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Si aprender a preparar un té lleva toda una vida, ¿qué se aprende realmente al aprender a preparar un té? Esa es la pregunta que rodea El viento entre los pinos, a la manera japonesa: sin proponer una respuesta, a través de anécdotas, poemas y reflexiones capaces de acercar la ceremonia del té, una de las disciplinas más exquisitas de la cultura nipona, a la vida cotidiana. Tareas como purificar los utensilios, hacer un arreglo floral, disponer el carbón y calentar el agua aparecen, en las palabras de su autora, como una verdadera meditación en movimiento, e invitan a detenernos en el presente y a apreciar lo que nos rodea, con todos nuestros sentidos.
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Seitenzahl: 105
Veröffentlichungsjahr: 2023
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Sobre este libro
Sobre la autora
Otros títulos de Fiordo
La piedra que marca el camino
Sekimori ishi
El sonido de la vida
Ubugoe
El sabor del té y el del zen es uno y el mismo
Cha zen ichi mi
El viento entre los pinos
Matsu kaze
Pureza
Sei
Cuenco raku
Raku chawan
Un estado mental
Wabi
El cuerpo a la manera japonesa
Kimono
Palabras amables, rostro pacífico
Wagen aigo
Agua caliente para el té
Chanoyu
Agradecimientos
Fuentes
Ilustraciones
Si aprender a preparar un té lleva toda una vida, ¿qué se aprende realmente al aprender a preparar un té? Esa es la pregunta que rodea El viento entre los pinos, a la manera japonesa: sin proponer una respuesta, a través de anécdotas, poemas y reflexiones capaces de acercar la ceremonia del té, una de las disciplinas más exquisitas de la cultura nipona, a la vida cotidiana. Tareas como purificar los utensilios, hacer un arreglo floral, disponer el carbón y calentar el agua aparecen, en las palabras de su autora, como una verdadera meditación en movimiento, e invitan a detenernos en el presente y a apreciar lo que nos rodea, con todos nuestros sentidos.
Malena Higashi nació en Buenos Aires, Argentina, en 1984. Se formó en Letras y en la sede argentina de la escuela Urasenke. En 2017 viajó a Kioto para profundizar sus estudios de ceremonia del té en el Urasenke Gakuen Professional College of Chadô. Hoy se dedica a difundir esta disciplina y la cultura japonesa a través de encuentros de té, talleres, curaduría y artículos periodísticos. Dicta clases en Urasenke Argentina, institución que preside, y en el Instituto Superior de Estudios Japoneses de Nichia Gakuin. Escribe la newsletter Un Japón propio y dirige el ciclo mensual de entrevistas que lleva el mismo nombre.
Ficción
El diván victoriano, Marghanita Laski
Hermano ciervo, Juan Pablo Roncone
Una confesión póstuma, Marcellus Emants
Desperdicios, Eugene Marten
La pelusa, Martín Arocena
El incendiario, Egon Hostovský
La portadora del cielo, Riikka Pelo
Hombres del ocaso, Anthony Powell
Unas pocas palabras, un pequeño refugio, Kenneth Bernard
Stoner, John Williams
Leñador, Mike Wilson
Pantalones azules, Sara Gallardo
Contemplar el océano, Dominique Ané
Ártico, Mike Wilson
El lugar donde mueren los pájaros, Tomás Downey
El reloj de sol, Shirley Jackson
Once tipos de soledad, Richard Yates
El río en la noche, Joan Didion
Tan cerca en todo momento siempre, Joyce Carol Oates
Enero, Sara Gallardo
Mentirosos enamorados, Richard Yates
Fludd, Hilary Mantel
La sequía, J. G. Ballard
Ciencias ocultas, Mike Wilson
No se turbe vuestro corazón, Eduardo Belgrano Rawson
Sin paz, Richard Yates
Solo la noche, John Williams
El libro de los días, Michael Cunningham
La rosa en el viento, Sara Gallardo
Persecución, Joyce Carol Oates
Primera luz, Charles Baxter
Flores que se abren de noche, Tomás Downey
Jaulagrande, Guadalupe Faraj
Todo lo que hay dentro, Edwidge Danticat
Cardiff junto al mar, Joyce Carol Oates
Sobre mi hija, Kim Hye-jin
Todo el mundo sabe que tu madre es una bruja, Rivka Galchen
El mar vivo de los sueños en desvelo, Richard Flanagan
Un imperio de polvo, Francesca Manfredi
No ficción
Visión y diferencia. Feminismo,
feminidad e historias del arte, Griselda Pollock
Diario nocturno. Cuadernos 1946-1956, Ennio Flaiano
