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Según la psicología, paradigma es el conjunto de concepciones más amplias y generales acerca de la realidad y del hombre, de los métodos que deben emplearse para abordarla y de las maneras legítimas de plantear los problemas científicos. En el marco de la psicología no se discuten meramente métodos o datos, hipótesis o teorías, sino que se debaten diferentes paradigmas y, por tanto, diferentes concepciones del mundo y del ser humano (cosmovisiones). El tema objeto de este libro, el paradigma adventista de la psicología, es de la mayor importancia y trascendencia para la cosmovisión adventista en el campo científico moderno.
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Seitenzahl: 258
Veröffentlichungsjahr: 2023
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El paradigma adventista de la psicología
Roberto Ouro
Autor: Roberto Ouro
Título original de la obra: El paradigma adventista de la psicología
Dirección editorial: Rafael Paredes, Editorial Universidad Adventista del Plata
Edición editorial: Rafael Paredes, Editorial Universidad Adventista del Plata
Corrección editorial: Viviana Marsollier de Lehoux, Editorial Universidad Adventista del Plata
Corrección de idiomas: Leandro Velardo
Diseño de tapa: Mauro Perasso
Diseño de interior: Giannina Osorio
© Editorial Universidad Adventista del Plata (2019)
MMXIX - 100
Ouro, Roberto
El paradigma adventista de la psicología / Roberto Ouro. - 1a ed revisada. - Libertador San Martín : Universidad Adventista del Plata, 2023.
Libro digital, EPUB
Archivo Digital: descarga y online
ISBN 978-987-765-093-8
1. Psicología. 2. Adventismo. I. Título.
CDD 150.1
Editorial Universidad Adventista del Plata
25 de Mayo 99, Libertador San Martín,
E3103XAC Entre Ríos, ARGENTINA
Teléfono: 54 343 4918000, int. 82 1230
Fax: 54 343 4918001
Dirección de correo electrónico: [email protected]
Sitio web: www.uap.edu.ar
La Editorial Universidad Adventista del Plata es miembro de
Red de Editoriales de Universidades Privadas
Este libro está dedicado a Mary Loly, mi esposa.
Índice
Prefacio
Prólogo
Introducción
Las raíces de la psicología
Los paradigmas de la psicología
La antropología bíblica adventista
El paradigma adventista de la psicología
Conclusión
Bibliografía
Prefacio
Dentro de nuestra ciencia —la psicología—, entendemos por paradigma el conjunto de concepciones más amplias y generales acerca de la realidad y del hombre mismo, de los métodos que deben emplearse para abordarla y de las maneras legítimas de plantear los problemas científicos. En el marco de la psicología, no se discuten meramente métodos o datos, hipótesis o teorías, sino que esta es una ciencia en la que fundamentalmente se debaten diferentes paradigmas y, por tanto, diferentes concepciones del mundo y del hombre (cosmovisiones).
El tema objeto de este libro, es decir, el paradigma adventista de la psicología, es de la mayor importancia y trascendencia dentro de la cosmovisión adventista en el campo científico moderno. En este texto que presentamos, hemos tratado de construir un paradigma, un modelo y una nueva psicología, que considera tanto los fundamentos de la cosmovisión bíblica del hombre y la concepción psicológica de Elena G. de White, basada en la perspectiva bíblica, como los avances de la psicología científica actual.
El objetivo de este estudio fue el siguiente: (a) establecer de forma precisa la antropología bíblica adventista, tanto en el Antiguo Testamento como en el Nuevo Testamento con relación al origen del hombre; (b) desarrollar el paradigma adventista de la psicologíaen sus presuposiciones y postulados fundamentales a partir de la antropología bíblica adventista; (c) presentar el modelo de psicología que subyace en la concepción bíblica del ser humano y en los escritos de Elena G. de White; y (d) proponer y describir la nueva psicología que emerge tanto del paradigma adventista de la psicología como del modelo que hemos desarrollado.
