El último pediatra - Juan Carlos Hervás Botella - E-Book

El último pediatra E-Book

Juan Carlos Hervás Botella

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Beschreibung

Khaled Assad es un pediatra dedicado en cuerpo y alma a su trabajo. En el hospital de su amada ciudad, junto con su amigo y colega Amin y su abnegada enfermera Hala, están plenamente entregados, a pesar de lo limitado de sus medios, a conseguir la máxima salud posible para sus pequeños pacientes. Pero todo va a cambiar de un día para otro, y las vidas de los tres amigos van a dar un giro de trescientos sesenta grados tras acudir a un congreso en Europa y declarase a la vez la guerra en su país.Khaled conoce en el congreso al amor de su vida: Mia, una joven y guapa compañera. Pero cuando todo parece funcionar muy bien, todo se va a volver muy complicado. Khaled sólo desea proseguir con su trabajo y junto a su amada Mia, sin que nada ni nadie le desvíe de su objetivo, pero pronto se dará cuenta de que eso no va a poder ser. Todos se encuentran implicados en una guerra cruel y fraticida de una u otra forma, sus amigos y hasta su desconcertante recién conocida Mia, de quien Khaled se ha enamorado perdidamente. Los acontecimientos se van a suceder uno tras otro con una rapidez asombrosa y Khaled va a tener que lidiar con ellos quiera o no. Los valores de amistad, cobardía, valentía, entrega desinteresada, egoísmo, amor, sexo y todos los que puedan caber en un ser humano, se van a poner a prueba. Novela de aventuras con no pocos toques dramáticos y donde un apasionado amor entre los protagonistas se va a ver seriamente obstaculizado por la coexistencia con una cruel guerra y todo lo que de ella se deriva.

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Veröffentlichungsjahr: 2022

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EL ÚLTIMO PEDIATRA

CAPÍTULO 1: EN EL HOSPITAL. KHALED Y AMIN

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CAPÍTULO 2: EL CONGRESO. MIA

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CAPÍTULO 3: LA GUERRA

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CAPÍTULO 4: MI AMADA CIUDAD

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CAPÍTULO 5: EL REENCUENTRO

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CAPÍTULO 6: LA HUIDA

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CAPÍTULO 7: UNA VISITA DESAGRADABLE

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CAPÍTULO 8: EL SÍNDROME DE COTARD

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CAPÍTULO 9: EL VIAJE

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CAPÍTULO 10: LOS EMBAJADORES

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CAPÍTULO 11: LA ALDEA DE BORSA

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CAPÍTULO 12: EL CUARTEL

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CAPÍTULO 13: UN PIANO Y UN PINTOR

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CAPÍTULO 14: UN ENCUENTRO SORPRENDENTE

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CAPÍTULO 15: ESCUDOS HUMANOS

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CAPÍTULO 16: EL SECUESTRO

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CAPÍTULO 17: EL RESCATE

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CAPÍTULO 18: ASESINOS

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CAPÍTULO 19: A VIDA O MUERTE

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CAPÍTULO 20: ¡MIS AMIGOS!

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CAPÍTULO 21: LA ENTREGA A UNA CAUSA

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CAPÍTULO 1: EN EL HOSPITAL. KHALED Y AMIN

El cielo empezaba a colorearse de un rojo intenso cuando el doctor Khaled Assad, como cada mañana, bajó a la calle y comenzó a caminar hacia su amado hospital, situado en el centro de la ciudad de Turquís.

Poco se imaginaba él que aquel color tan bello, propio del amanecer, y acentuado por el cercano desierto, al otro lado, iba a mutar en pocos días por otro color rojo mas intenso si cabe, el de las bombas de la aviación nacional atacando las posiciones de los rebeldes atrincherados en su ciudad.

Khaled se dirigió con paso firme, como cada día, al centro de la urbe. Esa mañana estaba contento y animado, además de que él amaba con intensidad su trabajo con los niños, ese día tenía un motivo especial para estar alegre: prepararía su inminente viaje a Europa, a Viena en concreto, para asistir al congreso internacional de pediatría que allí iba a celebrarse en unos días.

Y en el congreso él iba a tener un protagonismo especial. Iba a presentar su trabajo sobre la vacunación que habían llevado a cabo en su amada ciudad, y en el que se mostraba cómo él y su equipo, habían conseguido llegar a una tasa de cobertura vacunal cercana al cien por cien.

A Khaled eso le alegraba enormemente. Se sentía muy orgulloso de la gran labor realizada, pues, a pesar de que los medios de que disponían en su país eran limitados, ellos lo habían conseguido. A pesar de las dificultades, el doctor Assad y su equipo lo habían logrado a base de corazón y tenacidad.

—Buenos días doctor.

—Buenos días Hala —le contestó a su enfermera con una leve sonrisa sin apartar la vista de la ventana de su consulta.

