El producto interno bruto - Diane Coyle - E-Book

El producto interno bruto E-Book

Diane Coyle

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Beschreibung

El producto interno bruto (PIB), inventado en la década de 1940, es un indicador clave de la política económica; se considera un referente para la medición de la magnitud de la economía de un país y es comúnmente el anclaje de otros indicadores importantes, como el déficit fiscal y el índice de desarrollo humano (IDH). Diane Coyle se da a la tarea de recordarnos que este instrumento no debe convertirse en un fetiche; por el contrario, posee una historia que explica su consolidación, además de una estructura de supuestos y estrategias que muestran la concepción de economía de quienes lo han postulado. El PIB es, no obstante, uno de los indicadores más importantes de la actualidad, siempre y cuando se entiendan sus alcances y sus limitaciones de cara a los grandes desafíos en materia de desigualdad, bienestar y sustentabilidad.

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Seitenzahl: 270

Veröffentlichungsjahr: 2017

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Diane Coyle (1961) es una economista inglesa y miembro de la Orden del Imperio Británico. Es doctora en filosofía económica por la Universidad de Harvard y actualmente es vicepresidenta de la BBC Trust, directora de la consultoría Enlightenment Economics y profesora en la Universidad de Manchester. Ha escrito varios libros sobre economía, entre los que destacan The Economics of Enough (2011) y The Soulful Science: What Economists Really Do and Why It Matters (2007).

BREVIARIOS

del FONDO DE CULTURA ECONÓMICA

Traducción del inglés de

IGNACIO PERROTINI HERNÁNDEZ

Diane Coyle

El producto interno bruto

UNA HISTORIA BREVE PERO ENTRAÑABLE

Primera edición en inglés, 2014Primera edición en español, 2017Primera edición electrónica, 2017

Título original: GDP: A Brief but Aff ectionate History © 2014, por Diane Coyle Publicado por convenio con International Editors Co. y Princeton University Press

Diseño de portada: Paola Álvarez Baldit

D. R. © 2017, Fondo de Cultura Económica Carretera Picacho-Ajusco, 227; 14738 Ciudad de México

Comentarios:[email protected] Tel. (55) 5227-4672

Se prohíbe la reproducción total o parcial de esta obra, sea cual fuere el medio. Todos los contenidos que se incluyen tales como características tipográficas y de diagramación, textos, gráficos, logotipos, iconos, imágenes, etc. son propiedad exclusiva del Fondo de Cultura Económica y están protegidos por las leyes mexicana e internacionales del copyright o derecho de autor.

ISBN 978-607-16-5101-3 (ePub)

Hecho en México - Made in Mexico

ÍNDICE

Nota a la edición en inglésIntroducciónI. Guerra y Depresión: desde el sigloXVIIIhasta la década de 1930Los primeros días de las cuentas nacionalesEl nacimiento de las cuentas nacionales modernasLa naturaleza del PIBII. La época dorada: de 1945 a 1975El rebote de posguerra¿Qué tan bien nos va?Tipos de cambio y poder de compra¿Qué mostraron las comparaciones internacionales?III. Una crisis del capitalismo:la herencia de los años setentaEstanflaciónComunismoAmbientalismoDesarrollo humanoIV. El nuevo paradigma: de 1995 a 2005Comprender el crecimientoEl auge de la nueva economíaMedir los serviciosLa explosión de la variedadV. La gran crisis: nuestros tiemposUna tragedia griega: arrogancia, demencia y némesisValor añadido y valor sustraídoLa frontera de producciónLa economía informalProducto económico y bienestarVI. El PIB del siglo XXI: el futuroComplejidadProductividadSostenibilidadConclusión. ¿Cuáles estadísticas nacionales necesitamos en el siglo XXI?AgradecimientosÍndice analítico

