El campo uniano - Bernardino Horne - E-Book

El campo uniano E-Book

Bernardino Horne

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"En medio de las 'criaturas de las palabras' que el psicoanálisis convoca, ¿donde está lo real? […] El intento de esclarecerlo llevó a Lacan a formular la aspiración de un dis­curso que no fuera del semblante. Pero la pregunta se sostiene: ¿Dónde está lo real? Es una pregunta epistémica, ya que implica al saber y hace girar su enseñanza; y es también una pregunta clínica, ya que determina de otro modo la orientación del psicoanálisis, de su clí­nica y de su práctica. Los autores de los textos de este libro hacen el esfuerzo de no perderse, de perderse y reencontrar­se en los meandros teóricos de la última enseñanza de Lacan, y como en su ma­yoría son analistas, se sirven de lo que psicoanálisis todavía les enseña. ¿Dónde está lo real?, ¿en el goce?, ¿en el cuerpo?, ¿en la irrupción del trauma?, ¿en el agujero del sexo?, ¿en el ombligo del sueño?, ¿en lo escrito?, ¿en el síntoma?… Recorriendo estos textos se encuentran diferentes mane­ras de acercarse a ese real que porta la paradoja de que no es como la verdad, esa que la filosofía entronó y destronó, y que el aparato conceptual freudiano y con el mismo Lacan se sigue buscando. La práctica y el análisis enseñan que no se trata de buscar lo real como a la verdad. La práctica y el análisis enseñan que es lo real lo que nos encuentra".

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Seitenzahl: 634

Veröffentlichungsjahr: 2024

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El campo Uniano

Bernardino Horne

Iordan Gurgel

Compiladores

El campo Uniano

La última enseñanza de Lacan y sus consecuencias

Índice
Prólogo. Mauricio Tarrab
Presentación. Bernardino Horne - Iordan Gurgel
El campo uniano: hay Uno
CAPÍTULO 1. La pregunta por lo real. Bernardino Horne
CAPÍTULO 2. El misterio. Bernardino Horne
CAPÍTULO 3. Encarnación. Bernardino Horne
CAPÍTULO 4. Un caso clínico. Bernardino Horne
CAPÍTULO 5. Acerca del tiempo. Luiza Sarno
CAPÍTULO 6. Cómo leer un síntoma. Nora Pessoa Gonçalves
CAPÍTULO 7. La experiencia analítica en el ultimísimo Lacan. Sônia Vicente
CAPÍTULO 8. El goce, numeroso y uno. Marcela Antelo
CAPÍTULO 9. El nudo o la vida. Pablo Amster
CAPÍTULO 10. De la clínica psicoanalítica nodal: que no hay. Fabián Schejtman
CAPÍTULO 11. El Edipo y el más allá. Fátima Sarmento
CAPÍTULO 12. El escabel y el cuerpo hablante, más allá del padre. Patricio Álvarez Bayón
CAPÍTULO 13. La desrealización de la sexuación en la era post-paterna. Nieves Soria
Psicosis y patologías contemporáneas
CAPÍTULO 14. La clínica estructuralista de la psicosis. Iordan Gurgel
CAPÍTULO 15. Clínica borromea: psicosis, forclusión y sinthome. Paulo Fernando Chaves Dantas
CAPÍTULO 16. Psicoanálisis, política e institución ¡no retroceder ante la psicosis! Iordan Gurgel
CAPÍTULO 17. Entre duelo y angustia. Romildo do Rêgo Barros
CAPÍTULO 18. Cuerpo y síntomas actuales en la clínica de lo real. Célia Salles
CAPÍTULO 19. El empuje a las adicciones y la iteración del Uno de goce. Jésus Santiago
CAPÍTULO 20. La escalada del Capitalismo y la escala del discurso del analista. Sérgio Laia
El pase en la Escuela
CAPÍTULO 21. ¿Cómo y por qué el pase? Bernardino Horne
CAPÍTULO 22. ¿“Tu puedes saber”. Débora Rabinovich
CAPÍTULO 23. Tres preguntas sobre el pase. Graciela Brodsky, María Cristina Giraldo y Marcus André Vieira

© Grama ediciones, 2023

Manuel Ugarte 2548 4° B (1428) CABA

Teléfono 4781-5034

[email protected]

http://www.gramaediciones.com.ar

Laia, Sérgio

El campo Uniano : la última enseñanza de Lacan y sus consecuencias / Sérgio Laia ; Fabián Schejtman ; Patricio Alvarez Bayón ; compilación de Bernardino Horne ; Iordan Gurgel. - 1a ed. - Olivos : Grama Ediciones, 2024.

