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"Si su vida de familia se hubiera de representar en un escenario, ¿qué clase de obra sería?", se pregunta Eric Berne, fundador y creador del Análisis Transaccional, quien a través de su Teoría del Guion de Vida propone desentrañar el rol que asume cada persona, y que se ha configurado a partir de los mandatos conscientes e inconscientes recibidos desde el vientre materno, y que luego interpreta en el gran escenario de la vida, recitando sus líneas y relacionándose en una parodia de realidad con sus parejas, hijos, padres, amigos, jefes, compañeros de terapia… y terapeuta. Las características propias del Análisis Transaccional, su jerga sencilla, su eficacia y rapidez en las intervenciones, tanto en lo individual como en lo social/interpersonal, y el énfasis puesto tradicionalmente en el autoanálisis lo constituyen un marco teórico de fácil transmisión y comprensión. Por eso este libro también ha sido aprovechado no solo por los estudiantes y profesionales de la salud mental, a los que inicialmente está dirigido, sino por todo tipo de lectores, la familia, las relaciones de pareja, el mundo de las relaciones sociales, la empresa, el derecho y el crecimiento individual del público en general.
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Veröffentlichungsjahr: 2019
Portadilla
Prólogo
Introducción
Un caso clínico
Parte I. La teoría del guion de vida berniano
Berne, el análisis transaccional y el Guion de vida
El hombre a la luz de su Guion: el «hombre guionado»
El GV y la libertad
Una mirada desde la espiritualidad
La misión de la psicoterapia
La construcción del GV
Los Mandos del Guion
El Material del Guion
Análisis de los Mandatos o Requerimientos parentales
De príncipes a sapos. De la gestación al GV
Introducción
El trauma del nacimiento
Secuencia del GV a lo largo de la infancia
El pensamiento marciano. Una mirada desde la neurociencia
La especialización hemisférica
El niño y su pensamiento marciano
Algunas características del pensamiento marciano
Conclusiones acerca de la relación Mito / Pensamiento Marciano
Las decisiones básicas
Diagnóstico y transmisión del GV
Un Guion especial: el Guion transgeneracional
Parte II. Los otros elementos que hacen funcionar al Guion
La personalidad en el AT. Los Estados del Yo
Análisis estructural de la Personalidad de Segundo Orden
Patologías en los Estados del Yo de 1º orden
Contaminaciones y exclusiones
Análisis funcional de la Personalidad
Los doce Estados Funcionales del Yo
La Botonera de Mandos
Teoría de la Comunicación Berniana. Comunicación Intrapersonal o Diálogos Internos
Diálogos Internos adecuados e inadecuados
Comunicación Interpersonal: Transacciones. Clasificación de las Transacciones
Como es adentro es afuera. La relación Comunicación intrapsíquica / Comunicación interpersonal
Comunicación conflictiva: esbozos de solución
Caricias
Clasificación de las Caricias
Leyes de economía de Caricias
Posición Existencial Básica (PEB)
Tipos de Posición Existencial
Estructuración del tiempo
Las nueve «hambres»
Formas de estructurar el Tiempo
Emociones
Las Emociones Básicas y Sustitutivas
Las Emociones Básicas
Las Emociones Sustitutivas o Rackets
Génesis y características
Los juegos psicológicos
Conceptos generales
La fórmula de Berne
El Triángulo Dramático de Karpman (1968)
La Relación Comunicación Intrapsíquica / Juegos Psicológicos
Niveles de gravedad de los Juegos
Descripción de los Juegos más frecuentes
Para qué jugamos: pseudoventajas de los Juegos
Los Juegos de la «Papa caliente» y el Epiargumento
Los Cuatro Miedos Básicos
Miniguión o miniargumento
Diagnóstico de los cinco Impulsores
Descripción de la Pirámide del Miniguión
El guion en el tiempo vital
Los Siete Ciclos del Poder
Pareja y GV
La Complicidad Argumental
Simbiosis
Génesis de la Simbiosis
Síndrome de Pasividad
Los Cinco Bienes de Intercambio
Las clasificaciones del GV
Clasificaciones de Berne
Clasificación de Steiner (2008)
El GV es universal: todos tenemos uno
Esquema de diagnóstico del GV
Un caso clínico
Shylock y Antonio, cómplices de Guion
GV de Shylock
GV de Antonio
Cómo superar el GV. Elementos de salida
Apéndices
1. Hacia una epistemología del Análisis Transaccional
2. Eric Berne, pequeña biografía
Bibliografía y referencias
El hombre guionado
Principios de análisis transaccional
UNIVERSIDAD CATÓLICA DE SALTA
AUTORIDADES
Rector
Ing. Rodolfo Gallo Cornejo
Vicerrectora Académica
Mg. Prof. Lilian Constanza Diedrich
Vicerrector Administrativo
Dr. Darío Eugenio Arias
Vicerrector de Fomación
Pbro. Dr. Cristian Arnaldo Gallardo
Vicerrector de Investigación y Desarrollo
Dr. Federico Colombo Speroni
Secretaria General
Lic. Silvia Milagro Álvarez
Decana Facultad de Artes y Ciencias
Lic. María Dolores Medina Bouquet
EDITORIAL EUCASA
Directora
Lic. Rosanna Caramella
Edición
Prof. Soledad Martínez Saravia
Comercialización
Lic. Mariana Remaggi
MARIO ALBERTO MANUEL VÁZQUEZ
PATRICIA ADRIANA FRANCICA
EL HOMBRE GUIONADO
PRINCIPIOS DE ANÁLISIS TRANSACCIONAL
Vázquez, Mario Alberto M.
El hombre guionado : principios de análisis transaccional / Mario Alberto M. Vázquez ; Patricia A. Francica. - 3a ed . - Salta : Universidad Católica de Salta. Eucasa, 2019.
Libro digital, PDF
Archivo Digital: descarga y online
ISBN 978-950-623-169-9
1. Psicología. 2. Análisis Transaccional. I. Francica, Patricia A. II. Título.
CDD 616.89145
Publicación con referato
Aceptado: mayo de 2016 (Res. Rectoral N° 630/16)
1.a ed.: 2016
2.a ed.: 2018 (corregida y aumentada)
3.ª ed: 2019
Para citar este libro:
Vázquez, M. A. M. y Francica, P. A. (2019). El Hombre Guionado. Principios de Análisis Transaccional. Salta: EUCASA (Ediciones Universidad Católica de Salta), 3.a ed.
© 2019, por EUCASA (EDICIONES UNIVERSIDAD CATÓLICA DE SALTA)
Colección: EUCASA Clase - Psicología.
Domicilio editorial: Campus Universitario Castañares - 4400 Salta, Argentina
Web: www.ucasal.edu.ar/eucasa
Tel./fax: (54-387) 426 8607
e-mail: [email protected]
Depósito Ley 11.723
ISBN: 978-950-623-169-9
Digitalización: Proyecto451
Este libro no puede ser reproducido total o parcialmente, sin autorización escrita del editor.
