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Es esencial dotar al veterinario clínico de los elementos necesarios para el reconocimiento de estas situaciones a través de la formación en el área de las ciencias forenses, aplicadas al ámbito del maltrato animal, con el objeto de poder luchar eficazmente. El incremento de casos en las consultas veterinarias con pruebas o evidencias compatibles o, al menos, sospechosas de actos de violencia contra animales requieren que el facultativo esté formado también en esta área de especialización, desarrollando a lo largo de su actividad profesional sus conocimientos y su formación científica en el ámbito de la patología clínica forense veterinaria. La creación de procedimientos y protocolos básicos de identificación del maltrato animal en las consultas clínicas de los facultativos resulta imprescindible. Estos modelos deben ser eficaces, permitiendo la identificación y la valoración pericial o forense de estas situaciones que comprometen significativamente la salud de los animales. Estos procedimientos deben desarrollarse fundamentándose en trabajos rigurosos que se desarrollen a partir de la recopilación de todas las pruebas, mediante la realización de registros clínicos protocolizados y modelos de comunicación útiles en la evaluación de los comportamientos de maltrato animal, que puedan ser utilizados eficazmente en los juzgados, donde las cuestiones que se plantean presentan unas particularidades específicas, difieren de las preguntas que tienen lugar en los casos clínicos rutinarios frente a las cuales el veterinario debe estar adecuadamente formado.
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Veröffentlichungsjahr: 2019
ELEMENTOS BÁSICOS DEL MALTRATO ANIMAL
Autor
Dr. Alfredo Fernández Álvarez
Doctor en Ciencias Biomédicas por la Universidad Complutense de Madrid
Máster Universitario en Pericia Sanitaria por la Universidad Complutense de Madrid
Miembro de la Comisión Deontológica
Es propiedad de:
© 2019 Amazing Books S.L.
www.amazingbooks.es.
Editor: Javier Ábrego Bonafonte.
Pº de la Independencia Nº 24-26.
8ª planta, oficina 12.
50004 Zaragoza - España.
Primera edición: mayo 2019.
ISBN: 978-84-17403-44-7.
Cómo citar este libro:
Dr. Alfredo Fernández Álvarez. Elementos básicos del maltrato animal. Zaragoza (España). Amazing Books; 2019.
Presentación del libro:
https://amazingbooks.es/elementos-basicos-maltrato-animal
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INTRODUCCIÓN
Objetivo
La finalidad primordial de este texto es tratar de sensibilizar al veterinario clínico de la responsabilidad que tiene frente a situaciones compatibles con el maltrato animal en su ejercicio diario. Se estima que de cada 1000 consultas veterinarias por lesiones, enfermedades o trastornos, entre cinco y diez tienen origen en actos de violencia, abuso o crueldad animal. Contribuir en la identificación de estos comportamientos es una labor imprescindible para luchar eficazmente contra esta lacra social. Para ello, es necesario definir con claridad los conceptos fundamentales dependientes de toda la problemática relacionada con la violencia y crueldad animal. La creación de protocolos, fundamentados en unas bases terminológicas y procedimentales adecuadas, contribuirá a la correcta identificación de actos de maltrato permitiendo, al mismo tiempo, su evaluación estandarizada por distintos profesionales y la posibilidad de realizar estudios comparativos, lo que facilitará su estudio y análisis de una forma global. El texto contiene las claves básicas para dotar al veterinario clínico de los elementos necesarios para el reconocimiento de estas situaciones a través de la formación en el área de las ciencias forenses aplicadas al ámbito del maltrato animal.
En la actualidad, el número de casos con pruebas o evidencias compatibles, o al menos sospechosas de actos de violencia contra los animales, en las consultas veterinarias se ha incrementado significativamente. El rol que el veterinario debe asumir ante estas circunstancias demanda una formación específica, tanto en el área científica como en el ámbito legal. Es necesario dotarle de los conocimientos básicos en el área forense, así como de las herramientas necesarias en su formación continuada, con el objeto de identificar y atender convenientemente estos casos que afectan gravemente a la salud de los animales y que pueden indicar, también, otras formas de violencia en los ámbitos interfamiliares con graves consecuencias sobre las personas.
El veterinario y sus equipos profesionales se sitúan en la primera línea de lucha frente el maltrato animal. La creación de procedimientos y protocolos básicos de identificación de posibles formas de abuso y violencia sobre los animales en las consultas veterinarias es imprescindible, permitiendo su identificación y comunicación a las autoridades correspondientes. Es una tarea compleja fundamentada en la recopilación y gestión rigurosa de todas las pruebas que intervienen en estos procedimientos con implicaciones adicionales para el facultativo, tanto de tipo profesional como personal, teniendo en cuenta que todas estas situaciones tendrán una proyección en el ámbito legal donde se dirimirán las responsabilidades de tipo personal.