Libro digital, EPUB

Archivo Digital: descarga y online

ISBN 978-987-8941-97-4

1. Clínica Psicoanalítica. I. Schejtman, Fabián. II. Alvarez Bayón, Patricio. III. Horne, Bernardino, comp. IV. Gurgel, Iordan, comp. V. Título.

CDD 150.195

@ Bernardino Horne y Iordan Gurgel, 2023.

Diseño de tapa: Gustavo Macri

Imagen de tapa: Pablo Reinoso

Hecho el depósito que determina la ley 11.723.

Queda prohibida la reproducción total o parcial de este libro por medios gráficos, fotostáticos, electrónicos o cualquier otro sin permiso del editor.

Primera edición en formato digital: febrero de 2024

Versión: 1.0

Digitalización: Proyecto451

Prólogo

Mauricio Tarrab

“Todo es bueno en Lacan, es mi principio, a entender: todo es bueno para ser puesto a prueba”.

J.-A. Miller,entrevista en La Cause freudienne

Creo que se puede decir que este libro, que prologo con prudencia ya que lo he leído con gran interés, es una rara avis en la producción a la que nos acostumbra la comunidad analítica del Campo freudiano y las Escuelas de la AMP. Una rara avis, ya que lo considero un libro de estudio. Estudios que hacen falta y que por una u otra razón no son frecuentes en nuestro “canon” de publicaciones. Estos son estudios extensos, profundos, variados, informados, anclados en la práctica analítica, y donde se nota que cada autor con su estilo propio evita como puede la tentación erudita y el plano inclinado de las elucubraciones vacuas.

Aquí se presenta el producto del estudio y la investigación de autores que generosamente hacen un libro que será referencia para estudiar, para ser estudiado en detalle. Los compiladores han sabido incitar a un variado conjunto de destacados analistas a atreverse a escribir y trasmitir su manera de entender, de abordar, de perderse y reencontrarse en la última enseñanza de Jacques Lacan. Para eso no deberían constituir –y no lo han querido– un corpus dogmático, y se percibe que escriben “a cuenta propia”.

Cada uno de los textos se asoma al borde de ese misterio que llamamos la última o la ultimísima enseñanza de Lacan. Entran en ese terreno donde las balizas son tenues y las referencias escasas, acompañados de la lectura de J.-A. Miller en su esfuerzo por atrapar al último Lacan con las consecuencias que tiene para el psicoanálisis en general, y para el psicoanálisis que practicamos en especial.

Los textos se sitúan, desde los primeros, en el umbral de esa enseñanza al punto de fecharla como un acontecimiento, en la expresión de Lacan en la clase del 15/3/72 (Seminario 19): “Hay el Uno”.

Dije que se sitúan en el umbral, pero de inmediato vacilo al escribir umbral… ya que eso no representa bien lo que allí se juega, a menos que lo pensemos como un umbral en banda de moebius, si se me permite lo que quizás podría ser un oxímoron que mostrara lo imposible que allí se juega.

Hay un corte, sí, incluso un corte espistémico –en términos de Bachelard–; es posible, pero a condición de entender a lo que J.-A. Miller nos fuerza con un método de lectura que no ignora los cortes, que más que bien los acentúa pero que no descarta nada:

[…] en psicoanálisis ningún concepto se abandona, más bien se los conserva, se sedimentan, se estratifican, los desplazamos, los recomponemos, los combinamos. No olvidamos nada del camino recorrido, cuyos meandros siguen dando sentidos, y no son olvidados cuando alcanzamos un objetivo, que es siempre provisorio”. (1)

Esa es la razón del epígrafe, que me resulta indispensable para mi propia lectura de lo que aquí se ha precipitado como un libro.

