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Un mapa espiritual para reconectar con tu poder interior y tu identidad sagrada. Este libro es una invitación a redescubrir la conexión profunda entre la naturaleza, la espiritualidad, la autoestima y el poder femenino. Con bellísimas ilustraciones de Carmen Seijas, Cristina Romero nos guía en un viaje interior hacia la reconexión con lo sagrado, aquello que muchas mujeres hemos olvidado bajo las capas de condicionamientos sociales y patriarcales. A través de reflexiones íntimas y poéticas, el libro nos recuerda nuestra esencia divina, inspirándose en antiguas sabidurías como el Devi-Mahatmya, que nos enseña que todas somos parte de la Gran Diosa. Dejemos atrás las etiquetas de «niñas buenas» o «niñas malas», y abracemos la verdad de quienes somos: seres poderosos, libres y profundamente conectados con lo divino. DESPIERTA A LA DIOSA QUE HAY EN TI.
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Seitenzahl: 292
Veröffentlichungsjahr: 2025
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Índice
PORTADILLA
¡Bienvenida!
Primer parte
1. Devolverte las cinco energías que son tuyas
2. El sagrado viaje de tu alma. Quién eres y a qué viniste a esta existencia
3. Honrar tu naturaleza cíclica. Eres parte, estás unida al cosmos entero
Segunda parte
4. Los rituales
Tercera parte
5. Rescatar a la diosa a través de las huellas del pasado
6. Los aspectos de la Diosa
Epílogo
Lecturas citadas
© del texto: Cristina Romero Miralles, 2025.
© de las ilustraciones: Carmen Seijas, 2025.
© de esta edición: RBA Libros y Publicaciones, S. L. U., 2025.
Avda. Diagonal, 189 - 08018 Barcelona.
rbalibros.com
Primera edición: febrero de 2025.
OBDO441
ISBN: 978-84-9118-331-0
Composición digital: www.acatia.es
Queda rigurosamente prohibida sin autorización por escrito del editor cualquier forma de reproducción, distribución, comunicación pública o transformación de esta obra, que será sometida a las sanciones establecidas por la ley. Pueden dirigirse a Cedro (Centro Español de Derechos Reprográficos, www.cedro.org) si necesitan fotocopiar o escanear algún fragmento de esta obra (www.conlicencia.com; 91 702 19 70 / 93 272 04 47). Todos los derechos reservados.
Una lleva toda una vida sintiéndose pequeña, insignificante, defectuosa, insuficiente... Y la idea de ser una diosa le queda como grande, ¡muy grande!, como un vestido al que vemos como un disfraz que nunca nos pondríamos.
¿Yo, diosa? Me parece oírte desde lejos mientras acaricias con tus dedos el lomo de este bello libro.
Te entiendo. Yo también estuve ahí.
A mí también me parecía pretenciosa e irreverente la idea de «ir de diosa por la vida». Nada más alejado de la espiritualidad para niñas buenas que aprendimos en nuestro mundo.
«¿Qué clase de espiritualidad es esa de “rescatar a la diosa que hay en ti”? Necesito saber de qué va este libro antes de comprarlo».
Este es un libro sobre espiritualidad, naturaleza, autoestima y poder femenino. Cuatro dimensiones que por largo tiempo estuvieron separadas, y ha llegado el momento de volver a unirlas.
«Todas y cada una de las mujeres en los diversos mundos son partes de la Gran Diosa», dice el antiguo texto hindú DeviMahatmya.
No es fácil verse reflejada y reconocerse como hija de lo sagrado en la visión espiritual patriarcal que nos han vendido desde niñas...
Las mujeres y las niñas somos poderosas y sagradas pero, por haber crecido en esta sociedad y en esta cultura, muchas lo habíamos olvidado... Sin embargo, juntas podemos recordarlo. De eso va este libro. Es una especie de «manual de regreso a la diosa que eres y siempre has sido, para exniñas buenas y exniñas malas».
¿Qué ocurre en tu interior si te digo que eres una hija de la divinidad nacida como mujer humana?
La idea de que tú eres parte de la naturaleza, del cosmos y de la Gran Diosa es el hilo que teje cada una de las siguientes páginas.
¿Y si la divinidad fuese una Gran Madre cósmica, una gran Diosa Madre y no solamente un Gran Padre tal y como nos contaron? ¿Y si la energía masculina y la femenina formaran parte danzante de la divinidad? ¿Y si las religiones y las distintas culturas patriarcales que se han ido sucediendo a lo largo de la historia se hubieran ocupado concienzudamente de borrar la huella de la poderosa dimensión femenina de lo sagrado?
