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35 crónicas en tono periodístico que relatan de primera mano y a través de la información privilegiada de la autora, como testimonio directo y persona con muchos contactes todavía en el Tíbet. Todos los artículos hablan exclusivamente del telón de fondo político, social, cultural y tradicional que vive la región desde hace años y han sido rescatados de los blogs de la autora, a pesar de la censura contínua del gobierno chino y de los ataques de piratas informáticos. La autora pretende, sencillamente, testimoniar y descubrir la cultura tibetana tal y como es, desde el corazón de los tibetanos.
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Seitenzahl: 226
Veröffentlichungsjahr: 2009
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Título original en chino:
Xi Zang: Bu Zai Chen Mo,
by Tsering Woeser
© Pagès editors, 2008
© de la traducción: Tenzin Namgyal, 2008
© del prólogo: Tsering Shakya, 2008
Imagen de la cubierta: Detalle de una manifestación multitudinaria en Labrang (Sansu, Ambo) el 15 de marzo de 2008. Los rostros de las personas han sido distorsionados para proteger su identidad. [Fotógrafo anónimo.]
© de esta edición: Editorial Milenio, 2009
Sant Salvador, 8 - 25005 Lleida (España)
www.edmilenio.com
Primera edición: noviembre de 2009
Esta edición corresponde a los contenidos de la primera edición en formato papel, de enero de 2009
ISBN: 978-84-9743-311-2
Miedo en Lhasa
Prólogo
Introducción
Las Causas
¿Quién no quiere que vuelva el Dalai-Lama?
¿Por qué los tibetanos arriesgan su vida para escaparse a la India?
El preso político más joven del mundo sigue siendo tibetano
La voz del Tíbet
De la fiesta de las lámparas de mantequilla A la fiesta de mediados de otoño
¿Quién se viste todavía este año con ropas de piel de tigre y leopardo?
Aquellas ruinas, aquellas casas antiguas
Sin autonomía, el tren de Qing-Zang no es la «vía de la felicidad»
Lhasa ya no es la ciudad de los ocho símbolos auspiciosos
¿Por qué no se puede conseguir billete para una litera baja en el tren del Tíbet?
Viaje a Do-Ü-Kham
Este año la fiesta de Shotön no es normal
Periodistas avergonzados y «la línea de actuación para responder a preguntas sensibles»
La concesión de la medalla de oro al Dalai-Lama no ha dañado en absoluto los sentimientos del pueblo tibetano
«Subversión» del poder estatal por parte de un nómada
Tibetanos trasladados a los «nuevos pueblos del socialismo»
El número de afectados de sida en el Tíbet
Encontré «emigrantes ecológicos» en Golmud
¿Qué significa exiliarse?
Mi discurso de aceptación del premio y la intervención de mi marido
La Revuelta
Una predicción de hace ocho años que en el futuro se repetirá
¿Qué pasó antes del 14 de marzo?
Reflexiones entorno a la reemisión de la película Siervos
¿Por qué un antiguo agitador de la Revolución Cultural habla así?
¿Qué motivos hay para «contactar y dialogar»?
El terror de Lhasa en Pekín
Por muy devastador que fuera el terremoto, debemos exigir los derechos humanos
¿A quién ofenden mis blogs?
Sonidos en el terror de Lhasa
Viaje por el Tíbet, la gran prisión
El relevo de la llama olímpica contado por la gente de Lhasa
Imágenes del condado de Machu en Amdo
Carteles de sospechosos en las paredes de los pueblos tibetanos
Bromas que hace la gente de Machu
El Tíbet olvidado durante los Juegos Olímpicos
Apéndice
Cronología de la revuelta del Tíbet desde el 10 de marzo 2008
Tsering Woeser[1]
Una despedida precipitada de Lhasa,
ahora convertida en ciudad del miedo.