En medio de las “criaturas de las palabras” que el psicoanálisis convoca, ¿donde está lo real? (2) La pregunta debería apremiarnos a los analistas en tanto que tratemos de no extraviarnos en la bruma de los semblantes y en la circulación de los discursos. El intento de esclarecerlo llevó a Lacan a formular la aspiración de un discurso que no fuera del semblante. Pero la pregunta se sostiene: ¿Dónde está lo real? Es una pregunta epistémica, ya que implica al saber y hace girar su enseñanza; y es también una pregunta clínica, ya que determina de otro modo la orientación del psicoanálisis, de su clínica y de su práctica. Los autores de los textos de este libro hacen el esfuerzo de no perderse, o como dije antes, de perderse y reencontrarse en los meandros teóricos de la última enseñanza de Lacan, y como en su mayoría son analistas, se sirven de lo que psicoanálisis todavía les enseña.

¿Dónde está lo real?, ¿en el goce?, ¿en el cuerpo?, ¿en la irrupción del trauma?, ¿en el agujero del sexo?, ¿en el ombligo del sueño?, ¿en lo escrito?, ¿en el síntoma?… Recorriendo estos textos se encuentran diferentes maneras de acercarse a ese real que porta la paradoja de que no es como la verdad, esa que la filosofía entronó y destronó, y que el aparato conceptual freudiano y con el mismo Lacan se sigue buscando. La práctica y el análisis enseñan que no se trata de buscar lo real como a la verdad. La práctica y el análisis enseñan que es lo real lo que nos encuentra.

Lo real nos encuentra… como la preocupación por la escritura se encuentra en la urdimbre de estos textos, recordé que Jorge Luis Borges presentó el I Ching con un bello poema, (3) cuyo verso final me permito parafrasear de manera insolente para los fines de este prólogo.

[…]

pero en algún recodo de tu encierro

puede haber un descuido, una hendidura.

El camino es fatal como la flecha

pero en las grietas está lo real, que acecha.

El I Ching, ese libro enigmático, originalmente es una práctica adivinatoria que hace de las líneas de fractura azarosas de los caparazones de tortugas puestas al fuego, signos. Y cuando a esos signos se los agrupan –según una lógica arbitraria– se construye con ellos una escritura que se supone –se ha supuesto por miles de años– permite leer cómo el azar y la determinación esperan a quien las consulta. La construcción de un mundo a partir de trazos inciertos. Mundos ficcionales, construidos sobre un punto singular y sin sentido.

Lo que tiene de ficcional el psicoanálisis mismo apremió a Lacan hasta el final. Están los discursos, sí, sí, pero los discursos no son al final más que una articulación significante que gobierna las palabras e incide en los cuerpos. Pero Lacan apunta a algo más. Están los discursos que giran, como dice en el Seminario 19: “[…] el goce, la verdad, el semblante y el plus de gozar. Allí gira la cosa. Y está ese soporte, lo que ocurre en el nivel del cuerpo […] el ground”. (4)

El ground está allí, lo dice en inglés, ground, el suelo de los discursos es el cuerpo. Y en ese ground pasan cosas, ocurren cosas en los cuerpos. Y eso que ocurre en los cuerpos hablantes es examinado por varios de los trabajos de este libro.

Con su “matériel-ne-ment”(5) Lacan define su propia orientación hacia un punto cierto y desde un punto cierto: ese encuentro entre el cuerpo y el significante que no solo cambia el cuerpo sino que también cambia al significante mismo. Y con su “reducir toda invención al sinthome”, (6)Lacan indica dónde ese ground se corporiza, señalando con eso al mismo tiempo que eso se podría “encarnar” en una práctica posible, cuando el psicoanálisis parecía encallar al borde del desaliento. La debilidad del saber, la debilidad del saber inconsciente evidenciada como un callejón sin salida, fuerza el pasaje del inconsciente al síntoma como única vía, practicable. Practicable.

Este libro se adentra en ese campo desde su mismo título, y el conjunto de los textos, de una manera u otra, toman como referencia, como ancla, como punto de partida, aún como horizonte: “Hay el Uno”, para no fascinarse con espejismos.

Mencioné el misterio, la encarnación, la escritura, la práctica, los cuerpos, la lectura del síntoma… que extraigo de estos textos, que los abordan, los estudian y formulan hipótesis fuertes; pero también se aborda aquí cómo el Edipo freudiano es releído y desplazado por los tres de Lacan (RSI), las limitaciones del fantasma, el tiempo, el gran capítulo de las psicosis que enseñó a Lacan y nos sigue enseñando. También y como una pieza suelta –con la dignidad que le damos a las piezas sueltas– se dialoga con economistas de primera línea, abriendo un capítulo que puede leerse en sintonía con los textos que abordan los empujes y urgencias que la época impone a los sujetos, que van desde las formas actuales de abordar el sexo hasta el imperativo invencible de las formas actuales de gozar que se prestan a las nuevas, brutales o sutiles formas de la segregación.

