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«Lisa se despertó cuando comenzó la acción en la planta de arriba. Se acordó de Carl, que seguramente también se habría despertado. La mujer del piso superior se entusiasmó. Tenía un don para llevar a casa a los hombres correctos, pues casi siempre alcanzaba el orgasmo. Gemía y suplicaba más. Lisa pensó que parecía insaciable y ella misma comenzó a excitarse con los sonidos de las hazañas sexuales que se llevaban a cabo arriba. Se preguntó si Carl sentiría lo mismo y no pudo evitar trasladarlo a sus fantasías». Por fin Lisa ha encontrado un nuevo apartamento. Es pequeño y acogedor, pero hay un problema: los vecinos de arriban practican sexo a todo volumen cada noche. Lisa no es la única que los oye: Carl, otro vecino, también sufre las consecuencias. Este divertido punto en común hará que Lisa y Carl empiecen a pasar tiempo juntos y sean ellos mismos quienes comiencen a practicar sexo cada noche.
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Seitenzahl: 29
Veröffentlichungsjahr: 2020
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Camille Bech
LUST
El apartamento de arriba
Original title:
BEGÆRETS MAGT - Lejligheden ovenpå
Translated by Raquel Luque Benítez
Copyright © 2017 Camille Bech, 2020 LUST, Copenhagen.
All rights reserved ISBN 9788726498400
1st ebook edition, 2020. Format: Epub 2.0
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Justo antes de que comenzara el semestre, Lisa se mudó al apartamento encima de la antigua librería. Tuvo suerte al encontrarlo, fue precisamente cuando estaba a punto de perder la esperanza. No era enorme, pero tenía todo lo que necesitaba: una pequeña sala de estar, una pequeñísima cocina, un baño con una modesta ducha y una habitación en la que justo cabía una cama estrecha. El apartamento estaba en un viejo edificio en el centro que solo contaba con diez viviendas y tenía la antigua librería en la planta de abajo.
Durante su primera noche, oyó ruidos que provenían del apartamento de arriba y le llevó un tiempo descubrir de qué se trataba. No pudo evitar sonreír cuando se dio cuenta de que los ruidos eran causados por las actividades en el dormitorio. Lo estaban haciendo. Gemían tan alto que era un problema quedarse dormida. Lisa intentaba no escuchar cuando estaba acostada, pero era imposible, no la dejaban dormir. La acústica del edificio era atroz y cuando la mujer de arriba llegaba al orgasmo, todo los vecinos se enteraban. Chillaba, gritaba y gemía.
Incluso Lisa se excitaba y se tocaba en medio de la oscuridad cuando lo hacían. Doblaba las sábanas entre sus piernas y se movía hacia delante y hacia atrás hasta que el hormigueo más placentero se sentía entre sus piernas. Aún no había visto a sus vecinos de arriba. Sobre el buzón solo se podía leer «M. Hansen», lo cual simplemente le indicaba que, oficialmente, solo una persona vivía allí. Poco después de mudarse comenzaron las clases en la universidad, y pronto aprendió que, si se quedaba dormida con tapones antes de que sus vecinos de arriba empezaran, podía tener la suerte de dormir la noche entera.
Vivía en la primera planta, el ruido provenía de la segunda, y estaba a punto de conocer a su vecino de la tercera planta. Un hombre de unos treinta años estaba plantado frente a su puerta cuando volvió de la universidad. Parecía de origen groenlandés y su larga cabellera negra estaba recogida en una coleta.
—¿Puedo ayudarte?
Lo miró mientras buscaba sus llaves.
—Tengo que hablar contigo sobre ellos… supongo que también los habrás oído. Desde que me mudé, no he conseguido dormir en condiciones.
Lisa le sonrió y se sintió aliviada por no ser la única que consideraba a sus vecinos de arriba un poco excesivos.
—Bueno… es difícil no escucharlos… cuando echan un polvo. ¿Quiénes son? No los he visto nunca.
Él la siguió al interior del apartamento cuando abrió la puerta y Lisa le preguntó si le apetecía una taza de café. Movió una pila de libros amontonados para que pudiera sentarse.
—Ella es camarera en una de las calles de la zona y nunca es el mismo hombre. Los trae a casa cuando vuelve del trabajo. No sé si así gana algo de dinero extra.
