El adolescente cautivo - Rubén D. Gualtero - E-Book

El adolescente cautivo E-Book

Rubén D. Gualtero

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Beschreibung

Que vivimos en una época de cambios acelerados es algo difícilmente cuestionable, de la misma manera que la adolescencia es un momento de gran trascendencia en el ciclo de la vida. El libro trata sobre esta interrelación adolescencia-sociedad actual, haciendo especial énfasis en cuatros aspectos: la mercantilización del cuerpo, las transformaciones en el ámbito familiar, la emancipación y el acceso al mundo laboral y, finalmente, un breve repaso por lo que implica, a nivel emocional, el momento adolescente y su transitar hacia la edad adulta. Los autores utilizan referencias bibliográficas de conocidos autores que han abordado el tema, citas literarias que ilustran vivencias concretas de esta etapa de la vida y ejemplos de su propia experiencia clínica que permiten acercar e identificar al lector con los temas tratados. Cada capítulo plantea una serie de reflexiones destinadas a orientar a los adultos ya sean profesionales o padres. No es un libro estrictamente académico ni clínico, es un libro pensado para todos aquellos que viven la realidad del adolescente y buscan la manera de entenderlos y de ayudarles en su proceso de crecimiento, no exento de dificultades pero lleno de potencialidades capaces de conducirles a encontrar su "lugar en el mundo". A pesar de que la adolescencia es un tema tratado desde diferentes ángulos, nos parece que lo novedoso del libro es su interrelación con el momento actual. Los grandes y acelerados cambios de nuestra sociedad provocan situaciones de incertidumbre en jóvenes y adultos; por ello resulta imperioso detenernos a reflexionar y encontrar nuevas respuestas.

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Seitenzahl: 251

Veröffentlichungsjahr: 2013

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Rubén D. Gualtero y

Asunción Soriano

El adolescente cautivo

Otros títulos de interés

publicados en Gedisa:

La educación de los hijos como los pimientos de Padrón

Emilio Pinto Rodríguez

Historias de la adolescencia

Experiencias en terapia familiar

Maurizio Andolfi

Anna Mascellani

Adolescencia entre pantallas

Identidades juveniles en el sistema de comunicación

Javier Callejo (coord.)

Jesús Gutiérrez Brito (coord.)

Violencia invertida

Cuando los hijos pegan a sus padres

Domingo Barbolla Camareno

Esther Masa Muriel

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Diálogos entre arte y terapia

Del «arte psicótico» al desarrollo

de la arteterapia y sus aplicaciones

Eva Marxen

Anorexia y bulimia

Un mapa para recorrer un territorio trastornado

Rosina Crispo

Eduardo Figueroa

Diana Guelar

A mi también me duele

Niños y niñas víctimas de la violencia

de género en la pareja

El adolescente cautivo

Adolescentes y adultos ante el reto de crecer en la sociedad actual

Rubén D. Gualtero y

Asunción Soriano

©Rubén D. Gualtero y Asunción Soriano

Diseño de cubierta: Elisabeth Pla Juncà

Primera edición: marzo de 2013, Barcelona

Edición en formato digital, 2013

Derechos reservados para todas las ediciones en castellano

© Editorial Gedisa, S.A.

Avenida del Tibidabo, 12 (3º)

08022 Barcelona, España

Tel. (+34) 93 253 09 04

Fax (+34) 93 253 09 05

Correo electrónico:[email protected]

http://www.gedisa.com

Formato digital:

Editor Service, S.L.

Diagonal 299, entresòl 1ª

08013 Barcelona

Tel. 93 457 50 65

[email protected]

www.editorservice.net

Índice

Prólogo

Introducción

1. El cuerpo robado

Historia del cuerpo: algunas consideraciones

Entre el cuerpo real y el que se anhela

¡Todos jóvenes!

Cambios físicos en la adolescencia: un hecho ineludible y complejo

2. Familias particulares

Nuevas configuraciones familiares

Cambios en las relaciones entre la pareja y con la prole

Tareas domésticas: un asunto de dos

Ternura y afectos entre los miembros de la pareja y con la prole

Relaciones paterno-filiales

Nuevas formas de convivencia: expectativas y retos

Familia(s) e hijos adolescentes

3. Trayectorias vitales en la encrucijada

Emanciparse: ¿cuándo? ¿cómo?

