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Lleva cinco décadas en lo más alto de la historia de la música, ha vendido más de 300 millones de discos, ganado seis Grammys y un Óscar, ha aupado siete de sus 30 álbumes al número uno y ha dejado canciones memorables para el recuerdo. Elton John, compositor, cantante y pianista británico, es sin duda una leyenda viva del pop que está más vigente que nunca, por la gira de despedida de los escenarios que ha emprendido por todo el mundo y por la película que relata una vida de éxitos pero también de fracasos. Este libro narra la historia de uno de los músicos más influyentes de los últimos años, desde sus devaneos con las drogas y el alcohol hasta sus amistades más influyentes, desde sus primeros acordes hasta sus más sonados éxitos. •Bluesology, la primera banda de Elton John. • Sus primeros discos y su aparición en Top Of The Pops como pianista. • Su amistad con la princesa Diana de Gales. • Su faceta como compositor y productor de musicales: de El rey Leóna Billy Elliot. • El hombre de los mil disfraces.
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Veröffentlichungsjahr: 2019
© 2019, José Luis Martín Caperote
© 2019, Redbook Ediciones, s. l., Barcelona
Diseño de cubierta: Regina Richling
Diseño de interior: David Saavedra
Fotografías interiores: APG imágenes
Fotografía de cubierta: Pablo Porciuncula/AFP/Getty Images
ISBN: 978-84-9917-564-5
Depósito legal: B-12.250-2019
Producción del ebook: booqlab.com
Todas las imágenes son © de sus respectivos propietarios y se han incluido a modo de complemento para ilustrar el contenido del texto y/o situarlo en su contexto histórico o artístico. Aunque se ha realizado un trabajo exhaustivo para obtener el permiso de cada autor antes de su publicación, el editor quiere pedir disculpas en el caso de que no se hubiera obtenido alguna fuente y se compromete a corregir cualquier omisión en futuras ediciones.
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La familia y los amigos, tienen el poder curativode eliminar la toxicidad que llevamos dentro,a ellos está dedicado este libro. Somos pocos, perojuntos nos sentimos invencibles.
José Luis Martín
PRÓLOGO
50 AÑOS DE ROCKET MAN
PRIMERA PARTE: NACIDO PARA SER UNA ESTRELLA
MOLDEANDO AL PEQUEÑO REG
LA MÚSICA COMO OBJETIVO
EL VIAJE DE TIN PAN ALLEY A LOS EE.UU.
El NACIMIENTO DE ELTON JOHN
ELTON JOHN HA LLEGADO A EE.UU.
FORZANDO LA MÁQUINA AL LÍMITE
ÉXITO, LOCURA, FAMA, FINAL DE UNA ETAPA
SEGUNDA PARTE: VOLANDO EN CAÍDA LIBRE
DISCOS, GIRAS Y COCAÍNA
CAMINO DEL INFIERNO
LA SOLEDAD DEL MÚSICO
BACK IN THE URSS
ENTRANDO EN LOS OCHENTA CON MAL PIE
DE SUDÁFRICA AL LIVE AID
BAILANDO EN LA CUERDA FLOJA
CON LOS OJOS DE UN CADÁVER
RYAN WHITE O EL EJEMPLO A SEGUIR
TERCERA PARTE: El VUELO DEL AVE FÉNIX
LOS RESTOS DEL NAUFRAGIO
UN FINAL DE DÉCADA INFELIZ
LA DÉCADA DEL FAST & FURIOUS
50 AÑOS DE CARRERA MUSICAL
DISCOGRAFÍA
DISCOGRAFÍA OFICIAL
DISCOS OFICIALES EN DIRECTO
GRABACIONES RECOMENDADAS
ANEXOS
FILMOGRAFÍA
LOS MUSICALES
ELTON JOHN AIDS FUNDATION
EL HOMBRE DE LOS MIL DISFRACES
CONCIERTOS MEMORABLES
ROCKETMAN, LA PELÍCULA
BIBLIOGRAFÍA
Todos tenemos un dibujo predeterminado de Elton John, independientemente de que seamos o no fans del artista. Hay quien aprecia al pianista que puso la banda sonora de parte de su historia en la década de los setenta, con canciones cargadas de sensibilidad y melodías que jugaban con la música americana. Otros se decantan más por sir Elton, su glamour y coqueteo con la aristocracia británica, ese personaje filántropo que batalló en mil conflictos complicados, libertad sexual, lucha contra el sida, amigo de sus amigos, siempre dispuesto a rendir homenaje y tributo a quien lo mereciera. Por el camino encontramos los que sin decantarse por ninguna de las dos personalidades, si es que puede existir tal dualidad en Elton John, quedaron prendados de los encantos de The Lion King, y de los temas que les hicieron volar entre las aventuras de Mufasa y Simba, o la danza subversiva del jovencito Billy Elliot, obra musical con más mensaje social del que muchos podrían imaginar. No descartemos los seguidores de la prensa rosa, protagonista de todos los tabloides edulcorados de laca barata, fue el amigo de la princesa infeliz, que marcó el monopolio informativo en peluquerías y salones de té. En un solo Elton John hay personajes para que la gran mayoría del público se sienta identificado.