¿Y si todas y cada una de las antiguas representaciones de la Diosa, a lo largo de las distintas culturas, en todos los confines de la Tierra (y que veremos en la segunda mitad del libro) nos estuvieran revelando las distintas manifestaciones, dimensiones o energías de la misma divinidad?
¿Y si del mismo modo que vemos diferentes representaciones de María, la madre de Jesús, y sabemos que todas ellas hacen referencia a una sola mujer, las distintas representaciones de la Diosa en las diferentes culturas nos estuvieran contando distintas formas de mirar y entender a una sola diosa, como si cada diosa nos permitiera acceder a la comprensión de expresiones a veces aparentemente contradictorias, que coexisten tanto en la divinidad como en ti y en mí?
¿Y si al fin nos reconociéramos, con dicha y con gozo, en esas partes largo tiempo negadas y olvidadas, maltrechas y desprestigiadas por nuestra sociedad?
¿Qué ocurre con tu ira y con tu sexualidad? ¿Es necesario seguir rechazando y negando esas dimensiones de ti misma para ser merecedora del amor de lo sagrado? ¿O es más bien que este mundo en el que creciste no entiende esas dimensiones sagradas de lo femenino? ¿Y si es la divinidad quien ha colocado tu bendita y sagrada ira y tu bendita y sagrada sexualidad en ti para que las entiendas y las honres como merecen y mereces, a pesar de que esta cultura te ha hecho creer lo contrario?
¿Y si hubieras venido a este mundo a recordar a la diosa llena de ricos matices que habita en ti?
¿Y si estuvieras en esta vida para aprender a abrazarte entera, como ya te abraza la vida, sin dejar nada de ti fuera de ese abrazo?
¿Y si a esta existencia no hubieras venido a mejorar nada, absolutamente nada de ti, sino más bien a poner más amor en circulación por la criatura hermosa que ya eres?
¿Y si lo único que necesitaras cambiar fuese tu forma de mirarte y de mirar la vida?
Este libro es una invitación a reconectar y a recordar tu verdad más sagrada, un viaje para despertar tu conexión con lo sagrado que hay en ti.
Este es un libro oráculo, un libro medicina, un libro portal, un libro de esos que te tiende la mano a través de sus poderosas ilustraciones y palabras para que, si así lo eliges, tú misma puedas cruzar al otro lado del espejo y te abras al fin a todas las maravillas que te están esperando, despertando tu intuición, la conexión con la vida y tu poder. Esos legados que, por crecer en una sociedad alejada de la naturaleza y de nuestra verdad más sagrada, quedaron latentes y dormidos, y esperan que los invoques y los reclames. Son tuyos. Eres una hija legítima y sagrada de la vida.
Permite que Carmen Seijas y yo te llevemos de la mano suavemente, descalzas, desnudas, en este viaje. Ahora ya puedo contarte que las tres mujeres de la portada somos nosotras...
Puedo imaginarte leyendo estas palabras y gozando de las maravillosas ilustraciones de la gran Carmen Seijas, de las que me enamoré al instante y que deseo que a ti también te gusten. Las dos estamos alineadas para devolverle a tu psique (cuerpo, mente, emociones, energía y espíritu) el recuerdo de quién eres verdaderamente y cuál es tu poder. Cada una te hablará desde su lenguaje. Y sé que tu alma sabrá tomar lo que necesite de este maravilloso libro objeto.
Verás que, para referirme a la divinidad, utilizo diversos nombres, como lo sagrado, Dios o la vida.
Antes de sumergirte completamente en este libro, te quiero avisar de que dentro te encontrarás con una lluvia fina.
A veces necesitamos escuchar o leer algo muchas veces para dejar que esa nueva información nos vaya calando en la piel y en los huesos, como una lluvia suave, capaz de llegar, lenta pero precisa como una cirugía, a los lugares que necesitan ser tocados.
Muchas partes de nosotras necesitan ser tocadas con amor donde en otro tiempo fueron tocadas con dolor.
Así que algunas ideas te las voy a susurrar al oído una sola vez, pero otras estarán presentes como una lluvia fina desde ahora y hasta el último punto. Siéntete libre para tomar de este libro todo aquello que anhelabas recordar (recordar viene de re-cordare y significa «volver a pasar por el corazón»), y también libre para no tomar aquello que ahora mismo no necesites.
Es mi propósito que puedas tomar justo aquellas palabras e imágenes medicina que habías olvidado. Ojalá vuelvan a ser tuyas hasta tu último aliento en esta Tierra.
¡Bienvenida seas, mujer hermosa! ¡Somos granDiosas! ¡Somos maraviDiosas! Juntas vamos a recordarlo.
CRISTINA ROMERO
Voy a empezar hablándote de cinco energías que habitan en ti. Es probable que nadie te haya hablado de ellas.