El establecimiento de técnicas de estudio y análisis forenses veterinarios básicos de los posibles casos de maltrato animal, junto con la elaboración de los informes escritos donde se recojan todas las conclusiones y sus fundamentos, constituye otro de los motivos de esta publicación. Los protocolos deben destacar por su rigor y precisión científica, pero al mismo tiempo deben dotarse de una importante capacidad de comunicación, pues serán compartidos por profesionales formados en distintas disciplinas, muchas de ellas alejadas del ámbito sanitario. Estos informes deben cumplir convenientemente su función por lo que deben ser eficaces. Las guías de actuación frente al abuso y la violencia animal tienen que ser prácticas, facilitando su incorporación eficaz en el ejercicio clínico cotidiano, guiando a los veterinarios en sus actuaciones sanitarias, tanto en el reconocimiento de las lesiones no accidentales propias del maltrato animal como la gestión de todos los medios de prueba, haciendo especial referencia a su identificación, registro y conservación, con el objeto de elaborar los informes veterinarios necesarios para su comunicación a las autoridades correspondientes.
El objetivo deseable de este texto sería que, tras su lectura y estudio, el veterinario incorporase en sus procedimientos de diagnóstico diferencial habituales la posibilidad etiológica del maltrato animal como causa de análisis de las distintas lesiones que pudiese atender. De esta forma, su actuación sería más completa y contribuiría a mejorar el bienestar y la salud de los diferentes animales que pasan por sus consultas cotidianas. Trasladaría a la sociedad un importante nivel de implicación en la protección animal, mostrando su compromiso decidido frente a todas las formas de maltrato. Por otro lado, la lucha contra el maltrato animal es una obligación profesional recogida en el Código Deontológico Veterinario, por lo que debería considerarse no como una actuación de tipo discrecional en el trabajo del veterinario, sino como un deber dentro del ejercicio profesional habitual. La lucha contra el maltrato animal es un deber del veterinario. Su relación con los animales y su formación le sitúan en una posición excepcional para liderar todas las acciones contra esta grave problemática.
Nos gustaría aclarar desde el principio que esta publicación está referenciada, fundamentalmente, al ámbito de los animales de compañía y, más concretamente, a las especies canina y felina, debido a nuestra formación profesional, dedicada a esta área del ejercicio durante más de treinta años de servicio. De cualquier forma, entendemos que los principios fundamentales que proponemos a lo largo de todo el texto pueden extrapolarse con eficacia a otros ámbitos del maltrato animal, como el que se puede producir en el área de dedicación profesional de los especialistas en équidos, así como a los que trabajan con los animales de granja o producción, o el que nos podemos encontrar en otras especialidades como las que atiendan a los animales exóticos, cada día más frecuentes, o, incluso, entre algunas situaciones especiales en las que se pueden ver implicadas determinadas especies de nuestra fauna salvaje.
Esta publicación no pretende ser un manual de anatomopatología veterinaria aplicada al ámbito de las lesiones no accidentales propias del maltrato animal, sino que su objetivo es tratar de aportar los elementos esenciales y básicos, los más comunes y fáciles de identificar, que se producen en estas situaciones con el objetivo de ayudar al profesional de la veterinaria a identificarlos eficazmente, proponiéndole una guía de actuación práctica. A lo largo de la publicación, veremos que toda la descripción de las diferentes situaciones de maltrato animal tiene como objetivo fundamental estimular al veterinario para su identificación en el desarrollo de sus juicios diagnósticos, adaptando todos los procedimientos a los medios habituales existentes en este tipo de servicios sanitarios. Por tanto, tratamos de llegar y alcanzar a la gran mayoría de los veterinarios para mejorar su formación, estimulándoles en un área tan sensible como la que nos estamos refiriendo.
Por supuesto, aunque es un libro con una importante base científica en su desarrollo, fundamentalmente, dirigido a los profesionales de la sanidad veterinaria, consideramos que el texto puede ser objeto de atención y consulta de otros grupos profesionales implicados en la lucha contra el maltrato animal, incluso creemos que puede ser útil para el público en general, por el tratamiento general que se ofrece en la mayor parte de los capítulos, contribuyendo a sensibilizar a todos los lectores en materia de maltrato animal.