Una despedida precipitada de Lhasa,
donde el miedo es más intenso que el acumulado en el 59, el 69 y el 89. [2]
Una despedida precipitada de Lhasa,
donde el miedo está en la respiración, en el latido del corazón,
en el silencio de cuando quieres hablar pero no puedes,
en la asfixia sin palabras.
Una despedida precipitada de Lhasa,
donde el miedo permanente
es forjado por multitud de soldados armados,
por innumerables policías con sus armas,
por los que van vestidos de paisano,
y más aun, por la colosal maquinaria del Estado,
que está detrás de ellos día y noche.
Pero, no les apuntes con tu cámara
o te apuntarán con el cañón de su arma,
quizás te arrastren a un rincón y nunca más se sepa de ti. [3]
Una despedida precipitada de Lhasa,
donde el miedo empieza en el Palacio del Potala
y cuanto más al este, más se acrecienta, a lo largo del barrio tibetano.
Pisadas espantosas resuenan a tu alrededor,
aunque de día no vislumbras ni tan solo su sombra,
son como demonios invisibles bajo la luz del sol,
sin embargo, se vuelven aún más frenéticos.
Me he cruzado algunas veces,
con las glaciales armas en sus manos.
Una despedida precipitada de Lhasa,
donde el miedo es captado con minuciosidad por cámaras
que invaden avenidas, callejuelas y centros de trabajo,
así como todos los monasterios y capillas.
Esas cámaras lo engullen todo,
desde el mundo exterior penetran en tu mente.
“¡Sab sab che!” ” Nos vigilan” es el susurro furtivo
más pronunciado entre los tibetanos.
Una despedida precipitada de Lhasa:
El miedo de Lhasa me rompe el corazón,
y permitidme que lo deje por escrito.
23 de agosto de 2008
En la carretera, partiendo de Lhasa.
[1] La autora sigue la tradición tibetana de iniciar un libro con un poema. Rememora su última visita a Lhasa durante el mes de agosto de 2008, cuando tras ser detenida por la policía china, se vio obligada a abandonar precipitadamente su ciudad natal el día 23 de agosto de 2008
[2] La autora se refiere a las grandes revueltas tibetanas de 1959, 1969 y 1989 contra la dominación china
[3] “Ten cuidado”, consejo muy común entre los tibetanos de hoy en día.
El 10 de marzo de 2008, un grupo de monjes protagonizó una manifestación en Lhasa para recordar el 49 aniversario de la revuelta tibetana de 1959; la protesta generó una serie de manifestaciones multitudinarias contra China a lo largo de todo el altiplano tibetano. La protesta conmocionó al Gobierno chino, que siempre ha legitimado su ocupación del país de las nieves en nombre de la «liberación de los siervos oprimidos» del Tíbet y de la «aportación de la modernidad» al pueblo. Si las reivindicaciones del Gobierno chino tienen alguna validez, sólo es necesario plantearse una sencilla pregunta: tras casi cincuenta años, ¿por qué los «siervos liberados» se rebelan contra los libertadores? La protesta es una indicación clara del rechazo a la Administración del liberador y pone de manifiesto que, incluso tras cinco décadas, el Gobierno chino ha fracasado en su intento de ganarse la confianza del pueblo tibetano, que mantiene una firme oposición al dominio chino. La respuesta del Gobierno chino a las manifestaciones consistió en la adopción de medidas represivas y provocó el fervor nacionalista y chauvinista entre sus ciudadanos al presentar a los tibetanos como terroristas y agentes al servicio de poderes extranjeros dedicados a empañar la imagen de China. La política del Gobierno chino y la actitud chauvinista de sus ciudadanos hicieron un flaco favor a la imagen de China, sacando a la luz un lado malévolo de la China emergente.
