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Oliver Scott es un atractivo y multimillonario heredero del Holding familiar. Stella Maxwell es una joven recién licenciada en busca de una oportunidad laboral. Aparentemente no tienen nada en común... ¿O sí? Un pasado en un orfanato. Unos papeles que dicen que podrían ser hermanos biológicos. Unas familias totalmente distintas que los adoptaron por separado. Pero... ¿Qué sucede el día que Stella acude a la empresa de Oliver en busca de empleo? Una intensa tensión y un deseo sexual se apodera de ellos. Ambos son conscientes de la aberración de esos sentimientos y luchan contra lo qué sienten. La única pregunta es: ¿Hasta cuándo podrán controlar ese deseo que amenaza con hacerles caer una y otra vez? Sumérgete en esta historia tan sórdida como adictiva. Déjate seducir por una espiral de sentimientos turbios y sexo explícito, en medio de un tira y afloja entre los dos protagonistas.
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Seitenzahl: 138
Veröffentlichungsjahr: 2022
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© Derechos de edición reservados.
Letrame Editorial.
www.Letrame.com
© Reyes Ramírez Llamas
Diseño de edición: Letrame Editorial.
Maquetación: Juan Muñoz
Diseño de portada: Rubén García
Supervisión de corrección: Ana Castañeda
ISBN: 978-84-1144-441-5
Ninguna parte de esta publicación, incluido el diseño de cubierta, puede ser reproducida, almacenada o transmitida de manera alguna ni por ningún medio, ya sea electrónico, químico, mecánico, óptico, de grabación, en Internet o de fotocopia, sin permiso previo del editor o del autor.
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PRÓLOGO
Mamá se ha vuelto a ir. Mi hermana llora llamándola, yo también tengo ganas de llorar, pero soy su hermano mayor. Mamá dice que ya tengo seis años y que debo cuidarla cuando ella no esté.
Stella llora. Tiene hambre, pero ya hace varios días que mamá se fue y no queda nada de comer. Nunca tarda tanto en volver.
Me subo en una silla de madera que hay en la cocina, justo al final de un armario encuentro una caja de galletas: solo quedan tres. Le doy dos a Stella y me como la que queda, poco a poco, para hacerla durar. Están blandas y saben raro, pero tenemos tanta hambre que nos da igual.
Mi hermana acurruca su delgado cuerpecito en mis brazos, tiene tres años, pero parece mucho más pequeña de lo que es. Me mira con sus grandes ojos azules y, haciendo un puchero, me pregunta por mamá.
—No tardará… —digo mientras la tapo con la vieja y sucia manta que hay en el sofá—. Duerme un poco, el tete Oli te cuida.
Cierra los ojos y yo acaricio su largo pelo rubio. Me hago el valiente, pero estoy muerto de miedo. «Mami, ¿dónde estás?». Esa pregunta se repite una y otra vez en mi mente hasta que caigo yo también rendido junto a mi hermana.
Un nuevo día amanece y mamá sigue sin venir…
El miedo da paso a verdadero pánico. Ya no hay nada ni en la nevera ni en los armarios.
¿Qué le voy a dar a Stella cuando se despierte del maltrecho sofá?
Abro los ojos de golpe. Estoy en mi cómoda cama, en mi inmensa mansión del exclusivo barrio de Laurel Canyon, en Los Ángeles.
Me siento de un salto en la cama y me cojo la cabeza con ambas manos. Dios… de nuevo un sueño de mi maldita infancia.
Me levanto y voy a la cocina para servirme un vaso de agua.
Miro el reloj que hay en la pared: son las cinco y diez de la mañana.
Tengo una reunión de accionistas a las ocho y media. Ya sé que no me voy a volver a dormir.
Me meto en la ducha y, de nuevo y está vez despierto, una preciosa y angelical niña de tres años acude a mi mente… ¿Qué habrá sido de ti, Stella?
A las ocho ya estoy en mi despacho. Layra, mi eficiente y embarazadísima secretaria, me sirve un café.
—A las ocho y media llegarán los accionistas, señor Scott.
—Gracias, Layra.
La veo salir con su enorme barriga. Pronto tendré que buscarle una sustituta.
Sin embargo… La vida me depara una sorpresa, una sorpresa que pondrá mi vida del revés. Una sorpresa que hará que me cuestione muchas cosas… Demasiadas.
CAPÍTULO 1
—No necesitamos a nadie —dice sin levantar la cara de los informes que está leyendo la recepcionista a la que intento, sin éxito, dejarle mi currículum.
—¿Le importa que se lo deje por si acaso? —pregunto con educación.
—Haz lo que quieras —contesta sin mirarme ni una sola vez.
