El calendario de Adviento - Katja Slonawski - E-Book

El calendario de Adviento E-Book

Katja Slonawski

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Beschreibung

Cuando por fin llegó el primer día de diciembre, el calendario de Adviento estaba listo, con una ventanita para cada día del mes, desde el día uno hasta Navidad. El calendario consistía sencillamente en dos trozos de cartón pegados entre sí, que habían escondido debajo de la cama para que no estuviese a la vista de los niños. Al final se habían decantado por frases bastante generales que describían un tipo de actividad sexual para cada día, y ambos esperaban que el apetito sexual y el deseo hiciesen su aparición como por arte de magia.

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Seitenzahl: 28

Veröffentlichungsjahr: 2020

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Katja Slonawski

El calendario de Adviento

LUST

El calendario de Adviento

Original title:

Kalendersex

 

Translated by Begoña Romero

Copyright © 2018 Katja Slonawski, 2020 LUST, Copenhagen.

All rights reserved ISBN 9788726273663

 

1st ebook edition, 2020. Format: Epub 2.0

 

No part of this publication may be reproduced, stored in a retrieval system, or transmitted, in any form or by any means without the prior written permission of the publisher, nor, be otherwise circulated in any form of binding or cover other than in which it is published and without a similar condition being imposed on the subsequent purchaser.

El calendario de Adviento

 

Todo había empezado con Kirsti: esa compañera de trabajo que se puede encontrar en todas las empresas a lo largo y ancho del país, la que lleva el pelo teñido de color rojo vivo y viste de forma provocativa, la que busca ser siempre el centro de atención, como las típicas niñas populares del instituto. Esa clase de mujer que, a pesar de rondar ya los cincuenta, sigue teniendo una necesidad enfermiza de que la aprecien, le hagan caso y la valoren en el trabajo, aunque nunca nadie sería capaz de satisfacer esa necesidad ni aunque se pasase el día entero escuchando su verborrea. A Marja, Kirsti no le caía especialmente bien, pero de alguna manera habían acabado coincidiendo en la sauna durante la importante conferencia de aquel otoño. La empresa para la que trabajaban había obtenido grandes beneficios durante el ejercicio anterior y había decidido agradecérselo de algún modo a sus empleados.

Por ello, la conferencia de otoño de aquel año se había organizado en una mansión con spa y el programa incluía jacuzzis exteriores, sauna y tratamientos cosméticos. Una tarde, ya solo quedaban en la sauna Marja y Kirsti. Los demás se habían ido ya a la cama o se estaban remojando en el jacuzzi de leña, y para entonces Marja y Kirsti ya habían bebido lo suyo. Fue Kirsti quien empezó a hablar de sexo. Divorciada y acostumbrada a tener citas con mucha gente diferente, Kirsti era bastante franca y abierta acerca de su vida personal, y el sexo era uno de sus temas favoritos, como bien sabía Marja después de varios años sentada cerca del escritorio de Kirsti en el trabajo. Por el contrario, a Marja no le gustaba demasiado compartir este tipo de información y se sintió inmediatamente incómoda cuando Kirsti le preguntó:

—A todo esto, ¿qué postura te gusta más?

Marja se revolvió incómoda antes de responder que no estaba del todo segura.

—¿Entonces, Henrik y tú probáis muchas posturas nuevas?

Marja no sabía muy bien cómo responder a esa pregunta, ni le parecía que fuera de la incumbencia de Kirsti, pero tampoco se lo iba a decir a la cara.

—Yo intento encontrar el equilibrio entre las cuatro posturas principales, pero tengo que reconocer que tampoco le hago ascos a una buena lamida de vez en cuando —dijo Kirsti con una risita traviesa.

Marja sintió un mareo; necesitaba irse a la cama y quizás enviarle a Henrik un mensaje de texto para decirle que estaba bien y que lo echaba de menos. A lo mejor había bebido demasiado; Kirsti, sin duda alguna, sí había bebido más de la cuenta, pero a Marja se le había quedado grabada una cosa:

—¿Las cuatro posturas principales? —miró inquisitivamente a Kirsti.

Esta la observó con un aire de superioridad.

—¿No sabes cuáles son? —preguntó, como tratando de prolongar intencionadamente la incomodidad del momento.

—No, no lo sé —replicó Marja con sequedad.