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El universo de Torok se amplía en esta segunda entrega. En la que los héroes de la luz deberán enfrentarse a la misma esencia del mal, Emeral. La poderosa ciudad volante desde la que los magos oscuros quieren imponer su tiranía sobre los reinos del norte. Una lucha épica en la que nuevos personajes se incorporan a la historia.
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Seitenzahl: 397
Veröffentlichungsjahr: 2022
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© Derechos de edición reservados.
Letrame Editorial.
www.Letrame.com
© Luis Adúriz González
Diseño de edición: Letrame Editorial.
Maquetación: Juan Muñoz
Diseño de portada: Rubén García
Supervisión de corrección: Ana Castañeda
ISBN: 978-84-1144-534-4
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Para mi familia pasada, presente y futura. Por ayudarme a ver… la luz y la verdad.
A mis padres, Luis y Ana, en su quincuagésimo aniversario de boda.
A mis buenos amigos… por estar siempre ahí.
1. EL JURAMENTO MÁGICO
La ciudad flotaba, silenciosamente, entre las nubes, dando a sus habitantes una privilegiada vista de la majestuosa cordillera de los gigantes. Titanes de hielo y metal, reluciendo bajo el sol y proyectando sus gigantescas sombras sobre el valle. Mientras la luz de la mañana coloreaba sus elegantes edificios con una pátina de oro, transformándolos en un mar de rutilantes estrellas. Sus perfectas formas se elevaban hacia al cielo, como un árbol de oro. Y en el mismo corazón del navío solar, una majestuosa torre octogonal se alzaba sobre el resto. Cubierta de símbolos arcanos y gemas, dispuestas en complejos patrones geométricos, sobre todas sus fachadas. Se trataba de la torre del dragón, puente de mando del navío celeste y casa del navegante, que yacía acostado sobre su plataforma de metal arcano, rodeado de infinitos rayos de energía esmeralda, que mágicamente lo conectaba al navío y a toda su tripulación, permaneciendo sincronizados dinámicamente. El sueño de la ciudad flotante se vio bruscamente interrumpido por un sonido estremecedor. La ciudad temblada violentamente y los elegantes edificios de venían abajo, como si fuesen de arena. Mientras unos brazos colosales retenían al navío, en un abrazo mortal. Los colosos habían despertado y era el final para la todopoderosa Dragonia.
Záril se despertó, pensativo, al ver cómo la astronave era destruida, una vez más, ante sus ojos. Se trataba de un sueño recurrente que había tenido desde que tenía memoria y que su poderoso maestro, Dariel, no había conseguido identificar. El aprendiz estaba seguro de que no se trataba de un recuerdo parcial de algún vivolibro. Ni de las infinitas misiones a diferentes planos del multiverso. Con un acto de su voluntad, el krisal interrumpió el hechizo de levitación y comenzó a descender, poco a poco, hasta que sus pies tocaron el frío suelo de su habitación. El krisal era alto y estilizado, de piel esmeralda y ojos negros, como el carbón, una mirada penetrante y el pelo oscuro, muy corto. Una suave vibración en sus muñequeras mágicas le recordaba que debía acudir al ritual. Mirando hacia sus brazaletes mágicos, aparecieron en el ojo de su mente la lista de los hechizos de teletransporte. Activando el hechizo del portal, apareció un círculo de energía bajo sus pies. Mientras, la habitación se volvía cada vez más inmaterial, tan solo unas tenues líneas de luz que desaparecían a lo lejos, al mismo tiempo que los brazaletes vibraban con la energía del salto. El suave aroma de la mañana recibió al joven en una inmensa plaza. Situada en el extremo norte de la ciudad y rodeaba por un bosque de árboles frondosos y milenarios. En el centro de la plaza, el gran obelisco, cubierto de símbolos arcanos y alzándose hacia el cielo, como una lanza celestial por encima de la arboleda. Záril levantó su mirada y vio cómo los eternios, sus hermanos mayores, estaban empezando a colocarse, cada uno en un sitio, alrededor del obelisco. Sobre unas inmensas losas grabadas con símbolos arcanos, formando círculos concéntricos alrededor del mismo. En los círculos internos se situaban los eternios, mientras, los krisales quedaban relegados a los círculos externos. Mientras que los maestros oscuros se situaban fuera de la zona del conjuro, supervisándolo todo. Záril miró a su alrededor y pudo ver cómo el resto de los adeptos ocupaban sus posiciones, meticulosamente. Al tiempo que los maestros espirituales, como Dariel, comprobaban la perfecta y minuciosa colocación de cada adepto en la red de energía mágica. A una señal de Dariel, los eternios comenzaron a cantar, con unas melodiosas voces, el juramento en el lenguaje arcano, respondiendo los krisal a cada verso. Conforme la invocación avanzaba, el aprendiz sintió que el aire de todo el recinto se estaba cargando con energía mágica del conjuro, al tiempo que las runas mágicas resplandecían. Una poderosa corriente de energía fluía desde los círculos exteriores a los interiores y desde allí al pilar oscuro. Haciendo que las runas de los pilares brillasen como el mismo magma y que el aire se cargase de un olor a tormenta de verano. El ritual duró tan solo unos minutos, lo suficiente para respetar las normas de los ancianos y asegurarse el correcto funcionamiento de la ciudad eterna. Al poco tiempo, los colosos desaparecieron para volver a sus tareas en las múltiples dimensiones del universo, mientras, los krisal, como Záril, eran conducidos por sus maestros espirituales hacia las dimensiones de estudio. Se trataba de un espacio, multidimensional, desde el que se podía viajar a cualquier parte del espacio-tiempo. Siendo la principal fuente de formación de los habitantes de Emeral, hasta los cuarenta y cinco años, edad en la que se realizaba el ritual mágico que permitía a los krisal como Záril convertirse en todopoderosos eternios.
