EL espía involuntario - H.L. Guerra - E-Book

EL espía involuntario E-Book

H.L. Guerra

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Beschreibung

Un periodista de investigación prejubilado aparece asesinado en el parque Vasa de Estocolmo. La inspectora Anna Palmquist investiga el caso, que pronto resulta estar relacionado con un asesinato sin resolver de hace treinta años. Cuando la investigación la lleva a descubrir que el antiguo KGB y el actual servicio de inteligencia ruso SVR están implicados en ambos asesinatos, se encuentra al borde de una investigación secreta en curso por parte de Säpo, la policía de seguridad que sospecha que un topo ruso se esconde en los pasillos del poder gubernamental sueco.
El espía involuntario es un thriller que, con giros sorprendentes, enlaza los años ochenta con la Estocolmo, Bruselas, Berlín, Moscú, Colonia y Miami de hoy. Una historia de ficción que convive con hechos reales. Una narración distópica que desvela los entresijos de la guerra secreta que Rusia sostuvo para mantener a Suecia fuera de la OTAN. Una historia de traición, decepción y amor.

Una muy buena descripción y visualización del juego entre Occidente y Oriente en la política sueca, donde la realidad nunca se expresa con claridad. Una gran novela de espías y de gran actualidad
Boksidan

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Veröffentlichungsjahr: 2024

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H.L. GUERRA

EL ESPÍA

INVOLUNTARIO

Otras novelas publicadas de H.L. Guerra:

El traidor de Praga, Verbum, Madrid (2012)The Traitor from Prag, Saturn förlag (2024) Triángulo de espías, Verbum, Madrid (2016)Den ofrivillige spionen, Saturn förlag (2018)Gryningens skuggor Saturn förlag, Estocolmo (2020)Las sombras del amanecer, Saturn förlag. Estocolmo (2024)

Esta es una novela Faction basada en hechos reales, género literario que mezcla realidad y ficción, y que libremente se inspira en gran medida en el caso Cats Falck. Sin embargo, los nombres, personajes, lugares y acontecimientos son enteramente producto de la imaginación del autor o se han utilizado de forma ficticia. Cualquier otra similitud con personas reales, vivas o muertas, con negocios, empresas, organizaciones, acontecimientos o lugares es totalmente involuntaria.

E-book

Titulo original en sueco: Den ofrivillige spionen

ISBN 978-91-987643-1-4Copyright © 2018-2024 H.L. Guerra Portada y maquetación: Grupo SaturnImagen de portada: Grupo SaturnCopyright © de la traducción, 2023 Saturn förlag

Esta obra está protegida por las leyes de copyright y tratados internacionales. Todos los derechos reservados, incluido el derecho de reproducción total o parcial en cualquier formato.

A NINA

Cuanto más buscas verdades absolutas, menos probable es que encuentres alguna. John le Carré El túnel de las palomas, 2015

ORGANIZACIONES

SÄPO - La Policía de Seguridad Sueca, cuya misión es proteger el sistema democrático sueco, los derechos y libertades de los ciudadanos y la seguridad nacional.

NOA - Departamento Nacional de Operaciones de Suecia, sustituyó a Rikskrim.

NFC - Centro Forense Nacional de Suecia, sustituyó al Laboratorio Forense Nacional en 2015.

FRA - Försvarets radioanstalt, la Agencia Sueca de Radio de la Defensa, lleva a cabo actividades de inteligencia de señales.

KOS - Unidad de Inteligencia de Comunicaciones de la FRA

MSB - Agencia Sueca de Protección Civil y Planificación de Emergencias.

MUST - El Servicio de Inteligencia y Seguridad Militar sueco. La parte más secreta de MUST es KSI, la Oficina de Recogidas Especiales.

NCT – Nationellt centrum för terrorhotbedömning, el Centro Nacional de Evaluación de la Amenaza Terrorista evalúa el nivel de amenaza terrorista para Suecia y el jefe del Servicio de Seguridad Sueco (Säpo) decide sobre el nivel. El NCT es un grupo de trabajo permanente con personal del Establecimiento Sueco de Radio de Defensa (FRA), el Servicio de Inteligencia y Seguridad Militar (Must) y el Servicio de Seguridad Sueco.

PST - La Policía de Seguridad noruega.

CIA - Agencia Central de Inteligencia, la agencia de inteligencia estadounidense que también lleva a cabo operaciones encubiertas en el extranjero.

FBI - Oficina Federal de Investigación, cuya misión es luchar contra la delincuencia grave, el terrorismo y el espionaje en Estados Unidos.

DIA - Agencia de Inteligencia de la Defensa, el brazo de inteligencia militar del ejército estadounidense.

SIS, Servicio Secreto de Inteligencia, originalmente Sección 6 de Inteligencia Militar, MI6. Servicio de inteligencia del Reino Unido para recabar información en el extranjero.

GRU - Servicio de inteligencia militar de la antigua Unión Soviética, ahora Rusia.

STASI - La antigua policía de seguridad de Alemania Oriental.

SVR - Servicio de Inteligencia Exterior de la Federación Rusa, sustituyó al KGB tras la caída de la Unión Soviética.

FSB - Servicio Federal de Seguridad de la Federación Rusa.

BFV - Bundesamt für Verfassungsschutz - una de las tres agencias de inteligencia alemanas.

PRIMERA PARTE

UNO

El tiempo era voluble aquel día a finales del otoño. Aún la oscuridad no era completa y la luz mortecina de un cielo rojo pálido rasgado por algunas nubes grises en el horizonte, proyectaba largas sombras sobre el parque Vasa. Algunos niños patinaban en la recién abierta pista de hielo. Los últimos visitantes del Museo de Arte Sven-Harry cruzaban el parque con paso rápido hacia Odengatan, con destino a los cercanos restaurantes. Nadie se fijó en el corpulento hombre que, sentado en uno de los bancos del parque, colocándose apresuradamente la capucha de su sudadera sobre la cabeza, se levantó y decidido caminó hacia la cercana plaza Sankt Eriks. Tampoco llamó la atención la figura inmóvil con capucha de un hombre que permanecía en el mismo banco, observando aparentemente a los niños patinar en la pista de hielo. El pequeño grupo de los habituales alcohólicos, sentados en un banco algo más alejado, ocupados en su eterna perorata sobre sus anteriores éxitos en la vida, confirmados por la última ración de alcohol adquirida en la cercana tienda estatal de licores Systembolaget.

De repente, las luces de la pista de patinaje se encendieron e iluminaron al inmóvil hombre de la capucha. Una mujer que pasaba por allí con su Bichón habanero sin correa se detuvo cuando el perro gruñó enfadado y saltó hacia el banco donde estaba sentado el hombre con los ojos vidriosos y la boca abierta. Solo cuando la mujer, avergonzada por el comportamiento del perro, se acercó para disculparse, se dio cuenta de que las cosas no estaban bien. Tras empujarlo un poco sin ver señales de vida, pidió ayuda. Uno de los borrachos se acercó dando tumbos y, con la convicción que sólo tienen quienes han visto la muerte con demasiada frecuencia, observó lacónicamente que el hombre había descolgado el cartel.

***

La inspectora Anna Palmquist levantó la cinta policial azul y blanca que revoloteaba. Un agente de policía uniformado que había llegado al lugar veinte minutos antes, le informó con voz monótona de que el extinto era Anders Björklund. «Periodista del diario Dagens Nyheter, prejubilado», agregó el policía, entregándole una bolsa de plástico que contenía una cartera desgastada, un carné de conducir y un llavero. Anna metió la bolsa en su bolso y, con gesto cansado, se puso los guantes de plástico de rigor. Algunas personas detrás del cordón observaban con curiosidad al interfecto y la actividad policial cuando, de repente, una estridente canción de salsa salió de los altavoces de la pista de patinaje y un grupo de patinadores se deslizó sobre el hielo al ritmo de la música. Imperturbable, y a la luz de la lámpara de su teléfono móvil, Anna empezó a examinar la cabeza del muerto. Rápidamente se fijó en dos pequeñas gotas de sangre en el cuello de la camisa del hombre que, sospechó, probablemente procedían de un pequeño punto en el lado derecho del cuello. Como un pinchazo. Tal vez sólo una picadura de insecto... pero más vale prevenir que lamentar, razonó, y decidió llamar al Departamento Técnico.