En este texto hablamos de maltrato. Estimamos que solo existe una forma de maltrato global, aunque puede presentar distintas expresiones, considerando una de ellas la que afecta a la salud y el bienestar de los animales. Es un fenómeno complejo que puede ser reconocido en diferentes áreas pudiendo “extenderse” a otros ámbitos si no los identificamos y atendemos precozmente; por ejemplo, la violencia, la crueldad y el abuso animal pueden tener un carácter predictivo de otras formas de maltrato que pueden afectar a las personas como el maltrato infantil, de género, familiar, geriátrico o, entre otros, de personas dependientes. A partir de estos principios, podríamos indicar que la actuación frente al maltrato animal encajaría perfectamente dentro del concepto de la iniciativa global The One Health como ejemplo o modelo de actuación y colaboración interdisciplinaria en materia de sanidad, tanto humana como animal e, incluso, medioambiental. Basándonos en estas interrelaciones, la importancia de la identificación del maltrato animal adquiere, aún más, un incuestionable valor social por la posibilidad que ofrece de actuar de forma preventiva o predictiva, contribuyendo a evitar la génesis de otras formas de maltrato a nivel de las personas. Desde esta perspectiva, la función del veterinario frente al maltrato aún adquiere una mayor relevancia al participar en la prevención de situaciones de maltrato que comprometen la salud pública, adquiriendo una mayor repercusión social. Constituye un hecho probado por numerosos estudios que la lucha frente a cualquier manifestación o expresión de violencia y crueldad, incluida la que se produce en los animales de compañía, contribuye eficazmente a la prevención y erradicación de otras modalidades de maltrato como el infantil, de género o el que se realiza sobre personas ancianas, mediante el estudio de todos los factores que puedan influir en su desarrollo.
El papel del veterinario en la lucha frente al maltrato animal es particularmente importante, diríamos que esencial, ya que representa lo que podíamos definir como la primera línea de lucha o la primera barrera frente al maltrato animal. No debemos considerar que esta tarea es algo discrecional, al contrario, el veterinario tiene la obligación ética y profesional de luchar frente a estos comportamientos que sitúan a los animales como “víctimas” alterando gravemente su salud, pudiendo llegar a causarles graves secuelas a lo largo de toda su vida o, en los casos más extremos, su muerte. Los veterinarios debemos asumir en nuestro ejercicio profesional habitual un papel activo en la identificación y comunicación de situaciones compatibles con el maltrato animal, especialmente por los importantes problemas que se puedan derivar de la omisión de dicho compromiso, que pueden llegar a constituir incumplimientos de nuestras obligaciones de los que pueden derivarse importantes responsabilidades personales.
La labor del veterinario debe comenzar desde las bases de sus prestaciones profesionales. Así, el adecuado aprendizaje en el contexto de la propedéutica veterinaria, disponiendo de un conjunto ordenado de métodos y procedimientos para observar los signos y síntomas, propios de animales que hayan sido objeto de prácticas de maltrato, permitiendo la identificación de las “lesiones no accidentales” (LNA), pudiendo reconocerlas y registrarlas en sus historiales a lo largo de su actividad ordinaria. La documentación de estos síntomas propios de maltrato (elaboración de historiales sanitarios), su registro mediante la realización de las pruebas diagnósticas complementarias (fotografías, vídeos, estudios radiológicos, registros ecográficos, etc.), así como su comunicación a las autoridades correspondientes, son elementos sustanciales que requieren procedimientos definidos y consensuados sectorialmente, destinados a su correcta identificación y a la evaluación de su naturaleza y extensión. En contraposición, podemos afirmar que, en la actualidad, la ausencia de criterios comunes, reconocidos o consensuados por la gran mayoría de los especialistas veterinarios, nos conduce a imprecisiones debidas a la falta de exactitud en los análisis de posibles situaciones compatibles con diferentes modalidades de maltrato animal, lo que impedirá la eficacia de los estudios, produciéndose la desatención y el desinterés de los profesionales en esta materia debido a la ausencia de conclusiones fiables y comparables en esta área de la sanidad animal. La inacción en esta materia favorecerá su desarrollo y extensión. Resumiendo, tenemos que avanzar significativamente en esta área de especialidad fundamentando nuestras acciones en principios científicos que nos permitan dar respuestas eficaces a la sociedad que nos demanda nuestra implicación efectiva.
Concluyendo, los objetivos de este texto se pueden resumir en los siguientes apartados:
• Contribuir en la ayuda y atención de los animales víctimas del maltrato.
• Ayudar a entender por qué y cómo se produce el maltrato animal.
• Establecer las conexiones entre el maltrato humano y el animal.
• Definir los principios fundamentales para ayudar a identificar posibles casos de maltrato animal.
• Constituirse como una herramienta o soporte para ayudar a quienes atienden o trabajan con animales maltratados.