NOTA A LA EDICIÓN EN INGLÉS

Los estadísticos no suelen aparecer en los titulares de los periódicos, pero desde que se publicó este libro a principios de 2014 han aparecido repetidamente. Con base en la medición del producto interno bruto (PIB), los estadísticos incrementaron en una quinta parte la dimensión de la economía de China gracias a los cambios en la manera en que se realizan las comparaciones de precios internacionales. Asimismo, casi duplicaron el PIB de Nigeria mediante la actualización del papel que desempeñan en las estadísticas las áreas de negocios —películas de Nollywood,1 teléfonos móviles— de crecimiento rápido. Otras economías africanas han disfrutado la misma clase de aumento del PIB. Lo más excitante de todo es que los estadísticos incrementaron el PIB de la mayoría de los países europeos decidiendo que se añadieran las estimaciones de la prostitución y las drogas, actividades ilegales que, no obstante, son parte de la economía de mercado. Este lance fue una pequeña bendición para todos los gobiernos de la Unión Europea (UE) deseosos de reducir la carga de la deuda pública, que se mide siempre en relación con el PIB; reducir el denominador de esta razón es mucho menos inconveniente que reducir el numerador. Pero este cambio en la metodología subraya una de las varias paradojas de esta medida convencional de éxito económico, toda vez que incluye la prostitución pero excluye el trabajo no remunerado (de todas las clases) en el hogar. ¿Qué clase de estadística es el PIB?

Mucha gente está interesada en esta cuestión. Antes de la publicación de este libro, yo me habría sorprendido si alguien me hubiera dicho que podría haber audiencias de cientos de personas que atendieran una charla sobre la historia del PIB. Creo que las razones de este interés en gran medida son las descritas en el capítulo final del libro. El capítulo VI analiza la creciente brecha entre el PIB —una medida particular de la actividad económica que se realiza en los mercados y a la que se asocian precios— y el bienestar económico o social. Aunque los economistas hemos sabido siempre en teoría que el PIB no mide el bienestar social de ninguna manera, en la práctica nosotros —y por tanto los formuladores de política y los comentaristas de noticias— siempre hemos ignorado esa advertencia. Por décadas hemos estado tomando el crecimiento del PIB como la medida para saber si estamos prosperando o si estamos mejorando en un sentido más amplio.

La economía ha estado creciendo en formas que incrementan la diferencia entre estos dos conceptos. El PIB era una medida suficientemente buena para las economías basadas en las manufacturas de ensamblaje y el Estado nación de la era de la segunda posguerra; ahora tenemos una economía dominada por servicios e intangibles, con una mucho mayor variedad de productos, e íntimamente eslabonada a través de las fronteras nacionales. No está para nada claro que el PIB mide bien la economía digital globalizada, con su proliferación de servicios a precios igual a cero y mercados similares o de segunda mano. Con seguridad no alude a la distribución del crecimiento entre personas o grupos diferentes que han progresado de manera menos equitativa desde aproximadamente 1980. Finalmente, el PIB no nos ofrece un control sobre cuán sustentablemente está creciendo la economía, una cuestión cada vez más importante en el surgimiento de la Gran Crisis financiera, y las crecientes preocupaciones sobre el irreversible daño ambiental o climático. De suerte que mientras se usa para medir la actividad económica, el PIB está siendo cada vez menos útil como representante del bienestar social o de la sustentabilidad.

Los estadísticos oficiales que nos proveen de los medios para tomarle la temperatura a la economía, por tanto, continúan innovando. Están más conscientes que nadie de esta lista de desafíos al uso convencional del crecimiento del PIB, como una expresión resumida de cuán bien se desempeña la economía. Algunos de sus intrigantes nuevos enfoques también se describen en este libro. Esta obra actualiza la historia del PIB. Quiero agradecer a lectores y reseñadores sus discernimientos y comentarios. Sin embargo, el final de la historia no está a la vista aún, ni es obvio cuál será. En 10 años tendremos una economía muy diferente y una manera de pensar distinta acerca de “la economía” y sobre cuán bien nos está sirviendo.

