Diplomáticas mexicanas - Patricia Galeana - E-Book

Diplomáticas mexicanas E-Book

Galeana Patricia

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Beschreibung

La desigualdad de género ha sido histórica y universal. Las mujeres han tenido que luchar por cada uno de sus derechos en todos los ámbitos, el diplomático no ha sido la excepción. Gracias al feminismo se inició el estudio de la historia con perspectiva de género, en los años sesenta del siglo pasado. Con esta óptica, nos dimos a la tarea de convocar a miembros del servicio exterior, de la academia y del ámbito cultural de nuestro país, para estudiar las acciones de las primeras diplomáticas mexicanas y visibilizar sus acciones. La obra que presentamos contiene las semblanzas de diez destacadas mujeres que fueron protagonistas de la política exterior de México a lo largo del siglo XX, desde el triunfo de la Revolución mexicana hasta la primera canciller de nuestro país. Diplomáticas mexicanas presenta al público lector dos tipos de textos, los testimoniales y los académicos. Los primeros tienen el valor de constituir una fuente de primera mano para conocer a las grandes mujeres biografiadas. Los segundos están basados, mayoritariamente, en los propios expedientes de las pioneras de la diplomacia mexicana. Diplomáticas mexicanas presenta al público lector dos tipos de textos, los testimoniales y los académicos. Los primeros tienen el valor de constituir una fuente de primera mano para conocer a las grandes mujeres biografiadas. Los segundos están basados, mayoritariamente, en los propios expedientes de las pioneras de la diplomacia mexicana.

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Seitenzahl: 391

Veröffentlichungsjahr: 2023

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ÍNDICE

DIPLOMÁTICAS MEXICANAS

porPATRICIA GALEANA

HERMILA GALINDO

porPATRICIA GALEANA

PALMA GUILLÉN

porPATRICIA GALEANA

CORDELIA URUETA: PINTORA Y DIPLOMÁTICA

porLETICIA LÓPEZ OROZCO

AMALIA GONZÁLEZ CABALLERO:SU PAPEL EN LA DIPLOMACIA MEXICANA

porENRIQUETA TUÑÓN PABLOS

MUJER Y CIRCUNSTANCIA.VIDA Y ENSEÑANZA DE MARÍA LAVALLE URBINA

porSERGIO GARCÍA RAMÍREZ

PAULA ALEGRÍA: EDUCADORA, FEMINISTA Y DIPLOMÁTICA

porCARLOS PUJALTE Y PALOMA OJEDA

POETA Y POESÍA, ROSARIO CASTELLANOS

porELENA PONIATOWSKA

EMBAJADORA MARÍA EMILIA TÉLLEZ BENOIT

porJOSÉ IGNACIO PIÑA ROJAS

EMBAJADORA GRACIELA DE LA LAMA: CREADORA DE INSTITUCIONES Y VISIONARIA DE LOS ESTUDIOS DE ASIA Y ÁFRICA

porALICIA GIRÓN

ROSARIO GREEN, CAMINOS TRAZADOS

porOLGA PELLICER

historia

DIPLOMÁTICAS MEXICANAS

coordinadoraPATRICIA GALEANA

porPATRICIA GALEANA ♦ SERGIO GARCÍA RAMÍREZ♦ ALICIA GIRÓN ♦ LETICIA LÓPEZ OROZCO ♦ PALOMA OJEDA ♦ OLGA PELLICER ♦ JOSÉ IGNACIOPIÑA ROJAS ♦ ELENA PONIATOWSKA ♦ CARLOSPUJALTE ♦ ENRIQUETA TUÑÓN PABLOS

siglo xxi editores, méxico

CERRO DEL AGUA 248, ROMERO DE TERREROS, 04310, CIUDAD DE MÉXICO

www.sigloxxieditores.mx

siglo xxi editores, argentina

GUATEMALA 4824, C1425BUP, BUENOS AIRES, ARGENTINA

www.sigloxxieditores.com.ar

anthropos editorial

LEPANT 241-243, 08013, BARCELONA, ESPAÑA

www.anthropos-editorial.com

Catalogación en la publicaciónNombres: Galeana, Patricia, editor, autor

Título: Diplomáticas mexicanas / coordinación Patricia Galeana ; por Patricia Galeana [y otros nueve]

Descripción: Primera edición. | Ciudad de México : Siglo XXI Editores, 2022 |

Colección: Historia

Identificadores: ISBN 978-607-03-1189-5 Siglo XXI Editores : ISBN 978-607-30-5365-5 UNAM, CIALC

Temas: Mujeres diplomáticas – México – Biografía

Clasificación: LCC CT551 D56 | DDC 920.072

primera edición, 2022© siglo xxi editores, s. a. de c. v.

isbn 978-607-03-1189-5isbn-e 978-607-03-1192-5

d.r. © universidad nacional autónoma de méxico,ciudad universitaria, c. p. 04510, alc. coyoacán, ciudad de méxico;centro de investigaciones sobre américa latina y el caribe,torre II de humanidades, 8o. piso, ciudad universitaria,04510, méxico.

http://www.cialc.unam.mx; correo electrónico: [email protected]

isbn 978-607-30-5365-5

derechos reservados conforme a la ley.prohibida su reproducción total o parcial por cualquier medio.

DIPLOMÁTICAS MEXICANAS

La desigualdad de género ha sido histórica y universal. Las mujeres han tenido que luchar por cada uno de sus derechos en todos los ámbitos; el diplomático no ha sido la excepción. Los gobiernos no daban su beneplácito a representantes mujeres, se consideraba que le restaban importancia a la representación, además de ser socialmente inaceptable.

Muchas cancillerías consideraban que las mujeres, por su condición de género, no podían asistir a reuniones o a lugares donde se obtenía información. Todas estas circunstancias hicieron más difícil el trabajo de las primeras diplomáticas.

México fue el primer país de América Latina en aceptar a una mujer embajadora, Alexandra Kollontai, representante de la URSS en 1926, mientras Guatemala rechazó a Gabriela Mistral en 1939.1 Pero en contrapartida, debemos tener presente que México fue de los últimos seis países de América Latina en otorgar la ciudadanía plena a las mujeres, hasta 1953, después de la Convención de Derechos Políticos de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) de 1952, cuando quedó de manifiesto que no podía haber democracia en un país en donde más de la mitad de su población no tenía derechos políticos.