Definición del concepto de maltrato animal
El maltrato animal ha estado presente a lo largo de la historia de la humanidad caracterizando aspectos de la filosofía, la religión, la ciencia, el arte e, incluso, la literatura. Históricamente, nos encontramos con elementos que han conferido un cierto grado de protección legal a los animales desde el inicio de los tiempos. El Código de Hammurabi de la antigua Babilonia y Atharvaveda en la India son dos de los ejemplos de ello.
La definición del concepto de maltrato animal es compleja y está condicionada por numerosas variables. Es absolutamente imprescindible establecer los elementos básicos para reconocer las distintas formas de maltrato con el objeto de identificarlo eficaz y diligentemente. Bajo dicha terminología se hace referencia a un amplio rango de comportamientos de carácter violento y/o cruel sobre los animales por parte de las personas, de los que se pueden generar diversas consecuencias sobre su salud, produciendo lesiones de distinta intensidad que, en las circunstancias más graves, pueden concluir con secuelas que condicionan su calidad de vida futura o llegando a causarles la muerte. El maltrato animal es un término controvertido pues, como acabamos de ver en la definición anterior, incorpora conceptos y fundamentos muy diversos con importantes elementos subjetivos. Inicialmente, podemos considerar que el término de maltrato animal es una expresión global y muy amplia, por lo que resulta escasamente específica. En ella se incluyen una gran diversidad de situaciones y circunstancias que, a su vez, pueden estar condicionadas por multitud de factores adicionales que pueden llegar a modificar su valoración y significación, como la educación, el nivel cultural, aspectos tradicionales, condicionantes económicos, el marco legislativo vigente, el entorno social de las personas, etcétera.
El carácter definitorio del término de maltrato animal aún se complica más debido a la existencia y el empleo de otras expresiones que confluyen y se emplean de forma muy similar para definir estos actos delictivos, como el de abuso animal o el de crueldad animal. Todo ello dificulta la elección de un término que permita recoger con claridad todas estas situaciones de una forma inequívoca para su empleo y uso. Toda esta problemática conduce a situaciones que, en definitiva, limitan la eficacia de los procedimientos de lucha contra el maltrato animal desde la base, es decir, desde la identificación y definición precisa de estos actos para que puedan ser perfectamente reconocidos por parte del veterinario clínico y del resto de profesionales implicados.
El primer ejercicio para el veterinario es trabajar para manejar términos precisos y exactos desde el primer momento, consensuados y aceptados por la gran mayoría de los especialistas, que nos ayuden a crear una base sólida de identificación a partir de la cual podamos articular convenientemente la prestación de todas las acciones necesarias frente al maltrato animal, desde su identificación en cada caso particular en los diferentes escenarios en los que pueden expresar estas manifestaciones, pasando por la calificación de su extensión en los animales que han sido objeto de los mismos, incluyendo la adopción y aplicación de las medidas terapéuticas y correctoras necesarias. Estos principios permitirán la comunicación con otros profesionales formados en distintas áreas o disciplinas, con el fin de compartir eficazmente las consecuencias de las prácticas de maltrato para poder actuar con la mayor eficacia en sus áreas de responsabilidad contribuyendo a revertir los efectos del maltrato en los animales que lo han sufrido.
El concepto de maltrato animal, en España, puede ser considerado como el resultado de todos aquellos comportamientos personales que causan un daño innecesario a los animales, pudiendo ser producidos de forma activa como resultado de comportamientos voluntarios generando procesos patológicos lesivos en los animales, o de forma pasiva, cuando son el resultado de lesiones producidas por el hecho de dejar de hacer alguna acción esencial y necesaria para el adecuado desarrollo y mantenimiento de la salud de los animales. No debemos olvidar que toda la terminología, en la actualidad, está en constante revisión con la finalidad de adecuarse a la realidad de estas situaciones. Ello ha llevado a identificar y definir nuevas formas de maltrato animal incluidas dentro de la terminología referida como el denominado “maltrato negligente”, cuyo origen se encuentra en el desconocimiento absoluto de alguna de las necesidades esenciales de los animales que son adquiridos y quedan bajo la responsabilidad de las personas, dando lugar a situaciones que, normalmente, van unidas a aspectos de desinterés y desatención de la calidad de vida y el bienestar de los animales afectando consecutivamente y de forma grave a la salud de los animales afectados.
¿Por qué cuidamos las personas a los animales?
