA EDICIÓN
Reconozco que he dudado de asumir la preparación de esta cuarta edición del primer tomo de mi libro Derecho Constitucional Chileno. Los hechos ocurridos el 18 de octubre de 2019, el Acuerdo Nacional por la Paz Social y la Nueva Constitución del 15 de noviembre del mismo año, la persistencia y agudización del odio, el resentimiento y la violencia sufridos desde entonces son acontecimientos graves y de magnitud sin precedentes en nuestra República. Ellos inducen a esperar el decantamiento de lo que sucede para, después, emprender un trabajo que exige reflexión y lucidez, investigación, acción y redacción esmerada con el propósito de que resulte clara su comprensión.
Pese a todo y más de lo dicho, decidí realizar la misión de elaborar esta nueva edición, ampliada y actualizada, con relación a la que se halla agotada y que apareció seis años atrás. Lo hice así por diversas razones. Resumiré algunas de ellas.
Desde luego, cumpliendo una obligación de conciencia en punto a fortalecer la confianza en el constitucionalismo, que singulariza a nuestra más que bicentenaria experiencia democrática; lo hice también pensando en la juventud, de docentes y estudiantes, asediados por mantras que inducen a desviarse de los valores y principios singularizantes del Estado de Derecho, humanísticamente concebido; además, la falta de libros en el tema, cuya explicación prefiero no aventurar, impulsó el empeño por entregar esta renovada fuente de estudio que ha ganado un apoyo del cual estoy muy agradecido; en fin, nunca he creído que la metáfora de la hoja en blanco pasara más allá de ser una idea equivocada, pues nuestra trayectoria democrática y constitucional, junto con ser honrosa es, sin duda, el resultado de un proceso acumulativo de vivencias, señeras algunas y equivocadas las demás, pero que justifican rescatar las primeras y demostrar los errores de las últimas.
Espero haber ejecutado tan relevante desafío con el mayor tesón, sacrificio y afán de servicio al bien común. Aguardo con entusiasmo la reacción de los destinatarios de esta obra, cualquiera que sea aquella. Agradezco desde ya que así sea.
He agregado la sexta parte y final al texto de la edición de 2015. Trátase de El camino a una nueva Constitución. Cerré los antecedentes el 15 de agosto de 2021, fecha seis semanas después de la sesión inaugural de la Convención Constitucional, elegida el 15 y 16 de mayo del mismo año.
El lector podrá apreciar que me preocupa el momento constitucional para el desarrollo, con respeto y voluntad de diálogo, del entendimiento y de la disposición a forjar consensos, y que no diviso que ese sea hoy el ánimo dominante entre los convencionales constituyentes. Solo así se podría, sin embargo, alcanzar dos tercios para la aprobación de normas y del texto final.
Ha sido perseverante la actitud demoledora de las instituciones y, por ende, de la Carta Fundamental que nos rige aún, con desenlace que califico de inquietante. Pero aguardo con esperanza la aparición de líderes, hoy ni siquiera divisables, que orienten y consoliden en la Convención las cualidades recién mencionadas. Ellos son de la esencia de un poder constituyente instituido que anhela culminar su obra, en un año más, con el estatuto de los derechos humanos y sus deberes correlativos. Aguardo que tales acuerdos se funden en la dignidad de las personas; que regulen al poder para que quede siempre ceñido al principio de servir a la ciudadanía, respetando los límites trazados en la Carta Suprema; que se progrese sin caer en las orientaciones de los tiempos marcados por el populismo, las audacias antisistémicas y la ruina de los partidos; y la posibilidad de que surjan tendencias que provean de mayor legitimidad a la política. Esta aún conserva, pese a las desviaciones, los rasgos de una actividad indispensable para la convivencia noble y elevada. La gobernanza de la comunidad cívica, en paz, libertad y solidaridad, conquistando día a día mayores niveles de igualdad, ha de ser el propósito de los constituyentes.
Extiendo mi aprecio a la dirección editorial de la Pontificia Universidad Católica de Chile por haber cooperado a la publicación de esta cuarta edición. Especialmente expreso gratitud a María Angélica Zegers por su generosa y constante labor en tan complejo proceso. Dedico igualmente mi testimonio de aprecio a todos quienes han cooperado en esta larga tarea ya cumplida. De ellos, es necesario nombrar al decano de la Facultad de Derecho, Gabriel Bocksang Hola; a mi ayudante de investigación Nicolás Martínez Serrano y a todos quienes, por ejemplo, en el Servicio Electoral, permitieron entregar una edición actualizada de la información resumida de este libro.
