El Milenio: La llegada de la Edad de Oro - Dr. David Jeremiah - E-Book

El Milenio: La llegada de la Edad de Oro E-Book

Dr. David Jeremiah

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Una introducción al milenio según la profecía bíblica Tras años de estudio de la Biblia, David Jeremiah descubre un tesoro profético poco explorado: el reinado milenario de Jesucristo sobre la tierra. Con claridad teológica, visión pastoral y base exegética, este libro nos guía por más de 30 verdades bíblicas que revelan el futuro glorioso que aguarda a los creyentes. Desde el Rapto hasta la Nueva Jerusalén, nos ayuda a comprender el orden profético que Dios ha establecido: Rapto. Tribulación. Armagedón. Regreso. Milenio. Eternidad. - Una Jerusalén renovada será capital del mundo. - La enfermedad y el conflicto desaparecerán. - Jesús reinará visible y accesible desde Su trono. - La tierra se llenará de justicia, paz y adoración. Si crees que el caos actual es el final, este libro te recordará que apenas es el principio de algo glorioso. ¡Descubre la esperanza, la promesa y el poder del Milenio que viene!

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Seitenzahl: 427

Veröffentlichungsjahr: 2025

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El Milenio: la llegada de la edad de oro

© 2025 por David Jeremiah.

Publicado por Editorial Patmos,Miramar, FL 33027.

Publicado originalmente en inglés por W Publishing, un sello de Thomas Nelson, Nashville, Tennessee, en asociación con Yates & Yates, con el título The Coming Golden Age © 2023 por David Jeremiah.

Todos los derechos reservados. Ninguna parte de esta publicación puede ser reproducida, almacenada en un sistema de recuperación o transmitirse en cualquier forma o por cualquier medio —por ejemplo, electrónico, fotocopia, grabación— sin la autorización previa por escrito de la editorial. La única excepción son las citas breves en las reseñas impresas.

A menos que se indique lo contrario, todas las citas bíblicas han sido tomadas de La Santa Biblia, Nueva Biblia de las Américas © «nbla» 2005 por The Lockman Foundation. Usada con permiso, www.NuevaBiblia.com.

Las citas bíblicas marcadas «rvr1960» han sido tomadas de la Santa Biblia, Versión Reina-Valera 1960 © 1960 por Sociedades Bíblicas en América Latina, © renovada 1988 por Sociedades Bíblicas Unidas. Usada con permiso.

Las citas bíblicas marcadas «ntv» han sido tomadas de la Santa Biblia, Nueva Traducción Viviente, © Tyndale House Foundation, 2010. Usada con permiso. Todos los derechos reservados.

Las citas bíblicas marcadas «nvi» han sido tomadas de La Santa Biblia, Nueva Versión Internacional® NVI® © 1999, 2015 por Bíblica, Inc.® Usada con permiso. Reservados todos los derechos en todo el mundo.

Las citas bíblicas marcadas «lbla» han sido tomadas de La Santa Biblia, La Biblia de las Américas © Copyright 1986, 1995, 1997 by The Lockman Foundation. Usadas con permiso.

Las citas bíblicas marcadas «nbv» han sido tomadas de la Santa Biblia, Nueva Biblia Viva, © 2006, 2008 por Biblica, Inc.® Usado con permiso de Biblica, Inc.® Reservados todos los derechos en todo el mundo.

Traducido por Yvette Fernández Cortez.

ISBN: 978-1-64691-460-9ISBN: 978-1-64691-461-6 (eBook)

Categoría: Vida cristiana / Escatología.

Este documento digital fue realizada por Nord Compo.

Al Dr. Richard Furman,reconocido cirujano toráxico,cofundador de World Medical Mission,el ministerio médico de Samaritan’s Purse,estudiante ávido de la Biblia…Y mi AMIGO con quien hablo por teléfono una vez cada semana.

Contenido

Portada
Copyright
Dedicatoria
Introducción
Capítulo 1 - Imagine
Capítulo 2 - Las tres verdades de oro
Capítulo 3 - Las promesas de oro de las Escrituras
Capítulo 4 - Venga tu reino
Capítulo 5 - La maldición revertida
Capítulo 6 - Armagedón
Capítulo 7 - La ciudad de oro
Capítulo 8 - Jerusalén reorganizada
Capítulo 9 - El Rey Jesús
Capítulo 10 - El Príncipe David
Capítulo 11 - Sin diablo
Capítulo 12 - Buen trabajo y apenas ha comenzado
Capítulo 13 - El Camino de Santidad
Capítulo 14 - La vejez en la edad de oro
Capítulo 15 - Gloria
Capítulo 16 - Justicia
Capítulo 17 - El final de la guerra
Capítulo 18 - Riqueza y prosperidad
Capítulo 19 - Salud y sanidad
Capítulo 20 - Gozo
Capítulo 21 - El reino animal restaurado
Capítulo 22 - El templo de Ezequiel
Capítulo 23 - El nuevo sacrificio de animales
Capítulo 24 - Adoración en el Milenio
Capítulo 25 - El Pecado en el Milenio
Capítulo 26 - La Salvación en el Milenio
Capítulo 27 - No más excusas
Capítulo 28 - El juicio final
Capítulo 29 - El puente hacia la eternidad
Capítulo 30 - La promesa de la utopía
Capítulo 31 - Listos para el Reino
Índice
Reconocimientos
Notas
Acerca del autor

Introducción

La profecía bíblica me ha fascinado toda mi vida, y nada me anima más que las predicciones de Dios acerca del futuro. Sin embargo, no hago muchas predicciones por mí solo. La Biblia es infalible; yo no. Aun así, en este momento, voy a predecir que la lectura de este libro le hará sentir como aquel granjero de quien leí en Kentucky.

No sabemos su nombre, él no lo ha mencionado y tampoco ha dado la localización de su granja. Pero sí sabemos qué encontró. El año pasado, mientras excavaba en su maizal, vio un destello dorado. Era una moneda. A medida que el hombre la limpiaba, quedó sorprendido al descubrir un Águila Doble, una moneda de veinte dólares acuñada en la década del año 1860.

“Después de haber quitado el primer pedazo de tierra”, dijo “después de los siguientes cuarenta y cinco minutos a una hora, las monedas seguían llegando. Yo sabía que había cientos de ellas”.

En total, el granjero descubrió más de setecientas monedas de la era de la Guerra Civil justo en el terreno de su maizal. La mayoría de ellas fueron acuñadas entre 1840 y 1863. Unas cuantas eran de plata, pero la mayor parte eran de oro.