A nuestros hijos: Diego, Belén, Candela, Soledad, Martina, Facundo.
A nuestros nietos: Cielo, Joean, Luna.
«Si su vida de familia se hubiera de representar en un escenario, ¿qué clase de obra sería?»
(Berne, 1983b, p. 66).
¿…Y cuál sería su papel en ella?
PRÓLOGO
Al comenzar la lectura de este libro, el lector se encontrará con la primera sorpresa: después de una pequeña presentación y sin perder el tiempo en consideraciones preliminares, los autores, los doctores Vázquez y Francica, nos introducen en su obra in media res, al viejo estilo de las grandes obras de la literatura griega, de las historias mitológicas de la antigua Grecia —obras y mitos a los que parecen muy aficionados los autores de esta obra, conscientes, suponemos, de cuántas explicaciones pueden aportar sobre la conducta humana—; de la misma forma, hay también una especial atención alos cuentos de hadas, las tradiciones y leyendas y su papel, que se ha ido desarrollando y estudiando en relación con el AT; los mismos autores de esta obra han estudiado en otros trabajos estos temas. La transcripción de un interesante caso clínico ya nos coloca en el núcleo de lo que es el trabajo terapéutico de los analistas transaccionales, y despierta la curiosidad sobre las bases teóricas en que se asienta ese trabajo clínico que llevará a solucionar un problema, tan conocido en nuestro tiempo, de la dificultad del abandono de la adicción al tabaco. Un análisis que lleva no sólo a encontrar la posible solución al problema, sino mucho más profundamente, a conocer el origen, el por qué y el para qué de esa adicción tan fuerte, y que impresiona por la radicalidad del trabajo, basado, como es evidente, en la teoría del Análisis Transaccional.
Esto es lo que pretenden los autores en esta obra completísima y con una clara intención didáctica: transformar toda la materia que enseñan e investigan en un texto que ofrezca la totalidad de los Principios del AT de una forma estructurada para la enseñanza y el aprendizaje de los estudiantes de la carrera de Psicología. Esa finalidad está perfectamente conseguida, pues nos encontramos ante un manual exhaustivo de todos los principios y conceptos del AT, manual extenso porque extenso es todo lo que tratan de explicar y aclarar sobre el AT. Ofrecen un utilísimo instrumento de estudio y trabajo, en el que se pueden encontrar reunidos materiales que quizá estén dispersos en otros libros y artículos; la extensa bibliografía que se añade al final es prueba de esa dispersión.
Por otra parte, han introducido en todo el material, un orden que parece buscado para hacer más claros los diferentes conceptos que maneja el AT, y cómo van derivando unos de otros. Eso mismo es ya una clarificación de la terminología peculiar del AT, tanto la utilizada desde el principio por Eric Berne, como la añadida o matizada o completada por analistas transaccionales posteriores.
El análisis que hacen los autores sobre las aportaciones de otros estudiosos está lleno de interés; según se desprende de lo que ellos mismos dicen o sugieren, muchas de las intuiciones de Eric Berne se han ido confirmando a través de las aportaciones de la Neurociencia y la Neurobiología (las que no existían en la época de Berne) que aquí se estudian en función de lo que añaden y enriquecen a la teoría del AT.
Los numerosos esquemas, diagramas y cuadros que introducen para sintetizar mucho del material que estudian, son útiles y clarificadores. Así, por ejemplo, los cuadros en torno al diagnóstico del Guión de Vida, de los Mandatos, los Estados del Yo, la Estructuración del Tiempo, etc., etc., son aportaciones gráficas muy claras desde un punto de vista de eficacia pedagógica, y ya había quedado señalada anteriormente la finalidad didáctica de este libro.
Por todo ello, tienen en cuenta no solo los orígenes del Análisis Transaccional, que derivan, como en otros enfoques, de la desafección del fundador por el psicoanálisis freudiano y su interés temprano por la Fenomenología de Husserl, el Existencialismo, por los psicoanalistas disidentes como Adler, Rank, la Escuela de Palo Alto, etc., sino también los aportes de la Antropología filosófica (Cassirer) y social (Lévi Strauss), y como se ha señalado antes, la Neurociencia y Neurobiología. Pero no se quedan en el origen y el pasado fértil del AT, sino que hay también apuntes sobre las derivaciones que ha podido tener en otros enfoques posteriores, como en el de Hellinger y sus Constelaciones Familiares.
Si el comienzo de las páginas de esta obra ya nos había llamado la atención, por la forma directa de introducirnos en una experiencia vital, dolorosa y agotadora pero analizada con profundidad y calidez, tan propias del Análisis Transaccional, al final de nuestra lectura percibimos otra vez que hemos estado envueltos, mientras pasábamos las páginas, en ese ambiente tan empático y comprensivo que probablemente sea una característica de los analistas transaccionales y, por lo tanto, de los autores.
Carmen Vázquez Bandín
Psicóloga Clínica y Psicoterapeuta
Directora del Centro de Terapia y Psicología
Madrid, España , 13 de febrero de 2018
INTRODUCCIÓN
La primera edición de este libro surgió inicialmente para satisfacer la demanda de bibliografía de nuestros alumnos de la materia «Psicoterapia de Grupo», en el 5º año de la carrera de Psicología de la Universidad Católica de Salta. Sin embargo su lectura ha tomado también otros caminos, transformándose en texto de consulta en la formación clínica de terapeutas.
Pero las características propias del Análisis Transaccional, su jerga sencilla, su eficacia y rapidez en las intervenciones, tanto en lo individual como en lo social/interpersonal, y el énfasis puesto tradicionalmente en el autoanálisis lo constituyen un marco teórico de fácil transmisión y comprensión.
Por eso este libro también ha sido aprovechado no solo por los estudiantes y profesionales de la salud mental, a los que inicialmente está dirigido, sino por todo tipo de lectores, la familia, las relaciones de pareja, el mundo de las relaciones sociales, la empresa, el derecho y el crecimiento individual del público en general.
La columna vertebral de esta obra está constituida por los conceptos vertidos en nuestras Tesis para acceder al Doctorado en Psicología en la Facultad de Psicología y Psicopedagogía de la Universidad El Salvador (Buenos Aires, Argentina): «La Relación Padres e Hijos en la Mitología Griega. Un estudio desde el Análisis Transaccional», del Dr. Mario A. M. Vázquez y «El Guion de Vida en personajes de Shakespeare. Un estudio desde el Análisis Transaccional», de la Dra. Patricia A. Francica.
Estos trabajos nos han llevado a profundizar en las distintas miradas de múltiples estudiosos del Análisis Transaccional (AT), y a arribar a nuestras propias conclusiones acerca de la estructura de los textos producidos para el aprendizaje de la disciplina.
