Erhalten Sie Zugang zu diesem und mehr als 300000 Büchern ab EUR 5,99 monatlich.
El Misterio del Amor Matrimonial, es fruto de la experiencia de un camino recorrido, en contacto directo con muchas realidades matrimoniales y familiares. Es necesario en nuestros días, aclarar el concepto del amor, este libro, tiene la intención de iluminar la vida matrimonial y familiar, hacia la vivencia de un amor verdadero, que nada guarda para sí. El título incluye el término "misterio", no queriendo hacer referencia a algo "misterioso", que no puede ahondarse ni describirse, sino a "maravilla". La maravilla de contemplar el amor de dos esposos, que entrañablemente lo dan todo, sin reservarse nada para sí. El amor de los padres a sus hijos, que se traduce en acompañarles para que se realicen y construyan una vida trascendente. En esta obra, el autor nos recuerda que Dios es amor. En el amar y ser amado cada persona vivencia que Dios se manifiesta desde su amor y ternura.
Sie lesen das E-Book in den Legimi-Apps auf:
Seitenzahl: 300
Veröffentlichungsjahr: 2020
Das E-Book (TTS) können Sie hören im Abo „Legimi Premium” in Legimi-Apps auf:
Ricardo E. Facci
El Misterio del Amor Matrimonial
Hogares Nuevos Ediciones
Distribuye:
Asociación “Hogares Nuevos”
Zona Urbana S6106XAE-Aaron Castellanos
(Santa Fe)- Argentina
e-mail: [email protected]
www.hogaresnuevos.com
Facci, Ricardo Enrique
El misterio del amor matrimonial / Ricardo Enrique Facci. - 1a ed . - Aarón Castellanos : Hogares Nuevos Ediciones, 2020.
Libro digital, EPUB - (Por un hogar nuevo ; 7) Archivo Digital: descarga y online
ISBN 978-987-47565-2-7
1. Matrimonio Cristiano. 2. Educación Familiar. I. Título.
CDD 248.4
©Asociación Hogares Nuevos
Zona Urbana S6106XAE - Aarón Castellanos (Santa Fe) - Argentina.
Con las debidas licencias. Queda hecho el depósito que ordena la ley 11.723
Noviembre 2020
Industria Argentina.
COLECCIÓN
“Por un hogar nuevo”
1. Construyendo el Amor Conyugal
2. Corazones Fecundos
3. El arte de Ser Padres
4. Familia: Rostro de Dios
5. Amor de Pareja, Amor de Dios
6. Familia, ¡Enciende en tu seno la luz de Cristo!
7. El misterio del Amor Matrimonial
Presentación
Con sumo gusto les presento este pequeño libro “El misterio del amor matrimonial”. El mismo ha sido concebido desde una actitud de amor hacia las familias, los esposos y padres, inmersos en un mundo que ha degradado el concepto “amor”, generando una gran confusión.
He intentado leer en mi contacto permanente con muchísimos matrimonios y sus hijos, de diferentes latitudes del mundo, las necesidades de las familias de aclarar el concepto del amor, de ser iluminados respecto a la concreción en la cotidianeidad de la vivencia de un amor verdadero que nada guarda para sí, motivándolos a darse sin límites, entre los esposos y de éstos, como padres, hacia los hijos.
El título incluye el término “misterio”, no queriendo hacer referencia a algo “misterioso” (esotérico), que no puede ahondarse ni describirse, sino a “maravilla”, desde la concepción que implica saber que éstas no pueden explicarse fácilmente, sino que son una invitación a contemplar. La maravilla de contemplar el amor de dos esposos, que entrañablemente lo dan todo, sin reservarse nada para sí. El amor de los padres, que brindando gota a gota sus vidas, aman a sus hijos, para que logren realizarse plenamente, desde la mira trascendente de la vida.
Todo el libro está inundado del término “amor”. ¡Cuánta grandeza encierra!, y cuan degradado está por estos días, este término. Las nuevas generaciones necesitan imperiosamente padres que tengan muy claro su verdadero concepto, desde un fundamento antropológico y evangélico, que brinde la certeza de estar en la verdad. Si algo exige hoy el conocimiento y profundización de la verdad, es el amor. Depende de la misma esencia del ser humano, creado para amar, y alcanzar la plenitud de la felicidad, desde la realización de una vida que ama hasta las últimas consecuencias.
Dios es amor. No existe nada más elocuente para experimentar su Presencia, que la experiencia del amor. En el amar y ser amado que cada persona vivencia, Dios se manifiesta desde su amor y ternura. Jamás se puede esperimentar el cariño de Dios desde posturas egoistas, egocéntricas e individualistas.
Antes de finalizar esta presentación no puedo dejar de dedicar estas páginas a mis padres, Lucy y Quito, que me enseñaron a amar de un modo plenamente desinteresado, en su vivencia de esposos y de padres, manifestándonos que éramos sumamente importantes para ellos.