Alguien, hace mucho tiempo, había enterrado las monedas para protegerlas durante la guerra. Por razones desconocidas, nunca las recogieron, sino hasta que nuestro granjero incógnito descubrió oro. Los expertos dicen que las monedas antiguas valen millones de dólares hoy en día.1

Siento que más o menos soy como ese granjero. He vivido en mi Biblia durante años sin apreciar completamente las reservas de monedas de oro que están justo por debajo de la superficie. Recientemente, las he estado escarbando, cientos de versículos acerca de la era de oro que se avecina, el inminente reino de mil años de Jesucristo en este planeta. Algunos comentadores dicen que es el único tema más mencionado en toda la Palabra de Dios.2

¡Diez siglos donde el mundo estará en paz, será próspero estando para el poder y la autoridad de Jesucristo!

Este milenio de tiempo está delante de nosotros. Es la época entre el regreso de nuestro Señor a este planeta y el inicio de la era eterna, de un cielo y una tierra nuevos.

Este conocimiento es invaluable para nosotros. Responde nuestras preguntas y anticipa el nuestro futuro. Si en este momento mira alrededor del mundo, alarmado y asustado, yo tengo algo maravilloso que mostrarle. Si piensa que nuestro planeta va hacia la destrucción, ¡piense de nuevo! La mano confiable del Señor Jesucristo, la misma mano que le está guiando, está dirigiendo el curso de los eventos en esta tierra.

Es el momento de desechar el desánimo de su vida. Si le pertenece a Jesucristo, usted está incluido en el futuro que Él ha diseñado. Hay una Era de oro que se está acercando, y ¡se pone mejor después de eso!

En resumen, esto es lo que sucederá. La Biblia enseña que podría ocurrir una gran desaparición en cualquier momento: el Rapto de la iglesia en este planeta. Jesús vendrá en las nubes y llamará a que su pueblo se reúna con Él en el aire (1 Tesalonicenses 4:13-18). La desaparición de millones o billones de personas traumatizará a las naciones, llevando un cambio en el poder mundial y una guerra global (Apocalipsis 6:1-8). Un gobernador engañoso, único para todo el mundo, surgirá desencadenando siete años de tribulación en nuestro planeta (Daniel 9:27; Apocalipsis 6-18).

La última mitad de ese periodo será desgarrador, más allá que cualquier cosa conocida en la historia. La ira de Dios caerá sobre la tierra en olas, justo cuando el anticristo está reuniendo a las naciones en contra del pequeño Israel (Apocalipsis 15:1; Zacarías 14:2). Jesús lo llamó “la gran tribulación, tal como no ha acontecido desde el principio del mundo hasta ahora, ni acontecerá jamás Mateo 24:21).

Todo esto culminará en la guerra máxima de la historia del mundo: la batalla de Armagedón (Apocalipsis 16:16). Justo cuando Israel parece estar al borde de la aniquilación, Jesucristo aparecerá en las nubes y destruirá las fuerzas hostiles del Anticristo (Zacarías 14:2; Apocalipsis 19:11-16). Nuestro Señor pronunciará literalmente la victoria, y libertará a su pueblo.

Nosotros estaremos con Él. ¡Sucederá ante nos ojos!

Entonces, Jesús descenderá a la tierra y sus pies tocarán en el Monte de los Olivos, la cresta montañosa en el lado oriental de Jerusalén (Zacarías 14:4; Hechos 1:11). Él entrará gloriosamente en la ciudad de Jerusalén, asumirá las riendas del gobierno mundial y reinará por mil años (Apocalipsis 20:4-6).

Esto lo llamamos el Milenio, la Era de oro futura. Es el reino venidero, el cumplimiento de todas las promesas que Dios le hizo a Israel en el Antiguo Testamento. También es el puente del tiempo que nos llevará a los enclaves eternos del cielo nuevo, la nueva tierra y la capital eterna de la Nueva Jerusalén.

Sí, hay mucho que desentrañar sobre todo esto, lo que haremos en las siguientes páginas. Pero la secuencia general es bastante fácil de entender para nosotros. Este marco pone todo en su lugar para que podamos ensamblar la cronología profética en nuestras mentes.

Primero, el Rapto, lo cual fue el tema de mi libro La gran desaparición.

Después, un periodo de siete años de Tribulación culminando en la batalla de Armagedón.

Entonces Jesús vendrá de nuevo y establecerá su reino prometido a lo largo de la Biblia. Ese periodo de mil años nos condicionará y preparará para nuestro hogar eterno: ¡el cielo!

Rapto, tribulación, Armagedón, retorno, Milenio, eternidad. ¿Lo entiende? Este libro trata de la parte subestimada del Milenio en la secuencia.

Mientras investigaba todo esto, un pensamiento me impactó con más fuerza que cualquier otro. Si el rapto ocurriera hoy, nuestro mundo, incluyéndole a usted y a mí, estaría a solo siete años del estado más notable y glorioso que podríamos imaginar en este planeta caído. Me sentí muy entusiasmado por eso. El Señor quiere que meditemos en ello. Él ha esparcido pasaje tras pasaje sobre esto a lo largo de las Escrituras, desde Génesis hasta Apocalipsis, y la cantidad de verdad bíblica es enorme cuando se trata de esta futura Era de oro.

De hecho, la enorme cantidad de Escrituras proféticas sobre este tema podría ser abrumadora. Para hacerlo lo más sencillo posible, lo he dividido en treinta y un hechos milenarios de la Biblia. Si lee un capítulo al día, durante solo un mes, ¡le ayudará a estar preparado para el reino!

En este libro, descubrirá el mundo que siempre había querido, donde…

la Ciudad Dorad de Jerusalén, nueva y mejorada, se convertirá en la capital del mundo;

la tierra se caracterizará por la santidad y la paz mundial;

será muy raro que haya enfermedades, las personas vivirán durante muchos siglos;

los animales salvajes se volverán tan mansos como las mascotas domésticas;

la adoración [a Dios] será espontánea, continua y gloriosa;

la nación de Israel se convertirá en el destino turístico principal del mundo;

Satanás no nos molestará

Literalmente, Jesús reinará sobre el mundo desde su trono en Jerusalén, y estará accesible a su pueblo.

Si todo eso le parece fantástico a usted, es porque es fantástico. Pero también es cierto, todo está en la Biblia. No hay hada demasiado difícil para Dios, y Él siempre cumple sus promesas. Muchas de ellas se las ha cumplido a Israel, especialmente a través de los profetas del Antiguo Testamento y en el libro de Apocalipsis. Dios tiene un plan para nuestro mundo, y no lo ha olvidado. Tiene un amor profético por Israel, y hará que se cumpla cada palabra que Él ha pronunciado.