El Gobierno chino intentó controlar la imagen ofrecida por los medios de comunicación de lo que sucedía en el Tíbet y cerró la región a los medios extranjeros. En China, el Gobierno construyó con destreza imágenes manipuladas de manifestantes violentos y trasladó ingeniosamente la significación de la fecha al 14 de marzo; los cuatro días anteriores de protestas pacíficas fueron suprimidos con el fin de resaltar el carácter violento de las manifestaciones. De esta forma tan astuta, se presentó a sí mismo como la víctima de una agresión no provocada. Del mismo modo, hemos visto que, después de los ataques del 11 de septiembre de 2001, el Gobierno norteamericano se mostró como la víctima de una de las naciones más pobres del mundo y desató su máquina de guerra sobre el pueblo de Afganistán.
Para China, el recuerdo que se está construyendo es el de la violencia, así como el de la imagen de unos nativos desagradecidos. No existe ninguna intención de comprender cuáles son las causas de semejante resentimiento y odio hacia el Estado chino. El registro de los sucesos que envolvieron el altiplano tibetano resulta crucial para entender correctamente lo que sucedió. Para los tibetanos, tiene suma importancia, puesto que se trata de una memoria almacenada en las mentes de la gente que mantiene viva una nación. Si la memoria que los tibetanos tienen de marzo de 1959 no se hubiese grabado en sus corazones y en el paisaje del Tíbet, hoy nadie hubiese protestado. Tibetanos de todo el mundo conmemoran esta fecha para manifestar su dolor por la pérdida de su nación y proclamar su existencia como pueblo.
Los sucesos de marzo de 2008 crearon una nueva memoria y serán descritos generación tras generación. Hoy, la memoria ya no se esconde en lo más recóndito de nuestra mente, sino que se anuncia en el ciberespacio para compartirla con el resto del mundo. A este respecto, Woeser ocupa una posición única como cronista de la memoria tibetana moderna. Tan pronto como estallaron las manifestaciones, el blog de Woeser se convirtió en la voz del Tíbet. Mientras el Tíbet estaba cerrado y la información era difícil de obtener, su blog fue una de las fuentes principales de información. A lo largo de marzo y abril de 2008, más de tres millones de internautas visitaron su blog y sus noticias actualizadas fueron traducidas a numerosas lenguas, y en su portal se colgaron varios ofrecimientos para traducirlo a otras lenguas. La información diaria detallada en su blog fue meticulosa y la riqueza de los detalles de su información reflejó su propio prestigio entre los tibetanos. Gente de todos los rincones del Tíbet le enviaron noticias como si se tratase de la cronista oficial de los sucesos del momento. A nosotros, viviendo fuera, la lectura de su blog nos entristeció, pero al mismo tiempo nos confirmó la tenacidad de la resistencia tibetana y le estuvimos agradecidos por encontrarse justo ahí para informar sobre esos acontecimientos.
Los futuros historiadores podrán discutir la exactitud de las informaciones, sin embargo hay que tener en cuenta que las noticias fueron recogidas en los momentos más álgidos, bajo severas restricciones y con serio peligro para ella y sus informadores. Por una parte, la juzgamos a partir de la exactitud de sus informaciones más recientes, pero, por otro lado, el juicio más importante debería realizarse sobre la propia Woeser, su carácter y su valentía. No resulta fácil dar testimonio y escribir para aquellos que viven bajo un régimen autoritario.
