Erhalten Sie Zugang zu diesem und mehr als 300000 Büchern ab EUR 5,99 monatlich.
La magia existe, pero como nos hemos vuelto tan racionales y desconectados de la naturaleza, que es donde habita, a veces solo podemos verla a través de la fantasía que proporciona este género fantástico que con acierto Javier Barraca ha elegido para enmarcar una reflexión maravillosa acerca de los valores, la sensibilidad, la sostenibilidad, la necesidad de colaborar, la confianza y un innombrable número de cuestiones fundamentales para el ser humano. Este es un libro que sin duda puede leer cualquier joven, pero que debería leer cualquier persona de cualquier edad, porque todos albergamos un niño dentro que seguramente disfrutará y entenderá mucho mejor que nuestra parte adulta el tesoro que contiene este maravilloso libro.
Sie lesen das E-Book in den Legimi-Apps auf:
Seitenzahl: 114
Veröffentlichungsjahr: 2024
Das E-Book (TTS) können Sie hören im Abo „Legimi Premium” in Legimi-Apps auf:
Título original: Diario de una arborícola
El viaje a la belleza de un bosque planetario que cultiva la admiración a la naturaleza y la paz
Primera edición: Diciembre 2024
© 2024 Editorial Kolima, Madrid
www.editorialkolima.com
Autor: Javier Barraca Mairal
Dirección editorial: Marta Prieto Asirón
Maquetación de cubierta: David Visea
Maquetación: Carolina Hernández Alarcón
Imágenes: Shutterstock AI
ISBN: 978-84-10209-45-9
Producción del ePub: booqlab
No se permite la reproducción total o parcial de esta obra, ni su incorporación a un sistema informático, ni su transmisión en cualquier forma o por cualquier medio, sea este electrónico, mecánico, por fotocopia, por grabación u otros métodos, el alquiler o cualquier otra forma de cesión de la obra sin la autorización previa y por escrito de los titulares de propiedad intelectual.
Cualquier forma de reproducción, distribución, comunicación pública o transformación de esta obra solo puede ser realizada con la autorización de sus titulares, salvo excepción prevista por la ley. Diríjase a CEDRO (Centro Español de Derechos Reprográficos) si necesita fotocopiar o escanear algún fragmento de esta obra (www.conlicencia.com; 91 702 19 70 / 93 272 04 45).
El autor y la Editorial Kolima expresan
su gratitud a DB SCHENKER por el
patrocinio de esta obra.
Gracias al autor Javier Barraca y a la
Editorial Kolima por darnos la oportunidad de
colaborar con la publicación y difusión de esta
obra que, de forma novelada, nos habla del amor
a la naturaleza, la búsqueda de la paz y el valor
de la diversidad.
Ojalá cada día nos vayamos pareciendo un poco
más a este mundo fantástico en el que nos vemos
envueltos, de forma magistral, en cada una de las
páginas de este libro.
Manuel Asensio
Director de People & Organization,
DB SCHENKER
A Maite, Javier y Diego, con el deseo de que
nunca se borre de su corazón el recuerdo
de los bellos senderos que recorrió,
siempre alegre y agradecido,
nuestro familiar cuarteto.
Toda mi gratitud para J. L. Fernández,
director de la cátedra más necesaria:
la de la amistad.
«Hay quien cruza el bosque y solo ve leña
para el fuego».
TOLSTOI
«Si nos acercamos a la naturaleza y al
ambiente sin esta apertura al estupor y a la
maravilla, si ya no hablamos el lenguaje de la
fraternidad y de la belleza en nuestra relación
con el mundo, nuestras actitudes serán las
del dominador, del consumidor o del mero
explotador de recursos, incapaz de poner un
límite a sus intereses inmediatos».
PAPA FRANCISCO
Prólogo
Una amiga transparente
Acostumbrarse a alguien único
Juegos intangibles
Diario arborícola
Adivinar árboles
Eu
Deforestación
Amenazas del pueblo pirómano
Disputas en la selva y el claro
Un poco de filosofía arborícola sobre la belleza
Al encuentro de nuestras raíces
Una peculiar selección de animales y plantas
La lluvia da de beber al bosque
Despedida antes de una exploración
Ardillas humanas
El cazador cazado
Hablar con tu adversario
La curiosidad habita el bosque
Belleza entre los árboles
Insidia nocturna
Secretos en las ramas
Dejar atrás tu medioambiente
Un territorio receloso
Compromiso por Eu
Simbiosis
Adiós desde una copa
Epílogo. Agradecimiento por el árbol
Parece el género fantástico una categoría confinada exclusivamente a distraer la mente, a entretener, sobre todo a los más jóvenes, o a los no tan jóvenes que buscan lecturas que los ayuden a evadirse de sus quehaceres cotidianos. Sin embargo, la literatura fantástica, a mi entender, arroja oportunidades increíbles para reflexionar sobre asuntos espinosos que, en muchas ocasiones, por su propia naturaleza, no apetece abordar. El poder hacerlo a través de un formato ligero, atractivo y sugerente invita a sumergirse en muchas de las grandes cuestiones filosóficas o prácticas que retan al ser humano de nuestro tiempo.