Las elecciones primarias, celebradas el 18 de julio del presente año, son, en mi visión, una prueba de lo centrado que es el temperamento político y socioeconómico de la ciudadanía en Chile; abandonando los extremos, nos aproximamos a un ámbito de entendimiento que fortalece la esperanza en lugar del escepticismo.
José Luis Cea Egaña
Santiago, 15 de agosto de 2021
SEIS MESES DESPUÉS
La benevolencia de la Dirección Editorial ha permitido que introduzca en esta cuarta edición los últimos acontecimientos relativos al camino que seguimos hacia la nueva Constitución.
Diez meses han transcurrido desde el inicio de la labor de la Convención Constitucional, tiempo suficiente para evaluarla y proyectar su futuro. La Convención misma ha puntualizado que se halla concluida la primera etapa, emprendida el 4 de julio de 2021 con su instalación, seguida de la elección de la presidenta, el vicepresidente y siete vicepresidencias adjuntas.
¿Ha sido difícil el trabajo efectuado? ¿Complejo más de lo esperado por la heterogeneidad de los 155 convencionales elegidos en mayo de aquel año? ¿O bien, facilitado por la mayoría abrumadora que ostentan los convencionales de izquierda, centro izquierda y extrema izquierda, al punto que la centroderecha no alcanza a un tercio de aquellos miembros y, más aún, ni siquiera al quórum de un cuarto de ellos requerido con el fin de entablar recursos de procedimiento ante el tribunal previsto para controlar a tal poder constituyente derivado?
No existe aún historia fidedigna definida de las deliberaciones y acuerdos de la Convención, omisión que adquiere especial relevancia tratándose de los reglamentos y de las normas de ellos que son errores o excesos de inconstitucionalidad manifiestos. Realmente, la ciudadanía está sumida en un ambiente de ignorancia de lo que acontece hacia el interior de la Convención, teniendo que ser realzada la esperanza que sentimos de un proceso transparente y no, como en las constituciones anteriores, casi por entero opaco o a puertas cerradas. La mesa directiva saliente y la nueva han reconocido tal circunstancia y prometido corregirla.
Todo está por verse en punto al desempeño de los dos meses restantes del plazo fijado a la Convención para debatir, acordar y redactar el proyecto que proponga la aprobación o rechazo de la ciudadanía el 4 de julio de 2022. Difícilmente podrá satisfacer tan compleja misión, más todavía si a fines de junio tiene que pronunciarse la Comisión de Armonización acerca de tal iniciativa completa. Es cierto ya, también, que no haya prórroga de aquel plazo y son numerosos los enigmas que recaen en el trabajo aludido para que finalice con un texto breve, claro y carente de lagunas. ¿Habrá nueva Constitución? ¿Será breve, nítida y sin vacíos? Y, si no es así, ¿recuperará vigencia real la Carta Fundamental actual? ¿Es cierto que, pese a los desmentidos, hubo proyectos de nueva Ley Suprema que se mantuvieron en secreto? ¿Qué ocurrirá en el orden público del país el día después y los posteriores a tal eventual desenlace? ¿Cuán exitoso puede ser reconstitucionalizar una cultura arrasada por la desconstitucionalización de facto?
En los capítulos finales de la última parte de este libro pormenorizo las ideas que aquí dejo enunciadas. Desde ya, sin embargo, declaro mi esperanza de que el proceso constituyente derivado culmine exitosamente, aunque no falten razones para ser escéptico. ¿Por qué sigo anhelando dicho desenlace? Respondo aludiendo al olvido en que han ido sumiéndose las afirmaciones destempladas, v. gr., refundación de Chile, cambiándole desde los emblemas nacionales; supresión de la república para entronizar un Estado plurinacional y multiétnico; implantación del semipresidencialismo olvidando que el bicameralismo es de la esencia del presidencialismo moderado; eliminación del Tribunal Constitucional para reincidir en el fracaso del control de supremacía que había con anterioridad a su creación y a la enmienda de 2005; politización del Banco Central imponiéndole la pérdida de su autonomía para cubrir objetivos ajenos a sus roles específicos, etc. Al catálogo anterior cabe añadir otras razones, pero me limitaré a realzar la voluntad de mesura y diálogo del Presidente Boric, señal de responsabilidad en ejercicio del mando de un país que enfrentará los tiempos más difíciles de su historia contemporánea.