Páginas críticas. Formas de leer y
de narrar de Proust a Mad Men, Martín Schifino
Destruir la pintura, Louis Marin
Eros el dulce-amargo, Anne Carson
Los ríos perdidos de Londres y El sublime topográfico, Iain Sinclair
La risa caníbal. Humor, pensamiento cínico y poder, Andrés Barba
La noche. Una exploración de la vida nocturna, el lenguaje de la noche, el sueño y los sueños, Al Alvarez
Los hombres me explican cosas, Rebecca Solnit
Una guía sobre el arte de perderse, Rebecca Solnit
Nuestro universo. Una guía de astronomía, Jo Dunkley
El Dios salvaje. Ensayo sobre el suicidio, Al Alvarez
La mente ausente. La desaparición de la interioridad en el mito moderno del yo, Marilynne Robinson
Islas del abandono. La vida en los paisajes posthumanos, Cal Flyn
Legua
Al borde de la boca. Diez intuiciones en torno al mate, Carmen M. Cáceres
«En parte viaje a la tierra de origen, en parte crónica de un aprendizaje, en este libro, tan sutil como preciso, tan delicado como cristalino, Malena Higashi nos abre las puertas a la intimidad de una ceremonia ancestral y guía nuestra mirada para que podamos apreciar cada pequeño detalle, las significaciones de cada gesto, de cada color, de cada aroma. Un libro lleno de sabiduría y belleza».
Federico Falco
© del texto, Malena Higashi, 2022
© de las ilustraciones, Nicolás Stimolo, 2022
© de esta edición, Fiordo, 2023
Dirección editorial: Julia Ariza y Salvador Cristofaro
Diseño de cubierta: Pablo Font
ISBN 978-987-4178-67-1 (libro impreso)
ISBN 978-987-4178-73-2 (libro electrónico)
Legua es una colección de Fiordo.
Prohibida la reproducción total o parcial de esta obra
sin permiso escrito de la editorial.
Higashi, Malena
El viento entre los pinos: un ensayo acerca del camino del té / Malena Higashi;
Ilustrado por Nicolás Stimolo. - 1a ed - Ciudad Autónoma de Buenos Aires: Fiordo, 2023.
Libro digital, EPUB - (Legua / Salvador Cristofaro y Julia Ariza; 2)
Archivo Digital: descarga y online
ISBN 978-987-4178-73-2
1. Ensayo Literario. 2. Costumbres. 3. Meditación. I. Stimolo, Nicolás, ilus. II. Título.
CDD A864
A tía Chivi y a Bachan Emiko,
que lo comprenderán mejor
por haberlo vivido.
La voz del viento en los pinos
hace de la soledad algo familiar
¿quién hará ese despertar para cada amanecer?
Sôgi (1421-1502)
Después de un vuelo de Buenos Aires a Tokio con escala en Frankfurt, y un tren bala hasta Kioto, llegamos cansadas pero con ganas de salir a dar una vuelta. El hotel quedaba justo frente a la estación y como la estación era un enorme centro comercial con cafeterías y lugares para comer, salimos para dejar las valijas y volvimos a entrar. Apenas trajeron nuestro pedido, cafés fríos y unas porciones de torta con distintas variedades de chocolate, sacamos una selfie, en un gesto automático o como prueba de vida. Habíamos llegado a Japón. Cuando mis amigas recibieron esa foto se rieron: mi tía y yo nos veíamos desplomadas sobre las sillas. Nuestros cuerpos, nuestras caras daban cuenta de ese largo viaje. Mi abuela en cambio lucía espléndida, con el porte recto y la ropa acomodada como si acabara de plancharla. Recordé la frase que había escrito en una carta el abuelo de una amiga querida: «Por fin respiro el aire de Japón». Con la humedad del verano me balanceaba entre esa certeza y el mareo del jet lag.
*
El viaje había comenzado antes del viaje. En la cocina de mi abuela, Bachan(esa es la manera cariñosa de decir abuela en japonés), había un calendario de tela con una frase de Lao Tsé: «Un camino de mil millas comienza con un solo paso». Un tiempo atrás ella me había preguntado de dónde era Lao Tsé, yo le había dicho que era chino. «Pero esa frase es de un japonés», me respondió segura. Senri no michi mo ippo kara significa exactamente eso: «Un camino de mil millas comienza con un solo paso». Al emprender el viaje yo sentía que estaba dando ese primer paso, mi acercamiento a Japón, aunque con la sensación de que se había demorado mucho tiempo. Y apenas aparecía ese dejo de reproche me decía a mí misma que todo tiene su momento y su espacio. Tenía tantas expectativas alrededor del viaje que por momentos me desbordaba.
