El futuro - Nick Montfort - E-Book

El futuro E-Book

Nick Montfort

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Beschreibung

Cómo se ha imaginado y creado el futuro a través del trabajo de escritores, artistas, inventores y diseñadores. El futuro es un libro que no se ha escrito. No lo vemos en una bola de cristal ni lo podemos predecir, como al clima. En este volumen de la serie Conocimientos esenciales de MIT Press, Nick Montfort sostiene que el futuro es algo que debe hacerse, no predecirse. Este libro contiene lo que considera esencial sobre el futuro: cómo se ve en el trabajo de escritores, artistas, inventores y diseñadores (principalmente de la cultura occidental) que desarrollaron y describieron los componentes centrales de los futuros que imaginaron. El enfoque de Montfort no es el de la futurología o la planificación de escenarios, sino el del trabajo de construir el futuro; el de los pensadores que se dedicaron a escribir páginas de ese libro no escrito. Douglas Engelbart, Alan Kay y Ted Nelson no predijeron el futuro de la informática, por ejemplo. Fueron algunos de los que lo crearon. Montfort se centra en cómo el desarrollo de tecnologías, especialmente tecnologías digitales, se ha vinculado con ideas sobre el futuro. Los lectores aprenderán sobre las cocinas del futuro y la visión que suponen; las utopías literarias, desde La República de Platón hasta Mirando atrás de Edward Bellamy y Matriarcadia de Charlotte Perkins Gilman; la exhibición de Futurama en la Feria Mundial de Nueva York de 1939; y lo que condujo a la invención de la World Wide Web por parte de Tim Berners-Lee. Montfort describe la computadora portátil como una alternativa a escala humana a la idea de la computadora como un "cerebro gigante" del tamaño de una habitación; cómo funciona la práctica especulativa en diseño y ciencia ficción; y, a la larga, cuáles son las mejores formas de imaginar y construir el futuro.

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Seitenzahl: 178

Veröffentlichungsjahr: 2024

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EL FUTURO

EDICIONES UNIVERSIDAD CATÓLICA DE CHILE

Vicerrectoría de Comunicaciones y Extensión Cultural

Av. Libertador Bernardo O’Higgins 390, Santiago, Chile

[email protected]

www.ediciones.uc.cl

EL FUTURO.

MIT Press / Conocimientos esenciales

NICK MONTFORT

© 2017 Massachusetts Institute of Technology

Inscripción N° 2023-A-9466

Derechos reservados

Agosto 2023

ISBN 978-956-14-3110-2

ISBN digital 978-956-14-3111-9

Traducción: English UC Language Center

Ilustración de portada: Joaquín Rosas Sotomayor

Diseño y diagramación: versión productora gráfica SpA

CIP - Pontificia Universidad Católica de Chile

Balaguer, Mark, autor.

El futuro / Nick Montfort. Serie de conocimientos esenciales de MIT Press.

Incluye bibliografía.

1. El futuro.

I. t.

II. The Future. Español.

2020 123.5 + DDC23 RDA

La reproducción total o parcial de esta obra está prohibida por ley. Gracias por comprar una edición autorizada de este libro y respetar el derecho de autor.

Diagramación digital: ebooks [email protected]

La mejor manera de predecir el futuro es crearlo.

Alan Kay

CONTENIDOS

Prólogo de la serie

Prefacio

Capítulo 1: De cara al futuro

Capítulo 2: Oráculos, profecías y adivinaciones

Capítulo 3: Utopías literarias

Capítulo 4: Palabras en libertad, arte para el futuro

Capítulo 5: Ferias mundiales y exhibición del futuro

Capítulo 6: La preinvención de la Web

Capítulo 7: El computador se convierte en libro

Capítulo 8: Ficciones actuales: diseño de ficción, ciencia ficción

Capítulo 9:

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PRÓLOGO DE LA SERIE

La serie Conocimientos esenciales de MIT Press ofrece libros accesibles, concisos y atractivos sobre temas de interés actual. Escritos por destacados pensadores, los libros de esta colección entregan una visión general de expertos sobre los más variados temas que van desde lo cultural e histórico a lo científico y técnico.

