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Esta es la historia de Alberto de Jesús Villa, un hombre inquieto que se formó a pulso, con temple y fuerza
antioqueña, hasta llegar a ser hombre de bien, padre amantísimo y bombero por convicción.
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Veröffentlichungsjahr: 2022
Alberto de Jesús Villa Mesa
Este trabajo literario se muestra al mundo hoy 11 de agosto de 2022, como homenaje a mi hija Catalina María Villa Botero, conmemorando el 11 de agosto de 1977, fecha en que nació y llenó de gozo mi vida.
Alberto de Jesús Villa Mesa
Título del libro:
EL CAPITÁN VILLA
Autor:
Alberto de Jesús Villa Mesa
Editora:
Alina María Angel Torres
Apoyo editorial:
Wilfer Alberto Pulgarín
Sonia Emilse García
Édver Augusto Delgado
ISBN: 978-958-49-6502-8
Diagramación:
Jorge E. Rodríguez Martínez
© Alberto de Jesús Villa Mesa
© Editorial Libros para Pensar s.a.s — Medellín - Colombia 2022
Cel: +57 315 837 05 84
[email protected] - www.librosparapensar.com
No se permite la reproducción total o parcial de este libro, ni su incorporación a un sistema informático, ni su transmisión en cualquier medio, sea este electrónico, mecánico, por fotocopia u otro método, sin el permiso previo y por escrito del autor.
Medellín, Colombia
Hecho en Colombia
Printed in Colombia
Queda hecho el Depósito Legal
Dedicatoria
A Sandra Milena Villa Botero (hija)
Vanesa Ramírez Villa (nieta)
Mateo Ramírez Villa (nieto)
Santiago Jaramillo Villa (nieto)
A mi familia
En memoria de Catalina María Villa Botero (hija). 11 de agosto de 1977 – 18 de julio de 2021
En memoria de ese gran bombero y amigo Efraín Muñoz Quiceno. 30 de enero de 1919 – 20 de septiembre de 2013
Agradecimientos
A la doctora Leticia Vallejo Escobar, jefe de personal, quien siempre creyó en mí y me indujo a estudiar y lograr ser profesional.
Al doctor Jaime Molina Franco. Abogado, profesor del Instituto Nocturno de Bachillerato de Envigado; de la Universidad Cooperativa de Colombia, y rector de la Institución Universitaria de Envigado, quien me acompañó en el proceso de formación y luego me invitó a ser docente.
Al médico Víctor Yepes Flórez, excongresista de Colombia. Médico legalista del municipio de Envigado. Gratitud por su apoyo en las capacitaciones que ofrecíamos a la comunidad.
A todos ellos gracias por el don de servicio.
Índice
Prólogo 11
Presentación 13
¿Por qué escribir este libro? 15
Alberto Villa 19
PRIMEROS AÑOS 21
¿Qué habita cien por ciento de sus padres en Alberto Villa? 25
¿Cómo fue la infancia de Alberto Villa? 27
HIJO DE PADRES EJEMPLARES 35
PEDRO NEL VILLA SANTAMARÍA 35
LAURA ROSA MESA SÁNCHEZ 46
FORMACIÓN ACADÉMICA, TÉCNICA Y PROFESIONAL 53
¿Qué significa para Alberto Villa servir? 59
TRABAJO EN LA PLANTA DE ACABADOS 61
Plegaria in memoriam del bombero 64
Quién es un bombero 71
FUI, SOY Y SERÉ BOMBERO 73
Oración del bombero 79
¿Por qué Bombero? 80
MOMENTOS FUERTES EN EL SERVICIO 81
Bomba en la Macarena 85
Cuando la policía fue el escudo del caos y la guerra 91
OTRAS ACCIONES SIGNIFICATIVAS 95
TRABAJO EDIFICIO CENTRO COLTEJER 111
TRABAJO CON LAS BRIGADAS DE BOMBEROS 119
Carta de despedida de su trabajo 122
EL ORGULLO DE SER DOCENTE EN DOS GRANDES INSTITUCIONES 131
RESUMEN DE TRABAJOS CON SU EMPRESA 141
PADRE DE FAMILIA 145 Carta a mi papá 152
HIJAS Y NIETOS 155
Catalina María Villa Botero 158
HOY, ALBERTO VILLA 165
AGRADECIMIENTO ESPECIAL A LOS JEFES DE LAS DIFERENTES EMPRESAS QUE ASESORÉ 169
Epílogo 171
Prólogo
Qué decir de esta historia, siendo el principio y fin de un relato que nos ofrece Alberto de Jesús Villa Mesa “EL CAPITÁN VILLA”, y que inicia desde su nacimiento y tiene tanto que contar y que decir al ir recopilando aquellos momentos más importantes de su vida, los cuales presenta en esta pieza literaria que hoy pone en nuestras manos.