Pongo este proyecto, en manos de María Reina de la Familia, como Reina de cada hogar, para que inspire en las familias el auténtico amor, a la medida de la entrega de su Hijo. Dios bendiga a las familias.
RICARDO ENRIQUE FACCI
IEl misterio del amor
El milagro del amor
“Amarás al Señor tu Dios con todo el corazón, con toda el alma, con todas tus fuerzas, con toda tu mente” (Mateo 22,37)
Existen muchas formas del amor. No se puede decir cuál es más necesaria, cada una tiene su lugar en el corazón del ser humano.
Hay una gran variedad de formas de amor:
+ El amor de padres a hijos, y de éstos a los padres
+ El amor entre hermanos
+ El amor de la familia grande (tíos, primos, abuelos, suegros)
+ El amor entre amigos, muchas veces más fuerte que el que se desarrolla entre los familiares
+ El amor entre los miembros de una comunidad cristiana
+ El amor al prójimo, motivado fuertemente por Jesús en su Evangelio
+ El amor que está por sobre todo amor: al amor a Dios. Este amor decide sobre toda nuestra vida y la carga de sentido. Es un amor que obsequia paz y felicidad. Amor que desde su misterio, consuela y orienta hacia la meta de la vida. Si este amor estuviese ausente en alguna persona, ésta se transforma en un cadáver espiritual, porque el amor a Dios hace pleno al ser humano, y es fuente, fundamento y sentido de todo otro amor. Sin el amor de Dios, no existiría ningún otro amor.
Se podrían mencionar otras realidades en las que está presente el amor: el amor a la vida, a la creación, al trabajo, a la tierra que se cultiva, a los animales y a las plantas… Pero cuando se habla de amor, generalmente se piensa entre un varón y una mujer.
Todo amor tiene una cuota de “milagro”, pero el verdadero milagro del amor se da cuando un varón y una mujer, absolutamente desconocidos hasta un día determinado, de pronto se entregan en una profunda fusión generada por el amor.
Muchas de las historias de amor que se presentan en la literatura, el teatro, el cine y la televisión, atrapan, en cierta medida, porque todos los seres humanos tienen su propio anhelo y su personal experiencia de amor. Pero las verdaderas historias de amor se dan en la vida real, y son las que han hecho posible la existencia de Romeo y Julieta y tantos otros.
Todo lo que se pueda decir y elaborar en torno al amor entre un varón y una mujer, se lo puede concretar, porque en la humanidad, el amor entre ambos existió desde los orígenes. La vida real del amor lo muestra bello, con vivencias de alegría, entremezcladas con tristezas, dramas y sinsabores. El amor no es novela, sino realidad y experiencia concreta de cada uno.
Existen muchos rostros de la realidad, cuántos nombres diferentes, pero todos con un común denominador: historias de amor que hacen soñar a la humanidad. Es que en definitiva, cada amor que surge de un hermoso noviazgo, o de un trabajado y caminado matrimonio, es una fuente de esperanza, un rayo de luz solar, en la monotonía gris que genera la rutina diaria de los seres humanos.
El milagro del amor, hace que el amor sea tan nuevo, único e irrepetible, como las dos personas que se aman. El milagro resalta más cuando se analizan las exigencias del amor. La ley eterna del amor contiene los requerimientos del otro, la entrega de sí mismo, la superación de egoísmos, la necesidad de madurar.
Un día determinado, el amor comienza, en algunos casos sin grandes ruidos ni luces, en otros a toda pompa, pero en todos con la necesidad de crecer y desarrollarse, hasta que cada uno se da cuenta del valor inmenso del regalo recibido. El valor del otro impacta. Con el correr del tiempo, se da inicio a una vida en común, que no se entiende sin la perspectiva de la historia de amor. Experimentan que su amor ha existido siempre, y ya no pueden vivir el uno sin el otro. Han hecho carne aquello de que “los torrentes no pueden apagar el amor, ni los ríos anegarlos” (Cfr. Cant 8,7).
En la humanidad muchos se apresuraron creyendo que alguien era el amor de sus vidas, y la entrega los condujo al fracaso. Pero, debemos admitir que -como el caso de todos ustedes- entretejieron una hermosa historia de amor, en la que abandonándolo todo se lanzaron a construir la felicidad.
Las verdaderas historias de amor se dan en Rosario, Asunción, Linares, Puebla, Bárcenas, Callao, Granada o Moscú. En una casa sencilla o en un chalet. Al amor no lo detiene el color de piel, ni las fronteras, los ríos, las montañas, las tradiciones culturales. El amor puede superar barreras.
