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Emilio Vedova es uno de los artistas más representativos del informalismo europeo, tanto por el indiscutible interés de su producción, cuanto por su posicionamiento social, lo que le convierte en paradigma del artista comprometido. Su trayectoria creativa cubre toda la segunda mitad del siglo XX. Sus inicios en los años treinta se hallan marcados por la exploración del territorio de la pintura a partir de la abstracción expresiva. A finales de los cuarenta conforma una poética informalista apostando con intensidad por los significados sociales, y a partir de los cincuenta crea instalaciones. Desde mediados de los ochenta intensifica el tratamiento barroquizante de su pintura utilizando para ello soportes pictóricos circulares que incluyen elementos extrapictóricos a los que denomina "tondi". En definitiva, una trayectoria coherente que marca por sí misma una de las posiciones de la creación plástica surgidas en el marco de la posguerra.
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Seitenzahl: 156
Veröffentlichungsjahr: 2016
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Emilio Vedova
JAVIER HERNANDO
NEREA
La colección Arte Hoy ha contado con la colaboración del Programa de Subvenciones de la Getty Grant Program de Los Ángeles.
Ilustración de sobrecubierta: Emilio Vedova,Ciclo ‘81 Copresenze nº 6 (Ad A.L.B.) (1981)
Dirección de la colección: SAGRARIOAZNAR YJAVIERHERNANDO
© Javier Hernando, 2001
© Editorial Nerea, S.A., 2001Aldamar, 3820003 Donostia-San SebastiánTel: 943 432 [email protected]
Reservados todos los derechos. Ni la totalidad ni parte de este libro pueden reproducirse o transmitirse utilizando medios electrónicos o mecánicos, por fotocopia, grabación, información, anulado u otro sistema, sin permiso por escrito del editor.
ISBN: 978-84-15042-47-1
PRÓLOGO
LA VIDA COMO ACCIÓN
Tiempo de aprendizaje
Tiempo de compromiso
Lenguaje e ideología
El viajero impenitente
La escuela de Vedova
Obra comentada: Campo di concentramento
DEL BARROCO AL INFORMALISMO
Barroco veneciano
Primeras presencias de lo real
Las geometrías negras
El retorno del gesto
Action painter
Obra comentada: Scontro di situazioni ’59-1
LA ENERGÍA EXPANDIDA
Ciclos de los cincuenta
Vedova y España
La apertura espacial y matérica: los plurimi
Cosiddetti Carnevali
Retorno a la tela-espacio
Obra comentada: Rosso ’83 VI
DE LA SUPERFICIE AL ESPACIO
Ambientes cromático-sonoros
Berlín o la encarnación del choque
Teatralidad de la pintura, teatralidad con la pintura
Coda
Obra comentada: In continuum-compenetrazioni-traslati ’87-88
APÉNDICE: ESCRITOS DEEMILIOVEDOVA
Autopresentación
No es tan fácil pintar una nariz
Todo vuelve al origen
Choque de situaciones
Notas del cuaderno de dibujos preparatorios para los plurimi
Mi experiencia teatral
Fragmentos –notas– en el estudio
Notas durante el trabajo del ciclo Quien quema un libro quema un hombre
BIBLIOGRAFÍA
Emilio Vedova forma parte de esa pléyade portentosa de pintores que vivieron en su juventud el drama de la guerra mundial y que, tras su conclusión, alumbraron una nueva corriente pictórica, regeneradora de la abstracción expresionista de anteguerra, que enseguida sería denominada informalismo o expresionismo abstracto (en Norteamérica). Si cualquier movimiento artístico es deudor del estado ambiental en el que nace y se desarrolla, no será necesario insistir en la especial incidencia o, si se quiere, en la particular conexión entre la inmediata postguerra y el informalismo. Momento de especial malestar, de angustia emocional, de rabia contenida, que en cierto modo se desata sobre la superficie del lienzo. Surgirían así las figuras desencajadas, las superficies convertidas en muros arañados, rasgados, incluso quemados, o la elocuencia expresiva del grito materializado en los gestos desatados de la pintura: los brochazos, el chorreado, las masas cromáticas expandidas. Vedova comparte de forma natural este estado de ánimo, que traslada a sus lienzos, en su caso mediante procedimientos estrictamente pictóricos. Pero además, en el caso de este artista, este dinamismo expresivo común a toda su generación viene a converger con su propia naturaleza. Su personalidad es vigorosa, su actividad desbordante en muchos momentos. En este sentido, los valores esenciales que comporta este informalismo gestual son coincidentes con los suyos propios; casi podría decirse que es su conducta plástica natural. La mejor muestra de ello es que dicha conducta ha permanecido inmutable a lo largo de su trayectoria, más allá del periodo álgido del informalismo.