Su valentía es lo que despierta más admiración. La calidad de una persona no se mide por lo que uno hace cuando es libre y no debe asumir las consecuencias, sino por lo que debe hacerse a pesar de las consecuencias. Para Woeser, sus acciones tienen consecuencias y ella está dispuesta a pagar el precio viviendo bajo la mirada acosadora del aparato de seguridad chino. Mientras escribo estas líneas, he conocido hoy la muerte de Alexander Solzhenitsyn, que puso al descubierto la brutalidad de la Rusia de Stalin. Cuando iba a la escuela, sentí una profunda emoción al leer sus escritos y su afirmación de que la verdad es más importante que la consecuencia me imprimió una profunda huella. Los escritos de Woeser hablan de lo indecible y observan lo que está escondido. El Gobierno chino y los detractores de la autora sostienen que sus escritos sólo reflejan aspectos negativos y perniciosos, y que no tiene nada de positivo que escribir sobre la China moderna. El relato de la humanidad no se compone de hechos felices, sino que está salpicado por el horror. Sólo los gobernantes poderosos y despóticos quieren esconder el horror y es el deber de los escritores valientes hablar de lo indecible y levantar el velo de los rincones oscuros donde el horror se esconde. Por esta razón, Woeser es una auténtica intelectual y una escritora valiente. Admiramos a los intelectuales valientes no por su belleza o sus modales, sino por su espíritu atrevido. El papel que el Gobierno chino asigna a los escritores e intelectuales es el del cantante de los halagos y el bufón de la corte, que cubrirán al gobierno de florituras y transmitirán una verdad amañada a las masas. Para aquellos que cumplen con su papel prescrito, la vida será agradable y podrán disfrutar de una cómoda existencia. Pero para aquellos que se atrevan a desviarse de su papel, la vida puede ser un tormento.
Woeser podría haber escogido llevar una vida cómoda y privilegiada como editora de la publicación en lengua china Literatura del Tíbet (Xizang wenxue), una revista que pretende mostrar el nuevo Tíbet. En el año 2004, fue apartada de su tarea como editora cuando se negó a autocensurar sus escritos. En la China de hoy, el mayor obstáculo a la creatividad y las artes es la autocensura. Cada escritor o artista conoce exactamente el límite de la tolerancia del Partido y escribe o actúa en consecuencia. Para gente como Woeser, acatar la disciplina del Partido en beneficio de una vida fácil es prostitución intelectual al servicio de un régimen autoritario. Woeser procede de progenitores tibetanos que se unieron al Ejército Liberación Popular con la esperanza de aportar progreso y modernidad al Tíbet y para el pueblo tibetano. De niña fue criada para amar al Partido Comunista y para ver al Partido como el salvador. Disfrutó de una buena educación, como corresponde a una niña procedente de un sustrato familiar limpio. El Partido imaginó un papel importante para una niña como ella, una tibetana nativa formada en el seno del Partido. Su vida podría haber sido privilegiada y haber actuado como una fiel servidora del Partido. Las manifestaciones de marzo y abril demostraron que aquellos que nacieron bajo las estrellas comunistas no se sienten agradecidos al Partido y de hecho se han convertido en sus críticos más severos. Casi todos los que desfilaron para protestar son de la generación que nació después de la llamada «liberación». Ello es de por sí un indicio del fracaso del Partido por ganarse la confianza del pueblo tibetano.
Los escritos de Woeser resultan especialmente ofensivos al Partido Comunista, no sólo porque se atreve a hablar sobre lo que el Partido no quiere que la gente manifieste, sino porque escribe en la lengua del gobernante. Los tibetanos que escriben en chino han cumplido un propósito importante; en los primeros momentos del dominio chino, los tibetanos que escribían en chino eran vistos como la voz de los siervos liberados y pregonaban sus agradecimientos al Partido. Existen relatos escritos por tibetanos en chino que ilustran la crueldad del Tíbet feudal, que ayudaron a legitimar la conquista. Un buen ejemplo es la novela Kalsang Metok escrita por Jamphel Gyatso, en la que la conquista es recibida como una liberación. Los tibetanos de la generación más joven que escriben en chino ya no se ven a sí mismos como agentes del Partido y ven a su obra como una contestación escrita en la lengua de su gobernante. En La tempestad de Shakespeare, Próspero reprendió a Calibán afirmando que él le concedió el don del lenguaje y la civilización; Calibán replicó:
Me enseñaste a hablar, y mi provecho
es que sé maldecir. ¡La plaga roja te lleve,
por enseñarme tu lengua!