—Buenos días, Záril —le saludó ceremoniosamente Dariel, su maestro instructor, mientras se materializaba delante de él—. Como ya sabes, hoy es tu cuadragésimo quinto cumpleaños, y necesitas hacer el gran viaje antes de poder realizar el ritual de transformación.
Con una rápida invocación, el mago materializó un vivolibro de lo más curioso. Se trataba de un grueso tomo forrado en piel, como el de los humanos de los siete reinos, con una gran esmeralda en la portada. El adepto podía sentir el flujo de una poderosa energía primigenia emanando del hermoso volumen.
—¿Estás listo para el gran viaje? —preguntó el maestro.
—Estoy listo, maestro —respondió el aprendiz—.
Dariel extendió sus dos brazos apoyándolos suavemente sobre la frente del aspirante, mientras este sostenía el vivolibro esmeralda con sus dos manos. De las manos del maestro comenzó a surgir un flujo de energía mágica, que pasaba a través de su discípulo calentando todo su cuerpo y convergiendo hacia el misterioso tomo, haciendo que la esmeralda de la portada brillase como un sol, hasta que finalmente se abrió el hermoso volumen. El libro estaba vivamente ilustrado y escrito con una elegante grafía en un idioma totalmente desconocido para el krisal, de signos extraños en un idioma que el estudiante desconocía totalmente, quizás el idioma de los arcanos que habían construido Emeral hace eones. Colocando una de sus manos sobre él, sintió una aguda punzaba, mientras, el libro cobraba vida haciendo fluir todo su contenido a través del krisal que, dando un potente grito, cayó totalmente inconsciente al suelo.
2. LOS GUARDIANES DEL BOSQUE
El sol comenzaba a filtrarse, poco a poco, en la sencilla habitación del templo donde se encontraba Senia. Se trataba de un simple cuarto en el que dormían los privilegiados estudiantes que estaban a punto de convertirse en guardianes, como la joven. Todavía recordaba con total nitidez cuando, tras la muerte de sus padres, sus familiares la dejaron al cuidado del templo, con tan solo diez años. La vida en el templo fue especialmente difícil durante los primeros años, debía levantarse al alba todos los días para ir a recoger agua del manantial a los pies de la montaña del templo para regar los huertos. Todavía recuerda con claridad el primer día, en el que tan solo fue capaz de subir un vaso pequeño de agua con el que iba a comenzar a regar su primera planta. Estaba muerta de miedo, pensando en todos los peligros que le podían asaltar a lo largo del camino. Así que cuando, por fin, consiguió volver a la cima de la montaña, se encontró con la gran maestra Nikara junto a Ren (el guardián del templo), sentados en un banco mirando el esplendoroso paisaje del mar del norte. Los dos tenían el aspecto típico de los habitantes de las praderas. Estatura mediana, rasgos suaves, ojos claros y piel muy blanca, con el pelo claro. En cuanto vieron a Senia, se levantaron a que les enseñase el agua que había traído. Todavía recuerda Senia, con gran estupor, cuando al mirar dentro del vaso en vez de agua había un líquido totalmente negro, como el b. Nikara y Ren le sonrieron a la pequeña y le explicaron que el agua de aquella fuente era muy especial. Capaz de absorber las emociones de las personas mientras la subían desde el manantial hasta el templo. El miedo hacía que el agua se volviese negra, mientras que el resto de las emociones le daban diferente coloración.
—Si regases tu planta con esa agua negra, solamente crecería el miedo dentro de sí, corrompiéndola por dentro y haciendo de sus frutos un peligro —comentó Ren a la pequeña—. Aquí vas a aprender a controlar tus emociones, porque si no los controlas, serán ellas los que controlen toda tu vida.
—Vamos, anímate, Senia, que todos hemos pasado por lo mismo que tú y todos lo hemos conseguido dominar con tiempo y esfuerzo —comentó Nikara—. Ahora vamos a regar tu planta con un poco de agualuz que han traído los alumnos más avanzados y vas a ver lo que sucede—.
Ren cogió un cubo de uno de los huertos de los alumnos avanzados y vertió tan solo unas gotas del oro líquido sobre la planta. En ese mismo instante, se podía sentir una curiosa vibración en el aire, como si la pequeña planta estuviese agradeciendo el agualuz.
La vida en el templo estaba totalmente organizada, los estudiantes se dividían en pequeños grupos en función de su conocimiento, comenzando por el grupo negro (los recién llegados), pasando por todos los colores hasta llegar al grupo blanco (amor). La formación de cada estudiante era totalmente personalizada, ya que cada uno tenía diferentes puntos fuertes y zonas de mejora. En el caso de la joven, la emoción que más le costó controlar fue la ira. Tardó casi dos años en conseguir que el agua que subía de la fuente no se tornase roja como la sangre. Haciendo que las plantas de su pequeño huerto creciesen de forma amenazadora, haciendo sus frutos totalmente incomestibles. Lo cierto es que más de una vez Senia llegó a desesperarse con el tema, pensando que no iba a ser capaz de controlar esa sensación que muchas veces le quemaba por dentro ante las injusticias de los siete reinos y los innombrables krisal y eternios. No podía soportar el hecho de vivir en un mundo de escasez y sufrimiento mientras que en la ciudad esmeralda todo era un auténtico paraíso, sin ni siquiera dignarse a salir de su mundo perfecto para ayudar a los necesitados, pasando continuamente sobre todos los reinos como si fuesen simples hormigas. Recuerda con claridad el día que se le vino todo encima, no es que no fuese capaz de controlar su ira, sino que cada día la cosa iba a peor. Así que nada más verter el agua roja en su pequeño huerto, vio cómo las plantas comenzaban a ponerse rojas como el carmín y con un fuerte zumbido comenzaron a arder. La joven quedó totalmente aterrada, pero haciendo un gran esfuerzo, cogió una pala y comenzó a lanzar tierra sobre las plantas inflamadas hasta que consiguió taparlas por completo y apagar el incendio. Al momento llegó Ren para ayudarla a volver a organizar el huerto y después Nikara la llamó para comentar el tema.
