En el balcón de mi mente - Rubén Torres - E-Book

En el balcón de mi mente E-Book

Rubén Torres

0,0

Beschreibung

En el balcón de mi mente es una recopilación de poemas escritos a lo largo de mi vida. Es solo una colección de todos los pequeños pensamientos que me han acompañado en las horas más íntimas de mi existencia. Algunos los he compartido, otros han quedado en silencio. Algunos más fueron arrebatos del momento. Sin estilo alguno, solo pensamientos pero que sin duda expresan lo que soy. Se incluyen también al azar cartas escritas a seres queridos y aunque poco puedan importar, su contenido refleja estados de ánimo que, sin duda, pueden ser útiles como palabras que se necesitan oír. Las palabras son sonidos que se reflejan en nuestro entorno. Pero pocas veces son escuchadas, mucho menos entendidas. Todas llevan un mensaje porque nacen de un pensamiento. Comparto esta obra que refleja eso precisamente. Los desvaríos de mi mente.

Sie lesen das E-Book in den Legimi-Apps auf:

Android
iOS
von Legimi
zertifizierten E-Readern
Kindle™-E-Readern
(für ausgewählte Pakete)

Seitenzahl: 83

Veröffentlichungsjahr: 2022

Das E-Book (TTS) können Sie hören im Abo „Legimi Premium” in Legimi-Apps auf:

Android
iOS
Bewertungen
0,0
0
0
0
0
0
Mehr Informationen
Mehr Informationen
Legimi prüft nicht, ob Rezensionen von Nutzern stammen, die den betreffenden Titel tatsächlich gekauft oder gelesen/gehört haben. Wir entfernen aber gefälschte Rezensionen.



© Derechos de edición reservados.

Letrame Editorial.

www.Letrame.com

[email protected]

© Rubén Francisco Torres Méndez

Diseño de edición: Letrame Editorial.

Maquetación: Juan Muñoz

Diseño de portada: Rubén García

Supervisión de corrección: Ana Castañeda

ISBN: 978-84-1144-451-4

Ninguna parte de esta publicación, incluido el diseño de cubierta, puede ser reproducida, almacenada o transmitida de manera alguna ni por ningún medio, ya sea electrónico, químico, mecánico, óptico, de grabación, en Internet o de fotocopia, sin permiso previo del editor o del autor.

Letrame Editorial no tiene por qué estar de acuerdo con las opiniones del autor o con el texto de la publicación, recordando siempre que la obra que tiene en sus manos puede ser una novela de ficción o un ensayo en el que el autor haga valoraciones personales y subjetivas.

«Cualquier forma de reproducción, distribución, comunicación pública o transformación de esta obra solo puede ser realizada con la autorización de sus titulares, salvo excepción prevista por la ley. Diríjase a CEDRO (Centro Español de Derechos Reprográficos) si necesita fotocopiar o escanear algún fragmento de esta obra (www.conlicencia.com; 91 702 19 70 / 93 272 04 47)».

PRÓLOGO

La vida está hecha de instantes, fue el punto al que llegamos el autor de esta obra y su servidora en una conversación cotidiana hace algunos años. Después de más de tres décadas de conocerlo y saberlo una persona de muy alta sensibilidad y encanto por la escritura, ahora Rubén Torres me sorprende y me halaga con la invitación a prologar su obra, un fabuloso compendio cuyo título me parece extraordinario para describir los manuscritos que ha hecho en diferentes etapas de su vida y que ahora son una colección de instantes publicados convertidos en legado.

En el balcón de mi mente, Ideas y desvaríos…y tal vez algún poema; en verso o prosa nos deja asomarnos a los más recónditos sentimientos atrapados en su alma y en su corazón, un corazón herido desde su infancia pero que siempre ha salido avante y fortalecido por la inmensa Fe en su creador, que también nos deja apreciar entre sus líneas. Ciertamente Rubén es un hombre de Fe que se aferra aguerrido a encontrar y defender el amor, ese que quizá le hizo falta de niño y que sublimemente deja descubierto a leer la melancolía, confusión e incertidumbre que deja de manifiesto en algunos de sus relatos.