Roberto Ouro
Prólogo
La década de los 90 estaba llegando a su fin y un nuevo siglo a punto de comenzar cuando la Editorial de la Universidad Adventista del Plata publicó la primera edición del libro Propuesta de un paradigma adventista de la psicología, escrito por el doctor Roberto Ouro Agromartín.
En esa ocasión, la obra experimentó una recepción positiva de parte de los profesionales del área y de todos aquellos que estaban interesados en la aplicación de la psicología según los principios bíblicos sostenidos por el adventismo.
Han transcurrido dos décadas y aún persiste la necesidad de disponer de orientaciones acerca del modo como el que cree en la revelación que Dios hizo a través de la Santa Biblia puede abordar la psicología y aplicar los conceptos que esta propone. Fue por esta razón que le propusimos al Dr. Ouro el desafío de revisar y actualizar el texto original a fin de publicar la segunda edición de su libro.
Después de varios meses de trabajar en equipo presentamos al público la obra El paradigma adventista de la psicología con la certeza de que estamos poniendo en sus manos un material útil y actual.
El equipo editorial agradece al Dr. Ouro por el trabajo inicial que llevó a cabo para escribir este libro y por apartar el tiempo para que podamos presentar esta nueva edición.
Rafael Osvaldo Paredes
Libertador San Martín
Entre Ríos, Argentina
Septiembre de 2019
Introducción
Cuando un modelo es amplio y abarcador, recibe el nombre de paradigma. La importancia y la significación de un paradigma, para el desarrollo de una disciplina científica, la enfatizó el físico y epistemólogo norteamericano Thomas Kuhn. Para este autor, un paradigma es un marco orientador, una serie de postulados básicos que enmarcan el universo de la investigación científica en un área científica determinada, que especifica tanto los conceptos que se han de considerar legítimos como los métodos que se pueden utilizar para recoger e interpretar los datos. El paradigma especifica qué problemas investigarán los científicos de una ciencia específica y la manera como llevarán a cabo las investigaciones. Kuhn (1962) concluyó que un paradigma “representa la constelación completa de creencias, valores, técnicas, etc., que comparten los miembros de una determinada comunidad” (p. 175; énfasis añadido).
La ciencia se caracteriza, básicamente, desde su perspectiva, por el hecho de que los científicos de una determinada ciencia comparten no solamente los métodos, sino fundamentalmente, determinadas asunciones, ciertos marcos conceptuales fundamentales. Estos determinan nuestros métodos, delinean nuestros problemas, guían nuestras hipótesis. Nos hablan de cómo es la realidad que nos rodea, quién es el hombre, cuáles son sus móviles, sus posibilidades, sus límites. Son la tierra que nutre nuestras teorías.
Kuhn (1990) señala al respecto:
Los hombres cuya investigación se basa en paradigmas compartidos están sujetos a las mismas reglas y normas para la práctica científica. Este compromiso y el consenso aparente que provoca son requisitos previos para la ciencia normal, es decir, para la génesis y continuación de una tradición particular de la investigación científica. (p. 34).
Dentro de la ciencia que nos compete —la psicología—, entendemos por paradigma el conjunto de concepciones más amplias y generales acerca de la realidad y del hombre mismo, de los métodos que deben emplearse para abordarla y de las maneras legítimas de plantear los problemas científicos. En el marco de la psicología, no se discuten meramente métodos o datos, hipótesis o teorías, sino que esta es una ciencia en la que fundamental y específicamente se debaten diferentes paradigmas y, por tanto, son verdaderas concepciones del mundo (cosmovisiones [Weltanschauungen]) y del hombre las que están en juego.
Por consiguiente, paradigmaes una sistematización que nos permite poner de relieve ciertos núcleos de una determinada concepción del hombre, de su naturaleza e interacciones; ciertas actitudes que acompañan a esas concepciones; ciertas formas de conceptualizar; ciertos métodos y criterios considerados como legítimos o adecuados; y ciertas ideas acerca de la formación correspondiente a las personas que pueden sustentar tales concepciones. La formulación de un paradigmatiene la función de hacer explícitos sus diversos elementos y de elaborar sus interrelaciones, mediante el análisis y la fundamentación.
