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Una narración que recorre la historia de personajes durante mil años es un desafío para el lector como lo fue para el autor de este relato. Los lugares que constituyen el escenario de los hechos y circunstancias que viven los protagonistas de esta novela están enlazados por una joya que se va transmitiendo de generación en generación por su calidad de amuleto. La pertenencia de esa joya es energética y no material. Así lo van entendiendo las portadoras del mismo cuando la historia se acerca a su desenlace. Un atractivo viaje en el tiempo donde se destaca el rol de la mujer en el universo vikingo y en su descendencia. El relato visibiliza, con un equilibrio admirable, las virtudes y habilidades de esta civilización y su descendencia hasta nuestros días. Los lectores que se aventuren a perseverar en la lectura de esta obra tendrán la oportunidad de sentir el mal del mar, la calidad y originalidad de sus barcos, la fuerza vital de sus mujeres, el choque con las religiones monoteístas entre otros hechos que están descriptos con asombroso realismo.
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Seitenzahl: 226
Veröffentlichungsjahr: 2023
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El Collar de Jade: Una historia de mil años
© 2023: Roberto Omar Cirimello
Diseño y Maquetación Martín Cairns
Ediciones LiliumBuenos Aires, Argentina
www.edicioneslilium.com.ar
Nº ISBN: 978-631-6521-15-6
Buenos Aires, Impreso en Docuprin Argentina en Octubre 2023
LIBRO DE EDICIÓN ARGENTINA
Queda hecho el depósito que marca la ley 11.723
No se permite la reproducción total o parcial, el almacenamiento, el alquiler, la transmisión de este libro, en cualquier forma o por cualquier medio, sea electrónico o mecánico, mediante fotocopias, digitalización u otros métodos, sin el permiso previo y escrito del Autor. Su infracción está penada por las leyes 11.723 y 25.446.
Cirimello, Roberto Omar
El collar de jade : una historia de mil años / Roberto Omar Cirimello. - 1a ed. - Olivos : Lilium, 2023.
Libro digital, EPUB
Archivo Digital: descarga y online
ISBN 978-631-6521-15-6
1. Novelas de Aventuras. I. Título.
CDD A863
PRIMERA PARTE
1. Emigrar
2. Hacia el nuevo continente
3. Un mundo diferente
4. El regreso a Islandia
5. Una experiencia sobrenatural
SEGUNDA PARTE
6. Normandía
7. La incursión a Sicilia
8. La caída de Motia
9. La conquista de Segesta
TERCERA PARTE
10. La aventura de la Isla de Man
11. Un nuevo destino
12. Las islas Shetland
13. El ocaso vikingo en las islas
CUARTA PARTE
14. Regreso al continente
15. La historia continúa
16. La estafa
EPÍLOGO
Jackson & Son announce
¡Auction!
A Jade Necklace
Un aviso en el New York Time anunciaba una subasta de la famosa joyería y artículos de arte de Jackson & Son, lo cual no tendría ninguna particularidad si no fuera que se subastaba una sola joya: un Collar de Jade. Los interesados en estos acontecimientos, aun aquellos que no tienen ni los medios ni la intención de comprar nada, se sorprendieron por este hecho y eso aumentó el interés en la convocatoria. Siempre se ofrecían joyas y obras de artes varias para atraer a los más diversos interesados y así justificar los costos de la reunión. La cita era para el veintiuno de marzo, cuando la pandemia del Covid 19 aún estaba vigente, y se requería tomar recaudos especiales en cuanto a la cantidad de participantes, el aforo, palabra que se hizo popular por este flagelo. Particularmente en lugares reducidos como lo sería el que tendría lugar la subasta. La cantidad de participantes presenciales se limitó a veinte y se habilitaría un link para poder asistir en forma virtual a través de la plataforma Zoom. Había un antecedente de una joya de la misma gema que en China se había vendido cerca de los veinte millones de dólares, por eso llamó la atención que la base de esta subasta fuera de solo tres millones de dólares. ¿Sería por la pureza del Jade? Nadie conocía bien la historia de la joya que, por las energías negativas que portaba justificaba el bajo valor en que sería subastada.