No obstante, como personaje controvertido que ha sido durante toda su carrera, también se encuentran a miles sus detractores, como batallones de orcos en busca del hobbit. Aquellos que en lugar de sensibilidad vieron ñoñería pop, que en lugar de una idea de espectáculo total, descubrieron travestismo chabacano y pasado de vueltas. Los mismos que, tras el hundimiento personal, aplaudieron por una rápida desaparición de su carrera musical y el consiguiente olvido, pero que ganaron argumentos para acusarle de traidor a no sé qué causa rockera con su resurgimiento. Vilipendiado como mero esquirol de la industria en busca del éxito fácil y de los royalties calentitos, a costa de la calidad y la música.
Aquellos que no soportaron que sus devaneos con la sangre azul le hicieran popular como bufón de la realeza económica. Los mismos que sufren de sarpullidos de alergia al saber que es uno de los músicos británicos que más discos ha vendido, un ricachón de m… Y no hablemos de su faceta cinematográfica, que lo convierte en un Phil Collins de tres al cuarto, que cuando encuentra un filón lo explota con obras de teatro, franquicias que duran años y recorren el planeta, otro manipulador de ideas como Queen, ni más ni menos.
Y posiblemente todos ellos tengan razón y Elton John puede ser un compendio de todas esas sensaciones contrapuestas, un personaje ficticio (su verdadero nombre es Reginald Kenneth Dwight) creado para poder derrotar a todos sus fantasmas, romper todas las barreras que, impuestas o imaginadas, no le dejaban volar, crecer, expandirse, que en diferentes momentos de su vida se convirtió en el monstruo dentro del armario, el enemigo. Tal y como ocurre con muchos músicos de su generación, la escapada hacia delante en busca de un horizonte que se disfrazó de éxito y complacencia, se convirtió en un tobogán a los infiernos. No hay peor enemigo que uno mismo, complicado de combatirle en su propio terreno, maestro en mostrar las debilidades más interiorizadas y cruel verdugo que tortura con aquello que más dolor ocasiona, erosiona y destruye.
Elton John se deslizó por la nebulosa adulación del rock’n’roll, en una época en la que su genio y creatividad le había ayudado a escalar a lo más alto del limbo de la industria, por lo que el descenso se convirtió en una caída libre y desastrosa que le obligó a tocar fondo.
Lejos de quedarse enganchado en el barrizal y mientras otros compañeros de generación se hundían con los pies en cemento armado, Elton John consiguió apoyarse en la podredumbre para coger impulso y subir a flote. El fango había esquilmado a muchos de los protagonistas de una década brillante y aquellos que resurgieron habían perdido chispa en el naufragio. Elton John no fue distinto y el nuevo personaje deambuló perdido en muchas ocasiones, sin poder enderezar su carrera, pero poco a poco se amoldó a ciertas cuotas de calidad que lo han mantenido vivo hasta el día de hoy. Dejando de lado la genialidad de antaño, que en ocasiones llega acompañada de su amiga locura, desenfreno y destrucción. Elton John cimentó una segunda parte de su historia, aquella que muchos denominan «La Bola Extra», con sabiduría, tranquilidad y priorizando aspectos personales a los profesionales.
«Todos somos monstruos alguna vez. He cambiado mucho, he trabajado mucho en mi personalidad», declaraba en 2013. «Me arrepiento de mi consumo de drogas. Pero tuve que pasar por todo eso para convertirme en la persona que soy ahora. Tuve que aprender a ser un ser humano otra vez. Fui un monstruo, ahora soy mejor persona.» Es evidente que uno termina siendo el resultado de todas y cada una de sus vivencias, que pueden transformarlo a su antojo y quedar marcado para siempre. Elton John, o mejor dicho, Reginald Kenneth Dwight, fue marcado en su infancia, y mucho de lo que fue más tarde está cincelado por el carácter y comportamiento de sus padres.
Nos puede parecer a simple vista que uno de los artistas más adinerados del planeta –se calcula que su fortuna supera de largo los 200 millones de libras–, tuvo que disfrutar de una vida placentera, pero no es así, y parte de su historia está repleta de nubarrones. Borrascas que le llevaron en dos ocasiones a pedir ayuda desesperadamente en sendos intentos de suicidio; en 1967 cuando Bernie Taupin lo encontró con la cabeza dentro del horno y el gas abierto, y en 1975, tras invitar a su madre y a su abuela a su mansión de Los Ángeles para pasar unos días, se tomó 60 pastillas de Valium y saltó a la piscina llorando y pidiendo ayuda.
Elton John es en definitiva uno de los músicos más exitosos del Reino Unido, un gran compositor y un personaje contradictorio y muy interesante, que intentaremos descubrir desde estas páginas. Como lector, eres libre de identificarte con alguna de sus facetas o con la totalidad del envoltorio, con la misma libertad de seguir odiando en lo que se ha convertido, o en todo lo que representa. Ante eso no podemos, ni pretendemos hacer nada, eso sí, te enfrentas a una historia fascinante… quedas advertido.
Lo más grande del rock and roll es que alguien como yo pueda ser una estrella.
Elton John
Reginald Kenneth Dwight, verdadero nombre de Elton John, nació el 25 de marzo de 1947, en Pinner, Middlesex, un antiguo condado del suroeste de Inglaterra, ubicado dentro del segundo anillo urbanizado de Londres, conocido como Greater London.