Marzo de 2015

1 Industria cinematográfica de Nigeria. [T.]

INTRODUCCIÓN

“En Grecia, las estadísticas son un deporte de combate.” Así hablaba Andreas Georgiou después del anuncio de que tendría que enfrentar cargos criminales y una investigación parlamentaria. Un hombre distinguido que había pasado varios años trabajando en el Fondo Monetario Internacional (FMI) en Washington, D. C., fue interpretado por George Clooney en la película acerca de la catástrofe económica europea. A finales de 2010 se convirtió en el jefe de Elstat, la nueva agencia oficial de estadísticas de Grecia, designado de emergencia por la Unión Europea (UE) y el FMI. En unas semanas sus correos electrónicos eran pirateados y, en unos cuantos meses más, fue acusado de actuar contra los intereses nacionales de Grecia por miembros de la vieja agencia oficial de estadísticas despedidos hacía poco. En un caso que ha dividido a la opinión pública de manera amarga en Grecia, los fiscales lo acusaron subsecuentemente de felonías por omisión de su deber, de hacer falsas afirmaciones y falsificar datos oficiales.1 ¿Su crimen? Tratar de producir estadísticas precisas sobre la economía griega después de que por décadas los estadísticos oficiales habían manipulado los datos a petición de los políticos. Los riesgos eran altos, pues los fondos de rescate para liberar al gobierno griego e impedir que la economía colapsara dependían de la consecución de objetivos difíciles para reducir el monto de lo que el gobierno gastaba y de los préstamos solicitados. Los objetivos se expresaban en términos de la razón del déficit fiscal respecto al producto interno bruto (PIB), la medida estándar de la dimensión de la economía de un país. El PIB es un término familiar que realmente no significa mucho para la mayoría de la gente. Este libro es la historia de cómo el PIB se convirtió en un dato estadístico tan importante.

De acuerdo con una investigación oficial de la Comisión Europea, publicada justo antes de la designación de Georgiou, las estadísticas griegas habían sido manipuladas durante años. El jefe del Servicio de Estadísticas Nacionales de Grecia (SENG, el predecesor del Elstat), a principios de ese año, con cierta desesperación, había contactado a los oficiales europeos en Bruselas, “reclamando interferencia oficial en la provisión de estadísticas”. La investigación concluyó que había habido repetidos informes equivocados de estadísticas, que el gobierno griego no podía mantener de ninguna manera el control de su propio gasto, y que había dudas graves acerca de la “rendición de cuentas del marco institucional griego”, una frase burocrática de la incapacidad del gobierno para controlar o incluso llevar la cuenta de su gasto en varias áreas, incluido el gasto en defensa.2

De hecho, no era necesaria una investigación oficial. Cualquier experto en estadística podía haberle dicho a los comisionados de Bruselas que los griegos estaban manipulando los libros con sólo mirar los datos que daban. Una señal de advertencia potencial fue el anuncio hecho en 2006 de que el PIB de Grecia era 25% mayor que lo que se pensaba previamente: el SENG añadió una estimación del valor que representan para la economía las actividades no contabilizadas en los libros, ocultas a los ojos de las autoridades fiscales. Sin duda, Grecia no fue el único país que incluyó en las estadísticas oficiales del PIB una estimación del tamaño de la llamada economía informal (como veremos más adelante), pero este gran incremento ocurrió en un momento útil para solicitar más créditos, ya que el tamaño del PIB es clave para las percepciones de los prestamistas sobre la capacidad de pago de un crédito por parte del prestatario.

Además de este cambio, y de la habitual renuencia de los estadísticos de la UE para aprobar los datos griegos, los datos inventados también tienen un marcador estadístico que indica que han sido fabricados. El patrón del PIB o de cualesquiera otras variables económicas tiene una huella dactilar estadística particular que es difícil de falsificar. Estas series de estadísticas no son aleatorias. Específicamente, el primer dígito no es un 1 (o cualquier otro dígito hasta llegar a 9) una vez en cada nueve, como sería el caso con las estadísticas aleatorias. En lugar de esto, es mucho más probable que los datos comiencen con un 1: el primer dígito será 1 seis veces más frecuentemente que 9, más de dos veces más frecuentemente que 3, y así sucesivamente. El patrón de huella dactilar es conocido como la Ley de Benford. El doctor Charlie Eppes, el genio matemático representado por David Krumholtz en el drama de crímenes Numb3rs, la usa para resolver una serie de robos en un episodio de 2006, “The Running Man”. Las estadísticas del PIB griego no tenían la huella dactilar de la Ley de Benford.3