Kuhn indicó que cuando se propone un paradigma nuevo, como es nuestro objetivo hacerlo, habrá al comienzo solo unas pocas personas que pensarán que merece la pena. Las probabilidades de éxito del paradigma dependerán de que esas pocas personas demuestren que pueden realizar investigaciones eficaces y significativas en el marco de ese paradigma.
Importancia y definición del problema
El tema que va a ser objeto de nuestra investigación, es decir, el paradigma adventista de la psicología, es un tema de la mayor importancia y trascendencia dentro de la cosmovisión adventista (Weltanschauung) en el campo científico moderno. La trascendencia de este proyecto de investigación adquiere tintes aún más profundamente significativos y de enorme repercusión, si añadimos, que hasta donde sepamos, es el intento más amplio, completo y profundo que se ha hecho hasta el momento para fundamentar un paradigma, un modelo y una nueva psicología desde la perspectiva adventista.
El problema fundamental que encontramos y que otros antes que nosotros han encontrado al afrontar este tema es cómo fundamentar y desarrollar un paradigma, un modelo, una psicología diferente, con identidad y concepción propias, y llena de significado, que abarque nuestra perspectiva antropológica (bíblica), la cosmovisión bíblica del hombre en el contexto del pensamiento hebreo-cristiano, y la visión del hombre y de la psicología humana que presenta Elena G. de White en sus escritos fundamentados en la concepción bíblica. Y, además de todo lo antedicho, que ese paradigma tenga en cuenta profunda y seriamente los conocimientos adquiridos y desarrollados por la psicología científica a lo largo de los más de cien años de su existencia.
Este problema se hace aún más complejo si consideramos todos los paradigmas de la psicología desarrollados hasta hoy, que han tenido y siguen teniendo un peso y un poder científico y social específico, tremendamente importante en el mundo científico moderno, y que hace difícil que otro paradigma pueda encontrar un espacio científico y social adecuado en el marco de la psicología actual.
No obstante, a pesar de todas estas dificultades, nosotros vamos a tratar de construir un paradigma, un modelo y una nueva psicología que tomen en cuenta y consideren tanto los fundamentos de la cosmovisión bíblica del hombre y la concepción psicológica de Elena G. de White, basada en la perspectiva bíblica, como los avances de la psicología científica que han tenido lugar especialmente a lo largo de este siglo, en el conocimiento de la psicología humana, para tratar de desarrollar desde nuestra humilde aportación y perspectiva un nuevo paradigma, que denominamos paradigma adventista de la psicología, teniendo siempre presente que en esta empresa en la que nos hemos embarcado no pretendemos decir todo lo que se puede decir acerca del tema ni tampoco la última palabra.
Pretendemos desarrollar un paradigma que sirva de marco de referencia, pero que requerirá de nuevos aportes, desarrollos y propuestas para ampliarlo, mejorarlo, refinarlo y potenciarlo por parte de quienes, como nosotros, sientan la necesidad y el compromiso de fundamentar y favorecer un paradigmapropio y característico para la psicología adventista actual.
Objetivo de la investigación
El objetivo de esta investigación es cuádruple:
Establecer de forma precisa y definida la antropología bíblica adventista tanto en el Antiguo Testamento como en el Nuevo Testamento con relación al origen del hombre. Desarrollar el paradigma adventista de la psicología, en sus presuposiciones y postulados fundamentales, a partir de la antropología bíblica adventista. Presentar el modelo de psicología que subyace en la concepción bíblica del ser humano y en los escritos de Elena G. de White. Proponer y describir la nueva psicología que emerge tanto del paradigma adventista de la psicología como del modelo que hemos desarrollado previamente y que incluye la visión adventista de la antropología bíblica mencionada con anterioridad.Delimitaciones de la investigación
Esta investigación se limitará a tratar las raíces de la psicología, los paradigmas de la psicología (con los paradigmas más significativos e importantes de la psicología actual: mentalista, conductista, y de la psicología cognitiva), la antropología bíblica adventista, el paradigma adventista de la psicología, el modelo biopsicosocioespiritual, y la psicología neocognitiva que emerge de ambos.