Sobradamente preparados

Una doble transición

Encontrar un lugar en el mundo adulto

4. Un equilibrio precario

Entre dos tendencias

Presentaciones adolescentes

Miedo a crecer

Correr demasiados riesgos

Adolescencia y trasgresión

Hacia un crecimiento saludable

El cuerpo

Relación consigo mismo

La familia

Los amigos y el grupo

Conclusiones

Bibliografía

Los autores

Rubén D. Gualtero Pérez

Es redactor de la Revista de Psicopatología y Salud Mental del niño y del adolescente. Sociólogo y Máster de Consultoría en desarrollo de las organizaciones. Ha realizado diversas publicaciones relacionadas con la adolescencia y con temas sanitarios, especialmente de salud mental. Actualmente es el responsable de publicaciones de la Fundació Orienta (Barcelona).

Asunción Soriano Sala

Es médico, psiquiatra y psicoanalista. Miembro de la Sociedad Española de Psicoanálisis y de la International Psychoanalytical Association. Coordinadora del Hospital de Día para adolescentes de Sant Pere Claver Fundació Sanitària y supervisora clínica de la Unitat Terapèutica de Justícia Juvenil, Parc Sanitari Sant Joan de Déu. Ha expuesto sus ideas sobre la adolescencia en distintas ponencias y publicaciones.

Agradecimientos

Este libro tiene su origen en 2008, cuando Leticia Escario nos invitó a participar con una ponencia en el Congreso Anual de la Sociedad Española de Psiquiatría y Psicoterapia del Niño y del Adolescente —SEPYPNA—, que se celebró en Almagro. Desde entonces este proyecto ha tenido recorridos e interlocutores diversos.

En lo que me concierne, el esbozo de la ponencia y el artículo que desarrollé a continuación contaron con la aportación y los comentarios de muchas personas; pero me gustaría señalar especialmente a Nieves Zuasti, de Madrid; Pere Viladot y Blanca Anguera, de Barcelona; y a Néstor Cardoso, de Colombia. Luego, después de muchas discusiones y momentos de incertidumbre, el libro arrancó con la participación de Asunción Soriano, a la que quiero agradecer su paciencia y flexibilidad para «ajustarse» a un guión que estaba diseñado con anterioridad.

Desde entonces, son muchas las personas que de una manera u otra han colaborado con nosotros. A todas les quiero dar las gracias. Sin embargo, me gustaría dedicar una mención especial a Alfons Icart. Su invitación a participar —hace ya 10 años— en la aventura de la Revista de Psicopatología y Salud Mental del niño y del adolescente ha alimentado mi interés por llevar adelante este libro.

Cuando Rubén inició este trabajo sobre los adolescentes en la sociedad actual, me propuso participar para que aportara aquello que, del psiquismo del adolescente, he ido aprendiendo a través de la experiencia clínica. Por ello, mi agradecimiento al Dr. Luis Feduchi, que ha sido y es un maestro para mí y para muchos profesionales. De él he aprendido, además de sus enseñanzas clínicas, a mantener una mirada de respeto y de esperanza en las capacidades del adolescente.

También quiero expresar mi agradecimiento a mis compañeros de los distintos centros en los que se ha desarrollado mi labor en la clínica adolescente, Creu Roja Parlament, Fundació Orienta y, actualmente, en Sant Pere Claver Fundació Sanitària, en el Hospital de Dia per a Adolescents. A los compañeros de este equipo quiero expresarles un cariño muy especial, por todo el trabajo compartido, ahora que cumplimos 10 años atendiendo a adolescentes en situaciones graves. No quiero olvidar, además, a mis colegas y amigos Blanca Anguera y Jorge Tio que me animaron y ayudaron con su lectura crítica y sincera.