—Buenas tardes, Senia —dijo Nikara—, quería comentar contigo el incidente de esta tarde. La verdad es que quería felicitarte por lo bien que has sabido resolver una situación. Has demostrado un gran coraje e imaginación, utilizando los recursos con gran creatividad y no dejando que te invadiese el miedo. Tanto Ren como yo pensamos que estás lista para que des un paso decisivo en tu formación y te prepares a fondo durante este año para que pases el próximo año el desafío del guardián y te conviertas en uno de nosotros.
La estudiante todavía podía sentir la enorme emoción que supuso para ella el poder pasar al último desafío, sabía que todavía tenía mucho que mejorar a lo largo del siguiente año, pero sentía una enorme fuerza y paz interior que hacía que se sintiese totalmente invencible.
Unos golpes en la puerta de su habitación hicieron que la aprendiz volviese a la realidad
—Buenos días, Senia —dijo Ren—, te están esperando todos en la entrada del templo. Es hora de que pases el desafío.
3. EL GRAN VIAJE
Záril tardó más de un mes en recuperar el conocimiento, a pesar del enorme poder de la magia emerali y de los intensos cuidados de los maestros. El aprendiz se encontraba realmente mal, como si algo hubiese explosionado en su interior, aniquilando su cuerpo y nublando su mente, haciendo tremendamente doloroso el menor movimiento. Mirando hacia su cuerpo, comprobó que se encontraba totalmente vendado con símbolos mágicos de regeneración, para acelerar su recuperación. Con un movimiento de su voluntad, intentó conjurar con el poder de la magia un hechizo, pero sin ser capaz de sentir la mínima chispa de energía en su interior. Llamó varias veces a los maestros oscuros, pero ninguno le respondió, tampoco su gran maestro. Un sopor incontrolable se expandía por todo su cuerpo, haciendo que el adepto volviese a sumirse en un profundo sueño. Mientras, el joven permanecía envuelto en el hechizo, los maestros emeralis cubrieron su cuerpo con una gruesa manta de cáñamo y, teletransportando su cuerpo fuera del navío, dejaron que la silueta del krisal se perdiese entre un frondoso bosque para siempre. Una sensación cálida hizo que Záril recuperase, lentamente, la consciencia, podía oler la fragancia de la hierba en el aire y sentir una suave brisa meciendo la manta de cáñamo que cubría su cuerpo. Pero estaba demasiado aturdido y dolorido como para poder determinar su paradero. Concentrando toda su voluntad, conjuró el poder de su magia, pero era totalmente incapaz de sentirla, como si alguien hubiese bloqueado sus poderes reduciéndolo a la condición humana. Haciendo un gran esfuerzo, consiguió rodar lentamente hasta sacar todo su cuerpo de la gruesa manta y mirar a su alrededor. Se encontraba en medio de un bosque que estaba totalmente seguro de no haberlo visitado antes en sus innumerables saltos a través del multiverso, o en sus sesiones con vivolibros. En las bibliotecas de Emeral había experimentado multitud de saltos multidimensionales con los vivolibros y había sido testigo de todos los grandes momentos de la historia arcana y en ninguno recodaba lugares en los que la magia hubiese sido eliminado por completo. Incluso si un gran mago como él, sin ser todavía un eternio inmortal, salía de Emeral, seguiría conectado a la fuente del poder durante décadas antes de que su poder comenzase a debilitarse. Záril notó cómo todo su cuerpo se llenaba de una enorme onda de amargura, al ser consciente de que la única explicación posible era que había perdido su magia. Intentó una y otra vez llamar a Dariel, pero nadie respondía a sus llamadas. Poco a poco empezó a ser plenamente consciente del enorme peligro en el que se encontraba. Porque sabía con certeza que no disponía de ningún poder, de que aquel bosque no era la ciudad volante (sino uno de los siete reinos), que el sol comenzaría a ponerse dentro de unas pocas horas y que los depredadores de los bosques eran nocturnos. Haciendo un gran esfuerzo físico, se arrastró hasta el árbol más cercano para poder ponerse en pie. El cuerpo le ardía por dentro en una combinación de dolor e incertidumbre ante los peligros del bosque. Primero se incorporó y, buscando la rama más baja, comenzó a trepar por la corteza del roble. La fortísima constitución krisal, específicamente diseñada para la adaptación a cualquier escenario posible y trabajar con el poder de la magia más poderosa, había dado una energía sobrehumana a Záril, pero era plenamente consciente de que no le iba a durar mucho. Miró a su alrededor intentando identificar algún refugio en el que poder pasar la noche, pero no encontró nada. Finalmente decidió que su única alternativa ponerse a salvo era subir por el árbol. Así que, haciendo un esfuerzo sobrehumano buscó la zona del árbol con más salientes para ir escalando poco a poco. El cuerpo temblaba del esfuerzo, la respiración se hacía cada vez más agitada y podía sentir el corazón golpeando con fuerza en su pecho. Se trataba de una situación de vida o muerte, ya que el sol estaba comenzando a ponerse poco a poco. Con un esfuerzo titánico, consiguió ponerse en la rama más baja del árbol. Ahora disponía de una buena vista de la zona, pero no estaba seguro de que fuese lo suficientemente alta para mantenerse a salvo, así que volvió a buscar la mejor zona para ponerse definitivamente a salvo. El bosque empezaba a oscurecer con rapidez y Záril comenzó a ponerse cada vez más nervioso, así