El arte de la estrategia - Daniel Torres - E-Book

El arte de la estrategia E-Book

Daniel Torres

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Si algo ha caracterizado la ancestral sabiduría de Oriente es su profundo conocimiento de la naturaleza humana y el desarrollo de sus potencialidades, pero también en lo referido a sus flaquezas especialmente cuando se enfrenta a situaciones de conflicto o de competencia. Es a partir del conocimiento de las debilidades ajenas, y la puesta en valor de las fortalezas propias aplicadas en la batalla, como se desarrolló un arte de la estrategia que da origen a una literatura propia. En esta literatura destacan a lo largo de la historia fundamentalmente dos obras, una china y otra japonesa, escritas en diferentes épocas y en contextos culturales distintos, pero en las que se muestra una sabiduría profunda acumulada a partir de la experiencia de siglos, pero tremendamente actual y perfectamente aplicable a cualquier situación en la que el conflicto esté presente, o pueda aparecer, o cuando el interés en relación a algo requiera adquirir ventaja sobre el rival o competidor. Después, desde el campo militar, este arte pasó a la política y más tarde al mundo mercantil hasta llegar a la vida cotidiana. Estos libros son El arte de la guerra de Sun Tzu, y El libro de los cinco anillos de Miyamoto Musashi, sobre los cuales encontrará el lector una introducción a los textos que le proporcionará los contextos históricos y culturales de ambas obras. Además, en este volumen se añade como valioso complemento las afamadas 36 estrategias chinas que son un extraordinario resumen del que podemos llamar "el arte de la ventaja". Todo ello procura al lector la posibilidad de acceder a un conocimiento y a una sabiduría ancestrales perfectamente aplicables en cualquier situación de competencia o disputa.

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Seitenzahl: 168

Veröffentlichungsjahr: 2025

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EL ARTE DE LA ESTRATEGIA

Incluye los textos de El arte de la guerra, El libro de los cinco anillos y Las 36 estrategias chinas

Daniel Torres

https://www.libros-biblos.com/

© EDITATUM

© DANIEL TORRES

© De la traducción: Daniel Torres

Queda prohibida, salvo excepción prevista en la ley, cualquier forma de reproducción, distribución, comunicación pública y transformación de esta obra sin contar con la autorización de los titulares de propiedad intelectual. La infracción de los derechos mencionados puede ser constitutiva de delito contra la propiedad intelectual (art.270 y siguientes del Código Penal). El Centro Español de Derechos Repográficos (CEDRO) vela por el respeto de los citados derechos.

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Primera edición: marzo de 2025

Daniel Torres ha estudiado Filosofía y lleva vinculado al mundo del libro desde 2013. Se ha especializado en el pensamiento y religiosidad del Mundo Antiguo y de Oriente siendo también un estudioso y practicante de las artes marciales clásicas.

Ha publicado ¿Con que filósofo te quedas?

A mis padres, que me lo han dado todo.

A mi mujer Alba y a mis primos Julián y Enrique, con quienes, además del pan, comparto la Vía Marcial.

A Miguel Delgado, Noelia Delgado, Francisco Vega y Paco Vivas, mis maestros.

A Carlos González, mi amigo, el guerrero que es uno con la Vía.

PRÓLOGO

Si algo ha caracterizado a la ancestral sabiduría de Oriente es su profundo conocimiento de la naturaleza humana en lo que concierne a sus potencialidades, pero sobre todo en lo referente a sus debilidades y flaquezas, pues son estas las que afloran de modo más evidente en las situaciones adversas.

Es a partir del análisis y el conocimiento de las debilidades ajenas y la puesta en valor de las fortalezas propias aplicadas en la batalla como se desarrolla todo un arte estratégico que da origen a una literatura propia en principio destinada al ámbito marcial y castrense. En esta literatura destacan a lo largo de la historia fundamentalmente dos obras, una china y otra japonesa, escritas en diferentes épocas y en contextos culturales distintos, pero en las que en ambas se muestra una sabiduría profunda acumulada a partir de la experiencia de siglos, pero tremendamente actual y perfectamente aplicable a cualquier situación de conflicto o competencia. Los principios expuestos en estos textos fueron implementados primero en el mundo militar, pero su influencia se extendió hacia los ámbitos político y mercantil hasta, finalmente, convertirse en manuales de referencia para todos aquellos interesados en el desarrollo personal.