De forma conjunta queremos manifestar nuestro especial agradecimiento a Albert Mauri por su generosa revisión del texto. Sus comentarios y sugerencias nos han guiado de forma clara y «amable» por unos caminos que sólo aparentemente resultan fáciles. Y por supuesto, para Alberto Lasa nuestro aprecio y gratitud.

Finalmente, dedicamos el libro a los adolescentes, a sus familias y a todos los adultos que, a pesar de las dificultades, se esfuerzan por crecer y mantener la esperanza.

Agradecimientos

Este libro tiene su origen en 2008, cuando Leticia Escario nos invitó a participar con una ponencia en el Congreso Anual de la Sociedad Española de Psiquiatría y Psicoterapia del Niño y del Adolescente —SEPYPNA—, que se celebró en Almagro. Desde entonces este proyecto ha tenido recorridos e interlocutores diversos.

En lo que me concierne, el esbozo de la ponencia y el artículo que desarrollé a continuación contaron con la aportación y los comentarios de muchas personas; pero me gustaría señalar especialmente a Nieves Zuasti, de Madrid; Pere Viladot y Blanca Anguera, de Barcelona; y a Néstor Cardoso, de Colombia. Luego, después de muchas discusiones y momentos de incertidumbre, el libro arrancó con la participación de Asunción Soriano, a la que quiero agradecer su paciencia y flexibilidad para «ajustarse» a un guión que estaba diseñado con anterioridad.

Desde entonces, son muchas las personas que de una manera u otra han colaborado con nosotros. A todas les quiero dar las gracias. Sin embargo, me gustaría dedicar una mención especial a Alfons Icart. Su invitación a participar —hace ya 10 años— en la aventura de la Revista de Psicopatología y Salud Mental del niño y del adolescente ha alimentado mi interés por llevar adelante este libro.

Cuando Rubén inició este trabajo sobre los adolescentes en la sociedad actual, me propuso participar para que aportara aquello que, del psiquismo del adolescente, he ido aprendiendo a través de la experiencia clínica. Por ello, mi agradecimiento al Dr. Luis Feduchi, que ha sido y es un maestro para mí y para muchos profesionales. De él he aprendido, además de sus enseñanzas clínicas, a mantener una mirada de respeto y de esperanza en las capacidades del adolescente.

También quiero expresar mi agradecimiento a mis compañeros de los distintos centros en los que se ha desarrollado mi labor en la clínica adolescente, Creu Roja Parlament, Fundació Orienta y, actualmente, en Sant Pere Claver Fundació Sanitària, en el Hospital de Dia per a Adolescents. A los compañeros de este equipo quiero expresarles un cariño muy especial, por todo el trabajo compartido, ahora que cumplimos 10 años atendiendo a adolescentes en situaciones graves. No quiero olvidar, además, a mis colegas y amigos Blanca Anguera y Jorge Tio que me animaron y ayudaron con su lectura crítica y sincera.

De forma conjunta queremos manifestar nuestro especial agradecimiento a Albert Mauri por su generosa revisión del texto. Sus comentarios y sugerencias nos han guiado de forma clara y «amable» por unos caminos que sólo aparentemente resultan fáciles. Y por supuesto, para Alberto Lasa nuestro aprecio y gratitud.

Finalmente, dedicamos el libro a los adolescentes, a sus familias y a todos los adultos que, a pesar de las dificultades, se esfuerzan por crecer y mantener la esperanza.

Prólogo

Este libro trata de los adolescentes y de la sociedad en la que nacen, son criados, crecen, y viven —mejor o peor—. Algunos, afortunadamente pocos, también optan por una significativa muerte voluntaria. Una sociedad y una época: ¿privilegiada o complicada? Unos adolescentes con una vida: ¿mejor o peor que la de sus predecesores? Las respuestas no son fáciles y, como los autores apuntan con razón, exigen muchas matizaciones. Lean y juzguen.

Tal como desean y a la vez temen sus protagonistas, la adolescencia despierta en nuestro entorno social —sorprendentemente indiferente a muchos otros conflictos— apasionadas reacciones. La imagen que los adultos atribuimos a los adolescentes y que a ellos —pese a sus solemnes declaraciones de indiferencia, a sus «paso de lo que penséis de mí»— tanto les preocupa; les devuelve, como los espejos de feria, una visión distorsionada que unas veces les divierte y otras les indigna, que acaba por desmoralizarles más que estimularles, y por angustiarles más que por tranquilizarles.