Retomando la frase de J.-A. Miller que incluí como epígrafe: “Todo es bueno en Lacan, es mi principio, a entender: todo es bueno para ser puesto a prueba”. Se puede decir que este libro está en esa vía.

Zárate, 14 de marzo de 2021

1. Miller, J.-A., entrevista en La Cause freudienne.

2. Miller, J.-A., “Leer un síntoma”, Revista Lacaniana de Psicoanálisis, nº 12, EOL-Grama ediciones, Buenos Aires, 2012.

3. El porvenir es tan irrevocable

como el rígido ayer. No hay una cosa

que no sea una letra silenciosa

de la eterna escritura indescifrable

cuyo libro es el tiempo. Quien se aleja

de su casa ya ha vuelto. Nuestra vida

es la senda futura y recorrida.

El rigor ha tejido la madeja.

No te arredres. La ergástula es oscura,

la firme trama es de incesante hierro,

pero en algún recodo de tu encierro

puede haber un descuido, una hendidura.

El camino es fatal como la flecha

pero en las grietas está Dios, que acecha.

4. Lacan, J., El Seminario, Libro 19, …o peor, Paidós, Buenos Aires, 2012, p. 223.

5. Lacan, J., Seminario 24, “L´insu que sait de l´une-bevue s´aile a mourre”, clase del 16-11-76. Inédito.

6. Lacan, J., El Seminario, Libro 23, El sinthome, Paidós, Buenos Aires, 2010, p. 130.

El campo uniano:

hay Uno

CAPÍTULO 2

El misterio

Bernardino Horne

“Lo real […] es el misterio del cuerpo que habla, es el misterio del inconsciente”.

Jacques Lacan (13)

Vamos a aproximarnos al misterio. Curiosamente, la respuesta formulada por Lacan está en el Seminario anterior a aquel en el cual él se formula la pregunta. En efecto, está en el Seminario 19, fundamentalmente en los capítulos IX y X. Seguiremos ese camino y también trataremos la elucidación de la cuestión a partir de la clínica.

Parlêtre –Falasser en portugués–, es el nombre de la respuesta de Lacan a esa unión entre cuerpo y palabra. Miller retoma ese nuevo significante de Lacan, parlêtre, para destacar cómo el cuerpo, en su forma de cuerpo hablante, cambia el registro del psicoanálisis: “Casi me había adherido a esta idea cuando me di cuenta de que el cuerpo cambia de registro como cuerpo hablante”. (14)

Hay un desnivel, una brecha entre el Ser y el Existir. Todo eso se presenta como consecuencia de la inauguración del campo de lo Uniano por el significante “Uno solo”: el Significante Uniano. ¿Cómo se constituye ese parlêtre? ¿Cómo puede establecerse un goce sin significante, un puro existir en el propio ámbito de una operación simbólica? Un cambio de tanta envergadura involucra innumerables desafíos para los analistas. Desafíos que son clínicos, teóricos y los de su propia posición como analista.

El misterio es algo que hace siglos preocupa a grandes artistas, teólogos, filósofos y científicos. Lacan lo formula como el misterio del cuerpo hablante, el misterio del inconsciente. No se trata de que el cuerpo habla, sino de que hablamos con el cuerpo.

Muchas entradas del Scilicet, El cuerpo hablante, se dedican al trabajo desarrollado por los miembros de la AMP sobre ese nuevo concepto, así como a los impasses y a las dificultades que se presentaban. Cerca de veinte textos abordan esa perspectiva de modo directo. Laura Arciniegas Sánchez, en “Sustancia gozante”, abre su exposición diciendo: “La pregunta por la relación entre el cuerpo y el significante ha sido un eje central de la investigación psicoanalítica”. (15)

El misterio tiene antecedentes en la filosofía. Descartes, en la “Sexta meditación”, se cuestiona sobre la unión entre el alma y el cuerpo. Miller nos recuerda una “cita famosa” de Descartes, hecha por Lacan en “Lituratierra”: “Yo no solo estoy [en este cuerpo] como un piloto en su navío, sino que además le estoy tan íntimamente unido y como mezclado con él, que es como si formásemos una sola cosa”. (16)