Pero a esa sinceridad expresiva hay que añadir otra virtud no menos relevante. Me refiero a la coherencia, tanto en términos plásticos como ideológicos. Incansable investigador del medio pictórico, hombre absolutamente comprometido con la realidad político-social de su tiempo, en su trabajo tiene lugar una convergencia entre lo subjetivo y lo objetivo; la realidad exterior alimenta los sentimientos, alterándolos. El producto pictórico es el resultado de la confrontación entre ambos. Su trayectoria creativa está alumbrada por los acontecimientos que se han venido sucediendo a lo largo de sus más de sesenta años de trabajo. Sin embargo, los efectos sobre el discurrir de su poética son irrelevantes o, dicho de otro modo, el discurso plástico no se ve afectado por su permanente complicidad con el político. Por eso, la obra de Vedova refleja tanto las contingencias de la realidad cuanto la voluntad incuestionable de recorrer un trayecto plástico que se va renovando constantemente.
Vedova ofrece testimonios inequívocos de su época en cada una de sus pinturas, sin tener que renunciar por ello al lenguaje que le exigen sus sentimientos; Vedova es pintor y, sin embargo, una parte muy significativa de su producción desborda esa categoría; Vedova se muestra siempre renovador y, sin embargo, con cierta frecuencia sus obras ofrecen signos de clasicismo; en fin, Vedova es siempre radical, siempre vanguardista, lo que no impide que su anclaje emocional y sensitivo a su ciudad le hagan conservar las señas de identidad de ésta. Es Vedova pues un artista múltiple que compendia en su obra dos facetas, para él inseparables: la de creador y la de sujeto comprometido con su tiempo. La primera le exige la indagación y el abordaje directo de la obra con la máxima sinceridad. La segunda, una implicación permanente en el acontecer social que incrementa su exigencia a medida que lo hace su propia condición de personaje público. Jamás ha dado la menor muestra de flaqueza en ninguna de las dos circunstancias. Su conducta ejemplar a este respecto, junto con su impecable trayectoria creativa, pero, sobre todo, la confluencia de la segunda en la primera es lo que le convierte en un ejemplo canónico de artista europeo de la tardomodernidad, es decir, del artista de las neovanguardias que hereda de sus antecesores de la primera mitad del siglo aquel principio por el que comportamiento artístico y comportamiento vital se confundían. Ciertamente, para Vedova vivir y pintar son términos intercambiables que se han desarrollado siempre en paralelo y con igual vehemencia.
Afortunadamente su mérito ha tenido un amplísimo reconocimiento, como reflejan los numerosos estudios que sobre su obra han realizado reconocidos críticos, entre los que destacan nombres como Giulio Carlo Argan, Germano Celant, Renato Barilli o Francesco Poli, por citar sólo algunos. También mediante la concesión de diversos premios, hasta quince. Los dos últimos resultan especialmente relevantes. En 1997, fue nombrado por el Presidente de la República Italiana, Oscar Luigi Scalfaro, Caballero de la Gran Cruz de la República Italiana por méritos culturales, y ese mismo año la XLVII Bienal de Venecia le otorgó el León de Oro a toda la obra, honor que compartió con la también pintora y compañera de generación, la canadiense Agnes Martin. El presente texto intenta exponer sintéticamente los resultados de una vida tan dilatada como fecunda y ser al mismo tiempo el homenaje a un artista por el que siento una particular admiración.