En algunas me extenderé más que en otras, especialmente en las que considero que tenemos más escondidas y menos activas. Son energías que están en todo ser humano, no solo en las mujeres. Lo que ocurre es que a nosotras nos hacen creer desde muy niñas que solo hemos venido a activar dos de ellas, y no sabemos que nacimos para despertarlas todas.
¡Por la Diosa! ¡Qué complicada es la existencia hasta que sabemos que nos pertenecen las cinco!
Cuando somos niñas, nos hablan de dos de estas energías y crecemos creyendo que son las únicas a las que tenemos acceso. Es como cuando ni te planteas que haya vida más allá de los muros que conoces.
Creces y te desarrollas como puedes, en desequilibrio, como si le faltara algo a tu vida, pero sin saber dónde está el problema, o, aun peor..., creyendo que el problema está en ti.
Pero no es así. Lo que vengo a contarte es que estas cinco energías necesitan estar activas y disponibles para que puedas usarlas y expresarlas cuando lo necesites, en distintos momentos de tu vida. Estas energías no se pierden ni se destruyen, aunque te hayas pasado toda la vida sin saber que estaban disponibles para ti. Son como músculos que se atrofian por no usarlos pero, en cuanto empiezas a activarlos, se tonifican y recuperan todo su potencial. Todas estas energías se entrenan, se activan con la práctica, especialmente las tres últimas, que son las que la sociedad en la que creciste no te permitió desarrollar.
Como verás, las dos primeras energías están aceptadas socialmente. Pero te las mostraron desde un lugar sesgado, parcial, incompleto. En estas páginas, las abordaremos desde todo su verdadero potencial. Asimismo, nos adentraremos en las otras tres, que también son tuyas y quizá ni siquiera sabías que estaban ahí dentro, esperando anhelantes a que las despertaras... De eso va este libro, de activar estas cinco energías y no solo dos. Todas las dimensiones de la diosa que eres.
Hasta que no las conocemos y las activamos, caminamos como cojas por la vida, como si nos faltara algo, como si no estuviéramos usando todas las llaves que nos fueron entregadas por lo sagrado.
Y no las usábamos porque no sabíamos que existían, que eran nuestras, porque nadie nos dio el permiso. Pero al cielo se llega por asalto. No necesitas que nadie te dé acceso. Así que escúchame bien, porque estas cinco energías son tuyas, te esperan, y lo sagrado aguanta la respiración anhelando que al fin actives todo lo que es tuyo.
Esta es una parte de ti aceptada por el mundo en el que creciste. La sociedad te cuenta desde muy pequeña que esa es una energía disponible para ti. Es como si te dieran acceso a ese código, a esa llave. En cierta forma, te dicen: «Esta energía te pertenece. Es importante que seas amiga, que cuides de los demás, que tengas en cuenta sus necesidades y fortalezcas tus lazos con las personas a las que cuides».
Pero también te dicen otras cosas, como: «Para lograrlo sé amable; sé buena; cae bien; huye del conflicto y, si no puedes, elige violentarte a ti misma; no seas incómoda; no molestes; no pidas demasiado; no seas egoísta; pide siempre permiso y perdón, por todo».
Esta energía es muy compatible con la dolorosa etiqueta de «niña buena». De ella hablaremos en profundidad en este libro para sacudirnos de nuestros hombros esa pesada y limitante prisión que tanto nos ha alejado de ser verdaderas y auténticas, de ser nosotras mismas y tener en cuenta nuestras necesidades. ¡Y no solo las de las demás personas!
Desde muy pequeñas, se nos enseña a ser complacientes, pero eso nos deja atrapadas en un personaje que construimos para poder ser amadas. Un personaje que no somos nosotras mismas.
Ser complaciente es como ocultarte para siempre y no dejar que los demás te conozcan y te vean realmente.
La energía Amiga es valorada, reconocida, bien vista y está permitida en nuestra sociedad. Especialmente porque pone el acento en el cuidado de los demás, en tenerlos muy en cuenta. Pero nadie te cuenta lo importante que es aprender a ser «tu mejor amiga».
El gran potencial de esta energía no consiste únicamente en crecer en amor a través de tus vínculos de amistad, sino también en ser capaz de convertirte en una persona amorosa contigo misma, aprendiendo a tratarte a ti misma como te trataría una amiga que te ama, te cuida, te anima y te regala palabras de aliento justo cuando más lo necesitas.
Necesitamos aprender a estar a nuestro lado, con una mirada tierna y dulce, con palabras empáticas, justamente cuando menos cumplamos nuestras propias expectativas o las ajenas.