Mientras esperaba su llegada, acompañada de rítmicos tonos de salsa, pidió una hamburguesa y un Pucko en el quiosco de comida rápida de Odengatan. Mientras comía la improvisada cena, aprovechó para llamar a su viejo amigo, también su exjefe, ya jubilado, el inspector Gunnar Jansson para preguntarle si le sonaba el nombre de Anders Björklund. Desde el otro extremo de una rasposa conexión, Jansson tosió dos veces antes de preguntar:

––¿Te refieres a ese Anders Björklund que es periodista?

––Era–– respondió Anna, apretando con fuerza el móvil contra la oreja y la boca para amortiguar la estridente música, explicándole a Gunnar que Björklund estaba muerto y que ahora ella, en la escena del crimen, esperaba al equipo de análisis forense para asegurar cualquier prueba y determinar si el occiso murió de muerte natural o no.

––¿Qué es esa puta música de fondo? ––preguntó Jansson.

––No te preocupes por eso. Estoy en el parque Vasa y hay una escuela de patinaje artístico sobre hielo ––gritó Anna al teléfono móvil.

––Hace 30 años, ¿puedes oírme? ––Anna confirmó que, después de todo, le oía bastante bien. Hace 30 años, Björklund ––continuó Jansson–– era un brillante periodista de investigación ––hizo una pausa de unos segundos––. Pero entonces ocurrió algo... Creo que tuvo que ver con la muerte de su novia, que también era periodista... Karen Ferm, se llamaba... un caso muy famoso en los años ochenta. Creo que fue asesinada, pero no había pruebas reales. ¿Quizás lo recuerdes?

Llegó la furgoneta negra del Centro Técnico. Con la hamburguesa a medio comer en el puño, Anna señaló el camino que conducía al parque.

––No, de verdad que no, Gunnar. Dios mío, hace treinta años yo tenía pocos años. Pero bueno, gracias por la información, ahora tengo que irme. Mañana te cuento...

***

A la mañana siguiente, cuando Anna llegó a su oficina en el Departamento Nacional de Operaciones (NOA) de la comisaría de Norrmalm, en Kungsholmsgatan, se dirigió directamente al ordenador y buscó los resultados de los exámenes que el técnico en el lugar del crimen había conseguido en Vasaparken la noche anterior. Hasta aquel momento, observó con un bostezo, los resultados sólo se referían a una huella de zapato cerca del banco donde se había encontrado al difunto. Según el laboratorio forense, era una bota Timberland Premium de 6 pulgadas, talla 44. «Bueno, ahora sólo tengo que encontrar esa bota.» sonrió resignada, tomó un sorbo de su café matutino mientras su mirada abandonaba pensativamente la pantalla de la computadora y buscaba por la ventana el cielo encapotado.

A pesar de todos los intentos por ocultar cualquier rastro de feminidad, Anna era una mujer hermosa, sin maquillaje, con zapatillas deportivas desgastadas, camisa unisex de punto gris y abrigo cervecero negro desgastado. Llevaba el pelo largo y negro recogido en una coleta que se mecía inquieta cuando giraba la cabeza. Su cuerpo en forma revelaba una afición por la cultura del fitness. Tenía treinta y cinco años, pero sus tristes ojos oscuros daban la impresión de ser una mujer mayor.

La autopsia forense que había ordenado para establecer si la muerte había sido causada por influencias externas, o más concretamente, para determinar si había restos de veneno o sustancias estupefacientes en el cuerpo, no empezaría hasta la tarde, según supo tras una conversación con el Departamento de Medicina Forense de Solna. El posible asesinato de la novia de Björklund que había mencionado Gunnar había despertado su interés, y para tener más carne en el asador, decidió investigar el caso de Karen Ferm antes de reunirse con la forense Hanna Olsson en el apartamento de Björklund en Sigtunagatan.

***

Media hora más tarde, tras ingerir dos ibuprofenos con un último sorbo del café amargo y frío, en un intento de librarse de un atronador dolor de cabeza que había aparecido sin previo aviso, Anna empezó a leer los viejos archivos de Karen Ferm y su amiga Lotta Grahn, desaparecidas sin dejar rastro una noche de mediados de noviembre de 1984, tras una visita a un restaurante del sur de Estocolmo. Seis meses después, en mayo de 1985, Karen y Lotta fueron encontradas en un coche volcado en el muelle 310 del canal de Hammarby. Se pensó que habían muerto en un accidente. Pero la autopsia realizada unos días después reveló que en los pulmones de Ferm, así como en los de Grahn, había un líquido de color rosa de origen desconocido. El informe también señalaba lo «bien sujetas» que estaban las dos mujeres en el coche y también consideraba extraño que los cuerpos no presentaran lesiones defensivas: «Debería haber habido lesiones cuando intentaron salir del coche». La conclusión del informe afirmaba que la causa de la muerte no podía establecerse de forma inequívoca, pero que «nada contradice la suposición de que fue ahogamiento». A pesar de todas las dudas, la policía, que manejaba diversas teorías sobre el homicidio, había descartado el caso como accidente.

En 1997, Säpo, la policía de seguridad, recibió una carta anónima en la que el remitente señalaba al servicio de seguridad de Alemania Oriental, la Stasi, como responsable de la muerte de las jóvenes mujeres. El motivo sería que Karen Ferm, que trabajaba como periodista de investigación para la revista «Dödgrävare», Sepulturero, se había enterado de información sensible sobre Alemania Oriental. La carta, escrita en inglés, afirmaba que el motivo era que Ferm había obtenido información sobre delicados negocios de armas entre Suecia y la RDA comunista.

En diciembre de 2003, algunos periódicos alemanes informaron de que un miembro de un escuadrón de asesinos de la Stasi, presuntamente implicado en las muertes de Karen y Lotta, había sido detenido en un suburbio de Berlín, pero puesto en libertad poco después por decisión del Tribunal Supremo alemán a petición del fiscal. No se pudo demostrar que el hombre fuera culpable de ningún asesinato. Una vez más, la policía sueca cerró la investigación sobre el caso de Karen Ferm. Esto no puede estar bien, pensó Anna mientras terminaba de leer los expedientes y consultaba el reloj de su teléfono móvil, que emitió un pitido ––Voy para allá–– gritó al aire y dobló el viejo expediente.

***

Un olor desagradable golpeó de golpe cuando la forense Hanna Olsson, vestida con un mono desechable de color azul claro, cubre zapatos y guantes de plástico, abrió la puerta del apartamento de Anders Björklund en Sigtunagatan. Rápidamente colocó dos grandes bolsas negras cuadradas en el estrecho y oscuro pasillo. Detrás de ella, con un atuendo similar, Anna Palmquist buscó a tientas un interruptor de la luz. Una lámpara de techo amarillo pálido se encendió emitiendo una luz tremebunda.

—¡Maldita sea, cómo huele! ––dijo Anna.

Sin responder, Olsson caminó arrastrando los pies hasta el salón y encendió la lámpara de pie que había junto a un sofá de cuero desgastado. Pesadas cortinas rojas impedían que la luz del día entrara en la habitación. Todo el conjunto de muebles tenía un estilo ochentero. A pesar del olor a humedad, Hanna se abstuvo de abrir las ventanas y en su lugar sacó de sus maletas lo que necesitaba para hacer el trabajo. Anna también encendió la luz del techo del salón y empezó a mirar a su alrededor.

En la cocina, apilados en el fregadero, había platos con restos de comida y copas con costra de vino tinto. En una esquina había cestas de ICA atestadas de Bag-in-box de vino aplastadas y botellas de vodka vacías. En el dormitorio, en la mesilla de noche, había una fotografía descolorida enmarcada de Anders Björklund con una chica en una playa de un país lejano. Estaban abrazados y parecían felices, ella en bikini y él en bermudas. Anna sacó la foto del marco y leyó en el reverso: Karen y yo en Canarias -83. Metió la foto en una bolsa de plástico y la colocó junto a las otras bolsas de pruebas en la mesita del salón.

Un estrecho escritorio en el dormitorio atrajo su interés. Aunque la mesa estaba bastante polvorienta, se veía claramente la superficie de un rectángulo que no estaba lleno de polvo. Anna pensó inmediatamente en un ordenador portátil que probablemente se habían llevado de allí. Pero ¿dónde? ¿Quién lo había hecho? No había ordenadores de sobremesa ni portátiles en el apartamento, dijo Hanna, que revisó el escritorio y encontró un par de huellas bajo la fina capa de polvo ––Parece que sólo son las huellas de Björklund ––dijo con su voz ronca. También recogió muestras de ADN para enviarlas al Centro Forense Nacional.

––Ciertamente parece que Björklund ha vivido una vida bastante solitaria y aislada ––dijo.