Soy argentina nikkei, de cuarta generación. Eso significa que mi bisabuela es japonesa. Mi abuela y mi madre nacieron en Argentina. Mi apellido significa «Este» y eso fue algo que aprendí cuando pasada la adolescencia me dieron ganas de estudiar japonés. «Este», el punto cardinal. Me siento sureña, porteña, pero algo en la sangre me tira hacia el Este y una noche a mediados de junio de 2015 partí con mi abuela a Japón, y desde la ventanilla del avión se veía la luna. Era la noche más larga, entrábamos al invierno pero nos dirigíamos al verano.
*
Hacía ya muchos años que practicaba junto a mi abuela la ceremonia del té. Por eso estar en Kioto juntas tenía un significado profundo. Pero mi vínculo con esta práctica, que en Japón se conoce como chadô, el camino del té, fue siempre errático, como si lo hubiera estado esquivando, como cuando se camina por una playa bordeando la costa pero sin zambullirse en el mar. Estoy segura de que era por mi incapacidad para asumir una responsabilidad tan grande como continuar con el legado de mi abuela. Las dos éramos parte de Urasenke, que dentro y fuera de Japón es una de las escuelas de té más reconocidas. El estilo que practica Urasenke, y la manera de transmitirlo, es lo que ha perdurado a lo largo del tiempo desde que el Gran Maestro Sen no Rikyû iniciara la tradición japonesa del té en el siglo xvi, que continúa hasta el día de hoy gracias a una sucesión de quince maestros, padres, hijos, que fueron transmitiéndose los procedimientos para preparar el té. Esos son los mismos procedimientos que difunde Urasenke, excepto una serie llamada «enseñanzas secretas» que queda limitada al linaje Sen. El núcleo de la enseñanza pasa de generación en generación con un punto de referencia inicial que es Sen no Rikyû. Esa cadena es lo que le da integridad al sistema, y la escuela se sostuvo a lo largo de los siglos por esa credibilidad. En Argentina existe desde el año 1954 y su subsistencia dependió siempre del trabajo voluntario y apasionado de quienes forman parte del grupo. Mi abuela, Arimidzu sensei, fue quien tomó las riendas en un momento, como maestra de té y luego como presidenta de la institución.
Yo estaba lejos de estructuras y tradiciones y había edificado una vida a mi escala. Me había recibido de licenciada en Letras y de periodista. Tenía un trabajo fijo en un organismo de cultura en el Estado, estaba por comprarme un departamento. Había logrado la estabilidad que deseaba. Y sin embargo había algo que me faltaba. Empecé a darme cuenta de que quería dedicar mi vida al té. Por esa época Maruoka sensei, un maestro nikkei mexicano, había empezado a darnos clases tres veces al año con un entusiasmo contagioso, y había hecho que esa llama se prendiera más aún. Por eso al llegar a Kioto con mi abuela el plan obligado era ir a conocer la sede central de la Escuela Urasenke.
*
Algo que me resulta singular de Japón es que los edificios importantes no tienen puerta. Hay una entrada que permanece abierta durante el día. Esto hace que una siempre se sienta bienvenida. La entrada principal a las salas de té de Urasenke se llama kabutomon, la puerta casco. Es un pequeño techo de paja con la forma de un trapecio isósceles. Esto y su simetría la hacen similar al casco que usaban los samurái, y de ahí viene su nombre. En ese espacio entreabierto se adivina un camino frondoso y no lineal. Lo que se ve desde afuera es misterioso: la invitación es doble porque no hay puerta, pero también porque incita a la curiosidad.
Una vez leí acerca de los límites simulados en la arquitectura japonesa. En el jardín que rodea el recinto de té hay un camino de piedras. Y si se trata de un jardín grande los caminos se pueden bifurcar. Entonces se coloca una piedra atada con una cuerda, sekimori ishi, en el camino por el que los invitados no deben pasar. Es una piedra pequeña que apenas interrumpe el paso. Lo importante es lo que simboliza. La piedra le dice al invitado que debe seguir caminando en otra dirección.
*
La ceremonia japonesa del té está hecha de códigos compartidos entre anfitrión e invitados, de todo aquello que no se dice con palabras. Mi abuela siempre dijo que es algo que lleva toda la vida aprender. Pero ¿por qué el recorrido es tan largo? ¿Qué es lo que estudiamos quienes hacemos esta práctica? «El simple acto de servir té y recibirlo con gratitud es la base de una forma de vida llamada chadô