Cuando la joyería fue indagada por algunos interesados les contestaron que el valor de la misma no estaba solo en el material con la que estaba construida. Había otras razones, aunque no fueron claros ni precisos en aclararla. ¿Qué otras razones más allá de la calidad de las gemas y los materiales nobles que la componen pueden hacer valiosas a una joya? Esperemos con paciencia y veremos que lo que ocurrió en la subasta justifica todo el revuelo que este hecho causó.
Las veinte personas convocadas presencialmente se ubicaron en los asientos debidamente separados a dos metros de distancia uno de otros y más de cincuenta por Zoom se aprestaron a presenciar la subasta. Los barbijos de los asistentes presenciales impedían ver los rostros que eran tan importantes para percibir las emociones que provocaría la secuencia de las ofertas a medida que fuera subiendo el precio. Era como un partido de póquer con los ojos tapados. Solo los ojos, ansiosos unos, perdidos otros, mostraban algo de las emociones que se iban sucediendo. Jordan Paolantonio, subastador senior de la joyería inició la misma relatando que la joya en cuestión se ponía a la venta después de una larga disputa legal con el Museo Paleontológico de México DC que había reclamado su posesión por ser una pieza de origen Maya. Sin embargo su apoderado, Dough Smith, acreditó fehacientemente la legalidad de la posesión a través del legado por herencia de generaciones que se remontaban a cientos de años y decenas de antepasados. Esta circunstancia alertó a los curiosos y despreocupados asistentes sobre las posibles razones del valor de la joya. Dicho esto, Paolantonio alzó su martillo y dio comienzo a la subasta fijando los tres millones de dólares como base y alentando a los posibles compradores a que empezarán sus ofertas. Rápidamente el valor llegó cuatro millones de dólares. Un hombrecillo de ojos inquietos y rasgados que denotaban su origen oriental, un pelirrojo sentado al lado de una mujer bella de piel trigueña y un moreno de cuerpo atlético pugnaron por ofertar sin dar tregua uno tras otro. En ese momento entró a competir otra persona que estaba siguiendo el acto por Zoom. En la imagen se veía su nombre, Daniel Romero Vázquez, quién, luego se supo, era el representante del Museo Mexicano.
A medida que avanzó la subasta empezaron a quedar en el camino uno tras otro de los oferentes. Primero fue el mexicano que seguramente tenía un límite de presupuesto aprobado por su institución, luego el moreno y finalmente el oriental. La última oferta había sido hecha por el pelirrojo de ojos celestes quien permanentemente consultaba con la mujer que estaba a su lado. Su última oferta, que fue la definitiva, había llegado al cinco millones de dólares de dólares. Paolantonio bajó su martillo golpeando sobre el cuenco de madera que estaba en el podio dando por concluida la subasta y señalando al oferente como ganador de la misma, en ese momento le pidió que se identificara. —Me llamo Olafson — dijo el pelirrojo. Como ocurre en estos casos el hombre y la mujer que lo acompañaba se levantaron y se acercaron al podio y firmaron el compromiso por el valor ofertado que debía ser depositado en una determinada cuenta dentro de las veinticuatro horas. Paolantonio los invitó a salir del recinto y celebrar en un bar vecino la importante compra y saber más sobre las razones que tenía para poseer esa joya pagando un valor tan considerable.