El resultado de los trabajos mencionados se refleja en la particular distribución de los temas en este libro. Hemos coincidido en que el eje sobre el que debe girar todo estudio del Análisis Transaccional, así como el ejercicio de esta disciplina en la práctica clínica, debe ser la Teoría del Guion de Vida. Todos los otros elementos, importantes en sí mismos, no pueden ser comprendidos cabalmente si no se articulan y relacionan dentro del Guion de Vida del paciente, sea en su génesis, consolidación, confirmación familiar y social, intentos de salida, etc.
Avanzando en el texto los lectores podrán observar que están escritas con mayúsculas palabras que habitualmente no las llevan (Adulto, Caricias, Juegos, etc.). Como el Análisis Transaccional (AT) define funciones, estructuras, etc. con palabras de uso corriente, cuando estas se refieren a los mencionados elementos del AT estarán nominadas con mayúsculas, a fin de diferenciarlas de las palabras de uso común. Por ejemplo, un juego puede ser un juego de mesa, o un partido de fútbol, pero un Juego es un Juego Psicológico, forma dañina de la comunicación humana.
Las particularidades que hacen del AT una de las escuelas más interesantes de nuestro campo son justamente las que la constituyeron (junto con la Gestalt) en los primeros enfoques integrativos de nuestra disciplina. Los lectores que deseen inmersiones en este tema pueden hacer una aproximación en el Apéndice 1: «Hacia una epistemología del Análisis Transaccional».
Esperamos que la lectura sea sencilla y de fácil aplicación para cualesquiera de los escenarios mencionados.
Los autores
UN CASO CLÍNICO
JBN entró al consultorio una tibia tarde del mes de marzo del año 1984. Vestía un ambo de médico color celeste (chaqueta y pantalón) y portaba un maletín amplio. El bolsillo superior de la chaqueta estaba visiblemente abultado por un atado de cigarrillos. Sus gestos eran controlados, su lenguaje fluido y rico. Se sentó cómodamente en la silla y, como era común en esa época, solicitó permiso para encender un cigarrillo.
Luego de la primera bocanada de humo de tabaco negro comenzó a explicar los motivos de su consulta, con soltura y abundancia de detalles.
Comentó que era médico, tenía 29 años, estaba casado, y con un hijo de meses, y que trabajaba haciendo guardias de 24 horas, siete en total: tres activas (una en un servicio de terapia intensiva, una en un hospital y otra en un servicio de guardia general de un importante sanatorio) y cuatro pasivas (de asistencia médica domiciliaria).
El motivo de consulta era su preocupación por su evidente adicción al tabaco. Habitual consumidor de 60 cigarrillos diarios, esta conducta compulsiva se agravaba cuando estaba de guardia activa durante las cuales llegaba a consumir 80 cigarrillos al día.
Reforzó su relato abriendo el maletín y mostrando su interior. Además del estetoscopio, el tensiómetro, el talonario de recetas y demás instrumental necesario para su labor profesional, había allí tres atados más de los mismos cigarrillos negros.
Era totalmente consciente de lo «irracional» de su conducta. No solo era médico sino que trabajaba en terapia intensiva, con lo que conocía perfectamente las consecuencias de su adicción. Pero refirió, con abatimiento, que había intentado abandonarla sin éxito al menos en cuatro oportunidades.
En las sesiones siguientes, además de abordar otras situaciones importantes, el análisis fue focalizado en su conducta adictiva, y en una sesión se lo enfrentó con la pregunta marciana (1): «¿Para qué lo hace?… ¿Para qué fuma?».
Hasta ese momento se había preguntado y respondido «por qué» lo hacía, y las respuestas a esa pregunta solo le habían permitido juntar una larga lista de pseudojustificaciones: el estrés de su profesión, la soledad de las guardias, las reuniones con colegas fumadores, su esposa también era fumadora, etc.
Una respuesta marciana a la pregunta marciana requiere un contexto especial: ¿Para qué le «sirve» esta conducta visiblemente inadaptada en su relación interpersonal, en su vida académica, laboral, familiar, etc.? Porque, desde nuestra mirada, ninguna conducta humana se realiza «porque sí». Toda acción tiene una finalidad, se hace «para algo». Esa finalidad puede ser consciente o no, pero existe siempre.
JBN no encontraba ninguna respuesta consciente que diera cuenta de esa finalidad. Entonces se le preguntó: ¿Cómo y cuándo terminará su vida de seguir manteniendo estas conductas?
Desde sus deseos autónomos, JBN no podía responder coherentemente a estas preguntas: su ciclo de conductas disfuncionales no le «servían» para alcanzar ninguna de las múltiples metas que tenía para su vida (laborales, económicas, familiares, sociales, etc.).
Sin embargo la conducta manifestaba que había un «deseo» irrefrenable dirigido a obtener una muerte próxima, manifestado en la compulsión de fumar a pesar de todos sus conocimientos (recordemos que era médico de Terapia Intensiva) y de sus deseos conscientes que evidenciaban lo contrario.
Pero si ese no era su deseo... ¿de dónde provenía, entonces? ¿Y por qué guiaba su conducta, aun en contra de sus deseos reales?
Este es el dilema central del Guion de Vida de todo paciente.
En su análisis «marciano» (2) JBN se percató de que estas conductas parecían dirigidas a lograr ciertas metas: morir joven y de un cáncer de pulmón o de una enfermedad asociada al tabaquismo y al estrés.
Por supuesto que sus deseos conscientes, que lo habían conducido a empezar este análisis, no coincidían con esto. No casualmente el nacimiento de su primer hijo lo había empujado a cuestionarse esta conducta aparentemente irracional. Parecía enfrascado en una lucha interna entre dos deseos: uno consciente de vivir y uno no consciente de morir joven.
Durante el análisis surgió también un dato no menor: sus nombres.
Lo habían bautizado con tres nombres (hecho no corriente) y los mismos eran los nombres de su padre (J), de su abuelo y su tío maternos (B), y de su abuelo paterno (N). Era el primogénito y único varón ya que tenía dos hermanas menores y en la familia materna, con la que se veía frecuentemente, no había otro varón: tenía cuatro primas.
El legado encerrado en su nombre, no solo tenía que ver con su adicción sino con aspectos de claras exigencias y expectativas parentales sobre él, que exceden este análisis pero fueron encaradas en la terapia prolongada que JBN realizó. Como dijera en una de sus sesiones «yo soy el resumen de todos los varones de mi familia, porque soy el único varón (tengo dos hermanas y cuatro primas) y llevo los nombres de todos los varones de mi familia» (al menos los de las dos generaciones anteriores a la suya).
Ahora bien, ¿qué había sucedido en la vida de estos cuatro varones (su padre, sus dos abuelos y su tío materno) que lo precedieron?
Su abuelo materno (B) había muerto aproximadamente a los 38 años de edad a raíz de un accidente cerebrovascular, cuando la madre del paciente tenía 1 año.
