Descontractura - Lorena Acosta - E-Book

Descontractura E-Book

Lorena Acosta

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Beschreibung

Repeticiones incontrolables, compulsión arrolladora que interrumpe el plan de acción delimitado en la víspera de una pesadilla. Identidades controladas por una voz llena de eco. Renacer de una carne que habita dentro de un cuerpo que con cada suceder de un nuevo ahora se convierte en piedra; embriagada con el dulzor de la mentira, de la mano de una falsa promesa de devolución de un alma ultrajada. Relato de un tormento, del nacimiento de una ausencia, del homicidio de una inocencia.

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Seitenzahl: 109

Veröffentlichungsjahr: 2022

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Descontractura: Narrativa poética de un crimen

Lorena Acosta

ISBN: 978-84-19367-77-8

1ª edición, abril de 2022.

Editorial Autografía

Calle de las Camèlies 109, 08024 Barcelona

www.autografia.es

Reservados todos los derechos.

Está prohibida la reproducción de este libro con fines comerciales sin el permiso de los autores y de la Editorial Autografía.

PRÓLOGO

Alina Giz Seoane

Al leer por primera vez esta obra no pude evitar caer bajo el peso de aquello en apariencia incomprensible, deformado. El recorrer de estas páginas aprisiona al lector entre un salto de hechos, escenas, entendimientos y voces que salpican de tormento y citas literarias la descripción de una mente que a duras penas se entiende a sí misma. Mediante una poética contemplación de la vida, así como una sensibilidad única para ver el mundo, basada en un acercamiento exacerbado a lo que incomoda, esta obra propone un peculiar enfoque para narrar a su principal personaje: uno basado en el desenvolvimiento de los mundos internos y batallas del mismo, dejando en segundo plano todo lo que sucede fuera del pensamiento, dotando a la vida práctica de insignificancia y al mundo ideológico de privilegios tangibles.

Al adentrarnos en la historia, al despojarnos de lo aparente y sumergirnos en el discurso del trabajoso martirio propuesto, comienza un nuevo proceso en el que se fusiona la compresión de la narrativa con el sentido de pertenencia a la misma, transformando al lector en un elemento más dentro del vaivén de emociones que rigen la trama, convirtiéndolo en una pieza clave a la hora de navegar las oleadas de volátiles pensamientos que invitan a deducir lo ocurrido, a imaginar los silencios, a desarrollar la intencional ausencia. De igual modo, mediante el uso de poemas es posible entrever el sentido artístico que florece dentro de lo incomprendido, develando allí la facilidad de la autora para tornar los horrores de una tragedia en la exótica belleza que rige su obra, la cual actúa como una íntima confesión, un canto a la liberación del martirio, desafiante, lleno de confrontación y crudeza.

Cogito ergo sum es la frase cartesiana con la cual se desmiembra la obra en 3 pilares fundamentales que le otorgan al lector pistas emborronadas acerca del contenido de cada segmento, dirigiéndose siempre a la libre interpretación de quien acompañe a sus palabras. Pienso, luego existo actúa como el epígrafe necesario para comprender el modo de actuar de la protagonista, cuya existencia y desarrollo a lo largo de la obra se ven coercionados por los intrusivos pensamientos que la dominan y delimitan, sometiéndola a un forzoso devenir.

La autora lleva de la mano al lector a lo más profundo de una mente que vive los estragos de cargar con un aniquilador trauma, a los residuos de una vida que se rige bajo un sentimiento de expropiación; llena de soledad, desconcierto y carencia. Narra con agria ternura y delicadeza el proceso de declive de la locura e inevitable final.

De igual modo, podemos entrever críticas sociales diversas dentro de la narrativa, hilvanadas cuidadosamente entre los delirios de sus personajes, pensamientos y voces.

El nacimiento de Ella, de la voz que surge a raíz del horror experimentado, actúa como motor y mecanismo de defensa dentro de la vida de la protagonista, proporcionándole nuevos modos para desenvolverse en el mundo, otorgándole la fuerza e identidad que ésta siente se le ha arrebatado. Utilizando la primicia de una voz mandatoria, la autora nos invita a reflexionar acerca del discursivo encanto que envuelve los discursos de violencia, la atractiva forma bajo la cual se maquilla el abuso y los juegos de poder, la dependencia que genera una víctima por su agresor: vulnerable bajo sus heridas y cegada ante lo que verdaderamente fragmenta.

Recurriendo a ideas como el concepto de rigidez corporal como respuesta última a la perdida de la libertad de uno mismo, el entender a las mentiras como un reconfortante dulzor que nos permite sobrellevar el mundo desde la comodidad propiciada por la conveniencia, Descontractura es una obra llena de simbolismos, juego de metáforas, saltos en el tiempo; que se presenta sin miedo ante su propia contradicción y el continuo desarrollo dentro de su propio sentido.