¡Qué importante es la vida de los esposos! ¡La de ustedes dos! No han sido escritas, ni filmadas, pero cuánto valor y trascendencia poseen. Al encontrarse ambos en el amor, a Dios se le antojó un milagro. En definitiva, es algo que cada uno ha esperado. Seguramente se han dicho el uno al otro, en sus palabras bonitas: “Te amo desde hace mucho tiempo. Antes que te conociera ya te amaba y esperaba. Como si siempre hubieras deseado que yo te esperara”.
Este mundo, en el que tanto se ataca la vida matrimonial, necesita de nuevas historias de amor que iluminen el gris de cada día. Como el amor esponsal es un milagro, fiel reflejo del amor de Dios, para atacarlo a Él, se busca destruir el matrimonio, signo de su amor.
Quiera Dios que cada matrimonio sepa escribir su historia desde la belleza profunda del amor: en las buenas y en las malas. Pienso en aquellos que están pasando por situaciones difíciles, les digo de corazón, que hasta de entre las más negras cenizas, es posible encontrar la braza encendida, que volverá a generar la llama del amor que hace historia entre los dos. Absolutamente nadie, entre los humanos, podrá escribir la historia sólo de color rosa, pero aquellos que perseveren podrán contemplar al final de sus días, la luminosidad que genera la belleza de un amor armónico, construido en la entrega, la generosidad, el perdón, a través del laborioso esfuerzo por ofrendar dos ‘yo’ en la conquista del ‘nosotros’.
¡Qué bueno es ver a Hogares Nuevos contribuyendo a escribir profundas y serias historias de amor! Sólo Dios es el Amor, pero cada uno de nosotros podemos enseñar a amar, a otros.
Para dialogar en pareja
1.- Soñando un libro que describa la historia de amor del matrimonio de ustedes: ¿Cómo se llamarían los diversos capítulos?
2.- ¿Qué nombre le pondrían al capítulo que describa la actualidad de ustedes?
3.- ¿Cómo deseamos que fuese el próximo capítulo? ¿Qué nos falta aún para lograr ese objetivo?
4.- Las historias de amor que hoy proponen los medios de comunicación, ¿responden a la realidad de nuestras historias de amor?
Para orar juntos
Señor Jesús, nos reconocemos como esposos, surgidos de un milagro de tu corazón, manantial infinito del amor.
Ayúdanos, a responder a lo que has soñado para nosotros,que podamos escribir una historia de amor,que motive a nuestros hijos a escribir la suya, que contagie a nuestros amigos,y que le dé calor a la frialdad de una humanidad que ya no conoce el amor.
Danos la gracia de ser fieles al amor que sembraste en medio nuestro,especialmente, sabiendo que la historia de amor se escribe,entrelazando nuestras historias con la Tuya.Señor, construyamos juntos la historia del amor.
Amén.
Conocer el misterio de una historia de amor
“Le parecieron unos pocos días por el amor que le tenía” (Génesis 29,20)
Hay muchas historias de amor. Desde la gran historia de amor de Cristo en la cruz, hasta las tantas que cada uno podría contar: La llegada de un hijo, el acompañamiento a alguien que tuvo una gran necesidad, el haber experimentado la entrega tras una noble causa. En fin, tantas posibles historias de amor. Una de ellas, puede ser mi historia vocacional en el sacerdocio, es una historia de amor. También la historia de amor de las consagradas u otros sacerdotes. Podemos detenernos en las tantas historias de grandes amistades. Cada historia de amor, tiene en su ser más íntimo un misterio que uno anhela conocerlo. Esta vez, profundizaremos en esa historia de amor que implica la vida matrimonial. Ahondaremos en ese gran misterio, en esa maravilla. Cuando se habla de misterio muchos lo relacionan a “misterioso”, aquí lo vincularemos a “maravilla”. A las maravillas se las contempla, se las vive, lo difícil es conocerla, describirla, explicarla.
Cuando uno ve con mirada profunda un matrimonio, surge una pregunta, tal vez, sin respuesta rápida. ¿Por qué Mirta y Carlos se aman? ¿Por qué han perseverado toda la vida en ese amor, al que no le faltó, ni le faltan, dificultades? ¿Por qué Isabel y Ramón, Lucía y Enrique, María José y Juan Diego, Griselda y Miguel, Olga y Pedro, Marta y Nelson, Cathy y Carlos, Ana y Jorge, Esther y Carlos, Fernanda y Wilton, Lilia y Edmundo, Margarita y Eduardo, María Isabel y Enrique, Marta y Alfredo, Silvia y Ariel, Mónica y Néstor, Mary y Antonio? Cada uno puede enumerar los obstáculos, problemas, sinsabores, dificultades, palos en la rueda… que tuvieron, tienen y, con seguridad, tendrán.