En correspondencia con la falta de ciudadanía para las mujeres, la Ley del Servicio Consular del Servicio Exterior Mexicano de 1923 especifica que las mujeres sólo pueden ser empleadas y no funcionarias, y el reglamento de 1934 excluye implícitamente a las mujeres, ya que señala que los miembros del servicio exterior deberán ser mexicanos por nacimiento, y los casados debían estar unidos a una connacional. Las enmiendas de 1940 y 1955 permitieron el ingreso limitado de mujeres, y fue hasta 1967 que se permitió su ingreso pleno.2

La historia se ocupó primero de estudiar a la política; después a la economía, aportación del materialismo histórico. Posteriormente, se estudió la historia social y cultural. Gracias al feminismo3 se inició el estudio de la historia con perspectiva de género, en los años sesenta del siglo pasado. Con esta óptica, nos dimos a la tarea de convocar a miembros del servicio exterior, de la academia y del ámbito cultural de nuestro país, para estudiar las acciones de las primeras diplomáticas mexicanas y visibilizar sus acciones.

La realización de la investigación enfrentó múltiples obstáculos en medio de la pandemia. Dos de las autoras se enfermaron de covid-19. Tuvimos la gran pena de que una de ellas falleció, la doctora Leticia López Orozco, historiadora que se encontraba elaborando la semblanza biográfica de Cordelia Urueta, artista plástica que fue designada canciller de tercera en el área consular en 1938.

La obra que presentamos contiene las semblanzas de 10 destacadas mujeres que fueron protagonistas de la política exterior de México a lo largo del siglo XX, desde el triunfo de la Revolución mexicana hasta la primera canciller de nuestro país. Hermila Galindo, quien contó con el primer nombramiento diplomático como comisionada cultural en 1920; Palma Guillén, primera ministro plenipotenciario en 1935; Cordelia Urueta, canciller de tercera en 1938; Amalia González Caballero, primera embajadora designada en 1956; María Lavalle Urbina, representante ante organismos multilaterales de derechos humanos en 1957; Paula Alegría, primera embajadora de carrera en 1962; Rosario Castellanos, escritora designada embajadora en 1971; Emilia Téllez, primera subsecretaria de Relaciones Exteriores en 1976; Graciela de la Lama, sanscritista designada embajadora en 1980, y Rosario Green, primera canciller de México en 1998.

Hermila Galindo fue pionera de la diplomacia de la Revolución mexicana, promotora de la unión indolatinoamericana y redactora de la Doctrina Carranza. La líder sufragista recibió el primer nombramiento diplomático otorgado a una mujer, como comisionada cultural en España y América del Sur el 26 de marzo de 1920.

Palma Guillén, primera ministro plenipotenciario, representó a nuestro país en Colombia (1935-1936) y en Dinamarca (1937). Fue también miembro de la delegación permanente de México ante la Sociedad de Naciones en los prolegómenos de la segunda guerra mundial, cuando se escribieron páginas gloriosas de nuestra política exterior, en defensa de Austria ante la invasión nazi (1938), y de Finlandia ante la Unión Soviética (1939).

Tanto el texto de Galindo como el de Guillén fueron elaborados por la autora de estas líneas.

Las notas biográficas de la destacada pintora Cordelia Urueta fueron los últimos escritos de la historiadora del arte Leticia López Orozco, investigadora del Instituto de Investigaciones Estéticas de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), quien se encontraba concluyendo su texto cuando se contagió de covid y murió a los cinco días. Publicamos su texto póstumo con profundo pesar por su partida.

La doctora López Orozco nos da el contexto histórico y cultural en que se formó la artista, quien gracias a haber tenido cargos diplomáticos, pudo enriquecer su formación autodidacta en París y Nueva York, convirtiéndose en una de las artistas mexicanas más reconocidas internacionalmente.

La semblanza de Amalia González Caballero, más conocida como Amalia Castillo Ledón por el apellido de su esposo –como se usaba en ese tiempo–, fue elaborada por la historiadora Enriqueta Tuñón, quien define a la primera mujer designada embajadora de México como una feminista liberal. González Caballero se formó en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM –igual que Palma Guillén– y se especializó en literatura.

Amalia Castillo Ledón representó a México en la Conferencia Internacional de San Francisco de 1945; fue vicepresidenta y presidenta de la Comisión Interamericana de Mujeres (CIM, 1947-1949), y embajadora de México en Suecia en 1956, en Finlandia en 1957 y en 1958 en Suiza.

Castillo Ledón fue también la primera mujer en ser subsecretaria de la Secretaría de Educación Pública en el área de Asuntos Culturales, y la primera en ser oradora en la ceremonia del grito de Independencia de México.4 Sus restos descansan en la Rotonda de las Personas Ilustres de la Ciudad de México.

El maestro emérito de la UNAM, Sergio García Ramírez, hace la semblanza de María Lavalle Urbina. Testigo de su obra, el jurista García Ramírez hace una remembranza emotiva de quien representó a México en organismos multilaterales. Maestra normalista y licenciada en Derecho, Lavalle Urbina fue defensora de derechos humanos en foros nacionales e internacionales. Tuvo una brillante trayectoria en los tres Poderes de la Unión. Fue una de las dos primeras senadoras en la historia de México y la primera mujer que presidió a la Cámara de Senadores. Fue también magistrada en el Tribunal de Justicia del Distrito Federal y subsecretaria de Educación.

María Lavalle defendió los derechos de las mujeres en la Comisión Jurídica y Social de la Mujer de Naciones Unidas (1957-1968) y también en la Comisión Interamericana de Mujeres de la Organización de los Estados Americanos (OEA). Benemérita de su estado natal, Campeche, medalla Belisario Domínguez, recibió el reconocimiento de la ONU por su defensa de los derechos humanos. Sus restos descansan también en la Rotonda de las Personas Ilustres.

La biografía de Paula Alegría fue elaborada por el embajador Carlos Pujalte y la consejera de Cooperación Internacional, Paloma Ojeda. Alegría Garza fue la primera embajadora de carrera del Servicio Exterior Mexicano (SEM). Los autores muestran la dificultad de las mujeres para ingresar al SEM y analizan la legislación y sus reglamentos.

Profesora normalista con maestría en Ciencias de la Educación y doctorado en Historia, Alegría estudió la historia de la educación de las mujeres y la situación laboral de ellas y de los menores. Los autores destacan que fue también pionera en el desarrollo profesional del trabajo social en México. Participó en la delegación de México presidida por Jaime Torres Bodet para la creación de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO).

Paula Alegría se integró formalmente al personal de carrera del SEM en 1959, tras realizar los exámenes correspondientes, y en 1962 fue designada embajadora en Dinamarca, cuyo gobierno la condecoró en reconocimiento a su labor diplomática.