Sin duda, el tema medioambiental supone el dilema más formidable al que se enfrenta la especie humana en nuestra era. Pero tanto se habla de ello en muchos sentidos y tan complejo parece que se ha constituido en un asunto que no muchos están dispuestos a afrontar. Sin embargo, creo que es cuestión de todos y cada uno de nosotros el desarrollar la sensibilidad necesaria acerca de la importancia que tiene nuestra forma de estar en el mundo para, a partir de ahí, desde nuestro comportamiento individual, poder contribuir de verdad a la solución de este gran reto.
Animada por mi pasión por los viajes y por el interés que tenemos todos en la familia por la naturaleza, este verano decidimos viajar al corazón del planeta, a la selva amazónica. Queríamos ver de primera mano si todo lo que se cuenta acerca de la deforestación y los incendios es real, así como entender mejor las vías posibles para la conciliación necesaria entre un progreso sostenible y la preservación de la naturaleza en un escenario tan vital para la supervivencia del planeta. Fue una experiencia alucinante. Poder sumergirse, no solo en las increíbles aguas del fascinante río Negro, sino también en la frondosa vegetación de la jungla tropical más grande del mundo para sentir in situ el grito de la madre naturaleza es una experiencia que los que tuvimos el privilegio de disfrutar llevaremos toda nuestra vida en el corazón. Siempre me han fascinado los grandes árboles, y en un escenario tan apropiado, entre ejemplares gigantescos, pude escuchar el zumbido eléctrico de su energía y mi alma no pudo sino invocar una petición para que me sugirieran una forma concreta de poder colaborar con mi granito de arena a que las cosas mejoren.
En estas estábamos cuando recibí en mi correo un manuscrito de Javier Barraca, el autor de este libro. Todos los días me envían libros para publicar y es cuestión ardua el poder procesarlos y dar una respuesta en tiempo y forma a los autores de los mismos. El que mandó Javier me llamó la atención por su título y también porque Javier es miembro de la Cátedra de Ética Empresarial de Icade, con la que Editorial Kolima tiene un acuerdo para promover valores y el humanismo. Ambas razones fueron suficientes para animarme a abrir el archivo que adjuntaba en su correo y echarle un vistazo en diagonal para ver de qué trataba la propuesta literaria.
Mi mirada se detuvo casi al instante en una palabra mágica: «Amazonas». No todos los días, por no decir nunca, recibo libros relacionados con este enclave geográfico, y encontrándome yo ahí, y muy receptiva y sensibilizada por el tema, mi respuesta fue inmediata: «Estoy aquí, ¡estoy en la selva del Amazonas!, y he recibido tu libro».
Dedico tanto esfuerzo en horas y capital a cada uno de los libros que selecciono, que el primer paso es que me enamore del proyecto, pues una vez que lo cojo mi compromiso con él es total. Javier, que es un gran escritor, viendo mi receptividad, y ya en Madrid, me propuso otros libros que tenía escritos, a su entender seguramente más comerciales e incluso más en línea con mi catálogo. Pero yo ya había sentido la llamada del Amazonas, de los árboles y de los seres mágicos que pueblan el relato de este libro.
La magia existe, pero como nos hemos vuelto tan racionales y desconectados de la naturaleza, que es donde habita, a veces solo podemos verla a través de la fantasía que proporciona este género fantástico que con acierto Javier Barraca ha elegido para enmarcar una reflexión maravillosa acerca de los valores, la sensibilidad, la sostenibilidad, la necesidad de colaborar, la confianza y un incontable número de cuestiones fundamentales para el ser humano. Sin duda se ha divertido mucho escribiéndolo, como lo he hecho yo revisándolo y diseñando las ilustraciones para el mismo.
Este es un libro que puede leer cualquier joven, y por eso lo hemos editado con mucho cariño, pero que creo que debería leer cualquier persona de cualquier edad, porque todos albergamos un niño dentro que seguramente disfrutará y entenderá mucho mejor que nuestra parte adulta el tesoro que contiene este maravilloso libro.
Espero que os guste, porque a mí me cautivó desde que lo leí.
Marta Prieto Asirón
Editora
No es humana. De hecho se trata de la criatura más rara que conozco. Pero al mismo tiempo constituye a mis ojos una amiga verdaderamente especial, un ser precioso e inimitable.
Es, al igual que yo, una persona, a pesar de que no compartimos la misma naturaleza. La suya resulta desconcertante y enigmática, incluso asombrosa, tal como va a mostrar este relato. Aunque, bien pensado, creo que no hay una sola persona que no sea especial y sorprendente en cierto sentido, ya que cualquiera de ellas de algún modo constituye alguien irrepetible. Al menos así lo descubrimos cuando las sabemos apreciar desde lo más profundo, como me pasa a mí con mi amiga.