—El cielo tiene hoy un aspecto bello, pero extraño, ¿no doctor?.

—Sí, es cierto, es como si presagiara algo —contestó Khaled.

Hala era su enfermera de siempre, estaba con él desde que Khaled llegó al Hospital Central, hacía ya varios años.

*

Era una hermosa mujer, morena y con unos grandes ojos negros muy brillantes, a pesar de que empezaban a notarse en su rostro las pequeñas arrugitas propias del paso del tiempo, pero se mantenía todavía muy bella.

Atenta a todo lo que pudiera necesitar, siempre al pie del cañón, se desvivía por estar presente en todo lo que Khaled pudiera emprender o en todo lo que pudiera necesitar para ayudarle.

Algunos de su entorno pensaban que Hala se mostraba hasta demasiado entusiasta con Khaled y murmuraban si no habría algo mas que profesionalidad en su venerable actuación, máxime cuando era bien conocido que Hala había rechazado a múltiples pretendientes y sorprendentemente todavía permanecía soltera y sin compromiso conocido hasta la fecha.

—¡Hola Khaled! —una voz potente, pero familiar, le hizo volver a la realidad.

—Hola Amin, te veo muy contento hoy —contestó Khaled mirándole a los ojos y apreciando en su rostro una gran sonrisa.

—Sí, la verdad es que estoy animado, me apetece mucho nuestro viaje a Europa, al congreso —contestó su buen amigo y colega Amin.

Amin Karim era su amigo y colaborador desde hacía varios años. Era una persona muy trabajadora y leal, y aunque su fama no estaba a la altura de la de Khaled, también estaba muy bien considerado en su hospital.

Físicamente era mucho mas grande que Khaled, y todo lo que tenía de grande, aveces lo tenía de brusco con los pacientes, pero eso lo compensaba siempre con su gran vocación y con su buen trabajo.

Khaled era una persona aun joven y bien parecida, y aunque no era muy alto ni muy fuerte, su aspecto de hombre elegante, guapo y esbelto, había hecho estragos entre las enfermeras, y entre algunas madres, desde que llegó al hospital hacía ya varios años.

Su aspecto físico era siempre impecable, su perfecta barba bien arreglada y cuidada y su elegancia al vestir, eran muy comentadas entre la gente de su entorno.

Si a ello se unía su buen hacer como médico, no era raro suponer que no le faltaran pretendientes, aunque a él aquello nunca parecía haberle interesado demasiado.

Estaba tan volcado en su trabajo con los niños que daba la impresión que su situación afectiva la había dejado de lado para siempre.

Aunque era de familia humilde, sus padres, y en realidad toda su familia, habían hecho un gran esfuerzo para que su hijo estudiara, como era la costumbre, ya que él era el único varón, el primogénito, y tenía el derecho. Y él siempre les había correspondido estudiando mucho y ganándose por ello las becas del gobierno que le habían hecho posible ser lo que ahora era: un prestigioso pediatra reconocido en todo el país.

Sus dos hermanas mayores se habían casado bien y se habían marchado lejos a formar una familia, y la dote que la familia del novio entregó para que pudiera llevarse a cabo el casamiento, le había venido muy bien a todos, incluyendo que buena parte de esa dote sus padres la habían destinado a subvencionar los estudios de su hijo primogénito.

Sus padres poseían una pequeña granja a las afueras de su ciudad, donde Khaled se había criado entre animales, árboles y plantas, y todavía convivía con ellos la hija pequeña, Ghada, que empezaba a ser ya una hermosa jovencita.

Khaled acudía a menudo a la granja de su familia, que distaba unos pocos kilómetros de Turquís.

Siempre que podía acudía para ver a sus padres y a su hermana y hasta pasaba algunos días con ellos cuando se tomaba algunas jornadas de vacaciones en el hospital, cosa muy poco frecuente, pues Khaled no se permitía a sí mismo muchos días de descanso, aunque por ley le correspondieran.

Y la verdad era que cuando estaba en la granja disfrutaba mucho allí, relajándose, gozando del aire libre y compartiendo con sus padres sus últimas experiencias en el hospital y escuchando a su vez lo que sus dos ancianos padres y su joven hermana le contaban: de como iba la granja, de sus pequeños achaques propios de la edad, de los sueños que tenía su hermana pequeña de salir de allí y de casarse con un guapo joven que la llevara como él a vivir en la gran ciudad, y de múltiples cosas mas.

Hasta su hermana, que era muy viva y habladora, y adoraba a su hermano mayor, de vez en cuando le decía:

—Pero hermano, ¿todavía no tienes novia?, ¿a que estas esperando?, y a continuación se reía.

Khaled se solía poner todo rojo y a veces hasta tartamudeaba, para decirle a continuación:

—No, no tengo novia, descarada, que eres un poco entrometida, ¿no?.

Y acababan todos a continuación riéndose con ganas.