La escritora Elena Poniatowska hace la semblanza de Rosario Castellanos con quien tuvo una estrecha amistad. La autora nos entrega un texto entrañable que incluye algunas de sus poesías. Narra la vida y la obra de la que considera la más importante escritora mexicana contemporánea. Castellanos destacó en todos los géneros literarios, tanto en la poesía como en la prosa, en la novela, en el cuento y el ensayo. Mujer de letras, maestra de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, Castellanos fue una activa feminista defensora de su género y de los pueblos originarios, y denunció la injusticia que sufrían, particularmente en Chiapas.

Como embajadora de México, Rosario Castellanos logró importantes acuerdos científicos y culturales con Israel. Poniatowska destaca que Golda Meir la consideró más propositiva que la mayoría de los diplomáticos. Es de las ocho mujeres cuyos restos reposan en la Rotonda de las Personas Ilustres, junto con Amalia González Caballero y María Lavalle Urbina.

La biografía de Emilia Téllez fue elaborada por el embajador José Piña, quien colaboró con ella cuando fue la primera mujer subsecretaria de Relaciones Exteriores del gobierno mexicano. El autor refiere cómo María Emilia Téllez Benoit destacó desde su tesis profesional sobre la “Plataforma Continental”, por la que recibió mención honorífica, y aprobó en primer lugar, por encima de 60 aspirantes, el examen de oposición para el ingreso al SEM.

Téllez fue catedrática de Derecho Internacional Público en la UNAM y tuvo una brillante carrera diplomática, que es puntualmente referida por el embajador Piña, hasta ser ascendida al rango de embajadora extraordinaria y plenipotenciaria en 1976, y designada subsecretaria de Relaciones a cargo de la cooperación internacional, asuntos culturales y del Archivo Histórico Genaro Estrada.

La semblanza de Graciela de la Lama fue elaborada por la economista Alicia Girón, directora del Programa Universitario de Estudios sobre Asia y África de la UNAM. La autora refiere las aportaciones para los estudios asiáticos y africanos de quien era especialista en sánscrito y filosofía india, por la creación del centro correspondiente en el Colegio de México.

Como embajadora de nuestro país en la India, De la Lama logró que la primera ministra Indira Gandhi participara en la I Reunión Internacional sobre Cooperación y Desarrollo (Cancún, 1981). La autora destaca el liderazgo de México en el Movimiento de los Países No Alineados. De la Lama participó también en la primera Cumbre de Países para la Paz y el Desarme (Nueva Delhi, 1985). Fue después embajadora en Egipto. Cabe destacar que fue la primera mujer designada en las dos embajadas que encabezó.

La obra concluye con la semblanza de Rosario Green, primera secretaria de Relaciones Exteriores de México, elaborada por la embajadora Olga Pellicer.

La embajadora Pellicer hace una remembranza testimonial de la primera canciller de México: Rosario Green. Colega y amiga entrañable de la académica, diplomática y política, que fue secretaria de Relaciones Exteriores de nuestro país, la embajadora Pellicer refiere cada etapa de su vida, desde su formación en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM, sus posgrados en México y en el extranjero. De igual forma, nos da cuenta de su trabajo académico en el Centro de Estudios Internacionales del Colegio de México y en el Instituto Matías Romero de Estudios Diplomáticos en la Secretaría de Relaciones Exteriores (SRE), así como su obra sobre las relaciones México-Estados Unidos.

La autora hace un recorrido por la vida diplomática de la embajadora Green en momentos claves de la historia del mundo, como la caída del muro de Berlín, y de México, ante la firma del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), la salida del G77 y el ingreso a la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE). Destaca su trabajo como defensora de los derechos humanos y como subsecretaria de Asuntos Políticos de la ONU.

La embajadora Pellicer analiza el legado de la canciller Green. Señala la importancia del fortalecimiento institucional que realizó, como fue el caso del Instituto México de Cooperación Internacional, que después como senadora impulsaría para crear la Agencia Mexicana de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AMEXCID). Refiere también cómo logró establecer una relación cordial con Estados Unidos. La autora subraya la importancia de haber establecido la multilateralización del combate al narcotráfico, así como el reconocimiento de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, la ratificación del Estatuto de Roma, y la entrada en vigor del Acuerdo General con la Unión Europea, entre otras grandes aportaciones que la primera canciller hizo a la política exterior de México.

Diplomáticas mexicanas presenta al público lector dos tipos de textos: los testimoniales y los académicos. Los primeros tienen el valor de constituir una fuente de primera mano para conocer a las grandes mujeres biografiadas. Los segundos están basados, mayoritariamente, en los propios expedientes de las pioneras de la diplomacia mexicana.

Antes de concluir estas líneas, cabe reiterar la dificultad que enfrentaron los autores para tener acceso a la información en medio de la pandemia. En este sentido, manifestamos nuestro reconocimiento al Archivo Histórico Genaro Estrada de la SRE por facilitarnos el acceso a los expedientes de nuestras biografiadas, gracias a ello pudimos realizar la presente obra.

Agradecemos, asimismo, al Centro de Investigaciones sobre América Latina y el Caribe de la UNAM y a Siglo XXI Editores por hacer posible la publicación.

DRA. PATRICIA GALEANA

1 Amanda M. Kiddle, Mexico’s relations with Latin America during the Cardenas Era, Albuquerque, University of New Mexico Press, 2016, p. 55.

2 Nora Ramírez Flores, “La mujer en la diplomacia mexicana”, en Anuario Mexicano de Derecho Internacional, México, IIJ-UNAM, 2006, vol. VI, pp. 771-772, disponible en <https://revistas.juridicas.unam.mx/index.php/derecho-in-ternacional/article/view/169/275>, consultado el 23 de agosto de 2021.

3 Norberto Bobbio et al., Diccionario de política, México, Siglo XXI Editores, 1986, p. 514.

4 Amalia González Caballero, Discurso pronunciado el día 16 de septiembre de 1938 frente a la Columna de la Independencia, México, s/e, 1938. Citado en Tuñón, Enriqueta, ¡Por fin… ya podemos elegir y ser electas!, México, Ed. Plaza y Valdés, INAH, 2002, p. 48.