El Capitán nos entrega su lado más humano, resaltando los valores heredados de su familia, trazos de una vida tocada por la violencia y que –sin egoísmos– recrea para compartirnos su aprendizaje.
La lectura de este libro nos atrapa en nuestro ser y nos lleva a reflexionar sobre el camino de la vida, sus alegrías y tristezas. Leer sus relatos en lo familiar, laboral y lo académico, cada uno con maravillosas descripciones, sobre todo las de aquellos loables episodios de su existencia dedicados a salvar vidas, nos sumergen en un mundo digno de conocer a través de la mirada de un hombre con vocación y apostolado.
“EL CAPITÁN VILLA”, así como él mejor lo afirma: “Fui, soy y seré bombero”. Honor que me hace el poder expresar lo que mi corazón me dicta para hacerle este homenaje.
—Rodrigo A Escobar Mejía
Presentación
Esta es la historia de Alberto Villa, un hombre inquieto que se formó a pulso, con temple y fuerza antioqueña y supo sortear muchas dificultades, esquivar inconvenientes y materializar la obra que lo identifica como la persona que es.
Ahora con sus palabras plasmadas en este libro nos hace viajar por los laberintos que conducen hacia su familia, a las labores desempeñadas, a su desarrollo personal y profesional.
El maestro Villa nos sorprende al sumergirnos en estas páginas llenas de encanto y fantasía, aventuras y distintas situaciones con las que seguro nos sentiremos identificados. Este es un libro escrito desde las historias familiares que nos atrapan.
Aquí se presenta un hombre que quiere entrañablemente a su familia y la cuida con el abrazo generoso que envuelve y contagia. Encontraremos múltiples recuerdos de su desempeño como bombero en pro del bienestar de las personas, vocación reconocida que deja huellas imborrables.
El autor entre líneas acertadas, nos involucra en innumerables momentos que, sin proponérselo, tienen mucho de nuestras historias personales; él nos desencanta para encantarnos más allá de lo delirante de la vida actual. Estas historias nos hacen volar en medio de situaciones difíciles, conflictivas e incluso violentas, experimentadas por la gente antioqueña.
El Capitán Villa conserva en su mirada las imágenes de todas las historias que conforman su expediente, y en su rostro se esboza una sonrisa que denota el amor y la pasión con que se arraiga en su ser el hecho de pertenecer al cuerpo de bomberos, y haber ejercido con orgullo y honor, destacándose siempre como quien se regocija con el deber cumplido.
Enciende la llama de su hogar, y se expone entre el fuego que incendia a la ciudad en diferentes escenarios, instantes y situaciones. Arriesga su integridad física para resguardar y preservar la vida de otros, protegiéndolos hasta lograr el objetivo para el que fue entrenado.
Un hombre que bajo una armadura se enfrenta a la inclemencia del fuego, esa lumbre que se nutre cada vez más, formando olas gigantes que abrazan lo que encuentran a su paso, dejando un mar de cenizas, un ambiente hostil, desértico, devastador.
En este libro el autor crea y recrea su aprendizaje y la manera como lo hizo extensivo a otros a través de su enseñanza; el compartir el conocimiento sin egoísmo, con total entrega y la plena confianza y certeza de que lo que se hace en bien de la humanidad es un legado.
Servir es multiplicar con generosidad, desprendimiento y vocación para encauzar caminos y liderar acciones en favor de la comunidad.