DOS

El secretario del gabinete Per Dahlbeck se sentó frente a los dos presentadores durante la emisión en directo del programa Morgonstudion, Estudio de la mañana, de la televisión pública sueca, SVT. El traje se ajustaba impecablemente a su cuerpo delgado y en forma. Su rostro juvenil, con el pelo repeinado hacia atrás y unas gafas redondas de moda, le hacían parecer más joven que sus sesenta y cuatro años. Su voz tranquila y sus gélidos ojos azules, como de costumbre, le hacían parecer arrogante, casi despreocupado, una actitud que adoptaba deliberadamente para poner en desventaja a los entrevistadores.

––En respuesta a lo que el ministro de Defensa, el socialdemócrata, Ingmar Bylund, ha llamado «provocaciones rusas», ¿no deberían los países nórdicos aumentar la cooperación militar? ––preguntó el presentador.

––Sin duda se incrementará la cooperación militar nórdica, especialmente con Finlandia, pero también con Noruega y Dinamarca.

––Pero tanto Noruega como Dinamarca son miembros de la OTAN. ¿Cómo debería funcionar esta cooperación? ––añadió la presentadora.

––Incluso en los días de la Guerra Fría, Suecia mantenía una estrecha cooperación con sus vecinos nórdicos ––respondió Dahlbeck, antes de continuar después de una pequeña pausa, levantando las cejas, como para captar la atención de su audiencia––. Como ha declarado recientemente la primera ministra Cecilia Ahlquist, «a pesar de las provocaciones verbales, no creemos que Rusia suponga una amenaza militar directa para Suecia». Pero se necesita una política de seguridad nórdica común para crear una paz sostenible en la región.

––¿Es porque Rusia ha amenazado a Suecia con «consecuencias» si entramos en la OTAN por lo que el Gobierno socialdemócrata opta por revivir la vieja doctrina del no alineamiento?

––¡De ninguna manera! ––replicó irritado el secretario del Gabinete––. Suecia seguirá aplicando su política de «neutralidad activa» y no se acercará ni a la OTAN, ni a Rusia ––añadió Dahlbeck.

––¿Y eso qué significa? ––preguntó la presentadora.

––¡Que Suecia preserve su no alineamiento! Como miembro de la OTAN, ¡sería casi imposible que nuestro país siguiera actuando a favor de una zona desnuclearizada nórdica! Incluso cuando la Guerra Fría estaba en su punto más gélido, hicimos todo lo posible por mantener un diálogo regular con el gobierno soviético.

––¿Así que sugieres que Suecia inicie conversaciones con Moscú y reanude la cuestión de la zona desnuclearizada en el Norte? ––preguntó el presentador.

Dahlbeck suspiró.

––Rusia lanza regularmente amenazas más o menos veladas contra Suecia y advierte de las consecuencias de un acercamiento a la OTAN ––continuó el presentador. Pero lo que tú dices ahora es que Suecia debería responder a estas amenazas con conversaciones con Moscú sobre una zona nórdica desnuclearizada. Sabes muy bien que nuestros vecinos Noruega y Dinamarca tienen un acuerdo especial con la OTAN para no colocar armas nucleares en sus territorios. ¿No es eso suficiente?

––¡No, eso no es suficiente! Claro, en tiempos de paz. Pero ¿qué pasaría durante una guerra? ––preguntó retóricamente Dahlbeck con una sonrisa triunfal. Por tanto, debemos cooperar y negociar para hacer de toda la región nórdica una zona desnuclearizada, tanto en tiempos de paz como de guerra.

––Lamentablemente, tenemos que finalizar. Sin duda hay motivos para retomar el tema de nuevo. Gracias, secretario del Gabinete Per Dahlbeck por venir hoy aquí.

Dahlbeck asintió y le devolvió el agradecimiento.

El presentador cedió palabras e imágenes a Rapport, que comenzó el informativo anunciando que el periodista Anders Björklund había sido encontrado muerto en un parque del centro de Estocolmo. Sin embargo, la policía sigue sin revelar las circunstancias de su muerte.

Sin perder un instante, Per Dahlbeck registró la noticia al salir del estudio de televisión.

***

Menos de dos horas después, se abrió la puerta de la sala Sofia Albertina, en el palacio Arvfursten, el Palacio del Príncipe Heredero en la plaza de Gustav Adolf, despacho de la ministra de Asuntos Exteriores, Layla Basara-Johansson (diputada del MP, partido ecologista). La ministra de Asuntos Exteriores levantó la vista y con un gesto amistoso invitó a Dahlbeck a tomar asiento frente a ella en el escritorio ajustándose rápidamente su hiyab turqués y quitándose posteriormente sus gafas redondas de lectura. En un rincón, una pantalla de televisión sin sonido mostraba el final del programa matinal de SVT 1. La piel oscura de Basara-Johansson, heredada de su padre pakistaní, contrastaba con los brillantes ojos azules que le había dado su madre sueca. Era una mujer atractiva de unos cuarenta años, que vestía con una elegante mezcla de tradiciones occidentales y musulmanas. Sin embargo, resultaba una cierta incongruencia verla detrás del escritorio estilo gustaviano con su hiyab entre estatuas de ninfas desnudas y paredes llenas de arabescos que representaban musas y cupidos. El espíritu de Gustavo III seguía en las paredes, pero como había acuñado el rey Carlos XVI Gustavo con su lema «Por Suecia en el tiempo», Suecia había cambiado inevitablemente.

Dahlbeck miró al televisor como esperando que la ministra de Asuntos Exteriores comentara su reciente aparición televisiva. Layla Basara-Johansson cruzó las manos frente a ella sobre el escritorio y le miró pensativa antes de hablar:

––Ha sido una entrevista corta, pero has conseguido decir lo más importante ––hizo una pausa––. Yo viajo esta tarde a Moscú, y tu viajas mañana a Bruselas para negociar la cuota de refugiados de la UE, ¿verdad?

Dahlbeck asintió ligeramente y agregó:

––Tienes un importante viaje por delante, Layla. Pero recuerda, es importante que los rusos se den cuenta de que ahora les toca a ellos mostrar buena voluntad.

––Lo sé... pero ¿qué te parece?

––¿Sobre qué? ––preguntó Dahlbeck.

––Se producirá un importante cambio en el equilibrio de poder si conseguimos desechar el acuerdo de país anfitrión con la OTAN ––dijo la ministra de asuntos exteriores, levantando las manos.

––En cuanto los rusos nos garanticen que no invadirán los países nórdicos, ayudaremos a Noruega y Dinamarca a negociar una salida conjunta de la OTAN. Pero primero hay que convencer a Moscú de ello ––Los ojos de Dahlbeck se entrecerraron––. La paz y la tranquilidad en la región se crean mediante el diálogo y la confianza.

TRES

La calma reposaba sobre la sala de autopsias del Departamento de Medicina Forense en Solna, y solo se escuchaba la canción «Jag vill ha en egen månne», de Ted Gärdestad, en una pequeña radio de transistores situada en el alféizar de una ventana. La doctora Maria Wojkiewicz casi había terminado el informe de la autopsia de Björklund cuando Anna Palmquist atravesó la puerta batiente y caminó rápidamente hacia la forense inclinada sobre su ordenador portátil. Los tubos fluorescentes del techo proyectaban una luz fría sobre los cinco bancos vacíos de autopsia de acero inoxidable que se alzaban en línea recta. Aunque el suelo estaba recién fregado y los bancos de autopsias clínicamente limpios, no olían a formol ni a detergente.

Un mechón de pelo gris de la Dra. Wojkiewicz cayó sobre su frente mientras miraba sorprendida a Anna por encima de sus gafas de lectura.

––Estaba a punto de enviarte por correo electrónico el informe de la autopsia ––exclamó con un marcado acento polaco.

––Pasaba por aquí de todos modos ––dijo Anna con entusiasmo––. Siempre es mejor hablar entre nosotros que leer el informe y luego tener que hablar por teléfono, de todos modos. Además, así se ahorra tiempo. ¿Verdad?

María sonrió.

––Al menos fue una inyección en el cuello. Ninguna picadura de insecto.

Anna Palmquist tiró vacilante del cordón de la coleta y volvió a atarlo.

––¿Qué conclusión se puede sacar de eso?

La doctora Wojkiewicz detuvo a Anna con un gesto...

––Tenemos que esperar la respuesta de Linköping, Anna. ––Miró rápidamente la pantalla del ordenador y añadió––: La autopsia muestra que murió de un fallo cardíaco. El corazón se paró... ––Breve pausa––. Me puse en contacto con su médico de cabecera, pero me dijo que el interfecto no tenía ninguna cardiopatía... El único problema que tenía era el alcohol, ––dijo María y cerró con firmeza la tapa del portátil como para recalcar que no había nada más que añadir.

