El cuerpo del delito - Jaime Goded - E-Book

El cuerpo del delito E-Book

Jaime Goded

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El autor fue encarcelado tras la toma de Ciudad Universitaria por el ejército en 1968. Durante su encierro, gracias al material que pudo introducir su esposa a la cárcel, realizó una serie de dibujos que plasman tanto el sufrimiento por el cautiverio, como su inquebrantable voluntad de lucha. A los dibujos con textos manuscritos los acompaña una edición del documento histórico "Conclusiones acusatorias, presentadas por el […] Agente del Ministerio Público Federal, el día 15 de diciembre de 1969", es decir la acusación oficial que mantuvo en prisión a los activistas capturados en 1968 por "invitación a la rebelión, asociación delictuosa, sedición, daño a la propiedad ajena, ataque a las vías de comunicación... y despojo".

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Seitenzahl: 33

Veröffentlichungsjahr: 2023

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NACÍ EL 9 DE MARZO…

UNA POSIBLE INTRODUCCIÓN

CONCLUSIONES ACUSATORIAS

AUTOS DE FORMAL PRISIÓN

HECHOS

IV INFORME PRESIDENCIAL

SENTENCIAS

JAIME GODED ANDREU

[PROCESO]

PARTE POLICIACO NO. 44 / VII, FOJA 58

INCITACIÓN A LA REBELIÓN

SEDICIÓN

ASOCIACIÓN DELICTUOSA

ROBO

DESPOJO

DAÑO EN PROPIEDAD AJENA

ATAQUE A LAS VÍAS DE COMUNICACIÓN

ACOPIO DE ARMAS PROHIBIDAS

HOMICIDIO Y LESIONES CONTRA AGENTES DE LA AUTORIDAD

FALSEDAD

ANEXOS

CONFETI. Paco Ignacio Taibo II

CARTA DE BERTRAND RUSSELL A GUSTAVO DÍAZ ORDAZ

UN POEMA DESDE LA CÁRCEL. Jaime Goded

AVISO LEGAL

UNA POSIBLE INTRODUCCIÓN

El Movimiento Estudiantil del 68 derrotó al gobierno de Gustavo Díaz Ordaz porque evidenció su discapacidad para el diálogo; su temple represor y su condición criminal. A 50 años de distancia, en las agendas políticas y culturales florecen homenajes a los estudiantes, mientras que el presidente y sus altos funcionarios pasaron a la historia como asesinos impunes. Del alud represivo del gobierno –y sus consecuencias– aun falta mucho por esclarecer, mientras que el alzamiento estudiantil es punto de inflexión histórica en la construcción de una sociedad moderna, políticamente activa y consciente de su papel en el tejido democrático: la ciudadanía.

A pesar de que desde el 26 de julio la represión no cesó un instante, se respiraba un ambiente de libertad. El descontento y las inconformidades tanto tiempo reprimidas afloraron en todas partes y se manifestaron públicamente. La gente discutía libremente, participaba y veía en el futuro posibilidades de cambio. Las brigadas recorrían incansablemente las fábricas, los mercados y todos los centros de reunión pública, explicando la situación y llamando al pueblo a participar directamente en la lucha (IV).

Estas líneas son de la introducción de un libro que salió a la luz casi clandestinamente en 1970: Los procesos de México 68. Acusaciones y defensa, bajo el fugaz sello EDITORIAL ESTUDIANTES. Es un grueso volumen que reproduce con fidelidad el expediente abierto por el Ministerio Público entre el 26 de julio y el 2 de octubre de 1968: el famoso proceso 272/68, masivo y de orden político, que concentra las detenciones del 26 de julio, del 18 de septiembre y 2 de octubre. Es una edición valiente que busca “exhibir en toda su crudeza el cúmulo de violaciones y arbitrariedades que contiene el proceso”. La extensa introducción está firmada por cinco delegados del Consejo Nacional de Huelga que compartían crujía en Lecumberri: Raúl Álvarez Garín, Luis González de Alba, Gilberto Guevara Niebla, Félix Hernández Gamundi y Eduardo Valle Espinoza.

Estamos acusados, en promedio, de 10 delitos federales, que van desde robo, homicidio, lesiones, hasta sedición y asociación delictuosa e incitación a la rebelión (…) Todos estamos acusados de todo. Desde organizar los mítines y manifestaciones, hasta el incendio de autobuses y los crímenes cometidos por el ejército en Tlatelolco. (…) Todas las personas detenidas el 2 de octubre están acusadas de homicidio por el simple hecho de que fueron detenidas ese día en la Plaza de Tlatelolco (VII).

El Ministerio Público se vio obligado a fabricar una interminable cadena de absurdos para sostener la tesis gubernamental de la existencia del “Plan Subversivo de Proyección Internacional, elaborado en La Habana y Praga” y desplegado durante las semanas que duró el Movimiento Estudiantil. Las conclusiones que “demuestran” la veracidad de dicho plan y el catálogo de acusaciones y “pruebas” contra los estudiantes constituyen un alucinante corpus de literatura judicial, de estirpe kafkiana o teatro del absurdo. Pertenecer a una organización de izquierda o haber estado en Cuba acreditaban cierto grado de culpabilidad. La prueba suprema del expediente –joya jurídica y clímax del presidencialismo mexicano– ¡es el discurso del IV Informe de Gobierno! Es decir, la opinión personal de Díaz Ordaz fue considerada para el ejercicio de acción penal contra los jóvenes. Estos métodos revelan que el Estado de Derecho y la legalidad en México eran, en toda forma, una ficción.

Es decir, la violencia que practicó el Estado contra sus ciudadanos no estuvo sólo a cargo del Ejército, la Policía y los comandos paramilitares. También fue ejercida mediante la guerra informativa, judicial y psicológica. La cárcel fue un eslabón clave de la contrainsurgencia