En la era actual de información instantánea, accedemos fácilmente a opiniones, racionalizaciones y descripciones superficiales, mientras que el conocimiento fundamental que brinda una comprensión del mundo basada en principios es mucho más difícil de encontrar. Los libros de esta serie satisfacen esta necesidad. Al sintetizar conceptos especializados para un público no experto y abordar temas críticos a través de sus fundamentos, cada uno de estos volúmenes compactos ofrece a los lectores un punto de acceso a ideas complejas.

Bruce Tidor

Profesor de Ingeniería Biológica e Informática

Instituto de Tecnología de Massachusetts

PREFACIO

Quizás sería mejor que esta y el resto de las páginas estuvieran vacías. No por nada se dice que el futuro es un libro que todavía no se escribe. Aunque hayas decidido leer este libro en un futuro cercano, no es en sí mismo futuro. Tampoco resume todas las ideas importantes, y a menudo contradictorias, sobre el futuro que se han expresado hasta ahora en la cultura humana y a lo largo de toda su historia. Incluso resumiendo lo más posible, sería difícil hacerlo en un libro así de corto. Un análisis que realmente estuviera a la altura de la tarea podría no caber en ningún libro. En su lugar, planteo un debate sobre cómo se ha imaginado el futuro a nivel productivo, principalmente en la cultura occidental y en particular en Estados Unidos. Me centro en las formas en que el desarrollo tecnológico (en particular las tecnologías informáticas y de los medios de comunicación) se ha relacionado con las ideas sobre el futuro: cómo la creación de futuro ha formado parte del desarrollo de la informática y los medios digitales y cómo los computadores también han motivado nuevas expectativas e ideas sobre el futuro¹.

Lo que pretendo en este libro es demostrar que es posible imaginar el futuro de forma sistemática y con suficiente detalle, que se puede compartir la imaginación del futuro con otros, y que es posible trabajar para desarrollar innovaciones específicas que sean parte de dicho futuro. Al hacerlo, las personas, las comunidades y las organizaciones pueden influir en lo que se avecina. No es una mirada del futuro como un paisaje nebuloso o como una visión en una bola de cristal. El futuro, tal como lo planteo, es más bien un libro en blanco. No podemos limitarnos a pensar en cómo verlo: tenemos que escribirlo. El futuro no es algo que debamos predecir, sino hacer.

Es una idea poderosa. Los investigadores, los escritores, los inventores y otras personas están constantemente intentando crear nuevos futuros. Sin embargo, la idea de que el futuro es inevitable o algo que, en el mejor de los casos, puede predecirse, está bastante extendida culturalmente. Si miramos hacia el futuro solo para reaccionar, quizás podamos mejorar nuestras posibilidades de supervivencia, pero ¿con qué fin? Si adoptamos una visión de este tipo, dominada por la predicción, renunciamos a muchas de nuestras propias capacidades y sueños, intentando, en el mejor de los casos, ir hacia algo provechoso en un mar de cambios o quizás simplemente tratando de evitar ahogarnos en él.

No cabe duda de que existen buenas razones para desarrollar y utilizar facultades predictivas. Si podemos determinar que un asteroide va a chocar con la Tierra, tal vez podamos enviar un equipo de perforación al espacio para destruirlo. O bien, dejando de lado lo absurdo por un momento, si podemos predecir que nuestro clima cambiará a causa de las actividades industriales y humanas, podríamos decidir hacer todo lo posible para detener o invertir esa tendencia. En ambos casos, es apropiado predecir estos sucesos que están fuera de nuestro control directo —catástrofes naturales— así como los que son consecuencia de nuestra acción. Pero un planteamiento del futuro que solo contempla predecir y reaccionar, en vez de desarrollar objetivos y progresar hacia ellos, es incompleto. Monitorear huracanes puede ser prudente, pero no es lo único que deberíamos hacer con respecto al futuro y tampoco servirá para el desarrollo de una sociedad mejor.