––¿Así que no tenía problemas con su corazón? ––Anna insistió.

La forense se echó hacia atrás el mechón de pelo rebelde que le colgaba nuevamente delante de los ojos.

––Bien, pero como he dicho, tenemos que esperar a los análisis del laboratorio forense de Linköping, y eso llevará algún tiempo, como tú sabe.

Anna empezó a pasearse alrededor de la mesa donde estaba sentada María.

––Muchas cosas no están bien.

––Sí, ––admitió la forense con cierta vacilación.

––Así es. Hay algunos signos de interrogación.

––Por eso no puedes descartar el asesinato, ¿verdad?

Maria Wojkiewicz reflexionó un momento antes de responder:

––Sí, no sé... bueno... está claro que recibió un pinchazo, probablemente de una jeringuilla en la garganta, y que murió de un paro cardíaco, aunque no tenía problemas de corazón conocidos. Pero es demasiado pronto para sacar conclusiones. Quiero ver primero los resultados de las pruebas antes de especular. Veremos si encuentran algún residuo tóxico en el cuerpo.

Se hizo el silencio. Sólo se oía de fondo la música de la radio.

No había mucho más que decir, se dio cuenta Anna, y cambió rápidamente de tema:

––¿Sigues con Gunnar?

María soltó una risita:

––Sí, casi hemos llegado a ser una pareja ya en los viejos tiempos. ¿Por qué lo preguntas?

Anna se encogió de hombros.

––No, nada especial. Anoche hablé con Gunnar a toda prisa y le prometí que le llamaría hoy. Pero no sé si tendré tiempo. Si le ves, por favor, dile que le llamaré en cuanto pueda.

––Claro, lo haré.

***

De vuelta a la comisaría, Anna empezó a revisar de nuevo el caso de Karen Ferm cuando llamaron a la puerta. Miró por encima de la pantalla del ordenador y en el umbral vio a Stig Bohman, de Säpo, quien, con una forzada sonrisa, le preguntó si tenía unos minutos libres para él.

––Pido disculpas por llegar sin avisar.

Resultaba cuando menos curioso que un hombre como Bohman, con una posición tan elevada en Säpo, la buscara personalmente en su oficina, pensó, pero ocultó sus pensamientos tras una educada sonrisa. Bohman era un hombre corpulento de unos cuarenta años, con la cabeza calva como una bola de billar y grandes e intensos ojos azules sin cejas. Vestido con un traje azul a rayas con camisa blanca y corbata roja de lunares, parecía más un hombre de negocios que un agente de Säpo, y su tez bronceada, que tendía al naranja, probablemente la había adquirido en un solárium. Sin duda había cambiado desde que había cambiado de trabajo, pensó Anna, señalando la silla más cercana al escritorio. Era cierto que le conocía desde hacía mucho tiempo; habían trabajado juntos varias veces. Pero no se hablaban desde que el Rikskrim, la Policía Criminal Nacional,fue sustituida por el NOA, el Departamento de Operaciones de la Policía Nacional y Bohman pasó a ser director operativo adjunto de contraespionaje de Säpo cuando el Servicio de Seguridad sueco trasladó su sede a Bolstomtavägen 2, en Solna.

Se sentó, usando su chaqueta para ocultar su prominente abdomen, y miró a Anna como si no supiera muy bien cómo empezar.

––Se trata de Anders Björklund ––dijo finalmente.

Anna asintió, pero no movió un músculo.

Tras aclararse la garganta, Bohman continuó con profunda seriedad:

––Hace un par de semanas, en Säpo recibimos una carta certificada de Björklund en la que nos decía que temía por su vida. Tenía que ver con lo que él llamaba «el asesinato de Karen Ferm», su novia, que murió en un accidente de coche muy publicitado a mediados de los 80.

––Estoy al día del caso de Karen Ferm ––intervino Anna, señalando la pila de viejos documentos de archivo.

––Según la carta, estaba a punto de descubrir quién estaba detrás del asesinato. Hizo hincapié en que no era la Stasi, como se dijo en su momento... ––Bohman señaló los documentos y Anna confirmó con un movimiento de cabeza––. Culpar a la policía de seguridad de Alemania del Este era sólo una cortina de humo para proteger a los verdaderos asesinos y el motivo, afirmaba Björklund en la carta, y quería vernos lo antes posible. Pero, por desgracia, la carta se atascó en la maraña burocrática...

Anna frunció el ceño.

––¿Has encontrado algo en tu investigación que respalde su afirmación de que su vida corría peligro? ––preguntó Bohman.

––Estamos esperando los resultados de los análisis de Linköping. Pero hay algunas incertidumbres ––Se tiró de la coleta.

––¿Cómo qué?

––Murió de un fallo cardíaco. Se le paró el corazón. Pero no tenía problemas cardiacos. La autopsia forense también descubrió que tenía un pinchazo de una jeringuilla en el cuello... En su apartamento encontramos señas de que tenía un portátil, pero no encontramos el portátil en sí ––Anna suspiró en voz baja––. Quería hacer una investigación más exhaustiva en su casa, pero, como sabes, hasta que no tengas algo más concreto que indique que podría tratarse de un asesinato, no puedo conseguir más recursos.

Bohman asintió.

––Entiendo. Pero quizá podamos ayudarnos mutuamente. Ya has trabajado antes con nosotros, Anna, y en este caso concreto necesitamos un detective inspector con tu experiencia. ¿Qué me dice? ––Sonrió incitadoramente.

––Sí, por supuesto. ¿Es urgente? ––respondió Anna, ligeramente sorprendida.

––Sí, es urgente.

––Para ahorrar tiempo, podríamos empezar con una inspección más exhaustiva de su apartamento mientras esperamos los resultados del análisis ––sugirió Anna.

––Absolutamente. Me aseguraré de que recibas más recursos y mano libre. Al mismo tiempo, taparemos la investigación. Así podremos trabajar en paz y tranquilidad.

––¿Quién crees que está detrás?

Bohman se encogió de hombros. Es algo grande, con importancia política. Creo que hay que remontarse al caso de Karen Ferm. Ahí está el motivo.

Anna dudó un segundo ante de añadir:

––Iba a contactar a Gunnar Jansson. Él estaba aquí cuando Karen fue asesinada... Eso fue hace casi treinta años. Creo que podría ser muy útil. Pero sé que tú y Gunnar no se caéis bien.

––Era un viejo rencor. Ya lo hemos superado. Si crees que Jansson puede ser útil, no tengo nada en contra de que participe. En ese caso, tendrá que venir y firmar unos papeles sobre un voto de silencio y demás... Ya no es policía, así que tendremos que pensar en algo. ¿Tal vez algún tipo de contrato de consultoría? Tendremos que hablarlo con el departamento de recursos humanos. Ya te avisaré.

––Aunque puede que ni siquiera le interese ––dijo Anna vacilante, pero Bohman, que ya estaba saliendo de la habitación, se limitó a reírse con la mano en el pomo de la puerta:

––Seguro que sí le interesará. Jansson es un auténtico sabueso, y si ya has hablado con él sobre Björklund, seguro que está pegado al teléfono, esperando a que vuelvas a llamar.

CUATRO

Las llamas se alzaron como lenguas rojas en la oscura noche. De la vieja escuela de la pequeña comunidad de Escania sólo quedaban algunas paredes de madera medio quemadas. El presentador de las noticias Aktuell del segundo canal del ente público informó de que, además del presunto incendio intencionado en Escania, unos desconocidos habían lanzado la noche anterior una granada de humo contra el chalé del ministro de Justicia y Migración, Omar Seif, en Vallentuna ––en la pantalla del televisor apareció una foto del ministro socialdemócrata, pero que Seif y su familia no se encontraban en casa en el momento del ataque.

Gunnar Jansson estaba a punto de apagar el televisor cuando un nuevo reportaje mostró que un par de horas antes se había producido un grave incidente, cuando dos pesados bombarderos rusos volaron en dirección de Blekinge y Karlskrona. En la pantalla se mostraron imágenes de archivo de los bombarderos rusos TU-22, mientras una voz en off explicaba que aviones Gripen suecos habían seguido a los aviones rusos, que se habían desviado justo antes de la frontera territorial y luego continuaron más allá de Gotland.