Sin embargo, hay un “no sé qué”, que desde afuera no se los podría imaginar a uno sin el otro. Si escuchas a las esposas, generalmente, tienen alguna queja del marido. Si se hacen chistes machistas de mal gusto, se le dice a los esposos que ya se han “ganado el cielo”, “mártires en vida”.En algún enojo, o en un chiste, tal vez alguno especuló con la posibilidad de “devolverlo” o “devolverla”… pero cuando se piensa en serio, nadie quiere quedarse sin el otro. ¿Cuál es el misterio que existe en lo más íntimo de un matrimonio que hace que persevere durante toda la vida? Hoy día cuesta encontrar matrimonios que puedan escribir historias de amor, bodas de plata, de oro… Pero, gracias a Dios, tantos pueden testimoniar sobre el inmenso valor de escribir con sus vidas una historia de amor, cargada de sentido, de misterio.
¿Cuál es el misterio? Podría ser una de tantas otras mujeres, con más presencia, con otro carácter, otros dones, capacidades, sin embargo, es ésta. Podrían ser tantos otros varones, con otra presencia, capacidades, carácter, dones. Es éste. ¿Cuál es el misterio? ¿Qué hay en el corazón de Mary que atrapó a Antonio? ¿Qué en el corazón de Antonio que atrapó a Mary? Algunos podrían decir que es fruto del enamoramiento. Puede ser, pero…
Siempre he escuchado que el enamoramiento produce ceguera y durante ese tiempo suelen decir “estoy locamente enamorado”. Puede ser, pero en esa etapa no se sabe a quién se ama. Aún no se conoce al otro. La etapa posterior, la del amor, se hace con los ojos bien abiertos, mirando cara a cara al otro, eso es amar de verdad, porque se sabe a quién se ama, se ve la evidencia. El enamoramiento es egocéntrico (así debe ser, es lo natural), el otro es para ‘mí’; la etapa del amor, en cambio, uno es para el otro, construye el ‘nosotros’.
En esto consiste el misterio, a pesar de conocerse bastante, se aman. Este es el amor verdadero.
Es interesante ver cómo muchos esposos se quejan de aquello mismo que se enamoraron. Tal vez, se enamoraron por su sociabilidad, más adelante esto genera celos. O por ser muy generoso, después se quejan que despilfarra… El enamoramiento hace que agrade aquello en lo que se coincide, en cambio, amar es aceptar todo aquello que hace a la diferencia. Cuando se aman las diferencias es posible sostener un camino de perseverancia.
No se vive siempre enamorado, es un instante, un momento, un flash. Pero, la capacidad de enamorarse no se pierde. En la vida matrimonial se pueden programar momentos de re-enamoramiento. Es el condimento del amor. Por ejemplo, “vamos a tal lugar a compartir los dos juntos… y así nos volvemos a enamorar”. Se puede volver a enamorar en diferentes etapas de la vida matrimonial.
Pero volvamos a nuestro tema: Cómo se explica el misterio de una historia de amor. Cada uno puede decir con la canción de Andrea Bocelli, “qué frío invierno si te vas un día”, pero cómo explicar el por qué “contigo no hay invierno”. Más pasa el tiempo en la vida matrimonial, más se arraiga este sentimiento. Claro, el misterio pertenece a quienes hacen historia con su amor. Es que quien no hace historia, tampoco sabe lo que es amar.
El misterio no es una “carita”, tampoco pasa por “capacidades”, menos por lo sexual. ¿En qué radica el misterio? Ensayando diría, que hay un “algo”, que trasciende los proyectos humanos, el tiempo, las edades, los atributos personales, muy difícil de expresar en palabras explicativas, yo lo encerraría en cuatro letras: amor. Claro, no explica mucho… y explica todo. Esas cuatro letras se identifican con Dios. Él es Amor. El amor matrimonial se inicia con una vocación que Dios regala. Dios teje las dos vidas en un “nosotros matrimonial”. Dios es el misterio que se hace maravilla humana. No se explica, ni se dibuja… sólo se contempla.
Si se buscan razones meramente humanas, no son consistentes en la proyección del tiempo. El rostro adolescente se hace anciano, el brillo de la piel se hace arruga, la cabellera se hace calvicie o se pinta color blanco, la salud se hace enfermedad, la vida deviene en la muerte. Sin embargo, el amor resalta en todo el proceso de la vida. El misterio de una historia de amor se devela en la historia que Dios va tejiendo con la humanidad.
Si se descubre la trascendencia de la vida del hombre, y se visualiza claramente que lo único que va a permanecer eternamente es el Amor, se ilumina y carga de sentido la vida del hombre y su trascendencia, su destino final. “Cuánto misterio, cuánta alegría… nunca había sentido el perfume infinito de una rosa al rocío”, canta Bocelli en “El misterio del amor”.