que, haciendo un gran esfuerzo, comenzó a subir hacia la siguiente rama. El bosque estaba cada vez más oscuro y a Záril le costaba cada vez más ver el camino hacia la siguiente rama, así que tuvo que concentrarse en todo su cuerpo para poder sentir mejor la superficie del árbol. Cada paso era un auténtico infierno, pero Záril consiguió poner toda su voluntad en el siguiente paso. Hasta que, finalmente, consiguió tocar con la punta de sus dedos la rama del siguiente nivel. Estaba totalmente agotado por el esfuerzo, pero ya estaba a solo un paso de su supervivencia. Mientras recuperaba el aliento, comenzó a notar una fuerte bajada en la temperatura en el bosque. El sol se había puesto y seguramente estaría cerca alguna zona montañosa posiblemente nevada. En cuestión de minutos, el cuerpo comenzó a temblar visiblemente como consecuencia del esfuerzo y de la bajada de las temperaturas, así que Záril decidió hacer el último esfuerzo antes de que el cuerpo quedase extenuado. Fue en ese momento cuando empezó a escuchar aullidos en la lejanía, haciendo que los pelos se le pusiesen de punta. No era capaz de distinguir cuántos eran, pero cada vez aumentaban y se estaban acercando rápidamente. Podía escuchar con claridad chasquidos en la maleza cercana mientras unas sombras borrosas se acercaban hacia donde estaba. Con un último esfuerzo, dio un pequeño salto y consiguió agarrarse con las dos manos a la rama. Pero sus pies resbalaron en el esfuerzo quedando Záril colgando de ella. Podía escuchar, con claridad, a las criaturas debajo del árbol, rozando con sus zarpas la corteza del árbol saltando con fuerza intentando morderle las piernas. El tiempo pareció detenerse en el momento en que le fallaron las manos a Záril, en un segundo pasó toda su vida por delante: recordaba con total precisión cuando su cuerpo de krisal se materializó en la laguna sagrada, a su maestro Dariel ayudándole a salir del agua, a todas las vidas que había vivido en los portales multidimensionales con su maestro, sus largas horas de estudio en su querida biblioteca, sus prácticas interminables de magia, sus juramentos diarios y, sobre todo, los magníficos eternios y ese gran futuro, como inmortal, que la vida le había arrebatado en el último momento. Mientras notaba cómo su cuerpo caía hacia la oscuridad del bosque, sabía que era el final.
4. EL DESAFIÓ DEL GUARDIÁN
Desde la montaña del templo se podía ver una imagen de increíble belleza. El sol saliendo del mar, como si realmente hubiese pasado la noche en las profundidades del mismo. Los rayos iban poco a poco calentando el agua del mar y las playas a los pies de la montaña del templo, llenando el aire con una suave brisa de sal, ocle y arena. Un día realmente hermoso en medio de la paz de la naturaleza que Senia estaba disfrutando con todo su ser. Habían sido muchos los años que había entrenado muy duro, diariamente, para conseguir llegar al estado que le había enseñado su maestra: que en esta vida no puedes controlar la realidad (siempre en continuo movimiento), pero sí la forma en la que esa realidad afecta a tu vida. Siendo el control de los sentimientos la base de los guardianes del templo, cuyo blasón es el árbol sagrado y el lema: «Controlar tus sentimientos es controlar tu vida». Una suave palmada en el hombro hizo que la joven volviese a la realidad, los dos estaban en la fuente mágica y el guardián había terminado de llenar dos barriles de agua que pesaban exactamente lo mismo que la joven. Ahora Senia tenía que cargar con ellos hasta el templo sin que se le cayese una gota de agua y consiguiendo que, al final del trayecto, el agua fuese agualuz (la que genera un profundo sentimiento de amor universal). Ren le pasó una vara larga para que pudiese colgar los dos barriles y esperó hasta que la estudiante estuviese lista, con los dos barriles en perfecto equilibrio.
—Ya estoy lista, Ren —confirmó la joven. Y dando un pequeño primer paso, comenzó la ascensión. El guardián iba junto a ella, ajustando su paso al de la aspirante. El camino estaba lleno de guardianes (ya que los estudiantes no podían asistir a la ceremonia) que se habían congregado para asistir al gran acontecimiento. Distanciándose de tal manera que ocupaban todo el camino y recitando ceremoniosamente el lema de la orden cuando Senia pasaba por delante de cada uno de ellos El sol estaba alcanzando su punto más álgido y la joven podía sentir el calor de las piedras del camino reverberando hacia su cuerpo. La brisa marina ya no llegaba a estos tramos del camino y el cuerpo de la aprendiz estaba totalmente empapado por el esfuerzo. Las piernas temblaban levemente del esfuerzo continuado y los hombros los tenía inflamados por el gran peso del agua. No obstante, su mente se mantenía tranquila, concentrándose solamente en el siguiente paso, como le había enseñado su maestra. Su respiración estaba perfectamente controlada, para optimizar el gasto energético y enviar el suficiente oxígeno a sus músculos para seguir subiendo. Cada pequeño paso era un acto de total concentración, al mismo tiempo que su mente construía un fuerte sentimiento de amor hacia todo y todos. El mar, el cielo, el sol, la naturaleza, los habitantes de los siete reinos, incluso los de Eternal. El camino se hacía cada vez más sinuoso, por lo que tuvo que recortar el paso y en algunos casos girar suavemente los barriles para sortear las ramas de algún que otro árbol.