Hoy en día, las cosas pueden parecer sombrías: los titulares deprimentes, las noticias de última hora, maldad virulenta, los altibajos de la política, antisemitismo desenfrenado y persecución religiosa; temores y preocupaciones personales. Pero justo delante de nosotros, tal vez dentro de un poco más de siete años, todo eso cambiará por el poder de nuestros Señor Jesucristo resucitado, reinante y justo.

¡Solo siete años después del rapto! Eso es menos de dos periodos presidenciales en Estados Unidos.

Acompáñeme a los campos fructíferos de las Escrituras y excavemos en busca del escondite de los versículos dorados que nos esperan justo debajo de la superficie. A medida que aprendemos más de lo Dios ha preparado para nuestro futuro, esperaremos el mañana con nuevo entusiasmo. Esperaremos a nuestro Salvador con mayor anhelo. Disfrutaremos con mayor expectación la Era de oro que se avecina.

Cuando vea lo que la Biblia tiene que decir acerca del futuro, dejará de fruncir el ceño por la frustración y empezará a gritar de gozo.

¡Hay oro en este libro! ¡Versículos bíblicos dorados sobre la Edad de Oro! Así que permítame reafirmar mi predicción de apertura. Creo que, en las siguientes páginas, encontrará un tesoro suficiente para sentirse como la persona adinerada que realmente es en Jesucristo.

Capítulo 1Imagine

Durante solo un día, ¿no le gustaría ver el mundo como debería ser? Las zonas de guerra convertidas en zonas de cese al fuego. Los políticos tomando decisiones piadosas. El crimen no existe. La risa llena nuestros hogares. Los adoradores llenando nuestras iglesias. ¿Se lo imagina?

Durante solamente un día, ¿no le encantaría estar en un planeta que sin siquiera un solo desastre natural? Imagine lo que sería tener una suspensión del poder del diablo por un día, lejos de las garras del mal, de la atracción de la tentación, del tormento de la ansiedad.

¿No sería maravilloso que los consultorios de los médicos estuvieran vacíos ese día? ¿Si no sucedieran funerales? ¿Si los oficiales de la policía no tuvieran absolutamente nada que hacer? ¿Si los locutores solamente tuvieran buenas noticias para reportar?

No nos detengamos a un solo día. ¿Qué pasaría si ese estado como de utopía durara toda una semana?

Ahora, imagine cincuenta y dos mil semanas como esa, una tras otra, mil años de paz, prosperidad y alegría universal. Diez siglos de felicidad, libres de guerras y preocupaciones.

Nadie puede contar el número de cumbres, reuniones diplomáticas, negociaciones o tratados de paz que han ido y venido a lo largo de los siglos, desde la antigüedad hasta ahora. El mundo entero anhela la paz, aun así, parece estar en una agitación constante. Incluso hoy en día, escuchar las noticias es como hacer un viaje a la tierra de la ansiedad y el susto.

Pero Jesús viene, y Él cambiará eso. Espero ansiosamente su inminente regreso; y solo siete años después del rapto, Él vendrá de nuevo a nuestra tempestuosa tierra para corregirlo. Esto se ha vuelto tan real que casi puedo visualizarlo. No hay ningún otro estudio en las Escrituras que satisfaga su corazón de la manera exacta en que lo hará este tema. Como le mostraré más adelante, este período de mil años es la transición entre el tiempo y la eternidad, entre la tierra vieja y la nueva, entre lo momentáneo y lo eterno.

Sí, las cosas empeorarán antes de que mejoren. Después de que el Señor nos lleve a las nubes a estar con Él, el mundo descenderá a siete años de tribulación que se sentirá como la combinación de todas las guerras, hambrunas y desastres de la historia de la humanidad. Alcanzará un punto álgido con la batalla de Armagedón.

Nuestro Señor pondrá fin a esa guerra en el momento en que regrese, y atará a Satanás con cadenas y candados durante mil años. En ese tiempo, la atmósfera de la tierra estará libre de la estática satánica. Los demonios y los principados y las potestades de las tinieblas serán silenciados y desterrados. ¡Imagínese el peso que se nos quita de los hombros cuando ya no tengamos que estar conscientes de las trampas del diablo o del príncipe de la potestad del aire!

Entonces, el Señor procederá a hacer lo que hizo en los evangelios: sanar a las personas. No solo a una ni a dos aquí y allá, sino a todos. El Señor Jesús será “el sol de justicia con la salud en sus alas” (Malaquías 4:2).

Incluso si usted no está enfermo, sentirá una fuerza y un bienestar que nunca había conocido. La esperanza de vida se medirá por siglos y, tal vez, hasta tendrá suficiente poder en sus pulmones para soplar las 790 velitas de su pastel de cumpleaños (Isaías 65:19-20).

Piense en cuán maravilloso será al estar libre de dolores y molestias, escalofríos y pastillas. No más cáncer, no más enfermedades del corazón, no más diabetes, no más articulaciones artificiales. “El cojo saltará como un ciervo, y la lengua del mudo cantará. Porque brotarán aguas en los sequedales y arroyos en el desierto” (Isaías 35:6).

Usted se sentirá como si estuviera viajando por el mundo, ¡y así será!

El destino principal de las naciones será la tierra de Israel. La Biblia dice: “gente de naciones y ciudades en todo el mundo viajará a Jerusalén. La gente de una ciudad dirá a la gente de otra: ‘vengan con nosotros a Jerusalén para pedir que el Señor nos bendiga. Adoremos al Señor de los Ejércitos Celestiales. Yo estoy decidido a ir’. Muchos pueblos y naciones poderosas irán a Jerusalén a buscar al Señor de los Ejércitos Celestiales y a pedir su bendición” (Zacarías 8:20-22 NTV).

¿Se imagina las conversaciones que tendrá ese día? Le dirá a un amigo: “Ven, subamos al monte del Señor, a la casa del Dios de Jacob para que nos enseñe acerca de sus caminos y andemos en sus sendas” (Isaías 2:3).

Ya no necesitaremos invertir mucho esfuerzo y energía espiritual para evangelizar. En cambio, tendremos muchas oportunidades y más grandes para edificarnos mutuamente en la Palabra de Dios. No necesitaremos enseñarles a nuestros vecinos, diciendo: “deberías conocer al Señor”. Porque todos, desde el más pequeño hasta el más grande, ya lo habrán conocido (Jeremías 31:34).

Viajará con regularidad a un Israel muchos más grande, sin desfase de horario ni amenazas terroristas. Andará por el Camino de Santidad hacia la ciudad de Sion con un cántico en el corazón (Isaías 35:8). Allí encontrará una metrópolis reluciente y gloriosa de altura elevada, repleta de alojamientos lujosos. El nuevo templo milenario lo dejará sin aliento: ¡qué enorme, hermoso! Sus patios y puertas, sus altares y sacerdotes, sus ofrendas y celebraciones serán el deleite de la tierra (Ezequiel 40-45).