HERMILA GALINDO

PATRICIA GALEANA*

El México del siglo XX surgió al triunfo de la Revolución, con la promulgación de la Constitución que nos rige. En el artículo 89 estableció las facultades del Ejecutivo, entre las que se incluye: “Dirigir la política exterior y celebrar tratados internacionales”.1

Desde el inicio de la vida independiente mexicana, en el “Decreto de la Regencia” de 1822 se establecieron las reglas para los nombramientos, instrucción y sueldos del personal diplomático.2 Así, nuestro país contaría con un personal especializado para sus relaciones con el mundo. La Constitución de 1824 señaló como facultades del presidente el nombramiento de los enviados diplomáticos y cónsules.

Evidentemente, en esos años no había mujeres en tales responsabilidades, no eran ciudadanas y por lo tanto no podían tener cargos públicos. Aun cuando la población femenina participó en todas las revoluciones de México, desde la de independencia hasta la de 1910, el Constituyente de 1917 no les reconoció sus derechos políticos ni les otorgó la ciudadanía. Al respecto, se presentaron tres iniciativas al Congreso Constituyente: una de Hermila Galindo, otra de Salvador González Torres y una más de Inés Malváez.

ORIGEN Y FORMACIÓN

Hermila Galindo era una maestra de taquimecanografía, originaria de Durango,3 que se unió a la revolución maderista. Al triunfo de la Reforma liberal, las mujeres habían tenido acceso a la educación y muchas se convirtieron en maestras normalistas, primera profesión que la sociedad aceptó para la población femenina. A continuación, se incorporaron a las oficinas como secretarias taquimecanógrafas y es en esta actividad donde Galindo fue maestra.

Huérfana de madre a los tres años, Hermila estudió lo que se llamaba una carrera corta, en la Escuela Industrial de Señoritas en Chihuahua. En ella estudió español e inglés, taquimecanografía y telegrafía, así como teneduría de libros. Empezó a trabajar a los 13 años, daba clases de taquimecanografía en Torreón, donde inculcaba a sus alumnos la necesidad de acabar con la dictadura de Porfirio Díaz.

En 1909, en el aniversario del natalicio de Benito Juárez, Galindo tomó en taquigrafía el discurso del abogado Francisco Martínez Ortiz, en el que exaltaba a Juárez y atacaba a Díaz. A partir de este momento trabajó en los despachos de los abogados más prestigiados, incluyendo al licenciado Benito Juárez Maza. Con sus transcripciones se inició en la propaganda política contra la dictadura, tanto en Torreón como después en Durango.

Mujer brillante y lectora infatigable, conocía las ideas de August Bebel4 sobre el feminismo socialista:

La mujer de la nueva sociedad será plenamente independiente en lo social y lo económico, no estará sometida lo más mínimo a ninguna dominación ni explotación, se enfrentará al hombre como persona libre, igual y dueña de su destino.5

También fue lectora de John Stuart Mill,6 promotor del sufragismo femenino, quien en La esclavitud femenina escribió: “todo lo que solicitamos se reduce a la abolición de los privilegios y el proteccionismo de los que gozan los hombres”.7

Era conocedora de la obra de Alexandra Kollontai,8 feminista y primera embajadora en la historia, representante de la Unión Soviética, quien afirmó que:

La clase obrera, para cumplir con su misión social, necesita no una esclava impersonal del matrimonio, de la familia, una esclava que posea las virtudes pasivas femeninas, sino una individualidad que se alce contra toda servidumbre, necesita un miembro consciente, activo y en pleno disfrute de todos los derechos de la colectividad de clase.9

REVOLUCIONARIA Y DIPLOMÁTICA

La Revolución mexicana, primer movimiento revolucionario de carácter social del siglo XX, fue resultado de la concentración del poder y de la riqueza de la dictadura porfirista, que acabó con las libertades y multiplicó la pobreza. El proceso revolucionario fue largo; tiene su antecedente en la demanda del Partido Liberal para que Porfirio Díaz cumpliera con las Leyes de Reforma y continúa con el movimiento anarcosindicalista de los hermanos Flores Magón que difundieron sus ideas en el periódico Regeneración.

Después, la Revolución pasa por tres etapas: la primera encabezada por Francisco I. Madero, que triunfa en seis meses y logra que renuncie Díaz, pero no puede consolidar su gobierno y es derrocado por la contrarrevolución. La segunda etapa es la constitucionalista, encabezada por Venustiano Carranza, que en año y medio derroca al usurpador, Victoriano Huerta. Viene posteriormente la etapa de la lucha por el poder de los grupos revolucionarios, la más larga y sangrienta.

Hermila Galindo había militado en el Partido Democrático de los seguidores de Madero en Durango. Después del cuartelazo contra el presidente demócrata, se adhirió al Club Abraham González, que la nombró oradora para dar la bienvenida al jefe del ejército constitucionalista, Venustiano Carranza, a la ciudad de México en agosto de 1914. En su discurso comparó a Carranza con Juárez y le pidió salvar a la patria. Trabajó políticamente formando clubes revolucionarios en Veracruz, Tabasco, Campeche y Yucatán.

Carranza quedó impresionado por la capacidad política y oratoria de Hermila y la invitó a trabajar en su gobierno. Ella fue su secretaria particular. Se ha considerado que influyó en él para que promulgara la Ley del Divorcio en diciembre de 1914. Personajes como Félix Palavicini apoyaron la medida, para poderse divorciar de su primera esposa y casarse con una mujer más joven.10

Si bien desde las Leyes de Reforma se había establecido el divorcio en la Ley del Matrimonio Civil, éste era igual al eclesiástico, sólo de separación de cuerpos, pero no se disolvía el vínculo matrimonial y, por ende, las personas no se podían volver a casar. Mientras que en la Ley del Divorcio promulgada por Carranza sí se disolvía el vínculo matrimonial.

Carranza explica en el preámbulo de dicha ley, que cuando un matrimonio no funciona, la mujer debe ser emancipada:

la mujer cuyo matrimonio llega a ser un fracaso se convierte en una víctima del marido, se encuentra en una condición de esclavitud […] si la ley no la emancipa […], por lo que sin duda el establecimiento del divorcio tendería […] a levantar a la mujer y a darle posibilidades de emanciparse.11

Hermila siguió dando encendidos discursos y escribiendo vehementes artículos. En ellos, llamaba al Primer Jefe, Carranza, a salvar al “pueblo irredento y ultrajado” de la patria: a todos los oprimidos, víctimas de los regímenes pasados, como era el caso de los indígenas tratados como bestias.12

Tenía una columna en el periódico El Pueblo titulada “Crónica dominical”. Ahí publicó el artículo “La mujer como colaboradora de la vida pública”, en el que afirmaba que la población femenina tenía derecho a aspirar a una vida mejor, ya que estaba dotada de las mismas cualidades que el hombre, tanto en inteligencia como en voluntad. Destacó que al desarrollar sus facultades intelectuales llegaría a constituir un elemento de primer orden en la vida social y política. Señaló que “los revolucionarios están obligados a darle todo género de facilidades para que […] pueda colaborar en la gran obra de emancipación política y reconstrucción nacional”.13 En todos sus artículos reivindicó a su género.