José Luis Cea Egaña
Santiago, 22 de junio de 2022
CAPÍTULO I
SOCIEDAD Y CONSTITUCIÓN DE 1925
Toda Carta Fundamental representa el momento epigonal de un proceso, a veces pacífico y otros violentos. La nueva Constitución marca, entonces, una etapa de cierre y otra de comienzo de años de trayectoria política y social, económica y cultural de una comunidad soberana.
Pues bien, cuando la trayectoria institucional es ya prolongada y exhibe períodos de éxito, entonces la introducción de cambios exige visión, ponderación y talento; de lo contrario, se fracasará en el esfuerzo. En tales circunstancias, además, las reformas deben ser menos frecuentes y resultantes de la experiencia o del progreso, porque el Código Político está más arraigado en la cultura de la ciudadanía y de los gobiernos.
Aplíquese lo escrito a Chile y se coincidirá en que no es posible entender ni evaluar la Constitución de 1980 sin comprender la de 1925 ni, retrocediendo más todavía, careciendo de una idea clara del período transcurrido desde 1891 a 1924.
Esa es la tarea de este capítulo. Para realizarla parece adecuado periodizar, aunque sean debatibles los hitos escogidos, y distinguir los aspectos fundamentales que aparecen en los números siguientes2. Así se ha hecho mediante un esquema y no más que esto.
El concepto esencial que interesa realzar estriba, sin embargo, en que el constitucionalismo es un proceso acumulativo de esfuerzos y experiencias sobre el gobierno, en su origen y ejercicio, realizado con sujeción al Derecho y respetando, aún en circunstancias extraordinarias, la democracia, la dignidad de la persona y los derechos humanos. Cuanto más y mejor se coincida en la vivencia de este presupuesto mayores serán las probabilidades de que un Código Político se arraigue en el espíritu o conciencia y, repitiendo lo dicho, en la cultura del pueblo.
1. Régimen político. Como consecuencia de la Guerra Civil de 1891 —pues no fue en su gestación y desenlace una revolución genuina—, el bando triunfante aceleró en la práctica, sin modelarlo jurídicamente, el proceso de cambio del tipo de gobierno que Chile venía experimentando, al menos desde la década anterior. Consecuentemente, el régimen presidencial autoritario, establecido en la Constitución de 1833 y que había sido suavizado por las reformas constitucionales aprobadas desde 1874, fue derrotado, tras nueve meses de conflicto armado, en septiembre de 1891. Lo relevante estriba en percatarse de que tal derrota ocurrió no solo en el plano de las discusiones políticas e ideológicas, sino que, más todavía, militarmente en los campos de batalla de Concón y Placilla.
En lugar del presidencialismo aludido fue consolidándose un nuevo tipo de gobierno3, al que algunos denominaron parlamentario, pero que, realmente, fue un régimen asambleísta o de convención. Este régimen se caracterizaba porque el centro del ejercicio del poder se hallaba en el Congreso o Parlamento y no en el órgano ejecutivo que era su subordinado. Aquel proceso, conocido también como parlamentarismo criollo o empírico, por las desviaciones que tenía en parangón con el modelo clásico, venía surgiendo desde la década de 1870. La Guerra Civil de 1891 lo catalizó, entonces, y lo llevó a un prolongado y cruento desenlace.
Se pasó así del autoritarismo presidencial al extremo opuesto, desapareciendo la figura del Presidente de la República como institución suprema del Estado de Derecho. Tal mutación, hecha reemplazando el thelos y sin cambiar una letra del Código Político, fue y sigue siendo impropia de un gobierno parlamentario. En este, efectivamente, existe colaboración y cierto equilibrio entre ambos órganos del poder estatal, pues la responsabilidad política de los ministros ante la Cámara Baja del Congreso se halla balanceada por la facultad presidencial de disolverla y convocar a nuevas elecciones para reemplazar a sus integrantes.
No sucedió así en Chile durante el período 1891-1924, ya que el Presidente perdió toda capacidad de injerencia efectiva en la dirección del Gobierno de frente al Parlamento. Respecto de ambas cámaras, incluyendo también al Senado, basta recordar que el Jefe de Estado no tuvo autonomía para el nombramiento y remoción de sus ministros. Tampoco le fue reconocida la facultad de disolver al Congreso, o al menos a su rama política, ni ejercer en él una influencia importante en la formación de la ley. El epicentro del poder, sociológicamente entendido, estaba en los círculos oligárquicos que manejaban los hilos de los partidos políticos.