Este volumen recoge estas dos obras: El arte de la guerrade Sun Tzu y El libro de los cinco anillos de Miyamoto Musashi, ambos precedidos de estudios introductorios que proporcionarán los contextos históricos y culturales de ambos textos.

Como colofón, hemos incluido como valioso complemento a esta literatura las afamadas 36 estrategias chinas, que son un extraordinario resumen del que podemos llamar «el arte de la ventaja» y que ha sido un compendio de enseñanza, primero oral y luego escrita, que ha formado parte acervo popular chino durante siglos. Para muchos expertos y analistas sociales, económicos y políticos, esta sabiduría es la que ha permitido a países como China, Japón o Corea del Sur, pasar en pocos años de situaciones muy duras a alcanzar un liderazgo en términos económicos, comerciales y tecnológicos.

No es extraño que toda esta sabiduría impactara en Occidente cuando poco a poco tuvo acceso a ella. Por la potencia de su contenido y la naturaleza práctica e intemporal de sus enseñanzas, estos textos trascendieron el ámbito de los estudios militares para convertirse en referentes en los campos de la psicología o el de la empresa.

El lector apreciará que estos textos caminan a veces por la delgada línea roja de la inmoralidad, pero al igual que El príncipe de Maquiavelo, estos libros no son tratados de ética, sino manuales de ciencia política totalmente emancipados de la moral convencional de cualquier época y contexto.

Siempre será provechoso para aquellos interesados en conocer la naturaleza del ser humano y el conflicto estudiar estos tres clásicos acerca de lo que se ha definido como «el arte de la estrategia». Disfruten de la lectura.

Daniel Torres

EL ARTE DE LA GUERRA

Sun Tzu

Introducción

El arte de la guerra de Sun Tzu, es uno de esos libros que todos deberíamos leer por lo menos una vez en la vida.

El inmenso valor que posee este texto no reside únicamente en su importancia histórica, que es mucha y motivo más que suficiente para acudir a sus páginas, sino en lo útil de su contenido.

El arte de la guerra es un tratado de estrategia militar y ciencia política. Escrito en una época violenta y convulsa, de la cual hablaremos más adelante, este libro es un hijo de su tiempo que no se entretiene en sesudas reflexiones filosóficas ni en sofisticados juegos de palabras: va directamente al grano, explicando de manera sencilla cómo ha de actuar un líder en tiempos de guerra para garantizar la supervivencia de su pueblo. Pero la sabiduría que ofrece El arte de la guerra no se agota en los campos de batalla y en los despachos de los generales, pues se puede aplicar en cualquier ámbito o circunstancia de la vida cotidiana en el que esté presente la disputa y la competencia. Ante todo, El arte de la guerra nos enseña a prevalecer sobre nuestros rivales.

El Arte de la guerra se atribuye a Sun Tzu, una figura legendaria que supuestamente ostentó el generalato durante la Era de los Reinos Combatientes. Lo poco que sabemos de Sun Tzu es lo que el historiador del siglo II a. C. Sima Qian dejó escrito en sus Memorias históricas, que no es más que algunos apuntes biográficos y una anécdota bizarra en la que se nos muestra al mítico general entrenando y sometiendo a una dura disciplina a las concubinas del rey de Wu tras haber sido retado por este.

El contexto histórico: una breve historia de China desde sus orígenes legendarios hasta el final de la Era de los Reinos Combatientes.

China es el nombre que dieron los persas al imperio sobre el que reinaba la dinastía Qin en el siglo III a. C. El nombre que los lugareños daban, y siguen dando, a su tierra era muy distinto: «Zhonguó».

Zhonguó significa, literalmente, «País del Centro». En sus orígenes, dicho País del Centro se configuraba en torno a la cuenca del Río Amarillo, más o menos a la altura de la actual provincia de Henan. Dirigido por los semilegendarios Xia (2207−1765 a. C.) primero y por los, más fácilmente rastreables, Shang (1765−1122 a. C.) después, el País del Centro fue creciendo poco a poco a la par que iba conquistando y sometiendo o asimilando a los reinos, estados, tribus y pueblos que le rodeaban.

Los crueles Shang, recordados hoy en día sobre todo por su afición a los sacrificios humanos, fueron depuestos por una dinastía cuyos orígenes se encontraba en uno de esos estados que posteriormente fueron fagocitados por Zhonguó: los Zhou (1122−256), provenientes de la actual provincia de Shanxi.