«Este tipo de avión, que también puede llevar armas nucleares», continuó el presentador, «ha estado volando cada vez más a menudo sobre el mar Báltico. Incluso los F-16 daneses han seguido a los aviones rusos a una altitud de 8.500 metros». En pantalla completa, se dio la bienvenida a un nuevo invitado al estudio. «Está con nosotros en el estudio Rolf Andersson, ex teniente coronel de las Fuerzas Aéreas que trabajó en la Escuela Superior de Defensa». Andersson devolvió el saludo con un amistoso porte militar.

«¿Qué está pasando? ¿Cuál podría ser el propósito de semejante provocación en un momento en que la ministra de Asuntos Exteriores Basara-Johansson se encuentra de visita oficial en Moscú?», preguntó el presentador.

«Como saben, la base principal de la Armada, la Base Naval, se encuentra en Karlskrona. En Kallinge se encuentra la Flotilla F 17 de la Fuerza Aérea de Blekinge, garante de tres de los cuatro lanzamientos de intercepción de Gripen en respuesta ante incidentes. Dado que hay objetivos militares en la dirección de aproximación, es razonable suponer que han estado practicando para una operación militar en una situación de guerra contra Suecia. Pero este comportamiento provocador no sólo es amenazador, sino también innecesario, ya que estos bombarderos llevan misiles de crucero y no necesitan acercarse tanto a la frontera. Creo que hay otro propósito...

––¿Cuál?

––¡Una clara señal a Suecia para que no se acerque a la OTAN!

––Pero el gobierno sueco ha declarado repetidamente que no nos uniremos a la OTAN, más recientemente el secretario del Gabinete Per Dahlbeck ha confirmado que Suecia permanecerá no alineada e impulsará una zona nórdica libre de armas nucleares.

––Los países nórdicos han elegido políticas de seguridad diferentes. Noruega, Dinamarca e Islandia son miembros de la OTAN; Suecia y Finlandia están militarmente no alineados, que es una de las razones por las que Suecia concede especial importancia a la relación con Finlandia.

––Por último, en concreto, ¿qué cree que quieren conseguir los rusos con estas provocaciones?

Jansson se inclinó hacia delante en el sofá para escuchar mejor lo que tenía que decir el experto en seguridad internacional.

«Creo que el Kremlin quiere utilizar todos los medios de presión posibles a su alcance para impedir un acercamiento de Suecia a la OTAN, y creo que el gobierno quiere llegar a algún tipo de acuerdo con Moscú para evitar tensiones políticas y militares en el norte de Europa».

El móvil de Jansson sonó. Bajó el volumen del televisor. Era Anna Palmquist, que le preguntaba si tenía unos minutos para ella.

––¿Cuándo?

––Ya estoy aquí en Bellmansgatan.

Gunnar miró por la ventana. Anna le saludó.

––Tres, cuatro, ocho, nueve...

––¿Qué?

––¡El código de la puerta!

Cerró el televisor, que mostraba un mapa nublado y lluvioso de Suecia.

***

Gunnar esperaba en la puerta con una amplia sonrisa y los brazos extendidos. Anna dio un cálido abrazo a su viejo amigo. Enseguida se dio cuenta de que no se trataba de una simple visita de cortesía.

––Desde luego no fue ayer... ––Anna asintió lentamente–– ¿Quieres un poco de vino? ¿Tinto o blanco?

––¿No tienes algo más fuerte? ¿Un verdadero dry martinis, de esos que sólo tú puedas hacer? ––preguntó Anna.

––Vaya, ¿tan grave es? ––preguntó Jansson con curiosidad y se apresuró a ir a la cocina a preparar dos Martini secos.

––Menos mal que he cogido el metro ––murmuró para sí Anna y se acercó al gran ventanal de la sala, contemplando el campanario iluminado de la iglesia de Santa María mientras pensaba en cómo contarle a Gunnar toda la historia.

Lleno de curiosidad, Jansson le sirvió a Anna el Martini seco y se acomodó cómodamente en su sillón favorito.

Gunnar Jansson tenía casi 70 años, pero seguía en buena forma y con un aspecto agradable. Un metro y ochenta centímetor de altura, delgado y con manos de leñador. Pelo blanco corto, orejas grandes, ojos azules intensos, nariz curvada en un rostro nudoso. Parecía más un granjero que un antiguo detective. En silencio, Jansson dio un sorbo a su bebida mientras esperaba a que Anna, que se había hundido en el sofá, empezara a hablar.

Empezó con el incidente del parque Vasa, sobre cómo descubrió un pequeño orificio en el lado derecho del cuello de Björklund, un orificio que después de la autopsia resultó ser el orificio de una jeringuilla. No era una picadura de insecto, como ella esperaba, dijo, y continuó:

––Fue entonces cuando empecé a darme cuenta de que no todo estaba en orden.

Anna vació su vaso antes de empezar a describir la conversación con Stig Bohman. Gunnar permaneció en silencio, haciendo girar el vaso en sus grandes manos y escuchando atentamente sus sugerencias.

Cuando terminó, preguntó directamente:

––¿Qué te parece? ¿Considerarías trabajar conmigo en esta investigación? Como una especie de consultor.

Sorprendido, Jansson dejó su vaso sobre la mesa y se quedó pensativo.

––¿Trabajar contigo y Bohman...? ––Preguntó vacilante.

––Stig ha cambiado de opinión, Gunnar. Cree que puedes ser de gran ayuda en este caso. En primer lugar, porque estabas allí en el momento en que Karen Ferm fue asesinada.

––Oh, sí, aún no está probado que fuera asesinada.

––¡Eso crees!

––¿Creer? Eso es algo que hacemos en la iglesia ––dijo riendo, rascándose pensativo la barbilla.

Hubo un momento de silencio. Lo único que se oía era el ruido de fondo de la ciudad que se interponía sin piedad.

––¡Sí! ––dijo de repente––. Te ayudaré, pero quiero tener lo menos posible que ver con Bohman. Tendrás que encargarte de esa parte.

Anna asintió satisfecha y corrigió la coleta con una sonrisa.

––De todos modos, en la carta a Säpo, Björklund escribió que Karen fue asesinada, pero no por la Stasi, y que culpar a la policía de seguridad de Alemania del Este del asesinato de Karen era una cortina de humo para proteger a los verdaderos asesinos y el motivo.

––¿Quieres otro? ––Gunnar señaló su vaso vacío. Anna negó con la cabeza.

––¿Qué es lo primero que quieres hacer? ––preguntó en su lugar.

Gunnar volvió a rascarse la barbilla y se tomó su tiempo antes de contestar.

––Bueno, tengo que leer todo sobre Karen Ferm, por supuesto, pero antes me gustaría inspeccionar el apartamento de Björklund. Si es posible.

––Eso suena bien. Yo misma iré allí de nuevo. Podemos hacerlo junto con Hanna Olson, la científica forense. Ella estuvo allí conmigo la primera vez. Pero primero tenemos que ir a Säpo. Tienes que firmar algunos papeles... También habrá algo de dinero para ti, porque trabajarás como consultor para nosotros.

––Bien ––respondió Gunnar, poniendo los ojos en blanco.

––Entonces, ¿quizás puedas permitirte llevarme a cenar al KB?

––Puede que sí... ––dijo él, asintiendo emocionado.

CINCO

Tras un trayecto de apenas cinco minutos desde el barrio de la Unión Europea en la plaza Schuman, en el centro de Bruselas, el secretario del Gabinete, Per Dahlbeck, descendió de un Mercedes negro en la entrada del Hotel Brussels, en el número 38 del Boulevard de Waterloo. Tras echar un rápido vistazo al gran edificio anónimo con un toque estéril de diseño moderno japonés, se apresuró a entrar en el vestíbulo.

En uno de los grandes sillones azules del vestíbulo, un hombre vestido con un elegante traje leía el Financial Times. Sin levantar la cabeza, siguió con la mirada al secretario del Gabinete, que se dirigió rápidamente al ascensor cercano.

En su habitación, Dahlbeck se quitó inmediatamente la chaqueta, se aflojó la corbata y se sirvió dos botellas de whisky en miniatura del minibar en un vaso de plástico, que bebió a pequeños sorbos, pensativo, mientras contemplaba con indiferencia la generosa vista desde la decimoquinta planta. Faltaban dos minutos para las tres. Consultó sus dos relojes de pulsera. Ya en su juventud estaba obsesionado con el tiempo, pues había leído en un panfleto izquierdista que durante el asalto al cuartel Moncada Fidel Castro llevaba dos relojes de pulsera para estar seguro de la hora exacta en que comenzaría el ataque. Hacía mucho tiempo que el secretario del Gabinete no contaba aquella anécdota, pero, aunque ahora evitaba hacer pública su admiración por el fallecido dictador cubano, seguía llevando dos relojes de pulsera como recuerdo.