El informe de la Comisión Europea era claro —es uno de los lenguajes burocráticos más obtusos que jamás he leído—, el ministro de Finanzas de Grecia instruía a los estadísticos oficiales acerca de las estadísticas del déficit y del PIB que se necesitaban para mantener el flujo de los créditos. El comité del SENG anterior a 2010 debió haber estado enterado —o quizá no— de la fabricación de los datos, en cuyo caso difícilmente era un comité efectivo para una agencia nacional de estadísticas. Como suele ocurrir, mi buena amiga Paola Subacchi, actualmente directora de economía en el distinguido comité de expertos de asuntos internacionales Chatham House, había visitado el SENG en 2002. Ella voló a Atenas y tomó un taxi hacia una dirección que resultó estar ubicada en un suburbio residencial. Paola Subacchi dice: “Era una plaza de tiendas ordinarias, y tuve que buscar una puerta en un bloque de apartamentos de los años cincuenta que me condujo a unas escaleras hacia un cuarto sucio con un grupo de personas. No recuerdo haber visto ninguna computadora. Fue extraordinario, para nada una operación profesional”. No sorprende que el FMI y la Comisión Europea quisieran enviar a Georgiou para crear una nueva agencia estadística como una condición para prestar los fondos de rescate al gobierno griego. Aún podría haber sorpresas desagradables que descubrir. “Estoy siendo procesado por no manipular los libros”, dijo Georgiou después de haber sido acusado de traicionar el interés nacional, un crimen que en teoría conlleva una sentencia potencial de por vida. A mediados de 2015 Georgiou aún estaba bajo amenaza legal.

El punto importante de esta historia de nefaria manipulación estadística es ilustrar la importancia del PIB en la política y las finanzas cotidianas. En teoría, Georgiou pudo haber sido encarcelado por producir un dato diferente de sus predecesores. Los estándares de vida de millones de griegos —¿tendrían trabajo?, ¿necesitarían sumarse a las colas de las cocinas comunitarias?— dependían de ese dato.

El PIB es la manera en que medimos y comparamos cuán bien o mal se desempeñan los países. Pero esto no es una cuestión de medir un fenómeno natural como cantidades de tierra o temperaturas promedio con varios grados de precisión. El PIB es una entidad inventada. El concepto data tan sólo de los años cuarenta. Como veremos en el capítulo I, antes de esa fecha se utilizaban diferentes conceptos para medir cuán bien se desempeñaba una economía, e incluso esos conceptos se originaron sólo hace poco más de 200 años. En la circunstancia improbable de que sea encarcelado, Georgiou habrá perdido su libertad debido a una abstracción que suma todo, desde clavos hasta cepillos dentales, tractores, zapatos, cortes de pelo, consultoría de administración, limpieza pública, clases de yoga, platos, vendajes, libros y todos los millones de otros servicios y productos en la economía, que luego los ajusta en formas complicadas y de acuerdo con fluctuaciones temporales, tomando en cuenta la inflación; los estandariza de suerte que las estadísticas de todos los países sean más o menos comparables, toda vez que los ajusta nuevamente con base en tasas de cambio hipotéticas. Usted lo ha comprendido bien: una estadística abstracta derivada en formas extremadamente complicadas, que sin embargo tiene mucha importancia.

¿Cómo es que algo tan artificial, complicado y abstracto ha venido a ser tan importante para las políticas económicas que afectan el sustento del pueblo griego? ¿Puede ser cierto que el PIB gobierna las decisiones políticas clave que afectan su destino y el nuestro? Después de todo, esta medida singular de “la economía” tiende a dominar las disputas políticas, y las fortunas de los gobiernos parecen aumentar y disminuir con la diferencia entre más 0.2% y menos 0.1% en los números del PIB de un trimestre. El último dato puede significar recesión; el primero, reelección. Los boletines de noticias con frecuencia presentan a economistas y políticos formulando fuertes argumentos opuestos acerca de cómo se está comportando la economía, mediante lo cual quieren decir cuál es la tasa de crecimiento probable del PIB y qué debería estar haciendo el gobierno en consecuencia.

No obstante, la primacía del PIB como medida del éxito económico ha sido desafiada de manera creciente, no tanto por políticos o economistas como por personas que lo ven como el símbolo primario de lo que está mal en la economía capitalista de mercado. Por ejemplo, los ambientalistas creen que conduce a un acento excesivo en el crecimiento a expensas del planeta; los defensores de la “felicidad” piensan que es necesario reemplazarlo con indicadores de bienestar genuino, y los activistas, como los del movimiento Ocupa, argumentan que enfocarse en el PIB ha disfrazado la desigualdad y la ausencia de armonía social.