Los Zhou fueron la dinastía que más tiempo estuvo en el poder: lo ostentaron durante casi mil años. Los Zhou fueron retratados como gobernantes modélicos por Confucio y sus sucesores y pasaron a la historia como tales.

El poder de los Zhou, al igual que el de sus antecesores, era de carácter divino. La religiosidad de la China arcaica se basaba, fundamentalmente, en las prácticas adivinatorias y en el culto a los antepasados, descendiendo el Emperador Zhou del más importante de todos los ancestros: el mismísimo Cielo (Tien). El emperador recibía del Cielo el mandato para gobernar, siendo esto lo que legitimaba y justificaba su poder. Gracias a las funciones sacerdotales del emperador, que era el principal mediador entre el pueblo y lo divino, imperaba la paz y la armonía en Zhonguó.

Un nutridísimo cuerpo de funcionarios asistía al emperador en el ejercicio del gobierno y este a su vez delegaba en familias aristocráticas la gestión de las distintas provincias. Las provincias, conforme iba pasando el tiempo, iban adquiriendo cada vez más y más autonomía, hasta que llegó el momento en el que se convirtieron en principados para pasar, posteriormente, a ser reinos independientes sobre los que los Zhou no tenían ya ningún poder.

Los conflictos entre los nuevos reinos y los Zhou, que conservaban el control de la provincia capital y el título de emperador, no tardaron en surgir, comenzando así la Era de los Reinos Combatientes (453−222).

La Era de los Reinos Combatientes fueron doscientos años de guerras ininterrumpidas en las que un puñado de estados se disputaba la hegemonía mientras otros se limitaban a luchar por no desaparecer del mapa. El arte de la guerra retrata a la perfección el espíritu de este tiempo: una época en la que hay que hacer lo que haga falta para sobrevivir; un periodo en el que el más mínimo detalle puede suponer la supervivencia o la aniquilación de un pueblo…

El fin de la era se saldó con la caída de los Zhou y el surgimiento de una nueva dinastía: los Qin que lograron unificar a todo el país bajo su mando.

Prolegómenos

Sun Tzu dijo:

«Los asuntos militares tienen una importancia vital para el estado, pues de ellos depende si este vive o muere. El arte de la guerra es el tao de la supervivencia o la ruina».

«Cinco son los elementos que gobiernan al arte de la guerra; están siempre presentes y, por ello, han de ser tenidos en cuenta a la hora de tomar cualquier decisión. Los elementos de los que hablamos son: el tao, el cielo, la tierra, el comandante y la disciplina.

El tao armoniza los intereses del gobernante y sus súbditos haciendo que estos confluyan. En pos de dichos intereses, el pueblo acatará todas las órdenes de su soberano aunque ello implique perder la vida.

El cielo representa el ying y el yang, lo cálido y lo frío y el clima y las estaciones del año.

La tierra nos habla de distancias, de proporciones, de peligro y de encrucijadas. Nos habla de la vida y la muerte.

El comandante encarna las siguientes virtudes: sabiduría, rectitud, lealtad, benevolencia y valentía.

La disciplina es el tao de la logística, los rangos y la dirección del ejército».

«Todo comandante ha de tratar de familiarizarse con estos cinco elementos, pues conocerlos implica ganar, mientras que ignorarlos supone perder. Sírvete de ellos para medir tus capacidades con respecto a las del enemigo al que te vayas a enfrentar planteándote las siguientes preguntas:

¿Qué gobernante cuenta con el tao a su favor?

¿Qué comandante es más habilidoso?

¿Quién goza de las ventajas que el cielo y la tierra otorgan?

¿Quién es más disciplinado?

¿Quién cuenta con el ejército más poderoso?

¿Para quién luchan los mejores oficiales y soldados?

¿Qué bando distribuye con más sabiduría las recompensas y los castigos?.

Contestando a estas preguntas podrás predecir el resultado de cualquier batalla».

«Pon al mando a aquellos que sigan al pie de la letra tus indicaciones, pues estos alcanzarán la victoria, y destituye a los que no presten atención a tus directrices, pues esos serán derrotados».

«Atiende al consejo que te doy: valora todas las posibles ventajas y haz uso de tu creatividad y de tu ingenio para sacar provecho de ellas. No temas modificar tus planes conforme vayan apareciendo nuevas ventajas».