1. Martirio di Isaco (Martirio de Issac), 1937 Pastel sobre papel gris, 32 × 23 cm
Emilio Vedova nació el 9 de agosto de 1919 en Venecia en el seno de una familia de artesanos de la que fue el tercero de siete hijos. En su caso se cumple ciertamente esa innata vocación creadora que en tantos casos se ha atribuido a los artistas, ya que su inequívoca y temprana aptitud no fue encauzada sino por él mismo desde que, apenas cumplidos los diez años, observaba las obras y formas de trabajo de los pintores que se situaban en torno a la Plaza de San Marcos, para a continuación practicar en casa, pintando con los dedos; un modo de iniciación en el territorio de la pintura que si bien le vino dado por las circunstancias, hoy podemos considerar casi premonitorio, ya que los valores que conlleva (inmediatez, vigor, mezcla) estarán presentes de manera continua en su pintura.
Su infancia fue ciertamente dura. Con sólo once años comienza a trabajar como aprendiz de taller en una fábrica de esmaltes; al año siguiente sufre una pleuresía que le mantiene durante dos meses en el hospital. Tras salir del hospital, comienza a trabajar como ayudante de un fotógrafo de la ciudad; después lo haría como ayudante de un restaurador. Empleos obligados por la precariedad económica familiar que, sin embargo, no le desviarían un ápice de su verdadera vocación pictórica.
Los escarceos plásticos infantiles se consolidan de forma inmediata con una dedicación intensísima a la pintura desde los primeros momentos de su adolescencia. Su formación autodidacta se basa en una mirada repetida y atenta a los grandes pintores venecianos, con especial atención a Tintoretto. También los sugerentes espacios arquitectónicos, en cuyos interiores se sitúan muchas de aquellas obras, le sirven de elementos de exploración plástica. Así, ya en torno a 1935, es decir, con dieciséis años, Vedova produce un número muy significativo de dibujos que tienen como temas figuras y arquitecturas, meros apuntes en algunos casos, obras verdaderamente cerradas en otros, en las que el autor evidencia una facilidad portentosa y sella algunos rasgos de su identidad artística y personal. Quiero decir que en estos trabajos están presentes algunos valores plásticos: una aproximación directa a la representación, un dinamismo barroco, una imagen flexible y a la vez sólida… que se encarnarán con precisión en los diferentes estadios por los que atravesará su producción. Pero sobre todo muestra ya una actitud vital que marcará profundamente su trayectoria y que le convierte en uno de los artistas comprometidos más emblemáticos de la segunda mitad del siglo XX, entendiendo por tal la identificación entre arte y vida, entre compromiso artístico y compromiso social. Una actitud que se convirtió en seña de identidad de las vanguardias de anteguerra y que los artistas de las generaciones que les siguieron, formados en ese tormentoso ínterin de entreguerras, debieron inevitablemente asumir: la ligazón del arte con los avatares de la sociedad. A ello hay que añadir, naturalmente, la propia conciencia individual que, en el caso de Vedova, manifestará siempre una honda preocupación por la realidad de su tiempo, un inconformismo con la injusticia, con la inmoralidad dominantes. “En aquellos tiempos estaba en completo desacuerdo con todos”, escribirá años más tarde recordando su posición de adolescente.