Seguramente hay varias críticas razonables del PIB y del papel que ha desempeñado en la orientación de la política económica. Estas razones también incluyen interrogantes acerca de cuán complicada se ha convertido la construcción estadística del PIB, y de lo que semejante abstracción compleja puede significar. Pero el PIB también es, como demostraré en este libro, una medida importante de la libertad y la capacidad humana creadas por la economía capitalista de mercado. El PIB indica, aunque de manera imperfecta, innovación y posibilidad humana. Y es una medida importante de nuestra creatividad y de nuestra preocupación por los demás en una economía basada cada vez más en servicios intangibles. En el año 2000, el Bureau of Economic Analysis de los Estados Unidos declaró que el PIB es “una de las grandes invenciones del siglo XX”.4 Es una exageración comprensible.

Este libro explica el PIB y describe su historia, establece sus limitaciones y lo defiende como un indicador aún clave para la política económica. Con seguridad es un mejor indicador que algunas de las opciones de moda (como “felicidad”) que se han propuesto. También me pregunto si el PIB en sí mismo es todavía una medida suficientemente buena del desempeño económico, y concluyo que no. Es una medida diseñada para la economía de producción física en masa del siglo XX, no para la economía moderna de rápida innovación y servicios intangibles, crecientemente digital. El desempeño de la economía siempre será una parte importante de la política diaria, y necesitaremos una medida de “la economía” mejor que el actual PIB.

1 “Greece’s Statistics Chief Faces Criminal Probe”, Financial Times, 27 de noviembre de 2011; “Greek Statistics Chief Faces Charges over Claims of Inflated 2009 Deficit Figure”, Ekathimerini.com, 22 de enero de 2013, <http://www.ekathimerini.com/4dcgi/_w_articles_wsite1_1_22/ 01/2013_ 479717>; “Numbers Game Turns Nasty for Greek Stats Chief”, Reuters, 14 de marzo de 2013, <http://uk.reuters.com/article/2013/03/14/uk-greece-stats-insight-idUKBRE92D0AW20130314>. Ambos consultados el 15 de marzo de 2013.

2 “Report on Greek Government Debt and Deficit Statistics”, Comisión Europea, enero de 2010. En 2008, Grecia se había convertido en el quinto importador de equipo militar más importante del mundo.

3 Véase Tim Harford, “Look Out for Number 1”, <http://timharford. com/2011/09/look-out-for-no-1/>; Andrew McCullogh, “Beware of Greeks Bearing Stats”, Significance, <http://www.significancemagazine.org/details/ webexclusive/1406899/Beware-of-Greeks-bearing-stats-Debt-statistics-and-Benfords-Law.html>, y “The Curious Case of Benford’s Law”, Wolfram Alpha Blog, 13 de diciembre de 2010, <http://blog.wolframalpha.com/ 2010/12/13/the-curious-case-of-benfords-law/>. La Ley de Benford se aplica a muchos tipos de datos donde las entradas abarcan varios órdenes de magnitud, desde unidades y decenas hasta millones y miles de millones, no sólo a estadísticas económicas. Los datos de Bélgica tampoco se ajustan, mientras que las estadísticas de Italia, Portugal y España satisfacen la ley.

4 J. Steven Landefeld, “GDP: One of the Great Inventions of the 20th Century”, en Bureau of Economic Analysis, Survey of Current Business, enero de 2000, <http://www.bea.gov/scb/account_articles/general/0100od/ maintext.htm>.

I. GUERRA Y DEPRESIÓN: DESDE EL SIGLO XVIII HASTA LA DÉCADA DE 1930

LA GUERRA es la madre de la invención. Muchas tecnologías nuevas que terminan siendo utilizadas en la vida civil han sido estimuladas por las demandas de los conflictos y financiadas por las fuerzas armadas. Entre estas invenciones, desde la internet al teflón, del radar a las computadoras electrónicas programables, está el producto interno bruto. El PIB es una de las varias invenciones de la segunda Guerra Mundial.

Su nombre suena como si debiera ser evidente. Producto: cosas producidas; interno: hecho en casa; bruto: nada deducido, lo opuesto a neto (contrariamente, un paquete de cereal dará el “peso neto”, esto es, sólo el contenido, sin incluir el empaque). El PIB es sólo un dato en todo un conjunto de cuentas de la economía, las cuentas de ingreso nacional. Llegaremos a los detalles más adelante. Para darle sentido a la idea del PIB nos ayudará ante todo una breve historia del desarrollo de las estadísticas nacionales.