Este libro fue desarrollado específicamente para la serie de conocimientos esenciales de MIT Press, y fue concebido desde el comienzo como parte de la misma. Mientras lo escribía, intenté mantener siempre el foco en lo que considero conocimientos esenciales sobre el futuro. Hay ciertas actividades académicas y prácticas empresariales que tratan explícitamente del futuro, conocidas bajo el nombre de estudios del futuro, futurología y planificación de escenarios. A quienes les resulten útiles estas disciplinas: me alegro. Sin embargo, este libro no trata de estas áreas de estudio².El enfoque más esencial del tema en cuestión, desde mi punto de vista, se encuentra en la creación de futuro. Específicamente, en el trabajo de escritores, artistas, diseñadores, inventores y otros innovadores que desarrollaron y detallaron los componentes básicos de los futuros que imaginaron. También se encuentra en las prácticas continuas de estos creadores de futuro recientes y actuales.

Me dedico a trabajar como crítico y teórico, y como creador de poesía, arte digital y otros tipos de trabajo relacionados, en el campo de los nuevos medios y los medios digitales. Mis enseñanzas y discusiones con otras personas me llevaron a escribir este libro. A lo largo de los años he discutido sobre los medios digitales con diversas personas, incluyendo muchos estudiantes, y me he dado cuenta de que a menudo desarrollan visiones bastante sesgadas y poco útiles del trabajo de los pioneros de los nuevos medios como Vannevar Bush (autor del ensayo “As We May Think”) y Ted Nelson (autor de Literary Machines y Computer Lib/Dream Machines). Incluso aquellas personas que han leído detenidamente el trabajo de estos pensadores, y que tienen una opinión bastante favorable sobre sus contribuciones tempranas al campo, a menudo concluyen acertaron en la predicción de algunas cosas —por ejemplo, ciertos aspectos del hipertexto y la Web de forma sorprendentemente precisa. Desafortunadamente, fallaron en la predicción de otras cosas.

Esto es similar a decir que Thomas Edison predijo la ampolleta, pero no ciertas cosas sobre ella. En estos casos, ni Bush ni Nelson desarrollaron sistemas públicos completos que pudieran considerarse predecesores de la Web, tampoco construyeron ni impulsaron la ampolleta práctica y cotidiana que utilizamos hoy en el sentido más material (no se puede decir lo mismo de otras personas de las que hablaré en este libro, como Douglas Engelbart y Alan Kay; ellos sí construyeron el futuro de los medios digitales y produjeron sistemas que funcionaban y que la gente utilizaba). Sin llegar a establecer la Web tal como la conocemos hoy en día, Bush y Nelson no solo fueron predictores, sino claramente artífices del futuro. En lugar de mascullar vagas nociones y conjeturas, crearon planos para el desarrollo de sistemas de información de red, y contribuyeron a llevar la informática a su estado actual. Vivimos en su futuro.

Por cierto, Thomas Edison no fue el primero en inventar la ampolleta, y Henry Ford tampoco fue el primero en inventar el automóvil. Las ampolletas existían mucho antes de que Edison empezara a desarrollar una en 1878; Alessandro Volta incluso generó el primer cable incandescente sin bombilla por allá por 1800. Lo que Edison inventó, después de muchas pruebas y errores, fue una ampolleta práctica que se podía fabricar, vender y utilizar de manera masiva. El proceso de prueba y error es una técnica importante que conduce a nuevas invenciones, pero también es fundamental tener imaginación, visión y objetivos concretos. Rara vez se puede construir el futuro sin un plan y un prototipo, y si la idea es trabajar hacia un futuro intencional, esa visión es especialmente importante. El éxito puede ser 90 % trabajo duro, pero requiere 10 % de inspiración para que no sea solo esfuerzo.