Oirá música en todas partes, porque “se hallará gozo y alegría allí. Los cánticos de acción de gracias llenarán el ambiente” (Isaías 51:3).

Sobre todo, Jesucristo estará allí física, personal y visiblemente. Él le enseñará su verdad a los pueblos y gobernará entre las naciones (Miqueas 4:1-3; Isaías 9:7). ¿No cree usted que, de alguna manera, Él tendrá suficiente tiempo para cualquiera que quiera verlo? Él nos enseñará muchísimo más acerca de sí mismo y de sus caminos; Él dirigirá el curso de las naciones. Él será tanto Rey como Sacerdote (Zacarías 6:13).

La tierra de Israel se convertirá en el centro de la tierra, y el pueblo de Israel llegará a ser ejemplo de piedad para todo el mundo. Los que queden en Sion serán un pueblo santo, los que sobrevivan la destrucción de Jerusalén y estén registrados entre los vivientes. El Señor lavará la inmundicia de la hermosa Sion y limpiará a Jerusalén de sus manchas de sangre… les dará una cubierta de nubes durante el día y por la noche, humo y ardiente fuego, que cubrirá la tierra gloriosa” (Isaías 4:3-5, NTV).

Jerusalén también será la capital financiera de la Tierra, ya que los mercaderes de los siete mares traen la riqueza de muchas naciones a Tierra Santa. Barcos de los confines de la tierra atracarán en los puertos de Israel trayendo a los judíos a casa y llevando plata y oro (Isaías 60:5-11). Las puertas de Jerusalén estarán siempre abiertas, nunca se cerrarán (versículo 11).

Los ancianos caminarán con fuerza por los bulevares y plazas de Jerusalén, y la ciudad se llenará de niños jugando en las calles (Zacarías 8:4-5). ¡Mire! Hay un caballo y un carruaje retumbando por las calles, y en los cascabeles de los arneses del caballo están las palabras “SANTIDAD AL SEÑOR” (14:20).

El pueblo judío ya no será el títere del mundo. El antisemitismo será un recuerdo distante, y la nación de Israel será primordial en la tierra. Cuando las personas se encuentren con una persona judía en cualquier parte del mundo, la tomarán del brazo para pedirle una bendición (Zacarías 8:23).

Día y noche, el aire se llenará de cantos de alabanza a nuestro Dios y a nuestro Mesías, Jesucristo. En ese día, Jerusalén será llamada por muchos nombres: “La ciudad de nuestro Dios” (Salmo 48:1), la ciudad del deleite de Dios (Isaías 62:4), “EL SEÑOR ESTÁ ALLÍ” (Ezequiel 48:35), “la Ciudad de la Verdad” y “el Monte Santo” (Zacarías 8:3), y el Monte Sion, “la perfección de la belleza” (Salmo 48:2; 50:2).

La tierra de Israel será un símbolo y una fuente de bendición para toda la tierra (Zacarías 8:13).

¿Puedes imaginar esa Ciudad Dorada cubierta con su dosel glorioso, las nubes sobre ella, un muro de fuego a su alrededor y la gloria de Dios en medio de ella (Zacarías 2:5)? Todos allí serán llenos del Espíritu Santo (Ezequiel 39:29). El Señor se deleitará en su pueblo y se regocijará por ellos con cánticos de júbilo (Sofonías 3:17).

Al sur de Jerusalén, disfrutará visitando el granero del mundo, un área de antiguas colinas desérticas, ahora convertidas en un jardín del Edén cerca del río cristalino que brota de los recintos del templo (Isaías 51:3). En algunos puntos verá a la gente caminando en el agua de ese río, y en otras áreas, estarán nadando (Ezequiel 47:3-6). Ya no tendrá que conformarse con flotar en el Mar Muerto porque los residuos viscosos de los siglos serán eliminados. Las aguas vivas del río cristalino convertirán al Mar Muerto en uno de los lagos más bellos del mundo. Será un paraíso para los pescadores (Ezequiel 47:9-10).

Toda esta área será llamada “el huerto del Señor” (Isaías 51:3).

¡Qué viñedos verá, regados por lluvias de bendición (Ezequiel 28:26)! Las colinas estarán cubiertas de vino dulce; el grano y las uvas crecerán más rápido de lo que se pueden cosechar (Amós 9:13). Los huertos y los campos producirán cosechas abundantes, y todos vivirán seguros, sentados debajo de pérgolas e higueras (Ezequiel 34:27). La jardinería y la agricultura serán tareas alegres, sin los obstáculos de malezas, sequías o plagas. Toda la tierra de Israel florecerá como un lirio y se extenderá como un olivo (Oseas 14:5-6).

Incluso la vida silvestre de la tierra será transformada. Los leones y los corderos se acostarán juntos, y los niños jugarán con tigres y osos de la misma manera que ahora juegan con perritos y gatitos. ¡Imagineeso!

Usted y sus seres queridos en Cristo disfrutarán del preludio de mil años por una bendición futura aún mayor: la vida eterna en el cielo y la tierra nuevos y la ciudad de la Nueva Jerusalén. Tendrá todo un Milenio para prepararse y estar en condición para la eternidad.

¿Le parece demasiado bueno para ser verdad? El Señor nos dirá algo así: “todo esto puede parecerte imposible ahora, pero ¿es imposible para mí?”. La respuesta implícita del Señor es no, porque para Él nada es imposible (Zacarías 8:6; Lucas 1:37).

Si el Dios que creó el mundo hace mucho tiempo está verdaderamente a cargo, ¿de qué otra forma cree que Él concluiría su historia de redención en la tierra, a lo cual deberíamos llamar justamente su historia? La obra del Señor nunca termina en tragedia, sino en triunfo. Jesús no murió por el mundo solo para que terminara en un holocausto nuclear provocado por el hombre o por un desastre biológico. Esas cosas pueden suceder, pero no son el final de su plan para nosotros.

Viene una hora señalada cuando nuestro Señor Jesucristo regresará como prometió y descenderá en nubes de gloria en el Monte de los Olivos para establecer su reino y cumplir las promesas que le hizo a Israel y al mundo. En la era de oro futura, “la tierra estará llena del conocimiento del Señor como las aguas cubren el mar” (Isaías 11:9).

¡Imagínese qué gran momento será!

Capítulo 2Las tres verdades de oro

En medio de la Primera Guerra Mundial, la Cruz Roja de Estados Unidos reclutó a jóvenes para que viajaran a Europa y ayudaran a las masas que estaban sufriendo allí. Un granjero de Missouri captó la visión. Era demasiado joven para solicitar el ingreso en el Ejército de los Estados Unidos, pero falsificó la fecha de su certificado de nacimiento y logró unirse a la Cruz Roja de Estados Unidos. Se convirtió en conductor de ambulancia en Francia.