Aplaudimos con alegría el ingenio y la capacidad creadora de nuestro amigo y compañero, le auguramos muchos éxitos con su literatura y esperamos que sean innumerables sus historias y publicaciones. Que muy pronto la academia, la sociedad, los críticos, pero sobre todo los lectores, lo reconozcan.
¿Por qué escribir este libro?
El capitán Alberto de Jesús Villa presenta estos relatos porque quiere que sus experiencias trasciendan y todos los lectores veamos que la vida se puede disfrutar a pesar de la tragedia, y que no es lo mismo hablar desde un escritorio que estar en medio de un incendio, un accidente grave, una inundación; que el manejo directo de las emergencias en el terreno es totalmente diferente a permanecer en la distancia y que ello deja lecciones que merecen ser compartidas.
En este libro él contará momentos difíciles, como haber atendido el incendio de Sofasa, fábrica ubicada entre Envigado y Sabaneta. Esta empresa había asegurado que nunca se iba a incendiar, que tenía la mejor seguridad del mundo, y un veintiséis de diciembre, ardió en llamas. Alberto Villa, quien justo en ese momento iba en la moto con su hija menor a ver alumbrados, fue el primer bombero en entrar a la fábrica y darse cuenta de que la falta de agua fue lo que agravó la situación. Para controlar el fuego y apagar un incendio se necesitan recursos; para estar en un desastre como el de Villatina se requieren equipos de rescate; para estar en tragedias como la del cerro Combia en Fredonia, hace falta voluntad y se necesita que las entidades de socorro del país reciban y den ayudas, porque atender las tragedias es costoso y lo que abunda en este ámbito es la subsistencia a base de la limosna.
Un dato muy pertinente del que nos habla el protagonista de esta obra es que el ochenta por ciento de los bomberos en Colombia no reciben salario. La policía y los bomberos están entre los servicios esenciales en el mundo, pero en Colombia pareciera ignorarse esta realidad, por lo cual resultan cargando con acusaciones injustas de incompetencia por parte de una sociedad que los margina y los mantiene huérfanos de recursos.
Fueron escenas duras las que vivieron y enfrentaron las hijas del Capitán Villa. En el momento del suceso en Sofasa Sandra era una niña pequeña, desde donde se hallaba ubicada no veía el incendio, porque este se presentó hacia la zona oriental de la empresa y ella estaba en la occidental. Se quedó en la portería, cuidada por los vigilantes, mientras que su papá iba en la moto recorriendo la fábrica por todos los espacios, acompañando a los técnicos que pasaban abriendo una y otra válvula, en busca de lo que nunca llegó: agua.
—Con un carrito que en Envigado le decíamos “La guanábana”, logramos apagar el fuego y así evitamos que la bomba de gasolina explotara.
—Pedimos ayudas y de pronto por fuerza mayor o por caprichos de personas, las ayudas no llegaron en el momento que era. Pero si en una emergencia grande necesitamos que todas las personas colaboren, ¡por Dios!, no que exhiban el ego que los concentra en sí mismos y les haga olvidar lo que verdaderamente importa:
En todas las tragedias somos hermanos,y ayudando con empeño podemos salvar vidas.
Así vivió muchas experiencias, tristes, dolorosas, unas hermosas, otras no tanto. Dice que en Cerro Combia les tocó que Heraclio Martínez, uno de sus bomberos, rescatara a una niñita recién nacida, y ya estaba muerta. En Villatina fue duro ver tanta mortandad, tanta miseria y desolación.
—Tengo muchos amigos en este gremio, el día que entreguemos el libro seguramente van a ir tres o cuatro, yo creo que va a estar el capitán Argemiro Muriel de Coltejer, fue uno de mis guías, de pronto van bomberos de otras partes.
Artículo revista BIEN COMÚN. Agosto de 2013
Alberto Villa
Con apenas 18 años de edad empezó a trabajar en Coltejer; primero fue barrendero, luego pasó a ser enyardador, manejando una máquina que medía la tela por metros, por yardas; en 1974 fue llevado para el edificio Centro Coltejer. Gracias a su trabajo, compromiso y disciplina en todo lo relativo a la seguridad y prevención de desastres cuenta con el conocimiento pleno de la planta física, por lo que podría decirse que es quien más conoce la emblemática edificación, ícono de la cultura pujante y emprendedora de Antioquia.