En 1936 realiza su primer viaje: Arezzo, Florencia, Orvieto, hasta llegar a Roma, donde es hospedado por su tío Alfredo. Las maneras de algunos de los grandes pintores como Piero della Francesca o Masaccio, cuyas obras tiene oportunidad de ver en las ciudades citadas, no le pasarán desapercibidas. Durante su estancia en Roma pinta y, sobre todo, dibuja intensamente. Perspectivas, figuras entrelazadas, autorretratos; verdaderos ensayos, ejercicios inspirados con frecuencia en obras extraídas del riquísimo elenco pictórico italiano que, por una parte cumplen la función de aprendizaje propia de un autor tan joven y por otra exhiben ya su facilidad en el manejo del lápiz, de la pluma, del pincel, su capacidad para establecer relaciones dinámicas de las formas en el espacio plástico. Regresa a Venecia en 1938. Al año siguiente acudirá durante algunos meses a una escuela libre de pintura, si bien la calle constituirá en no menor medida una fuente de aprendizaje para él. De allí extraerá los argumentos de sus pinturas: las gentes comunes de los diferentes barrios venecianos. En 1940 conoce Bolzano, adonde acude con un amigo. En Venecia logra, a través de la Obra Bevilacqua La Masa, una buhardilla en el Palazzo Carminatti, que se convertirá en su primer estudio; un lugar que el propio artista describiría después como recinto de cuatro paredes sin huecos y una exigua escalera que conducía hacia una pequeña apertura superior. Fue un momento de especial dificultad para el artista, que se encontraba bastante aislado y sin el respaldo de su familia.
Desde sus años de adolescencia Vedova mostró una doble e inequívoca orientación: hacia la renovación estética y hacia la realidad de su tiempo. Lo prematuro de este posicionamiento significa, al igual que su inmersión tempranísima en el territorio de la creación, que el artista lo adoptó de una manera intuitiva, casi diría visceral. Su persistencia en dicho posicionamiento a lo largo de toda su vida confirmaría su acierto y, sobre todo, su coherencia. Su lucha contra un entorno adverso le hizo sin duda descubrir la evidencia de la realidad de una forma inmediata. A ello se unía el crecimiento del fascismo mussoliniano que le abocará a un rechazo radical, a la adopción de una militancia antifascista. Su primera toma de contacto con los grupos antifascistas tuvo lugar en torno a 1939, tras su regreso de Roma, consolidándose en 1942 cuando, con oportunidad de su presencia en el Premio Bergamo, conoce a los miembros del Gruppo Corrente, fundado en Milán en 1938 y al que Vedova se adhiere a su llegada a Milán con motivo del citado Premio. Renato Birolli, Bruno Cassinari, Sandro Cherchi, Renato Guttuso, Ennio Morlotti, Giuseppe Migneco, Ernesto Traccani, Armando Pizzinato Valenti o Guiseppe Marchiori formaban, entre otros, la nómina cambiante de miembros del grupo reunidos en un principio en torno a la revista Vita Giovanile que poco después pasaría a denominarse Corrente di Vita Giovanile. Eran autores pertenecientes a distintas generaciones pero partícipes de un proyecto común: contribuir a la creación de un mundo nuevo; un objetivo al que no será ajena la creación artística. Guiseppe Marchiori lo sintetizó en el siguiente juicio: “En arte, como en todo, el problema es un problema de ética”. Su plasmación no conllevará, sin embargo, la renuncia a la investigación de las formas plásticas, o por decirlo con otras palabras, no condicionará el lenguaje, algo que poco después suscitará notables controversias entre los componentes de los diversos grupos de vanguardia. Los componentes de Corrente entienden que esa ética debe encarnarse en la obra de una manera distinta al registro de la realidad, poniendo en evidencia el impacto que aquélla provoca. Antonio Banfi entendía como logros de los artistas del Gruppo la superación de los temas consagrados, así como de los límites académicos o la interpretación de los estratos más profundos de la realidad.