Mientras estuvo allí, se enamoró del encanto y la elegancia del diseño y la arquitectura francesa. Asimiló todo: las cámaras ornamentadas de los palacios, los jardines de Versalles, las pinturas de las galerías. Eso animó su imaginación como, bueno… como por arte de magia.

Más tarde, el joven Walt regresó a Europa con su esposa y continuó soñando con crear mundos de fantasía, tierras llenas de reyes y reinas, castillos y palacios, héroes y villanos, y reinos encantados. Hoy en día, si usted visita uno de los parques temáticos de Walt Disney, verá a la realeza por todas partes:

Rey Mufasa

Rey Tritón

Reina de corazones

Príncipe azul

Princesas: Blancanieves, Cenicienta, Ariel, Jazmín, Mulán y Moana

La gente dice que los parques temáticos de Disney son los lugares más felices del mundo, pero eso no es del todo cierto. También hay boletos caros, filas largas y padres exhaustos que tratan de controlar a sus agotados niños. Sin embargo, es interesante que incluso los niños creen que debe existir un lugar donde la realeza es buena, los reyes son necesarios y la felicidad gobierna el día.

El autor cristiano C. S. Lewis creía que nuestro anhelo por estos mundos mitológicos indicaba un deseo verdadero en el corazón humano de un mundo donde todo fuera como debería ser. Detrás de los mitos, dijo, hay una realidad máxima que nos empuja hacia adelante y hacia arriba.1

En otras palabras, soñamos con una era de oro para este mundo porque realmente hay un mundo mejor disponible. De alguna manera, lo sabemos en nuestro corazón.

¡También lo sabemos por nuestra Biblia!

Quiero hablarles de una era de oro futura que tiene un Rey grande y glorioso gobernando sobre un planeta feliz, lleno de gente noble. Las Escrituras describen esta época maravillosa en muchos lugares y de distintas maneras como lo veremos a lo largo de estas páginas. Pero el pasaje central se encuentra en Apocalipsis 20:

Vi entonces a un ángel que descendía del cielo, con la llave del abismo y una gran cadena en su mano. El ángel prendió al dragón, la serpiente antigua, que es el diablo y Satanás, y lo ató por mil años. Lo arrojó al abismo, y lo encerró y puso un sello sobre él para que no engañara más a las naciones, hasta que se cumplieran los mil años…

También vi tronos, y se sentaron sobre ellos los que se les concedió autoridad para juzgar… Y vi las almas de los que habían sido decapitados por causa del testimonio de Jesús y de la palabra de Dios, y a los que no habían adorado a la bestia ni a su imagen, ni habían recibido la marca sobre su frente ni sobre su mano. Volvieron a la vida y reinaron con Cristo por mil años (versículos 1 al 4).

Hoy en día, cuando estudiamos la profecía bíblica enfocamos mucha atención en la segunda venida de Cristo, y con razón, que Jesús dijo que sucederá como un relámpago (Mateo24:27). Pero la mayoría de nosotros no hemos oído hablar mucho de su subsiguiente reinado en la tierra, que durará mil años.

El Milenio no es un epílogo en las Escrituras. Sino que es el punto crucial de la cuestión, el clímax crítico de la historia. Vamos a dedicar muchos capítulos para explorar y examinar cómo será la era de oro futura, incluyendo todas las maravillas que experimentaremos… ¡y todos los terrores que evitaremos! Pero, por ahora, me gustaría comenzar enfocándome en tres verdades sencillas acerca del próximo reino milenario que servirán como una base útil para esa exploración.

Un reino basado en el tiempo

Apocalipsis 20 es el texto definitivo de la Biblia sobre el Milenio. En los primeros siete versículos, la frase “mil años” se repite seis veces. El apóstol Juan fue claro al registrar los detalles de su visión, y fue particularmente cuidadoso en enfatizar y reenfatizar la calidad precisa de tiempo en que el reino milenario se establecerá en la Tierra.

De hecho, esos versículos no solo repiten la frase “mil años”, sino que lo hacen de una manera que enfatiza seis características distintas del Milenio. Esto es lo que quiero decir:

El versículo 2 describe la cantidad específica de tiempo en que Satanás estará atado en el abismo.

El versículo 3 describe la cantidad de tiempo en que las naciones de la tierra estarán libres del engaño de Satanás.

El versículo 4 explica cuánto tiempo, durante el periodo de la tribulación, los santos martirizados reinarán con Cristo después de que el periodo haya terminado.

El versículo 5 se refiere a la cantidad de tiempo que “el resto de los muertos” (refiriéndose a los que no son salvos) esperarán hasta su resurrección y juicio.

El versículo 6 se refiere a la cantidad de tiempo que los santos participarán en la “primera resurrección” (el rapto) reinarán con Cristo.

El versículo 7 describe la cantidad de tiempo que transcurrirá antes de que Satanás sea libertado de su prisión.

Así que tenemos seis menciones de un período de mil años en siete versículos, y cada una de esas instancias se refiere a una idea o evento que es específico y concreto. En las palabras del teólogo Leon J. Wood, “de seis maneras distintas, [se nos dice] que la duración [de este periodo] será, sin duda, de dicha longitud”.2

Cuando la Biblia describe el Milenio como un periodo de mil años, eso es exactamente lo que quiere decir.

Un reino gobernado por Cristo

La segunda verdad básica acerca del Milenio es que será una extensión física del reino de Dios aquí en la tierra. Esta era de oro futura no será una realidad puramente espiritual. Es decir, no estaremos flotando en las nubes rasgueando arpas.

El reino milenario se establecerá aquí en la tierra. Concentrémonos, por un momento, en la palabra “reino”. La Biblia contiene varias referencias al “reino de Dios” o “el reino de los cielos” y es fácil suponer que esos pasajes se refieren a la misma cosa. Sin embargo, eso no es correcto. Muchos de esos pasajes señalan el dominio de Dios y la soberanía de su gobierno sobre el universo o el reino espiritual que existe en el cielo. Pero muchos otros pasajes hablan de un reino concreto y terrenal sobre el cual Jesús reinará como Rey de reyes y Señor de señores.

Un ejemplo famoso se halla en la explicación profética de Daniel sobre el sueño del rey Nabucodonosor: “En los días de estos reyes, el Dios del cielo levantará un reino que jamás será destruido, y este reino no será entregado a otro pueblo. Desmenuzará y pondrá fin a todos aquellos reinos, y él permanecerá para siempre” (Daniel 2:44).

Ese reino es el Milenio. Será una manifestación directa de la soberanía y autoridad de Dios, no en el cielo, sino aquí en nuestro mundo.