Metodología de la investigación
En el primer capítulo, se considerará el estudio de las raíces de la psicología, tanto las raíces filosóficas (con los principales paradigmas: principalista de la filosofía griega, racionalista y empirista) como las raíces biológicas (enfatizadas particularmente en la teoría evolucionista).
En el capítulo dos, investigaremos acerca de los paradigmas más importantes y significativos de la psicología científica moderna. En este capítulo, consideraremos el paradigma mentalista (específicamente el psicoanálisis), el paradigma conductista, el paradigma de la psicología cognitiva y finalizaremos con la definición actual de la psicología científica.
En el capítulo tres, analizaremos la antropología bíblica adventista acerca del origen del hombre, tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento.
Finalmente, en el capítulo cuatro, realizaremos la investigación más importante de todo nuestro proyecto, que consistirá en la propuesta y el desarrollo del paradigma adventista de la psicología, el modelo biopsicosocioespiritual y la psicología neocognitiva que emerge de ambos.
1
Las raíces de la psicología
Raíces filosóficas de la psicología
Hay diversas maneras de hablar acerca de los fenómenos y de los procesos psicológicos. Se puede hablar de psicología de una manera sistemática, con un método: es lo que hacen el filósofo y el científico. También, se puede hablar o saber de psicología de una manera asistemática, esto es, sin un método, solo según la experiencia de la vida diaria. Por ejemplo, el hombre de la calle, que nos dice con refranes “dime con quién andas y te diré quién eres”, “cuando veas las barbas de tu vecino cortar, pon las tuyas a remojar” o “quien a buen árbol se arrima, buena sombra le cobija”, nos muestra un conocimiento sobre la psique humana. Sin embargo, tal conocimiento no es sistemático, por tanto, no explica sistemáticamente la conducta del ser humano. Podemos, pues, hablar, como primer paso, de una psicología asistemática.
Se trata de ese tipo de psicología que consiste en el conocimiento común o corriente que tiene la gente de sí mismo y de los demás. Es un conocimiento que parte de la ordenación de la información y de los datos que tienen las personas en su experiencia cotidiana de la vida, mediante lo que los antiguos llamaron el sentido común. No es un conocimiento sistemático de la realidad y de las personas porque no se explica racionalmente por qué las cosas son así, sino solo que acontecen así, o se explican de un modo no racional.
En este tipo de conocimiento no-sistemático sobre lo psíquico, ya sea sobre uno mismo o sobre los demás, se pueden distinguir tres modelos de conocimientos distintos: (a) el conocimiento psicológico que nace de la experiencia propia; (b) el que nace de las manifestaciones artísticas; y (c) el que se encuentra en las tradiciones populares.
En el primer modelo, estarían los conocimientos psicológicos que, de una manera individual, tienen esas personas de las que decimos que saben tratar a los demás. La vida cotidiana del hombre de la calle está impregnada de estos conocimientos psicológicos. La persona que sabe controlarse a sí misma, la que sabe conducirse en la sociedad de una manera eficaz, en realidad posee, como fruto de la experiencia, ciertos conocimientos psicológicos enormemente útiles. Lo que se dice muchas veces acerca de ciertas personas que “tienen mucha experiencia de la vida o con la gente” no es otra cosa que poseer esos conocimientos psicológicos, que se adquieren y aprenden de una manera individual y de un modo no sistemáticamente racional, pero que son enormemente prácticos y eficaces.
El segundo modelo de conocimientos psicológicos no-sistemáticos es el conjunto de conocimientos psicológicos que se pueden encontrar en las manifestaciones artísticas. La música, la pintura, y sobre todo la literatura expresan muchas veces conocimientos psicológicos. El amor, el odio, el miedo han sido con frecuencia analizados y expresados en obras de teatro, en novelas. No podemos caer en el error de confundir la psicología científica con lo que no lo es, pero no puede negarse que en esas producciones artísticas hay observaciones enormemente interesantes para el mismo psicólogo científico.