Estas características fueron adquiriendo, inevitablemente, rasgos de abuso y descontrol que se tornaron alarmantes. Se llegó así a la doble crisis de febrero y agosto-septiembre de 1924, lapso en que la confianza del asambleísmo lo llevó al desenfreno en ambas ramas del Congreso. El revés —bélico e ideológico— del presidencialismo en 1891, aparejado con el vértigo asambleísta que se advirtió desde entonces, llevó a los vencedores a descuidar la introducción, en la Constitución de 1833, de las reformas que habrían convertido al régimen de convención en otro parlamentario. Para la fracción triunfante bastó mutar el contexto del Código Político, es decir, reemplazar su espíritu sin alterar una coma del texto, entronizando así el asambleísmo.
La vida política chilena era entonces elitista, protagonizada por círculos pequeños y cerrados, quedando fuera de ella la emergente clase media y la masa de trabajadores, urbanos y rurales. Los partidos políticos, a su vez, eran escasos y con rasgos de clubes de notables, o sea, grupos de miembros escasos, compuestos por hombres de extracción aristocrática y prominencia socioeconómica, los cuales se reunían y decidían, por sí y a nombre del resto de la sociedad, la línea maestra que debía regir en ella. El sufragio, que con la reforma constitucional de 1888 había quedado cercano a la cualidad de universal, en la práctica distaba de serlo por el cohecho y otras manipulaciones electorales cometidas por la oligarquía dominante.
El descontrol e irresponsabilidad generaron, sin demora, la corrupción y venalidad en los círculos dirigentes. Contrastaba esa patología con cierta rectitud en el servicio público que demostraba la naciente clase media. Merced al acceso que el Estado daba a la educación, incluso universitaria, unido a la visionaria disposición de algunos aristócratas que buscaban socializar los valores de la mesocracia, esta se hacía sentir, ya a fines del siglo XIX, articulada en pequeños, pero dinámicos, partidos políticos.
2. Régimen económico. En la época parlamentarista Chile tuvo y perdió la oportunidad de realizar, con éxito, el salto hacia el desarrollo sostenido en los ámbitos político, económico y social. Después nunca el país ha tenido otra ocasión tan propicia para lograr, pacíficamente, la modernización intelectual y material dentro de marco de la justicia social, privilegiando la libertad y logrando la igualdad de oportunidades. Institucionalizar el sistema en su conjunto, es decir, consolidarlo y arraigarlo en las capas dirigentes y en la población, sobre la base de un consenso fundamental compartido, fue el desafío, entonces realizable con éxito, y que, lamentablemente, se frustró.
Sin duda, nos hallamos en 2021 en un período que renueva el imperativo de avanzar en la solución de la pobreza y de la marginalidad, en la distribución más equitativa del ingreso, en la expansión de la autonomía de la sociedad civil y la ampliación de incentivos para que ella coopere, solidariamente, al bien común4. Análogamente impostergable es la focalización del gasto que efectúa el Estado para favorecer a los sectores excluidos de ese objetivo nacional o postergado en sus aspiraciones legítimas de gozar de dignidad en su vida. A la fecha, alienta constatar que el paso del tiempo, en extraordinaria bonanza, permite comprobar rectificaciones encaminadas a institucionalizar el desarrollo humano en Chile5.
De acuerdo con las palabras del presidente Balmaceda, la recién conquistada riqueza salitrera había creado prosperidad y holgura financiera. Esta debía ser aprovechada para impulsar el desarrollo público y privado de la Nación, realizando primordialmente un vasto programa de obras públicas. El objetivo era evitar que esos ingresos extraordinarios se consumieran en las necesidades habituales del Estado-Gobierno6, o que fueran dilapidados inútilmente. Ahora, la afluencia caudalosa de ingresos del cobre induce a recordar el pensamiento de aquel Presidente y las consecuencias de sus palabras.
La élite aludida era homogénea. Sin embargo, ella se fue convirtiendo en oligarquía, sobre la base de usufructuar del poder en beneficio propio cuando la economía del país llegó a ser próspera, sobre todo por la explotación del salitre y el cobre. Debido a causas como esta, si la riqueza hubiera sido acertadamente invertida y administrada, Chile habría llegado al nivel de país desarrollado en una etapa de su historia decisivamente favorable. Pero tal oportunidad se perdió. Contribuyeron a ello la indolencia y abuso de la clase dominante; la introducción y fomento de la lucha de clases, del odio y la envidia; el recurso cómodo a la demagogia y el populismo; la disposición al lujo de los núcleos potentados; en fin, la astucia en la especulación para el beneficio privado y con perjuicio del Fisco.