Es durante este periodo, esta era de oro o edad del reino, que Dios cumplirá las muchas profecías registradas en el Antiguo Testamento con respecto a la restauración de Israel, el gobierno del Mesías desde Jerusalén y el establecimiento de un reino utópico definido por justicia, compasión y prosperidad. Exploraremos varias de esas profecías (junto con muchas otras) en las próximas páginas.

Por ahora, es útil entender el Milenio como una restauración y expansión del huerto del Edén. En ese huerto famoso, Dios estaba físicamente presente con la humanidad. Él caminó y habló con Adán y Eva en el fresco del día. Al mismo tiempo, Adán y Eva funcionaron como mayordomos de Dios: se les dio dominio sobre la creación y se esperaba que la administrara bien.

Una dinámica similar se establecerá durante la era de oro, Sin embargo, en lugar de un solo huerto, el reino de Dios se arraigará en todas las naciones, regiones y continentes. Incluso, el mundo natural será restaurado. En las palabras del apóstol Pablo: “Porque el anhelo profundo de la creación es aguardar ansiosamente la revelación de los hijos de Dios. Porque la creación fue sometida a vanidad, no de su propia voluntad, sino por causa de Aquel que la sometió, en la esperanza de que la creación misma será también liberada de la esclavitud de la corrupción a la libertad de la gloria de los hijos de Dios (Romanos 8:19-21).

Un reino protegido contra la iniquidad

Usted podría estar preguntándose, ¿cómo podría ser el Milenio un periodo tan glorioso y dorado en este planeta, cuando el pecado a corroído nuestro mundo?

La respuesta a esa pregunta se encuentra mirando una vez más en Apocalipsis 20: “Vi entonces a un ángel que descendía del cielo, con la llave del abismo y una gran cadena en su mano. El ángel prendió al dragón, la serpiente antigua, que es el Diablo y Satanás, y lo ató por mil años (versículos 1-2).

La tercera verdad básica acerca del Milenio es que Satanás será quitado completamente de nuestro mundo. Estará literalmente encerrado durante diez siglos, él y sus demonios. Lo que significa que, durante mil años, los seres humanos no lucharán contra “principados, contra potestades, contra los poderes de este mundo de tinieblas, contra las fuerzas espirituales de maldad en las regiones celestes” (Efesios 6:12). Estaremos libres de la influencia espiritual del mal.

Más que eso, nuestro mundo estará lleno de la presencia del Espíritu de Cristo. El profeta Isaías previo esta realidad maravillosa cuando escribió: “Este es mi siervo, a quien sostengo, mi escogido, en quien me deleito; sobre él he puesto mi Espíritu y llevará justicia a las naciones” (Isaías 42:1 NVI).

¿Puede imaginar un mundo en el que Satanás y toda la influencia demoníaca fueran eliminados? Mejor aún, ¿puede imaginar un mundo enfocado en la preeminencia de Cristo y completamente impregnado por su Espíritu? Esa será nuestra realidad durante la era de oro.

Es importante destacar que el Milenio no será perfecto. No será como el cielo porque no estará completamente libre de pecado, es una verdad que exploraremos más a fondo en los próximos capítulos.

“El Milenio es el precursor del estado eterno. Será diferente de la vida tal como la conocemos hoy en día, pero, aun así, no alcanzará la perfección absoluta del estado eterno”.3

Es inútil pensar en el Milenio como un período de transición entre la antigua tierra (lo que estamos experimentando ahora) y la tierra nueva (lo que viviremos por la eternidad). La era de oro será un anticipo de la maravilla increíble y el gozo que caracterizará nuestro estado eterno en la Nueva Jerusalén, la cual es nuestro verdadero hogar celestial.

En 2020, Jay Speights experimentó un anticipo de la era de oro, podríamos llamarlo un adelanto del anticipo. Speights estaba investigando el ADN de su familia cuando descubrió algo sorprendente: él era un príncipe.

Específicamente, está relacionado con un antiguo rey de la nación de Benín, en África Occidental.

Ese descubrimiento hizo que Speights emprendiera un viaje asombros, tanto literal como figurativamente. Una mañana, recibió un correo electrónico de los reyes actuales de Benín, que decía: “Estamos sonriendo mientras leemos esto. Eres pariente del noveno rey de Allada. Querido príncipe, te invitamos a que vuelvas a casa… Y te estamos esperando tu venida. Haremos una gran fiesta para ti”.

El nativo de Rockville, Maryland, no estaba dispuesto a rechazar una invitación tan interesante, así que reservó un boleto a Benín. Desde el momento en que llegó al aeropuerto y vio a una gran multitud esperando para recibirlo, Speights se dio cuenta de que su vida nunca sería igual.

“La gente simplemente aplaudía, cantaba, vitoreaba”, dijo. “Fue un momento increíble, casi lloré. Más tarde lloré porque era abrumador. Hubo muchos momentos de lágrimas… Cuando llegamos frente al palacio, me senté allí por un momento. Diciendo algo como ‘guau, esto es demasiado para asimilarlo’”.

Speights pasó los días siguientes recorriendo las maravillas de un reino que no había conocido antes. Caminó alrededor del palacio tres veces como un ritual que significa regreso. Recorrió antiguos santuarios y una aldea que tenía más de mil años de antigüedad. La reina le dio ropa, y él se sentó en la cabaña de su familia. O coronaron formalmente como príncipe. Incluso, el rey le dio un nombre nuevo: Videkon Deka, que significa “el hijo que volvió”.4

Con el tiempo, Speights regresó a su vida normal en Maryland. Sin embargo, lo que antes le parecía ordinario, ahora parecía conmoverlo con la maravilla de su lugar en un reino lejano.

Ese debería ser un sentimiento familiar para los seguidores de Jesús. Nosotros. También, tenemos un lugar en el reino, el reino de Dios. Nosotros también somos de la realeza, nuestro Padre Celestial nos adoptó y designó para ser coherederos con Cristo. Nosotros también experimentaremos la emoción de dejar atrás nuestras vidas mundanas para adentrarnos en algo grandioso, majestuoso y magnífico en todos los sentidos.

Sin embargo, la primera vez que saboreemos ese reino eterno estará cimentado en el tiempo, gobernado por Cristo y protegido conta la iniquidad aquí, en nuestro propio mundo. El Milenio será el vestíbulo glorioso de la casa de nuestro Padre, en el que moraremos durante siglos. Por lo tanto, preparémonos hoy para la promesa bendita del mañana.

Capítulo 3Las promesas de oro de las Escrituras

El rompecabezas más grande del mundo contiene la increíble cantidad de sesenta mil piezas. En realidad, son sesenta rompecabezas individuales, de mil piezas cada uno, los que pueden combinarse para forma una escena enorme. El producto final, que representa un mapa del mundo rodeado de monumentos famosos, mide ocho pies de alto por veintinueve pies de ancho y pesa la enorme cantidad de noventa y cuatro libras.