En el hospital, a menudo, su amigo y colega Amin le insistía cuando lo veía tan cansado tras largas horas de duro trabajo: “déjalo ya Khaled, que te veo agotado, vamos a salir por ahí y a divertirnos un poco”, pero Khaled raramente asentía, prefería irse a descansar a su casa, y volver así, despejado, al día siguiente, bien temprano, a reanudar su trabajo.

Pero en el fondo, aunque era bien cierto que él adoraba lo que hacía, no podía dejar de esforzarse al máximo, pensando que de una forma u otra estaba en la obligación de devolver a sus padres y a toda su familia en general, el tremendo esfuerzo que habían hecho por él para que fuera lo que ahora era.

Khaleb no era en absoluto perfecto, y se sentía con frecuencia, sin poder evitarlo, bastante triste, y notaba que esa idea, lo que tanto le debía a su familia, a menudo le agobiaba demasiado y no le permitía rendir al máximo, sacar de sí mismo todo su potencial, todo de lo que él era capaz.

Se sentía a veces muy presionado por sus propias responsabilidades, sobretodo en las últimas fechas, y mas cuando oía que se hablaba de guerras y de rumores de guerra, se angustiaba todavía mas y eso le paralizaba aveces.

Su amigo Amin, por el contrario, era hijo único, de familia bien acomodada que residía en la parte mas adinerada de la ciudad. Aunque sus padres, ya mayores, apenas salían de casa y Amin, que no era muy afectivo con ellos, no los visitaba demasiado a menudo.

Sus padres siempre le habían dado todo lo que había querido, desde pequeño, y por su puesto le habían pagado los estudios sin rechistar desde siempre, no tenían ningún problema para ello.

Amin, nunca había tenido buena relación con sus progenitores, tal vez fuera porque le habían consentido demasiado al haberlo tenido cuando ya eran bastante mayores, y Amin se quejaba de que su educación no había sido demasiado satisfactoria. Pensaba que le tenían que haber educado mejor y no haberle dado todos los caprichos que quería, cosa que le había convertido, decía él, en una persona inmadura y caprichosa. Aunque por lo menos él era plenamente consciente de ello.

El caso era que Amin vivía su vida bastante al margen de su familia. Hasta Khaled, a quien le chocaba mucho esta circunstancia, le decía alguna vez: “¿pero Amin, como es que no vas a ver nunca a tus padres?, ¿no tienes ganas de verlos?”, pero Amin se limitaba a encogerse de hombros y a decir: “pues no demasiadas, ¿que quieres que haga?”.

Así era la realidad de los dos amigos, no se parecían casi que en nada, y a lo mejor eso hacía que fueran tan amigos y se llevaran tan bien, dentro y fuera del hospital. Se complementaban estupendamente.

Hala, su enfermera, era de familia humilde también, como Khaled, y gracias al gran esfuerzo que habían hecho sus padres y sus hermanos mayores para que estudiara, ella era ahora una estupenda enfermera y muy bien formada. En eso se parecía también a Khaled, en que todo lo habían tenido que lograr a base de esfuerzo y tenacidad, y no cabía duda que estaban orgullosos de ello.

Los padres de Hala, ya ancianos habían fallecido los dos hacía tiempo y de sus hermanos, dispersos por el país, no sabía demasiadas cosas.

Aunque Hala era bastante reservada con sus problemas familiares, sin embargo con Khaled a menudo consultaba sus problemas; él le escuchaba gustoso y le intentaba ayudar en todo lo que pudiera.

Cuando murieron sus padres, primero la madre, hacía ya algún tiempo y al poco el padre, dicen que por pura pena de perder a su esposa, Hala se quedó muy consternada y triste, y entonces Khaled fue para ella una gran ayuda y consuelo, y Amin también, aunque por su carácter como era mas seco, Hala se volcaba mas en Khaled, aunque a la postre Hala se lo agradeció a los dos de corazón.

Pero aquel era verdad que era un día especial, pues, por fin, iban a dedicar gran parte de las horas de trabajo a preparar su ponencia en el inminente congreso de pediatría que se iba a celebrar en Viena. Estaban muy ilusionados.

Dejaron a cargo de los enfermos a su equipo de colaboradores y Khaled y Amin partieron por fin con destino a Viena una mañana calurosa, con mucha ilusión y muchas ganas de demostrar a todo el mundo la valía de su equipo de pediatras.

*

Hala, su enfermera, el día anterior, los había despedido con amabilidad pero con tristeza, ¡cuánto le hubiera gustado a ella haberles acompañado al congreso!, pero trató de que eso no se le notara en exceso y los despidió con alegría.

—Que tengan un buen congreso doctores —les dijo al despedirse ya bien avanzada la tarde.

—Gracias Hala, trataremos de aprender mucho y luego cuando volvamos intercambiaremos conocimientos —le dijo Khaled intentando ser amable.

