El limpiador 3: La chaqueta - Inger Gammelgaard Madsen - E-Book

El limpiador 3: La chaqueta E-Book

Inger Gammelgaard Madsen

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Beschreibung

"Bertram tiene miedo de ir a la policía y decir lo que encontró en la chaqueta robada, porque es un delincuente buscado y no quiere relacionarse con las fuerzas policiales. Una tarde, intenta una llamada anónima, pero por estar ebrio y drogado la policía se niega a creerle. Cuando Bertram descubre que la vida de su madre peligra, trata de advertirle pero ella tampoco le cree. Empieza a seguirla y descubre que se encuentra con un hombre que él no reconoce. Cuando Bertram le pregunta quién es, ella termina admitiendo que es su novio y que ambos planean mudarse lejos del vecindario y empezar una vida nueva juntos. Bertram decide descubrir dónde vive ese hombre y fuerza la entrada a su casa para averiguar lo que pueda sobre él. Al buscar en las pertenencias del hombre, encuentra una colección de pasaportes falsos y una foto en la que el sujeto está usando la chaqueta de cuero robada.El limpiador es un drama criminal en seis episodios."-

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Seitenzahl: 39

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Inger Gammelgaard Madsen

El limpiador

Episodio 3 de 6

La chaqueta

SAGA

El limpiador 3: La chaqueta

Original title:

Sanitøren 3: Jakken Copyright © 2017, 2019 Inger Gammelgaard Madsen and SAGA Egmont, Copenhagen All rights reserved ISBN: 9788726233254

1. E-book edition, 2019 Format: EPUB 2.0

All rights reserved. No part of this publication may be reproduced, stored in a retrieval system, or transmitted, in any form or by any means without the prior written permission of the publisher, nor, be otherwise circulated in any form of binding or cover other than in which it is published and without a similar condition being imposed on the subsequent purchaser.

El limpiador

Episodio 3 de 6

La chaqueta

Bertram se sobresaltó cuando sonó el timbre. Antes de abrir la puerta, se apresuró a apagar su cigarrillo.

Felix entró de inmediato y caminaron en silencio hasta la habitación de Bertram.

—¿Viste los videos? —preguntó Bertram con una voz ronca. No había podido localizar a Felix durante el fin de semana. Había ido con sus padres a Suecia, a celebrar sus 16 años con sus abuelos, que vivía allí, y su celular no recibía llamadas internacionales.

—¿Estás seguro de que son reales? —preguntó Felix tragando saliva un par de veces, con dificultad.

—Tanto el suicidio como el accidente salieron en el periódico y en la televisión.

—Y se trata de cualquier cosa menos de accidentes y suicidios.

—¿Qué demonios vamos a hacer Felix?

Bertram se sentó en su cama y dirigió una mirada a Felix. Él era el listo del grupo y, cuando hablaron por teléfono, había estado completamente de acuerdo en no acudir a la policía para evitar el riesgo de convertirse en el centro de atención.

—Debemos averiguar de quién es la chaqueta. Si lo descubrimos, tal vez podremos encontrar la manera de denunciarlo a la policía.

—Pero es que ni siquiera sabemos si el dueño de la chaqueta es el asesino...

Felix se sentó en el escritorio y alborotó su cabello rubio. Ya no lo llevaba recogido en un moño, sino que caía con libertad sobre sus hombros.

—La memoria USB estaba en su chaqueta. ¿Por qué otro motivo la cargaría encima?

Bertram estuvo de acuerdo.

Se sentía aliviado de al fin poder hablarlo con alguien. Desde hace varios días estaba peleado con su madre. Cuando eso sucedía, no se hablaban y se mantenían tan alejados como podían, lo cual era una tarea difícil en un pequeño departamento de dos habitaciones. Aunque ella no le había creído una palabra.

Cuando finalmente logró convencerla de que viera la página secreta en su portátil, la conexión a Internet se interrumpió debido a un error del servidor. Eva Maja sacudió la cabeza y volvió a decir que era un mentiroso con una vívida imaginación. Incluso lo acusó de haber creado la página él mismo, para aterrar a otras personas.

—De todas maneras, nada de esto se relaciona contigo, Bertram. Un guardia de prisión y una abogada a los que ni siquiera conocías. Tal vez merecían morir tal como el tipo al que mató tu papá.

Bertram se estremeció al recordar a su padre y sacudió la cabeza.

—¿Y que hay sobre Karl Dallerup, el nuevo de la lista? Está relacionado con el padre de la abogada. Lo vi en las noticias. Le hicieron un reportaje conmemorativo y allí lo dijeron. Él también es un pez gordo. Un juez de la Corte Suprema o algo así.

Felix se giró hacia el computador y abrió una ventana del buscador. Bertram lo vio escribir Karl Dallerup en el cuadro de búsqueda.

—¿Qué vas a hacer?

—Trato de averiguar su número telefónico. Así puedes llamarlo para advertirle.

—¿Llamarlo ...? No, ¿y qué le voy a decir? De todas formas, no me va a creer.

—Es un nombre bastante inusual. Debe ser este. Incluso mencionan que es un juez de la Corte Suprema. Felix le señaló el número de teléfono en la pantalla.

Como en cámara lenta, Bertram sacó su teléfono del bolsillo y empezó a marcar el número. Pero entonces se paralizó y lanzó una mirada desesperada a Felix.

—¡No puedo hacerlo, Felix! ¿Qué le voy a decir? ¿Por qué no lo haces tú? Eres listo y …

—Fuiste tú quién robó la chaqueta en primer lugar. Todo esto es tu culpa.

—¿Mi culpa? ¡Tú fuiste el que se hackeó esa red!

—¡Sí, porque tú me lo pediste!

—¡Déjame en paz! ¿Acaso es mi culpa que siempre te estés luciendo con tus habilidades de hacker?

Felix se levantó tan rápido que la silla rodó por la alfombra y golpeó la pared. Salió de la habitación dejando a Bertram sentado en la cama, mirando el número de teléfono en la pantalla de su teléfono.

—¡Maldita sea! —gritó y lo lanzó sobre la cama.