El arte de ser Padres - Ricardo E. Facci - E-Book

El arte de ser Padres E-Book

Ricardo E. Facci

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Beschreibung

Es evidente, que en un tiempo tan conflictivo y contradictorio como el nuestro, los padres enfrentan la tarea educativa de sus hijos como una arriesgada aventura. La serie de temas propuestos en estas páginas, sumadas al diálogo entre esposos que surgirá de la misma lectura, son una buena ocasión para evaluar, consolidar o reorientar la relación entre los padres y los hijos en cuanto a la labor educativa. El arte de ser padres nos recuerda justamente que la función de educar a los hijos no es para cualquiera, sino para verdaderos artistas, verdaderos padres. Educar es un arte.

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Seitenzahl: 234

Veröffentlichungsjahr: 2024

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El arte

de ser Padres

Ricardo E. Facci

Hogares Nuevos Ediciones

Contenido

*A mis padres que fueron modelando en mí el hombre que soy.

*A todos los padres que cada día se enfrentan con el desafío de educar.

*A los hijos, en especial a los “Hijos de Hogares Nuevos”, quienes reflejan en sus vidas la acción educativa de sus padres.

COLECCIÓN.

1. Construyendo el Amor Conyugal

2. Corazones Fecundos

3. El arte de Ser Padres

4. Familia: Rostro de Dios

5. Amor de Pareja, Amor de Dios

6. Familia, ¡Enciende en tu seno la luz de Cristo!

7. El misterio del Amor Matrimonial

El arte

de ser Padres

Facci, Ricardo Enrique

El arte de ser padres / Ricardo Enrique Facci. - 1a ed revisada. - Aarón Castellanos : Hogares Nuevos Ediciones, 2024.

Libro digital, Book “app” for Android - (Por un hogar nuevo ; 4)

Archivo Digital: descarga y online

ISBN 978-987-8438-17-7

1. Ambiente Familiar. 2. Educación Familiar. 3. Relaciones Familiares. I. Título.

CDD 259.12

Distribuye:

Asociación “Hogares Nuevos”

Zona Urbana 56106XAE - Aaron Castellanos

(Santa Fe) - Argentina

e-mail: [email protected]

www.hogaresnuevos.com

Prólogo

EL ARTE DE SER PADRES, es un pequeño libro, que surgió de la acción pastoral, que desde hace muchos años vengo realizando con matrimonios.

Siempre me he preguntado: ¿Habrá en el mundo una actividad de mayor responsabilidad que la de ser padre o madre? Es evidente, que en un tiempo tan conflictivo y contradictorio como el nuestro, los padres enfrentan la tarea educativa de sus hijos como una arriesgada aventura.

Es por esto, que pongo al alcance de los padres una serie de temas para que les ayuden a reflexionar sobre la tarea educativa. Es difícil, diría más, imposible, querer abarcar toda la empresa de educar al hijo en un libro. Pero creo que la serie de temas propuestos en estas paginas, sumadas al dialogo entre los esposos que surgirá de la misma lectura, son una buena ocasión para evaluar, consolidar o reorientar la relación entre los padres y los hijos en cuanto a la labor educativa.

EL ARTE DE SER PADRES nos recuerda justamente que la función de educar a los hijos no es para cualquiera, sino para verdaderos artistas, verdaderos padres. Educar es un arte. Es ir modelando en el hijo el proyecto de hombre que papá y mamá se propusieron alcanzar.

Es enriquecedor trabajar este libro en grupos de padres. Dios bendiga a todos los matrimonios en la tarea de ser padres, de hacer los hombres que se proyectaron hacia el futuro.

Generalmente los padres ven en los hijos su proyección. Es por esto, que a veces, se desea en ellos lo que no se logro en uno mismo, o se trasladan a ellos los propios objetivos. Es que en la cadena de la vida, el eslabón de los hijos, aunque distinto de los demás, es la prolongación del eslabón anterior.

A través de este capitulo, vamos a recorrer diversos puntos en la relación paternidad-filiación, temas básicos para un dialogo profundo sobre esta realidad tan importante para los padres, que son los hijos.