En boca de muchos padres y educadores o en la voz de la calle oímos con frecuencia un rosario de calamidades. Sólo citaré las más frecuentes: desmotivación y absentismo escolar; botellón y juergas que invaden y ensucian «nuestros» espacios festivos y de ocio; violencia y destrucción del «mobiliario urbano»; consumo insensato de alcohol, porros y «de cosas peores». Si afinamos en las quejas —que siendo más precisos deberíamos quizá llamar temores— de nuestros adultos, aún hay más: insolidaridad y egoísmo; desafío o, aún peor, desconocimiento de las normas elementales de convivencia; formación de bandas de «pre-delincuentes», profesionales precoces del trapicheo y la extorsión, y «ya se sabe, todo esto no puede traer nada bueno…».

Muchos, cargando un poco las tintas y también cargados con datos reales, nos dirán que no son exageraciones, sino simples realidades de nuestra sociedad actual, y que se podría añadir un largo etcétera, tan largo como para que a muchos les ofenda la pregunta: «¿y si —como ahora se dice de nuestros políticos— tenemos los adolescentes que hemos creado y que nos merecemos?».

Pero, alarmismos al margen, nuestros adolescentes funcionan. Pueden darnos lecciones de amistad y fidelidad. Pueden ser capaces de recorrer el mundo con curiosidad y… con valentía. Pueden interesarse y fascinarse con la opulencia de los países más poderosos; pero también pueden elegir pringarse con la pobreza de los países subdesarrollados, o incluso del nuestro, hasta ilusionándose —con la convicción, ingenuidad y generosidad propias de su impulsiva edad— con poder sacarlos de la miseria. Pueden aprender, con mayor entusiasmo y rapidez que nosotros, todo lo que les atrae. Pueden, aunque muchos no se lo crean, esforzarse con constancia si algo les motiva. Pueden y suelen, aunque les cueste y a veces tarden en hacerlo, mostrarnos su profundo agradecimiento.

Todo ello debería hacernos meditar sobre lo que desde nuestra sociedad y nuestra propuesta formativa y educativa les ofrecemos, y sobre cómo lo hacemos. Deberíamos poder recordar y reconocer que todos encontramos, en la memoria de nuestra niñez, de nuestro paso por la pubertad y del combate de la adolescencia la presencia —para bien o para mal— de algunos adultos significativos. Las huellas con que quedaron marcados en nuestra intimidad son muescas de agradecimiento o de sufrimiento. Pudieron incluso marcar nuestro destino. Quienes, como los autores de este libro, estamos en contacto a diario con adolescentes, podemos y debemos testimoniar que ellos esperan mucho de los adultos que les rodean; «quizá demasiado», suelen opinar éstos cuando sufren este exceso de dependencia, aunque parecen tener menos conciencia de su propia contribución a generarla y de su escasa capacidad para encontrar, para sus adolescentes, una vía de salida hacia su autonomía. «Son ellos los que no la quieren»: ésta suele ser la reflexión con la que los adultos cerramos un círculo que sólo es vicioso en apariencia.

Creo que este libro, escrito por profesionales con demostrada y reconocida experiencia en el terreno de los determinantes sociales, psicológicos y psicopatológicos de la adolescencia, es todo un ejercicio de comprensión de los numerosos y complejos factores en juego. En él se evitan las fórmulas y soluciones aparentemente fáciles, se expresa el complicado y comprometido trabajo de explicarnos por qué, contrariamente a una opinión muy extendida, ser adolescente está más cerca de ser un lío que un chollo. Ser adolescente exige, sobre todo en circunstancias desfavorables, más trabajo del que se deduce de la imagen del «niñato» que lo tiene todo y que no sabe lo que quiere. Que, antes y detrás, debajo y en torno de los adolescentes que no encuentran su futuro, hay más cosas que pasividad, facilidad y comodidad.