Comenzaba a ponerse el sol y Senia podía distinguir con claridad las esferas del templo acercándose cada vez más, habían encendido las antorchas en el edificio y se podía ver con claridad a la maestra con el resto de los guardianes esperándola a las puertas del templo, lo que hizo que la estudiante se concentrase en la meta final, dándole una gran energía para acometer la parte final del camino. Las piernas comenzaban a temblar por el esfuerzo continuado, los hombros estaban llagados por el peso de la carga, pero la aprendiz seguía avanzando con confianza en su corazón. No sabía exactamente cuánto tiempo le había llevado el último tramo, pero al fin podía ver el templo a menos de doscientos pasos. Podía ver con claridad las caras de los guardianes y la mirada serena de la maestra. Ya casi había llegado, el cuerpo estaba haciendo un esfuerzo sobrehumano, pero la cercanía de la meta hacía que la joven estuviese en un estado muy especial en el que parecía que estaba fuera de su cuerpo, observándolo todo desde un estado más allá de las preocupaciones y dolores de la prueba.
Estaba ya a las puertas del templo, los guardianes custodiaban su entrada haciendo un camino que la dirigía hacia su maestra, Nikara. A punto de llegar a su ansiado destino cuando, de repente, se rompe la vara y caen los dos cubos al suelo, rompiéndose uno de ellos y vertiendo el agualuz por todo el suelo… Senia sabía que eso era el final.
5. EL BOSQUE OSCURO
Unas manos grandes y fuertes se posaron suavemente sobre la cabeza de Záril, generando una cálida onda de energía que se fue extendiendo, lentamente, por todo su cuerpo, hasta generar una gran sensación de bienestar. Dejando a Záril en un estado de semiinconsciencia, en el que se le mezclaban las imágenes de la caída del árbol, seguidas por unos destellos luminosos a su alrededor y, posteriormente, unos fuertes brazos levantándolo del suelo y montándolo en una especie de camilla arrastrada por un caballo. También recordaba una voz haciéndole preguntas y momentos en los que volvía a recuperar el conocimiento cuando le obligaban a beber agua o un líquido de sabor indescriptible, que al parecer era una especie de medicina rudimentaria. Con un gran esfuerzo, intentó abrir los ojos para ver dónde y con quién estaba, pero el calor era tan agradable y la persona emanaba una fuerte aura de paz y tranquilidad que hizo que el krisal se volviese a quedar dormido una vez más. Si de algo estaba seguro era que se encontraba, inexplicablemente para un emerali fuera de la ciudad eterna, en buenas manos. Y que, a pesar del gran atraso de los habitantes de los siete reinos, había tenido la suerte de encontrar uno realmente excepcional (ya que de otro modo lo habrían matado los lobos en el bosque). Cuando terminó la sesión curativa, el emerali volvió a sentir cómo le incorporaba lentamente la cabeza mientras le daba de beber la medicina. Después notó cómo cubrían su cuerpo con una manta, por el olor, hecha con pieles de lobo, y cómo su cuidador se desplazaba andando silenciosamente hasta el fondo de la habitación, donde podía escuchar el crepitar de un fuego, y cómo su anfitrión removía con algo metálico las brasas para incorporar más leña. Záril podía sentir en su cara el agradable calor del fuego, escuchar el crepitar de las llamas y percibir el olor a madera quemada (que por el olor parecía roble). Al poco tiempo, el desconocido salió sigilosamente de la habitación y cerró una puerta de madera, dejando al joven pensativo al mismo tiempo que agradecido. Una luz intensa hizo que el krisal saliese perezosamente de su sueño profundo, podía notar un haz de luz haciéndose cada vez más fuerte en sus párpados, podía sentir el agradable peso de la manta de piel sobre su cuerpo y el olor de la madera quemada. Así que decidió abrir cuidadosamente sus ojos para ver dónde se encontraba. Como ya se había imaginado, estaba en una especie de cabaña, con las paredes hechas de piedra sin tallar y el techo construido con una sencilla estructura de madera. En la habitación había una chimenea sencilla al fondo y junto a ella una ventana por la que se filtraban los rayos del sol de la mañana. La habitación era muy sencilla, pero estaba limpia y ordenada, cosa que le llamó especialmente la atención al adepto, ya que en la ciudad flotante se pensaba que en los siete reinos solo había caos y destrucción. Haciendo un gran esfuerzo, levantó uno de sus brazos fuera de la manta y pudo ver que su cuerpo seguía cubierto por las vendas mágicas que seguramente le habría puesto su maestro Dariel después del accidente con en vivolibro. Intentó conjurar un poco de energía con su voluntad, pero nada, como ya le habían sucedido todas las otras veces después del accidente. Así que decidió intentar incorporarse hasta quedar finalmente sentado al borde de la cama. La cabeza le daba vueltas y tardó un rato en poder superar la sensación de mareo. Finalmente levantó su vista hacia la ventana y pudo ver un frondoso bosque iluminado por la luz de la mañana, con los miles de matices de verde de las diferentes plantas, filtrándose los rayos entre las copas de los árboles como una lluvia de luz. La belleza del espectáculo hizo que Záril se sintiese un poco mejor, así que se animó a intentar ponerse en pie y avanzar hacia la ventana. La primera vez que se puso en pie casi se cae de bruces al suelo, las piernas no podían soportar su peso, por lo que tendría que apoyarse también con los brazos en las paredes para caminar hasta la ventana. La segunda vez, la cosa fue