Podríamos responder a esta cuestión de forma muy breve, indicado que las personas que cuidamos a los animales lo hacemos en sintonía al cumplimiento de una tenencia responsable sobre ellos, que nos conduce a atenderlos cubriendo todas sus necesidades biológicas, tanto físicas como psicológicas, de forma fundamental. Los animales de compañía ocupan un lugar muy destacado en la sociedad actual. Es un hecho incuestionable que la tenencia de animales de compañía aporta grandes beneficios a las personas que los tienen, ya que además de proporcionar compañía, participan desarrollando el contacto social, fomentan la actividad física y ayudan a desarrollar numerosas capacidades como la responsabilidad. Esta responsabilidad lleva a los individuos a crear unas verdaderas relaciones o vínculos con los animales que pueden presentar una naturaleza distinta y diversa. En el ámbito particular de los animales de compañía son, probablemente, los vínculos de naturaleza emocional los más importantes y representativos. Los vínculos emocionales se desarrollan desde los primeros momentos del establecimiento de la relación y se caracterizan por su persistencia y fortalecimiento a lo largo del tiempo de convivencia entre las personas y sus animales. Sin embargo, a lo largo de su vida pueden aparecer situaciones nuevas, imprevistas, que pueden afectar a dicha relación, alterando nuestra relación con los animales.
Es muy importante trabajar en el entendimiento de la naturaleza y características de estos vínculos, puesto que el conocimiento de los mecanismos internos que intervienen en la consolidación de estas relaciones podrían ser de gran utilidad en su desarrollo y estímulo, lo que nos ayudaría a potenciarlas con el objetivo de establecer unas relaciones más eficaces, fructíferas y saludables para ambas partes, las personas y sus animales, a lo largo de sus vidas.
En este mismo sentido, el estudio de sus alteraciones también podría contribuir en el conocimiento de los posibles fallos que se pueden producir en este tipo de relaciones, pudiendo desembocar, en algunos casos, en situaciones que podrían comprometer el bienestar de los animales y, en los casos más graves, podrían dar lugar a los casos de maltrato animal. El conocimiento de los vínculos nos puede ayudar a potenciarlos y desarrollarlos, y, de la misma forma, la identificación de los elementos que los alteran y deterioran nos permitirá reforzarlos frente a ellos. Ambos elementos ayudarán a mejorar la relación con los animales.
Un importante número de investigadores ha estudiado científicamente estos vínculos que se establecen entre las personas y los animales. Bowlby fue uno de ellos, describiendo la naturaleza de los vínculos de carácter emocional que se crean en este tipo de relaciones (1969, 1973, 1980). Para ello, analizó las características y los fundamentos de los lazos afectivos que se establecen entre los animales y las personas. El investigador pudo observar en sus estudios que la relación entre las personas y los animales comenzaba con la génesis de un marco de mutua confianza. Este marco se consolidaba a partir de un contexto particular de comunicación que parecía desarrollarse a partir de aspectos de naturaleza afectiva. Sus estudios le llevaron a emitir la denominada Teoría del apego o del acoplamiento, donde explicaba la existencia de un mecanismo de relación entre estas especies distintas fundamentado en bases biológicas que, de una forma que se puede denominar como “automática o preprogramada”, desencadenaban la activación de una serie de comportamientos dirigidos a fortalecer el vínculo y a crear una especie de relación de dependencia entre ambos. Según el autor, estos sistemas biológicos parecían tener un objetivo básico que permitía justificar su desarrollo e intensidad: la obtención de un marco de protección y seguridad vital que les permitiese desarrollarse y evolucionar a lo largo de sus vidas. Es como si se estableciesen modelos de “simbiosis espontánea” donde ambas especies entendiesen el desarrollo de elementos de beneficio mutuo derivados de la relación. Se trataría de un comportamiento no aprendido, sino fruto de la selección natural adquirido a lo largo del tiempo o, dicho de otro modo, heredado. Los animales mostrarían un apego hacia las personas, superando las relaciones propias o naturales que se dan dentro de su propia especie animal, nacido de la necesidad de responder a sus condiciones de dependencia y que se establecía de forma natural. Estos vínculos parecían responder a aspectos relativos al comportamiento innato de los animales derivado de los miles de años de domesticación.
Los vínculos en las relaciones entre los animales y las personas tienen expresiones en ambas especies. Su desarrollo no se produce únicamente en el seno de los animales conduciéndoles a establecer una relación especial con sus cuidadores, sino que también tiene una expresión o manifestación en la especie humana. Las personas mostramos una especial predisposición natural al establecimiento de relaciones, lazos o conexiones de distintos tipos con otras especies animales, que también tienen un origen en nuestras bases genéticas, probablemente, adquiridas a lo largo de todo el proceso de la evolución humana. Estos comportamientos tienen una especial relevancia en el ámbito de los animales de compañía, donde las relaciones afectivas y emocionales adquieren manifestaciones propias, evidentes e intensas. Estudios recientes, realizados en España, en los que se estudiaban los vínculos que se establecía entre los animales y las personas[1], demostraban que casi el 75 % expresaban su gusto a convivir en su entorno habitual con una mascota, considerando que esta relación les haría más felices en las distintas facetas de su vida ordinaria. Estos mismos estudios aportan una serie de datos de gran interés relativos a la creación de vínculos interespecíficos que se establecen entre las personas y los animales de compañía, indicando que aquellos que tenían animales de compañía desarrollaban distintos tipos de vínculos, siendo, mayoritariamente, los de carácter emocional (75 %), frente a los que su relación está basada en elementos pragmáticos o de utilidad (25 %).