De niñas aprendimos en nuestra propia piel que, cuando no cumplíamos con lo que otras personas, como mamá o papá, esperaban de nosotras, nos retiraban su amor, su mirada. Nos criticaban con dureza y severidad. De alguna forma, nos daban la espalda cuando más los necesitábamos a nuestro lado, cuando lo que esperábamos era que nos dieran la mano y creyeran en nosotras.
Y esa dolorosa forma de descuido es la que hemos incorporado en nuestro trato hacia nosotras mismas. Ahora, cuando no cumplimos con toda la lista de objetivos, nos machacamos con dureza, como otros hicieron en otro tiempo con nosotras. Aprendimos a fijarnos, a poner el foco, en lo que falta, en lo que no hemos hecho, donde nos caímos y no cumplimos con nuestras expectativas...
Pero qué valioso es conectar con la energía amiga de nosotras mismas y dejar de juzgarnos con tanta dureza y falta de empatía... Todas hacemos lo que podemos. Nadie nace enseñado ni aprendido. Damos siempre la respuesta que nos es posible en cada instante, según la energía disponible, con los recursos que tenemos en ese momento y con los viejos recuerdos dolorosos que aún siguen sangrando en nuestro interior.
Todas estamos aprendiendo a poner más amor en circulación, especialmente hacia nosotras mismas. Y la vida nos ama sin esperar nada de nosotras. Lo hace y punto, sin condiciones, sin expectativas.
Hemos venido a esta existencia a aprender a mirarnos con el mismo gran amor sin condiciones con el que ya nos mira la vida. La vida no pretende que en tu camino no haya supuestos errores y equivocaciones. Y digo supuestos porque esta cultura identifica como errores a partes necesarias y esenciales del aprendizaje. La vida sabe que los benditos errores están incluidos en tu vivencia humana.
La vida ya sabe que vas a liarla, muchas veces, todas las que haga falta. Esos supuestos errores son sagrados, forman parte de lo que venimos a experimentar en esta existencia. Son grandes oportunidades para aprender, pero especialmente para poner más amor en circulación.
No hemos venido a no cometer errores. Hemos venido a aprender a poner más amor en circulación hacia nosotras mismas. Y el error es justamente la mejor oportunidad para ello. Cuando todo parece un caos o todo se desmorona a nuestro alrededor, entonces la vida nos pregunta: «¿Qué eliges? ¿Darte la espalda o abrazarte entera? Yo te abrazo. ¿Te atreves a hacerlo tú también?». Es ahí, justo cuando «rompemos» algo, cuando tenemos la opción de gritarnos a nosotras mismas como otros hicieron mientras éramos niñas, o cuando podemos pronunciar palabras dulces y tiernas que nos reconforten.
Así que dejemos de criticarnos y de ser nuestras peores enemigas. Aprendamos a ser las mejores amigas de la mujer maravillosa que somos.
Una vez dicho esto, reivindico la amistad como uno de los vínculos más sagrados e importantes. Tal y como diría mi admirada escritora Brigitte Vasallo, no repitamos eso de «solo somos amigas». Ser amigas o amigos es algo grande, extraordinario, una bendición en tu camino. Hay amistades que te acompañan en los momentos más oscuros, que celebran como suyos tus logros y que te aman tal y como eres.
Yo no sería la que soy sin mis amigas y amigos... Ellas y ellos hacen mi corazón más grande y me permiten desplegar esta maravillosa energía Amiga de una forma gozosa.
Desde niñas, nos educan para enfocarnos en esta energía de una forma desequilibrada.
Yo veía el amor romántico como algo parecido a un pino mediterráneo, ocupando todo el espacio disponible de tu tiempo y tu atención, impidiendo que coexistan distintas especies armoniosamente en tu corazón.
La mentira del amor romántico te hace creer que no serás feliz o que no te sentirás plena y completa hasta que alguien se dé cuenta de tu grandeza y te elija...
De niñas, crecimos sin recibir la atención, la mirada, la presencia que necesitábamos, y creímos erróneamente que se debía a que no éramos suficientemente valiosas e importantes. Nos contamos la película de que, si éramos más buenas, más inteligentes, más hermosas, más «no sé qué cosa», entonces sí que recibiríamos el amor que andábamos buscando.
Cuando somos pequeñas, no se nos da especialmente bien interpretar la realidad... Tenemos tendencia a colocar a nuestros padres en un altar y a creer que hay algo malo en nosotras, y que esa es la razón por la cual solo recibimos migajas de amor.
Nunca interpretamos que nosotras somos infinitamente valiosas y merecedoras de amor, y no nos damos cuenta de que mamá y papá están criándonos desde lo que yo llamo el «modo adultos en supervivencia on».