mucho más sencilla, se planteó la misma estrategia que en el árbol (concentrarse solamente en el siguiente paso), para evitar que la mente le jugase una mala pasada y le hiciese dudar de su capacidad para conseguir el objetivo. Así que, paso a paso, fue acercándose a la ventana, hasta quedar apoyando los dos brazos en el alféizar. Las piernas le temblaban por la falta de ejercicio, pero la belleza de la vista hizo que Záril disfrutase una vez más de la magia de la naturaleza (como hacía a diario en su casa) al mismo tiempo que obligaba a su cuerpo a volver a ir recuperando el tono muscular. Su cabeza no dejaba de preguntar mil y una dudas, pero sabiendo que nada podía hacer en este momento, conjuró su voluntad para centrarse solamente en el aquí y el ahora, como tantas veces le había ensañado Dariel en sus paseos por los bosques de Eternal. Poco a poco el sol de la mañana fue subiendo, cada vez más, y el estudiante pudo ver a algunos de los habitantes del bosque pasando a una distancia prudencial, desde pequeños cervatillos comiendo frutos de la pequeña huerta que había en el exterior de la casa, hasta un halcón volando a gran altura y observando posibles presas en una pequeña pradera cercana. Cuando el adepto se quiso dar cuenta, el sol se estaba comenzando a poner en el horizonte, así que decidió volver a sentarse un poco en la cama y dejar que las piernas descansasen. La verdad es que estaba sorprendido de haber sobrevivido de forma inexplicable a los últimos días y profundamente intrigado sobre muchos de los acontecimientos. Esperaba con curiosidad la vuelta de su salvador, para poder aclarar muchas de las dudas que le asaltaban la cabeza. Pero, mientas tanto, pensó que lo mejor sería acostarse en la cama. Ahora que ya estaba totalmente lúcido, pudo ver que junto a la cama había una pequeña mesa de madera en la que le había dejado algo de comida y bebida. El olor de la jarra lo identificó de inmediato con la medicina que le habían estado suministrado, por lo que bebió lentamente, para ir identificando los diferentes matices de la bebida, después comió un poco de pan de centeno con unas tiras de carne seca y unas nueces de postre. La verdad es que nunca había comido nada similar, ya que en Emeral nadie comía como los humanos. Los eternios no tienen necesidades físicas, y los krisal, como Záril, reciben la energía de la magia. No obstante, como parte de la educación krisal consiste en viajar a otras dimensiones para formarse experimentando grandes momentos de la humanidad, su cuerpo era extremadamente versátil permitiendo adaptarse totalmente al nuevo entorno sin ser descubiertos. De ahí la capacidad de cambiar de aspecto (para pasar inadvertido en la nueva cultura), y la capacidad de comer y beber prácticamente cualquier cosa para recuperar su energía. La única forma de reconocerlos, una vez que se hayan adaptado a su entorno, es el color de los ojos (de un verde intenso esmeralda). El cansancio hizo que el enfermo se recostase de nuevo, cubriendo todo su cuerpo con la manta de piel y dejando que el sueño reparador hiciese trabajar mejor al fuerte sistema reparador del krisal. Así que cerró los ojos y se dejó llevar por la sensación de seguridad y confort que le ofrecía esta pequeña cabaña en medio de un mundo totalmente desconocido.
Era noche cerrada cuando Záril se despertó sobresaltado al escuchar un forcejeo en la puerta de la cabaña. Parecía que había alguien intentando forzar la puerta con algún útil, lo que le hizo darse cuenta de que no podía tratarse de la persona que lo había estado cuidando y que podía volver a estar en verdadero peligro. El forcejeo se volvió cada vez más violento hasta que finalmente empezaron a aporrear la puerta con algún tipo de elemento contundente, la casa temblaba con cada golpe, pero la puerta resistía. Entonces comenzó a escuchar con claridad un lenguaje extraño, que no reconocía, pero que por la forma de recitarlo sabía con certeza que se trataba de un encantamiento. Pudiendo sentir una gran onda de energía atacando la pequeña casa, pero la construcción, volvió a resistir. Así que pudo oír con claridad los gritos de furia de varias criaturas, mientras se gritaban unas a otras sobre cómo resolver el tema. Záril pudo distinguir con claridad la lengua de algunos humanos de los siete reinos, pero nada de los magos, lo cual le intrigaba profundamente. Con el fin de protegerse lo mejor posible, dio la vuelta a la cama y la puso de parapeto entre él y la pared de la habitación. Intentando escuchar por dónde podría venir el siguiente ataque. Podía escuchar con claridad gente que hasta el momento había estado escondida en el bosque rodeando la casa y buscando un punto débil por el que poder entrar. No era capaz de concebir que hubiese tanta gente intentando entrar en la casa, no parecía que hubiese nada de valor y el comportamiento del desconocido no cuadraba con el de ningún gran peligro para nadie. Pero la realidad es que aquello parecía cada vez más un asedio a un castillo. De repente, el convaleciente comenzó a escuchar un fuerte ruido en el techo la cabaña, como si alguien hubiese subido al tejado y estuviese intentando hacer un agujero para entrar dentro. Escuchó otra vez un encantamiento en ese extraño lenguaje y después escuchó con claridad cómo algo estaba intentando entrar en la casa bajando por la chimenea (que estaba apagada), en un segundo la habitación se llenó de humo mientras aparecía una enorme serpiente, de ojos rojos como rubíes, mirando a Záril de manera amenazadora.