3. Balance crítico. Dicha oportunidad de progreso y consolidación nacional, no se ha repetido en nuestra trayectoria. Al cierre de la tercera edición, se sostenía por parte del Gobierno que la ruta seguida podía desembocar en el desarrollo pleno hacia 2020. El asunto no era tan claro y evocaba proyecciones de sentido parecido y que no se materializaron. Por ejemplo, en su mensaje ante el Congreso el 21 de mayo de 1995, el presidente Eduardo Frei Ruiz-Tagle creyó que había llegado una nueva ocasión, pero los pocos años transcurridos dejaban ya de manifiesto que vivíamos en 2015 una nueva oportunidad, cuyo desenlace se tornaba impredecible. Ese final negativo ocurrió cien años atrás por numerosas y complejas razones, de las cuales aquí se mencionan solo las tres siguientes:
A. Auge, despilfarro y caída de la riqueza salitrera. En el período aludido se logró el máximo nivel de explotación y exportación del salitre. Sin embargo, desde 1907 fue advirtiéndose la comercialización del nitrato sintético, producido en Alemania, cayendo bruscamente el precio del fertilizante que se producía en nuestro país y, como consecuencia, los ingresos fiscales provenientes de su venta;
B. Subdesarrollo de la vida rural. Haberse preocupado del progreso del sector rural, y hacerlo con espíritu de trabajo y solidaridad con los campesinos, había sido una obra destacable de la aristocracia del siglo XIX. A raíz de la revolución de 1891, empero, parte relevante de la aristocracia agraria abandonó el campo, optando por la riqueza salitrera, tentar fortuna en las operaciones bursátiles o bancarias y gozar de la vida urbana en palacios y clubes. Una secuela de tal cambio de estilo de vida fue el ausentismo del patrón con abandono del trabajo rural y de los inquilinos. Como ya no se vivía en el campo, tampoco se invertía ni laboraba en él, surgiendo una brecha de enemistad entre el hacendado y el campesino; y
C. Falta de inversiones. En aquellos años, Chile dilapidó la riqueza, sumiéndose su incipiente industria en el atraso. Secuela de este hecho fue una gran cesantía en el extremo norte, y el pago de remuneraciones indignas a quienes lograban trabajo. Llegó la crisis salitrera y nuestro país no había efectuado las inversiones necesarias para superarla con nuevas tecnologías de producción masiva y más económica. Los capitales extranjeros en el área fueron abandonando el territorio nacional, permaneciendo en las oficinas salitreras tan solo una fracción de la mano de obra antes ocupada.
Esas circunstancias se sumaron al proceso de urbanización, haciendo que un elevado porcentaje de la sociedad, principalmente de Santiago, viviera en condiciones infrahumanas. Se facilitó así la agitación, con causas que no eran solo demagógicas, manifestadas en oleadas de huelgas y paros desde 1905 a 1920 en las ciudades del centro y del norte del país, como también en las salitreras7. Esas explosiones obreras fueron intelectualmente explicadas, desde el punto de vista ideológico, más que nada por el pensamiento marxista-leninista, que buscó ir encauzándolas para su beneficio partidista. Surgieron, además, en la capital y Valparaíso, grupos anarcosindicalistas que ejecutaron los primeros actos de terrorismo de que haya memoria en Chile8.
4. Régimen social. Una vez más resulta necesario simplificar el análisis y excluir, para llegar al objetivo que preocupa, múltiples e importantes fenómenos históricos. Teniendo presente esa advertencia, es posible añadir que la sociedad de la época en estudio se caracterizó por los tres rasgos matrices que se resumen a continuación:
A. Sociedad estratificada. Fue, desde luego y al tenor de lo ya explicado, una sociedad de esa índole, con diferencias marcadas entre el nivel social alto, o sea, la clase aristocrática, propietaria de los recursos económicos y que detentaba el poder político, por un lado, y todo el resto de la comunidad, de otro. A comienzos del siglo XX no existía todavía una clase media configurada y organizada, numerosa e influyente, consciente y autoidentificada, porque los núcleos de profesores, funcionarios, uniformados y profesionales que integraban ese pequeño sector social se subordinaban a la clase alta o aristocrático-oligárquica. Lo que hacia 1920 Julio Heise denominaba la mesocracia, no era aún el componente decisivo del sistema social9;
B. Corrupción y desenfreno. La clase alta, que era política, social y económicamente dominante, se fue corrompiendo. Perdió las cualidades decimonónicas que la habían distinguido, entre las cuales deben recordarse el hábito de ahorro, de trabajo y sacrificio; la sobriedad en las costumbres y el espíritu de solidaridad con sus colaboradores y sectores vulnerables; el consenso en los valores fundamentales y el respeto de la legalidad.