I. Los hijos son frutos del amor conyugal

El matrimonio, naturalmente, es fuente de vida. Es la unión mas profunda del varón y de la mujer, ya que conlleva creación y fecundidad. El matrimonio es el fundamento de la familia, su misma base. La familia es una comunidad que surge del mismo matrimonio. Por eso podemos decir, que los hijos constituyen la corona propia de aquel. Son su don más precioso. El matrimonio y el amor conyugal están ordenados a la proyección y educación de la prole, en la que encuentra su coronación (CFR. Familiaris consortio Nº 14).

Cuando nace un niño todos están de fiesta. Un clima de alegría inunda la familia. La casa se llena de visitas. Ocurrió que el amor de los esposos ha tomado cuerpo y se ha hecho persona. Los esposos, además de darse entre si, dan más allá de si mismos la realidad del hijo, que es:

a- Reflejo viviente de su amor.

b- Signo permanente de la unidad conyugal.

c- Síntesis viva e inseparable del padre y de la madre (FC 14).

Reflejo viviente de su amor. El hijo es una vida que refleja el amor de sus padres. Por esto, cuando en el proceso educativo del hijo, éste no descubre el amor entre los padres, pierde el sentido de reflejo, y comienza a experimentarse como un ser en soledad. De ahí la causa de muchas rebeldías, de transitar caminos sin rumbo o de no tener modelos para imitar. En cambio, cuando ven crecer el amor que los engendro, se identifican con él, aprenden y crecen en él, y por sobre todo, son testigos de ese amor.

Signo permanente de la unidad conyugal. Cada ser humano que llega a este mundo grita fuertemente la unidad de sus padres. El hijo es signo, muy concreto, de la unidad de este varón y esta mujer, esposos, que uniéndose en el amor lo engendraron. Por esto, cuando alguien se da vuelta y mira hacia sus progenitores, sin descubrir en ellos la unidad, porque no se unieron en amor estable, o porque destruyeron un compromiso de por vida, se encuentra como descolocado, desubicado de cara a la vida. Experimentara la necesidad de asumirse de otro modo. Corriendo el riesgo de quedar marcado con un trauma irresoluto, que pone seriamente en peligro el proyecto, trazado sobre él, de ser feliz.

Síntesis viva e inseparable del padre y de la madre. Cuando se rompe un matrimonio, todo puede separarse: uno se lleva la cama, el otro el ropero; uno la cocina, el otro la heladera; venden la casa y reparten el dinero; pero a la hora de los hijos, “¿Qué es lo tuyo, que es lo mío?”. El hijo es una síntesis indestructible del padre y de la madre. Además, que interesante para ese hijo, si en la tarea de crecimiento y educación, puede ir perfeccionando esa síntesis desde las virtudes de papá y mamá. Cuando su vida debe sintetizar los vicios y defectos de sus progenitores, ¿Qué síntesis lograra?

Ahora bien, al decir que los hijos son fruto del amor conyugal, debemos inmediatamente subrayar algo importante. La esterilidad física no frustra la paternidad, no deja sin frutos al amor conyugal, sino que da a los esposos la ocasión para que sus frutos se aprovechen en otros servicios (adopción, obras educativas, ayuda a otras familias, pobres, minusválidos, etc.).

Un matrimonio sin hijos está llamado a que el amor no quede infecundo, muchos lo necesitan… ¡Jamás caer en el peligro de encerrarse en sí ¡mismo! La fecundidad la lograran en el darse a los demás desinteresadamente. ¡Cuántos están faltos de cariño, de formación y, sobre todo, de Dios!

La fecundidad del amor esponsal no se reduce a la sola procreación de los hijos, es el testimonio vivo de la entrega plena y reciproca de los esposos, se enriquece con todos los frutos de vida moral, espiritual y sobrenatural que el padre y la madre están llamados a dar a los hijos y, por medio de ellos, a la Iglesia y al mundo. Es el fruto y el signo del amor conyugal.

II. El amor conyugal fundamento del amor paternal

En muchas oportunidades en que me ha tocado dar conferencias sobre familia, suelo iniciar con una pregunta: ¿Qué es más importante, querer al esposo-esposa o a los hijos? La respuesta generalizada es, “los hijos”. Lo mismo suele ocurrir frente a un caso de separación: “porque mi esposo(a)…, ah! No, pero mis hijos… voy a dar todo por ellos…”. Existe una tendencia a marcar como mas importante el amor por los hijos que por el conyugue.