La respuesta de Lacan: el Campo Uniano y el parlêtre

Lacan responde a la pregunta del Seminario 20 sobre el misterio de la unión del alma con el cuerpo cuando dice: “Lo que solo existe no siendo: justamente esto es lo que está en juego, y lo que quise inaugurar hoy bajo el capítulo general de lo Uniano”. (17) Con esta afirmación inaugura, como es su deseo, un campo nuevo, que bautiza con el nombre de Uniano. Allí están las raíces del parlêtre, abriendo un capítulo inédito en la historia del psicoanálisis. De allí en más, la clínica será otra: la transferencia, la interpretación, todo cambiará. Lacan comienza lo que Miller llama su última enseñanza.

El campo de lo Uniano es, estrictamente hablando, aquel que pasa a existir por la incorporación del significante Uno. La incorporación implica que el significante se introduce en el cuerpo y se hace cuerpo, porque no es una parte –es el propio cuerpo, es parte constitutiva del cuerpo. En verdad, se trata de dos materialidades que se encuentran: la materialidad sonora del significante y la materialidad física del cuerpo biológico. Y, de ese encuentro, resulta el cuerpo humano. El significante funda el Campo Uniano por el mecanismo de su mutación en goce. La metáfora de Descartes sobre el capitán que se vuelve uno con su navío es muy bonita y clara, pero, en verdad, el capitán no es capitán y el navío todavía no existe, es pura madera bruta. La madera deja de ser madera y el capitán ya no lo es. Al hacerse uno, se transforman, devienen naviocapitán: ambos existen apenas como cuerpo vivo. Se tornan uno, como goce. Existen como puro goce. Son pedazos sueltos de goce –y eso es el cuerpo humano, en sus albores. El significante paga con su ser de significante por el derecho de existir. Un existir que no es el de significante, sino el de puro goce. El goce Uno. Sustancia gozante. En ese acontecimiento de cuerpo, inaugural, el cuerpo biológico vivo se torna vida humana. Es el sonido del significante, sus resonancias –y no su sentido– lo que hace vibrar el cuerpo. El significante ya no es una palabra que viene de un Otro, sino una sensación que surge de sí mismo, algo propio, y es de ese modo que existe como cuerpo: por el hecho de gozar. El cuerpo vivo resonando es lo que Lacan llama goce.

El misterio es que, a pesar de ser algo de un puro real –sin significado, ya que no hay significante–, se trata de una operación simbólica, en la cual, lógicamente interviene un significante. Sólo que, en el instante de la encarnación, en el instante de efectuar la mutación, este deja de ser significante.

El Seminario 19 está dividido en cuatro partes, la primera: “De uno y otro sexo”; la segunda: “El Otro: de la palabra a la sexualidad”, y la que aquí nos interesa especialmente lleva el título: “El Uno: que no accede al dos”. Lacan trata del Otro antes de entrar en el Uno. Cuando decide entrar en el tema, dice que sintió la necesidad de pasar por el Otro antes de abordar un asunto “tan resbaladizo como ese Uno”. Pero deja claro, en “Lo que incumbe al Otro”, que desea formular ciertas cuestiones sobre lo que considera “el punto central, el punto que este año tengo en la mira, a saber, el Uno”. (18) En las clases siguientes, cumplirá su promesa fundamentalmente en los capítulos IX, “En el campo de lo Uniano”, y X, “Haiuno”.

Veamos cómo Lacan llega a su frase fundante, localizada al final del capítulo IX. Empieza el capítulo confesando nuevamente que viene hablando del Otro porque es más cómodo, pero de lo que realmente quiere hablar es del Uno. Cierra la breve introducción al capítulo diciendo: “Se trata del Uno”. En un primer punto, aborda el Uno recurriendo a Parménides, cuya primera hipótesis es: El Uno es Uno. Y la segunda, El uno es. Sergio de Campos, en su libro Passema, se dedica a la perspectiva de la filosofía con rigor y de modo accesible.