En sus «desvaríos», como él mismo les llama, aborda variados y cotidianos temas: el amor, su amor, la amistad, la naturaleza, la música, la patria, la caridad, la muerte, una madre, la navidad o hasta un evento social familiar, y en todos hay una constante… la inspiración, la esperanza, un suspiro, la ilusión, un sueño, una añoranza. Sin escatimar en el lenguaje, pasa de la melancolía, el miedo, la agonía, la confusión, las heridas, la incertidumbre, el adiós, la despedida a enaltecer los valores humanos más puros. De esta forma, antagónico a los más estremecedores sentimientos, resalta la luz, el calor del sol, el brillo de las estrellas, la caricia del viento y máxime el amor en todas sus expresiones.

Citando al legendario Gabriel García Márquez en alguno de sus prólogos que leí: «Me parece bastante digno para ser publicado» felicito al autor por no solo atesorar para sí mismo los instantes que han dado forma a su vida y compartirlos con los lectores, a quienes les deseo que como yo, disfruten de la lectura, que se recreen y se puedan mirar en El balcón de mi mente… que seguramente tiene mucho de sus más profundos sentimientos propios.

Fabiola Meléndez

Presentación

A lo largo de mi vida he escrito lo que mi corazón me dicta.

Esto es solo una recopilación de todos los pequeños pensamientos que me han acompañado en las horas más íntimas de mi existencia. Algunos los he compartido, otros han quedado en silencio. Algunos más fueron arrebatos del momento. Sin estilo alguno, solo pensamientos, pero que sin duda expresan lo que soy.

Los desvaríos de mi mente.

Dedico este trabajo a mi esposa y a mis hijos. Un legado hecho con amor porque ese amor que ha alimentado mi vida proviene de ellos.

I

Sueños que van volando

al manantial de tu amor...

¿Sueños, verdades o llanto?

Hacia la flor de tu encanto,

a tu callado candor.

II

En la esperanza verde del porvenir incierto

lo que diera ¡ay! por saberte

confundida en los recuerdos…

En la caricia ufana de la pasión que pierdo

¿qué podría pedirte yo, mañana?

¡que saberte adoradora de mis besos!

Y en el azul perdido del horizonte muerto…

por quererte adorar se ha confundido

el aroma y el sabor de aquellos versos.

III

Si quiero quererte viendo

que no eres parte de mí…

¡Quién quiere vivir queriendo

como te quiero yo a ti!

IV

¿A quién escribirle versos

y pueda entenderlos bien?

Prestando a sus embelesos

los suyos que porte, ¡a quién!

¿A quién gritarle llamadas

que puede entender también?

Y vea que son llamaradas

que languidecen… ¡a quién!

¿A quién pudiera en sus ojos

la imagen de mi alma ver?

Junto a la suya de hinojos.

Y en su sonrisa entender

que en esos labios tan rojos

está mi ventura… ¡a quién!

V

¡Vamos prendiendo en el cielo

las huellas de nuestro amor!

Verdad es, princesa mía,

que muero pensando en ti,

y sin embargo podría

vivir tu ausencia hasta el fin.

Y pensar que pude mirarte

como se admira a una flor…

me dices que puedo odiarte,

¿cómo?

¡Si estoy muriendo de amor!

Vamos prendiendo en el cielo

los restos de esa pasión

que guardará con mi anhelo

los otros de un corazón.

Para que tú al alcanzarlos

con tu mirada serena

observes que, enamorado,

verá tu sonrisa plena.

Y pensar que pude tocarte

como se toca una flor…

me dices que puedo odiarte,

¿cómo?

¡Si estoy muriendo de amor!

Verdad es, ¡oh, dulce sueño!,

que no aprendí nunca a odiar

y siempre miré risueño

tu forma cruel de mirar.

Mas veo que enciendo mi anhelo

al más recordarte a ti,

prendamos allá en el cielo

las huellas de ti y de mí.

Verdad es, ¡oh, lamento!,

que en esta vida te amé…

y aquella joya en el viento

con sus aromas se fue.

Y pensar que mirarte pude

como de admira a una flor…

y odiándote crees que estuve

¿cómo?

¡Si luego morí de amor!

VI

¡Yo sé qué significa la partida!

y el miedo de dejarte en el adiós

¡lo sé! Porque en alma entristecida

solloza algún recuerdo de los dos.

Yo sé que vas perdiéndote ofendida.