Para el Partido Comunista, la obra de Woeser es como la maldición de Calibán. Escribe desafiante y su conocimiento del idioma lo usa para hablarles de la verdad. Esta es precisamente la razón por la cual los escritos de Woeser resultan molestos para el Gobierno chino. Ella es la voz de los nativos, a los que ellos miran con desprecio y menosprecian al considerarlos incivilizados. La importancia de Woeser surge de sus ensayos y viñetas acerca de la vida de los tibetanos. Estos retratos presentan las complejas vidas de los tibetanos, sus temores y ansiedades y, más importante todavía, su profunda fe en el budismo y la identidad. Ésta no era la imagen que deseaba el Partido, las imágenes oficiales se supone que deben mostrar una minoría feliz, aficionada al canto y pintoresca, siempre suplicando al Partido. La autora también es una poetisa consumada y sus poemas hablan sobre su búsqueda personal de la tierra natal y su pueblo. Sus poemas tratan sobre expolio y sobre el deseo de nutrirse de su tierra natal.
Pero, por encima de todo, Woeser es conocida por escribir su blog sin ningún temor, un fenómeno del siglo xxi en la era del ciberespacio. Internet se ha convertido en un arma de doble filo: por un lado, ha actuado como un medio democratizador y liberador, y al mismo tiempo es una auténtica prisión global, donde las autoridades pueden identificar cualquier tecleo mientras nuestros pensamientos se traducen a la pantalla del ordenador. China ocupa ya la primera posición en cuanto a número de usuarios de internet en el mundo, y los internautas de China se han convertido en una potente fuerza de movilización para bien y también en una herramienta destructiva del Estado para intimidar a los inconformistas. En China, los internautas se han mostrado críticos cuando han expuesto la corrupción y han difundido noticias que el Gobierno desearía eliminar. La facilidad y la generalización del uso de las tecnologías modernas ha supuesto que el Gobierno y los poderosos imperios de la comunicación ya no disfruten del monopolio de la distribución de la información y las imágenes. Todos los ciudadanos con un teléfono móvil pueden capturar imágenes y transmitirlas a través del ciberespacio, y todo aquel que sepa leer y escribir puede colgar su opinión en los foros de internet. Las noticias ya no están mediatizadas por poderosas organizaciones de medios de comunicación; el fenómeno de los blogs ha proporcionado a la gente una voz sin edición. Este flujo libre de información se ha convertido en un problema para el Gobierno chino y hoy los usuarios de internet son el objetivo de nuevas formas de vigilancia del Gobierno, que ha emprendido lo que un escritor definió como la «guerra de guerrillas de China por la web», donde internautas conocidos como Cincuenta Céntimos reciben dinero del Gobierno para colgar mensajes progubernamentales en foros y chats de internet. Otro elemento alarmante son los cibernacionalistas, que atacan blogs y sitios web que ellos juzgan antichinos. El 28 de mayo un grupo conocido como la Alianza de Piratas Informáticos Rojos destruyó el blog de Woeser y lo reemplazó con las cinco estrellas de la enseña nacional china; los atacantes presumieron de sus habilidades colgando fotografías privadas que habían robado del disco duro del ordenador de la autora.
Woeser ha afrontado una lucha constante para escribir su blog, las autoridades chinas mantienen una estrecha vigilancia de sus movimientos y, en internet, cibernacionalistas chinos han atacado su blog y lo han destruido en varias ocasiones. A pesar de todas las dificultades a las que debe enfrentarse, Woeser no ha tenido ningún miedo en redactar sus escritos. Ella entiende su tarea para difundir la verdad y, como escritora en lengua china, se ve a sí misma con la responsabilidad añadida de escribir para los lectores chinos sobre la situación de su tierra natal. Tal y como dije antes, su blog ha atraído tres millones de visitas en tres meses y ha proporcionado un foro de debate para tibetanos y chinos. Este tipo de foros son de una importancia crítica en el marco de la situación actual.