—Gracias. —Dejo el papel encima de la mesa, sabedora de que estará en la papelera un segundo después.
Salgo y no me siento los pies de todas las empresas que he pateado para dejar mi currículum. He recorrido media ciudad y me queda recorrer la otra media. Necesito encontrar trabajo ya.
Entro en una cafetería y pido un café con leche. Cojo el periódico del día y, ahí, en una de las secciones de economía, aparece mi hermano. Bueno…, el que era mi hermano antes de que a cada uno de los dos nos adoptaran por separado.
Sé de él porque es muy conocido en la ciudad. No solo es un verdadero rompecorazones, sino que, además, es el heredero de una de las mayores fortunas del país.
Suspiro resignada.
No lo veo desde que tenía tres años, pero tengo recuerdos sueltos de nuestra desdichada y corta vida en común.
Ambos fuimos a un orfanato al quitarle la custodia a nuestra madre biológica, pero yo fui adoptada antes que él. Sin embargo, nos mantuvieron a ambos nuestros nombres: Oliver y Stella.
Él es ahora Oliver Scott, hijo único del multimillonario magnate Eduard Scott.
Yo estoy muy feliz y adoro a mis padres adoptivos, pero son personas normales, de clase trabajadora. La carrera me la pude sacar a base de becas; sin embargo, él se ha formado en las mejores universidades del mundo.
Pago el café con leche y salgo de la cafetería dispuesta a seguir pateando empresas que necesiten secretarias, recepcionistas, lo que sea.
Salgo y camino unos pasos, cuando, de pronto, una idea se abre paso en mi mente.
¿Y si fuera a pedirle trabajo a mi hermano? ¿Se apiadaría de su pobre hermana necesitada de empleo?
Miro el reloj. Ya casi es mediodía.
Su empresa es muy importante y decido volver a mi pequeño apartamento para cambiarme de ropa.
Me pongo un elegante traje de chaqueta negro con una bonita blusa blanca. Me pongo tacones y ahora parezco una ejecutiva.
Decido gastar unos cuantos dólares en un taxi o no llegaré con estos zapatos.
Cuando estoy en la puerta del imponente edificio cojo aire mientras mi corazón comienza a latir más rápido de lo normal.
En recepción me dan una tarjeta que pone: «Visitante».
He mentido diciendo que tenía una reunión con el señor Scott.
Cuando subo a la última planta, una preciosa chica morena y con una gran barriga de embarazada me mira con curiosidad.
—Buenas tardes —dice con educación—. Soy la secretaría del señor Scott. Dicen en recepción que tiene una reunión con él, pero no me consta en la agenda.
—Buenas tardes. —Sonrío con vergüenza—. La verdad es que él no me espera…
Ella me dedica una mirada de fastidio, pero antes de que me eche, continúo la explicación.
—Verá… Él no me espera, pero yo soy Stella, su hermana.
Me mira como si estuviera viendo un fantasma.
—Es una larga historia… ¿Le puede decir que quiere verlo Stella Maxwell?
—Espere unos minutos —dice todavía en shock—. Está terminando una reunión con los accionistas.
Me ofrece uno de los cómodos sillones de piel blanca. Me siento y espero… El corazón no me late, cabalga, más bien dicho, en mi pecho.
Diez minutos más tarde varios hombres trajeados salen del despacho.
La secretaria, que me ha dicho que se llama Layra, entra en él.
Un segundo después me dice que entre.
Cuando me quiero levantar las piernas parecen de gelatina.
Me meto en su despacho y, de pie, al lado de su majestuosa mesa de madera maciza, me espera el hombre más guapo e imponente que he visto en mi vida; y resulta que es mi hermano mayor.
Se acerca mientras me mira fijamente a los ojos. Su felina mirada me atraviesa.
—Stella… —murmura como si no creyera lo que ve—. Cuánto tiempo.
—Hola, Oliver…
Me da un beso en la mejilla y lo que siento es de todo menos cariño fraternal… ¿Qué narices me está pasando?
—Toma asiento —dice mientras él se sienta en su sillón—. ¿A qué debo esta sorpresa?
—Lamento mi intromisión en tu trabajo. —La vergüenza es cada vez mayor—. Lo… lo… lo cierto es que he venido para pedirte un favor…
Mis palabras salen de forma atolondrada de mi boca. Él parece divertido con la situación y una leve sonrisa se le dibuja en su perfecta boca.
—¿Y en qué te puedo ayudar? —pregunta mientras clava sus ojos verdes en los míos.