En definitiva, cada adolescente es una persona con su propia historia. Y esa resultará más difícil de contar, en especial a un adulto, cuanto más dura haya sido, porque en la infancia y la adolescencia la dureza de la vida está siempre vinculada a las presencias y ausencias, a las palabras y los silencios de los adultos. Y, por muy provocadores que sean, no son los adolescentes quienes la determinan, aunque también conviene recordarles que la condicionan. No son ellos quienes han generado el entorno, la familia y las dificultades o males que les afectan, pero tampoco son los convidados de piedra, sin ninguna responsabilidad ni posibilidad de nuevos compromisos. Conviene que, prudente pero firmemente, les hagamos saber que pueden ser los protagonistas activos de su destino.

Los autores de este libro se posicionan —y su elección y compromiso profesional lo confirma tanto como este texto— como defensores del factor humano, tanto en la génesis del malestar y el sufrimiento del adolescente, como en la relación de comprensión y ayuda, eventualmente terapéutica, que puedan necesitar. Sin duda, la lectura cuidadosa que este libro exige nos proporciona muchos detalles para afinar la comprensión previa que cualquier intervención requiere.

Si hay algo que debe resaltarse en esta obra es que nos confirma que los adolescentes, diversos y distintos, son el resultado de su historia humana. Por eso dejarse ver y hacerse oír es una de sus tareas fundamentales. Lo que siempre necesitan —y muchas veces con desesperación— es poder encontrar adultos sensibles a semejante provocación que además sean, primero, capaces —y no es fácil— de escuchar su historia con el respeto que su relato requiere y de hablarles, luego, desde la sensatez y serenidad que se supone y espera de un adulto y que el malestar del adolescente merece, aunque lo pida de manera torpe, desacertada o incluso grosera. Para nuestro razonable desasosiego conviene no olvidar que el que en esta situación azarosa se produzca un encuentro, o un desencuentro, puede determinar, y mucho, el futuro de nuestros adolescentes.

Alberto Lasa

Médico, psiquiatra, psicoanalista. Profesor titular de Psiquiatría de la Universidad del País Vasco. Jefe del Servicio de Psiquiatría de Niños y Adolescentes. Servicio Vasco de Salud-Osakidetsa (Comarca Uribe - Red de Salud Mental del País Vasco).

Junio de 2012

Introducción

«¡Qué difícil me resulta ver lo que tengo ante los ojos!»

Ludwig Wittgenstein (Observaciones, 1940)

Desde épocas remotas la adolescencia ha sido objeto de atención y polémica; además de uno de los momentos más importantes en el ciclo de la vida de los humanos, tal como se pone de manifiesto en los estudios etnográficos que documentan la presencia de ritos de paso en pueblos, culturas y latitudes muy diversas. Por tanto, la primera consideración es que no nos ocuparemos de un tema novedoso. Junto a esta constatación es necesario remarcar, también, que la adolescencia es un hecho y una vivencia de gran trascendencia no sólo a nivel social, sino también en la vida de cada uno de nosotros, cuyos detalles y vaivenes han sido generosamente recogidos por la literatura y el imaginario popular.

Otra cuestión, que tampoco resulta novedosa, es que el tránsito hacia la edad adulta supone hacer frente a multitud de cambios físicos, emocionales, familiares o sociales, que adquieren especial relevancia con la llegada de la pubertad, un auténtico «cataclismo» en el proceso de madurez de los individuos. También en este caso nos enfrentamos a asuntos profusamente tratados por disciplinas como la psicología y la psiquiatría y, de un tiempo a esta parte, sobre todo por los manuales de autoayuda.