Nina Grasse quiso armar ese rompecabezas, pero no sola. “Sabía que sería divertido, pero también sabía que hacerlo me tomaría una eternidad”, dijo. Entonces, se le ocurrió una idea. Como propietaria de un servicio funerario, se preguntaba si su comunidad podría involucrarse. “Pensamos que, con la funeraria, teniendo salones donde hay mesas, la gente podría fácilmente venir y ayudar a armar el rompecabezas”.

Así que hizo la compra. Luego, comenzó a enviar invitaciones a su comunidad local de Reedsburg, Wisconsin. ¡Y la gente respondió! Más de un centenar de voluntarios colaboraron durante muchas semanas. Algunos trabajaban una hora por aquí y otra media por allá. Otros pasaban días enteros examinado, eligiendo y colocando piezas.

Muy pronto, toda la ciudad de Reedsburg estaba atenta. La gente estaba emocionada de seguir el progreso del rompecabezas. Incluso, las estaciones de televisión y los periódicos locales ofrecían actualizaciones a medida que se completaba cada nueva sección.

Finalmente, el 12 de febrero, los voluntarios se reunieron con entusiasmo para completar la sexagésima sección del rompecabezas. El momento final de un proyecto masivo.

Sólo había un problema, y apuesto que usted ya adivina cuál era: faltaba solamente una pieza. Después de semanas de trabajo, la comunidad tenía 59,999 piezas colocadas en la posición perfecta, pero un exasperante espacio pequeño amenazó con arruinar el logro.

Afortunadamente, el fabricante del rompecabezas se enteró del problema y envió un reemplazo. La crisis se evitó y se terminó el proyecto.1

Hay un buen número de lectores de la Biblia que consideran que el Milenio es un fenómeno único del Nuevo Testamento. De hecho, muchos ponen en duda la realidad del Milenio diciendo que aparece solamente en un capítulo de la Escritura: Apocalipsis 20.

Tales críticas no son correctas. La promesa del Milenio está presente en todas las Escrituras, incluyendo grandes porciones del Antiguo Testamento. De hecho, tratar de darle sentido al Antiguo Testamento sin tener una comprensión adecuada del Milenio sería como tratar de construir un rompecabezas al que le falta una pieza importante.

En las palabras del profesor seminarista J. Dwight Pentecost, “Un cuerpo más grande de la Escritura profética está dedicado al tema del Milenio, desarrollando su carácter y condiciones, en comparación a cualquier otro tema”.2

Quizá se está preguntando ¿por qué Dios incluyó el Milenio en sus planes proféticos para el fin de los tiempos? ¿Por qué no trasladar a la humanidad directamente de la Tribulación al estado eterno?

La respuesta más sencilla a esas preguntas es que Dios sostiene sus promesas. Como veremos en este capítulo, hay muchas promesas incluidas en el Antiguo Testamento que apuntan directamente a un reino terrenal en el que el pueblo de Dios reina, literalmente, con Cristo y prospera en un período de felicidad durante mil años. A medida que estudiemos esas promesas en las próximas páginas, notará que encajan en dos categorías principales: la promesa de la llegada de un Rey y la promesa de su reino futuro.

La promesa de un Rey

La profecía bíblica está llena de predicciones sobre el día venidero cuando el Rey Jesús gobernará la tierra, una promesa increíble. Más increíble aún es que nosotros, quienes seguimos a Jesús como Señor en esta vida, gobernaremos junto con Él en ese reino futuro.

La primera vez que Jesús entró en nuestro mundo, vino a redimirnos; pero el mundo lo rechazó. Cuando Él venga por segunda vez, gobernará este mundo con justicia. Durante este período se cumplirán las grandes predicciones de su reino terrenal. Estos son algunos ejemplos de esas predicciones:

“Domine él de mar a mar y desde el Río Éufrates hasta los confines de la tierra. Dobléguense ante él los moradores del desierto, y sus enemigos laman el polvo. Los reyes de Tarsis y de las islas traigan presentes; los reyes de Sabá y de Seba ofrezcan tributo; y póstrense ante él todos los reyes de la tierra; sírvanle todas las naciones” (Salmo 72:8-11).

“Destruiré el carro de Efraín y el caballo de Jerusalén, y el arco de guerra será destruido. Él hablará paz a las naciones, y Su dominio será de mar a mar, y desde el Río Éufrates hasta los confines de la tierra” (Zacarías 9:10).

“Entonces todos los de tu pueblo serán justos. Para siempre poseerán la tierra, vástago de Mi plantío, obra de Mis manos, para que Yo me glorifique” (Isaías 60:21).

Cuando Jesús establezca su reino terrenal, los reyes se postrarán ante Él. Las naciones lo servirán. Él establecerá su reino con juicio y justicia. Su pueblo será justo, e Israel heredará su tierra. La guerra será suspendida, y el dominio del Señor se ensanchará de un mar a otro.

Quizás, la profecía más poderosa en cuanto al Milenio vino en forma de una promesa de Dios para el rey David respecto a su legado futuro. Dios le dijo a David: “Tu casa y tu reino durarán para siempre delante de mí; tu trono quedará establecido para siempre” (2 Samuel 7:16 NVI).

Dios proclamó que un descendiente directo y genético de Davis se sentaría en el trono de Israel, y que el gobierno y el reinado de ese futuro rey durarían para siempre. Ese Rey es Jesús.

Isaías confirmó esa promesa a través de otra profecía:

Porque un Niño nos ha nacido, un Hijo nos ha sido dado, y la soberanía reposará sobre Sus hombros. Y se llamará Su nombre Admirable Consejero, Dios Poderoso, Padre Eterno, Príncipe de Paz. El aumento de Su soberanía y de la paz no tendrán fin sobre el trono de David y sobre su reino, para afianzarlo y sostenerlo con el derecho y la justiciad desde entonces y para siempre. El celo del Señor de los ejércitos hará esto (9:6-7).

Esta es la misma promesa que el ángel Gabriel le citó a María, acerca de su hijo milagroso, en Lucas 1:32-33: “Este será grande y será llamado Hijo del Altísimo, y el Señor Dios le dará el trono de Su padre David; y reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y Su reino no tendrá fin”.

Jesús aún no había reinado como el Rey conocido sobre la casa de Jacob, pero eso cambiará cuando regrese al final de la Tribulación. Eso cambiará durante el Milenio cuando Dios cumpla su promesa de un reino terrenal bajo el señorío de Cristo.