La expresión de los vínculos por parte de las personas con los animales puede mostrarse de diferentes formas, tanto verbales como no verbales. Dentro de los distintos tipos de relaciones o vínculos, algunos ejemplos que ilustran el desarrollo de estos lazos están representados por las siguientes situaciones:
• Búsqueda de compañía. Las personas son seres sociales que necesitan a otras personas u otros seres para compartir sus vivencias consiguiendo un desarrollo pleno de sus vidas. La búsqueda de compañía representa uno de los lazos que con mayor frecuencia explica el establecimiento de relaciones entre las personas y los animales. Las bases surgen de la búsqueda de la proximidad o contacto. Las personas encontramos en los animales estos vínculos de compañía de una manera muy fuerte, de tal forma que la tenencia de los animales nos permite sentirnos acompañados alejándonos de situaciones de soledad y aislamiento de una manera eficiente. Ello, por ejemplo, lo podemos comprobar en los comportamientos evidenciados entre los clientes de los veterinarios clínicos que acuden a sus consultas, los cuales muestran un importante apego hacia sus mascotas, mostrando su deseo de estar, literalmente, próximos a ellos en todas las fases de su atención (en su estancia en la sala de espera, en los procedimientos propios de la consulta y exploración e, incluso, en el desarrollo de diversas pruebas diagnósticas y atenciones terapéuticas) y, viceversa, los animales también manifiestan esta misma necesidad de establecer vínculos de relación directos, buscando la proximidad de sus propietarios, mostrando dicha necesidad al buscar afanosamente a su dueño, desarrollando comportamientos no verbales pero muy descriptivos, como cuando tratan de saltar a su regazo o, simplemente, permanecen cerca de ellos demandando la compañía y protección de su propietario en un ámbito incómodo para ellos. También en las complejas sociedades cada vez es más frecuente el problema de la soledad entre las personas, circunstancia que en numerosas ocasiones es, al menos, mitigada por la tenencia de un animal de compañía con el que se establecen lazos emocionales sólidos que llevan a compartir las experiencias personales con los animales, llegando a establecer verdaderas “conversaciones” donde se comparten los problemas cotidianos.
• Control del estrés personal. El estrés podría definirse de una manera sencilla como una condición caracterizada por el desarrollo de un estado mental definido por el nerviosismo e intranquilidad debido a factores externos. Estas alteraciones se evidencian cuando, por ejemplo, los propietarios que acuden a los centros veterinarios con sus animales para una revisión clínica y son separados con el objeto de realizarles las pruebas diagnósticas necesarias para alcanzar la etiología de sus dolencias como una situación que puede ilustrar esta problemática la encontramos a la hora de realizar algunos tipos de estudios analíticos como los radiológicos, ecográficos, escáneres o, entre otras pruebas, resonancias magnéticas. Los propietarios muestran niveles variables de intranquilidad e incomodidad ante dicha situación que, en algunos casos, son directamente manifestados por ellos destacando su deseo de estar con los animales durante la realización de la prueba o, incluso, cuestionando el interés de completar dicha prueba diagnóstica. También se observa esta reacción de intranquilidad en los propietarios cuando es necesario separarlos de sus mascotas en situaciones clínicas, como la necesidad de recibir atenciones veterinarias específicas como tratamientos quirúrgicos, otras pruebas diagnósticas especiales, ingresos hospitalarios, etc. Incluso, existen algunas experiencias muy especiales en las que podemos comprobar la génesis de un nivel de estrés más intenso, como el que se desencadena en escenarios más complejos y emotivos, como en la realización de eutanasias motivadas por la existencia de patologías incurables que están causando un sufrimiento inaceptable, donde la separación del propietario y su mascota adquiere un carácter definitivo. Por tanto, la separación de las personas y sus animales de compañía se traduce en un estado de intranquilidad e incomodidad que afecta a las personas de forma evidente, generando un determinado nivel de estrés. Por ello, podemos afirmar que la tenencia de animales de compañía contribuye eficazmente a controlar situaciones de estrés en las personas que disfrutan de su compañía a través del establecimiento de lazos de relación profundos entre ambos.