Si la adolescencia es algo suficientemente conocido y documentado, entonces aquello que resulta significativamente diferente es el «mundo de la vida» en el que se es adolescente —en el sentido dellebenswelque formuló Edmund Husserl—. Por tanto, si «toda sociedad humana trata de protegerse inventando la adolescencia que requiere» (Kaplan J. L., 1986, p. 43), posiblemente lo que hace esta época diferente de cualquier otra de la historia, es que nuncaantes como ahora la sociedad en su conjunto, y especialmente el mundo occidental, ha experimentado tantos cambios en un períodode tiempo tan corto. Y no sólo se trata de cambios tecnológicos, también asistimos a profundas transformaciones en otros ámbitos, como la vida familiar y laboral, el campo de las relaciones interpersonales, el consumo de masas, etcétera. Es decir, a diferencia deotras épocas, ahora la adolescencia, como un momento de la vida marcado por transformaciones —fisiológicas y morfológicas—, desprendimientos, búsquedas —de identidad y autonomía—, de incertidumbres y grandes anhelos (Aberastury Armindaet al., 1984; Kaplan J. L., 1986; Hogan Dennis y Astone Nan Marie, 1986), tiene como marco de referencia un mundo en el que «conceptos como ambivalencia, borrosidad, contradicción, perplejidad, etcétera, cobran importancia, una importancia que con los cambios radicales parece crecer sin pausa» (Beck, U., 2000, p. 29).

La pregunta que surge es: ¿cómo crecer en estas circunstancias? No tenemos la respuesta y es improbable que alguien pueda tenerla en su totalidad. Pero si podemos analizar algunos aspectos de la relación entre la adolescencia y la sociedad actual; una relación de profunda y mutua imbricación que, como en cada momento histórico, está marcando el tránsito hacia la edad adulta. En este sentido, haremos referencia a tres cuestiones que nos parecen características de nuestra época y que, sin duda, están condicionando la vida y el modo de construirse de los jóvenes actuales. Bajo el título «Cuerpo robado», en el primer capítulo hablaremos de la mercantilización del cuerpo joven y de la fascinación que produce entre los adultos, que está haciendo del culto a la juventud un fenómeno casi emblemático de nuestro tiempo. Este hecho, cuya trascendencia podría parecer que no va más allá de los inciertos designios de la moda y el consumo de masas, tiene una enorme repercusión en la vida de los adolescentes. Por un lado, porque ofrece y, de alguna manera impone, un canon de belleza, precisamente en un momento de la vida especialmente sensible con todo lo relacionado con el aspecto físico y con la imagen que se desea proyectar, y cuya búsqueda está generalmente acompañada por apremiantes temores e incertidumbres, cosa que hace enormemente vulnerables a los adolescentes. Pero, además de es­ta presión a la que se ven sometidos los adolescentes, también nos referiremos en esta primera parte a la enorme contradicción que existe entre la apropiación e idealización de «la juventud» y las enormes dificultades e impedimentos con que se encuentran los chicos y chicas a la hora de hacer realidad su proyecto de emancipación y de transición hacia la vida adulta. Y esta paradoja no sólo se da a nivel general, también se hace patente en la vida de muchos adolescentes que suelen aparecer, frente a las expectativas de sus progenitores, como «ídolos caídos».

Luego de este primer elemento, nos detendremos en otra de las cuestiones que han modificado de forma significativa el panorama actual y que está profundamente implicada en el desarrollo y crecimiento de los individuos. Nos referimos a la familia en el sentido amplio de la palabra; es decir, no sólo como ellugarque acoge y cuida a la prole mientras ésta no puede valerse por sí misma, también a su función de transmisora de valores y roles sociales. En este sentido son muchos los cambios que se han producido en muy poco tiempo, cambios sustanciales que sin duda están afectando de forma directa a todos los miembros de la familia, pero especialmente a los más jóvenes.