Una vez sentados en una mesa ubicada en un lugar muy discreto del bar y ya con un café delante de ellos, con mirada inquisidora y con el rostro a pleno, sin barbijo, Paolantonio le pidió respetuosamente que le contara cual era la razón verdadera del valor de la joya. El tal Olafson con parsimonia y casi misteriosamente le dijo lo siguiente:
— Lo que he comprado, Sr. Paolantonio, es una historia, una historia de más de mil años, y como podrá saber a continuación, tanto yo, Hákon Olafson, como la dama que me acompaña, Alitzel Díaz Alvarado, mi esposa, tenemos razones afectivas para esta inversión que tal vez solo tenga valor para nosotros y nuestros descendientes. Soy ciudadano estadounidense, pero nací en Stavanger, una ciudad de la provincia de Rogaland, Noruega y mi esposa es también americana pero nació en México, Uxmal, Península de Yucatán. Soy dueño de la parte accionaria más grande de la empresa mixta Statoil de Noruega. Mi fortuna es incalculable a expensas del petróleo de mi país de origen. Este hecho no es menor, como podrá enterarse si tiene la voluntad, la perseverancia y la paciencia de leer este libro que le obsequio, con gratitud, por haber sido el nexo para el acceso a la joya. Esta es la historia.
Dicho esto, el que decía llamarse Olafson, le entregó un libro titulado “El Collar de Jade–Una historia de mil años”. Lo saludaron cordialmente y salieron del bar para desaparecer en las bulliciosas calles de Nueva York para seguramente nunca más volverlos a ver ya que no sería Paolantonio quien, al día siguiente, les entregaría la joya cuando estuviera acreditada la transferencia por la suma ofertada.
El Collar de Jade
PRIMERA PARTE
1. Emigrar
Hákon era el menor de cinco hermanos de distintos padres, que su madre, Freya, había tenido en Rogaland, uno entre las veintenas de reinos, donde habitaban los vikingos. En el año 872 Harald I los había unificado en el llamado reino de Noruega. A pesar de ello, aun cien años después, mantenían su identidad. A sus catorce años, Hákon, aparentaba una debilidad e imagen casi femenina por su suavidad de modales y aspecto frágil. Era taciturno, hablaba muy poco, pero con profundidad para su edad y se había ganado el respeto de su padre, que lo consultaba sobre decisiones que debía tomar, ya que Olav, un guerrero fuerte y aguerrido, era un hombre tosco e instintivo. Su vida eran los barcos, la vida del mar, las incursiones en tierras deshabitadas, aunque fértiles y valiosas.
Olav había logrado tener dos barcos, lo que podría llamarse una flota, pequeña, pero flota al fin por el uso que tenían cada uno de ellos. Un drakkar que usaba para los asaltos en sus incursiones en busca de tierras y reinos accesibles para obtener posesiones y a veces botines preciosos. Ese barco tenía unos diecisiete metros de eslora y llevaba diez remeros y veinte guerreros que le eran fiel hasta la muerte. Además, había construido con ayuda de su amigo y hermano de la vida, Egil, un knarr, barco de carga y transporte de personas que tenia veinte metros de largo y le permitía llevar hasta diez toneladas de carga. Dieciséis remeros impulsaban el barco cuando los vientos no eran suficientes para inflar sus velas. Ambos hechos de madera de roble, con vela cuadrada y quilla plana. La vida en Rogaland se desarrollaba con demasiada tranquilidad para la personalidad de Olav y también de Freya, que tenían un espíritu aventurero y odiaban la rutina. Sus hijos habían sido fruto del abuso de hombres de la tribu o grupo al que pertenecía a excepción de Hákon, ya que de Olav, se había enamorado. Nunca les dedicó a sus hijos mucha atención más allá de los primeros años de vida. Hákon y Sven habían quedado a su cuidado por ser los más pequeños y los aceptaba casi con desdén y ya estaba pensando que pronto se independizarían. Sin embargo Olav tenía otros planes.
Un día, al regresar de una travesía que lo llevó hasta las costas de Alemania, le dijo a Freya:
— He conocido a un vikingo de origen danés que me habló de Islandia, de su clima mucho más benigno que el de Noruega, en esa época, sus tierras fértiles y abundantes. Pienso que debemos emigrar hacia allá y tal vez luego aventurarnos hasta Groenlandia.
— ¿Y qué hacemos con Sven y Hákon, Olav? Preguntó Freya.
—Vendrán con nosotros — respondió Olav sin dudar — Se harán hombres en ese lugar que seguramente les va a gustar.