Aclaremos algo. La pregunta esta mal hecha. Porque no puede existir comparaciones entre cosas diferentes. No puedo preguntar si querés comer pollo o helado. Porque puedo comer el pollo y después el helado de postre. Salvando la diferencia del ejemplo, aquí ocurre lo mismo. El amor entre los esposos y el amor de padres a hijos son ambos importantes y necesarios. Pero si tenemos que subrayar una primicia, evidentemente que tendremos que remarcar el amor conyugal por sobre el amor paternal.

Esto es, porque el amor de la pareja es la base del amor de padres. Quien quiera amar a sus hijos debe, irremediablemente, amar a su esposa o a su esposo, que es la madre o el padre de los hijos. El primer deber como padres es amarse mucho como esposos.

Un varón y una mujer, sin amarse, pueden biológicamente engendrar un hijo, pero solamente un esposo y una esposa que se quieran, que se amen y traten de alimentar y cultivar ese amor, serán capaces de formar y educar a ese hijo que engendraron.

Los hijos no necesitan dos padres, todo los tienen (excepto quien los ha perdido por fallecimiento). Todos fuimos engendrados por un padre y una madre. Por lo tanto esto no es una necesidad. Lo que los hijos necesitan y reclaman, son dos padres que se amen. En la medida en que los padres busquen afirmar el crecimiento en el amor y la unidad matrimonial, será el bien generado en los hijos.

Todo lo que une al matrimonio redunda en bien de los hijos, y todo lo que desune, destruye o debilita la unidad de los padres y atenta contra los hijos.

Por esto es necesario darle tiempo a la pareja matrimonial, buscar el momento para estar los dos solos, para dialogar, acrecentar el amor, planificar la tarea educativa de los hijos. Los esposos que están todo el tiempo con los hijos, no son buenos padres. Es necesario que los padres se den su propio tiempo por el bien de los hijos. Ese momento para los dos, no es igual para todo matrimonio, ni es el mismo para siempre. Cada matrimonio debe buscarlo, fundamentalmente en relación a la edad y problemática de los hijos. Cuando aun son pequeños, es muy bueno sembrar en ellos el habito de ir al descaso nocturno a una hora determinada y temprano, cuando todavía papá y mamá tienen reservas de energía para compartir. Conozco el matrimonio de Carolina y Andrés: a las veintiuna, sus cuatro niños ya han cenado, y están listos para el descanso, en el dormitorio junto a papá y mamá realizan la oración de la noche, y hasta mañana… A Carolina y a Andrés les queda un hermoso espacio de tiempo para ellos dos, hasta las veintitrés. Otros eligen el tiempo de la merienda. A esa hora sus hijos adolescentes no están en casa, por lo tanto es un buen momento para compartir como pareja. Roxana y Chiche encontraron otro momento. Antes él se levantaba por las mañanas, se aseaba, desayunaba y se iba al trabajo, ella se quedaba durmiendo… Ahora se levantan juntos, y hacen del desayuno un momento de profundo dialogo. Generalmente lo inician con la lectura de la Palabra de Dios del día. Claro, hay un sacrificio de parte de ella, pero les ha dado mucho fruto. Tengo otro ejemplo. Tal vez parezca exagerado, pero se hizo realidad en un matrimonio que descubrió que el amor de los dos era muy importante, y que además los hijos lo necesitaban sólido y resplandeciente. Ella trabajaba como docente. El, además del trabajo, se inclino por el gremio con el fin de colaborar en la lucha por la mejora del empleado y del obrero. Cuatro hijos de una gran variedad de edades. El amor se desgastaba. Esto influía en la relación con los hijos. Pero después de buscar el momento durante mucho tiempo, descubrieron lo importante… y eso importante merecía sacrificios… desde hace mas de cinco años, el despertador suena a las cuatro de la madrugada…ese es el tiempo para ellos.