En este libro, hablo de varias formas de crear el futuro, con especial énfasis en aquellas relacionadas con la informática y la cultura. El conocimiento esencial que intento exponer en este debate no se limita a un campo de investigación concreto ni a prácticas particulares de invención y arte. Es la comprensión de cómo se ha construido el futuro y cómo nosotros podemos seguir construyéndolo hoy. A medida que identifique los tipos de creación de futuro que se han llevado a cabo con eficacia, destacaré y resumiré los principios e ideas subyacentes que involucran. Estos son, en la medida en que puedo identificarlos, los puntos esenciales para quienes aspiran a ser creadores del futuro, ya sean empresarios, inventores, activistas, artistas, escritores, etc.

CAPÍTULO 1

De cara al futuro

Tiene los ojos desorbitados, la boca abierta y las alas extendidas. El Ángel de la Historia debe de ser parecido. Ha vuelto su rostro hacia el pasado. Donde ante nosotros aparece una cadena de acaecimientos él ve una única catástrofe que acumula sin cesar ruinas y más ruinas y se las vuelca a los pies. Querría demorarse, despertar a los muertos y componer el destrozo. Pero del Paraíso sopla un vendaval que se le ha enredado en las alas y es tan fuerte que el Ángel no puede ya cerrarlas. El vendaval le empuja imparable hacia el futuro al que él vuelve la espalda, mientras el cúmulo de ruinas ante él crece hacia el cielo Ese vendaval es lo que nosotros llamamos progreso¹.

Esto es lo que escribió Walter Benjamin sobre un dibujo de Paul Klee y sentó la base para una escritura crítica que ha crecido vertiginosamente en las últimas décadas. Lo que me lleva a traer al ángel de Benjamín a la discusión actual no tiene que ver con la historia, la guerra, las ruinas o la forma en que una serie de acontecimientos puede verse como una sola catástrofe. En realidad, lo que me parece interesante es que nosotros, los mortales, nos parecemos en ciertos aspectos al ángel de la historia. Como el ángel, podemos entender el pasado a partir de nuestra experiencia, pero no tenemos la misma conciencia inmediata del futuro. Como el ángel, no podemos evitar entrar en el futuro: el futuro se convierte en el presente a un ritmo objetivamente igual para todos mientras estemos vivos. Tal vez te parezca extraño que el ángel esté orientado hacia el pasado, pero lo que es capaz de ver se ajusta a nuestra experiencia, y también debería parecernos apropiado que se vea arrastrado hacia el futuro.

Para los hablantes de aimara, que el ángel esté posicionado de esta manera tiene perfecto sentido. En este idioma—y, por lo que saben los científicos cognitivos modernos, es el único—el futuro se conceptualiza como algo que está detrás del hablante, mientras que el pasado está por delante².Por lo que sabemos, los hablantes de todas las lenguas enmarcan el tiempo en términos espaciales. Una típica metáfora implícita es la de un viaje al futuro. En un viaje, uno sabe lo que hay detrás, todo lo que ya visitamos, pero desconoce lo que hay por delante. Aparentemente, los que hablan aimara son los únicos que consideran que el futuro está detrás de ellos, aunque su perspectiva sobre el tiempo y el futuro no es completamente inescrutable. Simplemente utilizan una metáfora menos dinámica que considera el futuro como algo no visto y el pasado como algo conocido y evidente, al igual que lo que tienen por delante. De este modo, concuerdan con el resto del mundo sobre un aspecto importante del futuro: se desconoce.

Imaginamos que una persona que viaja y camina hacia el futuro se encuentra en una situación muy diferente a la de un ángel que es arrastrado hacia atrás. Pero incluso si nuestro concepto subyacente es un viaje (y esto parece pasar por alto un aspecto importante del tiempo, que sigue corriendo independientemente de lo que hagamos), incluso en ese caso, el terreno está frente a nosotros y, al menos, podemos elegir una ruta o escoger nuestra propia aventura. Joe Strummer, cantante del grupo musical The Clash, ofrece una metáfora más poderosa: “El futuro no está escrito”³.Esto hace referencia no solo a que la historia no se ha escrito, en el sentido de que quizás nos falta información de algo que ya ha sucedido, sino que la historia no se ha compuesto ni imaginado aún, todavía hay que hacerla. Este es el concepto de futuro que escojo.