Es importante recalcar que uno de los principios fundamentales bajo los cuales se rige esta obra es el planteamiento propuesto de entender a la realidad como una construcción discursiva, de comprender al mundo a partir de las propias vivencias, de reconocer las guerras internas como parte de uno mismo, en lugar de reprimirlas y enajenarlas; recalcar la importancia de nunca luchar desde el inconsciente desentendimiento.

Este libro juega con el lenguaje de una forma tan cautivadora que no que no queda más que regalarle a la trama un poco de la propia historia de quien la vive fuera del margen. La cuidada forma de replantear lo no dicho, de mostrar la invisibilidad, envuelven de forma embriagadora, intolerable, confusa, problemática, atrevida, desafiante ante los formatos literarios tradicionales. Ante el lector se presenta un mundo en el cual las narrativas conforman la comprensión de supuestos que se veridifican con el deseo de desprenderse de la ceguera, del yugo; en donde el lenguaje se deconstruye y reaprenderlo bajo una nueva luz implica la edificación de un imaginario en el que todo hecho comienza a desarticularse. Y, es aquí, cuando desnudamos la vulnerabilidad y sentimos a flor de piel el miedo hondo que carcome las dudas, que logramos acompañar al personaje en su verdadero martirio: la propia historia.

Sin duda, es una obra que deja mucho al entendimiento individual del lector, funciona como una invitación abierta a la imaginación e interpretación basada en los propios fantasmas. Las vivencias aquí plasmadas, la confusión y el dolor experimentado por la protagonista permearán en el sentir de quien decida formar parte de ella, compartiendo así una historia que aunque pueda parecer ajena, de algún modo, en mayor o menor medida, a todos nos representa; porque aunque nuestras historias se rigen bajo la lupa de lo individual, compartimos sentimientos universales que nos unen tanto en la dicha como en la desgracia, entonados dentro de una misma voz: la del sentir humano.

Este relato, construido alrededor de la historia de una serie de crímenes, tanto intrínsecos como externos, nos invita a reflexionar acerca de la muerte, cuestionarnos si ésta funciona como un estado habitable tras la pérdida del sentido, y si ésta puede representar la máxima liberación ante el insoportable tormento.

Siembra constantemente en el espectador de esta narrativa la semilla del cuestionamiento acerca de si la nada puede ser peor que el horror de la fatiga, mostrándonos la consecuencia máxima de enfrentar el mundo a través de nuestras heridas, de reinterpretarnos únicamente a través del daño; porque finalmente, vivir no se trata únicamente de sobrellevarse.

Sin duda alguna, una lectura que te sumerge en la locura, en la constante introspección ante nuevos planteamientos y modos de mirar el mundo, en el nacimiento de lo descolocado, con toques de una comprensión de la existencia humana que va más allá de una terrenal experiencia.

Vengo recargada de verbo

Una y mil veces más, Alina

Noches disfrazadas de un perfecto juez, combinadas con una oscuridad envolvente que actúa como veredicto. Desde aquella noche no he vuelto a experimentar descanso alguno que pueda considerarse pleno. Pesadillas constantes. Recuerdos petrificantes. Sudor incontrolable y dolores súbitos e imposibles de localizar en la amplitud de mi soledad y la expansión de mi desdicha. Desprecio fundado en sustentos de invisible apariencia. Asco profundo. Oleadas de pensamientos descabellados e ilógicos conformaban el amplio repertorio de lacerantes penumbras. Parece no existir remedio para los males que me asechan al desaparecer el día, aquel momento en que los últimos suspiros dorados del sol se disipan abriendo paso a los demonios. Hasta que, en una ocasión, llegó a mí parte del infierno disfrazado del más dulce de los remedios. Salvación aparente. Una salida y perfecto método de escape que prometió nunca más volver a permitirme desolación alguna. Una voz, distinta a la mía. Una voz dentro de mí que lo único que pedía a cambio de mi redención era obediencia sin cuestionamientos, ni reproches. Entrega. Convencimiento absoluto y seguridad ciega.

Ella.

COGITO

“El molino ya no está:

pero el viento sigue todavía.”

– Van Gogh, carta a Théo.

Contractura

(f.) Estado de rigidez o de contracción permanente, involuntaria y duradera de uno o más músculos.

SOFISTA

No es madre. Ni hija. Ni amiga. No es persona, ni es cuerpo. Lo es todo sin aparentemente ser nada. Es la familiaridad de lo desconocido y la seguridad de la incertidumbre. Es mi verdad y equilibrio. Mi mayor tormento y bonanza. Apareció y todo tomó su lugar en frágil apariencia; un nuevo propósito. Nuevas ideas y planteamientos. Nuevas resoluciones.