Bajo el título «Familias particulares», hablaremos de estas nuevas formas de convivencia o, como diría J. M. Coetzee, de «esas familias modernas tan complicadas, donde todo el mundo llama a todo el mundo por elnombre de pila» (2005, p. 46). En este caso nos centraremos en las repercusiones que estos cambios en el ámbito familiar están generando entre sus miembros y, especialmente, entre aquellos que intentan dar el paso hacia la edad adulta. Trataremos un aspecto importante, pero tan sólo uno de los muchos que se entremezclan a la hora de abordar este tema. Huelga advertir al lector que no se encontrará frente a un análisis exhaustivo de la familia actual, porque sobrepasa nuestras posibilidades y porque se impone una cierta cautela a la hora de enfrentarse a una situación compleja, en transición y no exenta de puntos de vista diversos y posiblemente polémicos, como el que en 1990 planteaban Elisabeth y Ulrich Beck: «lo que ocurre más bien es que una forma mixta de libertad y de obligación es sustituida por otra, pero por una que al parecer mezcla las libertades y las obligaciones de modo más joven, más atractivo y de acuerdo con las exigencias del tiempo. Prueba de ello es que, a pesar de todo el estrés que significapara uno mismo,casi nadie quiere volver a la situación anterior.Sin embargo, no pocos hombres desearían atrasar los relojes, pero sólopara las mujeres» (Beck, U. y Beck-Gernsheim, E., 2008, p. 22, cursivas en el original).

En tercer lugar, nos proponemos profundizar en otra cuestión clave para el desarrollo del individuo: su proyecto de vida. Su paso hacia una mayor autonomía e independencia. Este hecho, que hasta hace pocos años venía marcado por la tradición, con ocupaciones elegidas en función del sexo y con escasa movilidad social, ha sufrido enormes transformaciones, como consecuencia, entre otras razones, de las mayores oportunidades y exigencias de cualificación que progresivamente han ido surgiendo en la llamada sociedad «postindustrial», en un «mundo globalizado». Hallar un lugar donde desarrollar tus habilidades, ejercer tus conocimientos, adquirir experiencia; en definitiva, la inserción en el mundo laboral, en «el mercado de trabajo» está suponiendo para los más jóvenes un enorme esfuerzo que muchas veces se ve poco recompensado o, lo que es peor, al que se teme o se resiste a entrar por todo lo que tiene de amenazador e incierto.

«Trayectorias vitales en la encrucijada», así hemos denominado a este apartado y que, sumado a los dos anteriores, creemos que constituye una trilogía que por su novedad, o como consecuencia de ella, añade grandes dosis de incertidumbre a algo ya de por sí difícil, como es tener que abandonar el «cobijo que proporciona la infancia» y avanzar hacia la madurez, hacia la edad adulta. En consecuencia, no resulta casual que una de las inquietudes de nuestro tiempo sea la dificultad para dar ese paso, de tal forma que cada vez más nos empeñamos en sacralizar la juventud, tal vez en un intento de ocultar o negar la dureza que supone llegar a la adultez.

En el último capítulo, que hemos titulado «Un equilibrio precario», planteamos como a la fragilidad emocional propia de la adolescencia —inseguridad, miedos, inestabilidad— se suman muchas de las cuestiones antes mencionadas y que consideramos específicas de nuestra época. No es que en otros momentos el adolescente no tuviera que hacer frente a conflictos ajenos —la figura del «padre padrone» es una realidad desde hace siglos—, sólo que ahora esos conflictos pueden partir ya no del padre biológico, sino del padrastro o del «amigo» de la madre, con lo cual la situación suele ser, cuando menos, más delicada. Asimismo, frente a las dudas que genera un cuerpo en construcción, ahora «el modelo» está decidido de entrada y resulta muy difícil no seguirlo, o que eladulto al que ha de imitar —o rechazar— se presenta como un igual o pretende ser tan joven como él. En definitiva, no es que hasta fechas relativamente cercanas el adolescente, en su proceso de crecimiento, no tuviera que enfrentarse a un «mundo ajeno», lo que pasa es que ahora este enfrentamiento es mucho más complejo, con fronteras más ambiguas y, por tanto, una fuente constante de perplejidad.

Por todo ello nos parece importante hacer un breve repaso de lo que implica, en lo emocional, el momento adolescente y su tránsito hacia la edad adulta. De cómo se elabore este momento, ciertamente crítico, parte la posibilidad de que surja un individuo con una nueva identidad acabada de estrenar, hasta el extremo de que en algunas ocasiones se habla de «nuevo nacimiento». Dejar atrás la infancia y situarse en un cruce de caminos en el que deben tomarse decisiones que pueden encaminar hacia el progreso y la adquisición de nuevos recursos es, desde luego, un gran reto. Pero también supone, para muchos chicos y chicas que han tenido dificultades en su desarrollo, una «segunda oportunidad», sobre todo si encuentran el apoyo y la confianza de los adultos que ven el momento adolescente no sólo como una situación caótica y llena de dificultades, sino también como una gran oportunidad para el cambio. Desde esta perspectiva intentaremos mostrar como este proceso encaja en la sociedad actual y, a partir de una cierta tipología, lo reflejaremos de la forma más clara y sencilla posible.