—Adiós Hala, tal vez para el próximo congreso podamos arreglarlo para que puedas venir —le dijo Amin que se había dado cuenta de que Hala estaba algo triste.

—Seguro, doctor, pero ahora deben disfrutar de éste lo mas que puedan.

—Tal vez deberíamos haber intentado llevarnos a Hala al congreso, Khaled, ha trabajado tan duro como nosotros, me parece que se lo merece —dijo Amin.

—Bueno, no te preocupes tanto Amin, ella hace su trabajo, y además, necesito que permanezca aquí mientras para dirigir un poco a todo el equipo que se queda.

Amin se le quedó mirando y pensando que aveces Khaled se pasaba de insensible, sobretodo cuando se trataba de cuestiones de trabajo. El problema era que él se exigía mucho a sí mismo y pedía a los demás lo mismo, y todo el mundo no era igual, pero de momento no le dijo nada.

CAPÍTULO 2: EL CONGRESO. MIA

A pesar de que estaba un poco nervioso, la exposición de Khaled en el congreso fue un rotundo éxito. Le aplaudieron, le felicitaron por su gran trabajo todos los presentes, e incluso le hicieron bastantes preguntas, sobretodo centradas en cómo había podido conseguir tanto éxito en su empresa de vacunar prácticamente a todos los niños de su entorno, con los mas bien reducidos medios de que disponían.

Khaled estaba eufórico, respondiendo con sabiduría y buenos reflejos a todas las preguntas que le formulaban, algunas con cierta intención de ponerle a prueba, pero él supo salir bien parado de todas ellas.

Como le dijo su amigo Amin antes de realizar su exposición: no estés nervioso Khaled, ya verás como todo va a ir muy bien, al fin y al cabo los que mas sabemos de este tema somos nosotros, ¿no?.

Pero a Khaled le llamó la atención entre todos los colegas que le rodeaban, una joven pediatra que nada mas terminar de responder a las preguntas, se le aproximó y le dio dos besos felicitándole. Khled se quedó un tanto parado, y unos hermosos ojos azules y una bella sonrisa le cautivaron desde el primer momento.

—Tu eres Khaled Assad, ¿no?, yo soy Mia Eder, una de las organizadoras del congreso, y tenía muchas ganas de conocerte.

—Ah, estupendo —le dijo Khaled, intentando disimular su impresión y su enrojecimiento facial.

—¿Te gustaría comer con nosotros?, en un rato se servirá el almuerzo, ven a sentarte a nuestra mesa.

—¿Con el comité organizador?

—preguntó Khaled sin acabar de creérselo.

—Sí hombre, estás invitado —le dijo Mia con su bella sonrisa.

A corta distancia su amigo Amin observaba la situación con asombro, dándose perfecta cuenta de que Mia había impactado en su frígido amigo de tal forma que aquello no pasaba fácilmente desapercibido.

Durante todo el tiempo que duró el almuerzo los dos nuevos amigos mantuvieron una animada conversación sobre muchos temas, médicos y no tan médicos, de manera que al terminar la velada, ya no fue tan sencillo que se separaran.

Khaled se encontraba tan a gusto con aquella joven compañera, que el tiempo y las prisas, tal vez por primera vez en su vida, se habían detenido.

En realidad, a pesar de haber salido con varias mujeres a lo largo de su vida, él nunca había sentido interés por ninguna mujer, ni en el hospital, ni en su entorno, pero ahora, se sentía impactado por la belleza y la gracia de aquella joven que le había cautivado el corazón.

Se sentían ambos tan a gusto hablando de las cosas que les importaban a los dos, que prácticamente despidieron a todo el mundo a su alrededor, y cuando se quisieron dar cuenta se habían quedado solos. Hasta su mejor amigo Amin, al percatarse de lo que pasaba, con discreción, se había escabullido.

Luego, ya todo fue como rodado. Estaba claro que ya no deseaban separarse el uno del otro, así que la conversación continuó en una cafetería próxima, y luego en la habitación del hotel.

Mia invitó a Khaled a su cuarto y éste no se resistió lo mas mínimo. En cuanto la puerta se cerró tras ellos, Mia comenzó a besarle con pasión y él le correspondió.

Los besos y las caricias y la exploración mutua de sus cuerpos dieron paso a la consumación del amor, y Khaled sintió dentro de él el placer mas intenso posible, como nunca antes en su vida lo había experimentado.

Aquella apasionada mujer lo había envuelto en el gozo absoluto, de forma que se sentía en su interior plenamente satisfecho, como si descubriera el amor por primera vez.

Las otras mujeres con las que Khaled había estado no se parecían en nada a aquella otra que ahora estaba ante él, y lo que él estaba sintiendo, aquella noche mágica, no lo había experimentado nunca ni de lejos.