Como va a hablar del Uno, quiere diferenciar este Uno Uniano del rasgo Unario, que Freud destaca como el segundo modo de identificación en “Psicología de las masas y análisis del yo”. Dirá que creó con precaución esa palabra, Uniano, que intenta reunir las muchas y diversas cosas relacionadas con el Uno. El campo de este, el campo del Uno, es el Campo Uniano. El secreto es que, al afirmar que hay Uno, abre también la afirmación: hay no-Uno. (19) Más adelante llamará la atención sobre ese aspecto doble del Uno, por el que lo llama significante bífido.

Su primera reflexión clínica, consecuencia de que haya Uno, es una recomendación a los analistas sobre ese giro del Otro al uno. Dice: “El primer paso de la experiencia analítica es introducir en ella el Uno como analista que somos”. (20) Verán cómo, al alinearse con la posición de goce del parlêtre analizante, el analista introduce el Uno en el análisis, configurando así la transferencia con lo real.

Volviendo, entonces, Hay Uno y Hay no Uno. Este Uno no es como el 1 de los números –1, 2, 3…–. Se refiere al Uno anterior. Es fundador, hay un Uno primero que, con Lacan, estamos llamando Uniano. Este “Uno solo, Uno que no llama a un dos”, tiene la propiedad de borrarse. Se inscribe y se borra, quedando solo como marca. Así, en este “para existir, deja de ser”, queda claro que el costo por la existencia es la pérdida de su condición significante. La existencia como marca funda la inexistencia. La inexistencia es el cero. Es el conjunto vacío en la teoría de los conjuntos. Existe goce y no existe goce. Existe vida y no existe vida. Las resonancias y la luz crean el goce, al mismo tiempo que crean el silencio y la oscuridad.

Lacan recurre a Frege (21) y a los números enteros y, por la vía de los números, da una otra vuelta al misterio. Es así como Miller describe ese primer paso. (22) Escribe el Uno solo en números romanos, para diferenciarlo del número uno, que iniciará la serie de los números. Así:

I

Ese Uno se borra y da lugar a la falta. La existencia implica la inexistencia:

I - 0

Cero (0) es el conjunto vacío, signo de la inexistencia: no hay. Ahora, a partir de la falta, se puede desarrollar la serie de los números: I 0 1 2 3… Ese cero (0), en su relación con la marca del significante Uniano, es un conjunto vacío. Ese significante, en relación con el lado derecho de la escritura, constituye el cero y, con él, se da el punto de partida para la serie de números, por la recurrencia del 1+1-2 + 1- 3 +1… Por eso Lacan habla del significante bífido –porque, al tomar una dirección, deja marca; sin embargo, del otro lado, en la otra dirección, es el cero.

Marca Significante Uniano (bífido) Cero

Entonces, y ahora sí, el 1, 2, 3 y los demás números. En cada Uno de esos +1 hay algo de las resonancias del Uno Uniano. En las resonancias, se mantienen siempre elementos de asociación posible con las resonancias originales. Aparte de eso, se produce también lo que se llama iteratividad. Para entender qué es iteratividad, podemos usar la metáfora de la Justicia. Un juicio se inicia con un S1, recibe sentencia y, al abrir la segunda instancia, otro S1 va a entrar en juego. Se presenta de otra manera y tendrá otra tramitación, pero contiene algo del S1 del primer juicio. Así, el significante de la transferencia como aquel que se dirige al analista, aunque sea diferente tiene en sí algo del Uno Uniano.

Fernanda Otoni Brisset comenta que es en el “esp de un laps”, o sea, en el espacio del lapsus entre dos significantes, en ese agujero, es donde encontramos lo real, pero que “como advierte Lacan, (23) es de la lógica del Uno colgarse de alguna parte. Por lo tanto, hay que inventar una costura y hacer una amarra singular entre ese Uno y el agujero”. (24)

Retomando entonces: el cero, como conjunto inexistente, es un agujero, una falta. Se trata de un significante que, después, constituirá el Otro. A partir de esa falta aparece el Otro y el objeto a se produce, en la barra que indica la falta del Otro: . El significante está siempre en relación con la falta-en-ser.

La primera teoría de Lacan tiene que ver con la falta-en-ser del sujeto, del sujeto como falta y, por lo tanto, con el deseo. Eso define la relación de ese Uno con el Otro. Para el Uno Uniano que hay, no existen necesidades, ni presencia, ni deseo del Otro: hay puro goce. Simplemente se goza o no. Hay existencia como goce. Así, el deseo es del Otro y el goce es del Uno.