Son incapaces de brindarnos la atención y la mirada amorosa que necesitamos durante nuestros primeros siete años de vida, porque ellos mismos viven desnutridos, estresados, confundidos y perdidos...
Es entonces cuando, mientras lloramos a solas en la cama, nuestra cultura parece decirnos: «No te preocupes, espera, algún día habrá alguien que se enamorará de ti y se dará cuenta de lo valiosa, especial, única e importante que eres».
Así es como pasamos a depender de nuevo de que alguien externo valide nuestra importancia.
Ojalá todas las niñas crezcan sabiendo que son infinitamente valiosas y que su valor no depende de que alguien más se dé cuenta de que lo son.
Es posible que nadie a nuestro alrededor se dé cuenta de nuestra grandeza, del gran milagro que somos, y aun así sigamos siendo infinitamente valiosas.
Tu valor no depende de lo mucho que hagas, tal y como te ha hecho creer esta sociedad con sus criterios productivos y capitalistas. Tampoco está vinculado a que encajes en unos determinados moldes de lo que se considera bello o valioso para esta sociedad. ¡Ni necesitas crecer emocional o espiritualmente para ser valiosa!
Ya lo eres. Siempre lo has sido y siempre lo serás. Eres infinitamente valiosa por ser simplemente quien ya eres.
Tu valor no mengua ni crece nunca. Por siempre y para siempre vas a seguir siendo infinitamente valiosa para la vida. Eres una de sus hijas amadas.
Tú eres una flor extraordinaria, única, irrepetible, incomparable, inigualable, que nunca más volverá a existir. Si a tu alrededor todas las personas anduvieran ciegas y nadie fuese capaz de apreciar tu maravilloso y sublime perfume, sería su problema. No sigas depositando tu valor en las manos equivocadas. Recuerda que eres importante y que mereces todo el amor de este mundo, independientemente de que no lo hayas recibido en tu pasado. Y no permitas que nadie te haga olvidar nunca más tu maravillosa y brillante luz.
Viniste a aprender a amar, sí, pero primero a ti misma. Ojalá que esta cultura nuestra empiece a dar importancia al mayor de nuestros vínculos amorosos: el vínculo con una misma. Tú eres la protagonista de tu historia. Desde ese lugar, el resto de las relaciones se construyen de manera sana y equilibrada.
Si dejamos de depender emocionalmente de que otra persona nos reconozca como valiosas e importantes, y nosotras mismas nos reconocemos como mujeres de infinito valor, entonces vamos a ser más selectivas en nuestros vínculos y no nos vamos a conformar con migajas de amor, como tuvimos que hacer en nuestro pasado...
La verdadera energía Amante te invita a enamorarte de ti misma en primer lugar. Y este libro está en tus manos para acompañarte en ese propósito.
Eres tú quien necesita elegirse y darse cuenta de su incomparable grandeza y belleza interior y exterior.
Mereces poner mucho amor en circulación, especialmente hacia ti misma. Y también mereces abrirte a recibir todo el amor de este mundo, no te conformes con menos.
Los cuentos, las películas y la cultura en general siguen dando la mayor importancia al vínculo de pareja. Y otros vínculos amorosos, como el que construyes con tus amistades, parece un vínculo secundario o carente de tanto valor... Pero hay amistades que te acompañan a lo largo de la vida, en las alegrías y en las tristezas, cuando quizás una pareja no llega a ocupar ese lugar durante tanto tiempo.
Algo que tampoco te cuentan es que tu corazón es grande, muy grande, y puedes amar a la vez a amigos, familiares, parejas, lugares, canciones, plantas, animales y a ti misma... No necesitamos que alguien o algo salga de nuestro corazón para que entre otro. Y es cierto que amamos de forma diferente a cada uno. Cada persona, cada ser vivo con el que construimos un vínculo afectivo, hace más grande nuestro corazón y nos ayuda a crecer en amor. Así que activemos esta energía, sí, pero sin pensarla en pequeño.
Ámate y ama mucho, a lo grande, sin guardarte amor dentro. El amor es una energía que no se agota por ponerla en circulación. Mengua por no moverla. Por bloquear su flujo.
Ama sin medida, sin cálculos. Al final, en tu último aliento, siempre te van a salir las cuentas. Lo único que te vas a llevar de esta vida es aquello que hayas amado.
Amemos como si no fuéramos eternos. La vida es un regalo prestado, fugaz, valioso.
Recuerdo que la primera vez que escuché hablar de esta energía su nombre me provocó cierto rechazo. ¡No soy especialmente monárquica! Pero, cuando la entendí, no se me ocurrió mejor nombre.