Llamaron a la puerta.

***

El hombre del vestíbulo se deslizó hasta la habitación y esperó en silencio a que Dahlbeck cerrara la puerta.

––Tenemos una hora, no más ––dijo el secretario del Gabinete en ruso.

El General, como se hacía llamar el hombre, se sentó en uno de los sillones junto a la ventana.

––El centro informa de que el peligro ha pasado... ––respondió el General, mirando hacia Bruselas.

––¿Qué quieres decir?

––El periodista... ––contestó el ruso y con una sonrisa se volvió lentamente hacia el sueco. Pero el problema es que no hemos encontrado nada en su portátil, ni nada que pudiera ser comprometedor para ti ni nada interesante en absoluto… Sólo porquerías. Debe de haber escondido el material en otra parte.

––¿Has registrado también su piso?

El General asintió en silencio.

—La ministra de Asuntos Exteriores, Basara-Johansson, no se ha comportado en Moscú como esperábamos.

––¿Qué quieres decir? ––preguntó Dahlbeck.

––Debería haber presentado propuestas concretas, como habíamos acordado contigo. Pero en lugar de eso, siguió exigiendo una explicación de por qué nuestros bombarderos estaban haciendo practicas tan cerca de la frontera territorial sueca.

––¿Y por qué hicieron ustedes eso? No era necesario.

El general se encogió de hombros con indiferencia.

––Nuestro acuerdo es que debes convencerla a ella y al gobierno sueco de que inicien conversaciones con los demás países nórdicos, en primer lugar, con Finlandia, para revivir la vieja doctrina de una zona nórdica desnuclearizada, de modo que el mar Báltico pueda trasformarme en el Mar de la Paz.

El secretario del gabinete Dahlbeck acariciaba nervioso el vaso de plástico vacío. Sentía la creciente preocupación de que los rusos estuvieran avanzando demasiado rápido en sus planes para forzar a Suecia a salir de la influencia de la OTAN.

––Esto es lo que exige el Kremlin. ¿Lo entienden? Es Suecia la que debe dar el primer paso, no nosotros...

Dahlbeck volvió a mirar sus dos relojes de pulsera y cogió otra botellita de whisky del minibar. Con un gesto, ofreció un trago al General.

––Agua mineral, por favor ––respondió brevemente el ruso, y volvió a centrar su atención en la ventana panorámica y la puesta de sol sobre Bruselas.

Los angustiosos pensamientos del secretario del Gabinete se diluyeron con el whisky.

––¿Y qué pasará conmigo en el futuro? ––preguntó Dahlbeck, entregándole el vaso de agua al General.

––Continuarás como antes. No se preocupe. Te ayudaremos, y mientras hagas lo que te digamos, no hay riesgo de que tu pasado como espía soviético se haga público.

El ruso se inclinó hacia Dahlbeck y depositó un grueso sobre, encima la mesa.

***

El TP 102 Swedeforce 24, uno de los tres reactores utilizados por las Fuerzas Armadas suecas para trasportar a los altos mandos civiles y militares de Suecia y a la familia real, se disponía a despegar del aeropuerto de Bruselas-Zaventem con destino a Estocolmo-Bromma. El secretario del Gabinete Dahlbeck se abrochó el cinturón de seguridad mientras el Gulfstream aceleraba sus dos motores y comenzaba a rodar lentamente por la pista.

Unos minutos más tarde estaban en el aire. Dahlbeck miró cansado por la ventanilla de plexiglás hacia la oscuridad, sólo interrumpida por las intermitentes luces de navegación del avión. Los últimos acontecimientos le habían infundido una sensación de incertidumbre y miedo. El cansancio y el estrés afloraron rápidamente en un vago estado entre el sueño y la realidad. Escenas del pasado y del presente se sucedían. Pensaba que su pasado era sólo eso: el pasado. Recuerdos de los años setenta se fundieron con la conversación entre él y el General: «Mientras hagas lo que te digamos, no hay riesgo de que se haga público tu pasado como espía soviético.»Más viejos recuerdos le sorprendieron... El restaurante Norrås, en Norrtullsgatan, frente al Palacio de los Estudiantes de Estocolmo. Sentado en la mesa cercana a la entrada, bajo la fría corriente de aire cada vez que se abría la puerta. Los recuerdos eran tan claros, tan reales, que casi podía sentir que estaba allí de nuevo. Cómo conoció allí a María y Emilio Uribe. Siempre pedía el mismo plato: entrecot de caballo con patatas asadas y una copa de Parador. Bastante más barato que el entrecot normal, lo que convenía a las finanzas de un estudiante de Norrköping. Emilio apenas sabía sueco, pero María sí. Aprovechó la oportunidad para practicar el español que había aprendido trabajando como guía turístico en España durante el verano. María y Emilio eran exiliados españoles. Opositores al régimen franquista, del País Vasco, y miembros del Partido Comunista de España. Corría el año 1975. Él tenía 23 años, estaba lleno de romanticismo revolucionario y casi había terminado el curso de posgrado. Aunque los Uribes eran al menos veinte años mayores que él, Per disfrutaba discutiendo de política con ellos. Así empezaron a reunirse regularmente. Vivía solo en un apartamento de una habitación en un edificio de derribo en Odengatan, con un lavabo y un retrete en un pequeño armario. Un día, María y Emilio le llevaron a un cóctel en la embajada de Cuba, en Karlavägen 49. Bebió muchos mojitos y Cubalibres. Allí conoció al primer secretario Nelson Vázquez, que era el jefe en Estocolmo de la DGI, el servicio de inteligencia cubano.

Dahlbeck se despertó con una sacudida cuando el motor del Gulfstream redujo su velocidad y el capitán anunció que había comenzado la aproximación a Bromma. A través de la ventanilla vio las brillantes luces de Estocolmo acercándose en la oscuridad.

SEIS

––¿Qué tienes en mente? ––preguntó Anna.

––Bueno, no sé... ––Gunnar negó con la cabeza.

Anna jugueteaba con el móvil y comía dulces mientras Gunnar pedía café y mazarin en una cafetería cercana al parque Vasa. Levantó la vista hacia Gunnar, que esperaba en silencio a la camarera.

––¿Qué pasa? ––insistió Anna con impaciencia, inclinándose hacia delante.

Aunque el nuevo reconocimiento del apartamento de Björklund en Sigtunagatan no había arrojado más pistas, Gunnar Jansson reflexionó sobre algunos de los detalles que había observado durante el registro de tres horas con Anna y la forense Hanna Olsson.

Cuando la camarera desapareció y Gunnar tomó con cuidado un sorbo del café caliente, se quedó pensativo:

––Los libros de la estantería...

––Bueno, ¿qué pasa con ellos?

––Estaban tan bien colocados, en orden... No creo que Björklund fuera tan quisquilloso.

––¿Y…? ––insistió Anna con impaciencia.

––Alguien ha revisado todo el apartamento. Sin dejar ningún rastro.

––Y, ¿qué hay de la mesa de trabajo? La huella en el polvo mostraba claramente que había rastros de algo rectangular, probablemente un portátil que alguien se ha llevado, ¿verdad? Tú mismo lo viste...

Gunnar asintió y observó distraído cómo una joven tecleaba su móvil en la mesa de al lado y su chico tamborileaba indiferente con los dedos sobre la mesa al ritmo de alguna canción en los auriculares.

––Quizá ese fue su único error—. Terminó el mazarin y volvió a sorber su café. Dejando a un lado el caos de la cocina, el apartamento estaba completamente limpio, bien peinado, aunque seguía oliendo a mierda. Un trabajo muy profesional.

––¿Quién crees que puede hacer un trabajo tan profesional?

––Sólo un servicio de inteligencia cualificado puede hacer un trabajo tan clínico. No hay rastros, no hay huellas... Han puesto todo el piso patas arriba, pero lo han dejado como si nadie hubiera estado allí. Sólo un pequeño error: el polvo del escritorio.

Anna se terminó la bolsa de caramelos. Inconscientemente se alisó la coleta y dijo:

––No hay muchos servicios de seguridad que puedan estar interesados en Björklund ––Un tirón en el labio inferior mostró un atisbo de sonrisa––. Ahora empiezo a entender por qué Stig está tan interesado. Quizá sepa más de lo que me ha contado sobre esa carta que Björklund envió a Säpo.

Gunnar se echó hacia atrás.