Freya se sumó al proyecto de Olav con entusiasmo y al día siguiente empezaron a preparar el viaje que incluía los dos barcos, los guerreros y los remeros y tripulantes del barco de carga. Eran cerca de cincuenta personas que se trasladarían para los que había que pensar en la comida y otras vituallas para el viaje. Lo más importante era, sin embargo, convencer a los fieles seguidores de Olav de que allá, en Islandia, estarían mejor, y tendrían una vida nueva y luminosa. Algunos desistieron, pero otros se sumaron al grupo que había decidido buscar otros horizontes. Tal fue el caso de Egil que se sumó a la aventura con su familia, esposa y dos hijos de diez y doce años.
Sven tenía dieciséis años y Hákon catorce, eran muy amigos además de medios hermanos y compartían sus vidas con mucha confianza. Sven aceptó inmediatamente la idea del viaje mientras que Hákon dudó hasta último momento lo que a Freya no le importaba mucho porque pensaba que era un problema menos para esa aventura. En cambio para Olav era distinto. Su hijo le importaba y era su consultor y consejero.
Tres meses duraron los preparativos, que incluyeron la confección de carpas para poder instalarse un tiempo cuando llegaran a destino, vestimenta, construcción de herramientas de trabajo, ya que además de guerreros eran agricultores y buscaban recalar en un lugar donde construir una nueva vida y la acumulación de alimentos no perecederos que conservaban en sal. También prepararon varios barriles de aguamiel — miød — bebida de un doce por ciento de grado alcohólico producto de la fermentación de miel diluida en agua. Llevaban bidones de cuero con agua dulce además del sistema de recolección de agua de lluvia que tenían todos los barcos vikingos.
Para el inicio del verano, en que el tiempo era más adecuado para viajar, estaban listos para emprender el viaje que era distinto a los tantos que ya Olav había hecho. Este era para emigrar a otras tierras con la incertidumbre que el destino le podía deparar. Como todos los vikingos, Olav y Freya, creían firmemente en los dioses y en el Valhala como lugar de la vida eterna. Sven era un incrédulo, o sea agnóstico, pero lo ocultaba para no ser considerado un hereje. En cambio Hákon era un soñador y su mente iba más allá de la idea de los dioses semihumanos a los que acompañaría después de su muerte. Le parecía que debía hacerse digno de ellos y en soledad les hablaba, como si fueran sus consejeros, para recibir su orientación y ayuda en sus decisiones. La noche previa al viaje se la pasó conversando con Odín, el padre de Thor, porque le parecía el más sabio de los dioses. En su reflexión decía que si se quedaba debería vivir con su tía Eyra, hermana de su madre, que mucho no lo quería, y con su hija Helmi, dos años mayor que él, que lo venía persiguiendo desde hacía un tiempo para quedarse con su virginidad. La alternativa del viaje implicaba renunciar a su característica de muchacho sensible y cariñoso que no cuadraba con la vida de su pueblo y hacer honor a su nombre, que significaba “líder guerrero”. Se durmió casi al alba y, cuando despertó tuvo la respuesta de Odin: en su mente se representó la imagen de un mundo nuevo, con pirámides y hombres y mujeres de tez trigueña y adornos en sus cabezas, de una inusual belleza para lo que él conocía. Para Hákon fue el mensaje y la certeza de que debía acompañar a su familia y dar un paso importante en su vida.