En esos años de lucha revolucionaria, la imagen internacional de México no era muy favorable. En 1910, la dictadura había celebrado apoteóticamente el Centenario de la Independencia, inauguró suntuosos palacios y recibió a 32 delegaciones de todas partes del mundo para el desfile del Centenario.14 Al estallar la Revolución, se empañó la imagen del país.

México había vivido bajo el acoso internacional desde que se consumó su independencia. Las grandes potencias querían ocupar el lugar de la antigua Metrópoli. En 1836, España reconoció la independencia y ese mismo año se separó Texas y empezó el proceso que acabaría con la pérdida de más de la mitad del territorio nacional a manos de Estados Unidos en 1848. Francia bombardeó Veracruz en 1838 e invadió el país en 1862, ocupándolo hasta 1867 para establecer un imperio subsidiario del suyo. Así surgió la Doctrina Juárez, que reclamaba el respeto a la soberanía nacional, la igualdad de los Estados, la no intervención, la autodeterminación de los pueblos y la proscripción del uso de la fuerza.

A lo largo del siglo XIX, en el proceso de formación del Estado nacional mexicano, cada cambio de gobierno implicó la búsqueda del reconocimiento internacional, que era otorgado a cambio de ser declaradas naciones privilegiadas en materia comercial.

Al finalizar el siglo, Porfirio Díaz estableció una dictadura de más de tres décadas. El vecino del norte vio bien al dictador, por tener al país en orden. Además, en el régimen porfirista se cambió la legislación de tradición hispana, en la que el suelo y el subsuelo son propiedad de la nación, quien lo otorga a los particulares, para establecer la usanza estadunidense, en la que el particular es dueño del suelo y del subsuelo. Sin embargo, dejaron de tener simpatía por el gobierno de Díaz cuando éste suprimió la autorización para las maniobras estadunidenses en Bahía Magdalena.

Cuando Francisco I. Madero inició su lucha contra el dictador, primero tuvo simpatías en el vecino del norte. La revolución maderista triunfó en seis meses, inició en noviembre y en mayo renunció Díaz. Sin embargo, cuando Madero asumió el gobierno, el embajador del presidente William Taft, Henry Lane Wilson, quiso controlarlo, y como Madero no lo permitió, vino la ruptura. El presidente mexicano estableció el registro del petróleo que extraían las empresas extranjeras, que eran principalmente estadunidenses, y les impuso un gravamen de 20 centavos por tonelada. En este contexto, la contrarrevolución fue apoyada por el embajador estadunidense y fue en la propia embajada donde se pactó el derrocamiento del presidente demócrata, a quien se le quitó la vida junto con su vicepresidente, el 22 de febrero de 1913.

A continuación, los gobiernos emanados de la Revolución tuvieron que volver a buscar el reconocimiento internacional, en particular el del vecino del norte.

En la segunda etapa de la Revolución, encabezada por Venustiano Carranza, cambió el gobierno en Estados Unidos y asumió la presidencia Woodrow Wilson. Si bien el nuevo mandatario no aprobó el comportamiento del embajador Henry Lane Wilson y lo sustituyó, también quiso intervenir en México. So pretexto de un incidente en Tampico con unos marinos estadunidenses del buque Dolphin, que se bajaron por gasolina sin autorización del gobierno contrarrevolucionario del general Victoriano Huerta, decidieron ocupar Veracruz a sangre y fuego. El presidente Wilson argumentó que quería impedir que llegaran armas de Alemania al usurpador. El ejército estadunidense ocupó el principal puerto de México siete meses, de abril a noviembre de 1914. Carranza exigió que se respetara la soberanía nacional y que salieran las tropas norteamericanas del territorio.

La revolución constitucionalista triunfó en año y medio, Huerta salió del país en julio de 1915. Vino entonces la tercera etapa de la revolución, en la que los revolucionarios se dividieron en la lucha por el poder. Villistas y zapatistas se enfrentaron a Carranza. La imagen de México en el mundo era muy negativa: un país sumido en el caos.

La fama de Hermila había trascendido por sus ideas feministas, tenía correspondencia con 59 feministas del mundo, y fue invitada por la Revista Protectora de la Mujer a dictar seis conferencias en La Habana sobre los derechos de las mujeres .15 Con la anuencia de Carranza, solicitó tres meses de permiso en la escuela Miguel Lerdo de Tejada, en donde impartía clases de taquimecanografía, para ir a Cuba. Así, Hermila irrumpe en el escenario internacional en agosto de 1915.

No hay documentación que permita saber si fue iniciativa de Hermila o instrucción del presidente, pero hay constancia de que se dedicó a promover la imagen de México, la unión de los latinoamericanos y el proyecto carrancista de política exterior, que se convertiría en la Doctrina Carranza, de defensa de la soberanía.

Galindo impartió conferencias llamando a la paz y a fortalecer la unión y cooperación entre los pueblos para hacerse respetar por las potencias voraces. Inició su primera alocución con la palabra latina adsum, que significa “tomar parte”, “ayudar”: “Si queremos seguir existiendo, es preciso agruparnos bajo una misma bandera, formando así un grupo de naciones prestas a defenderse mutuamente, cuando […] se presente el enemigo común”.16

Terminó afirmando que: “El verdadero patriota es el que ama a su tierra por ella misma y se siente orgulloso de su patria, aun cuando haya otras patrias más grandes, más adelantadas y más prósperas”.17

FEMINISTA MILITANTE

De regreso en México, Galindo fundó el primer semanario feminista del país con el título de Mujer Moderna.18 En esta publicación periódica retomó las ideas de la feminista Alexandra Kollontai19 sobre la importancia de que la mujer se incorporara a todas las actividades públicas. Consciente de que México vivía un momento histórico y que sin la participación de las mujeres la Revolución resultaría incompleta, luchó porque su género coadyuvara en “la redención de la patria”.20

El revolucionario sinaloense, Salvador Alvarado, felicitó a Hermila por su labor en pro de la consolidación del proceso revolucionario. El Primer Jefe del ejército constitucionalista había enviado a Alvarado a gobernar Yucatán, por la importancia estratégica que tenía la península para la causa.