Y por lo que parecía, a Mia aquella experiencia tampoco daba la impresión que le estuviera resultando trivial, por las palabras de amor que emitía y por su entrega, que hacía que Khaled, por primera vez en su vida, se sintiera importante para una mujer, amado en su totalidad, en profundidad, en todo su ser, y sintiera que ella era también importante para él.

La luz del nuevo día iluminaba ya con fuerza la habitación donde Khaled y Mia habían pasado la noche juntos haciendo el amor con pasión.

—Perdona Mia, pero debo darme prisa, el congreso está a punto de reanudarse —dijo Khaled, en cuanto abrió los ojos, miró el reloj y tuvo conciencia de lo que pasaba.

—Vale, pero, relájate, no tengas tanta prisa —le contestó Mia mientras aproximaba su boca a la de él y comenzaba de nuevo a besarle con pasión.

Los besos de nuevo dieron paso a las caricias y a la culminación de su deseo, y los dos se fundieron en su momento álgido de placer una vez mas en aquel glorioso día de primavera.

Y Khaled, por primera vez en su vida, llegó tarde a un acto al que le interesaba mucho asistir. Pero esta vez no le importó demasiado.

Aquella mañana se sentía tan feliz que parecía que hasta al andar, los pies ni le tocaran el suelo. Hasta se olvidó de desayunar, y la sonrisa que dibujaba su rostro no se le borró en todo el día.

—¿Como estás sinverguenza? —le dijo su amigo Amin dándole un golpe cariñoso en el hombro con su puño, nada mas verle.

—Muy bien, he tenido una experiencia maravillosa con esa mujer.

¿La viste ayer conmigo, no?.

—Ya lo puedes decir, ya, a pesar de tu cara de cansado, no se te ha borrado la sonrisa desde que te vi marcharte ayer con ella.

—La verdad es que no se que es lo que me ha pasado, pero no puedo dejar de pensar en ella ni un instante.

—¡Pues que creo que te has enamorado, hombre!, eso se llama amor, ¿sabes?, pero como no lo conocías..., ¿a que vale la pena?, ¿eh?.

—Sí, la verdad es que siento un nudo en el estómago, hasta he perdido el apetito, y me siento como mareado, como flotando.

—¡Ah, pues si que lo has cogido fuerte, sí, amigo! —le dijo Amin con su peculiar y potente voz—, pareces un colegial enamorado —y comenzó a reírse con fuerza, de manera que todo el mundo se les quedó mirando.

—¡Cállate ya Amin, que nos están mirando todos, hombre!, no seas bruto.

—Me lo tienes que contar todo enseguida, eh Khaled, y con detalle.

Ambos amigos, aprovechando la hora del café y que Mia se encontraba ausente, ya que estaba reunida con sus compañeros de organización del congreso, hablaron largo y tendido sobre su nueva situación.

No cabía duda de que Khaled se había enamorado por primera vez en su vida. Pero no todo iba a ser tan fácil, pues le contó a su amigo cómo preveía que podrían haber muchos problemas, pues a la dificultad que suponía la distancia física que había entre los dos por sus respectivos trabajos, se unía un problema tal vez mas insuperable todavía: Mia estaba casada.

Aunque también era cierto que le había confesado que su matrimonio con Stefan desde hacía tiempo pasaba por muchas dificultades, lo cierto era que a día de hoy vivía todavía con su pareja.

Aquello estaba claro, si no, Mia nunca se habría acostado con él. Le aseguraba que su matrimonio agonizaba. Mia y Stefan se habían casado demasiado jóvenes, y aquello fue un amor a primera vista y demasiado trivial, y nunca había llegado a madurar. Pero lo cierto era que Khaled, que en el fondo era una persona muy tradicional, se sentía por ello muy preocupado.

—No se que hacer, Amin, ella me asegura que quiere que nos sigamos viendo, que no quiere olvidarse de mí bajo ningún concepto, que preparará todo enseguida para separarse de su marido.

—Yo creo que si de verdad ha surgido el amor entre vosotros, lo superareis todo, ya lo verás, no te preocupes amigo.

El congreso por fin terminó y los dos amantes tuvieron todavía por delante casi un fin de semana completo para estar juntos, hasta que el avión de Khaled partiera hacia su país.

Khaled debía coger el avión de regreso a su ciudad en dos días y Mia no tenía ningún problema en continuar con él durante ese tiempo.

La ciudad de Viena, con Mia haciendo de magnífica guía personal, resultó para Khaled algo muy bello y original. Sus hermosos palacios y jardines les trasportaron a otra época, y sintieron en sus carnes toda la belleza de una ciudad única, acentuada por su amor mutuo, que a Khaled le daba la impresión de que se iba incrementando mas y mas con el paso de las horas.

Mia estaba feliz. El volver a visitar todas aquellas estancias tan hermosas que ella conocía tan bien, donde el recuerdo de la presencia de la bella emperatriz Sisí, en especial, le hacían recordar su juventud, donde tanto la había admirado, probablemente como todas las jovencitas vienesas.