Único hijo del matrimonio formado por Stanley Dwight y Sheila Eileen, quienes se habían casado en 1945, una vez que finalizó la Segunda Guerra Mundial. Su padre era un reputado piloto de la RAF (Fuerza Aérea Real) y había conocido a Sheila con tan solo 16 años, cuando trabajaba repartiendo botellas de leche entre la población con United Dairies. Aunque algunas biografías indican que su familia pertenecía a la clase media británica, lo cierto es que su enclave era la clase trabajadora, y prueba de ello fue la necesidad, como recién casados, de instalarse en casa de los padres de Sheila, Fred e Ivy Harris, algo muy habitual en el Reino Unido en los años de postguerra. Se trataba de una Council House (Casa del Consejo), un tipo de construcción generada tras la Primera Guerra Mundial, que intentaba aglutinar bajo el sobrenombre de Working Class House todo lo necesario para la convivencia de los trabajadores, alojamientos, comercios, escuelas, etc… casas de construcción y mantenimiento administrativo, similar a los pisos de protección oficial desarrollados en el resto de Europa.
Reginald Kenneth Dwight
El hecho de que los padres del futuro Reginald no pudieran costearse una vivienda propia e independizarse, sería un aspecto muy importante en la infancia de nuestro protagonista y marcó definitivamente su futuro.
Stanley Dwight
Stanley Dwight pasaba grandes temporadas fuera de casa por su trabajo en la RAF, y su carrera militar estaba fraguando un nuevo cambio. Meses antes del nacimiento de Reg, le ascendieron a teniente de escuadrón, con todo lo que eso implicaba: más vuelos, más trabajo, más ausencias y menos familia. Pasaron dos años desde que nació Reginald hasta que su padre regresó para conocerle, o eso afirmó el mismo cuando declaró: «Yo tenía dos años cuando mi padre llegó a casa desde la Fuerza Aérea. Nunca me había visto y se comportó mal, porque mi madre le invitó a que subiera arriba a verme, pero él le contestó: “No, esperaré hasta la mañana”». De ser cierto, resultó el penoso comienzo de una relación que se iría deteriorando con el paso del tiempo y ayudando a cimentar un conflicto de identidad que invadiría al pequeño Reg de por vida.
Las prolongadas ausencias del padre, que dejó en manos de Sheila y la abuela Ivy la educación de Reginald, marcaron dos aspectos fundamentales en la construcción de su futura personalidad. Primero la ausencia de la figura paterna, suplantada por una férrea disciplina, casi militar y una gran cantidad de intolerancia afectiva y de comportamiento. Segundo, la condición de hijo único y solitario, criado por mujeres que lo protegieron en demasía para compensar de alguna manera la ausencia del patriarca.
Eso sí, la música siempre estuvo presente en casa. Su abuelo paterno había tocado en la banda de música de la empresa Callander, una compañía muy importante de fabricación de cable, que promovía actividades culturales para sus empleados entre las que destacaba la organización de una banda de música. El padre de Reg tocaba la trompeta y llegó a ser semiprofesional con el grupo Bob Miller & The Millermen. Su abuela tocaba el piano de forma autodidacta, y aunque nunca llegó a plantearse la música como una salida profesional, era parte de su esencia como persona. Su madre era una gran compradora de vinilos, que desgastaba de forma compulsiva en el tocadiscos a velocidades de 45 o 78 revoluciones por minuto. Ambas, propiciaron un ambiente musical muy marcado en la casa, donde la radio era el vehículo que aportaba la mágica sensación de expandirse lejos de los ladrillos, de evaporarse y volar con sonidos musicales de Nat King Cole, Frank Sinatra, Bing Crosby y otros crooners de la época. Fue precisamente la abuela Ivy quien sentó por primera vez al piano al curioso Reg Dwight, que rápidamente demostró tener un don innato para la música, aprendiendo a tocar con tan solo tres años «The Skater’s Waltz», pieza del compositor francés Émile Waldteufel de finales del siglo XIX. Reg desarrolló la capacidad de retener en la memoria las melodías y poder reproducirlas de inmediato, sin apenas errar en una sola nota, una memoria fotográfica que desató el entusiasmo de su madre y abuela, que se volcaron en la educación musical del infante.
El pequeño Reg y su piano
Otro de los talentos que demostró poseer a temprana edad fue su capacidad para no revelar nerviosismo o miedo escénico. Estaba dotado de un arrojo y desparpajo naturales para tocar con público, bien fuera para sus dos interesadas maestras o para familiares y amigos, convirtiéndose rápidamente en el alma de las fiestas y reuniones familiares. A los cinco años comenzó a recibir clases de Mrs. Jones, una profesora local que superaba con creces los conocimientos musicales de Ivy. A los seis años declaraba, insolente, que de mayor quería ser concertista de piano.
Su padre intentó ejercer un dominio musical sobre el muchacho, introduciendo en su cabeza un repertorio de jazz que no le atraía lo más mínimo. Por obligación se tuvo que aprender temas de George Shearing, en especial el álbum llamado Great Britain’s, junto a la también pianista Marian McPartland, algo que no le estimulaba demasiado y por el contrario le generaba una inquietud sobrecogedora por no defraudar a su padre. En su séptimo cumpleaños, Stanley le regaló el nuevo disco de Frank Sinatra, Songs For Swingin’ Lovers, donde se encontraban temas tan imprescindibles como «You Make Me Feel So Young», «Pennies From Heaven» y «I’ve Got You Under My Skin», que rápidamente tocaba y cantaba para goce de su progenitor, que tenía tiempo de refunfuñar porque no hacía lo mismo con sus discos de jazz favoritos.