El gobernador Alvarado también estaba consciente de que no podían ponerse en práctica las reformas estructurales de la Revolución sin la participación de las mujeres. Por ello convocó al Primer Congreso Feminista en Mérida. Al congreso asistieron 617 delegadas, en su mayoría maestras normalistas, de todo el estado, a las que el gobernador dio todo tipo de facilidades.

Hermila Galindo no pudo asistir por sus responsabilidades en la oficina presidencial, pero envió la ponencia: “La mujer del porvenir”, que fue leída por el representante del Departamento de Educación. En ella puso de manifiesto la condición de inferioridad en que se colocó a la mujer históricamente:

la mujer […] nacía, crecía y vivía como cosa, como objeto de lujo o de placer, como bien inmueble que podía traspasarse, venderse, dar en rehenes, matarla o herirla impunemente: el padre y el marido tenían derecho sobre ella de vida y muerte […] para llegar a un solo y alto fin: la maternidad. […] se descuida y omite el desarrollo de su razón […]

[…] una revisión de los códigos civil y penal se impone con fuerza […], aumentando la penalidad en los casos de seducción y abandono […] el hombre queda ante la sociedad como un calavera agradable, émulo de Don Juan Tenorio. La impunidad de su crimen lo hace cínico y refiere su hazaña con tono majestuoso [...] Pero la mujer desdichada […], es relegada al desprecio social.21

Para liberar a las mujeres de la opresión que vivían, Hermila planteó la necesidad de que tuvieran educación, incluso sexual:

[Debemos orientar a la mujer] en cuidados higiénicos desconocidos en la mayoría de las familias y aún ignorados intencionalmente, con el absurdo pretexto de “no abrir los ojos a las niñas”. Las madres que tal hacen contribuyen a la degeneración de la raza, porque esa mujer linfática, nerviosa y tímida no puede dar hijos vigorosos a la Patria.22

Concluye que para

deshacer idolátricos prejuicios […] para que la equidad reine como soberana […] la revolución debe extirpar todas las lepras, barrer todos los obstáculos, reformar los códigos, abrir los brazos a la mujer, procurarle trabajo bien remunerado […], multiplicar los centros docentes.23

Galindo había iniciado su ponencia afirmando que la verdad debía decirse aunque fuera origen de un escándalo y eso fue exactamente lo que causó: un escándalo. La consideraron inmoral.

Las conclusiones de este Primer Congreso Feminista no cumplieron las expectativas del propio Alvarado, ya que no plantearon la participación de las mujeres en los cambios estructurales que demandaba la Revolución.

Las maestras congresistas propusieron crear “inmediatamente” una Academia de Dibujo, Pintura, Escultura y Decoración; establecer clases de música en las principales poblaciones de Yucatán; de declamación en el Conservatorio y Escuela Normal, y de otras artes y oficios.24 Promover, en el que llamaban “el bello sexo”, la afición por la literatura.

La novedad fue que consideraron conveniente que se impulsara el estudio de la medicina y farmacia, y los libros de higiene “siempre y cuando redundaran en el progreso de la mujer”.25 Más revolucionaria fue la demanda del mayor número posible de escuelas-granja mixtas y de becas, así como de que todas las clases fueran también nocturnas y que las y los profesores ganaran el mismo salario.26

Las conclusiones fueron:

Debe abrirse a la mujer las puertas de todos los campos de acción en que el hombre libra a diario la lucha por la vida.

Puede la mujer del porvenir desempeñar cualquier cargo público que no exija vigorosa constitución física, pues no habiendo diferencia alguna entre su estado intelectual y el del hombre, es tan capaz como éste de ser elemento dirigente de la sociedad.27

Sin embargo, no demandaron la ciudadanía, ni siquiera limitada.

Tan no resultaron satisfactorias las conclusiones para el gobernador que decidió convocar a otro congreso, que se realizó a fines del mismo año.

En la convocatoria se plantearon cuatro temas concretos:

Si la escuela primaria debe iniciar a las mujeres en actividades que hasta ahora fueron únicamente para hombres, ¿cuáles son esas artes y ocupaciones?

¿Cómo se hace para “convertir” a la mujer en agente de la difusión científica y de la libertad?

Las mujeres y el voto. ¿Electoras y candidatas?

En caso de divorcio. ¿Quiénes deben hacerse cargo de los hijos?28

Se ha considerado que la idea del nuevo congreso fue de la propia Hermila:

La ilustrada profesora señorita Francisca Ascanio, haciéndose eco en Yucatán del sentir de la incansable propagandista y culta luchadora socialista […], Hermila Galindo, cree conveniente y necesario que se convoque a un nuevo Congreso Feminista, en donde […] se oriente ahora […] a lograr la alta finalidad que persigue la mujer moderna, de independizarse, desenajenándose del viejo tutorado matrimonial […], para ser a la vez una eficaz colaboradora del hombre.29

Al segundo congreso sólo acudieron 200 mujeres, las más radicales. Hermila Galindo envió una nueva ponencia, que fue leída por la profesora Elena Torres. En ella, se defendió de las acusaciones recibidas:

Mujer de mi tiempo, soy, por ende, iconoclasta, mi espíritu no puede doblegarse ante ningún dogma.

Dignos son […] de ser considerados como cultos los sociólogos Bebel, Novicow, Klenck, Mailander, Kant, pero no por eso estamos obligadas a aceptar sus ideas.

¿Inmoral mi trabajo? ¿Y en qué estriba su inmoralidad? En haber señalado defectos en su organización social, en haber dicho cuál es el principal fin que conforme a su naturaleza corresponde cumplir a la mujer en este mundo.

Yo, señoras congresistas, laboro por esta tesis: la emancipación de la mujer del estado de abyección en que se encuentra, y su dignificación […] dándole los medios indispensables para confortarla con su alta misión en la sociedad […]; busco un alto ideal de libertad y progreso que, poniendo a la mujer al nivel del hombre […] le otorgue los mismos derechos y las mismas prerrogativas.

La revolución [busca] la destrucción de ese pasado de infamia […] esperamos que, así como se ha decretado ya el divorcio […] se organizará la familia mexicana haciendo que la mujer sea la igual del hombre, y que […] tenga iguales derechos y prerrogativas.

[…] un Municipio y un Estado sin mujeres son mucho más lamentables que una casa en la que falta el elemento femenino.

La esfera de la mujer está en todas partes porque la mujer representa más de la mitad del género humano […]. Los intereses de las mujeres y de los hombres no pueden separarse. La esfera de la mujer está […] en el mundo entero.