Cuando se encontró con Sven y su padre, Hákon les comunicó que iría con ellos. Su padre lo miró sorprendido porque nunca había pensado que no lo haría. A pesar de su rudeza pensó que era lógico que un muchachito de catorce años tuviera dudas para una aventura como esa pero él, Olav el guerrero, jamás lo hubiese abandonado a su edad. Sven solo le dio un abrazo y lo guio hasta el knarr para mostrarle como iba la carga de todas las vituallas para el viaje. Era como un hormiguero de hombres que iban y venían llevando sacos, barriles, los bultos de las carpas y sogas, mientras otros instalaban los bidones de cuero con el agua dulce y el sistema de recolección de agua de lluvia en la popa del barco. A pesar de que Hákon había estado muchas veces en el lugar que hacía de puerto nunca se había dado cuenta de la cantidad de cosas que había que tener en cuenta para un viaje como ese y quedó fascinado. Tenía, tal vez erróneamente, la idea de que todo se trataba de armar un barco con remos y armas para salir al saqueo. Se lo hizo saber a Sven y éste lo llevó hasta el drakkar que tenia esa función, nada más que en este caso actuaría como un protector del knarr y quienes viajaban en él. Los hermanos se quedaron largo rato en el puerto observando lo que allí ocurría, ensimismados en pensamientos seguramente muy distintos aunque imaginando lo mismo: cómo sería su futuro.
Muchos hombres y mujeres de Rogaland se reunieron en el puerto el día que finalmente la familia de Olav decidió partir. No era un viaje común, sabían que no los verían más y que ese viaje era una apuesta diferente a la que estaban acostumbrados: no volverían con un botín de tesoros incautados.
La travesía, como todas las que emprendían estos verdaderos domadores de mares, fue dura y empezó a forjar la personalidad de Hákon. A pesar de que se apartaban un poco del trayecto más directo desde Noruega hasta la costa oeste de Islandia, Hákon, como si fuera un navegante experto, le recomendó a su padre que se dirigieran a las islas Feroe, hacer un alto allí, reaprovisionarse de alimentos perecederos y recuperarse del penoso viaje que habían tenido hasta ese momento por el clima y el mar embravecido por la terrible tormenta que tuvieron que soportar. Olav le hizo caso y una vez llegados a las Islas tuvieron un descanso reparador, recolectaron víveres y emprendieron la segunda etapa de su travesía con fuerzas renovadas. El trayecto hasta Islandia fue mucho más tranquilo y más corto, ya que en poco más de dos días llegaron a su destino con suficiente energías para instalarse en un lugar que eligieron con paciencia y sin apuro.
Lo llamaron Ny Rogaland, que en noruego significa Nuevo Rogaland, al lugar donde se instalaron, muy cerca de Reikiavik, el asentamiento vikingo más poblado de Islandia en esa época. Pensar que ese nombre perduró a través de los siglos y es el nombre de la actual capital de Islandia. Armaron carpas para las dos familias, la de Olav con Freya, Sven y Hákon y la de Egil con su esposa y los dos hijos. También otras cinco para los guerreros y remeros que se convertirían en agricultores y granjeros. No estaba excluido del plan de Olav seguir asolando costas cercanas para satisfacer su necesidad de acción y mantener la ambición de sus guerreros de buscar y obtener botines que les permitiera tener una vida disipada y salvaje.
En los seis años siguientes construyeron un sólido asentamiento que se hizo conocido en los lugares cercanos ocupados y en Reikiavik por su prosperidad y también por la peligrosidad de pretender acercarse a él con intenciones de asalto y rapiña. Se los conocía por la bravura de sus guerreros y la furia de las mujeres que dominaban el lugar, sobre todo una llamada Freya. Olav y Egil habían construido otro drakkar con los que hacían dos viajes por año asolando sitios cercanos para obtener algún tesoro menor o solamente para satisfacer el espíritu de sus guerreros. En esos viajes también se hacían de esclavos, especialmente mujeres que pasaron a poblar, con sus guerreros y remeros, Ny Rogaland.
Hákon se había convertido en un joven de apariencia sobria y varonil, de piel blanca, ojos y pelos negros, de barba y cabello recortados que le daban una apariencia diferente a la imagen de los guerreros desalineados y rudos, lo que hacia que, a sus veinte años, fuera objeto del deseo de las jóvenes que habitaban en el asentamiento. A pesar de ello Hákon llevaba en su sangre la fuerza de la aventura de los mares y su mayor ambición era independizarse y viajar hacia Groenlandia y más allá. Había oído hablar de la epopeya de Leiv Eriksson y quería emularlo llegando mucho más allá de donde él había llegado. La vida de Hákon en Ny Rogaland lo marcó para toda su vida porque significó su paso a la juventud. Sven, de amigo y confidente, había pasado a ser su escudero y dependiente y su padre Olav se había vuelto esclavo de sus consejos e ideas sin los cuales nada hacía.