Su tío materno (el otro B), había sido atendido por el propio JBN tres años antes cuando lo trajeron de la Patagonia con un cáncer de pulmón con metástasis cerebrales del que murió al poco tiempo. Tenía entonces aproximadamente 50 años de edad.
Su abuelo paterno (N) también había muerto a raíz de un cáncer, antes de los 50 años de edad, cuando el padre del paciente tenía 18 años.
Asimismo, el padre del paciente (J) había muerto a los 45 años de edad, por un cáncer, cuando el paciente tenía 13 años.
Todos habían muerto antes de los 50 años, tres de ellos de cáncer y el otro de un accidente cerebrovascular, patología también ligada al consumo del tabaco. Todos eran fumadores.
La decisión (no consciente) tomada en la infancia por JBN, y confirmada en la temprana adolescencia tras la muerte de su padre era que «para ser varón en mi familia hay que morir joven y preferentemente de cáncer».
Por supuesto que conscientemente eso era lo que menos deseaba. Él había sido testigo de la agonía de su padre y su tío, y temía pasar por lo mismo, sin embargo la Maldición de su Guion de Vida, «si sos un varón de esta familia serás fumador y morirás joven», lo llevaba a actuar para cumplir con ese Mandato familiar. Lo contrario significaría dejar de pertenecer a ella, o dejar de ser varón en un microuniverso de mujeres, ya que no había otros varones supérstites además de él mismo.
Terapéuticamente se trabajó en la redecisión de este Mandato. Para encararlo se hizo necesario ahondar en aspectos laterales que confirmaban su presencia: JBN no podía imaginarse a sí mismo viejo, ni podía imaginarse su relación con su hijo de 1 año cuando este tuviera 15. En viajes imaginarios a su futuro solo se podía «ver» hasta los 45 o 50 años, y con gran dificultad.
El hecho de fumar, sumado al estrés de siete guardias médicas semanales, eran obviamente los mecanismos que JBN ponía en acción para cumplir con la Maldición de su Guion de Vida. Era evidente la tortura angustiosa de JBN, tironeado entre dos deseos: uno consciente de vivir y desarrollarse, y otro no consciente de cumplir con el Mandato familiar para seguir perteneciendo a su familia.
Fue necesario que se hiciera cargo de que ambos deseos ya eran propios, no simplemente el deseo inconsciente de sus padres sino un deseo no consciente del que él mismo podía obtener ciertos beneficios secundarios.
Entre otros se trabajó la renuncia a conseguir el respeto y la idealización que incluso rozaba la «adoración» que las mujeres de la familia manifestaban por todos los varones muertos. Se encaró la elaboración consciente y la adquisición de modelos y recursos de los que carecía para enfrentar situaciones para las que no tenía ejemplos familiares: cómo envejecer felizmente, cómo relacionarse con hijos adolescentes y adultos que tuvieran criterios propios distintos a los de él, cómo negociar con ellos, cómo aceptar su protección en las últimas etapas de su vida, etc.
La toma de conciencia y la capacidad de asumir la responsabilidad acerca de esas decisiones vitales permitieron su redecisión.
Dejó de fumar, llevando el atado de cigarrillos negros en el bolsillo superior de su chaqueta y el encendedor en otro bolsillo, durante cuatro meses. Cada vez que sentía deseos de fumar hacía consciente el deseo. Antes se encontraba prendiendo automáticamente un cigarrillo mientras otro estaba encendido en el cenicero a su lado. Ahora hacía consciente su decisión de encenderlo o no. Ponía sobre la mesa los dos deseos para elegir cuál seguiría.
Evidentemente la larga lista de respuestas pseudorracionales al «por qué» fumaba (estrés, nerviosismo, noches de guardia sin dormir, etc.) nunca le habían servido para llegar a lo obvio. Fumaba en realidad para morir joven como todos los demás varones de su familia.
La pregunta marciana no es el por qué psicoanalítico sino el para qué: su respuesta indica cómo la conducta-problema sirve para cumplir los Mandatos y alcanzar la Maldición del Guion, como veremos a lo largo de este libro.
Veintiocho años después de finalizada su larga terapia, JBN volvió a la consulta por otros motivos (Vázquez, 2013).
No solo nunca más había vuelto a fumar sino que a sus actuales 61 años había sobrevivido largamente (por más de diez años) la edad de fallecimiento de sus ancestros y es el único varón de su familia en tres generaciones que ve crecer a sus nietos (ya tiene tres). Junto con esto JBN no solo superó a sus antecesores en longevidad, sino que se desarrolló productivamente y obtuvo logros profesionales, académicos y artísticos que los varones de las dos generaciones anteriores no habían podido alcanzar a pesar de sus talentos, no inferiores a los de JBN.
Eric Berne, el fundador del Análisis Transaccional, decía: «Un clínico que ha ejercido durante veinte o treinta años (…) y se mantiene en contacto con sus antiguos pacientes (…) empieza a sentirse cada vez más seguro en sus análisis de guiones» (1983b, p. 334).
1. Ver el Capítulo «El Pensamiento Marciano. Una mirada desde la Neurociencia».
2. Este y otros términos específicos que aparecen en este capítulo inicial (Mandato, Guion de Vida, Maldición, Provocación, etc.) serán desarrollados en detalle en todo este volumen. Se aconseja consultar el índice para encontrar las definiciones.
PARTE I
LA TEORÍA DEL GUION DE VIDA BERNIANO
BERNE, EL ANÁLISIS TRANSACCIONAL Y EL GUION DE VIDA
Encontrar en mis ojos sus miradas
es mi íntima forma
de extrañarlos.
Trovare nei miei occhi il loro sguardo
è l’intima mia forma
del rimpianto
Mario A. M. Vázquez. «A mis ancestros»
(en Zamparo, Comp., 2010)
Como la mayoría de las escuelas psicológicas que hoy sustentan la praxis, otorgan respaldo teórico a la empiria y dan seguridad a los que dedican su vida a ayudar a otros a través de la práctica psicológica, el Análisis Transaccional (AT) surgió de la intuición genial de un solo hombre.
Porque son esos hombres iluminados, terapeutas descollantes y observadores insobornables de las manifestaciones de sus pacientes, los que inician, desarrollan, crean, lo que después llamaremos enfoque, escuela, corpus teórico, etc.
Y si el psicoanálisis es hijo legítimo de Sigmund Freud, la Gestalt de Fritz Perls, o la Logoterapia de Víctor Frankl, el Análisis Transaccional (AT) le debe sus genes y su nombre al psiquiatra y psicoanalista canadiense Eric Berne (3).
En medio de la nueva «edad de oro psicológica» que protagonizó especialmente la costa oeste de los Estados Unidos entre 1950 y 1970, Berne fue influido e influyó a los máximos exponentes de la «tercera ola» que se gestaba allí, entre ellos el desarrollo del psicoanálisis social americano con Erich Fromm y Karen Horney, Gregory Bateson (Escuela de la Comunicación Humana de Palo Alto), Fritz Perls (Gestalt en Esalen), Milton Erickson (Hipnosis Vigil Disociada en Phoenix), la incipiente corriente familiar sistémica, etc.