—Resulta que estoy buscando trabajo. He estudiado administración y dirección de empresas, pero desde que terminé la carrera solo me han salido sustituciones, trabajos temporales y, en estos momentos, llevo más de dos meses sin trabajar, dejando mi currículum de una empresa a otra…
—¿Y por qué no has venido antes? —Parece contrariado—. Si sabías de mi existencia… ¿Por qué no viniste en cuanto terminaste la carrera?
—No quería molestarte… Pensaba que no te acordarías de mí —susurro mirando nerviosa mis manos.
Levanto la vista y ahí siguen sus penetrantes ojos verdes mirándome fijamente.
—Está bien —dice—. Mi secretaria en dos semanas coge la baja por maternidad, iba a coger alguna otra secretaria de algún departamento, pero… ¿Te ves capacitada para este puesto?
—¡Sí! —contesto llena de emoción—. ¡Lo estoy, puedes confiar en mí!
—De acuerdo, ahora le daré las instrucciones precisas a Layra. Ella te dirá qué debes hacer.
Lo veo levantarse de su sillón. Yo me levanto también.
—Debo seguir trabajando. Te espero en dos semanas, Stella. —Mi nombre en su boca suena sexi y bonito.
—Muchas gracias, Oliver —me despido—. No te fallaré.
Asiente sonriendo.
—Lo sé.
Abre la puerta y, tras explicarle a Layra la nueva situación, se mete de nuevo en su despacho.
Layra me manda a personal, debo de presentar la documentación necesaria y firmar el contrato.
Una vez entregados todos mis datos, salgo del enorme edificio.
Inspiro con fuerza.
Tengo trabajo, y de nuevo tengo un hermano.
Un hermano guapo a rabiar y muy poderoso.
Siento que mi vida va a cambiar…, pero nunca hubiera imaginado cuánto.
CAPÍTULO 2
CONOCIENDO A OLIVER
Tras la intensa reunión de accionistas. Layra llama a mi puerta. Entra y parece nerviosa y contrariada.
—Verá, señor Scott… —parece nerviosa—. Ha llegado una chica que dice ser su hermana. Se llama Stella.
De pronto los fantasmas del pasado aparecen de nuevo. ¿Mi hermana? ¿Stella está en mi empresa?
—Dile que pase —afirmo con rotundidad.
Ella asiente y sale del despacho diligente.
La espero junto a mi mesa, nervioso, muy nervioso y yo nunca me pongo nervioso.
Entonces la puerta se abre, y ella aparece ante mis ojos.
El ser más precioso y angelical que he visto en mi vida.
Unos ojos claros y avergonzados se encuentran con los míos. Entonces los recuerdo bien… Esa pequeña y frágil niña que me miraba con unos enormes ojos azules.
De nuevo me siento vulnerable, como ese niño de seis años. Intento mantener la compostura.
Se sienta y, cuánto más la miro, más atracción siento por ella.
Joder. Es tu hermana. Freno en seco mis díscolos pensamientos, alarmado por la dirección que están tomando. Pero ¿qué coño estás pensando, Scott?
Me cuenta que necesita trabajo, y la verdad es que yo voy a necesitar una nueva secretaria en cuanto Layra se vaya.
Le ofrezco el puesto, y ella acepta encantada.
Cuando la despido en la puerta de mi despacho. Nuestras miradas se vuelven a cruzar. Esas miradas, por Dios…
—Nos vemos en dos semanas —le digo a modo de despedida.
—Nos vemos, Oliver —susurra en respuesta.
Oírla llamarme así me agita, me incita… ¿Qué coño me está pasando?
Intento seguir con los informes que esperan mi visto bueno, pero no me puedo concentrar. No puedo sacarla de mi cabeza y eso empieza a irritarme de verdad.
Llamo a Layra y le digo que pida el teléfono de Stella en personal, quiero tenerlo por si tengo que hablar con ella.
Me lo da y me lo memorizo en el mío.
Abro el WhatsApp y, al actualizarlo, ahí aparece su número junto a su foto de perfil. Está en la playa, en la orilla, de espaldas mirando el mar. Lleva un diminuto bikini negro. Su cuerpo hace que mi polla responda agitándose de nuevo.
Salgo de la aplicación molesto conmigo mismo, enfadado conmigo y con el mundo entero por estos sentimientos que comienzo a sentir. Vuelvo al trabajo, obligándome a rendir de una puñetera vez.
Los días van pasando y se entremezclan los unos con los otros. Apenas faltan tres días para que Stella ocupe su nuevo puesto de trabajo. Conmigo. En mi empresa.
Cojo el móvil y, sin pensarlo mucho, le mando un mensaje.
«Hola, Stella.
Este es mi teléfono personal, el número de empresa te lo daré en cuanto te incorpores a tu puesto de trabajo. Si necesitas algo, házmelo saber. Un abrazo».