La promesa de un reino

Las secciones principales de los libros proféticos del Antiguo Testamento están dedicadas al tema del reino milenario. En Isaías se dedican capítulos enteros a este tema, dos de los cuales cité anteriormente.

Antes de Isaías, David escribió estas hermosas líneas proféticas que describen a Dios el Padre obsequiándole el reino a su Hijo, Jesucristo: “Pero Yo mismo he consagrado a Mi Rey sobre Sión, Mi santo monte”. “Ciertamente anunciaré el decreto del Señor que me dijo: “Mi Hijo eres Tú, Yo te he engendrado hoy. Pídeme, y te daré las naciones como herencia Tuya, y como posesión Tuya los confines de la tierra. Tú los quebrantarás con vara de hierro; los desmenuzarás como vaso de alfarero” (Salmo 2:6-9).

Algunas de las profecías más vívidas de la era del reino se encuentran en los escritos del profeta Daniel. En el capítulo dos de su libro, Daniel ve todo el curso de la historia humana revelado en el sueño del pagano y gentil rey Nabucodonosor. Este sueño presentó el futuro de las naciones gentiles a través de la visión de una estatua gigantesca con forma de hombre, hecha de materiales distintos. Tal como Daniel entendió, esta estatua representaba los imperios mundiales subsiguientes. Su visión culminó cuando una mano invisible usó una piedra para derribar la estatua.

Esta es la explicación de Daniel acerca de su visión: “En los días de estos reyes, el Dios del cielo levantará un reino que jamás será destruido, y este reino no será entregado a otro pueblo. Desmenuzará y pondrá fin a todos aquellos reinos, y él permanecerá para siempre” (2:44).

En una visión posterior, Daniel vio al Rey viniendo a tomar su reino:

Seguí mirando en las visiones nocturnas, y en las nubes del cielo venía uno como un Hijo de Hombre, que se dirigió al Anciano de Días y fue presentado ante Él. Y le fue dado dominio, gloria y reino, para que todos los pueblos, naciones y lenguas le sirvieran. Su dominio es un dominio eterno que nunca pasará, y su reino uno que no será destruido (7:13-14).

En el libro de Apocalipsis, la séptima trompeta suena, y este es el mensaje que la acompaña: “El reino del mundo ha venido a ser el reino de nuestro Señor y de Su Cristo. Él reinará por los siglos de los siglos” (11:15).

Este será un gran día de promesas cumplidas. También será un día terrible y aterrador para cosechar lo que se ha sembrado. El apóstol Juan lo dejó bien claro en Apocalipsis 19: “De su boca sale una espada afilada para herir con ella a las naciones y las regirá con vara de hierro. Él mismo pisa el lagar del vino del furor de la ira de Dios todopoderoso. En su manto y en su muslo tiene un nombre escrito: ‘REY DE REYES Y SEÑOR DE SEÑORES’” (versículos 15-16).

En este pasaje, Juan nos dice cómo llegará el Rey y comenzará su reinado. Él vendrá como un conquistador recuperando su mundo. Como indican los profetas del Antiguo Testamento, hay una conexión estrecha entre la victoria de nuestro Señor en la batalla de Armagedón y su reinado sobre toda la tierra.

Estas son las palabras del profeta Zacarías: “Entonces saldrá el Señor y peleará contra aquellas naciones, como cuando Él peleó el día de la batalla… El Señor será Rey sobre toda la tierra. En aquel día el Señor será uno, y uno Su nombre” (14:3, 9).

Inmediatamente antes del Milenio, parte de la misión de Jesús será la remoción de Satanás. Cristo debe librar a la tierra de su usurpador malvado antes de poder establecer su reino. Ya se nos ha dado un asiento de primera fila para esos eventos debido a Apocalipsis 20, lo cual exploraremos más profundamente en otro capítulo. Sin embargo, es importante que recordemos que el reino terrenal de Cristo se centrará más en la presencia de nuestro Salvador que en la ausencia del enemigo.

Como lo escribió un erudito: “El enfoque central del Milenio no es Satanás, sino el Salvador: el Señor Jesucristo. Es el tiempo de que Él se manifieste, es su tiempo de revelarse. Cristo, en toda su gloria, instituirá su reino de justicia y paz. Durante el Milenio, la gloria descubierta de Cristo resplandecerá en toda su plenitud”.3

Alva J. McClain, fundadora del Seminario Teológico Grace, describió el reinado de Cristo de esta manera:

La era venidera, como a [Jesús] le gustaba llamarla, será introducida por el ejercicio de su poder y autoridad inmediatos. Ahora tiene todo el poder; Él tomará este poder y lo usará al máximo cuando regrese. El silencio secular de Dios, la burla de la incredulidad se romperá por la transición y resurrección de la iglesia, por el desatamiento del juicio retenido por mucho tiempo, por la presencia visible y personal del Rey mediador, y por el establecimiento completo de su reino en la tierra por un período especificado por nuestro Señor como “1000 años”. Durante este período, todos los aspectos del reino, tal como se presentan en la profecía del Antiguo Testamento, se realizan en la Tierra. Ciertamente, en la edad de oro del mundo nacerán niños, la vida continuará, los hombres trabajan y juegan, pero en condiciones ideales.4

El 6 de mayo de 2023, fue un día ceremonial y simbólico como ningún otro en nuestro mundo durante sesenta años. Ese fue el día en que Carlos III fue coronado rey en la ciudad de Londres.

Las festividades de la coronación comenzaron con una procesión formal hacia la Abadía de Westminster, con el futuro rey y la reina viajando en un lujoso carruaje estatal. La procesión avanzó lentamente entre casi cuatro mil invitados, y miles más se reunieron en áreas especiales de observación a lo largo del recorrido.

Una vez dentro de la Abadía de Westminster, Carlos fue recibido por otras 2,200 personas que representaban a más de doscientas naciones de todo el mundo. Vestía un atuendo especial que representaba su poder y autoridad como soberano del reino.

La coronación en sí incluyó varios artefactos de valor incalculable. El Orbe del Soberano, por ejemplo, es un globo de oro coronado con una cruz de diamantes que data de 1661. El cetro del soberano alberga uno de los diamantes más grandes del mundo. La silla de la coronación fue originalmente elaborada en el año 1300, y la corona en sí, la Corona de San Eduardo, ha tocado las cabezas de solamente seis monarcas antes del rey Carlos III. La ceremonia constaba de varias etapas, entre ellas el juramento, la unción, investidura y entronización.5

En muchos sentidos, la ceremonia real de ese día fue el momento más glorioso que nuestro mundo pudo producir.

Sin embargo, la coronación de cualquier rey terrenal será nada en comparación con el glorioso regreso y el prometido gobierno de Cristo, el verdadero Rey de reyes, al comienzo de la venidera era de oro.

Capítulo 4Venga tu reino