Por el contrario, su madre le daba permiso para toquetear sus discos y pincharlos a su antojo, con lo que Reg se iniciaba con sus propias sesiones entre las que se encontraba el swing y el primer rock’n’roll: «Swamp Fire» de Kay Starr y el jazz bailable de «Rose Marie» de Billy May. Pero entre las joyas que acumulaba su madre se escondían algunas piezas que removieron los cimientos del incipiente melómano, discos como el This Lusty Land del presentador de televisión americana y cantante de country Tennessee Ernie Ford, donde escuchaba por primera vez el clásico «John Henry», o el dúo formado por Les Paul y su esposa Mary Ford y su EP Vaya con Dios. El primer flechazo incontrolado de Reginald fue descubrir el álbum Showcase, del escocés Lonnie Donegan, más conocido como The King Of Skiffle, el músico británico más exitoso y que más discos vendía antes de la aparición de The Beatles. El muchacho se sumergió en la música skiffle de forma impetuosa, descubriendo unos sonidos muy populares en el Reino Unido pero que cada día le anclaban más en la música americana.
El skiffle es un término acuñado en Estados Unidos a principios del siglo XX para describir la música realizada, generalmente por afroamericanos, con instrumentos rudimentarios como jarrones de bebida, peines, sierras, tablas de lavar o washboard y otros más elaborados, pero caseros al fin y al cabo como eran el gut bucket, un tipo de bajo creado con un palo de escoba y un barreño de metal, o los primeros cigar box, guitarras construidas sobre una caja de tabaco. La música que hacían esas bandas de skiffle, también conocidas como junk bands, era una mezcla de jazz, blues y folk norteamericano. Esta música tuvo un gran éxito popular en el Reino Unido en la década de los cincuenta e influyó mucho en las nuevas generaciones de músicos, marcando líneas de revitalización que resurgieron con el boom del british folk y sobre todo con la explosión del British Blues y la posterior invasión americana.
Con su madre Sheila Eileen
El segundo shock de un Reg, que apenas había pasado los diez años, fue descubrir entre las pertenencias de su madre un ejemplar de la revista Life que incluía una foto de Elvis Presley, «Nunca había visto nada igual», declararía en el 2002 en un programa de la BBC: «Su presencia, postura, compromiso, era increíble, aquella foto exhalaba rock’n’roll». Su madre vio tan impresionado a su hijo, que se presentó en casa con dos singles para el asombrado Reg, uno de Bill Haley & His Comets con los temas «Shake, Rattle And Roll» y «ABC Boogie» y otro de Elvis Presley con «Heartbreak Hotel» y «I Was The One».
La tercera explosión cerebral que sufrió, se produjo la primera vez que escuchó a Little Richard y su single «Tutti Frutti» y el grito de guerra «A-wop-bom-a-loo-mop-a-lomp-bom-bom!», una maravillosa descarga de energía que no podía comprender, con un piano que no era tan rápido como el de Jerry Lee Lewis, pero muy superior a Danny & The Juniors, banda de doo-wop que le encantaba a Sheila, su madre. Años más tarde confesaría que lo que más le atrajo de Little Richard fue su postura en el espectáculo, además de poseer una fabulosa voz, que posiblemente se aprecie más en su época góspel. Richard era un extraordinario pianista, que no virtuoso, pero mientras que los demás héroes del rock’n’roll se empeñaban en ser buenos chicos, simpáticos y guapísimos -los novios que cualquier madre quería para sus hijas-, o por el contrario adquirían el rol de chico malo, pseudodelincuente, con la testosterona a punto de inundar a la audiencia femenina al mínimo descuido, Richard rompía todos los estereotipos y se burlaba abiertamente de sí mismo, de ser bajo, rechoncho, algo feo, creando un personaje esperpéntico que destrozaba los esquemas básicos de la masculinidad. Años más tarde del descubrimiento de Little Richard, el americano realizó su primera gira por el Reino Unido en octubre de1962, y Reg con 15 años, asistió a los dos conciertos que ofreció en el Granada Theater de Harrow. Los dos shows fueron el 25 de octubre, y el ya adolescente Reg se maravilló de las peripecias que hacía Richard alrededor del piano, saltando, subiéndose en el instrumento, pateándolo... recursos que rescataría años más tarde, ya como Elton John para sus conciertos.
Una de sus influencias más importantes a la hora de tocar el piano sería la pianista de boogie woogie de Trinidad Tobago Winifred Atwell. Una poderosa instrumentista que marcó a Reg con tan solo nueve años de edad, sobre todo por la forma de percutir las teclas, casi aporreándolas, lo que dotaba a su música de una fuerza especial. Atwell fue primer #1 en el Reino Unido de una persona de color y actualmente sigue siendo la única mujer instrumentista que lo ha conseguido. Vendió más de 20 millones de discos en la década de los cincuenta y tenía aseguradas sus manos por un valor de 40.000 libras, con un contrato que le prohibía expresamente fregar los platos para no dañárselas, algo que maravilló al jovencito Reg.
El futuro Elton John se convirtió en un coleccionista de música, devoraba todo lo que caía en sus manos y que tenía relación con ella, revistas, periódicos, carteles, singles, álbumes. Se convirtió, en cuestión de años, los de la preadolescencia, en un consumado conocedor de la actualidad musical, vocación alimentada por su madre que veía que el joven Reg heredaba su afición melómana.