6. EL GRAN ÁRBOL
Senia miró a su alrededor sin comprender lo que estaba sucediendo, en tan solo un instante, el mayor triunfo de su vida se había esfumado. Y no se podía explicar cómo se había roto la vara en el último momento. No había nada que pudiese hacer para solucionar el problema, así que cogió el barril de agua que le quedaba y lo posó con suavidad delante de su maestra. El agua resplandecía como la luz del sol mientras Nikara sonreía a la joven estudiante levantándose y saludándola con el saludo del guardián. Mientras, el resto de los guardianes lanzabas vítores a la joven guardiana y la guardiana del templo les decía con voz calmada y poderosa:
—Alegraos, hermanos, tenemos una nueva guardiana.
De inmediato, el resto de los guardianes comenzaron a felicitar a Senia con el saludo oficial de la orden (llevando la palma de la mano derecha al corazón). Uno a uno, fueron pasando todos los guardianes hasta que el final quedaron Ren y Nikara.
—¿Por qué soy una guardiana, si no he conseguido pasar la prueba? —preguntó la nueva guardiana.
—Senia —respondió Nikara—, ninguno de los guardianes consigue jamás pasar la prueba. La vara está diseñada para que se rompa cuando estás a las puertas del templo.
—Entonces, ¿para qué vale la prueba? —preguntó la joven.
—La prueba tiene dos fines; el primero es obligaros a sacar lo mejor de vosotros para que tengáis una primera prueba del enorme potencial que hay dentro de cada persona; el segundo es para conocer a qué nivel tenéis interiorizada nuestra leyenda. Viendo cómo reaccionáis ante un suceso tan desafortunado, en el último momento, cuando ya pensabais que estaba todo conseguido, porque la vida fuera del templo muchas veces es así.
—Ahora aséate y después vamos a celebrarlo con todos en el comedor —comentó Ren.
Senia seguía semiinconsciente, mezcla del gran esfuerzo realizado, así como del desenlace inesperado de la prueba. Una mezcla de cansancio y felicidad de lo más extraño que hacía que se sintiese fuera del mundo. Un buen baño caliente hizo que se sintiese otra vez ella misma, se vistió rápidamente y se dirigió con paso firme hasta el comedor. Allí estaban todos los estudiantes, además de los guardianes que fueron felicitando uno a uno a la nueva guardiana. Después de las felicitaciones, vino un banquete especial para celebrar el momento en el que los más pequeños disfrutaban especialmente por la abundancia de dulces. El ambiente era festivo a la vez que cortés, como se esperaba de los habitantes del templo. Al finalizar la velada, Nikara y Ren se acercaron a Seria para recordarle que al día siguiente debía visitar el bosque sagrado para que la joven guardiana tuviese los mismos derechos que el resto de los guardianes.
La joven durmió toda la noche profundamente. En un sueño sin sueños tremendamente reparador. Todavía le dolía el cuerpo del esfuerzo del día anterior, especialmente los hombros, por la fuerte inflamación y las ampollas. No obstante, se levantó como si fuese un día normal, se aseó, desayunó rápidamente en el comedor y se dirigió hacia la puerta posterior del templo donde la esperaban Nikara y Ren. Junto a ellos, el cubo con el agualuz que había subido la nueva guardiana el día anterior.
—Buenos días, Senia, nos queda el último paso para que realmente seas una guardiana, así que síguenos, llevando tu cubo —comentó Ren.
El bosque sagrado se encontraba a los pies del monte del templo, separado del mar del norte por una pequeña cordillera dando la impresión de que se trataba de un jardín privado. Era la primera vez que Senia visitaba el bosque mágico, así que disfrutaba del hermoso paisaje que se divisaba desde el camino. Al principio, verdes praderas meciéndose con la ligera brisa marina, el olor a mar y a hierba verde calentada por el sol. Y más abajo, un grupo compacto de árboles que se alzaban majestuosamente hacia el cielo, meciéndose suavemente con la brisa. Poco a poco los tres guardianes se fueron acerando al bosque, que desde lejos parecía una empalizada sin ningún punto de acceso, pero tras zigzaguear entre los árboles, apareció la hermosa entrada al bosque. Se trataba de una zona en la que los árboles habían crecido dejando un paso, el camino estaba formado por plantas tremendamente flexibles y llenas de flores, haciendo el camino cada vez más angosto hasta que finalmente los tres caminantes se encontraron en un gran claro. En el centro, un árbol milenario, más grande que cualquier castillo de los siete reinos, rodeado por una inmensa pradera, y detrás de la pradera, el bosque mágico. Dispuesto circularmente alrededor del gran árbol.