La facilidad en el manejo de la tecnología tiene una relación directa con las recientes protestas en el Tíbet. En el pasado, el Gobierno controló el flujo de información y las protestas pudieron eliminarse como si nunca hubiesen tenido lugar. La noticia de las protestas en Lhasa del 10 de marzo se extendió como un incendio incontrolado a todos los valles del altiplano tibetano. Las fronteras físicas se desdibujaron. Woeser fue una de las destinatarias de las noticias e informaciones enviadas por los tibetanos. Seleccionó meticulosamente entre los mensajes de texto SMS que recibió con el fin de facilitar una descripción detallada de los acontecimientos en el Tíbet. Los blogs se han convertido en un poderoso medio para los individuos y sin lugar a dudas el Gobierno chino teme la expresión descontrolada.
El público en general mira con desconfianza a los grandes medios de comunicación, y los medios controlados por el Estado y sus críticos los demonizan como defensores de intereses creados. Un escritor de blog solitario sólo se ve restringido por su propia capacidad y tiene una voz que podría ser leída por millones de personas con solamente un tecleo en su ordenador. Los blogs han creado un espacio libre del mercado y del Estado.
No debe sorprendernos que China posea el mayor número de escritores de blogs: todos los ciudadanos saben que no pueden confiar en los medios del Estado, lo que genera sed de información. A pesar de la vigilancia del Estado chino y de sus restricciones sobre el ciberespacio, los ciudadanos chinos han adoptado los blogs como un medio para contar sus historias. Por este motivo, el Gobierno creó una voz de ventrílocuo a través de los cibernacionalistas de Cincuenta Céntimos, camuflados como ciudadanos corrientes.
Los críticos de Woeser la acusarán de selectiva y de que sus puntos de vista sólo representan la voz de un individuo y no reflejan la situación general. Sin embargo, hay que recordar que la voz solitaria es aquella que se atreve a decir la verdad, como el niño que dijo que el emperador estaba desnudo, mientras el resto participaba en silencio de la mascarada.
Tsering Shakya
Vancouver, 2008
Todos los artículos seleccionados en este libro han sido escogidos de mis dos blogs, uno de los cuales fue destruido por piratas informáticos chinos y el otro ha sido abierto recientemente. Debo advertir que soy una tibetana que escribe en chino; mi lengua materna fue reemplazada a lo largo de mi crecimiento, puesto que en las escuelas de aquel entonces el tibetano fue abolido como lengua de instrucción. Por esta razón, cuando empecé a escribir, la lengua china se convirtió en mi instrumento de escritura. Sin embargo, todos los temas sobre los que escribo son Tíbet, Tíbet y Tíbet.
Procuro evitar el uso de la metáfora cuando escribo sobre el Tíbet. La metáfora puede comportar problemas. Cuando el Tíbet se describe con metáforas surgen multitud de problemas. Por ejemplo, frecuentemente hablamos de quienes han demonizado o de quienes han mitificado el Tíbet, mientras que esta demonización o esta mitificación son justamente el resultado de la metáfora del Tíbet. Cuando se demoniza al Tíbet, el Tíbet es retratado como un infierno, por lo que nacer como un tibetano significa desgracia y horror; mientras que, cuando se mitifica al Tíbet, el Tíbet se convierte en un paraíso, y nacer como un tibetano implica desconocer lo mundano. Ambas metáforas se desvían del Tíbet real. El Tíbet es simplemente Tíbet: un espacio geográfico y un espacio de cultura humana al que se suman unas condiciones de pasado y presente, de la misma forma que cualquier otro lugar del mundo. No obstante, puesto que desde hace muchos años no nos es posible ejercer nuestro derecho a la autodeterminación, hemos sido privados de nuestra identidad y no se nos permite describirnos a nosotros mismos; no queda más remedio que sean otros los que nos describen, así que han convertido al Tíbet en metáfora, y esas distintas metáforas han transformado el sustantivo Tíbet en un adjetivo, en un ejercicio de retórica. Ser tibetano deviene una condición que no hay más remedio que asumir.