En 1982 regresó a planta de acabados a manejar la brigada. Cuenta con cierto dejo de tristeza que, a pesar de estar encargado de la seguridad de muchas de las empresas de Coltejer, fue designado para realizar su cierre definitivo, entre ellas las de Rosellón, Coltefábrica, y Telaraña.
Vivió una experiencia muy triste, manifiesta, mientras se desdibuja la sonrisa que caracteriza su rostro a medida que relata que uno de sus compañeros bomberos de Telaraña (fábrica que quedaba detrás del terreno de velación Campos de Paz, en Medellín) lo asesinaron y le tocó acompañar todo el proceso. La pérdida de vidas duele mucho, sobre todo las de las personas cercanas.
Fueron muchas las personas que conoció en Coltejer, las mismas que le ayudaron en la vida. Con total certeza de que su memoria sigue intacta, los nombra: Carlos J. Echavarría Misas; los doctores Luis Fernando Cano Olano, Manuel María Toro, Rodolfo Restrepo, este último administrador del edificio.
Entre muchas de sus funciones estuvo recibir la Planta de Acabados porque retiraron al Capitán Heriberto Galeano.
Villa recibió la brigada con 25 bomberos y la entregó con 50 o 60 integrantes. Salió del cargo por despido, consecuencia lastimosa -señala- de la decisión de un médico que no confió en él. Pero el bombero rescata ese tiempo como una experiencia de formación, de escuela, y exalta el papel que desempeñó en ese momento la doctora Leticia Vallejo Escobar, quien más lo ayudó durante su desempeño; fue ella la que lo hizo profesional, porque él, sin estudios académicos, no pasaba de subteniente de bomberos. Motivado por esta mujer llegó lejos. Ingresó al nocturno de Envigado para realizar el bachillerato, luego a la universidad Cooperativa de Colombia de donde es egresado como Administrador de empresas. Terminó su carrera y, con jocosidad, expresa que no se supo ni manejar él, porque una empresa de taxis que inició se fue a la quiebra. Promete algún día contar esa historia completa.
Luego realizó una especialización en el Politécnico Jaime Isaza Cadavid, que terminó en el 2010. Desde entonces se dedicó a realizar diferentes cursos. A pesar de toda la preparación académica que ha acumulado, insiste en que lo que ha aprendido lo ha hecho empíricamente, y de la misma manera lo enseña y comparte, con el fin de que como él, también haya personas con ganas de aprender y formarse. Tiene en la actualidad 72 años cumplidos, y, sin pena ni vanagloria, dice que ahí va llevando la vida.
Acabó de terminar la actualización de la resolución 4272 con el SENA, sede Pedregal, invitado por el entrenador de entrenadores Juan Carlos Misas. Cuso que fue aprobado en julio de 2022.
Desde 1968 pertenecí al Cuerpo de Bomberos de Coltejer, años más tarde fui integrante de los cuerpos de bomberos de Los Municipios la Estrella; Cuerpo de Bomberos Voluntarios de la Estrella, y Cuerpo de Bomberos voluntarios del Municipio de Envigado.
Primeros años
Soy Alberto de Jesús Villa Mesa, nací en Medellín el 16 de noviembre de 1949, pero toda mi vida la he vivido en el Municipio de Envigado (Antioquia – Colombia).
Pedro Nel Villa y Laura Mesa
Nací en Colombia que es un país fabuloso; es como un laboratorio donde uno puede hacer muchas cosas. Es muy bonito, climas maravillosos, gente muy amable, multicultural y con mentalidad de empresarios, echáos pa´lante y de buen sentido del humor, trovadores, cantantes y narradores de historias. En mi país a todo le sacamos chiste y en cualquier lugar y de cualquier cosa hacemos negocio, porque siempre vemos una oportunidad para emprender algo.