Los hijos necesitan que sus padres se den tiempo. Es muy dañino centrar toda la atención en los hijos olvidándose que son esposos. Hay esposas que al dar a luz modifican de tal suerte su relación de pareja, que parecen enfrascarse en el hijo olvidando que son esposas. ¡Qué la madre no mate a la esposa! Cuando esto ocurre se daña la vida matrimonial, por lo tanto daña también al hijo. ¡Qué el padre no mate al esposo! Aunque esto es menos frecuente. Lo que puede ocurrir con mayor frecuencia es que el empleado, el empresario, el comerciante, el socio de club, maten al padre y al esposo. Es fundamental el equilibrio en las opciones de vida, especialmente cuando entre manos se tiene la gran responsabilidad de ser esposos y padres.

Hay quienes se preguntan, frente al amor conyugal, ¿los hijos unen o desunen? Evidentemente que unen, pero no a todos. Unen a quienes permanentemente hacen un esfuerzo generoso para crecer en un solo corazón y en una sola alma. Pero desunen, sin intención de ellos, cuando deben compensar el vacío afectivo que la vida en pareja ha dejado en los esposos.

Así como decíamos que el amor conyugal es el fundamento del amor paternal, también debemos afirmar que el hijo es un constante motivo para amarse más. Si uno le pregunta a los padres, ¿Qué quieren para sus hijos?, todos responden: “lo mejor”. Generalmente se hacen muchos esfuerzos para brindarle al hijo lo mejor. Pero, ¿Qué es lo mejor? En esta respuesta no encontramos unanimidad, la mayoría suele responder, que lo mejor para el hijo es poder brindarle alimento, vestido y estudio. Frente a esta respuesta hay que señalar la pobreza del ideal. Esto que se proponen muchos padres, un hijo bien podría encontrarlo en cualquier hogar de niños: ropa no le faltará, alimento tampoco y estudio… he visto muchos niños de hogares favorecidos con becas, que les permitieron seguir estudios universitarios…

La postura de estos padres se identifica con una postura materialista. Creen que para el hijo, lo único necesario es un buen pasar económico. Afirmar: “le damos todo”. Para lograr este objetivo, el dinero necesario, invierten el dinero que necesitarían para el propio hijo. Si querés tener más dinero, no trates de aumentar tus ingresos, disminuye tus ambiciones (Proverbio árabe).

Vivimos en una sociedad materialista y consumista, que sutilmente nos va atrapando y convenciendo hacia su objetivo. Entonces, padres enloquecidos tras la furia del tener; otros frente a la motivación del consumismo suman horas a su trabajo o tienen dos empleos, porque los bajos salarios no permiten vivir a tono; en muchísimos casos –cada día mas- la mujer que también deja el hogar; por un lado por la necesidad que surge de una sociedad injusta, y por otro, porque esa misma sociedad la ha catalogado como “mano de obra barata”, motivándola así a que posponga su casamiento, a que le diga “no” al comunicar la vida, o que deje en manos de otros a sus hijos. Pero también existen otras motivaciones: “no puedo dejar mi trabajo porque tengo un sueldo muy bueno”, “mi profesión me impide dedicarle mas tiempo al nene”, “si dejo de trabajar, no podremos cambiar el departamento”, “ya arregle con mi esposo que voy a seguir trabajando hasta que podamos cambiar el auto”, “no tengo problemas, mamá me cuida os chicos y, de paso, es una compañía para ella”, “menos mal que tengo este empleo, porque la casa no me gusta”. ¡Papá, mamá, cuidado, tienen en sus manos una gran responsabilidad: los hijos! ¿Qué esperan? Que un día el hijo ya grande les diga: “¿saben una cosa? Hace quince años viví una infanta… hace siete una adolescencia… ustedes no se enteraron porque cada día decían que tenían la agenda llena…de cosas importantes”

Volvemos. ¿Qué es lo mejor para el hijo? Es de desear que todos los padres puedan brindarles vertido, alimento, estudio. Pero también es necesario levantar la puntería en los ideales. Es imprescindible que los padres le entreguen al hijo el valor y el sentido de su vida. Esto solo lo lograrán en la medida en que le entreguen a Dios en la tarea. Sin Dios no tiene sentido la vida. Solamente desde Dios se podrá responder al hijo la pregunta: “¿para que vivo?”. “Papá mamá, ¿para que engendraron mi vida?”. Para esto podrían encontrar un sustituto si los padres no se lo dieron. Pero, ¿Qué mejor que papá y mamá para entregar a Dios y con él el sentido de la vida?