Pero ahora todo era en realidad nuevo, aquello sorprendentemente le hacía sentir una sensación desconocida hasta la fecha, pues nunca lo había vivido tan enamorada, como ahora estaba, y así se lo hacía saber a su amado Khaled sin ningún reparo.

Khaled no tenía ojos mas que para ella, y en aquel entorno tan especial, se sentía como nunca. Solo se entristecía cuando pensaba que aquello, en pocas horas, pasaría de ser algo real a convertirse en un deseo obstaculizado por la distancia.

Agotaron los minutos y los segundos sin separarse ni un instante. Gozando de su pasión y de su presencia y sintiéndose muy felices juntos en su entorno privilegiado.

Pero ya al final del día, agotados de tanto andar y deseando llegar a su hotel para relajarse y gozar una vez mas de su amor, la sorpresa les iba a esperar en su refugio amoroso.

CAPÍTULO 3: LA GUERRA

En cuanto Khaled y Mia atravesaron el hall del hotel, enseguida cayeron en la cuenta de que algo importante estaba ocurriendo. El silencio en que estaba todo inmerso era sospechosamente extraño, y enseguida se dieron cuenta de que todo el mundo se había apretado frente al televisor.

En su pantalla, imágenes de bombas, ráfagas de disparos y gente corriendo, se sucedían, mientras el narrador relataba una y otra vez los escasos datos de que se disponía hasta esos momentos. Aún había mucha confusión.

Khaled, sin poder evitarlo sintió un nudo en el estómago y un mal presagio se apoderó de él.

Se acercaron donde la gente se agolpaba y Khaled pudo distinguir entre todos los que allí había a su amigo Amin.

—¿Que es lo que sucede Amin, a que se debe tanta expectación?.

—Tenemos un grave problema en nuestro país, Khaled, los rebeldes han atacado la capital y ahora todo es confusión.

—¿Pero, como?, no pensaba que las cosas estuvieran tan mal, no me gusta nada esto. ¿Pero tu tenías noticias o alguna sospecha de que esto pudiera pasar?.

—Sí, se decían cosas, se hablaba, había rumores..., claro que tu como sólo te preocupas de tu trabajo, no te habías enterado.

—Hombre, Amin, tampoco es eso, aunque lo cierto es que no tenía ni idea de que esto pudiera suceder.

—Pues sí, y sabes que te digo, que no es tan extraño, hay mucha gente en nuestro país que está sufriendo mucho y que no está muy conforme con nuestros gobernantes, eso es lo que pasa, y al final ha sucedido lo inevitable.

—Vaya, Amin, no sabía que tu pensaras así, no tenía ni idea de que compartieras esa ideología.

—No, yo no comparto nada, sólo te digo lo que he oído al respecto.

—Sí, claro —concluyó Khaled.

Mientras, a corta distancia, Mía seguía la tensa conversación entre los dos amigos de cerca, sin querer inmiscuirse en ella.

Luego, acercándose mas a Khaled le susurró al oído:

—Si te parece, cielo, nos vamos a la habitación y seguimos desde allí las noticias, mas relajados.

—Sí, será mejor. Adiós Amin, ya nos veremos.

Amin no contestó, se limitó a asentir con la cabeza. La tensión por lo que estaba ocurriendo en su país estaba afectando a todo el mundo, y en concreto a los hasta ahora, dos inseparables amigos.

La diferencias en cuanto a la visión de la situación política de su país se habían hecho evidentes, cosa que no había tenido lugar nunca antes en su mutua relación. Claro que también podría haber influido para tensar su relación y no poco, la aparición de Mia en escena, que sin duda esos días había incrementado el distanciamiento entre los dos amigos y colegas.

Khaled se entristeció y así se lo hizo saber a Mía, y ésta trató de consolarlo.

Durante aquella noche que suponía además la despedida de los dos enamorados, el amor surgió entre los dos de nuevo. Hicieron el amor con mayor pasión si cabe que nunca, y Mia consiguió que Khaled se olvidara por unas horas de la delicada y preocupante situación de su país.

Ya al amanecer, cuando la luz del nuevo día se colaba entre las cortinas de su habitación, Khaled notó como Mia se movía entre sus brazos, y supo que se había despertado. Él ya llevaba tiempo despierto y dándole vueltas en la cabeza a los acontecimientos que estaba viviendo con respecto a su amada ciudad, no hacía muchas horas.

—Mia, debo prepararme, mi avión sale en un par de horas.

—¿Estás seguro de que quieres irte?, si quisieras podrías quedarte aquí conmigo, seguro que no te sería nada difícil encontrar un puesto de trabajo en nuestro hospital, yo te lo podría proporcionar, y viviríamos una nueva vida aquí, juntos.

—Por un lado me apetece mucho lo que me dices, nada me gustaría mas que quedarme aquí para siempre contigo, pero me debo a mi país y mas que nunca ahora, cuando sé que me necesita de verdad. Estoy deseando llegar y comprobar como se encuentra allí la situación de primera mano.