Su padre, en los cada vez más alejados retornos al seno familiar, ejercía una presión insostenible sobre el niño, intentando contrarrestar la educación tan femenina que le proporcionaba el tándem madre-abuela. No le permitía escuchar la música de su madre y mucho menos tocarla, obligándole a machacar el piano con jazz que cada día le resultaba más aburrido e insoportable. Los cortos periodos caseros de Stanley se volvieron eternos para el solitario Reg, que sin saberlo se iba convirtiendo en un ser humano acomplejado que no hacía nada nunca a gusto de su padre, y tampoco conseguía establecer lazos afectivos con los chicos de su edad. Las restricciones marcadas por el padre y la dureza de sus reglas consiguieron un efecto contrario al deseado y a Reg, lejos de respetarle como figura paterna, le provocó rechazo y así se aisló, creando un mundo particular alrededor de la música.
La carrera militar del padre iba mejorando y fue ascendido a líder de escuadrón, con lo que los ingresos ayudaron a que tomara la decisión de mudarse a Potter Street en Northwood, a dos millas de la casa de sus abuelos. De esta forma Stanley podría moldear más la personalidad del pequeño e intentar enderezar lo que una educación matriarcal había torcido. Poco a poco la relación de sus padres fue deteriorándose y las peleas y discusiones eran algo cotidiano. Desde un principio Reg adoptó la postura de culpar al padre de todos los males y decantarse por el lado materno, algo que lo volvió más retraído y aislado. Posiblemente, de forma inconsciente volcó el rencor que sentía hacia su padre sobre todo lo masculino, relacionándose solo con el sexo opuesto. Años más tarde Elton John declararía en referencia a su infancia: «Mi padre fue un estúpido conmigo. No podía comer apio porque hacía ruido ni jugar en el jardín para no destrozar las rosas. Tenía un complejo de inferioridad horrible y lo odiaba. Le tenía un miedo horroroso, me quedaba petrificado cuando regresaba a casa».
Las ausencias de su padre se transformaban en periodos de tranquila felicidad, interrumpidos por los retornos, que devolvían las discusiones y peleas, hasta que en 1962 Stanley y Sheila se divorciaron de forma traumática para Reginald. Sheila tuvo que reconocer una infidelidad cometida con Fred Farebrother, un decorador de interiores que la trataba como su padre nunca lo hizo, pero desde el punto de vista de Reg, no fue un divorcio justo. «Al divorciarse ella tuvo que asumir todos los costes; renunció a todo al admitir el adulterio. Pero mi padre hacía lo mismo a sus espaldas y encima la hacía pasar por culpable. En cinco meses ya tenía una mujer nueva con la que luego tendría cuatro hijos. Eso me destrozó, porque creía que no le gustaban los hijos. Me hizo ver que yo había sido un error». Stanley Dwight abandonó su carrera en la RAF y se casó con una técnica de laboratorio llamada Edna, a la que había conocido años atrás en Harrogate, donde estaba destinado. Se instalaron en Chadwell Heath, Essex, y abrieron una papelería. En los siguientes cuatro años tuvieron cuatro hijos. Elton John no asistió al funeral de su padre cuando falleció en 1992.
En otoño de 1958 Reg, que contaba 11 años, ganó una beca musical para comenzar a estudiar en la Royal Academy Of Music, el conservatorio musical más antiguo de Inglaterra y uno de los más prestigiosos del mundo, situado en Marylebone Road, en el centro de Londres, frente a Regent’s Park. De esta institución han salido personajes como los compositores de clásica y cine Harrison Birtwistle y Michael Nyman, el compositor de jazz John Dankworth o el prestigioso director de orquesta Simon Rattle, así como figuras del mundo del pop como Annie Lennox y Joe Jackson. Reg Dwight estuvo estudiando todos los sábados por la mañana entre los 11 y los 16 años, dentro de un programa concebido para jóvenes talentos de colegios estatales sin poder adquisitivo para cursar estudios reglados convencionales. Se les enseñaba el lenguaje musical y el uso de un instrumento, y debían entrar obligatoriamente en el coro como compensación, siendo bastante más complicado hacerlo en la orquesta de la academia. Su profesora de piano, Helen Piena, se sorprendió de la memoria que poseía el joven alumno, capaz de reproducir tras una sola escucha, piezas del compositor barroco alemán Friedrich Händel, de extrema dificultad. Sin embargo Reg lo hacía de memoria, sin leer la partitura, un hándicap que tuvieron que pulir con urgencia. Otro de los problemas que encontró en su nuevo alumno era su indisciplina y la imposibilidad de sobrellevar la británica presión que la academia ejercía sobre el alumnado, agudizando sus problemas de inseguridad y su poca sociabilidad. La disciplina impuesta, la separación de clases sociales entre la plantilla estudiantil, la monotonía de la enseñanza y un acelerado desinterés por la música culta provocaron que Reg hiciera novillos en numerosas ocasiones, ganando un tiempo libre que utilizaba para viajar en metro y recorrer tiendas de discos del centro de Londres. Entre semana compatibilizaba sus estudios musicales en la academia con la educación obligatoria en Pinner County Grammar School. Sin ser un gran estudiante salvaba los cursos por la ley del mínimo esfuerzo, en realidad lo único que le interesaba era tocar el piano y encerrarse en su cuarto a escuchar música.
