El liberalismo del miedo - Judith Shklar - E-Book

El liberalismo del miedo E-Book

Judith Shklar

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Beschreibung

Judith Shklar, una de las pensadoras más fascinantes de la filosofía política del siglo XX, desarrolla en este libro una de las ideas centrales de su pensamiento, el "liberalismo del miedo". Su argumento parte de una negación: no propone un liberalismo del mejor bien, sino el del menor mal. Según la autora, no es posible conseguir el bien y la historia así lo demuestra: múltiples son los casos en los que las poblaciones sufren abusos e injusticias por parte de sus gobiernos. Esto genera miedo en las personas, y de esta experiencia de temor, que es una experiencia universalmente compartida, nace su idea de un liberalismo no utópico. En esta lúcida y contundente obra, Shklar defiende que –puesto que siempre existirán situaciones de vulnerabilidad– el Estado debe ofrecer las suficientes garantías que permitan a las víctimas potenciales protegerse contra los abusos de poder y, de esta manera, minimizar el inevitable daño (físico o moral) que se pueda ejercer sobre ellas.

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Seitenzahl: 70

Veröffentlichungsjahr: 2018

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Judith Shklar

El liberalismo del miedo

Prólogo de Axel HonnethTraducción deAlberto CiriaRicardo García Pérez

Herder

Título original: The Liberalism of Fear

Traducción: del prólogo de Axel Honneth, Alberto Ciria; del texto de Judith Shklar, Ricardo García Pérez

Diseño de la cubierta: Purpleprint creative

Edición digital: José Toribio Barba

© 2014, Axel Honneth, «Die Historizität von Furcht und Verletzung. Sozialdemokratische Züge im Denken von Judith Shklar», en Vivisektionen eines Zeitalters. Porträts zur Ideengeschichte des 20. Jahrhunderts, pp. 247-261. Suhrkamp Verlag, Berlín.

© 1989, «The Liberalism of Fear», en Judith N. Shklar, Liberalism and the Moral Life, editado por Nancy L. Rosenblum, Cambridge (MA), Harvard University Press. The President and Fellows of Harvard College.

© 2018, Herder Editorial, S.L., Barcelona.

ISBN DIGITAL: 978-84-254-3967-4

Cualquier forma de reproducción, distribución, comunicación pública o transformación de esta obra solo puede ser realizada con la autorización de sus titulares, salvo excepción prevista por la ley. Diríjase a CEDRO (Centro de Derechos Reprográficos) si necesita reproducir algún fragmento de esta obra (www.conlicencia.com).

Herder

www.herdereditorial.com

Índice

PRÓLOGO

La historicidad del miedo y la vulneración. Rasgos socialdemócratas en el pensamiento de Judith Shklar, por Axel Honneth

EL LIBERALISMO DEL MIEDO

PRÓLOGO *

* Este texto forma parte del libro de Axel Honneth, Vivisektionen eines Zeitalters. Porträts zur Ideengeschichte des 20. Jahrhunderts, Frankfurt del Meno, Berlín, Suhrkamp, 2014, pp. 247-261.

La historicidad del miedo y la vulneración.Rasgos socialdemócratas en el pensamientode Judith Shklar

Aunque en los Estados Unidos y en Inglaterra a Judith Shklar se la sitúa ahora al mismo nivel que a su gran contrincante Hannah Arendt, en el mundo de habla alemana, y también en el hispanohablante, sigue siendo hoy prácticamente una desconocida.1 Cuando se habla de la idea del «liberalismo político», todavía se sigue pensando sobre todo en el proyecto de John Rawls en el campo de la teoría de la justicia o en el republicanismo liberal de Hannah Arendt. Solo rara vez se tiene en cuenta que para la fundamentación del liberalismo hay una serie de alternativas adicionales que parten de premisas totalmente distintas. Si echamos un vistazo a los textos más relevantes de Judith Shklar, y en primer lugar al ensayo que aquí presentamos sobre El liberalismo del miedo,2 enseguida queda claro que en su obra se recorre un camino alternativo para fundamentar el liberalismo: de forma totalmente contraria a Rawls o a Arendt, la superioridad ética del liberalismo frente a otras nociones políticas de orden, según Shklar, debe resultar única y exclusivamente de que, gracias a sus mecanismos institucionales, sea capaz de evitar las peores vulneraciones que en cada caso se podrían infligir históricamente al hombre. La clave para comprender la obra de Judith Shklar se encierra en esta fundamentación del liberalismo político a partir del principio negativo de que a lo que hay que aspirar no es a establecer situaciones deseables, sino a impedir situaciones condenables.3 En un país cuya historia reciente ha estado marcada, más que la de ningún otro, por la crueldad política y por el terror estatal, esto debería suscitar un interés máximo.