La crisis de la clase dirigente se generó, en parte al menos, por el lucro especulativo que se apoderó de vastos sectores de ella con motivo de las cuantiosas riquezas salitreras y mineras que circulaban, con tanta facilidad, después de la Guerra del Pacífico. Esto provocó, como señala Alejandro Silva Bascuñán, una transmutación de los valores colectivos, sobre la base del rápido movimiento del dinero y la pérdida de los criterios tradicionales de austeridad, dominantes en la antigua clase agraria10. Esta última adquirió, como efecto de la influencia europea, las ideas y disposiciones, los gustos y costumbres de los franceses e ingleses, por ejemplo, tratando de vivir con el lujo de un sector social desarrollado, pero en un país atrasado. En Chile hubo oligarquización de la vida política, social y económica, secuela de la pérdida de las virtudes cívicas que habían legitimado el liderazgo de la aristocracia, capacidad de mando que este segmento no transmitió a la mesocracia porque él mismo carecía ya de los talentos aludidos; y
C. Urbanización acelerada. Por último, fue una sociedad en proceso de migraciones internas de magnitud. Esto tuvo múltiples consecuencias, algunas de las cuales se pasa a mencionar11.
Hubo, desde luego, una exposición clara al debate y a la confrontación de ideas de grupos que antes eran pasivos. El proceso de urbanización acelerada incentivó, en efecto, el despertar de vastos sectores sociales a un nivel de conciencia, de valores y aspiraciones que antes no tenían, o que, si los compartían, ahora los combatían.
Por otra parte, los sectores más pobres y desvalidos de la población emigraron a las ciudades, especialmente a la capital, en búsqueda de un mejor nivel de vida. Sin embargo, allí no encontraron el trabajo, la educación, la salud e higiene ni la vivienda, bienes por los cuales habían emigrado. Se provocó con ello la radicalización de las frustraciones por la insatisfacción de los anhelos de una existencia digna. Y de cara a esos problemas los gobernantes se manifestaban indolentes o, peor todavía, resueltos a desconocerlos o a reprimir sus efectos ignorando las causas.
Así la rebelión fue transitando desde la deficiente asimilación de las ideas foráneas a la fe —a veces, obsesiva— en ellas. El terrorismo y el anarquismo se asociaron con agitación articulada en huelgas y paros. Frente a esas vías de acción directa la clase alta reaccionó, pero desatinadamente, como ya está escrito: castigó los efectos del descontento sin solucionar las causas del mal. Como escribe Guillermo Feliú Cruz12, aquella clase estaba, salvo excepciones, pensando que la solución a las demandas de los movimientos obreros no era una cuestión de justicia, sino que de caridad o de policía. Consecuentemente, para la clase alta este era un problema de conciencia individual, pero no de injerencia del Estado, con planes y órdenes impartidas desde arriba.
Por otra parte, la sociedad chilena comenzaba a vivir un proceso de inestabilidad y conflictos profundos. Se iban fraguando —e instigando— en su seno las condiciones de una rebelión, basada en la aún escasa conciencia de lucha de clases. La delgada capa alta o establishment, como la ha denominado Gonzalo Vial, utilizaba el poder para combatir estos movimientos obreros y campesinos, usando con tal propósito a las Fuerzas Armadas. Se las fue desviando, de este modo, de su rol profesional, o sea, de instituciones dedicadas a la defensa nacional, para apuntarlas contra la población alzada en paros y huelgas, con secuelas sangrientas. La plutocracia causó con esa manipulación un perjuicio grave al profesionalismo de esas instituciones, politizándolas más de lo que estaban. La literatura, ya citada o que se menciona en la bibliografía, exhibe con elocuencia, pero también con sesgo, las masacres así provocadas y el odio que engendraron en la población.
No existía, en aquella oligarquía, posibilidad real de cambiar la situación. Realmente, resultaba difícil siquiera imaginar que estuviera dispuesta a aceptar reformas que menoscabaran sus apetitos e intereses, o que implantaran controles y responsabilidades a sus desenfrenos. Por el contrario, la oligarquía acudió cada vez más a la represión. Lo hizo por facilidad y desidia, atacando síntomas y secuelas, pero jamás las causas de la cuestión social. He aquí uno de los motivos que explican la esperanza reformista con que el estrato medio aguardaba la acción rectificadora de la autoridad estatal. Ese anhelo singularizó la década precedente a la dictación de la Carta Fundamental de 1925.