Bautizó a su escuela Análisis Transaccional (AT) porque lo primero que describió a partir de sus experiencias clínicas fue la estructura de la personalidad a través de los Estados del Yo (Padre, Adulto y Niño) y de la comunicación humana, a cuyas unidades de interacción llamó «transacciones» (Berne, 1961).
Esta observación minuciosa de la comunicación humana será central en el pensamiento berniano. Toda su obra pone énfasis en que la conflictiva humana intrapsíquica puede verse y entenderse desde lo relacional o interpersonal.
Del mismo modo, el concepto de comunicación (coincidente con la Escuela de la Comunicación de Palo Alto) abarca toda acción humana y no el simple análisis del discurso y la palabra.
Esto da cuenta de una de las bases del AT: la fenomenología (4). Berne fue un admirador y seguidor de los grandes fenomenólogos, y desarrolló la capacidad de observación de la conducta y su descripción sin interpretaciones, alejado especialmente del discurso del otro, que serían luego los fundamentos de su teoría del Pensamiento Marciano.
Proponía una observación llana de la conducta para comprender lo que esta expresa de las motivaciones no conscientes, teniendo en cuenta las incongruencias del mensaje verbal y no verbal. No puede soslayarse aquí la mutua influencia que el pensamiento de ambos, Gregory Bateson y el propio Berne, ejerció sobre las dos escuelas en formación: el AT berniano y la Escuela de la Comunicación Humana de Palo Alto, madre de la Terapia Familiar Sistémica.
Esa mirada aparentemente «inocente», sin prejuicios teóricos ni interpretaciones de lo que el paciente hace y dice, sino aceptándolo literalmente, se vio favorecida por el desarrollo (francamente separado del psicoanálisis tradicional) de la psicoterapia grupal.
Si bien Berne nunca suplantó totalmente la psicoterapia individual por la grupal en su práctica clínica, al considerarla irreemplazable para el crecimiento del paciente, utilizó esta última porque su particular encuadre resulta imprescindible para no quedarse solo en su discurso (palabra), permitiendo al terapeuta la oportunidad de observar las conductas (comunicación verbal y no verbal) «en vivo y en directo» en la interacción con otros.
En estas conductas se evidencia, desde la mirada marciana, la problemática no verbalizada del paciente.
Para Berne y el AT en general, esta problemática que nos trae a la consulta no es una verdadera vida, no es su verdadera vida. No es más que una representación, como la de las grandes tragedias griegas, basada en decisiones infantiles tomadas como respuesta a las expectativas inconscientes que el niño detecta en sus padres.
Luego volcará esta actuación en el escenario del mundo, confundiendo su propia vida con esta obra ficticia y llegando, en los casos más severos, a dejar de lado completamente sus propios deseos, sueños e ilusiones, para repetir esos textos escritos en pos de cumplir los deseos parentales.
Esta representación se exterioriza en una serie de comportamientos estereotipados, repetidos (no por una simple compulsión ciega a la repetición) y actuados hasta el cansancio en el gran escenario de la vida. Berne la entendió como un gran Guion teatral, donde el paciente recitaba sus líneas y se relacionaba en una tragicómica parodia de realidad con sus parejas, hijos, padres, amigos, jefes, compañeros de terapia… y terapeuta. Berne consideraba que la trascendencia, universalidad y permanencia de las grandes tragedias griegas consistía en que sus autores habían volcado en el argumento y el Guion de estas, las vicisitudes de los verdaderos guiones vitales (GV) de todos los hombres. Y por eso mismo al verlas representadas no podemos dejar de identificarnos con sus personajes: están representando de algún modo nuestra propia vida.
Llama la atención la similitud con lo dicho actualmente por un literato helenista de fuste, desde un enfoque teórico completamente distinto: «Los grandes dramaturgos, como Esquilo, Sófocles y Eurípides, lograban conmover al público usando los personajes de los mitos como ejemplos patéticos de la arriesgada condición humana» (García Gual, 2012, p. 120). No podemos dejar de lado que justamente los grandes dramaturgos no solo griegos sino los de todos los tiempos (Shakespeare, Arthur Miller y tantos otros más o menos actuales) lo han sido por tener esta capacidad de representar en escena lo universalmente humano.
Como se verá, desde muchas disciplinas distintas se intuye, sin mencionarlo expresamente, el mismo fenómeno.
Este gran Guion teatral, redactado «en la infancia bajo influencias parentales» (Kertész, 1997, p. 171), era representado por los pacientes como verdaderos actores que encarnaban en su vida adulta un argumento preestablecido (Antognazza, 1993) que les quitaba toda originalidad, toda posibilidad de cambio radical, toda sorpresa.
A esto llamó Guion o Argumento de Vida (GV) y le dedicó un análisis exhaustivo en su máxima obra póstuma: «¿Qué dice usted después de decir ‘hola’?». En él se dedicó, desde el subtítulo del libro, a igualar la idea del GV con la del Destino. El título completo del libro es: ¿Qué dice usted después de decir «hola»? La psicología del destino humano (Berne, 1983b).
EL HOMBRE A LA LUZ DE SU GUION: EL «HOMBRE GUIONADO»
La definición más ajustada y completa del Guion de Vida la ubica Berne recién en el final de su libro póstumo.
Un Guion es un programa progresivo, creado en la primera infancia bajo la influencia paterna, que dirige la conducta del individuo en los aspectos más importantes de su vida (Berne, 1983b, p. 456).
Es un GUION (script) porque funciona como un libreto de teatro o Guion de cine o TV en el que el paciente ocupa el lugar de protagonista de la obra y donde están «guionados» los acontecimientos más importantes que afrontará en su vida.
No es una novela, ya que no hay comentarios o miradas del autor, ni descripciones minuciosas de la realidad externa (entorno o contexto), sino una obra teatral en la que están pautadas las interacciones (Transacciones y Juegos Psicológicos), los estados anímicos (Emociones Básicas y Sustitutivas), las estimulaciones mutuas con los otros actores (Caricias), las formas de pasar el tiempo, las limitaciones y manifestaciones del carácter y, lo más importante, el Saldo Final, la manera en que caerá el telón en esa vida.
En la literatura en lengua española del Análisis Transaccional (5) se utiliza frecuentemente el concepto de Argumento más que el de Guion de Vida (GV). Si bien el propio Berne en muchos momentos lo tomó como sinónimo, consideramos por lo expuesto que es más apropiado el uso de Guion ya que el Argumento remite solo al contenido de la obra, mientras que la idea de Guion implica las imprescindibles interacciones y la dinámica propia que desembocará en el final guionado: el Saldo Final.