Un pudor mal entendido y añejas preocupaciones privan a la mujer de conocimientos que son no sólo útiles, sino indispensables […] [me refiero] a la fisiología y a la anatomía, que pudieran conceptuarse como protoplasmas de la ciencia médica, debieran de ser familiares en los colegios de enseñanza secundaria.

Si la mujer debe cumplir los mandamientos de las autoridades, lógico es que ella tenga injerencia directa en la elección de éstas […] derecho al voto por las mismas razones que los hombres […] defender sus intereses particulares, los intereses de sus hijos, los intereses de la patria y de la humanidad.30

Las conclusiones del Segundo Congreso Feminista sí plantearon que las mujeres debían tener derechos políticos y ocupar cargos públicos. Sin embargo, por 90 votos contra 60, concluyeron que la mujer debía votar, pero no ser votada.31

En materia educativa, consideraron que la primaria debía iniciar a la mujer en el aprendizaje de ocupaciones hasta ahora exclusivas del hombre.32

En cuanto a que la mujer fuera agente de la difusión científica y de la libertad, no hubo acuerdo. Algunas opinaban que aún necesitaban el apoyo y la intervención del hombre en la obtención de sus derechos. Mientras que otras opinaban que, dado que los asuntos conciernen a las mujeres, son ellas quienes deben resolverlos.33

Porfiria Ávila, pese a ver derrotada su propuesta, declaró sentirse satisfecha porque se habían caminado “las tres cuartas del camino iniciado el año anterior”, entonces “se había armado un escándalo magno cuando se trató del voto para la mujer, y que ahora una gran mayoría había apoyado el derecho de votar”.34

Finalmente, sobre el divorcio, propusieron que el “cónyuge culpable”, es decir, quien propició el divorcio, tuviera la posibilidad de observar la forma como el “cónyuge inocente” educaba a sus hijos, y conceder al cónyuge culpable el derecho de denunciar ante las autoridades “cualquier irregularidad o corruptela que observe, en la educación de los hijos, para que se ponga coto al mal”.35

LÍDER SUFRAGISTA

El Primer Jefe del ejército constitucionalista, Venustiano Carranza, había decretado una serie de leyes para responder a las demandas sociales con reformas laborales, del municipio libre, sobre el divorcio y la agraria, entre otras.36 Esta legislación debía incorporarse a la Carta Magna de 1857, para lo cual Carranza convocó a un Congreso Constituyente. Este se reunió en la ciudad de Querétaro, porque la Ciudad de México era asediada por los villistas y zapatistas, que le disputaban el poder al Primer Jefe, unidos en la Convención Revolucionaria.

Había diversos movimientos armados por todo el país. Por una parte estaban los convencionistas, y por la otra, los contrarrevolucionarios, felicistas, encabezados por Félix Díaz, sobrino del dictador, y Manuel Peláez, patrocinado por las compañías petroleras extranjeras, mayoritariamente estadunidenses. Éstos eran los más importantes, pero había otros.

Francisco Villa había contado originalmente con simpatías en Estados Unidos, incluso firmó un contrato con camarógrafos estadunidenses para que filmaran sus batallas. Sin embargo, la situación cambió, Europa vivía la Gran Guerra desde 1914. Estados Unidos quería que su vecino del sur estuviera en paz y el presidente Woodrow Wilson consideró que Carranza, y no Villa, era quien podía gobernar al país, y lo reconoció como gobierno de facto. Esto provocó la ira del Centauro del Norte, que atacó la población de Columbus y provocó la Expedición Punitiva. El gobierno norteamericano envió inicialmente a 5 000 efectivos de su ejército al mando del general John J. Pershing para aprehender a Villa, que después aumentaría a 10 000 soldados.

El presidente Carranza exigió la retirada del ejército a Estados Unidos y el respeto a la soberanía nacional, tal como lo había hecho cuando ocuparon Veracruz. En ambos casos, la intervención armada estadunidense estaba atacando a sus enemigos: en Veracruz, para impedir que Victoriano Huerta recibiera armas de Alemania, y con la Punitiva, persiguiendo a Villa, pero Carranza mantuvo inquebrantable la defensa de la soberanía nacional.

El ejército del vecino país del norte permaneció en el territorio nacional desde marzo de 1916 hasta febrero de 1917. En ese periodo hubo una batalla en el Carrizal, donde los mexicanos lograron detener el avance estadunidense al sur de estado de Chihuahua. Finalmente, salieron del país sin encontrar a Villa, que salió fortalecido. Estas dolorosas experiencias dieron fundamento a lo que se convertiría en la Doctrina Carranza.

Con el país invadido por Estados Unidos, asolado por las facciones revolucionarias y contrarrevolucionarias, Carranza había establecido su gobierno fuera de la capital, en Querétaro. Ahí sesionó el Congreso en el Teatro Iturbide, hoy Teatro de la República. Allá fue Hermila Galindo, encabezando a un grupo de mujeres que se manifestaron en las afueras del teatro para demandar sus derechos políticos. Galindo presentó la iniciativa para que se otorgara la ciudadanía limitada a las mujeres, y que pudieran votar en las elecciones municipales:

Es de estricta justicia que la mujer tenga el voto en las elecciones de las autoridades, porque si ella tiene obligaciones con el grupo social, razonable es, que no carezca de derechos. Las leyes se aplican por igual a hombres y mujeres; la mujer paga contribuciones […], ayuda a los gastos de la comunidad […], para las obligaciones, la ley la considera igual que al hombre, solamente al tratarse de prerrogativas, la desconoce.

[…] la mujer mexicana, que no se ha excluido de la parte activa revolucionaria, no se le excluya en la parte política y que […] la pongan en la senda de su dignificación de la que en gran parte dimana la significación de la patria.37

La iniciativa de Galindo coincidió sólo con uno de los 219 constituyentes: Salvador González Torres. El general michoacano, en un célebre discurso, hizo ver a los diputados lo absurdo de considerar a las mujeres menos inteligentes que los hombres por tener una cabeza más pequeña. Les señaló que, en ese caso, un asno sería más inteligente que un hombre, porque tenían la cabeza más grande, y una ballena sería un pozo de sabiduría. He aquí sus palabras textuales:

La gran mayoría de los anti-feministas, fundan sus argumentaciones fisiológicas en este principio: “Un cráneo pequeño encierra un cerebro pequeño, y, por tanto, inferior”.