5. Actitud de las Fuerzas Armadas. La única posibilidad real de interrupción del proceso descrito para, en su lugar, instaurar un régimen más representativo y justo era, a la luz del Manifiesto Militar del 11 de septiembre de 1924, una intervención social tan honda que se asemejara a una operación quirúrgica, pero practicada desde afuera del establishment. Esa fue la misión, urgente y drástica, que algunos mandos jóvenes de las Fuerzas Armadas, más que nada del Ejército, estuvieron dispuestos a llevar a cabo.
Aquellas instituciones tenían cuentas pendientes que saldar, pues habían sido divididas después de la Guerra Civil y olvidadas más tarde, hallándose en situación de pobreza material y atraso técnico. A raíz del quiebre institucional de 1891, el Ejército estaba derrotado y afectado hasta en su mística. Ello facilitaba su manejo por la oligarquía. El Ejército le obedeció, pero como consecuencia de esta instrumentalización fue quedando social, económica, logística y políticamente desplazado. En punto a la Armada, el cuadro no era mejor. En efecto, el personal de las Fuerzas Armadas —como lo demuestra René Millar13— padecía una situación lastimosa por el equipamiento obsoleto y ausencia de adiestramiento moderno, bajos emolumentos y estancamiento en los escalafones. Esos elementos son suficientes para erosionar los principios capitales sobre las cuales se erigen, funcionan y son controladas las instituciones armadas.
En fin y en lo que se refiere a su posición política, estas tenían núcleos con inquietudes y críticas, formándose así grupos secretos o logias ocultas, que asumieron posiciones de reproche frente al manejo y situación indolente de la clase alta. En un principio, esos núcleos fueron marginados para después ser reprimidos. Finalmente, encontraron comprensión y apoyo en algunos líderes políticos. De ellos, merece realce el entonces senador y caudillo avezado Arturo Alessandri Palma. Este era un parlamentario hábil y experimentado, visionario y audaz, no exento de rasgos demagógicos, pero en definitiva capaz de captar —con oratoria y gestos carismáticos— sus inquietudes.
Por las razones expuestas y otras análogas, en 1920 los cuadros de los uniformados involucrados en el esfuerzo rectificador apoyaron al nuevo presidente Alessandri. Empero, como los años pasaban y las promesas de aquel mandatario seguían incumplidas, grupos de uniformados se hicieron presentes con sus demandas, ya en estado de crisis, en febrero y agosto-septiembre de 1924. A raíz de tales sucesos, Chile comenzaba a experimentar fenómenos nuevos, hasta entonces desconocidos, en su trayectoria institucional.
6. Crisis de 1924-1925. En febrero de 1924 el presidente Alessandri planteó al Congreso la aprobación de diversas y sustanciales modificaciones al orden constitucional existente. Reemergía con ello la tesis según la cual las reformas al Código Político bastan para inducir los cambios culturales deseados, o al menos son decisivas para materializarlos.
El Jefe de Estado abordó, en efecto, la necesidad de poner fin al asambleísmo parlamentario; instaurar un nuevo régimen presidencial sobre bases democráticas y dar solución a la cuestión social. Frente a ello, Alessandri encontró el rechazo del establishment, particularmente del Senado. Las reformas constitucionales planteadas por el Jefe de Estado quedaron, por ende, postergadas.
En agosto y septiembre de 1924, sin embargo, ciertos mandos medios de la oficialidad joven del Ejército presionaron a Alessandri para que insistiera en la aprobación de los cambios aludidos. Pero ello fue nuevamente rechazado por la oligarquía, la cual y paradójicamente, sólo aprobó en el Congreso la dieta parlamentaria, dejando de ser concejiles los cargos de diputados y senadores.
La torpeza descrita catalizó el descontento de las filas castrenses y apuró el golpe militar del 11 de septiembre de 1924. Así ocurrió tras llegar los caudillos del movimiento castrense a la conclusión, debatida entre los historiadores, de que ya no necesitaban a Alessandri para cumplir sus propósitos de depuración y reforma política; o bien, que este no les resultaba confiable; o, en fin, que ellos eran la energía política determinante, pensando, tal vez, que soberano es quien decide las crisis o se impone en las situaciones de excepción, como escribió Carl Schmitt14. Exigieron, entonces, la renuncia del Jefe de Estado y clausuraron el Congreso, obrando en todo de facto. El Presidente partió al exilio en Europa y el país se sumió en el caos institucional.