La comparación entre las filosofías políticas de Judith Shklar y Hannah Arendt resulta obvia, ya solo por el hecho de que ambas mujeres crecieron, con una separación temporal de veinte años, en ciudades importantes del Báltico —la primera en Königsberg, la segunda en Riga—, para luego acabar triunfando como científicas en el sistema académico de los Estados Unidos. Tanto en las coincidencias como en las desavenencias, en las obras de ambas teóricas se reflejan unas experiencias políticas que resultaron inevitables cuando el destino judío de la expulsión forzada y del exilio repercutió con tamaña contundencia en sus respectivas biografías.4 Las afinidades se evidencian del modo más palmario ahí donde la marginalidad en el sistema científico académico, de la que nunca se libraron, animó a estas dos mujeres de tanto talento a desarrollar estilos literarios y modelos de fundamentación que no se ajustaban al canon de la filosofía política que en aquella época estaba vigente. En sus tratados de filosofía política, tanto Hannah Arendt como Judith Shklar siempre demuestran ser grandes narradoras, a menudo prueban sus argumentos con minuciosas descripciones de procesos históricos y no se arredran ni siquiera a la hora de aludir en contextos normativos a la función de los rasgos caracterológicos personales, de las virtudes y los vicios individuales. Ciertamente, esta forma narrativa de sus textos —basta con pensar en Los orígenes del totalitarismo de Arendt o en Los rostros de la injusticia de Shklar—5 es en ambas autoras mucho más que mera expresión de un afán de autonomía estilística o de independencia en su disciplina. Aunque ahí también se puedan encontrar elementos de un estilo específicamente femenino, tal como Julia Kristeva ha supuesto de Hannah Arendt,6 en su estilo teórico cabe ver sobre todo la manifestación de una concepción que ambas comparten de lo político, y por tanto también de la tarea de una filosofía política. A ambas les resultaba igualmente ajena la idea de obtener enunciados normativos sobre los requisitos del actuar político deduciéndolos de principios supremos. En lugar de eso, empezando por abajo, desde una cautelosa generalización de casos singulares paradigmáticos y de circunstancias típicas, se debería abrir camino hasta unas definiciones que luego se pudieran demostrar como base sustentante de una teoría normativa. Toda la admiración que ambas teóricas profesaban por la historiografía antigua, los moralistas franceses y la novelística moderna se nutría de esta previa decisión metódica a favor del raciocinio y el discernimiento. Aunque en ocasiones Judith Shklar tributó un gran respeto a los esfuerzos filosóficos de John Rawls, sin embargo estaba de acuerdo con Hannah Arendt en que las declaraciones generales solo se pueden obtener legítimamente destilando afinidades del máximo número posible de casos singulares.

Se podrá especular sobre si los recelos que ahí se van perfilando hacia procedimientos deductivos, hacia esbozos de sistemas de filosofía política y hacia un pensamiento regido por principios procedían de la experiencia biográfica de tener que meterse una y otra vez en nuevos contextos y perspectivas culturales. En todo caso, tanto en Hannah Arendt como en Judith Shklar la experiencia del desarraigo podría haber contribuido a mirar con escepticismo unos planteamientos que deducen precipitadamente de lo universal lo particular sin tener en cuenta circunstancias locales e históricas. Incluso la propensión de ambas autoras a poner constantemente de relieve, al hacer el análisis de las acciones políticas, el valor de las virtudes o los vicios individuales podría tener sus raíces en esta afinidad biográfica. Quien ha tenido que experimentar en sus propias carnes cuán importante resulta, en la lucha contra las amenazas totalitarias y la persecución estatal, que algunos individuos tengan la resolución moral y el coraje para oponer resistencia, probablemente ya no perderá de vista en toda su vida la relevancia política de los rasgos caracterológicos individuales. Uno de los libros más impresionantes de Judith Shklar, su recopilación de ensayos Vicios ordinarios,7 nació gracias a que la autora comprendió que una comunidad liberal está expuesta a una amenaza interna por el hecho de que pueden prosperar en ella vicios totalmente habituales como el clasismo y el esnobismo. Y en ninguna otra parte viene a evidenciarse con mayor claridad su afinidad intelectual con Hannah Arendt que en estos magistrales estudios caracterológicos, en los que, siguiendo ejemplos sacados de novelas clásicas que van desde Dickens hasta Faulkner pasando por Jane Austen, se investiga dónde discurre exactamente la línea fronteriza entre rasgos de personalidad meramente desagradables y comportamientos democráticamente dañinos.

Sin embargo, con esto se acaban ya las afinidades entre los textos de ambas filósofas políticas. Tales afinidades corresponden más bien al ámbito del estilo argumentativo y de ciertos focos de interés, y no afectan tanto al núcleo sustancial de las teorías respectivas. Las diferencias —por empezar también aquí con rasgos más bien externos, en cierto modo fisionómicos, de las obras respectivas— comienzan con que en Judith Shklar no hay la menor propensión a hacer especulaciones sobre diagnósticos de la época ni sobre filosofía de la historia. Mientras que en casi todos los escritos de Hannah Arendt encontramos la tendencia a analizar los problemas políticos del siglo XX