Con apenas 15 años y gracias a su madre y a su padrastro, consiguió tocar el piano en el pub del Northwood Hills Hotel de Pinner, interpretando canciones de Cliff Richard y Jim Reeves intercaladas con iconos del folclore británico como «When Irish Eyes Are Smiling», «Roll Out The Barrel» o «Whiskey In The Jar», cantadas con un impuesto acento cockney, un dialecto del inglés que se habla en el este de la ciudad de Londres por un determinado sector de la clase trabajadora. Se dice que se habla cockney en lugares desde donde se pueden escuchar las campanas de la iglesia de St. Mary-Le-Bow. Un niñato que ya comenzaba a presentar signos claros de que perdería el poco pelo que tenía por culpa de una alopecia galopante, y que en ocasiones se veía rodeado por adultos embriagados que le bañaban en cerveza porque les había llegado al corazón o simplemente porque no había utilizado la jerga adecuada al interpretar algún tema. Reg colocaba una caja de tabaco abierta encima del piano y el respetable iba soltando la calderilla a medida que el muchacho animaba su ingesta etílica. Tampoco es que lo hiciera por una compensación económica, más bien era para sentirse vivo. Sin amigos, con una agenda realmente apretada de clases, sentarse en el piano de jueves a domingo y hacer bailar, reír o llorar a unos desconocidos, le reconfortaba y era su mejor forma de sociabilizar. Al poco de estar como pianista residente en el Northwood Hills, la caja le suponía una cuenta de entre 25 y 30 libras en cada actuación, dinero que comenzó a invertir en la adquisición de todo aquello que estuviera relacionado con la música, convirtiéndose en un verdadero coleccionista. Se pasaba horas encerrado en su cuarto distribuyendo los discos, ordenando los artículos, por género, por intérprete, por canciones; sabía cualquier cosa que se le preguntara sobre cualquier cantante, músico o banda de moda, se transformó en un erudito musical en toda regla, en un empollón de laboratorio, creando una auténtica biblioteca musical en su habitación.
Primeros días de la Royal Academy Of Music
En aquella época surgió otra de sus aficiones fetiche. Leyó un artículo sobre «El día que murió la música», el 3 de febrero de 1959, cuando se estrelló la avioneta en la que viajaban Ritchie Valens, The Big Bopper y Buddy Holly, falleciendo todos en el acto. Reg quedó fascinado por Holly, se sumergió en su música y adoptó las gafas como coraza protectora contra el mundo exterior. Desde ese mismo momento utilizó lentes sin tener una necesidad médica de hacerlo. Años más tarde declaró: «Dios mío, cuando descubrí a Buddy Holly pensé que quería un par de lentes como los suyos. Comencé a usarlos todo el tiempo y por eso mis ojos empeoraron y terminé por necesitarlos».
Stanley, su padre, montó en cólera cuando supo que su hijo tocaba en un pub y tenía la intención de dejar los estudios para dedicarse a tocar el piano. Primero con amenazas y más tarde intentando hacerle comprender al adolescente que debía encarrilar su vida hacia una profesión más estable y con más futuro, incluso se ofreció para mover ciertas amistades e influencias para que comenzara a trabajar en la banca, desde abajo, pero si terminaba sus estudios podría ir ascendiendo. Stanley no llegó a comprender que con el duro divorcio y la situación en la que dejó a su madre, él había muerto para Reginald y no ejercía ningún tipo de autoridad sobre el joven, ni moral ni legalmente.
En 1962 decidió abandonar la Royal Academy Of Music, al acabar el sexto nivel de piano. Su profesora, Helen Piena, intentó explicarle que con su tremendo potencial debería seguir estudiando y acceder a la universidad. Creía que tenía un gran futuro por delante, pero admitía que el muchacho estaba mucho más motivado por la música popular que por la denominada música culta. No obstante, los estudios obtenidos en esa beca de cinco años, le brindaron muchas herramientas necesarias en su carrera musical como compositor.
Al mismo tiempo que seguía con la educación secundaria y su residencia en el pub, le proporcionó otro disgusto mayúsculo a su padre, al ingresar en una banda llamada Corvettes, un combo que mezclaba vagamente el jazz con los primeros esbozos de rhythm & blues, pero que no llegó a alcanzar ninguna notoriedad, ni tan solo a nivel local. En Corvettes entabló una relación de amistad con Stewart Stu Brown, vocalista y guitarra del grupo, y juntos decidieron crear su primera banda importante, Bluesology. Reclutaron a Rex Bishop al bajo y Mick Inkpen como batería, y adoptaron el nombre a modo de homenaje del álbum Djangology, del guitarrista de jazz manouche Django Reinhardt. Quizás desconocían que existía un tema de 1956 llamado «Bluesology» interpretado por John Lewis & The Modern Jazz Quartet.
En los tiempos de Bluesology
Bluesology consiguió rápidamente un consistente repertorio a base de versiones de blues de artistas como Muddy Waters, Jimmy Witherspoon y Memphis Slim, donde el piano colocaba la personalidad más acentuada, con un Reggie (apodo que se ganó) de tan solo 15 años. En 1963 Bluesology consiguió una residencia semanal en The Establishment, un club que había abierto sus puertas en el Soho londinense escasamente hacía un año. The Establishment, situado en el 18 Greek Street, fue un local dedicado al movimiento cultural satírico, fundado por Peter Cook y Nicholas Luard, que fueron esenciales en la fundación de la revista Private Eyes.