A Hákon le gustaba caminar por el bosque que rodeaba Ny Rogaland. Le permitía reflexionar sobre su vida y soñar con el futuro. Al principio iba solo pero luego Sven lo acompañaba para protegerlo de posibles delincuentes. Un día en que Hákon logró ir solo llegó hasta un pequeño lago que había en un claro de ese bosque tupido y acogedor. Se quedó sentado entre los arboles mirando hacia el lago embelesado por la belleza que tenía enfrente. De pronto apareció una joven que vestía una túnica larga que cubría su cuerpo. Muy diferente a la vestimenta de las mujeres vikingas. Era tan hermosa que Hákon quedó paralizado y solo atinó a permanecer inmóvil sin que ella lo viera. La joven se sacó la túnica y, desnuda se introdujo en el lago. Estuvo varios minutos sumergida y nadando hasta que salió, se sentó en una piedra hasta que estuvo seca, se colocó la túnica y se fue por donde había llegado. Hákon pensó si sería verdadera o producto de su imaginación. Nunca haba visto una mujer así, de piel tan blanca como la nieve, pelo hasta la cintura, rubio muy claro y de facciones armoniosas y pómulos salientes. Era la imagen de las diosas que adoraban sus compatriotas. Regresó a su casa turbado sin poder sacarse la imagen de la joven de su retina.
Dos días después pudo volver al lugar donde había visto a la joven. A la misma hora que la vez anterior apareció ella, con la misma vestimenta. Hákon se quedó oculto hasta que la mujer estuvo vestida. Entonces se levantó y se aproximó a ella. Cuando estaba a unos diez metros la joven se dio vuelta y quedó petrificada al ver la presencia del vikingo. El se detuvo y levantó sus manos en señal de que no intentaba hacerle nada, que no había peligro de un ataque. Sonrió y apoyando su mano en su corazón le hizo señas de que avanzaría hacia ella. La joven siguió inmóvil, sea porque estaba paralizada ante esa aparición o porque Hákon no le causaba miedo. Cuando Hákon llegó a su lado se sentó en la piedra en que había estado sentada antes la mujer y con señas la invitó a sentarse a su lado. Intentó hablar en su idioma y la joven algo entendió.
—Yo Hákon, vivo en Ny Rogaland. ¿Cómo te llamas tú y dónde vives?
— Soy Ásdís, vivo aquí cerca y soy islandesa.
—Ásdís muy hermosa, dijo Einar y se quedó en silencio mirando el lago.
—Tú bueno, Hákon, dijo Ásdís, y también enfocó su mirada en el lago.
Se quedaron así casi media hora sin decir palabra y mirándose de tanto en tanto hasta que Ásdís se levantó y le dijo:
—Ásdís irse, volver después de dos días.
—Hákon también volver después de dos días.
Levantaron sus brazos a la altura de los hombros y se saludaron chocando las manos derechas abiertas. Hákon se quedó allí hasta que Ásdís desapareció en la parte norte del bosque. Le costó encontrar el camino de regreso a su casa porque el episodio de la doncella islandesa había sido el más fuerte, significativo y emotivo de su vida. Cuando llegó a su casa le contó a Sven lo sucedido y este le dijo que sabía que Ásdís significaba “diosa” en islandés. También sabía que las islandesas eran sinceras y fieles. Por la descripción que hizo Hákon de Ásdís supusieron que era de origen Celta.