Ella se consolida en soledad, exige y demanda tiempo a solas. Se atribuye autoría de pensamiento. Indescifrable. Trastornada. Viviendo su propia poesía. Construyendo prosa. Compleja. Sublime.

Es dócil, fuerte, implacable. Disruptiva. Acentos de soberbia cuidadosamente disfrazados de humildad engrandecida. Maquillaje de impostora.

Profunda y crítica disectación de mis vulnerabilidades y respuesta última a cualquier tormento que asedie esta realidad dispersa. El precio a pagar: absoluta y plena maleabilidad de una conciencia supeditada. Lo tangible dentro de lo intangible. Lo que vive por sí solo y a través de mí.

“Zahir, en Árabe, significa visible, presente, incapaz de pasar desapercibido. Es alguien o algo que, una vez que entramos en contacto con él o ello, ocupa gradualmente la totalidad de nuestros pensamientos, hasta que no podemos pensar en nada más.

Esto puede ser considerado ya sea un estado

de santidad o locura.”

– Faubourg Saint-Pères.

EL CUERPO RÍGIDO

Despertar del accionar nocturno. Una espalda que asemeja una sinfonía de crujidos. Mandíbula tensa, apretada al punto de entumecimiento. Dolor de cabeza constante. Una punzada se presenta como un escalofrío glacial que recorre estruendoso cada vértebra mi columna, redirigiéndose a los rincones del cuerpo que aún se regocijan en su ensueño. Despierto dando tumbos, con el característico pesar que acompaña últimamente cada uno de mis movimientos.

Máquina desequilibrada, sin aceite. Ausente de todo. Espesor y carga. Conformismo ante aquello de apariencia inmóvil.

Un accionar imparable de apretar los puños hasta sentir que las uñas rasgan lentamente la ya de por sí violentada piel de mis palmas. Un tibio recorrer de fluido rojo y viscoso se abre paso entre mis dedos y me acompaña, apacible, terso. Dolor reconfortante, gratificante por ser de carácter autoinfligido. Como todo aquello que se dosifica y anhela, se vuelve adictivo.

Me olvido de todo. Instantes de serenidad que eclipsan torrentes de estupor y obnibulencia. Procedo a estirarme, entre lamentos y letargos. Un cuerpo atrofiado, digno de aquella noche. Máxima respuesta. Y es que nunca ha vuelto a ser el mismo, y es que aquello que cambia de estado rara vez puede regresar a su origen sin mostrar secuelas del proceso. Materia de rigidez constante, desconocimiento absoluto de relajación alguna. Expectante, alerta, sufriendo los estragos de sí misma. Cargas físicas inalienables, juego de una descomposición que viene desde mucho más adentro que aquello ya de por sí profundo. Un lugar inalcanzable para cualquiera, incluso para mí misma. Hondo pozo de desasosiego que actúa como un alma.

Solía ser flexible, ligera, dueña de un andar despreocupado y lleno de soltura. Solía ser una otra que ahora me sabe ajena como un recuerdo amargo. Y aunque el mismo cuerpo me acompaña, ahora está petrificado, fungiendo como camisa de fuerza que aprisiona en una especie de condena vitalicia.

Cada mañana me entrego a un dolor inescrutable al intentar articular partes de mí que a lo largo de la previa víspera parecieran haberse vuelto inamovibles al presenciar la dictatorial oscuridad de mis pensamientos marchitos y suplicantes. Compungida existencia. Suplicios liberadores.

Despojada de mí misma, de lo que fui y lo que hubiera sido. Convertida en un recipiente poco deseoso. Una mera vasija cuyo contenido desconozco, pero temo más que todo lo que la falsa certeza proclama. El miedo acompaña, no sólo ya no limita, sino que ahora es combustible.

Quedamos este cuerpo a medias, Ella, cualesquiera cosas y lastimeras versiones de mí.

“Más allá de este sueño

ya no hay nada:

territorio final

en el que permanezco confinado,

desde el que también sueño

hasta perder la memoria de mí mismo.

Cuando no sueño,

ese sueño sin sueños

es - a secas - la vida.”

– Ángel González.

PERNOCTADA

Pesadillas. Cada noche te visito. Me visitas. Nos visitamos. A veces creo que hasta nos enamoramos, o al menos yo me enamoro de ti. La familiaridad que ahora te caracteriza sustituye el miedo inicial de tu llegada. Sería irrazonable pensar que apareces con el propósito de destruir cuando no eres más que una extensión de mis adentros que me hace compañía en los momentos de absoluta pausa. La razón dentro de lo irrazonable.