En 1965 consiguieron firmar un contrato profesional con una promotora que los contrató como side band de nombres como The Isley Brothers, Doris Troy, Billy Stewart y Patti Labelle. Ese mismo año firman con el sello Fontana Records y graban un primer single con los temas «Come Back Baby», escrito y cantado por Reg, mientras que la cara B es para «Time’s Getting Tougher Than Tough», que canta Stu. En noviembre de 1965 se publica su segundo sencillo, volviendo a repetir la fórmula, la cara A es para «Mr. Frantic» compuesto y cantado por Reg, mientras que la cara B es el clásico «Everyday I Have The Blues» y lo canta Stu. En 1990, Elton John incluyó el tema «Come Back Baby» en el álbum To Be Continued...
Tres semanas antes de cumplir la mayoría de edad, Reg se retiró de la escuela Pinner County Grammar School, sin haber terminado los estudios. El esfuerzo que le demandaba la música era agotador, compaginando las sesiones de pianista en el pub, con la agenda de Bluesology, que cada día era más apretada. Reg se presentaba en su mayoría de edad con sexto de piano terminado, sin finalizar sus estudios de secundaria y con un trabajo de fin de semana como pianista en un pub, militando en una banda que parecía tener futuro y con la firme convicción de que su objetivo era la música.
Otra de las aficiones de Reg desde muy pequeño eran los deportes, en especial el críquet, el tenis y el fútbol, sobre todo el fútbol, afición que compartía con su primo Roy Dwight, que llegó a jugar en el Nottingham Forest, ganando la copa inglesa en 1959. Precisamente su primo Roy, al alcanzar Reg la mayoría de edad, le consiguió una entrevista de trabajo con los directivos de la editorial Mill Music, situada en el West End de Londres. Tras unos momentos de tensión el joven desplegó sus conocimientos de música, que de poco le iban a servir en su nueva ocupación, pero impresionaron a los responsables de la editorial que pasaron a contratarlo por un salario de 5 libras semanales. De esta forma Reg Dwight consiguió, en marzo de 1965, su primer trabajo dentro de la industria musical, como mozo de almacén, chico de los recados y mensajero de Mills Music.
A finales de 1965 realizan una gira por Alemania y al regresar a Londres, Reg y Stu remodelan totalmente la banda, fichando a Pat Higgs como trompetista, Dave Murphy completando la sección de vientos con el saxofón, Fred Gandy es el nuevo bajista y Paul Gale el nuevo batería. Esa mutación del grupo se debe entre otras cosas a que tiene la labor de convertirse en la banda de apoyo de Major Lance, cantante norteamericano de rhythm & blues que iba al Reino Unido con una extensa gira, pero que terminó estableciéndose en el país y obteniendo un gran éxito en la década de los setenta.
El éxito cosechado acompañando a Major Lance les proporcionó una agenda de trabajo que obligó a todos los miembros de Bluesology a dejar sus trabajos, por lo que Reg abandonó Mills Music al poco de cumplir el año de contrato, un periodo que le facilitó aumentar su gran colección de discos y conocer algunos entresijos del negocio, ayudando a que en Bluesology, él mismo y Stu fueran los encargados de ejercer de mánagers de la banda a tiempo completo. Los miembros de Bluesology estaban ganando entre 30 y 40 libras semanales, pero la reputación les sirvió en bandeja poder firmar con Marquee Enterprises, que les abrió las puertas del reputado local del Soho The Marquee, cuna del mejor rhythm & blues británico, casa donde crecieron Spencer Davis Group, The Rolling Stones, Manfred Man, The Who o cantantes como Graham Bond, Chris Farlowe o Long John Baldry.
En 1966 la banda Steampacket del vocalista Long John Baldry se separó. Baldry había sido el primer blanco británico en cantar blues en un disco, el R&B From The Marquee, grabado en 1962 por los Blues Incorporated de Alexis Korner. John William Baldry, verdadero nombre al que añadió el apodo de Long John por lo alto que era, fue toda una institución en la música británica. Militando en R&B All Stars de Cyril Davies, donde tocaba el piano, pero que pasó a ser vocalista tras la muerte de Cyril Davies; montó su propia banda llamada Hoochie Coochie Men en la cual descubrió a Rod Stewart, pasando más tarde a llamarse Steampacket, contando con dos vocalistas de la talla de Stewart y Baldry.
Al terminar Steampacket, Baldry ofreció a Bluesology pasar a ser su banda, provocando un auténtico tsunami en la formación que terminó por construir una nueva remodelación. Bluesology quedó con Reg y Stu como pianista y guitarra, más las incorporaciones de Fred Gandy (bajo), Pete Gavin (batería), Neil Hubbard (guitarra), Elton Dean (saxofón), Marc Charig (trompeta), Alan Walker y Marsha Hunt (coros) y Baldry como vocalista principal. En 1966 con Baldry configurando nuevo repertorio, la banda grabó el single «Since I Found You Baby/Just A Little Bit», editado por Polydor bajo el nombre de Stu Brown & Bluesology.