«El arte de la guerra es el tao de los engaños. Teniendo esto en cuenta, cuando estés preparado para atacar, muéstrate inofensivo; cuando estés cerca de tu enemigo, procura que éste crea que en realidad estás alejado, y cuando estés lejos de él, fuérzale a pensar que en verdad estás a su lado. Tiende trampas a tus oponentes y sírvete del caos que generes para confundirles y obtener así la victoria».

«Trata de atacar al enemigo cuando percibas que se siente seguro y procura evitar la confrontación cuando este disponga de más fuerzas que tú. Si sabes que tu rival tiende a la cólera, haz todo lo que esté en tu mano por irritarle y finge ser débil para que su arrogancia crezca; todo esto le llevará a cometer errores. Nunca permitas que tu oponente se tome un solo respiro, es más, intensifica tus acciones en aquellos momentos en los que sepas que está por la labor de descansar. Trata de dividir sus fuerzas y de atacarle cuando no esté preparado y muéstrate siempre donde menos se te espere. No me cabe ninguna duda de que siguiendo estas directrices vencerás».

«Los comandantes que invierten tiempo y esfuerzo en hacer cálculos antes de entrar en batalla, son los que siempre salen victoriosos. Bajo ninguna circunstancia, un comandante que rehúse calcular podrá obtener la victoria. Calcula y tendrás éxito, no lo hagas y fracasarás, pues calculando es como podrás predecir los resultados de las contiendas».

Hacer la guerra

Sun Tzu dijo:

«Para reunir y pertrechar un ejército compuesto por mil carros ligeros, mil carros pesados y cien mil soldados, necesitaremos unas mil piezas de oro. Pero los gastos no terminan aquí, pues para financiar las provisiones y el alojamiento de la tropa y para pagar el mantenimiento del armamento y el sueldo de los consejeros necesitaremos otras mil piezas de oro por día. Este es el precio de ir a la guerra».

«Cuando por fin llegue el momento del enfrentamiento, ten en cuenta las siguientes cuestiones:

Si tardas en obtener la victoria, llegará un momento en el que tus hombres perderán su ardor y, viéndose desfogados, sus armas les irán pesando cada vez más.

Mantener un asedio largo hará que tus fuerzas mermen considerablemente.

Si tus tropas permanecen más tiempo del adecuado desplegadas en el campo, llegará un momento en el que los recursos del estado serán insuficientes a la hora de provisionarlas».

«Es fácil darse cuenta de que un ejército cuyas tropas están desfogadas, mermadas y faltas de suministros es una presa fácil para para un enemigo que sepa sacar partido de dichas desventajas. Ni siquiera el más hábil de los comandantes sería capaz de obtener un buen resultado contando con un ejército en esas condiciones».

«Pese a que en muchas ocasiones habrás oído hablar de lo perjudicial y estúpida que resulta la prisa a la hora de hacer la guerra, no te atrevas, ni por asomo, a pensar que prolongar excesivamente una campaña es una solución inteligente, pues nunca se ha dado el caso de que una empresa militar excesivamente larga haya sido beneficiosa para el estado. Solo aquel que esté verdaderamente familiarizado con el daño que la guerra provoca puede comprender esto adecuadamente».

«Un estratega hábil nunca necesitará una segunda leva para reclutar más hombres ni tendrá necesidad de portar provisiones en exceso, pues una vez que se haya pertrechado adecuadamente en su patria partirá a los dominios de su enemigo, donde se aprovisionará a costa de este. Si se procede de este modo, los suministros nunca escasearán».

«Suministrar a un ejército que se encuentre muy lejos de las fronteras del estado será algo que merme considerablemente las arcas públicas, pudiendo, incluso, suponer la ruina. Sin embargo, tampoco será beneficioso mantener a las tropas estacionadas por largo tiempo demasiado cerca, pues esto aumentará la inflación de los precios de los productos básicos, lo cual hará que la riqueza del pueblo se agote rápidamente. De cualquier modo, te verás obligado a subir los impuestos, cosa que a la larga debilitará más aún al estado y empobrecerá más al pueblo. Unas tres décimas partes de los recursos económicos del gobierno desaparecerán, sin contar con la cuarta parte, que se gastará para sufragar la reposición de las armas y carros rotos y de los caballos y bueyes muertos. Teniendo esto en cuenta, un estratega hábil tratará siempre de obtener sus suministros a costa de los recursos del enemigo. El valor de un bien se ve multiplicado por veinte cuando se obtiene a través del saqueo: un paquete de provisiones capturado a los contrarios equivale a veinte paquetes propios; un saco de forraje para las bestias capturado a los contrarios equivale a veinte sacos propios».