—Claro, lo comprendo, pero por otro lado ¿no crees que es muy arriesgado volverte ahora?, ¿no deberías esperar un tiempo a que las cosas mejoren?, puede ser peligroso.

—No, es ahora, lo antes posible cuando debo regresar y atender a mis pacientes, seguro que mas de uno ha sido herido por el ataque y yo no puedo quedarme de brazos cruzados —dijo Khaled muy seguro.

—En fin, lo tengo claro, conociéndote, Khaled, se que estás deseando ponerte a trabajar en tu hospital enseguida.

Pero, creo que antes de ir al aeropuerto, por lo menos deberías asegurarte de que el vuelo no haya sido suspendido o algo por el estilo.

—Sí, tienes razón, llamaré antes para confirmarlo.

En una hora Khaled se encontraba en el aeropuerto de Viena, pues no le daban ninguna noticia cierta de que su vuelo fuera a ser cancelado o no, así que prefirió estar allí y ver de cerca lo que pasaba.

Por su parte Mia debía esa misma mañana reincorporarse a su trabajo en el hospital de Viena, así que, con bastante pena y prometiéndose volver a encontrarse lo antes posible los dos, se despidieron.

Khaled permaneció varias horas mas aun esperando en el aeropuerto, tras sucesivos retrasos de su vuelo, pero al fin las pantallas anunciaron que el avión despegaría en una hora.

CAPÍTULO 4: MI AMADA CIUDAD

Era casi noche cerrada cuando Khaled vio las luces del aeropuerto de su amada ciudad de Turquís, y el avión, con algún brusco movimiento, mas bien desagradable, por fin tomó tierra.

Aunque allí aparentemente no había nada extraño que se pudiera destacar en un principio, sí se percibía mucha tensión en el ambiente.

Pese a que las autoridades se habían esforzado al máximo en que la situación, por lo menos en el aeropuerto internacional, fuera lo mas normal posible, un clima de calma tensa se había apoderado de todo y de todos.

Durante el viaje en taxi hasta su casa, Khaled fue informado por el que mas podía estar al tanto de todas las últimas noticias, sin duda, de toda la ciudad: el taxista, que le puso al corriente de todo lo sucedido hasta ese mismo instante.

Los rebeldes, en un primer momento, se habían hecho con el control de algunos puestos claves, como eran los medios de comunicación, la radio y la televisión, pero poco después, al intentar hacerse también con el control del aeropuerto y otros sitios estratégicos, habían sido rechazados por las fuerzas gubernamentales y se habían hecho fuertes en la parte oeste de la ciudad, que en esos momentos seguían controlando. De manera que la urbe había quedado dividida en dos partes: el este, dominada por las fuerzas nacionales y el oeste, ocupada por los rebeldes.

Durante el camino hacia su casa, Khaled, impresionado, pudo comprobar como una larga caravana de gente, unos en vehículos de todos los tipos y otros andando simplemente, comenzaba a hacer colas inmensas en las carreteras para abandonar la ciudad ante el temor de que la guerra se instaurara definitivamente, y él iba justo en sentido contrario.

Al ver la inmensa multitud que huía de su ciudad, sintió un escalofrío por los huesos, y un mal presentimiento se apoderó de su alma, aunque enseguida pensó en la misión que tenía por delante, la que lo había llevado de vuelta al centro de la contienda y reafirmó su actitud.

Tras dejar la maleta en su casa, asearse un poco y comer algo, se dirigió con paso firme hacia su amado hospital, con el corazón en un puño y el pensamiento angustioso de qué era lo se podría encontrar allí.

Todavía los fogonazos de las bombas se veían tras los edificios cercanos y algunas detonaciones se escuchaban a ratos, en la lejanía. Pero por suerte, su camino estaba libre de mas obstáculos, eso sí, numerosa policía y soldados se encontraban patrullando por las calles, aunque a él, por fortuna, nadie le detuvo ni le pidió explicaciones; y fue una suerte, pues eso le hubieran enlentecido mucho en su objetivo final.

Lo que encontró Khaled al llegar a su hospital fue poco menos que el caos absoluto.

Daba la casualidad de que el recinto hospitalario de Turquís se encontraba justo entre los dos frentes, entre el este y el oeste, entre los rebeldes y las tropas nacionales, por lo que acudían a él para ser atendidos gente de los dos bandos y sobretodo población civil, que por desgracia, y sin quererlo, les había pillado en una u otra zona.

Los enfermos y heridos se agolpaban desde la entrada, por todos los pasillos y dependencias hasta llegar a sus salas de pediatría, y allí, numerosos niños con heridas y fracturas estaban siendo ya atendidos por su equipo médico.

Khaled sin mas demora se puso su pijama verde y comenzó a intentar hacerse con el control de la situación.