Subrayemos ahora un punto que se suma a estos de “lo mejor para el hijo”, que, si los padres no lo entregan, nadie podrá reemplazarlo. Toso hijo quiere el mejor papá y la mejor mamá. Para poder responder como mejores padres, es fundamental ser mejores esposos. Excelentes esposos para excelentes padres. Esposos que se esfuerzan por la unidad, la armonía, el dialogo, la comprensión, el amor. Si han sido excelentes padres, un hijo jamás reclamara si un día fue escasa la comida, o no pudieron comprarle tal ropa. Si no fueron excelentes padres, seguramente algo les reprocharan.

Las parejas matrimoniales que descuidan el trabajo por la unidad esponsal, que no se esfuerzan por ser excelentes padres y consideran a los hijos como una “necesidad compensadora”, sin jamás asumir que un día partirán usando la libertad, estarán labrando un triste otoño para sus vidas… Tal vez, el casamiento del último hijo, sea trágico. Los espera la soledad. Cuando podrían llegar a decirse, ¡que hermoso al fin de nuevo solos! (los hijos nunca fueron molestia), se encuentran con que no les ha quedado nada en común, son dos extraños en plena soledad. El en el café, en el club, en la plaza con los otros jubilados… ella con la vecina, la novela, metiéndose en la vida del hijo o de la nuera, tratando de paliar el vacío de soledad.

Cuando el amor conyugal es fundamento del amor paternal queda todo garantizado. Un buen amor paternal, y también, un amor matrimonial que seguirá brillando cuando los hijos remonten vuelo.

III. Los padres como colaboradores de Dios

Dios, con la creación del hombre y de la mujer a su imagen y semejanza, corona y lleva a perfección la obra de sus manos; los llama a una especial participación en su amor y al mismo tiempo en su poder de Creador y Padre, mediante su cooperación libre y responsable en la transmisión del don de la vida humana: y los bendijo Dios y les dijo: sean fecundos y multiplíquense. Llenen la tierra y sométanla (Gn 1,28).

Así el cometido fundamental de la familia es el servicio a la vida, el realizar a lo largo de la historia la bendición originar del Creador, transmitiendo en la generación la imagen divina de hombre a hombre.

La fecundidad es el fruto y el signo del amor conyugal, el testimonio vivo de la entrega plena y reciproca de los esposos: El cultivo del amor conyugal y toda la estructura de la vida familiar que de él deriva, sin dejar de lado los demás fines del matrimonio, tienden a capacitar a los esposos para cooperar con fortaleza de espíritu con el amor del Creador y del Salvador, quien por medio de ellos aumenta y enriquece diariamente su propia familia (FC 28).

Es realmente una maravilla colaborar con la excelsa obra de crear nuevos hombres. Y pensar que hay matrimonios que renuncian a tan gran honor.

Al casarse, los esposos, prometen fidelidad uno al otro y, por tanto, fidelidad a Dios que es la fuente del amor y el autor del matrimonio. Prometieron hacer suyo el plan maravilloso que Dios tiene sobre la vida, sobre el amor. Dios confía a los esposos lo más grande que ha salido de sus manos: la vida humana. ¡Cuanta responsabilidad! Creadores de vida. Lo más sagrado. Lo más digno. Nada creado se puede comparar con el valor de la vida humana. Una sola vida vale más que todo el resto de la creación.

Como Dios ama infinitamente la vida, quiso protegerla mediante un cauce y una garantía concreta: el matrimonio. El amor que une a los esposos conduce a la procreación. Los esposos son como el nido de la vida humana.

Además, Dios puede tener hijos gracias a la generosidad de los padres. Esto los convierte en concretos colaboradores de Dios en el don de la vida. Los padres, de este modo, son custodios de los hijos, no son sus dueños. Solo Dios es el dueño de los hijos, de la vida. Los deposita en manos de los padres hasta que ellos puedan por si mismos caminar por la vida, esto es cuando puedan utilizar plenamente la facultad de la opción, de la libertad. Esto multiplica la responsabilidad. Porque, por ejemplo, si alguien es dueño de un campo; puede hacer con él lo que desee. Puede sembrarlo, o utilizarlo para la cría de animales… En cambio, el mayordomo del campo no puede hacer lo que quiera, sino cumplir la voluntad del dueño. Antes de cada opción debe tener claro lo que el dueño quiere.