Es que ambos, desde el alba hasta el crepúsculo, buscan apasionadamente un mundo nuevo. Un mundo nuevo, que construyen desde su apasionado amor. Aquí el misterio: Dios es amor, amor que enreda la vida de Mirta y Carlos; esta es la maravilla. Contemplémosla en la profundidad del silencio.
Iba conduciendo el automóvil, y escuché en una canción el verso “conocer el misterio de una historia de amor”, pensé qué lindo tema para una cartilla. Saqué de adentro lo que me produjo, pero creo que no dice lo que debería decir… es un misterio. La lista de nombres se hizo larga… tenía la tentación de escribir 14.000 nombres de matrimonios…
Con cariño, a todos los que pueden contar una historia de amor. A todos los que 50 años “le parecieron unos pocos días por el amor que se tenían”.
Para dialogar en pareja.
1.- Sería muy enriquecedor que cada uno pueda identificar el misterio por el que se aman. Compartirlo y contemplarlo juntos. Si no lo descubren, recuerden: es misterio. Contémplenlo desde un abrazo duradero, en silencio, ahí el misterio.
2.- Enumerar cinco hitos importantes de la historia de amor del matrimonio de ustedes.
3.- ¿Cuál pensamiento de esta reflexión les impactó más? ¿Por qué?
Para orar juntos.
Señor Jesús,toda la Historia de Salvación,no es otra cosa que una historia de Amor.
Gracias por hacer de nuestra historia matrimonialuna historia de amor, que es parte de tu Historia de Amor.
Ayúdanos a continuar tejiendo con nuestras vidas esa historia de amor,que tantos frutos y alegrías contiene,también, sinsabores y perdones…
Pero, es lo nuestro, es nuestro vibrar juntos, que jamás queremos se termine,por eso, nos alegra tanto, saber que el amor es lo único que perdurará en la eternidad.
Señor, no nos dejes solos, la trama necesita tres madejas de hilo:nuestros amores y el Tuyo.
Amén.
¿Por qué me amas? ¿Por qué te amo?
“El amor no busca su propio interés” (Cfr. 1Corintios 13,5)
La pregunta, “¿qué encontré en ti, que hizo que te amara y te eligiera como esposo, esposa?”, ayuda a purificar intenciones en el amor. Pero hace un tiempo me encontré con esta otra pregunta, que si se la medita profundamente, puede dar a luz sentimientos guardados en lo más íntimo del corazón: “¿Me amas porque me necesitas o me necesitas porque me amas? ¿Te amo porque te necesito o te necesito porque te amo?”
Esto hay que hilarlo muy finito, no creo que se pueda responder de modo inmediato, para que podamos sacar a la luz todo lo que tiene nuestro interior. “¿Me amas porque me necesitas o me necesitas porque me amas? ¿Te amo porque te necesito o te necesito porque te amo?”, les dejo el espacio para que lo mediten y dialoguen; luego seguimos...
***
El amor no busca su propio interés, sino sobre todo, el bien del otro. Está claro que el que se enamora genera un sentimiento de “necesidad” en cuanto espera que el otro lo haga feliz. La madurez de la relación va a lograr que el enamoramiento, etapa naturalmente egocéntrica, sea suplantado por el amor: “tengo necesidad de hacerte feliz”. El amor se lo cultiva de muchas maneras, por ejemplo, comprendiendo, perdonando, sabiendo ponerse en lugar del otro, admirando los dones del cónyuge, tolerando sus defectos, sobre todo, deseando permanentemente hacer feliz a la persona amada, hasta tal punto, que su felicidad genera la propia felicidad. “Viéndote feliz, soy feliz”.
Si alguien quiere destruir el matrimonio no tiene más que comenzar a exigir y exigir y exigir… Especialmente, si día a día critica de modo permanente al otro en todo lo que hace, dice y piensa. Si a cada rato le recuerda sus fallas, sus limitaciones, sus debilidades y, además, lo trata con asperezas de carácter, va a hacer que el otro busque otros ámbitos, en los que se sienta tranquilo, aliviado, sin tener que soportar comentarios y críticas negativas.
Hacer feliz, comienza por la aceptación de cómo es el otro, especialmente, la aceptación de aquello que está marcado por la propia personalidad, sin eximir de la aceptación de aquello que la persona puede cambiar. El amor y el afecto todo lo pueden. Ama, y verás qué grandes resultados se obtienen.
“¿Me amas porque me necesitas o me necesitas porque me amas? ¿Te amo porque te necesito o te necesito porque te amo?” ¡Qué pregunta! Muy movilizadora y clarificadora de intenciones.
Si amas porque algo necesitas, cuando se termine la necesidad, ¿qué pasaría? En cambio, necesitar al otro porque es objeto del amor, ¡qué diferente! Cuando se ama de verdad se va poniendo parte del propio ser en el otro, es uno mismo, por eso ya no puede vivir sin el ‘yo’ proyectado en el ‘tú’.