Crecimos sin saber que éramos reinas o Diosas, crecimos sin sospechar que teníamos un reinado... Esta es una energía esencial, vital para tu equilibrio y para recuperar el sentido de tu existencia. Sin nuestra Reina activa vivimos ocupándonos de que el reinado de otros florezca, sin saber que el nuestro está lleno de telas de araña, seco y en ruinas... Yo lo imagino con esas bolas de hierbas secas que veíamos en las películas del oeste. Tampoco sabemos que ese reinado es un lugar sagrado que merece toda nuestra atención y cuidado.
Tú tienes un gran lugar en el mundo por derecho divino. No te colaste, no estás de más, no eres fruto del azar. Eres el fruto del amor de la Divinidad. Lo Sagrado es quien ha querido que estés aquí en esta existencia y que ocupes tu gran lugar en el mundo. Ese lugar es tan sagrado y amado como el que entrega a las demás criaturas.
Creemos que hemos venido a esta vida a ser buenas hijas, buenas amigas, buenas parejas, buenas trabajadoras, buenas madres... pero no buenas reinas, protagonistas de nuestras vidas. Muchas veces andamos toda una vida sin brillo en los ojos sin saber que solo era eso. Estábamos alejadas de lo verdaderamente valioso e importante para nuestra alma.
Vivir sin brillo en los ojos, sin humedad en la piel y en nuestras sagradas vulvas es sinónimo de haber olvidado a la diosa que somos y de tener nuestro reino desatendido. Tu reino es un lugar simbólico y espiritual en el que necesitas incluir y dar valor a todo aquello que verdaderamente te haga vibrar, palpitar y gozar de estar viva.
Es simbólico, sí, pero se expresa en tu realidad de forma concreta. Forma parte de tu reino todo aquello que incluyes en tu día a día y que haces por y para ti, para nutrirte tú, para elevarte en el gozo de estar viva.
Tu reino es tuyo. Nadie tiene nada que opinar acerca de lo que haya dentro de él.
Desatender tu reino puede llevarte a la depresión, a la enfermedad y hasta a la muerte. Desatender tu reino es darle la espalda a tu alma, a tu cuerpo y a la dicha de estar viva.
Has venido a esta existencia a expresar lo que es estar viva a tu manera única. Pero, para ello, antes necesitas recordar que esta es tu vida, de nadie más. Y que el poder es tuyo para vivirla a tu manera y decidir qué incluyes y qué no en ella.
Una vez, hace quince años, en un curso para madres y padres con Maria Luisa Becerra, estando yo embarazada de mi segundo hijo, ella nos pidió que nos pusiéramos en pie y nos colocáramos en dos filas. En la primera fila, aquellas personas para las cuales la persona más importante de su vida fuera una distinta a nosotras: un hijo, la pareja, nuestra madre...
Y en la segunda fila, quienes sintiéramos que éramos la persona más importante de nuestra vida.
Yo miré absolutamente descolocada y sorprendida a las escasas personas que se colocaron sonrientes en la segunda fila. No lo recuerdo, pero muy posiblemente las juzgué. Seguramente por egoístas o por no tener vergüenza.
Aún estaba muy alejada de la mirada que ahora tengo. No me juzgo. Todas hacemos siempre lo que podemos. Si pudiera ir a visitar a mi Yo de entonces, me daría un abrazo y me diría algunas cosas.
Ahora sería claramente de las que se colocarían en la segunda fila, aunque fuera la única. Pero me cuidaría mucho de creer que soy mejor que nadie... Me reconocería en el rostro estupefacto de los demás madres y padres, y miraría la escena con el máximo humor y empatía hacia todos nosotros.
Sí, ahora sé que hemos venido a esta vida a recordar que somos las protagonistas de nuestra existencia. Y que eso no es egoísmo, es orden.
En tu reino hay un trono. Asegúrate de ocuparlo solo tú. No le des ese lugar a nadie más; repito, a nadie más. A veces hay quien no se da cuenta de que en su trono ha colocado a sus hijos, a su pareja o a su madre... De pequeñas, estamos diseñadas para darle muchísimo poder a nuestros padres. Es lo que corresponde a la infancia. Pero crecer significa ocupar tu trono, decidir por ti misma, independientemente de lo que otras personas consideren que es lo correcto, lo adecuado o lo conveniente para ti.
Puedes informar, si quieres, de tus decisiones y movimientos, pero aclara que no estás buscando su permiso. No lo necesitas. No viniste a buscar la aprobación ni el reconocimiento de nadie externo a ti. Sé que es difícil de creer cuando has crecido educada para todo lo contrario. Pero difícil quiere decir también posible.
Cada quién tiene su propio reino y su propio trono. Si alguien está ocupando tu lugar en tu trono, ese desorden no os beneficia a ninguno de los dos. Si tú estás ocupando el trono o el reino de otra persona... es que estás desatendiendo el tuyo.