Es un PROGRAMA porque es un plan con propósito definido: el Saldo Final. Y es un programa complejo, que contiene no solo un esquema para la acción, sino además subplanes, pequeños programas sobre aspectos específicos que son necesarios para el alcance del Guion entero. Estos subprogramas incluyen los perfiles de personalidad de las personas con las que el individuo se relacionará, el tipo de comunicación que implementará, el nivel de intimidad, el intercambio de estímulos positivos y negativos, el tipo de emociones, etc.
En los subprogramas podemos identificar las historias secundarias, que a veces parecen alejar al protagonista del desenlace inevitable. Como en las buenas películas y obras de teatro, hay momentos en que los cambios del drama hacen pensar que el protagonista se librará de su final trágico, pero en realidad son solo derivaciones que fracasan e irremediablemente lo conducirán al Saldo Final.
En el caso JBN, el fumar y el estrés de las siete guardias semanales eran los subprogramas, impregnados de alta responsabilidad, autoexigencia, perfeccionismo, etc. que el paciente aprendió y le permitían llegar al Saldo Final. Sin embargo, aun si esos subprogramas no estuvieran allí, otros podrían impulsarlo hacia el mismo desenlace: conducir temerariamente, practicar deportes extremos, o cualquier otra conducta que le diera la posibilidad de la muerte temprana.
Resulta interesante la relación entre el concepto de estos subprogramas y la propuesta cognitivista del script de la Script Theory de Shank y Abelson (1977) (6). Estamos trabajando actualmente en conectar la génesis del GV y sus subprogramas con el tipo de memoria implicada en su registro y almacenamiento, que diferiría sustancialmente de la memoria episódica tradicional y estaría posiblemente emparentada con la memoria procedimental.
Este programa es progresivo, lo que equivale a decir que avanza hacia el Saldo Final o Maldición de manera irreversible mientras el individuo no tome conciencia de este y lo desarme. Un componente fundamental para esa progresión lo constituye el hecho de que el propio individuo ha «escrito» el programa, por lo que se confunde íntimamente con su autoconcepto, con su autoimagen. El hecho de sentirlo egosintónico hace que no desconfíe de él y muchas veces se defina siguiendo sus disposiciones.
No es algo que rechace, aunque sienta que le limita la vida. Siente que el Guion responde completamente a la idea de: «yo soy así».
La influencia paterna no se deduce o infiere, es demostrable. Ya sea a través de los modelos de identificación (lo que los padres hacen, no lo que dicen), las comunicaciones reiteradas, los mensajes limitantes repetidos que condicionan y establecen esa autoimagen a que se ha hecho mención en el párrafo anterior.
Lo propio sucede con las influencias de las generaciones anteriores, mediadas o transmitidas por los padres o muchas veces transferidas sin mediación consciente saltando una o dos generaciones (Ancelin Schützenberger, A. 2002; Boszormenyi-Nagy, I., & Spar, G., 2008).
Muchas veces el propio paciente refiere en sesión «esto que acabo de decir lo decía siempre mi padre», o se encuentra actuando como alguno de sus ancestros: padres, abuelos, tíos y otras figuras significativas.
Lo propio acontece con las elecciones: vocacionales, de pareja, etc.
No hace falta una interpretación de deseos inconscientes, como haría el psicoanálisis: la observación fenomenológica da cuenta de esa influencia que tiene la misma actualidad que tenía en la infancia.
La dirección del Guion se manifiesta en las conductas importantes, en los aspectos centrales de su vida. Hay conductas que pueden estar no programadas, no contempladas en el programa original, lo que proporciona una sensación de falsa autonomía. Incluso hay directrices (Requerimientos o Mandatos) que pueden indicar que el individuo debe hacer lo opuesto de lo programado o vivido por sus padres. Esto crea esta sensación de falsa independencia.
Berne lo expresa claramente en la página 457 de la obra citada:
Hay una directriz especial que dice «Da vuelta la carta», lo cual significa: «En este aspecto haz lo contrario de lo que yo digo». Así, pues, la «rebelión», cuando se da, en realidad es parte del Guion, y no es lo mismo que «¡tirar la careta!», que es la autonomía.
Por último, los aspectos importantes comprenden al menos el matrimonio (o su falta), el divorcio, el éxito o fracaso académico, laboral, económico, social, la edad y forma de morir, etc.
Por eso se puede afirmar que el GV, contiene lo esencial para dirigir la vida: a qué edad y de qué manera va a terminar esta (fracasados, adictos, delincuentes, triunfadores, mediocres, grises, «exitosos», etc.), qué se tiene permitido hacer o dejar de hacer para llegar a ese final, con quiénes alternar para que esa relación sea funcional al desenlace, cómo será ese tipo de vínculo con los otros: si se los explotará, será una relación de dependencia o sumisión, desde qué lugar se ejercerá, qué niveles de satisfacción, insatisfacción, violencia, soledad, etc. habrá en ella, cuánto se cumplirá con las «deudas» y lealtades hacia nuestros antepasados y todos los aspectos vinculados con el logro de esa finalidad: el cumplimiento de la Maldición o Saldo Final (Ancelin Schützemberger, 2002; Boszormengy Nagy y Spar, 2008; Vázquez, 2012).
El GV proporciona respuesta inmediata a las preguntas existenciales básicas: ¿Quién soy yo? ¿Qué hago en este mundo? ¿Quiénes y cómo son los que me rodean? (Berne, 1983b, Steiner, 2008).
El GV es el eje central del pensamiento berniano, y ha sido desgraciadamente ignorado por el psicoanálisis al que Berne admiraba.
Sin embargo, desde el propio marco teórico psicoanalítico Garzarelli (2014) afirmaba al referirse al mito de Prometeo, en su tesis doctoral y en el libro posteriormente publicado, que este «… pierde (y no teme perder, tal como el pequeño yo infantil sentiría pánico ante el ser abandonado-amado por sus padres) la protección de Zeus» (p. 119).
Lo propio acontece con lecturas lacanianas, que se desarrollarán y analizarán, las que confirman esta intuición berniana, si bien jamás han reconocido públicamente la autoría del psicoanalista canadiense.
La adecuada comprensión del Guion de un paciente le proporciona al terapeuta datos invaluables para ayudarlo a desobedecerlo y desarrollar un Plan de Vida Autónomo, elaborado adultamente y con criterio de realidad.
EL GV Y LA LIBERTAD
Uno de los temas que inevitablemente ha generado discusión dentro y fuera del Análisis Transaccional es el del nivel de consciencia que el individuo tiene respecto del contenido de su GV, ya que ese nivel de consciencia implicaría una relación directa con el grado de libertad y responsabilidad de la persona respecto de este.
La investigación de Bucero Romanillos (2009) ha dejado en evidencia que más allá de las posiciones de otros investigadores del AT respecto de si el GV es inconsciente, preconsciente o consciente, hay una evolución en el pensamiento y la obra berniana respecto del tema.