El amor se hace grande, sólido y auténtico, con verdadera proyección y esperanza de futuro, si la “necesidad” de vivir y compartir la vida con la persona, que se dice que se ama, brota, surge del mismo amor; cuando todo lo que se hace es para que el otro sea feliz, entonces para los esposos amar y vivir se transforma en una misma cosa. Cada minuto de la vida está en función de hacer feliz al otro.
Una vida no es plena y hermosa porque dure muchos años, sino por la intensidad como se vive en el amor y se haya trabajado por hacer feliz a los demás. La felicidad no transita desde los demás hacia uno, sino de uno hacia los demás. En cuántas oportunidades se reclama que se me haga feliz, olvidando que es uno quien debe hacer feliz al otro. Siempre digo en nuestras comunidades de consagrados, que la cocina tiene el privilegio de ser un lugar en el que se puede pensar en los demás, complacerles, hacerles experimentar que se los ama. Alguien me decía refiriéndose a una de las consagradas, “siempre piensa en los demás”, ¡qué bueno escuchar eso! Tuve la gracia de experimentar en mi familia, que mamá y papá, de modos diferentes, buscaron agradar y hacer feliz a sus hijos. Esa vivencia de la infancia me ha conducido a experimentar un impulso interior de querer y buscar ayudar a que los demás sean felices.
El que busca a través del amor la felicidad del otro, no puede dejar de amar. Es un hábito que actúa por sí mismo, no tiene que pensarlo ni proponérselo.
Donde hay amor hay felicidad, donde hay felicidad es porque hay amor. El amor genera una fragancia que todo lo envuelve, penetra y trasciende en el tiempo, dejando una marca que nada podrá borrar.
Este espíritu debe hacer palpitar todas las realidades que se viven en el matrimonio. Mencionemos el diálogo, como ejemplo de esto que acabamos de afirmar: Si sólo se buscan los propios intereses, sin capacidad de concentrarse en las necesidades y sentimientos del otro, éste, será conducido irremediablemente al fracaso.
El amor humaniza. Hace a la persona más persona, porque la hace más humana. El egocentrismo animaliza, el amor humaniza. Las grandes personas no son, necesariamente, las que están en los monumentos o con sus nombres escritos en bronce, –lo que muchas veces responde a ideologías que hoy ensalzan y mañana destruyen–: Un gran hombre y una gran mujer, se miden por su capacidad de amar, de buscar que los demás sean felices.
Te necesito porque te amo, pero jamás te amo porque te necesito. Lo primero es un amor profundo, que brota desde la misma entraña del corazón; lo segundo, es el amor caricatura, barniz, que se coloca mientras exista la conveniencia y después… si te he visto no me acuerdo. Alguien de más de cuarenta años de casado decía “ya podemos divorciarnos, total ¿para qué?” Jamás se jubila en la vida matrimonial la alegría, el entusiasmo, el amor apasionado por hacerle feliz al otro. Mientras dure el peregrinar terreno, el corazón late al ritmo de la vida que no pierde la capacidad de buscar ser feliz. La mayor sabiduría del ser humano es la de convertir la vida en amor y el amor en felicidad donada a quien se ama.
“¿Me amas porque me necesitas o me necesitas porque me amas? ¿Te amo porque te necesito o te necesito porque te amo?” Hay mucho por escarbar, escarben… Hay mucho por decir, díganlo…
Permítanme finalizar con una frase que parece descolgada, pero que tiene mucho que ver: Dios es amor y nos creó para que seamos felices.
Para dialogar en pareja
1.- ¿Qué encontré en ti, que hizo que te amara y te eligiera como esposo, esposa?
2.- ¿Te amo porque te necesito o te necesito porque te amo? ¿Me amas porque me necesitas o me necesitas porque me amas?
3.- ¿Por qué me amas? ¿Por qué te amo?
4.- ¿Qué siento al compartir contigo este tema?
5.- En general, quienes dicen que aman, ¿buscan la felicidad del amado o su propia felicidad?
Para orar juntos
Señor Jesús,que nos amaste sin interés alguno,buscando que llegue la salvación y la felicidad eternaa cada uno de nosotros,te pedimos que sepamos amar del mismo modo,sin condición alguna,sino dándonos enteramente a quien amamos de verdad.
Es nuestro deseo trabajar constantemente por el bien del amado,nos pusiste juntos para construir la felicidad en los años que recorramos juntos,proyectada hacia la eternidad,ayúdanos para que se haga realidad.
Amén.