LOS PRIMEROS DÍAS DE LAS CUENTAS NACIONALES

Una guerra anterior fue la que inspiró los primeros intentos sistemáticos por medir toda la economía. En 1665, un científico y oficial británico, William Petty, elaboró estimaciones del ingreso y el gasto, la población, la tierra y otros activos de Inglaterra y del país de Gales con el propósito de evaluar los recursos del país para enfrentar un conflicto y financiarlo mediante impuestos (fue la ahora poco conocida segunda Guerra Anglo-Holandesa, que duró de 1664 a 1667). Petty quería probar no sólo que el país podía tolerar una carga de impuestos más alta, sino que también era capaz de ganarle a sus vecinos poderosos, Holanda y Francia.1 Para ello no era necesario obtener más tierra o incrementar el tamaño de la población para asegurar la victoria, porque la tierra y el capital y el trabajo disponibles podían utilizarse para un mejor efecto. Éste fue un discernimiento económico significativo. También fue significativa la introducción por parte de Petty del instrumento de contabilidad de doble entrada para registrar los récords para la nación en su conjunto. Otro conjunto inicial de estimaciones, de Charles Davenant en 1695, tenía el siguiente título An Essay upon the Ways and Means of Supplying the War [Ensayo sobre las formas y medios para financiar la guerra], que expresa su objetivo de modo perfectamente claro. La palabra estadísticas tiene el mismo origen que estado, y originalmente se refería a la recolección de datos concernientes al Estado, específicamente los impuestos. El hecho de consolidar estadísticas de ingreso nacional demostró ser una gran ventaja para Inglaterra; le permitió calcular los márgenes para el incremento del producto y de ingresos fiscales, cuando su vecina Francia, más grande y aparentemente más poderosa, carecía de esa información. Fue sólo en 1781 cuando el rey de Francia tuvo datos económicos y financieros importantes estratégicamente similares, cuando el ministro de Finanzas Jacques Necker entregó un famoso compte rendu au roi, o informe al rey, sobre la fortaleza de la economía francesa. Le permitió al rey obtener nuevos créditos pero, por supuesto, no le ayudó a impedir la Revolución francesa en 1789.

A lo largo del siglo XVIII varios pioneros estadísticos sucesivos trabajaron a partir de esos primeros intentos británicos, aunque cada uno medía cosas ligeramente diferentes. El concepto de ingresos nacionales puede parecer suficientemente claro, pero medirlo en la práctica significa elegir qué cosas incluir y cuáles excluir, lo que es sorprendentemente confuso. A diferencia de lo que ocurre en nuestro tiempo, no había ninguna estandarización, ninguna definición comúnmente acordada, y lo que se medía no era para nada lo que es el moderno PIB. Lo que tenían en común estas tempranas cuentas nacionales era la idea general de que el ingreso nacional dependía de cuánto había disponible para gastar y cuánto quedaba para incrementar la cantidad nacional de activos.

Este marco evolucionó a lo largo de las décadas.2 Autores posteriores destacaron diferentes aspectos de la economía. Algunos —entre ellos el novelista y panfletista Daniel Defoe— pensaron que la clave para la prosperidad de la nación era el creciente comercio, tanto internacional como nacional. En otro tiempo, el debate en cafeterías y panfletos se centró firmemente en la deuda nacional, cuyos datos con frecuencia publicaba el gobierno, hacia finales del siglo XVII y finales del XVIII. Una vez más, el financiamiento de la guerra era la motivación.

Después ocurrió una innovación intelectual sustancial. En La riqueza de las naciones (publicada en 1776), Adam Smith introdujo la distinción entre trabajo “productivo” e “improductivo”. Un autor anónimo había escrito en 1746: “Lo que quiero decir con ingreso nacional es todo lo que el conjunto de nuestro pueblo obtiene o recibe de la tierra, el comercio, las artes, las manufacturas, el trabajo, o de cualquier otra manera, y con gasto anual quiero significar todo lo que nuestra gente gasta o consume”. Sin embargo, en la definición de Adam Smith 30 años más tarde, el “conjunto de nuestro pueblo” no contaba. Sólo las personas involucradas en la elaboración de mercancías físicas, agricultura e industria contarían para el ingreso nacional. En su opinión, la provisión de más servicios era un costo para la economía nacional. Un criado era un costo para su empleador, y no creaba nada. De manera importante, el dinero gastado en la guerra o el interés sobre la deuda del gobierno también eran utilizados improductivamente. La riqueza de la nación era la cantidad de activos físicos menos la deuda nacional. El ingreso nacional era lo que se derivaba de la riqueza nacional. De acuerdo con Benjamin Mitra-Kahn “La riqueza de las naciones introdujo una nueva idea de la economía, y a través del esfuerzo de los estudiantes y admiradores de Adam Smith, fue adoptada casi instantáneamente”. En palabras del propio Smith:

Existe un tipo de trabajo que se añade al valor de la materia sobre la cual se confiere: existe otro que no tiene ese efecto. El primero, puesto que produce un valor, puede llamarse productivo; el segundo, trabajo improductivo. Así, el trabajo de un manufacturero generalmente añade al valor de los materiales con los que trabaja el valor de su propia manutención y el de los beneficios de su patrón. El trabajo de un criado de la servidumbre, por el contrario, no añade el valor de nada […] un hombre se enriquece empleando una multitud de manufactureros, y se empobrece manteniendo una multitud de criados de servidumbre.3

La idea de una distinción entre actividad productiva e improductiva, adoptada por Adam Smith, dominó el debate económico y la medición económica hasta finales del siglo XIX. Karl Marx la imitó, y continuó siendo la base de medición de las economías centralmente planificadas hasta el colapso del comunismo después de 1989. Por ejemplo, las estadísticas económicas de la Unión Soviética contabilizaban el producto material e ignoraban ampliamente las actividades de servicio; sin embargo, hacia finales de la década de 1980 los servicios representaban dos tercios del PIB en las economías capitalistas occidentales, de modo que se trataba de una gran omisión.

Más aún, esta manera de pensar la economía nacional en términos de producción material fue adoptada generalmente en el siglo XIX, hasta que también fue anulada. Entonces, la nueva generación de economistas “neoclásicos” (en contraste con los economistas “clásicos”, como Adam Smith) descartó la distinción entre actividades productivas e improductivas. Alfred Marshall, una figura tan titánica como Smith en la historia del pensamiento económico, dijo categóricamente: “La riqueza consiste en riqueza material y en riqueza personal o no material”. Los servicios se incluirían en la definición de ingreso nacional. El trabajo realizado a finales del siglo XIX y principios del XX para medir la economía en los albores del decreto de Marshall en su libro de 1890, Principles of Economics [Principios de economía], ha sido descrito como una “primera fase” de la contabilidad del ingreso nacional.4

EL NACIMIENTO DE LAS CUENTAS NACIONALES MODERNAS

Esta rápida inmersión en la temprana historia de las cuentas del ingreso nacional y los pioneros del PIB muestra que la definición de ingreso nacional no fue precisa ni fija. La manera en que se interpretó dependió del clima intelectual y de las necesidades políticas o militares del momento, y así la definición cambió con el paso del tiempo. Algunos economistas han concluido que la medición de la economía previa al siglo XX no fue para nada seria. Angus Maddison, quien encabezó el extraordinario logro de construir estadísticas del PIB del mundo remontándose al año 1000 d.C., escribió: “El crecimiento económico fue mucho más lento antes del siglo XIX y, por tanto, pareció irrelevante o no interesante”.5 Añadió, gimiendo un poco: “Aunque hubo una proliferación de estimaciones de ingreso nacional, hubo poca mejora en su calidad o en su carácter comparable. Estas estimaciones proveían poca ayuda para un análisis serio del crecimiento económico, y había diferencias significativas en su cobertura y metodología”. Seguramente el trabajo pionero no fue consistente a lo largo de los años, ni tampoco consistente con nuestras definiciones modernas. Pero la interpretación opuesta parece probable: a partir del siglo XIX las personas empezaron a reconsiderar cómo medir la economía precisamente porque empezaba a crecer, gracias a la Revolución industrial y al nacimiento del capitalismo.