Como escritora tibetana que soy, tal vez debería emplear un lenguaje metafórico. En concreto, la idea que tuve clara desde siempre y ha persistido en mí es que escribir significa invocar, descubrir, dar testimonio. En estos momentos, escribir aún requiere asumir la obligación de dar testimonio. Una noche de marzo, un joven amigo mío afincado en la lejana Lhasa, que fue detenido durante más de cincuenta días aunque había sido tan sólo testigo de los «incidentes del 14 de marzo», me dijo en voz baja: «En realidad somos muy débiles. Aunque siempre estamos hablando de “nacionalidad” y de “Tíbet”, cuando llega el gran desastre, al final siempre es la gente corriente la que se pone delante sin tener en cuenta las consecuencias; ellos son mucho más valientes que nosotros.»
Efectivamente, cuando tanta gente expresó su voz de resentimiento acumulado durante tan largo tiempo, muchos otros se escondieron en el silencio. Yo también guardé silencio, pero sabía que no podría mantenerlo de ninguna de las maneras. Mi deber es hablar. Desde que empecé a escribir sobre el Tíbet, lo hago desde el corazón de los tibetanos, y si en estos momentos dramáticos me mantuviese en silencio, no solamente sería un error, sino que además sería una vergüenza.
Los artículos seleccionados en este libro son justamente expresiones destinadas a romper el silencio. Por supuesto, eso está lejos de ser suficiente, ya que sería necesario que muchas más personas hablasen para que su voz fuera efectiva. Por esta razón, quiero agradecer a la editorial Milenio que desee publicar este libro en estos momentos; es para mí un regalo muy valioso que la voz del Tíbet pueda llegar a oídos de muchas más personas a través de la lengua castellana. Un especial agradecimiento lo dirijo al traductor del original chino por su esfuerzo y porque, aunque él viva en un mundo libre y yo en un mundo autocrático, compartimos, a pesar de todo, el mismo sueño.
Por otro lado, quisiera destacar que una parte de los fotografías del libro fueron tomadas por mí misma mientras viajaba por el territorio tibetano, mientras que otras fueron tomadas por tibetanos que viven allí o extranjeros que viajaban por el país, y desde aquí les doy las gracias a todos.
También estoy muy agradecida a Tsering Shakya —historiador de reconocido prestigio de la historia contemporánea del Tíbet— por haber aceptado redactar el prólogo de este libro. Durante los últimos meses, la comunicación que hemos mantenido refleja la afinidad mutua que sentimos los tibetanos del interior del Tíbet y los del exilio.
Destacaría para terminar que gran parte de los artículos publicados en esta edición forman parte de la programación en tibetano de Radio Free Asia (RFA). Como colaboradora de esta emisora de radio que tanto aprecian los tibetanos, tanto a un lado como al otro de la frontera tibetana, agradezco al programa en tibetano de RFA el haberme ofrecido un espacio para hablar sobre el Tíbet.
Tsering Woeser
Pekín, 2008
24 de noviembre de 2006
Desde que fue inaugurada la vía del tren de Qing-Zang[4] y ante la llegada al Tíbet de muchos periodistas de dentro y fuera de China, las autoridades comunistas del Tíbet declararon sin ningún rubor ni asomo de nerviosismo que «los tibetanos no desean el retorno del Dalai-lama.» El dirigente tibetano comunista Chamba Phuntsok[5] también demuestra su falta de respeto hacia el Dalai-lama y su bienintencionada propuesta de diálogo afirmando que «se trata de palabras completamente vacías, el primer paso para alcanzar su sueño de un Tíbet independiente.» Por lo demás, utilizó un lenguaje y un tono más propios de la Revolución Cultural cuando dijo que «mientras (el Dalai-lama) lleve a cabo actividades separatistas, le atizaremos sin ofrecerle oportunidad alguna.» Por su parte, Zhang Qingli,[6]