—¡Doctor Assad, como me alegro de verle! —le dijo Hala, su enfermera, nada mas apareció por la puerta.

—¿Como está la situación? —dijo el doctor.

—Pues ya ve, doctor, estamos desbordados.

—¿Y Amin?, ¿donde está?, se supone que debía haber llegado aquí un día antes que yo, ayer por la noche.

—Sí, doctor, estuvo por aquí, pero poco después de media noche se marchó y no ha vuelto.

—Que extraño, eso no es propio de él, debió de tener un buen motivo para abandonar el trabajo, como están las cosas.

*

Durante toda la noche y gran parte de la mañana, el doctor Assad y todo su equipo se afanó en tratar a todos los niños ingresados y a los que todavía iban llegando poco a poco, como un dramático goteo, a sus salas de pediatría repletas de niños heridos, magullados y fracturados por una guerra que a pesar de la pertinaz negativa del gobierno a reconocer que existiera, cada vez era mas evidente que así era, y mas cruel para con los mas débiles.

Al fin, a media mañana, la figura enorme de su amigo Amin hizo su aparición por la puerta, el silencio se hizo casi absoluto, y todo el mundo contuvo la respiración y dejó lo que estaba haciendo para observar con atención lo que iba ocurrir a continuación:

—¡Hombre, Amin! —dijo Khled en cuanto lo vio acercarse— ,creo que nos debes una explicación de porqué abandonaste tu puesto en estas circunstancias, y espero que sea convincente.

—Pues, es muy sencilla, estaba preocupado por mis padres y me acerqué hasta su casa para ver como estaban —dijo Amin con su potente voz, hablando tal vez mas fuerte que de costumbre, de manera que parecía que toda la sala comenzara a temblar ante su estruendosa voz.

—Que raro me parece eso, precisamente tu nunca te has preocupado demasiado por tu familia, ¿y ahora me dices que has estado toda la noche con ellos?

—contestó Khaled, mientras se le aproximaba.

—Piensa lo que quieras, pero es la verdad, simplemente estaba preocupado por ellos y me fui a ver como estaban —concluyó Amin, y sin dar mas explicaciones se marchó a su cuarto a cambiarse de ropa.

Khaled se le quedó mirando durante un instante como queriendo entender a su amigo, luego se encogió de hombros, meneó la cabeza y se reincorporó a su trabajo, pensando que a su colega, últimamente, no había quien le entendiera, y que seguramente eso sería por la maldita guerra que les estaba tocando vivir.

Una circunstancia tan grave como aquella, era capaz de aflorar en las personas lo mejor y lo peor que cada uno llevaba dentro, y lo malo era que le daba la impresión de que aquella pesadilla no había hecho mas que comenzar.

Él también estaba preocupado por su familia, no cabía duda, aunque esperaba que sus padres y su hermana no corrieran peligro al estar en la granja, algo mas alejada de los disturbios.

Pero en cualquier caso, tenía claro que su obligación era estar allí, en su hospital, al pie del cañón, atendiendo a sus pequeños pacientes que no cesaban de llegar y que tanto le necesitaban.

Tal vez mas adelante, en unos días, tuviera tiempo de ir a visitarles para ver como se encontraban, pero ahora eso era impensable.

CAPÍTULO 5: EL REENCUENTRO

Apenas había amanecido cuando Khaled, como todas las mañanas desde hacía varios meses, ya se encontraba en su puesto de trabajo. Los días estaban siendo muy duros para todos. Los heridos y enfermos se agolpaban en las salas del hospital y en los pasillos y por todos lados, y lo peor era que las medicinas, las vendas, los antisépticos, y todo el materia sanitario en general comenzaba a escasear.

Khaled, a pesar del intenso trabajo que soportaba, se mantenía firme, y su capacidad para organizar el trabajo y su dedicación no habían disminuido ni un ápice.

Su equipo de pediatras y enfermeras, seguía funcionando eficazmente. Sólo tenía una espina en su corazón en aquellas jornadas de duro trabajo, su amigo Amin seguía mostrándose distante y extraño a los ojos de todos.

Sus ausencias repetidas y prolongadas sin justificar ya eran una norma, y su irascibilidad con todo el mundo hacía que no se pudiera ni dirigirle la palabra siquiera.

Khaled había optado por no decirle ya nada, no podía expulsarlo ni cesarlo, ni sancinarlo, ni nada por el estilo, en ese momento todas las manos para realizar el trabajo eran pocas y bien recibidas. Y era cierto que Amin cuando estaba en su puesto, seguía siendo como siempre muy eficiente en su labor, eso era incuestionable.

Además, Amín se había encargado desde siempre de atender a los prematuros y en general a los bebés mas pequeños y enfermos, y aunque Khaled también se ocupaba de ellos cuando hacía falta, aunque en menor medida, no era fácil prescindir de Amín y menos en las actuales circunstancias.