En tu reino hay todas esas cosas que te hacen brillar y vibrar alto, muy alto. Pueden ser lugares, hobbies, libros como este... Y eres libre de hacer en él todos los cambios que necesites a lo largo de tu vida. Pero asegúrate siempre de sacar de él todo lo que ya no te haga feliz; repito: TODO. No dejes algo solo porque hace feliz a otra persona que no eres tú como, por ejemplo, el ballet si era el sueño de tu madre, no el tuyo. O estudiar una determinada carrera para contentar a papá en lugar de dedicarte al arte o a ser escritora, que es lo que de veras amas. Eres libre para vivir tu vida a tu manera.
A veces, después de toda una vida sin saber siquiera que tenías un reinado, no sabes ni por dónde empezar ni qué colocar en él. Lo entiendo. Forma parte del camino. Esa reina que creció sin saber que lo era merece toda tu paciencia y todo tu amor para llegar a vibrar con la alegría y la dicha que merece. Date tiempo. Empieza por recordar todo lo que de niña te hacía sentir plena y que tuviste que abandonar porque «no parecía serio o importante».
¿Qué actividades dejaste de lado, pero en otro tiempo, te conectaron con la ilusión y el gozo de estar viva? ¿Quieres colocar una guitarra eléctrica, unas acuarelas, un pedazo de bosque que amas o quizá nuevas plantas en tu reino? ¿Qué playlist necesitas para activar a esa Reina hermosa y poderosa que eres? No pienses en lo que los demás vayan a pensar acerca de este lugar sagrado que solamente a ti te pertenece. Recuerda que es un lugar sagrado para nutrir y alimentar tu alma.
Es un lugar interior, un lugar profundamente conectado a lo que da alimento a tu vida y la nutre. Nadie más tiene nada que opinar. Si a ti te alegra el día empezarlo caminando descalza por la arena húmeda de la playa, incluye esa orilla en tu reino. Si tu cuerpo está sediento de masajes, no te olvides de incluirlos. Tu energía Reina lo celebrará gozosa.
Pero, ojo, un reino no es un perfil vacío que mostrar en tus redes sociales. Tu reino, si no vives en él ni disfrutas de eso que metiste en él, no sirve y se derrumba, arrastrándote a ti con él. O vives esta energía o sufres su ausencia.
Nunca es tarde para activar esta energía que te pertenece. Y solo depende de ti activarla. Como veíamos, esta energía Reina o Diosa es un músculo que se atrofia, pero no desaparece. Sigue siempre ahí, en potencia, disponible. Si activas esta energía y la despiertas, lo verás en tu sonrisa, en el brillo de tus ojos, en tu risa fácil, en tu pecho y tu cuerpo abierto y disponible al gozo de estar viva... Cuando activamos esta energía hay dos personas maravillosas que lo celebran muy especialmente: la niña que un día fuiste y la anciana que un día serás. Ambas celebran que al fin ocupes tu lugar en la vida, que te ocupes de tus asuntos sagrados, sin pedir permiso a nadie.
Esos asuntos verdaderamente importantes para tu alma son justamente los que esta sociedad desprestigia y ningunea. Nos hace creer desde niñas que son cosas infantiles, pérdidas de tiempo sin sentido, totalmente prescindibles... Y así es como vamos dejando a un lado todo eso que verdaderamente nos alimenta el alma: escribir, leer, pintar, dibujar, pasear, ir al reencuentro con la naturaleza, descansar, jugar, bailar, bailar bajo la lluvia, caminar descalzas por el húmedo bosque, viajar, crear música, escucharla, escuchar el canto de los pájaros, crear o experimentar algo porque al hacerlo te sientes viva...
Este mundo rara vez te va a invitar a atender a tu reino. Eso pondría en peligro lo que sostiene a esta sociedad capitalista. A nuestro mundo, le interesa que nos sintamos secas, vacías y grises. Una mujer satisfecha y nutrida es una mujer menos manipulable y menos consumista de productos vacíos que intentan venderte para tapar y acallar ese vacío y esa ansiedad que sientes en el pecho cuando vives alejada de tu reino y de esta poderosa energía.
La energía Reina o Diosa tiene una fisiología muy particular: una forma de moverte, de hablar y de sentirte, de ocupar tu espacio, como si recordaras que eres bienvenida para la vida, que perteneces a un linaje sagrado, que no necesitas disculparte por existir ni pedir permiso para ser tú misma, ¡Es una energía muy poderosa!
La activas cuando recuerdas quién eres verdaderamente: una de las hijas amadas de la vida. Y dejas atrás esa mentira que arrastras desde niña al creerte insuficientemente valiosa.