—Senia, mira a tu alrededor —dijo Nikara—, estás en el centro del bosque mágico, donde el gran árbol es quien mantiene viva la magia del bosque. De ahí que esté prohibido acercarse a él, incluso los guardianes. Tan solo el gran maestro y el guardián del jardín pueden. Le traemos todos los días la mejor agualuz del templo, para que se mantenga sano y fuerte. El gran árbol, el bosque mágico y los guardianes estamos estrechamente relacionados. De tal manera que cualquier suceso importante que le sucede a un guardián repercute de inmediato en el resto de los guardianes y en el bosque, y viceversa. De ahí la necesidad de cuidar de tus hermanos guardianes y proteger este sitio.
—Ahora, Senia, pásame el cubo —dijo Ren. Y, tomándolo con gran cuidado, se acercó hasta el gran árbol, vertió el agua alrededor del mismo y después le susurró el nombre de Senia.
Las ramas del árbol comenzaron a moverse, como si se acercase una fuerte brisa, al tiempo que las hojas comenzaban a cambiar de color hasta ponerse de un verde esmeralda, lanzando destellos de energía en todas las direcciones. Hasta que todos los rayos convergieron en uno solo y con un gran estruendo lanzó una fuerte descarga de energía hacia una zona del bosque. La maestra le hizo un gesto a la guardiana y se dirigieron hacia el lugar donde había caído el rayo de luz. Se trataba de una zona del bosque en la que solamente había árboles muy jóvenes, y cada árbol era totalmente diferente. Después de dar una vuelta, localizaron el lugar donde había caído la descarga. El suelo estaba quemado, como si hubiese caído un rayo y todavía había ese olor a tormenta en el ambiente.
—Senia, pon tu mano donde ha caído el rayo y di tu nombre —pidió Nikara.
Arrodillándose, puso su mano sobre la tierra y pudo sentir una enorme energía atravesándola. Estaba unida a la tierra, la hierba, los árboles, la pradera y, fundamentalmente, al gran árbol. Una sensación de paz la invadió por completo mientras su mente viajaba por sus recuerdos. Hasta que, finalmente, se rompió la conexión y Senia volvió a ser consciente de dónde se encontraba. A su lado estaban Nikara y Ren sonriendo y andando alrededor de un árbol de lo más peculiar, con el tronco de oro y las hojas blancas como la nieve.
—Senia, esto no es un árbol, es un almaespejo, tu espejo en este bosque mágico. Como el resto de los guardianes, tienes que venir una vez al año y mirarlo con detenimiento. Si crece, prospera y da buenos frutos, es porque tu vida es recta y sigues el camino de la luz. Si, por el contrario, el árbol enferma, se caen las hojas, no tiene frutos e incluso alguno se vuelve negro como el carbón, es que has abandonado el camino de la luz y has optado por el de la oscuridad —dijo Nikara.
—Desgraciadamente, son muchos los guardianes que caen en la oscuridad —comentó la maestra señalando zonas del bosque que parecían quemadas—, pero nunca hay que perder la esperanza, porque algunas veces suceden auténticos milagros. —Y Nikara señaló a un árbol retorcido y carbonizado que, en su copa, tenía una rama de esmeralda y las hojas relucían como el sol.
—Ahora pon tu mano sobre tu árbol y di tu nombre —intervino Ren.
En cuanto Senia tocó la corteza dorada de su árbol, pudo sentir cómo un flujo de energía comenzaba a surgir alrededor de su mano, subiendo poco a poco por el brazo y desde allí al resto del cuerpo, llenando de luz hasta la última célula de su ser y haciendo que su cuerpo brillase como un sol. Creándose alrededor de su cuerpo un aura de luz que poco a poco se fue ajustando hasta quedar absorbido por Senia. Cuando abrió los ojos y miró a sus manos, podía ver la energía fluyendo bajo su piel, como si fuesen ríos de luz que ahora corrían por sus venas.
—Ahora ya eres una guardiana, Senia —le felicitó Nikara—. A partir de mañana comienza tu nuevo entrenamiento con Ren en el que vas a aprender los tesoros escondidos de la luz.
7. EL CAZADOR
El corazón de Záril latía con fuerza mientras intentaba arrastrarse lo más lejos posible de la serpiente. Su cuerpo entumecido se movía a trompicones de un lado a otro de la sala mientras observaba el movimiento de la serpiente rubí, que se movía de un lado a otro de la cabaña golpeándose con los muebles y las paredes, como si estuviese luchando con algún tipo de defensas mágicas de la cabaña que estaban comenzando a debilitar el hechizo, dándole más opciones al krisal. Revisando rápidamente la habitación, el enfermo descubrió un atizador de acero junto a la chimenea. Si era capaz de acercarse con mucho cuidado mientras la serpiente se moviese hacia otras zonas de la casa, tendría una buena opción de salvarse, así que, en cuanto la serpiente se movió, lentamente, hacia la puerta de salida, el joven se arrastró por el suelo hasta quedar al lado de la chimenea, solamente tenía que alargar su brazo y coger el atizador. Pero en ese momento, la serpiente giró sobre sí misma a toda velocidad y se lanzó contra el adepto. Mientras este levantaba el brazo en el que se había enrollado la manta a modo de escudo. La serpiente mordió con fuerza el brazo del convaleciente, que pudo notar cómo los colmillos destrozaban la manta como si fuese papel. Con una extraña sonrisa volvió a morder con brutalidad el desprotegido brazo del krisal, hundiendo hasta el fondo sus colmillos e inyectando todo el veneno. Haciendo que el emerali diese un grito y cayese pesadamente al suelo. El veneno comenzó a paralizar rápidamente al paciente mientras la serpiente volvía a subir lentamente por la chimenea. Pudo escuchar mucho movimiento en el exterior y có