Lo envío antes de que me arrepienta.
Tres días, tres putos y largos días hasta poder tenerla al otro lado de la puerta. Viéndola todos los días.
Es jueves por la tarde. Hace dos semanas que no follo con ninguna de la amplia lista de amigas con derecho a roce que tengo.
Decido llamar a Linda. Ella siempre está dispuesta y disponible para mí.
Es insaciable en la cama y un prodigio haciendo mamadas. Y eso es justo lo qué necesito ahora.
Quedamos el sábado para cenar, para cenar primero y luego follar hasta que me deje seco.
Solo así el lunes no se me caerá la puta baba con esa preciosa mujer, que para más inri resulta ser mi hermana…
Mi jodidamente sexi, espectacular y tímida hermana.
Esa hermana a la que no puedo ni debo desear…
CAPÍTULO 3
Mis maravillosos padres dan saltos de emoción cuando les cuento que ya tengo trabajo. Han tenido que ayudarme con el alquiler de mi pequeño apartamento durante un par de meses. Les cuento que voy a trabajar con mi hermano biológico, se quedan un poco perplejos, pero les parece muy buena idea.
Al fin y al cabo, de algo tiene que valerme el tener un hermano de sangre extraordinariamente rico y poderoso.
Mi madre me presta, bueno, mejor dicho, me da trescientos dólares para que renueve mi vestuario. Siempre voy con vaqueros y ropa cómoda, y he visto cómo van vestidos todos los empleados en Scott&Company, definitivamente, solo mi traje chaqueta negro da la talla para un sitio así.
Voy de compras y, tengo la suerte de encontrar una pequeña boutique que, por cierre del negocio, tiene todo a mitad de precio.
Me compro dos faldas de tubo, una gris y una negra, dos camisas con un generoso escote, un par de zapatos de tacón y un vestido negro. Con eso tengo para tirar un tiempo.
Estoy en casa, haciendo limpieza general, ya que cuando empiece a trabajar, no tendré mucho tiempo libre…ni ganas de hacerlo tampoco.
Me entra un WhatsApp y cojo el móvil, casi se me cae al suelo al ver quién lo envía.
Es un mensaje de Oliver. Me da su número personal por si necesito algo. Lo memorizo y aparece su foto de perfil. Tengo un micro infarto al verlo.
Se encuentra tumbado en una blanca hamaca en alguna playa paradisíaca. Su torso luce bronceado y musculoso, sonríe a la cámara vestido con un bonito bañador azul turquesa.
Miro detenidamente la foto. Parece feliz y relajado… Seguro que estará con alguna de sus numerosas novias o amantes.
Leo una vez más su mensaje.
Tecleo entre nerviosa y emocionada.
«Hola, Oliver.
Ya te tengo memorizado, muchas gracias por todo. Estoy deseando de empezar a trabajar. Nos vemos en unos días. Un abrazo muy fuerte».
Le doy a enviar y mi corazón se acelera en cuanto me sale que ya lo ha leído.
El fin de semana pasa volando. Ha llegado el lunes, el día de mi incorporación. Estoy tan nerviosa que apenas he podido dormir unas pocas horas.
Me levanto y voy a la ducha, quiero estar perfecta para mi primer día en la oficina. Me ducho, me hago la manicura, me seco el pelo con esmero y me maquillo discretamente. Estoy perfecta.
Me decido por la falda de tubo gris con la blusa negra. Tiene un escote que, unido a mi pecho prominente, llama bastante la atención… No sé si será adecuado, pero luego pienso en Oliver y sonrío. Sin ninguna duda, sí lo es…
Una vez en el imponente edificio me dan mi pase de trabajadora. Cuando estoy sentada en mi mesa. Todavía no son ni las ocho.
Layra me ha dejado todas las instrucciones por escrito. Debe de ser una secretaria muy eficaz visto lo bien que lo lleva todo. Espero estar a la altura.
Enciendo el ordenador y configuro mi cuenta personal. Me concentro en leer todos los correos que me ha dejado Layra, cuando algo capta mi atención.
Alzo la vista y quedo atrapada en la preciosa mirada de unos ojos verde esmeralda. Delante de mí. Vestido con un impoluto traje azul marino está Oliver, me mira a los ojos, pero luego su mirada desciende hasta llegar a mis pechos.
—Buenos días, Stella.
—Buenos días, Oliver.
Sus labios esbozan una sonrisa.
—¿Preparada para la guerra? —pregunta.
—Eso espero —suelto una risita.
—Cualquier cosa, estoy en mi despacho —dice mientras se mete en él.
Me pongo a clasificar toda la documentación que va entrando.