––No, en realidad no hay muchos entre los que elegir. HVA, la antigua agencia de espionaje exterior de Alemania del Este ya no existe, al igual que otros antiguos servicios de inteligencia de Europa del Este. ¿El Mossad? No, difícilmente... ¿La CIA? Tampoco me lo creo. Si fuera la CIA o el Mossad, Säpo habría actuado de otra manera.

––Así que sólo queda uno... ¡el servicio de inteligencia de la Federación Rusa SVR! ––añadió Anna.

Gunnar se chasqueó la lengua, removió el café que quedaba en la taza y levantó los ojos:

––Cierto, no hay muchas opciones.

––Como te dije ––continuó Anna–– Björklund escribió que no fue la Stasi quien asesinó a Karen Ferm. Que sólo era una cortina de humo para proteger a los verdaderos asesinos y el móvil.

Gunnar se subió el cuello de la camisa como si se estuviera congelando.

––Si es como suponemos, que fue el KGB quien asesinó a Karen, entonces debemos preguntarnos qué es lo que vincula al antiguo KGB con el SVR en este caso concreto. Han pasado treinta años entre estos dos asesinatos. Es mucho tiempo, ¿no? Aunque el KGB y el SVR todavía tienen algunas cosas en común...

––La cuestión es cuánto más sabe Stig que no me haya contado ––dijo Anna, poniéndose un poco de brillo de labios y comprobando si tenía nuevos mensajes en el móvil.

Fuera soplaba un viento frío en el parque Vasa.

***

Stig Bohman no estaba en su habitación cuando Anna y Gunnar fueron a verle media hora más tarde. Le dijeron que regresaría sobre las cuatro, pero Jansson no tenía intención de esperar a Bohman durante tres horas. Decidió volver a casa y leer el expediente sobre Karen Ferm que Anna le había dado cuando sonó el teléfono móvil de ella.

Era Linköping. Aunque los resultados toxicológicos definitivos no estarían listos hasta dentro de un rato, habían encontrado restos de tiopental y otras sustancias en el cuerpo de Björklund ––le susurró Anna a Gunnar guardándose el móvil en el bolsillo––. Será más fácil si hablamos directamente con María para que nos explique qué tipo de sustancia han encontrado.

***

La doctora Wojkiewicz acababa de leer el informe de Linköping cuando Anna y Gunnar entraron en su despacho.

––¿Tiopental? ¿No es un preparado inductor del sueño clasificado como medicamento que en Suecia también conocemos como Pentocur? ––preguntó Anna con exaltación, sin saludar siquiera.

––Así es ––María respondió con una sonrisa tranquila y miró sorprendida a Gunnar que le saludó con un guiño. Sí, el Tiopental o Pentocur es un somnífero narcótico. Pero también han encontrado restos de bromuro de pancuronio en el cuerpo de Björklund –un relajante muscular–, y también cloruro potásico, una sustancia que detiene el corazón. Juntas, estas tres sustancias se utilizan, entre otras, para producir la llamada inyección venenosa.

––¡Así que fue un asesinato! ––dijo Anna, aplaudiendo triunfalmente.

La doctora Wojkiewicz asintió vacilante.

––Pero aún quedan muchas preguntas ––dijo la médica apartándose un mechón de pelo rebelde.

––¿Puedes explicarte un poco más? ––preguntó Gunnar.

––Quiero decir que el efecto de una inyección de tiopental en la garganta no le dejaría necesariamente inconsciente tan rápido.

––¿Cuánto tardaría?

––Es difícil de decir. Depende de cuánto haya recibido y de su condición física.

Anna empezó a caminar de un lado a otro de la habitación.

––Pero si antes le dieron algo, quizá en la comida, un relajante muscular… ¿cómo se llama?

––Bromuro de pancuronio ––respondió la doctora Wojkiewicz.

––Cierto. Si es así, ¿no podría ser más efectivo el tiopental? ––replicó Anna.

––Es posible, pero para parar el corazón hay que inyectar cloruro potásico.

––¿Y si hubieras introducido tiopental y cloruro potásico en la misma jeringa?

Maria Wojkiewicz reflexionó antes de responder:

––No lo sé. Los que posiblemente asesinaron a Björklund pueden tener una preparación más sofisticada. Tenemos que esperar a los resultados toxicológicos definitivos. Lo único que puedo hacer ahora después de leer el informe de Linköping es explicarles lo que significa.

––¿Pero podemos decir, a partir del informe preliminar, que nos hemos acercado a una opinión médica de que probablemente fue asesinado? ––agregó Anna.

––Sí, se puede decir eso, pero no con un cien por cien de certeza. Probablemente estos resultados médicos no bastarían para procesar a un presunto asesino.

***

Stig Bohman, jefe adjunto de operaciones de contrainteligencia de Säpo, estaba sentado en una mesita de la cocina de Säpo, removiendo mecánicamente su café mientras escuchaba atentamente el relato de Anna sobre las toxinas encontradas en el cuerpo de Björklund.

Bohman apretó la mandíbula antes de dejar salir las palabras en un suspiro:

––La cuestión es por qué hubo de morir.

Anna hizo un mohín y bebió un sorbo de su Fanta.

––Según Gunnar, sólo hay un servicio de inteligencia que puede ser elegible, y es el Servicio de Inteligencia de la Federación Rusa, SVR ––Bohman la miró mientras escuchaba.

––Gunnar está convencido de que el apartamento de Björklund fue registrado por los rusos ––dijo Anna.

––Hay algo de cierto en lo que dice... ––murmuró Bohman.

Se hizo el silencio por un momento.

––Stig, ¡debes poner todo sobre la mesa acerca de lo que tú y Säpo saben sobre el caso! Si vamos a cooperar adecuadamente, debemos saber lo que está pasando y tener acceso a toda la información. De lo contrario, no tiene sentido ––Su coleta se balanceó con firmeza mientras negaba con la cabeza y miraba a los ojos evasivos de Bohman que cuidadosamente elaboró una respuesta equilibrada y reflexiva:

––Por supuesto debo informarte qué conclusiones hemos sacado, hasta ahora... Y es bueno que lo plantees ––se enderezó en su silla––. Estamos buscando a un topo ruso que puede estar escondido en la oficina del Gobierno, o en el Ministerio de Asuntos Exteriores. Probablemente un hombre de unos sesenta años, socialdemócrata... Creemos que Karen Ferm murió como Björklund escribió en su carta. Que no fue la Stasi quien la asesinó, ni que el asesinato tuviera nada que ver con los negocios de armas de Bofors con Alemania del Este e Irán. Temía por su vida porque treinta años después, estaba tan cerca de revelar quién había sido el asesino de Karen... ––Bohman hizo una pausa y se aclaró la garganta. Anna esperó ansiosa el resto de la historia mientras su mente se agitaba.

––El 20 de enero de 1984, la PST, Policía de Seguridad noruega detuvo a Arne Treholt en el entonces principal aeropuerto de Oslo, Fornebu, bajo sospecha de espionaje. Fue condenado al año siguiente a 20 años de cárcel por traición... Unos meses después, Karen Ferm fue asesinada en Estocolmo.

Bohman arrugó el vaso de papel vacío, se inclinó hacia Anna y continuó:

––En aquella época Treholt tenía 44 años. Nuestro hombre aquí en Estocolmo –pensamos– es más joven, quizá treintañero en aquel tiempo, y probablemente ya reclutado por el KGB en algún momento de ese periodo... Nos advirtieron, tanto la CIA como el MI6, que probablemente también había un topo en Suecia, igual que Treholt en Noruega. Sabíamos que el KGB se había infiltrado en la Internacional Socialista en varios países. El Partido Socialdemócrata Sueco era uno de los principales partidos de la Internacional Socialista, o como se llamaba dentro del KGB: Sotsintern... La Internacional Socialista era uno de los principales objetivos de la Guerra Fría, tanto para Occidente como para Este. Allí se libró una de las batallas de inteligencia más importantes. Se decía que quien se hiciera con el control de la Internacional Socialista tenía grandes posibilidades de ganar la Guerra Fría. Suecia tenía un papel central en aquella época. Así que era natural que el KGB hiciera todo lo posible por infiltrarse en el Partido Socialdemócrata Sueco, que en aquel momento también estaba en el poder ––Anna escuchó la asombrosa historia de Bohman sin decir una palabra. Si Karen Ferm seguía la pista del topo soviético –como creemos–, entonces el KGB tenía que eliminarla. Y ahora, 30 años después de su asesinato, otro periodista y novio de Karen, también es asesinado... ¿Por qué crees? ––preguntó Stig a Anna que abrió los ojos sorprendida por su repentina pregunta.