El 11 de diciembre de 1966 Reg cumple uno de sus sueños inalcanzables: Bluesology hace de banda de apoyo de su ídolo Little Richard, en el Saville Theatre de Londres. Atrás quedaban los días en los que Reg se sentía extraño, excluido, reprimido e inferior, quedaban atrás o eso pensaba, porque los fantasmas del pasado nunca nos abandonan o no lo hacen de una forma tan rápida y eficiente. 1966 había sido un gran año, Bluesology era una gran banda, había conocido a dos personas con las que mantenía una relación de amistad muy importante y de las que aprendía y debería aprender más en el futuro, Long John Baldry y el saxofonista Elton Dean. Como colofón, el final de año le había dado la posibilidad de tocar en el mismo escenario que su ídolo Little Richard. A la vuelta estaba 1967, un año en el que todo cambiaría. La revista New Musical Express publicó un anuncio de la compañía Liberty Records, en el cual Ray Williams, A&R de la editorial, solicitaba jóvenes compositores para formar parte del staff, básicamente para componer para su catálogo de artistas. Reginald Dwight contestó al anuncio, como también lo hizo un joven de 17 años llamado Bernie Taupin. Un anuncio que los uniría de por vida.
El 17 de junio de 1967 la revista New Musical Express publicaba un anuncio de la compañía Liberty. En una de sus páginas se podía ver una reseña de Pink Floyd, el debut de Judith Durham, una sección llamada Potteds Pop en la que iba impresa una foto de Robert Mitchum como cantante de calypso, la lista de los mejores discos según NME y el Top 10 de singles. El icono de Liberty era un grafismo de la Estatua de la Libertad, debajo se leía:
«Liberty Wants Talent Artists / Composers / Singers - Musicians To form a new group»
La idea de colocar el anuncio fue de un A&R de la compañía Williams Records llamado Ray Williams y que solo contaba con 19 años, pero sabía que la industria discográfica estaba cambiando y era necesario reforzarse y crear un equipo de trabajo competitivo y creativo.
Ray recibió las propuestas de Reginald Dwight y Bernie Taupin por separado, el primero de 20 años, el segundo nada más que 17; el primero sabía tocar el piano y tenía una gran voz, pero era verdaderamente penoso escribiendo letras, el segundo escribía textos excelentes, pero no sabía tocar ningún instrumento y fue su madre la que le convenció para que se presentara; Reg vivía en Pinner, Bernie en Lincolnshire. Algo vería Ray en esos dos muchachos porque sin que se conocieran los puso a trabajar juntos. Mandó un sobre con textos de Taupin a Reg y le dijo que quería escuchar qué era capaz de hacer. Reg se encerró con los folios de Taupin y comenzó a componer música sobre ellos. Las canciones eran desechadas de inmediato si no encontraba inspiración y se dedicaba a las que verdaderamente le motivaban y encajaban con sus melodías. De esta forma a los pocos días se presentó en las oficinas de Liberty con una demo grabada de forma casera, pero que impresionó a Ray por la calidad que desprendían las composiciones de los dos jóvenes talentos.
Elton John y Bernie Taupin en 1968
Liberty Records era una compañía estadounidense creada por Simon Waronker, Alvin Bennett y Theodore Keep en 1955, famosa por editar al pionero del rock’n’roll Eddie Cochran, con éxitos como «Summertime Blues» y «C’mon Everybody», pero más popular por llevar al éxito la banda virtual de dibujos animados Alvin y las Ardillas, con la técnica de acelerar la voz de David Seville (Ross Bagdasarian, Sr.). De ahí que los nombres de las famosas ardillas sean los de los directivos que fundaron la compañía: Alvin, Simon y Theodore. Los lazos trasatlánticos de la franquicia británica fueron muy importantes para la carrera de Elton John, tal y como veremos en este capítulo.
Reg comenzó a ser asiduo al número 20 de Denmark Street, sede de Liberty Records, donde iba a entregar las composiciones encargadas por Ray; Bernie no aparecía apenas por las oficinas, las más de cuatro horas de viaje a Londres eran un gran impedimento, hasta que Ray le comentó que las cosas podrían funcionar mejor si se conocían los dos autores. Tal y como confirma Elton John en varias entrevistas: «Escribimos nuestras primeras 20 canciones antes de que nos conociéramos». De hecho Reg y Bernie se conocieron en los estudios de Dick James, de la misma Denmark Street, renombrada como el Tin Pan Alley de Londres. Una calle donde se concentraban el mayor número de editoriales musicales del país, afincadas en un momento histórico donde los compositores no terminaban siendo los ejecutantes de los temas, y era habitual que en la calle Denmark se comerciara con canciones en busca de algún intérprete famoso que las quisiera colocar en su catálogo. Ray Williams representaba en aquellos días a los componentes del grupo Hollies, Graham Nash, Allan Clarke y Tony Hicks que habían formado Gralto Music, nombre resultante de un acrónimo de los tres, al mismo tiempo que trabajaba en la nueva compañía llamada Nikari Music, acrónimo de Nicky James y Kirk Duncan. Nikari Music estaba grabando temas de Graham Nash en los estudios de Dick James y Ray Williams les propuso que le dejaran algo de tiempo en el estudio para grabar algunas demos con el material de Reg y Bernie. Para esas demos contaron con Tony Murray al bajo, quien se uniría más tarde a The Troggs; el músico de reggae David Hinds a la batería y Caleb Quaye a la guitarra, con quien coincidiría de nuevo en los últimos pasos de Reg con Bluesology, cuando sustituyó al primero en abandonar la banda, Stu Brown.
Bluesology
Dick James, propietario de DJM Records apostó por la pareja de compositores y los contrató para trabajar para él, dicen que convencido por su hijo, que adivinó el potencial que escondía la recién creada asociación. Bernie y Reg firmaron con DJM Records el 17 de noviembre de 1967.
