El collar de Rubí - Leonora Ríos - E-Book

El collar de Rubí E-Book

Leonora Rios

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Beschreibung

Después de muchos años sin saber de su ex amigo Rubén, Alejo recibe una llamada telefónica a altas horas de la noche. Esa breve y confusa conversación con una mujer de voz nerivosa, quien le da instrucciones de viaje desde el otro lado de la línea, desempolvará viejos recuerdos, desencadenará deseos antes desconocidos para él y dará inicio a una carrera a contrarreloj en nombre de antiguos amuletos, de poderes fascinantes y nuevas pasiones. Rubén, ahora en el cuerpo de una hermosa chica llamada Rubí, se ve implicada en un doble robo, situación que le obliga a buscar ayuda en Alejo, su mejor amigo del pasado, para escapar de sus perseguidores.

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Seitenzahl: 30

Veröffentlichungsjahr: 2022

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Leonora Rios

El collar de Rubí

 

Lust

El collar de Rubí

 

Copyright © 0, 2022 Leonora Rios and LUST

 

All rights reserved

 

ISBN: 9788728105733

 

1st ebook edition

Format: EPUB 3.0

 

No part of this publication may be reproduced, stored in a retrievial system, or transmitted, in any form or by any means without the prior written permission of the publisher, nor, be otherwise circulated in any form of binding or cover other than in which it is published and without a similar condition being imposed on the subsequent purchaser.

Mi musa no siempre fue mi musa; era más bien mi futbolista de preferencia cuando éramos más jóvenes, creciendo en la frontera entre dos ciudades. Cuando ya éramos adolescentes, nos pasábamos horas en la plaza jugando fútbol y bebiendo Coca-Cola en la acera. Silbábamos a las mujeres que pasaban por nuestra calle y lanzábamos piedras a los pájaros, porque no sabíamos nada mejor que hacer con nuestro tiempo libre y no había otra cosa que hacer. Era un barrio simple, aburrido, de la clase que no entiende mucho de intereses alternativos o extravagantes en cualquier cosa relacionada con la mente o el cuerpo. Para pasar las horas, a veces, robábamos revistas de la tienda de adultos y nos escondíamos detrás del ayuntamiento hasta que llegaba la noche, sintiéndonos los reyes del mundo. Es cierto que en esos juegos a las escondidas fuimos también aprendiendo de nuestros cuerpos, compartiendo descubrimientos, dudas, curiosidades, y una que otra vez sonrojándo y tomando distancia porque las cosas habían tomado un tono algo prohibido, secreto… lo que interrumpía la base de nuestra inseparable amistad. Pero, como siempre ocurre, nuestros huesos se estiraron, nuestra cabellera se multiplicó en algunas áreas sombrías y nuestros sueños comenzaron a distanciarse, hasta que nuestros nombres fueron solo un grato recuerdo del pasado.

¿Quién se va a creer la historia? Varios noviazgos más tarde, unos cuantos trabajos fallidos, una operación de rodilla y una eterna colección de libros de autoayuda después, un día me encontré sentado en mi apartamento, adormecido en medio de la noche, preguntándome quién demonios tenía mi número de teléfono y por qué no podía esperar hasta horas más decentes para llamar.

Una sensual voz de mujer habló en cuanto descolgué:

—¡Necesito tu ayuda, amigo. Esta vez sí que lo he hecho! —dijo la chica del otro lado del teléfono.

—Debe haberse equivocado de número, señorita. Desgraciadamente creo que debe intentar marcar de nuevo —insistí.

—¡No seas estúpido, Alejo. Soy yo, Rubén! Una larga historia, no puedo hablar. Te he dejado un billete de tren en tu correo y no puedes fallarme. Nos vemos en la madrugada en la estación —y colgó repentinamente.

No sabía si era una broma cruel de la vida o la simpleza de las cosas: Rubén, cuyos anchos hombros eran siempre la envidia del resto de los chicos del gimnasio; Rubén, cuyas bromas siempre habían hecho sonreír a las chicas durante la clase; Rubén, mi amigo de la infancia ¿tal vez? Al fin y al cabo, habíamos compartido tanto y tan cerca, que también habíamos sido nuestro primer beso, y cualquier clase de primeras experiencias sexuales. Pero él... ¿ella?... necesitaba ayuda. Y yo me aburría, supongo. Así que cogí mi billetera y mi sombrero, mis documentos, mis botas de cuero y mi abrigo, mi celular y mis llaves... Me detuve durante una fracción de segundo, aún no entiendo por qué me lavé los dientes y me eché colonia. Luego salí corriendo por la puerta rumbo a la estación.

***

—Vas a tener que calmarte y hablarme más despacio, Rubén, que acabo de despertarme. ¿Te sigo llamando Rubén? ¿O cómo quieres que te llame?