Con bastante frecuencia escuchamos discursos políticos que mezclan metáforas que contienen estos conceptos de futuro. Al concluir su primer discurso de investidura, el presidente Barack Obama dijo lo siguiente: “Respondamos a la llamada de la historia y llevemos hacia un futuro incierto esa preciosa luz de la libertad”. Aunque son palabras conmovedoras, presentan el futuro como una peligrosa oscuridad que hay que explorar con cuidado. Este no es el concepto de futuro más empoderador. No obstante, en otra parte del discurso, Obama señala: “rechazamos la creencia de que Estados Unidos debe elegir entre cuidar a la generación que construyó este país o invertir en la generación que construirá su futuro”. Aunque esta expresión es más convencional y prosaica, relacionada con el cuidado y la inversión, aquí el futuro se describe de una manera más empoderante. La metáfora subyacente es que debemos trabajar para construirlo. No se trata de usar la luz de la libertad para ver qué hay en la oscuridad, sino de construir lo que queramos, como queramos.

El acto de imaginar un futuro determinado y tratar de contribuir conscientemente a él lo denomino: creación de futuro. Este término pretende distinguir una perspectiva de futuro potencialmente productiva (construyamos un futuro mejor) de otra menos productiva (preveamos lo que va a ocurrir, por ejemplo, para poder reaccionar rápidamente y anticiparnos). Existe otra distinción importante entre trabajar en tipos de invención graduales, por muy necesarios que sean a veces, y un pensamiento y desarrollo más radicales, que pueden ser más significativos, aunque también más peligrosos. Es la diferencia entre buscar un futuro que parezca verosímil y otro que pueda ser exagerado más allá de lo creíble, o que dé algún giro hacia lo que parece absurdo. Mi debate incluirá todas estas formas de considerar el futuro.

¿Qué sentido tiene una idea inverosímil, por ejemplo, una en la que es posible viajar más rápido que la luz, en la que existen transportadores que materializan y desmaterializan a las personas, y en la que un diminuto dispositivo traductor universal puede interpretar cualquier idioma, incluso los que no se conocen?

El acto de imaginar un futuro determinado y tratar de contribuir conscientemente a él lo denomino: creación de futuro. Este término pretende distinguir una perspectiva de futuro potencialmente productiva (construyamos un futuro mejor) de otra menos productiva (preveamos lo que va a ocurrir, por ejemplo, para poder reaccionar rápidamente y anticiparnos).

Si se quiere desarrollar un plan específico para la acción concreta, imaginar un mundo (o universo) como el de Star Trek no parece tener mucho sentido. Pero hay otras razones para imaginar el futuro. Nuestra imaginación podría inspirarnos a mejorar nuestro mundo de una manera que sería difícil de hacer si solo pensáramos de forma gradual y previsible. Podríamos concebir un mundo en el que la exploración y la creación de vínculos con otras culturas sean tan importantes como la acción militar. Podríamos concebir un mundo en el que la escasez, e incluso el dinero, pierdan importancia y, en lugar de buscar el poder a través de la fuerza, las personas (de todo tipo) se centren en descubrir, desarrollar y mejorar la sociedad.

Creo que hay muchos elementos sutiles en el mundo utópico de Star Trek. Una y otra vez se muestra cómo el traductor universal o incluso el conocimiento común de una lengua no resuelve las diferencias culturales: hay que trabajarlas de forma consciente y respetuosa. Esto es algo para tener en cuenta, ya que, gracias a los inmensos conjuntos de datos y al aprendizaje automático, nuestras propias capacidades de traducción se acercan a las del traductor universal. En el mundo de la Flota Estelar, los recursos escasos y el militarismo siguen desafiando a una galaxia mayoritariamente pacífica y optimista; el problema es que estos temas no siempre se abordan en un marco de colonialismo o conquista. Los habitantes de este universo también están preocupados por comprender su pasado e imaginar su futuro.