“Yo” y “Tú”: la dinámica del amor
“Y Dios creó al hombre a su imagen; los creó a imagen de Dios, los creó varón y mujer” (Génesis 1,27)
El ser humano está hecho para el encuentro. Necesita del otro, y desea dar, especialmente, darse a sí mismo. “Tus afectos movieran mi demanda, si por mi fueran, cual por ti los míos”1. Dante, con una expresión aventurada, nos presenta el dinamismo del ‘yo’ y el ‘tú’, la capacidad de salir de sí para el encuentro con el otro, que se revela como decisiva para la maduración de la persona y para su salud psicológica. Se demanda los afectos del otro y, al mismo tiempo, se los ofrece.
En la aparición sorpresiva del ‘tú’, en la experiencia del enamoramiento -entre otras-, despierta el ‘yo’ que no reduce en nada su identidad. Todo lo contrario, el encuentro con el ‘tú’ potencia la propia identidad. Resalta al propio ‘yo’.
En todas las culturas y las latitudes geográficas, el ‘yo’ experimenta una motivación e invitación constante, desde el inicio de la propia existencia, que lo empuja, lo lanza al encuentro con el ‘tú’. Es un sello imborrable de la misma naturaleza humana.
La Palabra de Dios nos muestra el origen del hombre, utilizando una definición inconfundible: un ‘yo’ es varón, y otro ‘yo’ es mujer. Llamados a un encuentro profundo, de consecuencias que trasciende los sueños e ilusiones que jamás alguien pueda sospechar. El amor de este encuentro, genera maravillosamente un nuevo amor. Genera ‘otro’, el hijo.
El ‘yo’ nace siempre de una relación. Nadie puede “fabricarse” a sí mismo. Cada uno debe su origen a ‘otros’, papá y mamá y a ‘Otro’, que es Dios.
Para la realización personal también es necesario ‘otro’. Nadie es feliz aislado, sin la relación con el ‘tú’ del ‘otro’. Nadie puede ser feliz, si es un solitario en una isla.
Recuerdo que en una oportunidad, hace unos años, me encontré con una exposición de maquinarias, de electrónica y, entre todo eso, había una joven dentro de una vitrina, la que era su casa. Una silla, un baño y una computadora. Incomunicada con el resto de los ‘tú’ de modo directo, ni siquiera sonreía a quienes se acercaban a su stand. Mostraba cómo con la computadora podía resolver absolutamente “todas” sus necesidades. Era una chica “enfrascada”. Mejor dicho, intentaba demostrar que con una computadora ella todo lo resolvía. Pero, cómo lograr desde una vitrina el encuentro personal con el ‘tú’. La vida no se puede resolver a “distancia”. Es muy diferente sacar el pan de una góndola, a que te sirva el medio kilo el propio panadero, que lo amasó, lo horneó y lo sirve. Ese momento implica muchas otras cosas, “hace calor”, “qué manera de llover”, “¿cómo están tus hijos?”, “¿superaste el problema de salud?”, “¡qué bien se te ve!”… en fin, temas que hacen a la vida, pero que lo posibilita el encuentro de persona a persona, de ‘yo’ a ‘tú’. El individualismo intenta una vitrina para cada uno, pero somos personas capaces del encuentro con el otro, de abrir el corazón y la mente, de comunicarnos.
Como vemos, la experiencia con el otro, lo recuerda permanentemente la vida misma. Pensemos en un bebé, cuando mira detenidamente el rostro de su mamá al descubrir que ella le sonríe; o en el alivio de un niño cuando frente a un temor determinado encuentra la mano del papá; o en la sensación del adolescente, que enamorado, se encuentra con la mirada cómplice de su pretendida; o en el compartir de dos amigos sentados en una escalinata conversando y contemplando la juntura de dos ríos; o en el “milagro” de aquel hombre chileno que “estampillado” contra un camión lo dieron por muerto: su esposa por un hilito de sangre luchó y peleó diciendo que estaba vivo, después de seis meses en terapia intensiva el hombre al abrir los ojos, se encontró con la esposa incondicional, que vendió todo lo que tenían por esos seis meses de esperanza; la última frase de mi padre que quedó tallada en mis oídos; la mirada y sonrisa de mi madre que me buscaron intencionalmente al partir… en fin, el otro, incondicionalmente necesario.
Nadie puede vivir cerrado en sí mismo, autosuficiente. El ‘yo’ abre los ojos a la vida, busca y se realiza en la impresionante e irresistible atracción del ‘tú’. El amor en todas sus dimensiones explica esta experiencia universal, que afecta a todos los hombres de las diferentes latitudes y culturas, en todos los tiempos. Inquebrantable experiencia, a pesar de que el término amor, hoy está tan devaluado, ¡realidad tan manoseada y desgastada!
El encuentro por excelencia se da respondiendo a la misma creación, en la que Dios hizo al hombre, varón y mujer, dándoles la oportunidad de lo relacional, de la comunicación, del amor, respondiendo al hecho de haber sido creados, a imagen y semejanza de Él. El ser varón o mujer, marca la impronta de la creación, dando la oportunidad especialísima, de vivir un amor entre ambos como regalo, don “de sí mismo” al otro, que se coronará con el don de la fecundidad.