La segunda proposición dice que un cerebro pequeño es inferior a uno grande. De manera señores, que un asno, un caballo, un buey, tienen cerebros superiores al del hombre… ¡Una ballena o cualquier otro cetáceo, deben ser el colmo de la sabiduría…!

Por lo demás, bien sabemos científicamente, que el cerebro del hombre y de la mujer están igualmente formados; luego no hay razón para que el de ella sea inferior.

[…] así, pues […] diferencias orgánicas solamente existen en los órganos sexuales. ¿Esto nos autoriza a prever diferencias intelectuales?

[…] es evidente que en la marcha eterna de los siglos, el hombre apoderándose de todas las ventajas de la vida social y política y relegando a la mujer única y exclusivamente a los quehaceres domésticos, fue haciendo divergir las ocupaciones, estableciendo las diferencias de educación y de carácter, perfeccionándose intelectualmente, mientras la mujer permanecía ineducada.

La mujer debe conocer sus derechos y obligaciones, para ejercerlos cuando sea necesario […]; la mujer, socialmente, debe conocer el medio en que vive y contar con instrucción para disfrutar de sus beneficios.38

Lamentablemente, el general González Torres no pudo estar en la votación de la iniciativa por el estado de guerra del país. El 26 de enero de 1917, por 166 a favor y dos abstenciones, se votó no otorgar la ciudadanía a las mujeres, con los siguientes argumentos:

el hecho de que algunas mujeres excepcionales tengan las condiciones necesarias para ejercer […] los derechos políticos, no funda la conclusión de que […] deban concederse a las mujeres como clase.

La […] mujer no ha salido del círculo del hogar […], ni sus intereses se han desvinculado de los miembros masculinos de la familia, no ha llegado entre nosotros a romper la unidad de la familia […], las mujeres no sienten pues la necesidad de participar en los asuntos públicos, como lo demuestra la falta de todo movimiento colectivo en este sentido.39

La realidad que llevó a los constituyentes a esta conclusión fue la planteada en la tercera iniciativa, veamos. La maderista Inés Malváez solicitó que no se le diera el voto a las mujeres porque estaban controladas por la Iglesia, quien las manejaba desde el púlpito y el confesionario, por lo que se perdería todo lo ganado por la Revolución. Éste fue el argumento que pesó de forma decisiva en la votación.

La maderista argumentó que a las mujeres les faltaba educación, por ello estaban sumidas en el “absoluto fanatismo que les impide la libertad de pensar”, quedando en manos del clero. Por ello, para Malváez, al darles el voto a las mujeres se pondría en peligro la soberanía de la patria, los principios constitucionales y la idea general de la Revolución.

Galindo publicó en el número 59 de su semanario Mujer Moderna un artículo titulado “La razón de la sinrazón de la señorita Inés Malváez sobre el derecho al voto de la mujer”, el 1 de enero de 1917. En éste, Hermila defendió su iniciativa en pro de los derechos políticos de las mujeres para votar en el ámbito municipal, no así en el federal.

Ellas sufrían una flagrante discriminación, no podían votar por el solo hecho de ser mujeres, aunque tuvieran títulos universitarios, mientras los hombres analfabetas sí podían. Sin embargo, era cierto que la mayoría de la población, no sólo las mujeres, vivían bajo el influjo de la Iglesia. La propia Hermila había afirmado en su primera ponencia en el congreso feminista que la mujer padecía “una hipertrofia de vida intelectual” que la hacía “terreno fecundo a todas las charlatanerías religiosas”.40

México fue a la vanguardia de América Latina al establecer la libertad de cultos, cuando los liberales triunfaron en la guerra civil de Reforma en 1860. Esta guerra, la más sangrienta después de la Independencia, fue financiada por la Iglesia en contra de la Constitución de 1857, por ser la primera en la historia de México que no estableció la intolerancia religiosa. Al ser derrotados los conservadores, recurrieron a la intervención extranjera.

Años después, la institución eclesiástica fue enemiga de la Revolución. Hay que reconocer que, dada la cultura religiosa imperante, las mujeres vivían mayoritariamente sumidas en el fanatismo y gran parte de ellas sí eran controladas por el clero, Malváez tenía razón.

En cuanto a las dos abstenciones que hubo en la votación sobre la ciudadanía de las mujeres en el Congreso, no se sabe sus razones. Una de ellas corresponde al destacado revolucionario de las luchas sociales que antecedieron al propio movimiento armado de 1910: Esteban Baca Calderón. El constituyente nayarita había participado en la huelga de mineros en Cananea, Sonora, reprimida con rangers estadunidenses. El otro voto fue el de Hilario Medina, abogado maderista, defensor de las clases populares y el municipio libre.

Otro argumento que se esgrimió para no darle el voto a las mujeres, además de que eran controladas por el clero y que no estaban preparadas, fue que era inequitativo para los hombres solteros, ya que las casadas votarían por quien les dijeran sus esposos, por lo que en la práctica los casados tendrían doble voto.

Después de ser rechazado el otorgamiento de derechos políticos a las mujeres, todavía el diputado Félix Palavicini alertó sobre el peligro de que las mujeres quisieran participar en la política:

El dictamen dice que tienen voto todos los ciudadanos, está el nombre genérico; esta misma redacción tenía la adición que existe en la Constitución de 1857 y que se conserva hoy, y yo deseo que aclare la comisión en qué condiciones quedan las mujeres y si no estamos en peligro que se organicen para votar y ser votadas.41

Fue exactamente lo que paso: Hermila Galindo señaló que lo que no estaba prohibido en la Constitución, era permitido. Así que lanzó su candidatura para ser diputada a través de su revista Mujer Moderna. No obtuvo los votos suficientes, y aunque los hubiera tenido no la habrían dejado asumir el cargo. No obstante, se convirtió en censora legislativa del diputado que quedó en su lugar,42 al que solía llamar el “diputado del silencio”. Se dedicó a señalar públicamente, a través de sus artículos, que el diputado no hacía nada:

Demuestre ante la Nación y el mundo […], que consciente de sus aptitudes aceptó una postulación para servir debidamente los intereses que se le confiaron y no para exigir impúdicamente el fruto del sudor de un pueblo hambriento.43

DOCTRINARIA DE LA UNIDAD INDOLATINA

Esta brillante y aguerrida revolucionaria no sólo destacó en la política interior, sino que tuvo un papel importante en la política exterior del presidente Carranza. No sólo fue su representante en La Habana, Cuba, en septiembre de 1915, donde explicó la política exterior del Primer Jefe, como vimos páginas atrás, sino que fue la redactora de la obra que recoge la Doctrina Carranza.