«La ira despertará en tus hombres el deseo de matar a tus enemigos, mientras que las recompensas y las expectativas de obtener un botín serán lo que les impulse a desempeñarse eficazmente en la batalla. De este modo, si te has hecho con diez carros, úsalos para premiar al primero que haya capturado uno. Una vez más, sírvete de los bienes de tu enemigo para fortalecer tu propio ejército: úsalos como recompensa.

Aprópiate también de los soldados que hayas capturado: dales un buen trato, haz que vistan tus colores y porten tus estandartes y mézclalos entre tus hombres. Así es como has de ganar las guerras, y no mediante largas y costosas campañas».

«Aquel que conozca y domine el arte de la guerra será el amo y señor del destino de su pueblo, al cual guiará tanto en los malos tiempos como en los buenos».

Estrategias para atacar

Sun Tzu dijo:

«El arte de la guerra puede resumirse de la siguiente manera:

Es mejor conquistar un país intacto que uno arrasado.

Es mejor forzar la rendición de un ejército que destruirlo.

Es mejor capturar un batallón, un regimiento, o una compañía que aniquilarlos».

«Tener que vencer en un centenar de batallas para ganar una guerra no es la opción más inteligente. Lo ideal es obtener la victoria sin tener que luchar».

«Si quieres salir victorioso en un conflicto, desbaratar los planes del enemigo e impedir que este reúna a sus fuerzas es la mejor de las estrategias. Por otro lado, la peor de ellas es tratar de atacar ciudades amuralladas».

«La regla dicta que, a no ser que no quede más remedio, se ha de evitar atacar ciudades amuralladas. Se tardan unos tres meses en preparar y reunir las armas de asedio y los demás artilugios necesarios y se necesitan otros tres para construir trincheras y fortines alrededor de la fortaleza. Si el comandante, al no disponer de la paciencia necesaria para sostener el asedio, manda a sus hombres trepar los muros enemigos como si fueran hormigas terminará siendo derrotado y verá cómo la tercera parte de su ejército es masacrada».

«Dicho esto, un comandante hábil es aquel que es capaz de derrotar al ejército contrario sin necesidad de librar batalla alguna; es aquel que es capaz de tomar las ciudades del enemigo sin necesidad de asaltarlas; es aquel que es capaz de borrar del mapa a un reino hostil sin necesidad de emprender una campaña larga. El comandante hábil, haciendo uso del arte de la guerra, puede obtener la victoria total sin perder un solo hombre».

«Ten las siguientes lecciones en cuenta a la hora de lanzarte al ataque:

Cuando superes en 10 a 1 a tu enemigo, rodéale.

Cuando le superes 5 a 1, atácale.

Cuando le dobles en número, trata de dividir sus fuerzas.

Cuando estés en igualdad de condiciones, presenta batalla.

Cuando tus fuerzas sean ligeramente inferiores, mantente a la defensiva.

Cuando te veas ampliamente superado, trata de evitar el enfrentamiento».

«Si un estado pequeño no mide sus fuerzas de manera realista y se obceca en luchar sin considerar estas lecciones, se verá fácilmente sometido por un estado más fuerte».

«El comandante es el baluarte del estado. Si los muros del baluarte no presentan flaquezas, el estado será fuerte. Por el contrario, si presentan puntos débiles, el estado será vulnerable».

«Un líder puede conducir a su ejército a la más absoluta de las ruinas de tres maneras:

Ordenando a sus fuerzas avanzar o retirarse desconociendo si dichas acciones son posibles o no. A esto se lo conoce como “hacer tropezar al ejército”.

Tratando de gestionar al ejército como si se tratase de un estado ignorando la idiosincrasia de la milicia. El agotamiento mental de los oficiales es la consecuencia directa de este modo de proceder.

Empleando a oficiales de cierta rama del ejército en unidades que les son extrañas, lo cual mina la confianza de la tropa en la cadena de mando y genera confusión».

«Un ejército cansado, confuso y suspicaz es el caldo de cultivo perfecto para que surjan caudillos oportunistas que cuestionen tu poder. Evita que la anarquía y el desorden se asienten entre tus fuerzas y te aparten de la victoria».

«Para obtener la victoria, has de conocer las cinco claves que conducen a ella:

Saber cuando se debe y cuando no se debe presentar batalla te conducirá a la victoria.

Saber manejar tanto ejércitos grandes como ejércitos pequeños te conducirá a la victoria.