El tercer modelo es el de conocimientos psicológicos no racionalmente sistemáticos que se encuentran en las tradiciones populares: refranes, fábulas, y sobre todo, mitos. Psicólogos tan importantes como Freud y antropólogos de tanto renombre como Lévi-Strauss han señalado el importante papel de los mitos como expresiones de procesos psicológicos.
Como conclusión, tenemos que decir que la psicología no racionalmente sistemática presenta un conjunto de conocimientos importantes y útiles. Sin embargo, con el avance social y el progreso científico y tecnológico, el conocimiento científico es utilizado, cada vez más, por el hombre de la calle, el cual, también, cada día más, sabe distinguir entre ese conjunto de conocimientos vulgares y el auténtico conocimiento científico.
Esto significa que mientras antes se acudía a la experiencia y a los conocimientos tradicionales, generación tras generación, para resolver los problemas de la educación de los hijos, de las relaciones con los empleados o del éxito o el fracaso profesional o social, hoy se acude a la psicología científica para buscar la solución a dichos problemas.
Un conjunto de conocimientos no racionalmente sistemático no es completo, sino que solo conoce cosas aisladas, reducidas, componentes fragmentados de la realidad y de las personas. Dichos conocimientos tampoco son explicativos, es decir que no se conoce por qué las cosas ocurren de esa manera y no de otra. Finalmente, este tipo de conocimientos no es consistente, sino contradictorio y fácilmente erróneo.
Un conjunto de conocimientos racionalmente sistemático pretende, por el contrario, ser consistente, completo y decirnos el porqué de las cosas. Cuando las explicaciones son puramente racionales, los conocimientos son filosóficos. Cuando las explicaciones se fundamentan en la experimentación sobre las cosas, los conocimientos son científicos. Dicho en otras palabras, la filosofía comienza con la observación de los hechos, los fenómenos o las cosas, pero termina en explicaciones que no se reducen a hechos, fenómenos o cosas experimentables.
La ciencia, por el contrario, comienza en la experiencia y termina también en explicaciones experimentables. Por ejemplo, cuando explicamos el movimiento por las relaciones cuantitativas entre el espacio, la velocidad y el tiempo, damos una explicación científica porque al movimiento lo observamos en la experiencia, pero a los parámetros espacio, velocidad y tiempo también los observamos en la experiencia.
Por el contrario, cuando explicamos el movimiento diciendo que es el acto de un ser en potencia, en virtud de esa potencia, damos una explicación filosófica porque el movimiento es observado en la experiencia, pero el acto de ser en potencia es un concepto, no un hecho experimentable. Dicho de una manera muy elemental y general: en la ciencia, los hechos se explican por otros hechos; en la filosofía, los hechos se explican por conceptos racionales, por algo que podemos entender, pero que no podemos experimentar.
Las explicaciones filosóficas han antecedido a las explicaciones científicas a lo largo de la historia del pensamiento humano y, por eso también, las ciencias han tenido su origen en la filosofía. Vamos, pues, a exponer los orígenes filosóficos de la psicología.
El paradigma principalista de la filosofía griega
Como hemos señalado anteriormente, refiriéndonos al concepto de paradigma, Kuhn (1962) ha puesto de moda la palabra paradigma para expresar el conjunto ordenado de creencias y preconcepciones que en una época comparten la generalidad de los científicos. Los filósofos griegos tienen un modo de pensar, en su conjunto, que podemos llamar paradigma principalista. Vamos a explicar lo necesario de este paradigma para entender la psicología que formuló Aristóteles (siglo iv a. C.), y que ha estado en la base de toda la psicología posterior.
Los primeros filósofos griegos descubrieron que con el pensamiento racional se pueden explicar las cosas, los fenómenos de la naturaleza. Con anterioridad a ellos, se explicaron también los fenómenos de la naturaleza, pero no de una manera racional o filosófica, sino de un modo imaginativo, usando narraciones míticas.