Y el eco que gastó el primer amor

¡lo sé! Pues siento que en la herida

el viento nuevamente abrió el dolor.

Yo sé que nunca oirás mi despedida.

Ni el último suspiro de esta voz

que va languideciéndose a tu huida…

¡Lo sé! También lo sabe Dios.

Y ahora que te sé por fin perdida

pondré entre mis recuerdos este adiós.

VII

¡Dímelo, suerte perdida…!

Voy mendigando el cariño

que me faltó cuando niño

y tuve al fin que crecer.

Dime por qué a tus antojos

voy despreciando la vida.

Y luego ya al fin vacía

no alcanzo yo a comprender.

Dime por qué si has mirado

que están llorando mis ojos

se inquietan más los despojos

para mirarme perder.

Dime por qué en este frío

me has al fin olvidado.

¿Qué encuentro yo en el pecado

que va perdiendo mi ser?

¡Dímelo, suerte perdida!

¿En dónde quedó el hastío?

¿En dónde está el Cristo mío

que sonriome al nacer?

Canto a la Patria

I

¡Oh, esta gran Patria mía

herida estás, yo lo sé!

Tu cielo me lo decía

y no supo decir por qué.

¡Oh, dulce suelo querido,

a quién le das de comer!

Al refugiado perdido

y no al que viste nacer.

¡Oh, inmensa melancolía

de verte pisada al fin!

¡Pero que pierda la vida

si no me entrego por ti!

II

¡Cuándo podré en tu tierra

el fruto de tu alma ver!

Dejarle cruzar tu vera

al pobre humilde con fe.

¡Cuándo, oh suelo querido,

tu fértil entraña hará!

Que un hijo tuyo, mendigo,

no salga a pedir piedad.

¡Cuándo! Pregunto cuándo

a esta inmensa crueldad,

podrá pensar escuchando

¡Que pides tu libertad!

Y cuándo podré mirarte

erguida en un pedestal,

ondeando al fin tu estandarte

con este canto inmortal:

III

México, ¡Patria divina!

Tierra querida de tanto color.

Pueblo que late con sangre latina,

cuna que mece su anhelo con Dios.

Allá donde se pierde tu camino

al fin de tu perdida paridad,

acuérdate que tienes un destino

que luce como tú, ¡la eternidad!

Allá en el camino que se eleva

y enciende manantiales de tu luz,

admira aquellas suplicas que lleva

tendidas en crepúsculos, ¡tu cruz!

Y allá, entre las nítidas estrellas…

Allá donde es de glorias manantial.

¡Oh, México! Serán tus epopeyas

las huellas de que eres inmortal!

IV

¡Oh, esta gran Patria mía

herida estás bien lo sé!

Tu cielo me lo gemía

sin pronunciar el porqué.

¡Oh, inmensa ruta perdida

que sigues con frenesí!

¡Pero que pierda la vida

si no me entrego por ti!

¡Oh, dulce suelo querido

a quién le das de comer…!

Y cruzan nubes de olvido

sobre el azul de tu ayer.

VIII

El sol que nos miraba en su estadía

vertió de suave amor un embeleso…

Y la barca en que paseábamos vería

volar sin ton ni son mi amor opreso.

El suave ondular de tus cabellos

mostraban el matiz del horizonte…

Creí que al admirar tus ojos bellos

cantaban el crepúsculo y el monte.

El viento al agitarse me decía

que el tiempo ya era nuestro, el ansia no.

Y el eco de su voz me estremecía…

De pronto un suave acento nos cubrió.

Y el Sol que nos miró, por su osadía

al ver que te besé, se sonrojó.

IX

Con el frescor, la tarde

vuelve la vida.

Con el aroma terso

vuelve el amor…

Pero la luz que arde

vaga perdida

por el llorado verso

de una canción.

Con el inquieto viento

vuelve el aroma.

Con el deseado rezo

vuelve el fervor…

Pero la fe que siento

falta y se asoma

cuando le falta el beso

de algún amor.

Con el cansado día

vuelve la noche.

Con la ilusión querida

torna el soñar…

Pero las ansias crían

tristes reproches

cuando en el alma anidan

ansias de odiar.

Con el soñado roce

nace la aurora…

Con la palabra tierna

tiembla la voz…

Pero el perdido goce

siempre se añora