Los dos días siguientes fueron una eternidad para Hákon y, a la misma hora del encuentro anterior, regresó al mismo lugar del bosque. Se sentó en la piedra junto al lago y se dispuso a esperar. Pasó un tiempo hasta que finalmente la figura de Ásdís asomó desde el bosque. La misma túnica, el mismo peinado, la misma figura. Saludó a Hákon con una sonrisa, se sacó la túnica lo invitó a hacer lo mismo y entró al lago. Hákon sorprendido, se desnudó y se metió en el lago con ella. Jugaron allí un tiempo largo hasta que quedaron juntos, uno frente al otro, y se unieron en un beso largo y encendido hasta que salieron a la costa e hicieron el amor como si se conocieran desde hacia mucho tiempo.
Ese episodio se repitió cada dos o tres días durante dos meses hasta que Hákon decidió que debían construir una casa vikinga en la entrada del bosque porque se acercaba el invierno y sus encuentros no podrían ser en el lago. Fue trayendo pieles y cortó troncos y ramas con las que hizo un domo forrado en las pieles impermeables. La puerta era de piel que la protegía de viento y la nieve y el piso de una piel de osos polar, tan blanca como la piel de Ásdís.
Hákon había aprendido a cultivar la tierra y las tareas de granja además de las artes de la guerra. La casa que construyó era típica vikinga y en el centro había una hogar que se alimentaba con la madera de los abedules del bosque que la rodeaban. Las mujeres celtas eran independientes y nunca se rendían a los hombres aunque ellos fueran vikingos. El caso de Hákon era diferente ya que estaba perdidamente enamorado de Ásdís y la colmaba de cariño con gestos permanentes de respeto y afecto. La casa que construyó era un verdadero nido de amor que ayudó a la fortaleza de la relación.
Casi al final del invierno Olav le dijo a Hákon que partirían para Groenlandia y de allí, si todo ocurría como el pensaba, cruzarían a una isla que estaba en otro continente, un lugar llamado Vinland. La reacción de Hákon fue de inmediato rechazo. No tenía la menor intención de cortar la relación que había comenzado con Ásdís y que se compadecía con su personalidad a pesar de su intento de parecerse a un guerrero. Olav no dijo nada hasta el día siguiente cuando lo encontró solo, cerca del puerto, donde estaban sus barcos.
—Hákon, sabes que soy dependiente de tu consejo y asistencia, pero también, como tu padre, necesito de tu apoyo para este viaje por tu condición de líder guerrero. No puedo prescindir de tu presencia y la de Sven. Ustedes tendrán uno de los drakkar a su cargo y lo llevaran hasta Groenlandia y tal vez a Vinland, si finalmente decidimos llegar allí. No hay ninguna posibilidad de que te niegues a ello. Cuando regreses podrás continuar con la aventura que has emprendido en el otro lado del bosque. Dicho esto Olav se fue a continuar la tarea que había emprendido en su barco.
Hákon quedó tan sorprendido que no tuvo tiempo de emitir palabra. ¿Cómo sabía su padre de su aventura con Ásdís? ¿Sven le había sido infiel y contado su secreto a su padre? ¿Podría escaparse un poco antes de partir y aislarse en su casa del bosque? Eso era imposible, su padre lo ubicaría inmediatamente. Por otra parte él también tenía la idea de hacer una travesía como esa y pensó que tenía toda la vida para estar con Ásdís. Volvió al pueblo y se encaminó al bosque. Cando llegó a la casa Ásdís ya estaba allí lo cual sorprendió a Einar que no intentó hablar con ella sobre la razón por la que había llegado antes. Solo le importaba lo que le ocurría a él y el viaje que debía realizar y que los separaría por muchos meses.
— Ásdís, tengo que partir en una incursión a Groenlandia y tal vez a Vinland con mi padre. No me ha dado opción y no puedo negarme. Serán unos meses y luego nos independizaremos. Tenemos toda la vida para estar juntos.
Ásdís lo quedó mirando largamente sin decir nada, con tristeza y desazón, se levantó, alzó el morral que había traído para pasar la noche, se dio vuelta y, sin decir palabra ni mirar a Hákon, se fue para su casa paterna atragantada con lagrimas de tristeza y una gran desolación que le había causado la decisión de Hákon sin haberla tenido en cuenta ni haberla consultado antes.