El conocimiento racional busca comprender lo que son las cosas mediante una comprensión total y ordenada, por ello, los primeros filósofos griegos buscaron el principioque explicara todo lo que existe en la naturaleza.
Los filósofos de la Escuela de Mileto establecieron ese principio en un elemento físico. Así, se dijo que el principio de todas las cosas era el agua o el aire, etc. Posteriormente, los filósofos pitagóricos cambiaron ese principio físico por un principio racional: la relación cuantitativa. Las cosas de la naturaleza ofrecen multitud de cualidades y cantidades que la razón es capaz de unificar mediante relaciones. El estudio de las relaciones cuantitativas dio origen a la ciencia de los números y a la geometría, que constituyen la base de la ciencia matemática. La filosofía de los pitagóricos pretendió ser un matematicismo, ya que buscaban el principio en el elemento racional unificador de las relaciones cuantitativas. Prescindiendo de otras teorías secundarias, lo fundamental del pensamiento pitagórico estribaba en defender que el principio de todas las cosas era el número.
Hasta entonces, sin embargo, la pregunta que se hacían los filósofos era cuál es el principio que explicaría todas las cosas físicas. En el siglo vi a. C. la pregunta que se van a hacer es más profunda: ¿cómo podemos decir que son las cosas de la naturaleza física, si cambian continuamente? Lo que era ya no es: lo que hoy es no será mañana. La pregunta ya no es si todo está constituido por agua u otra cosa. La pregunta ahora es qué es lo que es siempre.
Ante esa profunda pregunta, se van a intentar dos respuestas en el siglo iv a. C. Platónadoptará una postura profundamente idealista y afirmará que lo que verdaderamente existe son las ideas. El mundo verdaderamente real es el mundo de las ideas, las cosas de la naturaleza física son solo sombras. Aristóteles, por el contrario, sostendrá una posición más realista.
La materia y la forma sustancial, la sustancia y la forma accidental son los principios con los que Aristóteles explica la existencia de la multiplicidad de los seres de la naturaleza y los cambios que estos experimentan. Sin estos principios, no se puede entender la psicología del alma y las facultades que Aristóteles formuló, y que de una manera u otra perduraron durante toda la Edad Media. Por otra parte, la crítica que la psicología del alma y las facultades sufrió al comienzo de la Edad Moderna se debió a la profunda crítica que sufrieron los principios aristotélicos.
La psicología del alma y las facultades se enmarcan en el paradigma filosófico principalista porque intenta explicar los fenómenos psíquicos a partir de los principios aristotélicos (forma sustancial, formas accidentales, etc.). En esa concepción de la psicología, los hechos psíquicos que se observan no se explican unos por otros, como intentaría una ciencia experimental, sino que se explican a partir de un principio sustancial: el alma, que no es experimentable. El método, pues, parte de la experiencia (la observación de hechos, como mi conducta alimentaria o mi percepción de un objeto), y termina en algo que solo se puede entender o comprender, pero que no se puede experimentar. La psicología del alma y de las facultades tiene, pues, carácter filosófico. No es una ciencia experimental, no es una psicología experimental.
De acuerdo con el paradigma principalista, para Aristóteles, la ciencia (que él no diferencia de la filosofía) es deductiva y apodíctica. Por ser deductiva, demuestra sus proposiciones deduciéndolas de otras anteriores, no por su verificación experimental. Naturalmente, una ciencia deductiva es principalista porque unas proposiciones se deducen de otras hasta llegar a una primera o principio. Además, la ciencia aristotélica es apodíctica, es decir, trata de demostrar que las cosas son necesariamente de una manera y no pueden ser de otra. Lo que es de una manera, pero puede ser de otra, no pertenece a la ciencia en la concepción de Aristóteles. Puede pertenecer al arte o a la técnica, pero no a la ciencia.
Según la psicología aristotélica del alma y las facultades, el alma es la forma sustancial que, en último término, explica todas nuestras conductas y procesos psíquicos. Pero la psicología principalista no solo pretende estudiar el alma, sino también las facultades. La psicología del alma y las facultades estudia, por tanto, el alma como principio último de la vida y las facultades que explican los fenómenos de la percepción, la memoria, la imaginación, el pensamiento y los apetitos (lo que hoy llamaríamos motivación).