Ia –este es su nombre, que une sencillamente dos vocales, una «i» con una «a»– rompe con descaro todos los moldes. ¿O acaso conoces tú a alguien que no pese absolutamente nada, pero nada de nada, y que, cuando pisa la arena y el barro, jamás deje huella alguna? Pues a ella le ocurre todo esto, e incluso mucho más. Hasta le sucede que el agua no consigue mojarla en lo más mínimo ni el fuego quemarla. Siempre que quiere se hace transparente, de manera que tu mirada la atraviesa sin lograr verla; como, por ejemplo, si te enfadas con ella o está avergonzada, y cuando juega a desaparecer y desea que no la descubras.
Mi amiga, como yo misma –como en el fondo toda persona–, es absolutamente única, y tan diferente o singular que no hay otra que se le pueda comparar. Por eso, el mero hecho de estar en su compañía, de tenerla cerca, me ayuda a recordar que no existen dos sujetos exactamente idénticos, pues cada cual es distinto. Aunque, entonces, ¿cómo he logrado acostumbrarme a la amistad de una criatura tan extraña y en muchos aspectos casi opuesta a mi propia forma de ser?
Quizás fue a causa de la naturaleza boscosa de nuestra tierra. Pero, al principio, las apariciones de Ia no me alarmaron en absoluto. En un bosque sueles encontrarte a cada recodo seres antes inadvertidos, sombras deslizantes, sonidos imprevistos, latidos ocultos… Esto sucede en particular cuando sobre ti cae la tarde o se alza la aurora, pues la tenue luminosidad de estas lo reviste todo en la floresta de un halo evanescente.
Así, la costumbre de quien habita en las selvas, como es mi caso, de convivir desde siempre con criaturas casi invisibles, me impidió advertir la creciente presencia de Ia a mi vera. No noté su obsesión por frecuentarme más y más cada día. Luego, con el tiempo, se multiplicaron y prolongaron sus peculiares y amenas visitas, que nos convirtieron en inseparables. Hoy estoy del todo habituada y hasta pienso que hemos conformado una verdadera unión, aunque parezca algo extravagante. Somos un dúo de amigas excéntrico, un binomio en cierto modo mestizo, ya que lo integramos seres muy diferentes, pero a la par muy fecundo y original.
Ella no es material, sino de aire y de luz. Tal vez por eso no se cansa jamás de jugar con cuanto se encuentra, y sobre todo conmigo. Actúa como si también tuviera un cuerpo sólido, y le encanta aparentar que siente lo mismo que yo a este respecto. Está hecha de brisa y viento, de destellos y fulgor. Pero finge tocar las cosas con unos finos dedos de carne, iguales a los míos. Cuando me observa palpar los objetos, o acariciarlos, me imita enseguida, aunque sabe que sus manos son solo imaginarias y transparentes.
Mientras obra de este para mí inútil modo se le dibuja en el rostro una mueca de honda complacencia, que se esfuerza en exagerar, a fin de atraer mi atención. A veces se muestra incluso más atrevida, y posa con fuerza y rotundidad su femenina y hermosísima figura, dorada y liviana, sobre el suelo. De esta manera camina un rato a mi lado, como si se tratara de mi sombra, emulando cada uno de mis gestos y movimientos. Pasea en mi compañía, dando pisadas enérgicas y decididas, en un extraño desfile.
Todo lo anterior tiene lugar infructuosamente, en una pura imitación de las maneras y los comportamientos humanos. Se trata solo en realidad de una simple e inútil representación, de una actuación más bien teatral, por completo fingida, al menos para nuestros sentidos. Esto con excepción de la vista, ya que es posible distinguir su encantadora silueta, aunque ella misma no resulta perceptible, sin embargo, a través del olor, el oído, el gusto o sensación táctil alguna. Así, sus vanos contactos, fuera de esto, no constituyen nada más que figuraciones. Se trata de un sencillo juego, como si un niño aparentase en su actuación ser alguien maduro, interpretando una comedia en la que copia al adulto. Ella, entre tanto, pretende gozar inmensamente al representar su papel, cual arrastrada por un desesperado deseo de tornarse material y corpórea.
Para no avergonzarla en exceso, yo, aunque me inspira risa, apenas la descubro imitándome cierro respetuosa la boca y hago como si no me afectara. A menudo me muerdo los labios, a fin de no carcajearme sin remedio. Después de todo, su comportamiento no tiene efecto alguno físico en mí, más allá de lo visual, y estoy acostumbrada a sus devaneos. Tras unos momentos, ella cesa en su actitud imitativa y suele elevarse jubilosa cual el viento sobre mí. Sonriente, permanece así ciertos segundos, al modo de quien ha cometido una secreta travesura, para luego esfumarse y desaparecer.