En el Gruppo Corrente halló Vedova el clima de resistencia antifascista en el que se integraría de inmediato. Además, los núcleos industriales del Piamonte (Turín) y la Lombardía (Milán) fueron los que registraron los movimientos obreros más importantes. Así, en marzo de 1943 tuvieron lugar manifestaciones y se declaró una huelga en la fábrica Mirafiori de Fiat en Turín, extendiéndose poco después a otras ciudades, con especial incidencia en Milán. El 25 de julio de ese mismo año se produce la caída de Mussolini, pero los alemanes estaban al acecho para reprimir todos aquellos núcleos de resistencia que ya florecían por toda Italia. En este sentido, de nuevo Milán se convierte en el verdadero centro del antifascismo militante, pues muchos italianos se dieron cuenta de que el nazismo no estaba dispuesto a renunciar a Italia, aunque los aliados estaban consolidando sus posiciones en el sur del país, lo que llevaría a los germanos a erigir la capital del Estado en Saló, junto al lago de Garda, en el norte por tanto. Vedova vive esos meses decisivos en Milán, compartiendo estudio con Morlotti; después regresará a Venecia para abandonarla de nuevo, primero acudiendo a Roma, después al norte, como un activista clandestino de la Resistencia. En ese empeño resultará herido. Con el final de la guerra volverá a su ciudad natal para recuperarse en un hospital. Se instala en un nuevo estudio en el que permanecerá durante bastantes años.
El final de la guerra no supuso un alejamiento del compromiso político para estos artistas, sino una simple adaptación a la nueva situación, en absoluto gratificante. El activismo puesto de manifiesto por estos jóvenes artistas en los años precedentes, su intenso deseo de debate social, político, artístico que les había conducido a reunirse, a constituirse como grupo, se renueva ahora. Unirse para combatir juntos, para hacerlo con mayor eficacia, continúa siendo su principal objetivo. El Gruppo Corrente pasa a denominarse Nuova Secessione Artistica Italiana, sustituido a su vez, de forma casi simultánea, por el de Fronte Nuovo delle Arti, de acuerdo con una sugerencia del pintor Renato Guttuso y del crítico Giulio Carlo Argan. En el verano de 1946 el pintor Renato Birolli, personalidad decisiva en la formación del Gruppo, pasa sus vacaciones en una pequeña isla, Mazzorbo, cercana a Venecia. Allí intensifica su relación con Vedova y Pizzinato, compañeros de Corrente, con el también pintor veneciano Giuseppe Santomaso y el crítico de arte Giuseppe Marchiori, un autor, este último, representante de la nueva “crítica militante” que defiende el mantenimiento de los manifiestos.
Estos años de la primera postguerra se convierten, por tanto, en tiempos de grupos y manifiestos. Durante el invierno de 1945 se fundó la revista Numero que defendía la vigencia de un arte social; en marzo de 1946 Vedova lanzó junto a Morlotti y Testori el Manifiesto del realismo. El Caffé Brera de Milán sería el lugar elegido para lanzar el manifiesto Oltre Guernica (mayo de 1946) y el Palazzo Volpi de Venecia para presentar el de la Nuova Secessione Artistica Italiana (octubre de 1946) en donde entre otras cosas se afirmaba taxativamente: “El Arte no es el rostro convencional de la historia, sino la historia misma”. Este Gruppo, que sustituyó en ese mismo momento su nombre tal como he señalado, tenía una vocación integradora, tanto en términos formales como geográficos, ya que incluía artistas venecianos, milaneses y romanos, núcleos habitualmente autónomos en la trayectoria artística de la Italia contemporánea. Sin embargo, desde el comienzo tuvieron lugar disensiones; el mismo nombre del grupo fue la causa de su inicio. No obstante, el verdadero enfrentamiento surge como consecuencia de las posiciones encontradas entre Guttuso, representante de las posiciones ortodoxas del Partido Comunista Italiano en lo que respecta a su modelo de un arte pedagógico, social y realista, y el resto de los autores del grupo que sustentan un concepto de “realismo” diferente. Morlotti y Guttuso habían podido firmar un “Manifiesto del realismo” en febrero de 1946, aún cuando sus poéticas eran diferentes, algo posibilitado por la flexibilidad del concepto. Esta cuestión que podría resumirse bajo el dualismo ideología-lenguaje generó las mayores controversias no sólo en aquel momento sino sobre todo en los años siguientes. Emilio Vedova tendría un papel especialmente relevante en dicho debate.
2. Architettura veneziana. Santi Giovanni e Paolo (Arquitectura veneciana. Santos Juan y Pablo), 1936 Tinta sobre papel, 33,5 × 23,28 cm