El alma es la forma sustancial del ser viviente. En el hombre, el alma tiene tres funciones: la vegetativa, que se relaciona con el crecimiento, la nutrición y la reproducción; la sensitiva, que se relaciona con la percepción sensible, los apetitos inferiores y el movimiento corporal; y la espiritual, que se relaciona con el entendimiento.
Al hablar de facultades, Aristóteles habla de un psiquismo inferior y otro superior. En el psiquismo inferior se encuentran los cinco sentidos, la memoria, la imaginación y los apetitos inferiores como la ambición, el coraje, etc. En el psiquismo superior se encuentran el intelecto y el apetito superior o voluntad.
La psicología propuesta por Aristóteles perduró durante muchos siglos, y la filosofía escolástica la enseña hasta nuestros días. En cualquier caso, esta psicología estableció las bases de toda la psicología posterior. En la psicología científica actual, ya no se habla del alma y las facultades, porque son conceptos filosóficos, no científicos. Sin embargo, sí se habla de percepción, memoria, imaginación, etc., aunque no como facultades, sino como procesos cognitivos de la mente.
El paradigma filosófico del racionalismo
La ciencia valora sobremanera la razón. Es la razón la que formula las hipótesis en lenguaje matemático (las matemáticas se tomarán como el lenguaje propio de la razón) y es la razón la que construye un modelo teórico cuando las hipótesis se han confirmado ya en la experiencia. La razón es la que establece la ley que los hechos cumplen. Este valor de la razón fue exagerado por algunos filósofos del siglo xvii hasta el extremo de establecer la pura razón como la única fuente del conocimiento. A esta postura, se la llamará racionalismo.
En el siglo xvii, el filósofo y matemático francés René Descartes(1596-1650), el fundador del racionalismo, recogió la crítica que ya en el siglo xiv se hacía de la filosofía aristotélica y, con ella, de la escolástica tradicional. Descartes negaba los principios aristotélicos, afirmando que no son nada reales, sino meras abstracciones de la mente. Según él, la filosofía tiene que ocuparse de cosas reales, no de abstracciones fabricadas por la mente.
La primera consecuencia de su postura es que el conocimiento tiene que ser una captación directa del objeto. El conocimiento directo del objeto es la intuición. El sujeto conoce el objeto en cuanto este se muestra directamente.Este conocimiento intuitivo será verdadero si es claro y distinto, es decir, se expondrá a la razón con tal fuerza que esta no podrá menos que conocerlo. Según Descartes, solo podemos conocer con verdad y certeza lo que se presenta ante nosotros con una idea clara y distinta.
Descartes sostiene que en el mundo nos encontramos con dos tipos de cosas: los cuerpos y la mente humana. La idea clara y distinta del cuerpo es la extensión; un cuerpo es una cosa extensa. La idea clara y distinta de la mente humana es el pensar; la mente humana es una cosa pensante. El hombre es un compuesto de mente y cuerpo, es decir, un compuesto de dos cosas. Aristóteles concebía al hombre como una sola cosa compuesta de dos principios: materia y forma sustancial. Ahora, Descartes sustituye los dos principios por dos cosas, y en consecuencia establece el dualismo. El hombre es una realidad dual. A partir de este momento, el problema mente-cuerpo es un problema que llega hasta nuestros días. Todavía se sigue discutiendo y marca profundamente la psicología al dar origen a dos corrientes diferentes: el mentalismo, por una parte, que solo estudia los fenómenos o procesos mentales; y el conductismo, por otra parte, que solo estudia la actividad externa de los organismos. Los intentos para superar este dualismo es un problema constante de la psicología moderna.