En el Seminario 10, Lacan trabaja el seno materno como formando parte de la boca. Cuando el niño consigue expulsar el seno, escupirlo, es como sacarse un pedazo de sí, al mismo tiempo que se abre un espacio circular vacío. El ojo, la boca, el ano, son todos espacios en los que hay relación con la pulsión y con el mundo exterior. Pero, en un primer momento, todo es parte del niño –incluso lo que se ve, se siente, y etcétera, forma parte del parlêtre, existe así. Todo viene de dentro y no de fuera.

Eso cambia la clínica. En la clínica del Otro, la transferencia está centrada en un elemento de la estructura del saber inconsciente; en cambio, en la clínica del Uno, no está toda en la relación con el significante, sino también con la posición del goce del parlêtre. La transferencia es con lo real y se abre cuando el analista, al principio del análisis, y con cada analizante en su debido tiempo, se alinea, se orienta, se deja atraer por un punto de real, una raíz de goce, un puro real opaco a todo sentido, que se inscribe como sinthome en el exacto instante del acontecimiento de cuerpo. Ese real está presente en aquello que, ya en el campo del lenguaje, se ofrece a la lectura como el significante de la transferencia. En los sueños, es posible entender esa cuestión en la medida en que vemos que el ombligo, como punto que se cierra a la penetración interpretativa, es también un nudo del cual sale un hilo que se completará, dibujando el escenario del sueño como un pensamiento simbólico imaginario.

Volvamos ahora a la clase IX del Seminario 19, cuyo punto 3, que es el último del capítulo, comienza de la siguiente manera: “Me demoro para decirles la importancia de esta cosa inverosímil: que haya Uno. Ese es el punto que debe destacarse”. Entonces, después de hablar del Uno en la perspectiva de Parménides, de los números y de la lógica matemática, Lacan pasa a ocuparse del Uno a partir del punto de vista de la dimensión temporal y de la dimensión geográfica. ¿De dónde surge el Uno? ¿Cuál es su extensión en el tiempo y en el espacio? Son esas las preguntas. Surge de un punto. Ese punto es “lo de repente, lo instante, lo súbito”. (25) No se consigue circunscribirlo solo por el tiempo. Él, el tiempo, es una coordenada, aunque no la única. Ese instante, que está del lado del tiempo, es también un punto extremadamente diminuto, tanto que implica un tiempo que no puede ser experimentado. (26) Lacan transmite la idea de que Aristóteles nos conduce a la percepción de algo nuevo que, lógicamente, llama con un nuevo término: el existir. Entonces, vemos el existir como el instante. Ese punto real, que existe en la dimensión del punto y en el tiempo del instante, es lo singular. La huella digital del alma, pues lo singular es algo único, de cada individuo. En ese instante, Lacan funda el campo Uniano: “Lo que solo existe no siendo: justamente esto es lo que está en juego, y lo que quise inaugurar hoy bajo el capítulo general de lo Uniano”. (27)

El matema

Miller escribe el matema: J // J Ste. Puede ser leído del siguiente modo: hay goce sin significante y hay goce con significante. (28) Es la escritura de la frase de Lacan. Hay un significante Uniano que existe como goce, como puro existir, sin significante y, por supuesto, hay goce con significante. Estos son los significantes de lalengua que producen goce en el cuerpo. La letra de goce engancha ambos goces, fijando ese goce de los significantes de lalengua con el lenguaje, que adquiere sentido como goce del discurso: juissense, gozosentido.

Dos escrituras

En “Lituratierra”, antes de su última enseñanza, Lacan utiliza una metáfora muy bonita para mostrar la acción del significante sobre el cuerpo. En ella, una nube cargada de agua cae como lluvia sobre la tierra, produciendo huellas por las cuales el agua corre, buscando una salida. La nube claramente representa al Otro cargado de significantes que caen sobre el ser, virgen de marcas. Se van formando así sendas de circulación que equivalen al discurso, que se va tejiendo y, de ese modo, “facilitando” el pasaje, como dice Freud, o “fijando”, como dice Lacan, el camino de la descarga, o sea, el sentido de aquello que se irá formando como discurso. De ese modo, se estructuran el sujeto y el Ser, con una consistencia de discurso. Es una metáfora hidráulica, como la de Freud en el “Proyecto” a partir del modelo de las neuronas, que el propio Lacan en el Seminario 7