• La búsqueda de seguridad personal. Uno de los motivos por los que las mascotas son tan deseadas está representado porque nos proveen de un apoyo emocional constante e incondicional, dándonos o trasladándonos una sensación de seguridad personal en la base de la relación que establecemos con ellos, en la que no demandan ningún tipo de contrapartida para mantenerla por nuestra parte. Se podría decir que los animales nos aceptan tal y como somos, con nuestras virtudes y con nuestros defectos, estableciendo desde los primeros momentos, y a lo largo de toda su vida, una relación de confianza y de aceptación mutua. Esto ayuda a las personas a expresarse y mostrarse junto con sus animales de una forma espontánea, más segura y confiada, revelando la realidad de su personalidad. Esta es una de las razones que explica el porqué muchos terapeutas, como médicos, psicólogos o, entre otros, psiquiatras, en ocasiones, recomiendan la tenencia de animales de compañía con el objeto de fomentar la seguridad individual de las personas.
• Búsqueda de apoyo moral. Consideramos este término desde el punto de vista afectivo. Las mascotas son una fuente efectiva de apoyo y soporte emocional para sus dueños, particularmente cuando estos son objeto de experiencias personales desagradables, como la muerte de un familiar, un divorcio o, en definitiva, cualquier tipo de problema que afecta a su vida cotidiana. Los animales aportan compañía, seguridad, reducen los niveles de estrés y confieren cierto nivel de serenidad, que es percibido por sus propietarios ayudándoles a superar situaciones emocionales complejas. Es una realidad cómo muchos propietarios de animales de compañía refieren que un paseo con sus animales les ayuda a pensar y les devuelve la confianza que demandaban para afrontar ciertas situaciones personales.
• Desarrollo de actividades lúdicas o deportivas. Cada día, el ocio y el deporte adquieren mayor importancia en la vida de las personas. Es en estas áreas en las que los animales también contribuyen a establecer relaciones sólidas que permiten fomentar estas actividades en las personas. La tenencia de un perro estimula la actividad física, regular y cotidiana de sus propietarios, pero cada día son más los animales que participan y comparten actividades más exigentes con sus propietarios. Los perros que hacen running con sus propietarios, los que salen a disfrutar de paseos en bicicleta o los que son parte de actividades más complejas como el mushing, tanto en nieve como en otros terrenos, son algunos ejemplos de estas situaciones. Igualmente, los animales de compañía participan en actividades lúdicas junto a las personas desarrollando lazos intensos motivados por estas acciones.
Debemos considerar, por tanto, que los lazos que se establecen entre las personas y los animales se presentan en forma de sólidos vínculos, conexiones potentes, fundamentalmente de carácter emocional, que suponen beneficios para ambas partes. En el caso de las personas, acabamos de referirnos a algunos aspectos de gran importancia en nuestra sociedad donde los animales actúan como seres que aportan a las personas afecto, apoyo, seguridad, actividad física, compañía o, entre otros aspectos, tranquilidad. En el caso de los animales, los beneficios que deberían recibir por parte de las personas tendrían que estar relacionados con el mantenimiento y el fomento de las condiciones de bienestar en el sentido más amplio del término: básicamente, las personas deberíamos proveerles de alimentos adecuados, atender correctamente sus necesidades sanitarias, ofreciéndoles el cobijo y la protección necesaria a lo largo de su vida de las condiciones ambientales, evitando las distintas formas de sufrimiento innecesario, tanto a nivel físico como psicológico y, en el sentido más concreto del término, permitiendo que puedan expresar libremente todas sus condiciones biológicas.
Sin embargo, en las situaciones que hemos denominado vínculos o lazos en general, pueden sufrir alteraciones a lo largo del tiempo, pudiendo desembocar en circunstancias que pueden dar lugar a distintos niveles de distorsión que pueden concluir en diferentes tipos de maltrato animal. Las personas, fundamentando la posesión de los animales en criterios de tenencia responsable, tienen la obligación de mantener un compromiso en todas las demandas básicas del animal, dando una respuesta eficaz a todas las áreas relacionadas con su bienestar (alimentación, sanidad, comportamientos, psicología, medioambiente, etc.), lo que implica un conocimiento de las necesidades particulares de cada especie animal, con el objeto de fomentar la prevención y atención de posibles alteraciones a distintos niveles, como todo lo relacionado a problemas y trastornos de la salud. Por ejemplo, los propietarios tienen la responsabilidad de mantener la salud de los animales mediante una dieta completa y equilibrada, adaptada a su fase de desarrollo y actividad, evitando situaciones que pueden generar condiciones patológicas para el animal como la obesidad o sedentarismo. Las necesidades de los animales constituyen un proceso dinámico que puede experimentar cambios a lo largo de su vida. Otro ejemplo relativo a la responsabilidad de la tenencia de animales lo encontramos en la obligación de cubrir sus necesidades en periodos especiales de su vida como durante su envejecimiento, momento en el que los animales necesitan atenciones sanitarias y de manejo especiales con el objetivo de mantener sus condiciones de bienestar y salud. También se podría incluir en este apartado la responsabilidad de decidir la aplicación de una eutanasia en aquellas circunstancias en la que los animales pueden estar padeciendo enfermedades incurables y en las que se hayan agotado todas las acciones posibles de carácter terapéutico, desembocando en unas condiciones irreversibles que le conduzcan a un sufrimiento inaceptable y, por tanto, sin posibilidades de resolución.