Una Reina o una Diosa se recuerda a sí misma que es infinitamente valiosa, especialmente cuando se reconoce en lugares o relaciones que la llevan a conectar con la desvalorización de sí misma.
Cuando entras a cualquier lugar y te comparas, te juzgas, te menosprecias y miras a las otras personas creyendo que son más importantes o más valiosas que tú, ojalá puedas darte cuenta de que es una alarma que te indica que no tienes a tu energía Diosa bien colocada...
Tampoco está activa en ti cuando te percibes o te sientes por encima de otras personas...
No eres más importante ni más valiosa que nadie, pero tampoco menos. Y tu valor no depende de lo mucho que hagas o te esfuerces, ni de que seas mejor. La vida no tiene criterios capitalistas, productivos, contigo. No te ama condicionalmente. La vida te ama grande, infinito. Lo voy a volver a escribir. La vida te ama infinito. No hay límites en su amor por ti. Y no te juzga ni te compara o evalúa, tal y como nos han querido vender que hace ese Dios patriarcal que los hombres han creado a su imagen y semejanza, según sus creencias limitadas y limitantes.
La Divinidad te ama por ser quien eres: una de sus hijas amadas. No necesitas alcanzar o cambiar nada para recibir más amor por su parte. La Divinidad ama a una bacteria, a una secuoya, a una ballena y también te ama a ti. Y no necesitas ser diferente de lo que ya eres para recibir más amor. Has arrastrado durante demasiado tiempo esa dolorosa creencia...
No necesitas dejar huella en los libros de historia ni en las redes sociales, ni siquiera en el corazón de nadie. No importa que nadie más que tú y la vida se diera cuenta de lo absolutamente maravillosa que eres y de todo el amor infinito que mereces. Seguirías siendo igual de valiosa y mereciendo todo el amor de este mundo. Ya hay una huella imborrable tuya en el corazón de lo sagrado. Puedes soltar todo esfuerzo para ser amada, eres infinitamente amada por la vida.
Activar tu energía Diosa es, de alguna forma, hacerte cargo de quien eres verdaderamente y ocupar tu lugar. Es recordar que eres bienvenida. La vida te ha dado el regalo de estar aquí y ahora. No es importante cuánto dure este viaje, pero sí que ocupes tu verdadero y amoroso lugar. Y que dejes de esperar a que otros te den acceso.
Salta la valla de tu reino si no sabes dónde tienes las llaves. Al cielo se llega por asalto. No esperes a que nadie te diga que eres hija de la divinidad. Recuérdalo tú. Todos tus días.
Te invito a cerrar tus ojos, llevar las manos a tu corazón y escuchar dentro de ti, justo en ese lugar en tu pecho, si estas palabras te resuenan o si te parece que estoy mintiendo. La mente tiene dudas, pero el corazón solo tiene certezas.
Activar esta poderosa energía Reina o Diosa tiene una dimensión física que se refleja en tu fisiología: Cuando hablas desde esta energía, tienes un tono de voz muy concreto, no pides permiso para existir ni te disculpas por ocupar tu lugar. Sabes que lo mereces. Tu forma de entrar en un lugar o de caminar es muy concreta: dejando atrás las inseguridades, las dudas, el qué dirán, ser invisible, querer pasar inadvertida, pretender quedarte al margen...
Cuando sacas tu energía Diosa a pasear, caminas erguida, mirando a los ojos a las personas. Eres tú, libre de miedos, libre de vergüenzas, libre de culpas. Es casi como si te presentaras diciendo: «Esta soy yo. Soy una mujer sagrada, una diosa, como tú también lo eres. Y yo soy la que soy, con mis luces y mis sombras, con mis dones y mis áreas de mejora. Una mujer Gran Diosa que se abraza a sí misma entera, sin dejarse nada fuera de ese abrazo. No he venido aquí a compararme ni a competir con nadie. Tampoco busco aprobación ni reconocimiento. Ya vengo servida de eso desde casa por mí misma. Aquí vengo a compartir mi camino gozoso contigo».
Con esta energía activa, ya no te avergüenzas de ser quien eres. Sabes que no eres más especial, ni más amada por lo sagrado que nadie. Pero tampoco menos.
Ese es tu poder, saberte amada incondicionalmente por ti y por la vida. ¿Qué más se puede necesitar?
Tu voz refleja seguridad y determinación. Tu pecho abierto refleja la conexión profunda que hay entre tu corazón y la vida. No necesitas esconderte ante nadie. Tu brillo es tuyo y no compite con el de nadie más. Solo necesitas reposar en quien ya eres, siempre has sido y siempre serás.