Una vez visto este panorama, que plantea la mercantilización del cuerpo y sus vivencias, el «desorden» familiar y la poca acogida en el mundo sociolaboral, es preciso pensar en cómo hacer frente a estas dificultades. Como ya anticipábamos, esperamos no defraudarles si insistimos en que a lo largo de estas páginas no encontrarán soluciones definitivas; es más, les invitamos a estar alerta con quienes dicen poseerlas. Por el contrario, creemos que se trata de una tarea a largo plazo que nos concierne a todos. Ahora bien, aunque no planteemos recetas más o menos mágicas e inmediatas, eso no significa que no seamos conscientes de ciertos riesgos a los que puede conducir el momento actual. Uno de ellos, que está muy presente en nuestros días y que probablemente habrán experimentado, es la tendencia a profesionalizar —medicalizando, psiquiatrizando o judicializando— los problemas que «padecen» los adolescentes y los jóvenes, «dramatizando» aspectos y situaciones que, inevitablemente se dan, se han dado y seguramente se darán, en el proceso de crecimiento de cualquier adolescente, en la cotidianidad de muchos de ellos.

Otro riesgo frecuente, especialmente presente en los medios de comunicación, es el de potenciar la peligrosidad de los jóvenes, trasmitiendo con demasiada frecuencia una imagen distorsionada de los mismos. Como decía Donald W. Winnicott hace ya algunos años: «Todos preguntan cuál es la solución. Personas importantes proponen varias respuestas alternativas, pero lo cierto es que no hay solución alguna, salvo que cada adolescente de uno u otro sexo crezca y madure con el tiempo hasta hacerse adulto (a menos que esté enfermo). Quienes no comprenden —como hizo Shakespeare— que aquí interviene el factor tiempo reaccionan de un modo nocivo. En verdad, la mayor parte de la alharaca proviene de individuos incapaces de tolerar la idea de dejar que el tiempo resuelva el problema, en vez de recurrir a una solución inmediata» (1991, p. 183, cursivas en el original).

Frente a la tendencia a la estigmatización —profesional o mediática— del joven o adolescente, un riesgo no menos importante es el de «folclorización» de la juventud, haciendo de ella una época sin contratiempos, casi idílica, y en la que los problemas o dificultades son ocasionados por «la sociedad» o por los «mayores». De estos riesgos daremos cuenta en el último apartado.

Si escribir un libro de estas características no es una tarea fácil, la cosa todavía se complica más si se hace a cuatro manos. En este sentido, para facilitar la lectura y evitar un texto farragoso, los autores hablan con una sola voz, excepto en los casos clínicos que ilustran determinados planteamientos más generales y que seleccionó la Dra. Asunción Soriano de su experiencia como psiquiatra y psicoterapeuta de adolescentes, atendidos tanto a nivel ambulatorio como en hospitalización parcial.

A estas alturas sobra advertir que se trata de un trabajo que se sitúa en la línea de lo exploratorio y se mueve en el terreno de lo habitual, de lo cotidiano, de lo «infinitamente cercano», si forzamos la expresión. Y esto nos obliga a ser cautelosos. En definitiva, se trataría de que estas reflexiones nos ayuden a pensar, ya que como dice Eduardo Lladó, «pensar es hacer germinar lo que está en el alma. Las palabras escritas sólo “crecen” en aquél que las incorpora en su propio tiempo, que traza con esas palabras nuevos senderos, que engarza nuevas ideas, que las siembra en otros» (1992, p. 124).

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El cuerpo robado

Pocas veces como en la actualidad la imagen del cuerpo ha estado tan presente en todos los ámbitos de la vida cotidiana.1