Los beneficios que nos aportan los animales son múltiples. La salud es otra de las áreas en la que los animales aportan provecho para sus propietarios. En la actualidad, conocemos distintas aplicaciones a estos niveles en las que los animales juegan un papel fundamental. Por ejemplo, está comprobado que las visitas con mascotas a los centros hospitalarios ayudan a los enfermos que permanecen largos periodos de convalecencia, contribuyendo activamente a la recuperación de sus dolencias. Dentro estos escenarios destacan las experiencias realizadas en unidades médicas pediátricas, departamentos de oncología, servicios de geriatría o, entre otros, los resultados obtenidos en hospitales psiquiátricos. Los beneficios de los animales también se han comprobado en la resolución de problemas de carácter sociosanitario, por ejemplo, las ventajas que ofrecían a personas pertenecientes a grupos sociales con riesgos de exclusión como los presidiarios. Por ejemplo, la integración de animales de compañía en el trabajo cotidiano de los reclusos durante el cumplimiento de sus penas, especialmente entre los más jóvenes, promovió una mejora sustancial de la apreciación de las condiciones de los reclusos durante su estancia en la cárcel, comprobando que dentro de estos grupos se observaba una mejor integración social, caracterizada por el descenso estadístico en la reincidencia de nuevos delitos. Parece ser que es debido a distintos factores que aportan los animales a los reclusos, entre ellos, la mejora de su autoestima personal y la seguridad, contribuyendo activamente en potenciar su reinserción social (Jacobs, 2011). El desarrollo de estos beneficios es de tal magnitud que en la actualidad existen estudios científicos donde los animales pueden ayudar a los médicos en el diagnóstico de graves enfermedades en las personas. En relación a ello existen trabajos en la detección precoz de patologías humanas a través del olfato de los perros, por ejemplo, en el diagnóstico de la diabetes mellitus, en los cánceres de próstata o, también, en los tumores mamarios.
La compasión y la empatía son otros elementos que influyen en la creación de vínculos estables entre las personas y los animales. La compasión se puede definir como un sentimiento de sufrimiento que se acompaña de una sensación de tristeza que se produce el ver padecer a otros seres, en este caso a los animales, y que impulsa a las personas a tratar de aliviar su dolor o sufrimiento, a remediarlo o evitarlo de una forma activa. Este sentimiento se puede comprobar frecuentemente en los centros veterinarios, donde un importante número de personas encuentra en la compasión una motivación determinante para hacerse cargo de un animal, al sentir que el animal es un ser desvalido que demanda atención y cuidados, especialmente aquellos en que han estado implicados en situaciones de maltrato, presentan una enfermedad más o menos compleja o refieren cualquier otro tipo de problemática. Estos ejemplos ilustran cómo se crean vínculos, incluso en las fases iniciales, a partir de dichas sensaciones.
La empatía es un término que permite definir la capacidad del individuo para integrarse activamente en una realidad inicialmente ajena a él, generalmente proyectada en los sentimientos hacia otro ser que, en este caso, está representado por un animal. En la relación entre las personas con sus animales se crea una proyección desde las personas hacia las situaciones que están padeciendo los animales. Las personas estamos preparadas biológicamente, como especie social que somos, para identificar y atender las necesidades emocionales de otros humanos (Hoffman, 1975). Estos sentimientos parecen tener un paralelismo en el caso de los animales, donde también se pueden crear vínculos en los que se asuman necesidades que pueden demandar los animales, al reconocer en ellos comportamientos y sensaciones similares a los de nuestra especie. Por ejemplo, las personas pueden crear vínculos sólidos con determinados animales al identificar o reconocer en ellos algún tipo de característica personal como la actividad, simpatía, docilidad, temperamento, carácter, etc.