Quizás no es justo de mi parte señalar esta franquicia de ciencia ficción tan respetada, cuya influencia cultural es enorme y que va mucho más allá de incitar a los espectadores a pensar de forma diferente. Pero una larga historia de escandalosas visiones del futuro revela que tales fantasías pueden aplicarse a nuestro mundo, y a veces pueden ser más efectivas dado su distanciamiento con nuestro presente y a la forma en que se exageran. Por eso, si bien me centraré en la informática, los medios digitales y las tecnologías afines, la creación de futuro que me interesa y de la que hablaré abarcará desde esbozos más plausibles de los años inmediatamente anteriores a nosotros hasta imaginarios mucho más extremos.

Escapar de la cocina del mañana

A medida que avanzamos en la consideración de ejemplos históricos y concretos de creación de futuro, describiré un concepto que, por prosaico que sea, trasciende el tiempo. Es un tema que afecta directamente al hogar y a la vida doméstica. Si queremos buscar el futuro dentro de nuestros hogares, sugiero que vayamos a la cocina. En la obra de Gaston Bachelard La poética del espacio, se habla ampliamente del potencial imaginativo del ático y el sótano, pero no se dice prácticamente nada sobre la cocina, que para mí es el lugar que mejor concentra nuestras esperanzas futuras. El baño puede ser igualmente limpio y de aspecto futurista, pero es un espacio privado, por lo que quizás “baño del futuro” no suene tan bien. Por otro lado, tenemos muchas cocinas del futuro para elegir. De hecho, el Museo de Arte Moderno de EE. UU. organizó una exposición en 2010, llamada Espacio de mostrador: El diseño y la cocina moderna, en la que se exhibieron varias cocinas. El proyecto de impulsar la cocina hacia el futuro es uno que reúne enfoques de arte/diseño, tecnología, preocupaciones centradas en el consumidor y el mundo social en general. Por lo mismo, utilizaré este ejemplo para concluir mi debate inicial sobre el futuro, para mostrar cómo los nuevos tipos de construcción del futuro pueden ser más limitados o podrían liberarse de ciertos conceptos culturales.

La cocina es nuestro espacio de creación, donde las nuevas tecnologías son especialmente bienvenidas, ya sea para cocinar al vacío o para almacenar herméticamente el kimchi. Hemos tenido un escritorio de pie en nuestra cocina mucho antes de tener uno en nuestra oficina en casa. Los refrigeradores inteligentes (de los que piden comida cuando se agota algún producto) fueron un icono de la informática omnipresente en el hogar, tal y como se imaginó en sus inicios. La cocina puede ser un espacio cerrado, una habitación independiente con una puerta que la separa, pero a menudo está abierta a los invitados, como parte de la vida social de la casa. La cocina está incluso cargada de un potencial tanto creativo como destructivo: Como bien saben los policías que responden las llamadas por violencia doméstica, la cocina es el lugar que ofrece la mayor variedad de armas improvisadas. Dado que la cocina también presenta peligros, incluso en su uso cotidiano—desde incendios, cortes con cuchillos, cristales rotos o lesiones con batidoras y procesadoras de alimentos—, esta parte de la casa también tiene mucho potencial, tanto para mejorar la seguridad como la funcionalidad.

Las cocinas de la clase alta eran dirigidas por personal doméstico; luego, pasaron a ser el lugar que correspondía a las amas de casa estadounidenses a mediados de siglo, y ahora son cada vez más difíciles de mantener como lugares realmente utilizables de la casa, ya que cada vez más personas en Estados Unidos se trasladan a viviendas más pequeñas en la ciudad. Por lo tanto, la cocina está inmersa en cuestiones sociales de clase, género y vida urbana, además de servir de escaparate tecnológico. A mediados del siglo XX, ciertamente se daba el caso que “las cocinas —sean o no futuristas— están repletas de mensajes sobre los significados culturales del trabajo doméstico feminizado y sobre las concepciones predominantes de la relación entre las mujeres y la tecnología”⁴.