El psiquiatra argentino Roberto Kertész tiene una posición aparentemente clara al respecto: «Dicho plan es inconsciente en su mayor parte, porque (…) fue construido con los escasos datos y recursos con que se cuenta en esa etapa primitiva del desarrollo» (2003, p. 171).
Sin embargo, Berne (1983b, Bucero Romanillos, 2009), partiendo inicialmente de la idea del GV como un producto inconsciente, va modificando su concepción hasta afirmar taxativamente que no lo es.
Cuestionando y coincidiendo con Alfred Adler (1963), Berne plantea que sus diferencias con la concepción adleriana se basan en que: 1º) «generalmente (…) (el GV) no es inconsciente», 2º) «la persona no es (…) la única responsable de él» y 3º) «la meta y la manera de alcanzarla (…) pueden predecirse de una manera mucho más precisa todavía que la de Adler» (1983b, p. 74).
La primera de estas tres afirmaciones entra en colisión con otras definiciones posteriores de GV, como la mencionada de Kertész, pero es comprensible cuando se entiende la aseveración berniana como producto de su obsesiva determinación en mantener la exactitud del concepto de inconsciente adquirido en su estricta formación psicoanalítica. Cuando Berne afirma que no es inconsciente, aunque no lo asegure, posiblemente está diciendo que no es inconsciente en los términos psicoanalíticos al poder hacérselo consciente, si bien también afirma que la persona no es plenamente consciente de él.
Tanto los Mandatos como la Maldición del GV pueden ser concientizados, lo que no podría suceder si fuesen totalmente inconscientes en términos psicoanalíticos. Podría hacerse aquí una digresión interesante acerca de la también evolutiva idea del inconsciente en Freud (1973), pero eso excede los objetivos de este trabajo.
Lo cierto es que es importante tener en cuenta la evolución en el pensamiento berniano del nivel de consciencia del GV. Para ello el aporte hecho por la investigación de Bucero Romanillos es insoslayable. Este investigador ahonda en los aportes actuales en los que el debate sigue abierto. Por ejemplo Stewart, I. y Joines, (2007) afirman:
En la vida de adulto, lo más que nos acercamos a los recuerdos de los años tempranos es en sueños y fantasías. A menos que le dediquemos tiempo a trabajar sobre ello y descubrir nuestro Guion, lo más probable es que no seamos conscientes de las decisiones tempranas que hemos realizado, aunque las mostremos en nuestro comportamiento.
No pretendemos tener la última palabra al respecto con este trabajo. Solo nos interesa dejar planteado el problema y especular posteriormente sobre qué grado de libertad nos deja el cumplimiento de un programa preestablecido. Para quienes estén interesados en profundizar sobre el nivel de consciencia del GV remitimos al mencionado trabajo de Bucero Romanillos (2009) quien sintetiza la evolución del pensamiento berniano al respecto.
Cuadro 1.
Fuente: Bucero Romanillos, 2009, p. 197 (7).
En todo caso consideramos que el GV es no consciente, aunque no inconsciente en el sentido estrictamente freudiano. Puede, en parte o totalmente, ser concientizado, siendo justamente esa toma de conciencia de los elementos del GV el paso imprescindible para ayudar al paciente a redecidirlo, desobedecerlo y crear un Plan de Vida Autónomo, consciente y basado en los deseos propios y en el análisis objetivo de su realidad.
Como hemos anticipado, el análisis del nivel de consciencia del GV conduce a un nuevo debate: ¿cuál es el grado de libertad y responsabilidad del «hombre guionado»?
En la medida en que se va avanzando en la comprensión y profundización del GV pareciera que el hombre para Berne era un mero actor/títere que representa un texto escrito por otros o, mejor dicho, escrito por él mismo en base a los deseos de otros.
Solo en parte es así. Emilio Antognazza (1999, p. 66) decía que el hombre es «actor de una vida ficticia», haciendo referencia a este actuar en la vida como el protagonista de un texto escrito en colaboración entre los padres y la propia persona.
Pero Berne también tenía una frase de cabecera, escrita en una placa en la pared de su consultorio: «Yo estoy bien, tú estás bien» (Steiner, 2008, Harris, 1984). Esta aparentemente irreal afirmación expresa la idea aristotélica de que todos los hombres nacen bien, salvo la presencia de patologías orgánicas que lo condicionen, sin que esta creencia significara negar la evidencia del dolor y sufrimiento humano que cada paciente traía a su análisis.
Para Berne todos estamos bien, sea porque así hemos nacido, bien sea porque estamos «todo lo bien» que nuestra situación actual nos permite estar. En ello se nota también la influencia del pensamiento gestáltico y del Principio de Pregnancia (Vázquez, 2010).
«Ya desde los primeros días de vida puede encontrarse en dificultades» dice Berne (1983a, p. 291) refiriéndose a la relación del bebé con sus padres o cuidadores. Posteriores teóricos han incluso aventurado que estas «dificultades» pueden llegar a ser intrauterinas, cuando hay embarazos en los que el deseo materno es ambivalente o existen situaciones traumáticas vividas por la madre embarazada ligadas a la presencia del niño, como una gestación originada en una violación, por ejemplo (Vázquez, 2012).
Berne ve a su paciente debatirse entre su vida auténtica, real, libre, responsable en el ineludible encuentro con su existencia (Sartre, 1986) y el GV elaborado en la infancia bajo influencias parentales (Berne, 1983b) que lo libera de esa responsabilidad pero lo constriñe y esclaviza.
En esa síntesis describe un hombre que lucha contra la inautenticidad siguiendo las ideas de la «errancia» de Heidegger o la existencia frustrada de Binswanger (1972), encarnada en un Guion que él confunde con su verdadera vida.
Este Guion es el resultado del deseo de otros (los padres, las generaciones anteriores), pero que, al haber sido aceptado por el sujeto en los primeros años de su vida en su intento por ser admitido por el sistema familiar y así evitar el abandono y la muerte, es «egosintónico» (Berne 1983b), por lo que fácilmente se confunde con un proyecto de vida propio, real y autónomo.
Sin abandonar sus raíces freudianas, de las que la Teoría del Guion es clara sucesora, Berne coincide con la perspectiva de Sartre (1973) quien afirmaba que los complejos y los proyectos inauténticos del sujeto se comprenden desde el punto de vista de la relación con los otros.
Y esto no solo se entiende en el origen de esos complejos y proyectos, sino que la propia consecución, la «puesta en marcha» de las estrategias conductuales que el paciente despliega para cumplir con el GV necesita de otros que actúen como «cómplices argumentales» (Vázquez, 2012): pareja, amigos, compañeros de trabajo, jefes, empleados, etc.
«¿Por qué elijo siempre el mismo tipo de hombre (egoísta, narcisista, machista) que termina cagándome la vida?» (C. 37 años (8)).