Colombia es un país muy rico y yo para más fortuna nací en el departamento de Antioquia, que se caracteriza por la belleza, pujanza y amabilidad de sus habitantes, características que me supieron enseñar, con su ejemplo, mi madre y, quizás sin saberlo, mis hermanos y las personas con quienes he trabajado.
Si de buena suerte se trata, definitivamente he sido muy de buenas; tanto que por accidente mi llegada al mundo se dio en la ciudad de la eterna primavera, Medellín. Sin embargo, crecí, me crie, jugué, estudié, me enamoré, me casé dos veces y tuve mis dos hermosas hijas en Envigado, un municipio antioqueño que es considerado como el mejor vividero del país, donde se goza de la buena mesa y paisajes muy bonitos.
Soy el tercero de una familia de cuatro hijos. Con mis hermanos he compartido muchos e importantes momentos.
De mi padre no tengo ningún recuerdo y cuando me di a la tarea de rastrear su historia me encontré con una gran variedad de opiniones. Entre ellas resalto que fue escritor de poemas, de los cuales se destacan los versos a mi madre, que fue su mayor inspiración. Mi hermana Maruja y mi primo Rubén Darío tienen sus manuscritos.
De mi madre tengo grandes recuerdos y gratitud, porque al morir mi padre ella nos sacó adelante.
Mis padres formaron mi personalidad, hicieron de mi un hombre trabajador, creyente e interesado en servir.
Sabaneta corregimiento de Envigado. Iglesias Santa Ana y Santa Gertrudiz. 1955
Alberto, Pedro Nel, Fernando y Maruja (1953 aproximadamente)
Primera comunión de los hermanos Fernando, Pedro y Alberto Villa Mesa
¿Qué habita cien por ciento de sus padres en Alberto Villa?
Del papá no tiene recuerdos, en realidad es como si no lo hubiera conocido, pero por lo que le han contado y las averiguaciones que ha realizado, y cuya explicación encontramos en el libro, su padre fue un escritor, desde que fue novio de la madre de sus hijos, le escribía versos, cartas, plasmaba en el papel una especie del diario vivir con ella. De él ese recuerdo lo emociona, ya que eso le indica que el amor que había entre sus padres fue intenso, sincero, grande. A la mamá la evoca como un ser hermoso, con quien llevó una vida muy linda, de bienestar y gozo. Con ella viajó a diferentes lugares y juntos conocieron a San Andrés, Santa Marta, Barranquilla y muchas otras partes de Colombia.
Habla con orgullo de su madre, y la describe como la persona que más quería las orquídeas y los canarios; es un recuerdo que conserva con beneplácito. Inclina la cabeza, y suspira, para contar que lastimosamente el final de la historia no fue feliz; su madre murió a causa de un accidente doméstico. La señora que la ayudaba con los deberes de la casa estaba haciendo aseo y dejó un charquito en el piso; doña Laura Rosa resbaló allí, cayó y se fracturó el fémur. Le realizaron una cirugía que finalmente tuvo una complicación que le ocasionó un infarto al corazón y de ahí no logró salir con vida.
Mi mamá, muy linda, nos amó bastante a nosotros, nos ayudó mucho. Ella quedó viuda muy joven y con valor se hizo responsable de cuatro hijos y a todos nos sacó adelante.
Disfruté de una infancia inocente y divertida, recuerdo que con mis hermanos jugábamos trompo, canicas, fútbol y salíamos a recorrer las mangas, y con mis hermanas pocas veces lo hacíamos, pero cuando lo hacíamos, el juego era a las escondidas, porque casi siempre ellas estaban ayudando en las tareas de la casa.
Éramos niños libres, aventureros, creativos y muy traviesos, pero inocentes y con una gran fe en Dios. Recuerdo que con mis primos y vecinos nos colgábamos del Monarca, el carro escalera más grande que había en Envigado para transportar a los empleados de la fábrica Rosellón. Un día de él se cayó Pedro Nel, mi hermano, y se lo llevaron herido para la Clínica Santa Gertrudis, así que mis otros hermanos, los primos y yo nos entramos con mucha piedad a rezar por el herido.