Fue constituida una Junta de Gobierno presidida por el general Luis Altamirano Talavera. Pero esa Junta, de orientación conservadora a juicio de la oficialidad joven, no era representativa del ideario de cambios propugnados por esta. Ponderando esa razón, aquella oficialidad, en enero de 1925, decidió erigir una segunda Junta, la cual duró apenas cuatro días, desde el 23 al 27 de enero de 1925. En esta última fecha fue reemplazada por una tercera Junta, encabezada ahora por un civil, el abogado, profesor y diplomático Emilio Bello Codecido, personalidad ecuánime, respetada y próxima al presidente Alessandri.
La tercera Junta convirtió algunos proyectos en textos normativos. Materializó también ideas importantes a través de los centenares de decretos leyes que dictó hasta fines de marzo de 1925. Por ejemplo, avanzó a la fundación del Banco Central para enfrentar la crisis cambiaria; hizo lo mismo con el Colegio de Abogados; y, sobre todo, se comprometió a luchar por el restablecimiento del orden constitucional, para lo cual logró el regreso de Arturo Alessandri y que este reasumiera la Presidencia. Lo relevante de este retorno radicó en el compromiso de Alessandri en punto a obtener la aprobación de una nueva Constitución, reabrir el Congreso, reanudar la vida de los partidos y volver, paso a paso, al Estado de Derecho.
7. Restauración institucional. El presidente Alessandri regresó a fines de marzo de 1925 y, en los primeros días de abril, dictó varios decretos supremos, que en realidad eran decretos leyes. Mediante ellos convocó a personalidades de variadas corrientes políticas para integrar una Gran Convención Consultiva, semejante a un consejo asesor. La finalidad de esa asamblea era proponer ideas y proyectos articulados sobre las reformas constitucionales necesarias para restablecer el orden institucional. No se trató, por ende, de una asamblea constituyente, dotada de competencia para decidir sobre el contenido de la nueva Carta Fundamental y el procedimiento destinado a ponerla en práctica. Debe observarse, por lo tanto, que tampoco se hallaba establecido cómo iba a ser puesta en vigencia la nueva Ley Suprema15.
El trabajo de la Convención, formada por unos ciento cincuenta miembros de todas las posiciones políticas, se realizó en un período aproximado de cuatro meses, sesionando en el Palacio de La Moneda.
Aunque después será expuesto con algún detalle, es necesario puntualizar aquí que la Constitución fue aprobada solo como una reforma a la Carta Fundamental de 1833. Probablemente, ello ocurrió así para conservar, al menos en la opinión pública, cierta imagen de continuidad en la evolución pacífica de nuestras instituciones políticas. Al fin y al cabo, la Carta Fundamental de 1833 había posibilitado la consolidación del régimen democrático, contribuido al desarrollo socioeconómico del país y llegado a concitar el mayor respeto, por ser una de las cinco constituciones escritas más antiguas del mundo. Era, entonces, un Código Político respetable, aunque urgido de cambios políticos sustanciales.
La nueva Constitución fue aprobada en el plebiscito celebrado el 30 de agosto de 1925. Algunos observaron que nació prematuramente y con necesidad de cuidado apremiante. En realidad, y desde el 18 de octubre, fecha en que entró en vigencia, la Constitución ya tuvo graves problemas para regir, inconvenientes que presagiaban los tropiezos que sufriría con el transcurso del tiempo y que culminaron en el colapso de la democracia en septiembre de 1973.
Por razones diversas, de fondo y también de divergencias o aspiraciones personales, la llegada de Alessandri fue la prueba de que las Fuerzas Armadas se habían convertido en el árbitro supremo de los destinos de Chile, decidiendo lo que estimaran mejor para el régimen institucional, con o sin el concurso de los políticos y de los partidos. Soplaban también en Chile, consecuentemente, los vientos autoritarios que arreciaban en el centro y sur de Europa, ligados al desgobierno asambleísta, a las penurias de la clase media y a los sentimientos nacionalistas, de cierto carácter corporativo y opuestos al multipartidismo imperante.
8. Esfuerzos por vivir la Constitución. En el lapso aludido, el país fue gobernado por los militares, aunque sin eliminar a los partidos ni a las instituciones democráticas. Se distinguía la figura del coronel Carlos Ibáñez del Campo.
