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• Analizar el contexto en el que se enmarca la construcción del Titanic, en plena época de innovaciones energéticas y técnicas, así como las particularidades que hicieron creer que era insumergible
• Descubrir el papel de los principales actores implicados en el Titanic, tanto en su construcción como en su viaje inaugural y hundimiento
• Comprender las consecuencias que tuvo el hundimiento del transatlántico a nivel mundial: el cambio en la legislación y en las medidas de seguridad, así como el nacimiento de un mito
SOBRE en50MINUTOS.ES | Historia
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Seitenzahl: 37
Veröffentlichungsjahr: 2016
Gigantesco, lujoso, espléndido, insumergible: desde su creación, los mejores adjetivos califican al Titanic. Para los viajeros de principios del siglo XX, no cabe duda: el navío, obra maestra de la industria, es efectivamente el mayor transatlántico del mundo. Joya de la compañía marítima White Star Line, el destino del Titanic, por su lujo y su tecnología avanzada, es aplastar los barcos de las compañías rivales en la travesía atlántica que conecta el Viejo Continente con Nueva York.
El 10 de abril de 1912, el navío inicia su viaje inaugural, con Edward John Smith al mando, un veterano del mar que confía plenamente en las capacidades del transatlántico. A bordo, hay 2200 pasajeros y miembros de la tripulación, entre los que se encuentran las celebridades de la época. Todos imaginan que vivirán una travesía de ensueño, sin saber que el orgulloso transatlántico está abocado al fracaso.
El 14 de abril de 1912, cada vez a una velocidad mayor, el Titanic se dirige hacia una zona de hielos a la deriva. Aunque los mensajes de advertencia no paran de alertar del peligro que se dibuja en el horizonte, no se tienen realmente en cuenta. Pero a las 23:40 horas, los vigilantes constatan que la nave se dirige contra un iceberg. A pesar de la rapidez de la reacción de la tripulación, el Titanic choca con el hielo a estribor. Los daños son enormes y solamente hay 1178 plazas disponibles en los barcos salvavidas. Está a punto de ocurrir una de las peores tragedias marítimas de la historia.
El Titanic por sí solo no puede resumir el contexto de su época. Sin embargo, las analogías entre la trágica suerte de este transatlántico de lujo y la perdición inminente de la sociedad europea, que se dispone a despedazarse contra el iceberg de la Gran Guerra (1914-1918), son numerosas. Como el navío, la Europa de finales del siglo XIX y de principios del siglo XX es realmente la dueña del mundo. En pocas décadas (1830-1870), su economía se transforma para siempre con la Primera Revolución Industrial (hierro, carbón y máquina de vapor). A esta última le sucede, a partir de 1896, una segunda revolución que inaugura la era del petróleo, del acero y de la electricidad. El capitalismo se convierte en rey en el Viejo Continente que, como consecuencia de estos grandes cambios, ve cómo su demografía se dobla en apenas 50 años.
Este increíble crecimiento económico y demográfico lleva a Europa a volverse hacia el resto del mundo: el Viejo Continente ya no dispone de los recursos alimentarios y de las materias primas necesarias para crecer. Así pues, necesita buscar nuevos mercados que le proporcionarán recursos, pero también consumidores. Este contexto conduce a Europa al colonialismo y al imperialismo. África y Asia son las víctimas de esta nueva colonización que ve cómo las potencias europeas se disputan cada parcela de su territorio. En 1900, el Viejo Continente domina verdaderamente el mundo con sus colonias, hasta el punto que un habitante de cada cuatro en el mundo vive en un territorio perteneciente a Inglaterra. Los Estados Unidos y Japón son los únicos que se escapan a esta hegemonía.
Al final de este proceso de expansión, Europa somete al resto del mundo imponiéndole sus valores, sus políticas y su industria. En detrimento de los pueblos que coloniza, acapara todas las riquezas y redistribuye sus productos, aumentando sus beneficios inexorablemente. El mundo ahora está organizado por y para ella. Sin embargo, la búsqueda continua de riquezas genera desigualdades y divisiones entre las naciones europeas hasta el punto de que la guerra parece inevitable.