Algo así ocurre con los padres en relación a los hijos. No pueden actuar en la tarea educativa según sus antojos. En algunas oportunidades he escuchado: “Mis hijos van a ser como yo diga y listo”. ¡Pobres hijos! Ya esa expresión deja mucho que desear. Los padres deben estar atentos a lo que Dios quiere de sus hijos. ¿Por donde encaminarlos? ¿Qué virtudes hay que sembrar en sus voluntades? ¿Qué verdades transmitirles? ¿Cómo orientarlos vocacionalmente? Los padres deben educar en función de los valores del Dueño de la vida y no de los caprichos personales.

IV. La autoridad de los padres en relación

con los hijos.

Al confiar Dios a los padres la vida y la educación del hijo los ha dotado de autoridad para tal fin. Por lo tanto profundizaremos el sentido que tiene la autoridad.

Evidentemente que los hijos son fuente de innumerables alegrías. Pero también son causa de permanentes preocupaciones. A medida que crecen los hijos, crecen los problemas que ellos plantean. Problemas de desarrollo, de carácter, de integración, de capacidad, de salud, económicos. Cuando pequeños, en general, los problemas son pequeños… cuando crecen, los problemas son más graves. Cuando son pequeños preocupa un dolor de oídos, un resfrío, u otra enfermedad… cuando empiezan a caminar se los cuida para que no se caigan, no se tiren algo caliente encima, no crucen la calle, no pongan un dedo en el enchufe… Comienza la etapa escolar, hay que ocuparse de su integración, de su respuesta intelectual y voluntaria, de sus nuevas amistades, y van creciendo, al mismo tiempo que aumentan, las preocupaciones. Se comienza a temer por el uso de su libertad, los padres se cuestionan si le han entregado lo suficiente para que sepa elegir por si mismo.

Comienza el natural tire y afloje entre los padres y los hijos. Estos ansiosos por ir estrenando el don de la libertad, aquellos colocando limites, porque aun “son muy chicos” y pueden seguir caminos equivocados. Llegan momentos difíciles para los padres, quienes frente a diversas situaciones o circunstancias del hijo, se preguntan: “¿Qué hacemos? ¿Mandamos y obligamos? ¿O les tenemos paciencia? ¿Castigamos y ‘mano dura’? ¿O somos comprensivos? ¿Qué hacemos?”.

Se plantea el problema de la autoridad.

¿Qué es tener autoridad? Si buscamos en el diccionario, encontraremos que autoridad es tener poder sobre una persona. Pero, ¿Qué tipo de poder?

Si realizamos una encuesta sobre que es autoridad, o que tipo de poder da, la mayoría responderá que es poder para “mandar”. Esta respuesta surgirá de la propia experiencia del hogar, del trabajo, de la política, del gobierno, etc. Es esta misma concepción la que hace que exista, especialmente en las generaciones jóvenes, un rechazo a la autoridad, porque ella aparece como una limitación y amenaza para la libertad.

Sin embargo, los cristianos gozamos en un Dios que tiene poder infinito y porque ese poder puede utilizarlo para ayudarnos y salvarnos. Cristo, que tiene el poder del Padre, se presenta como el Buen Pastor, mostrando un poder para amar, dar la vida y servir a los suyos.

¿Dónde esta la clave? Analicemos el vocablo AUTORIDAD. Viene del latín “auctoritas” que significa garantía, prestigio, influencia. Deriva de “auctor” (autor), es el que da valor, responsable, modelo, maestro; que a su ves se relaciona con el verbo “augeo”, acrecentar, desarrollar, robustecer, dar vigor, hacer prosperar. Entonces, autoridad viene de autor y autor es el que tiene poder para hacer crecer.

Por lo tanto, los padres son verdadera autoridad para sus hijos no en la medida en que los “mandan”, sino en la medida en que son sus autores, por haberles dado la vida y, luego, porque los ayudan a crecer física, moral y espiritualmente. La autoridad esta en ayudar a los hijos a desarrollarse como personas, enseñándoles a hacer uso de la libertad, capacitándolos para tomar decisiones por si mismos y mostrándoles por cuales calores hay que optar en la vida.