Las definiciones que usamos ahora se remontan a dos sucesos sísmicos en la historia moderna, la Gran Depresión de los años treinta y la segunda Guerra Mundial (1939-1945).6

Después de la publicación de Principles of Economics, de Alfred Marshall, varios investigadores ya habían emprendido nuevos esfuerzos para mejorar la recolección de estadísticas y la medición del ingreso nacional. En el Reino Unido, el esfuerzo más exitoso se debió a Colin Clark, quien durante las décadas de 1920 y 1930 calculó el ingreso nacional y el gasto por primera vez de manera trimestral en vez de anualmente, y con un nuevo grado de minuciosidad y meticulosidad. Por ejemplo, suministró detalladas divisiones de producción y gasto en diferentes categorías y también publicó cuentas minuciosas de las finanzas del gobierno. Estudió cómo ajustar los datos de la inflación y también la distribución del ingreso entre diferentes categorías de personas. Clark fue designado en 1930 para suministrar estadísticas al nuevo National Economic Advisory Council, el primer organismo creado por el gobierno británico para proveer asesoría económica formal. La experiencia de la Depresión creó esta demanda de estadísticas que podrían ayudar al gobierno a discernir cómo terminar el declive económico sin precedentes.

Allende el Atlántico, en los Estados Unidos, Simon Kuznets tenía una motivación similar. El gobierno de Franklin Delano Roosevelt deseaba una descripción más clara del estado de una economía atrapada en una depresión aparentemente sin fin. Se requirió al National Bureau of Economic Research que proveyera estimaciones del ingreso nacional. Kuznets, quien más tarde ganó el Premio Nobel en Ciencia Económica por este trabajo, tomó la tarea de desarrollar los métodos de Clark y de aplicarlos a la economía de los Estados Unidos. Kuznets era un meticuloso recolector y ensamblador de datos, ponía atención cuidadosa en las circunstancias en que se recogían las diferentes estadísticas y por tanto en cuáles podrían ser sus defectos.7 Su primer informe, enviado al Congreso en enero de 1934, mostró que el ingreso nacional de los Estados Unidos se había reducido a la mitad entre 1929 y 1932. Aun en esos tiempos deprimidos el informe fue un éxito de librería, a 20 centavos la copia, y el primer tiraje de 4 500 copias se vendió rápidamente.8 El presidente Roosevelt citó los datos al anunciar el nuevo Programa de Recuperación y utilizó datos actualizados (que abarcaban hasta 1937) para enviar un presupuesto suplementario al Congreso en 1938. Tal como apunta un estudio de la historia de la contabilidad nacional, la disposición de estimaciones de ingreso nacional para toda la economía hizo una enorme diferencia en el ámbito de la política. El presidente Herbert Hoover tuvo que habérselas con el panorama incompleto descrito por las estadísticas industriales, como los índices de precios de las acciones y los fletes de carga. Esta información era menos irresistible, como un llamado para la acción, que un dato autorizado que mostraba la reducción a la mitad de todo el producto económico nacional en el espacio de sólo unos cuantos años.

Sin embargo, Kuznets concibió su tarea específicamente como la de medir el bienestar económico nacional más que sólo medir el producto. Kuznets escribió:

Sería de gran valor tener estimaciones de ingreso nacional que eliminaran del total los elementos que, desde el punto de vista de una filosofía social más iluminada que la de una sociedad adquisitiva, representa deservicio más que servicio. Esas estimaciones sustraerían de los totales del ingreso nacional presente todos los gastos en armamento, la mayoría de los gastos en propaganda, una gran parte de los gastos involucrados en las actividades financieras y especulativas y, lo que quizá es más importante, los gastos que se han hecho necesarios para superar las dificultades que son, hablando con propiedad, costos implícitos en nuestra civilización económica. Todos los gastos gigantescos en nuestra civilización urbana, trenes subterráneos, vivienda cara, etc., que en nuestras estimaciones usuales incluimos en el valor del producto neto que ellos rinden en el mercado, realmente no representan servicios netos a los individuos de la nación, sino que son, desde su punto de vista, un mal necesario para poder vivir.9

Estas observaciones prefiguran algunas de las críticas hechas al PIB en nuestros propios días: definitivamente el PIB no intenta medir el bienestar o la prosperidad (un tema que retomaremos en los capítulos V y VI).

De hecho, con este objetivo Kuznets estaba fuera de sintonía respecto de su propio tiempo. El bienestar era un lujo de tiempos de paz. Este pasaje fue escrito en 1937, cuando presentó al Congreso su primer conjunto de cuentas. Poco tiempo después, el presidente desearía una forma de medir la economía que indicara su capacidad total de producir, pero no