––Bueno, ¿qué se puede decir...? ––Anna rápidamente trató de ordenar sus pensamientos––. Que quizá sea el mismo espía el que ha vuelto a hacer de las suyas, y que sigue siendo tan importante para los rusos que están dispuestos a matar para protegerlo. ––La propia Anna se sorprendió un poco de sus propias conclusiones.

Bohman sonrió en señal de acuerdo.

––Esa es mi conclusión también.

––Un topo ––repitió Anna pensativa––. ¿Tienes otra información de inteligencia que pueda relacionar estos dos asesinatos con la misma organización de espionaje, o es sólo una hipótesis?

Stig Bohman negó lentamente con la cabeza.

––No... tenemos alguna información que confirma parcialmente nuestros temores, pero desgraciadamente no puedo revelarles ningún detalle. Lo que sí puedo decir es que un oficial del KGB que desertó tras la caída de la Unión Soviética reveló a la CIA que había un espía sueco del KGB, de nombre en clave Slim, queera un socialdemócrata activo y trabajó en la cancillería del gobierno a mediados y finales de los años ochenta. Más tarde, un oficial de la SVR que desertó hace unos años, reveló a la CIA que el servicio de inteligencia ruso tenía, como quien dice, dos contactos suecos de confianza en Suecia. La CIA pudo identificar a uno de estos dos espías. Un diplomático sueco que estaba destinado en la Misión Permanente de Suecia ante la ONU en Nueva York. Su nombre en clave era Silvester. Säpo y el Ministerio de Asuntos Exteriores tuvieron que mantener el caso en secreto porque el fiscal de espionaje se vio obligado a abandonar la investigación porque para que se considere espionaje, el fiscal debe demostrar que la divulgación de la información era perjudicial para la seguridad nacional, lo que significa la defensa militar o defensa total de Suecia. Y no pudo hacerlo en este caso. Así que, como he dicho, la investigación preliminar se cerró. Ya en 2007, Säpo escribió al Gobierno pidiendo que se modificara la legislación sobre espionaje y se ampliara el concepto de espionaje. En 2014, por fin conseguimos una nueva ley de espionaje que reforzaba la protección contra las actividades de inteligencia de otros países, entre otras cosas, introduciendo un nuevo delito en el Código Penal: actividades ilegales de inteligencia contra Suecia. El delito abarca las actividades de inteligencia encaminadas a recabar información que pueda perjudicar a Suecia si otro país tiene conocimiento de ella.

Anna se echó hacia atrás:

––¿Así que, si ese hombre de Relaciones Exteriores fuera desenmascarado hoy, sería condenado por espionaje?

Bohman asintió y una leve sonrisa apareció en la comisura de sus labios.

––Más vale tarde que nunca...

––Pero ¿qué pasó con el otro contacto confidencial de la SVR? ––preguntó Anna con curiosidad. Stig Bohman suspiró. ––Bueno, el otro contacto confidencial... lo único que sabemos es que su nombre en clave es Ove.

––Slim y Ove... ––repitió Anna pensativa––. ¿Podrían ser la misma persona?

El agente de inteligencia levantó los hombros e hizo una pequeña mueca:

––Es posible. De ser así, vincularía estos dos asesinatos...

––Pero si Säpo ya sabe que Björklund fue asesinado por el SVR, y que los que lo asesinaron, casi seguro que ya no están en Suecia, y que será imposible meter a nadie entre rejas, ¿por qué deberíamos Gunnar y yo seguir trabajando en el caso? ¿No es mejor que la propia Säpo se encargue de todo?

––Nosotros somos buenos persiguiendo espías... Vosotros sois buenos persiguiendo asesinos. Gunnar en realidad puede hacer ambas cosas. Continuaremos nuestro trabajo, aunque el contacto con nuestros viejos amigos de inteligencia no sea hoy como antes, pero necesitamos tu experiencia y la de Gunnar, más que nunca. Si encontráis a la persona que asesinó a Björklund y Karen Ferm, entonces es probable que podamos encontrar al topo ruso.

SIETE

El resplandor de la pequeña lámpara del escritorio iluminaba el rostro del Dahlbeck. El resto de la habitación estaba a oscuras. Cansado y desinteresado, estaba inclinado sobre un grueso documento cuando, tras unos débiles golpes, la puerta de su oficina en el Palacio del Príncipe se abrió y apareció la silueta de Layla Basara-Johansson.

––¿Está ocupado? ––preguntó la ministra de Asuntos Exteriores.

Dahlbeck se levantó rápidamente, saludó a Basara-Johansson y con un gesto invitó a la ministra a sentarse en una de las dos sillas frente al escritorio sobre el que colgaba «El festín de Belsasar» de Robert Lefèvre.

––En absoluto, estaba leyendo un memorando sobre recortes en nuestras embajadas en Sudamérica. Iba a llamarte... ––continuó con cara de disculpa.

––De todas formas, pasaba por aquí ––interrumpió la ministra de Asuntos Exteriores en tono neutro.

Hubo un silencio incómodo antes de que Basara-Johansson volviera a hablar.

––He hablado de mi viaje a Moscú con la primera ministra. Ella está de acuerdo conmigo.

Dahlbeck tuvo que hacer un esfuerzo para no revelar su irritación «¿Qué demonios quiere decir?»En su lugar se retorció y preguntó tímidamente:

––¿Sobre qué?

––No podemos tolerar el comportamiento de los rusos, esos vuelos provocadores, mientras yo estaba de visita en Moscú para decirles que Suecia está dispuesta a iniciar conversaciones con ellos para reabrir la cuestión de una zona desnuclearizada en la región nórdica. Así que ahora hemos decidido suspender estas conversaciones...

––Por supuesto que el comportamiento de Rusia es inaceptable, y por supuesto que es necesaria una reacción enérgica por nuestra parte. Pero creo que sería un poco prematuro romper por completo las conversaciones bilaterales con Moscú. Suecia, de hecho, toda la región nórdica, necesita una política de seguridad común para crear una distensión sostenible en nuestro continente, Layla.

Basara-Johansson negó firmemente con la cabeza. Dahlbeck intentó una táctica más amenazadora:

––Sabes muy bien que, si no llegamos a un acuerdo con los rusos, las consecuencias militares y de política exterior serán catastróficas...

––¡Es inaceptable que los rusos actúen así, Per! Nosotros decidimos nuestra propia política exterior y de seguridad y no nos dejaremos intimidar por su retórica. Somos militarmente no alineados y seguiremos siéndolo...

Per Dahlbeck percibió un cambio radical en la actitud de la ministra de Asuntos Exteriores hacia Rusia. «Algo pasó en Moscú de lo que no quiere hablar» pensó. «¿Algo sobre su fe musulmana, quizás? A los rusos no les gustan los musulmanes, y menos las musulmanas con poder político...».

––Como bien saben, no hay riesgo de que Suecia entre en la OTAN ––continuó Basara-Johansson––. El Partido Verde, los socialdemócratas y la izquierda, junto con el DS, tienen mayoría en el parlamento para impedir la entrada de Suecia. El Gobierno está decidido a no entrar en la OTAN, aunque pasemos a depender de la extrema derecha de los Demócratas Suecos en el Parlamento.

Dahlbeck se dio cuenta de que no lograría convencerla de que cambiara su repentina aversión a Rusia, y que incluso podría ser arriesgado mostrar un interés excesivo por defender a los rusos.

Layla Basara-Johansson se levantó lentamente y añadió:

––De todos modos, no es algo que vayamos a publicitar en los medios de comunicación. La nota de protesta que entregaremos hoy al embajador ruso es suficiente.

***

El secretario del gabinete esperó unos instantes a que la ministra de Asuntos Exteriores saliera de su despacho antes de llamar a su chófer y al escolta de Säpo y pedirles que su coche estuviera listo en la entrada del MAE en cinco minutos. Con un pañuelo, se secó el sudor frío de la frente y guardó nerviosamente algunos papeles de su escritorio en un maletín.

Unos minutos más tarde, Dahlbeck se sentó en el asiento trasero de su BMW negro oficial y contempló pensativo cómo caía copiosamente la nieve húmeda, que sólo permitía la visibilidad a unos metros de distancia. «¿Qué pretende realmente Moscú provocando a Basara-Johansson durante su visita? Ahora la situación está en punto muerto y Layla se ha convertido en un obstáculo más que en una ventaja» pensó. Los faros del tráfico que se aproximaba cortando la bruma y el estruendo de los neumáticos con clavos en la nieve le devolvieron a la realidad.