La autoridad debe estar al servicio de la libertad, para apoyarla, estimularla y protegerla a lo largo de su proceso de maduración. Apoyar y estimular implica la madurez de los padres que descubren que el hijo es persona, por lo tanto distinto de los padres y que, en la medida en que ejerzan su libertad, irán tejiendo su propia realización personal. Protegerla en el proceso de maduración, significa que el hijo aun no esta capacitado para caminar solo por la vida. Hoy, tal vez, sea una de las mayores fallas de los padres. No existe una verdadera protección de la libertad del hijo. Cada vez se desentienden más de los pasos y opciones de los hijos. Los padres están claudicando muy temprano en la protección de la libertad del hijo. Las causas pueden ser varias: el no sabe como hacer, el desentenderse porque es mas fácil, el querer ser padres “modernos”. En fin, no proteger la libertad del hijo, es arriesgar el proceso de maduración, y tal vez, conducir a una vida en la cual queden muy comprometidas la felicidad y la realización de aquel que se dice quererlo mucho. ¿Se lo querrá tanto si no se protege el uso de su libertad?

La mejor familia es aquella donde se manda menos. Además, se utilizan medios aptos para la función de autos. Cuando un escultor comienza su obra en una piedra o madera, utiliza medios, instrumentos concretos para lograr el objetivo, formón, martillo o maza. ¿Cuáles son los medios para ejercer la autoridad educadora, y así ser un verdadero autor de los hijos?

Frente a un cuestionamiento des adolescente, o ante algún comentario suyo, de sus problemas, sentimientos, relaciones amistosas, la respuesta es simplemente “esta en la edad del pavo”. ¿No se han dado cuenta de que en esa edad se deciden cosas muy importantes para la vida? Es de un valor incalculable la actitud de escucha de los padres frente a los hijos. Además, creando un clima de dialogo y confianza en el hogar, se asegura la protección del uso de la libertad en los hijos, ya que se crea una actitud de apertura difícil de lograr por otros modos.

Todo lo que hemos dicho hasta aquí sobre la autoridad educadora de los padres, debe descansar en tres actitudes concretas frente a los hijos:

V. El complemento educativo de “papá y mamá”

Una tarea educativa que aspira a buenos resultados, implica la mutua complementación entre la paternidad y la maternidad. Es importante tener claro, ¿Qué es complementación?

Muchos creen que complementarse entre le padre y la madre es simplemente no contradecirse ante el hijo. Es evidente que esto es importante, pero la complementación es mucho mas profunda. Es necesario complementar aquello que por si mismo no alcanza en el logro de los objetivos. Cuando se realiza el complemento necesario es cuando se alcanza lo integro y perfecto. Sin el complemento de papá y mamá es imposible anhelar una educación integra y perfecta.

Yo pregunto: ¿Cuándo el comercio logra vender más regalos, el día del padre o el de la madre? ¿Cuándo la gente viaja mas, uno u otro día? ¿Cuál de esos dos días recibe mas visitas el cementerio? Si recorremos las plazas de nuestros pueblos y ciudades: ¿Qué encontramos en todas ellas? El monumento a la madre. ¿Y el padre?

Son signos simples, pero que sirven como indicadores de una cultura que tiene acentuada la acción educativa y relacional de la madre respecto del hijo. En muchísimos hogares se ha acentuado la diferencia de roles entre el padre y la madre, delegándose esta la tarea educativa. ¡Basta de madres “solteras” o “viudas” con esposos!

El complemento educativo entre los padres es algo serio y ambicioso. Lo primero, es que ambos, a través de un dialogo profundo y comprometido, planifiquen la educación de los hijos, conociendo claramente, lo que desean lograr en ellos. Cuando los padres dialogan sobre la tarea educativa, este quien este de los dos frente al hijo, es como si estuvieran ambos. Además, se suele objetar el tema de la complementación con el hecho de que la madre dedica mas tiempo al hijo, y esto no es cierto. Porque no interesa tanto la cantidad de tiempo que cada uno brinda a sus hijos, sino la intensidad educativa con que se aproveche ese tiempo.

Gracias al complemento de los padres los hijos pueden lograr más fácilmente su equilibrio psicológico y su definición sexual.