Descartes propuso su teoría dualista de la separación cuerpo-mente basándose en el dualismo filosófico griego de Aristóteles y Platón. Esta teoría filosófica de la separación cuerpo-mente fue heredada por la ciencia en general y por la psicología en particular, y ha fundamentado el problema científico mente-cerebro hasta nuestros días. Pero en realidad se trata de un problema filosófico que arrastra la ciencia y no de un problema científico. Puesto que hoy en día este problema ha sido resuelto en gran medida después de décadas de investigación de la mente como un proceso emergente de la biología cerebral y del sistema nervioso, mediante, por ejemplo, las técnicas de neuroimágenes (PET, fIRM, rCBF, etc.) que demuestran científicamente que la separación filosófica mente-cerebro es un paradigma obsoleto.
Además, y esto consideramos que es lo más importante, la ciencia, particularmente la ciencia psicológica, arrastra concepciones filosóficas, específicamente de la filosofía griega. Sin embargo, la concepción hebrea presenta una filosofía unificada, unitaria e integral del problema mente-cerebro, y sostiene una perspectiva monista frente a la dualista griega heredada por la ciencia. Esto demuestra que hoy en día, a pesar de todos los avances de la ciencia, esta sigue dependiendo en sus teorías de la filosofía griega, lo que hace que muchas veces las teorías científicas no sean completamente fructíferas porque no consideran otras explicaciones o teorías alternativas de la realidad psicológica, como las hebreas frente a las griegas. Esta conclusión sitúa al pensamiento hebreo al mismo nivel que la filosofía griega tanto cronológicamente como en su posible aceptación como marco de referencia o fundamento epistemológico de las teorías científicas actuales, especialmente en la psicología.
La absoluta separación entre cosa extensa y cosa pensante trae, además, otras importantes implicaciones para la psicología. Para Descartes, la idea simple de todo cuerpo es la extensión. Las diferencias entre los cuerpos son solo diferencias en extensión. Los cuerpos complejos son extensiones compuestas de elementos simples: los átomos. Entre los cuerpos, pues, no hay diferencias cualitativas; solo hay diferencias cuantitativas.
A partir de aquí, Descartes formuló su teoría mecanicista que explica la pluralidad de los cuerpos y los cambios del mundo corpóreo. La basó en el mecanismo que activaba las estatuas de las grutas de los jardines reales, al oeste de París. Cuando era joven, le fascinaban los mecanismos ocultos que movían y hacían bailar las estatuas de los jardines cuando los visitantes pisaban los dispositivos encubiertos. Las estatuas se movían gracias a cilindros movidos a su vez por la presión del agua.
Según la teoría mecanicista los animales, puesto que no tienen pensamiento (no se componen de cosa pensante), funcionan como los otros cuerpos. Los animales son como máquinas. El cuerpo de los humanos también era una máquina que operaba exactamente bajo los mismos principios. Sin embargo, Descartes asegura que el hombre no es una máquina porque en el hombre existe la cosa pensante, el pensamiento. Sin embargo, el mecanicismo se extendería, poco a poco, a la conducta humana. Si solo hay diferencias cuantitativas, la conducta del hombre no es cualitativamente distinta de la conducta de una rata, sino solo más compleja. Las leyes que encontramos en la conducta de la rata se aplican también a la conducta humana. El elemento más simple de la conducta es el reflejo, entonces el mecanicismo tiende a explicar toda la conducta humana mediante reflejos más o menos complejos. Con ello, también se tenderá a defender que lo que determina la conducta no son causas internas mentales, sino causas exteriores, es decir, los estímulos.
Pero la absoluta separación entre cosa extensa y cosa pensante lleva también a que en el paradigma racionalista se conciba la mente como algo completamente distinto del cuerpo. Entonces, para Descartes, la mente no se estudia según el mecanicismo con que se estudian los cuerpos, sino que se estudia por modelos puramente racionales. Dicho en otras palabras, al cuerpo solo le compete la actividad mecánica; a la mente solo le compete el lenguaje racional universal, las matemáticas. Los racionalistas pretenden construir toda la filosofía al modo matemático. La separación entre cuerpo y mente lleva a que las ideas sean innatas y a que el lenguaje racional universal sea innato.