Lo interaccional es fundamental para comprender la dinámica del GV. El «hombre guionado» necesita de los otros, de los que lo rodean, y de su colaboración para confirmar su GV, para empujarlo hacia su resultado.
Sin dudas el mecanismo comunicacional privilegiado para lograrlo, son los Juegos Psicológicos, tal como se profundizará.
Indudablemente influido por las ideas de Rousseau (2010), Berne considera que el niño «nace bueno». En su más citada frase expresa:
Todos nacemos bien. Todos nacemos príncipes y princesas. Todos tenemos un cierto potencial humano que podemos desarrollar. Yo soy responsable de mi vida y decido, para bien o para mal, lo que es bueno para mí y lo que hago con ella. Todo el mundo (con solo algunas excepciones, como los graves daños cerebrales) tiene la capacidad de pensar. La gente decide su historia y su destino, y estas decisiones se pueden cambiar. En resumen, todos podemos cambiar en pos de la autonomía y tenemos los recursos necesarios para hacerlo. El objetivo del cambio en el marco del Análisis Transaccional es avanzar hacia la autonomía (la libertad del Guion de la infancia), la espontaneidad, la intimidad, la resolución de problemas en lugar de evasión o pasividad, la curación como un ideal, no limitarse a hacer el progreso, el aprendizaje de nuevas opciones (citado por Cuadra, J. et al., 2005).
Y agrega:
Todo niño humano normal llega al mundo con la capacidad de desarrollar sus potencialidades para el mejor provecho de sí mismo y de la sociedad, de disfrutar y de trabajar en una dimensión productiva y creadora, y de mantenerse libre de incapacidades psicológicas (Berne, 1983a, p. 290).
Queda así expuesta la polaridad entre un niño que nace sano y con todas sus potencialidades, pero que debe enfrentar expectativas parentales que lo limitarán y convertirán en un hombre esclavizado que necesitará luego liberarse del Guion de la infancia, si quiere vivir una vida auténtica y autónoma.
En este sentido la visión del «hombre guionado» se aproxima (aunque no se ajuste totalmente a ella) con la cuarta idea de hombre de Max Scheler (2000), porque el «hombre guionado» termina siendo un «desertor de la vida», valiéndose para vivir de «meros sucedáneos, … sustitutivos de las auténticas funciones vitales» (p. 41). Nos detendremos más adelante en la comprensión de que el origen de esta situación radica en la indefensión del hombre, en sus primeros años de vida, ante el ambiente familiar y social al que debe adaptarse para sobrevivir.
Por oposición, el hombre libre de las ataduras del Guion y las lealtades familiares inconscientes se asemeja al descripto por Scheler en su quinta categoría: el hombre responsable, la «persona» según Hartmann, cuyo espíritu lo eleva y le permite elegir libremente, asumir su misión, encontrar y adoptar el sentido de su vida (Scheler, 2000; May, 1974).
Esta visión, coincidente con los postulados de la responsabilidad del movimiento existencialista (Sartre, 1973; Heidegger) encierra en sí misma y al mismo tiempo la libertad y el desafío de la soledad ante las decisiones vitales y la muerte. Esta soledad, y la necesidad de aceptar «ser para la muerte» según Heidegger, (Guerra Tejada y Yáñez Vilalta, 2009; Ferry y Renault, 2001) son tan angustiantes para el hombre que se transformarán en el motor cotidiano que lo impulsa a refugiarse en la «seguridad del Guion».
El Guion podría constituirse así en la forma de respuesta (el cómo) a las preguntas schelerianas: «¿Qué es lo que niega en el hombre? ¿Qué es lo que anula la voluntad de vivir? (…) ¿Para qué se reprime, se sublima, se niega la voluntad de vivir?» (Scheler, 1968, p. 77-78).
Ahora bien, esta decisión de eludir las responsabilidades de la propia vida y seguir el Guion también es una elección libre, no una mera «maldición ineludible».
A diferencia de la concepción de Moira o Destino fatal de los griegos, que consideraban a la Maldición del oráculo como una sentencia inapelable, el hombre puede elegir, una vez tomada consciencia de los contenidos de su GV y de la Maldición al que él lo lleva, si va a continuar con él o va a «tirar la careta» y elegir una vida libre y autónoma.
Para Berne el hombre es libre y responsable. Aun cuando elija vivir de acuerdo con la expectativa de sus padres (Guion) para no ser abandonado, es responsable de su elección. Y hacerse cargo de esta es el primer paso para retomar el timón de su propia vida, hasta ese momento en manos de un libreto anacrónico.
En el caso de quedarse en el GV, elige la seguridad del vínculo primario, sintetizado por él en el «daemon - demonio interno».
Este le dirá con la voz de su madre o padre: No serás feliz, ni exitoso, ni autónomo, pero «…En cambio me tendrás a mí, como ya me tuviste en la Edad de Oro», tal como decía Berne en la página 304 de su libro póstumo.
Y esa elección es llevada hasta la propia terapia: «El paciente se resiste a ser un triunfador porque no está en tratamiento con esa intención, sino solo para convertirse en un fracasado valiente» (Berne, 1983b, p. 52).
Para comprender acabadamente esta afirmación, como todas aquellas en las que Berne habla de triunfador y fracasado, debemos liberarnos de la limitada concepción exitista, desde la cual ha sido sistemáticamente criticado el AT y aceptar que para Berne un triunfador es el hombre que se ha liberado de su GV y fracasado aquel que se ha resignado a ser un hombre guionado.
Cuando la elección recae en lo conocido, lo previo, lo aprendido, el deseo de los otros (padres, parientes, etc., proyectados luego en la sociedad) es cuando la persona vive una vida ficticia, segura pero limitada, porque «el hombre nace libre, pero una de las primeras cosas que aprende es a obedecer, y lo sigue haciendo durante el resto de su vida» (Berne, 1978, p. 176).
También postula que el trabajo hacia la autonomía, la asunción de la propia libertad y el verdadero autoconocimiento es la tarea liberadora de la terapia, el encuentro con uno mismo. Y que la responsabilidad asumida permite el ejercicio de la libertad y autenticidad (de Caso, 2006), aun cuando su costo sea por momentos la vivencia de la angustia, conceptos compartidos con la escuela gestáltica.
Lluis Casado Esquius discute en un interesante artículo (y desde una mirada narrativa) esta cuestión del determinismo en el AT y la Teoría del Guion:
… nos preguntábamos sobre el grado de determinismo del AT. La respuesta depende de la persona, o de su situación vital. Lo que nos ofrece el AT es un modelo de comprensión del ser humano y de ayuda para el crecimiento que, por tanto, debe contemplar tanto las situaciones vitales más rígidas, como aquellas que caracterizan una existencia autónoma y creativa (2008, p. 42).
UNA MIRADA DESDE LA ESPIRITUALIDAD (9)
Esta visión del hombre luchando entre «dos naturalezas» no es nueva ni exclusiva de este enfoque.