Al haber “despegado” el sexo de la fecundidad, de la paternidad, nos han llevado al ficticio problema del género. Al quitar del sexo, el amor y la comunicación de la vida, cualquier placer es válido, cerrando cada vez más al individuo en sí mismo. Dios hizo al hombre persona, capaz de abrirse en el encuentro con el otro, y tejer con sus vidas una maravilla que trasciende las propias vidas haciéndose “hijo”.
“Y dijo Dios: No es bueno que el hombre esté solo, voy a hacerle una ayuda adecuada” (Gn 2,18). Todas las células serán de ahí en más, masculinas o femeninas, complemento para los grandes proyectos de la vida, para el fruto del hijo, para entretejer juntos la realización y felicidad de la vida.
La dinámica del amor matrimonial se conjuga necesariamente en el encuentro personal del ‘yo’ y del ‘tú’. No se puede vivir el matrimonio a través de una computadora, ni por medio de las redes sociales, ni por celular… aunque esta sociedad ha logrado que muchos lo vivan como tal… que algunos esposos tengan que competir con el cónyuge que desea vivir en una vitrina conectado anónimamente con muchos y olvidando la caricia, la actitud de escucha, la atención, que necesita su esposo o esposa.
Unas palabritas para finalizar la reflexión, para que compartan tomados de la mano: “Porque eres un ‘yo’, para mí eres un ‘tú’, y por ser también yo un ‘yo’, soy para ti, un ‘tú’. ¡Oh! Este decir ‘tú’, este pasar hacia el otro como por un puente liviano, que se tiende sobre infinitudes, un puente de luz pero que tiene la suficiente fuerza como para soportarte a ti y soportarme a mí. Yo voy hacia ti, diciendo ‘tú’; y tú vienes hacia mí, diciendo ‘tú’ a mí. “¡Oh, este decir ‘tú’!”(Lippert).
Para dialogar en pareja.
1.- ¿Recordamos el momento en el cual el otro comenzó a ser un ‘tú’ que sorprendió al ‘yo’? Narrarlo mutuamente.
2.- ¿Nos regalamos el suficiente tiempo para el encuentro de nuestros ‘yo’ y ‘tú’?
3.- ¿Existe algún aspecto en los que nuestros ‘yo’ viven en vitrina? ¿Cómo mejorar en este sentido?
4.- El individualismo que quiere imponer nuestra sociedad, ¿permite descubrir al ‘tú’? Los jóvenes, ¿tienen posibilidades de salir de su ‘yo’ frente a las propuestas sociales?
5.- ¿Cómo trabajar en la educación de las nuevas generaciones para que puedan descubrir el ‘tú’ del otro?
Para orar juntos.
Señor Jesús,en Tu propia experiencia del misterio Trinitariose encuentra la dinámica del ‘yo’ y del ‘tú’,por eso, te pedimos que nos ayudes a enriquecer nuestro encuentro,que aquella primera vez, en que cada uno comenzó a ser un ‘tú’ para el otro,sea la constante motivación a crecer en el ir trenzando ambos ‘yo’ y ‘tú’,para el maravilloso logro del ‘nosotros’.
Además, Señor, deseamos profundizar en la búsqueda del ‘Tú’,que eres en “medio de nosotros”,para entregarnos ambos de modo más pleno a Ti.
Amén.
1. (Dante, Divina Comedia, Paraíso IX, Losada, Bs As 2004, pág. 414)
Tú llenas mi corazón de alegría
“¡Qué hermosa eres, amada mía, qué hermosa eres! ¡Tus ojos son como palomas!¡Qué hermoso eres, amado mío, eres realmente encantador!Aparecieron las flores sobre la tierra, llegó el tiempo de las canciones, y se oye en nuestra tierra el arrullo de la tórtola. La higuera dio sus primeros frutos y las viñas en flor exhalan su perfume. ¡Levántate, amada mía, y ven, hermosa mía! Paloma mía, que anidas en las grietas de las rocas, en lugares escarpados, muéstrame tu rostro, déjame oír tu voz; porque tu voz es suave y es hermoso tu semblante.” (Cantar de los Cantares 1,15-16. 2,12-14)
Corazón Contento (Palito Ortega)
Tú eres lo más lindode mi vida,aunque yo no te lo diga,aunque yo no te lo diga.
Si tú no estás yo no tengo alegría,yo te extraño de noche,yo te extraño de día.
Yo quisiera que sepasque nunca quise así,que mi vida comienzacuando te conocí.
Tú eres como el sol de la mañana,que entra por mi ventana,que entra por mi ventana.
